Disclamer: Todos los personajes y parte de la trama pertenecen a Thomas Astruc y Jeremy Zag, yo solo escribo para divertirme y sin ánimo de lucro.

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Nota: He decidido participar en el reto #MarichatMay porque el marichat es uno de mis shipps favoritos y como el año pasado me quedé sin tiempo, pues espero resarcirme este. Trataré de llegar lo más lejos posible y no retrasarme demasiado a la hora de subir los relatos. ¡Espero que os gusten!

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Maullidos a la Luz de la Luna

(Reto Marichat para el mes de Mayo)

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Día 27: Cantar

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Un gatito en el tejado… solitario sin su lady

La tétrica melodía volvía a ella en sus sueños.

No en todos. Cada vez ocurría con menos frecuencia, pero aún había noches en que la oía, repitiéndose desde un rincón sombrío de su mente. Era como el tañido lejano de una campana o la música de un juguete olvidado en el desván; algo que reconoces si lo oyes pero en lo que no piensas de manera consciente.

Ese tono monocorde y arrastrado, previo al estallido de locura.

Y volvía también el frío en sus dedos, el desconcierto y la angustia ante el desastre, y la luz blanca… Esa terrorífica luz blanca que se hacía más y más grande amenazando con engullirla; con volver a engullirla.

Pero todo comenzaba siempre con esa canción.

Aquella madrugada le pareció oírla incluso después de haberse calmado.

Despertó sobresaltada, aturdida por la frialdad que lamía su cuerpo; las manos, los pies y la punta de la nariz le escocían a causa del frío mientras permanecía acurrucada en su cama, apretando la sabana contra su pecho, respirando deprisa, desorientada de vuelta en la realidad. Repasó los detalles del cuarto que distinguía gracias al leve resplandor de su lámpara. Pero sobre su cabeza, al otro lado de la trampilla semi abierta, la oscuridad de la noche era impenetrable.

No había luna, el cielo era un vasto vacío negro en el que ni siquiera las estrellas se animaban a brillar. Los sonidos del exterior resultaban amenazantes mientras sentía que la temperatura descendía aún más a su alrededor.

Un murmullo rompía el inquietante silencio; hojas caídas o guijarros atraídos por el vendaval eran arrastrados sobre el suelo. Oyó como la arenilla arañaba las paredes, las bombillas parpadeaban y ofrecían chispazos y el edificio entonó un lamento que resonó entre crujidos de cansancio y hartazgo. Cada ruido se unía al siguiente en una melodía embrujada y así fue que, con el corazón asustado, le pareció oírla una vez más.

Un gatito en el tejado…

Marinette se tapó los oídos, meneó la cabeza y entonces, el cuarto tembló. Dio un respingo, aterrada y sus ojos se clavaron en la trampilla abierta.

Solitario…

¿Había oído pasos sobre su cabeza?

No… es imposible.

¿Quién podría aparecer por allí en plena madrugada? Chat Noir. No, se había despedido de él horas atrás y todo estaba bien. No había razón para que hubiera ido a buscarla.

Además, esa no era su voz.

¿Verdad? Se preguntó, asustada.

¡No, Chat Blanc no existe…!

En realidad nunca existió. Ella evitó que se hiciera real. O al menos… evitó que tomara el control porque si Chat Blanc era la expresión de las emociones negativas de su compañero, entonces el villano aún vivía dentro de él…

Una idea que le ponía los pelos de punta.

Sin su lady…

De un salto, y sin atreverse a asomar la cabeza fuera, tiró de la trampilla y la cerró de golpe. Permaneció quieta, escuchando sin remedio, pero no oyó más. El silencio había vuelto.

No obstante ella tembló sin remedio.

Se quedó sentada, con las piernas flexionadas y la barbilla hundida en ellas, escrutando las sombras de su cuarto, atenta a cualquier sonido. Tikki dormía tranquila y aunque quiso despertarla y confesarle sus temores, se contuvo.

Ladybug venció a Chat Blanc liberándolo del mal como siempre hacía, pero todo había sido distinto en aquella ocasión. Estaba sola, expuesta ante ese villano que no solo conocía su identidad secreta, sino que tenía los detalles de lo que había ocurrido y los había usado para distraerla durante la pelea.

No recordaba haberse sentido tan vulnerable nunca.

Y aunque aquello pasó y estaba resuelto, la incertidumbre de no saber cómo se originó aquel akuma hacía que la historia no hubiera terminado del todo para ella. Ahora más que nunca le aterraba la posibilidad de que su gatito acabara convertido en Chat Blanc.

Por más que intentaba olvidarlo, no podía.

Se echaba a temblar… cada vez que creía oír esa horrible canción…

Un gatito en el tejado… solitario sin su lady.

Marinette apretó los dientes y los párpados, negando sin hablar, a la oscuridad que la envolvía en esa noche helada.

A veces, la canción también acudía a ella estando despierta.

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Era plena tarde y Marinette sentía que empezaba a sudar.

Estrechó los ojos, con una mano alzada frente a su cara, para evitar que los implacables rayos del sol le dieran de lleno. Parecía que este estuviera justo sobre su cabeza, enfocándola a ella con su luz, igual que los focos de luz artificial apuntaban a Adrien.

Pobre pensó ella, frunciendo las cejas. Allí de pie, sobre el pequeño escenario que habían colocado en el centro de la Plaza de los Vosgos. Todos pendientes de él y él de ellos, atendiendo y asintiendo a lo que le decían, mientras alguien le retocaba la ropa y el pelo. Y todavía le sonríe a todo el mundo…

A ella también se le escapó una sonrisa en su dirección.

No podía evitarlo, siempre le admiraría por tener esa actitud tan paciente y encantadora hacia los demás.

Suspiró atacada por el recuerdo de sentimientos pasados y se dedicó a mirar a su alrededor. El parque que tan bien conocía se había transformado en un hervidero de expectación. ¡Como si no fuera bastante con el calor que hacía a esas alturas de mes! La presencia de tantas personas reunidas en un mismo lugar había creado una atmósfera nerviosa y pegajosa.

Y no era para menos.

Adrien Agreste estaba por grabar un nuevo comercial para la marca de su padre, pero este sería un poco diferente a los anteriores que ya había protagonizado, pues el chico tendría que cantar como parte del anuncio.

El joven no parecía muy entusiasmado mientras un señor bigotudo le mostraba el micrófono y le explicaba algunas cosas, quizás era por eso que había evitado contar nada a sus amigos. No obstante Marinette (en calidad de amiga) compartió esa información con Alya y Nino y los tres decidieron presentarse en el parque para brindarle su apoyo. No esperaban encontrarse con cientos de fans del chico allí reunidas, armando tal jaleo y alboroto. Lo único bueno fue que así les resultó más fácil colarse y mezclarse entre los extras que aparecerían en el video.

—¿Creéis que tardarán mucho más en empezar? —Preguntó Alya, abanicándose con la mano. Su piel estaba brillante por el sudor que perlaba su frente y sus pómulos—. ¡Llevamos esperando una hora! ¡Y hace un calor…!

. No sé cómo Adrien lo soporta ahí subido.

—Está acostumbrado a esperar, supongo —opinó Nino, a su lado.

—Ya… —La chica meneó la cabeza al mirar a su mejor amiga—. Marinette… ¿ves bien o te traigo una escalera?

—¿Eh? —La susodicha no dejaba de estirarse sobre las puntas de sus pies, tratando de ver algo por encima del mar de cabezas histéricas que la separaban del escenario. Soltó una risita al verse descubierta, pero después señaló a la turba de chicas que gritaban y daban saltitos haciéndose fotos unas a otras—. ¡Es que están como locas! ¡Ni ha empezado y ya están saltando!

—Si no ha empezado aún, ¿qué miras?

—¡Ah… yo! Pues… nada —Plantó los talones en el suelo y se llevó las manos a la espalda—. Creo que nunca he oído a Adrien cantar.

—Seguro que lo hace tan bien como todo lo demás… —adivinó Alya, en tono aburrido. Marinette, por el contrario, esbozó una sonrisa embelesada.

—Sí, seguro…

No tenía nada de malo sentir curiosidad por las dotes musicales de un amigo, ¿verdad? Ahora las cosas eran distintas. ¡Por supuesto! Marinette estaba enamorada de Chat Noir, pero su amistad con el modelo siempre existiría y por tanto, estaba bien que le apoyara en sus proyectos.

—¡Mirad, nos ha visto! —Nino sonrió y agitó la mano hacia el escenario justo cuando Adrien les miraba. Sorprendido, aunque contento porque estuvieran allí, también los saludó con la mano cuando el tipo del bigote le dejó tranquilo—. ¡Eh, chicas! ¡Nos saluda!

—A nosotros no —replicó Alya con una sonrisa—. A Marinette.

La chica dirigió su mirada al escenario y se dio cuenta de que sí, Adrien la miraba directamente a ella mientras movía su mano dedicándole una sonrisa cargada de afecto. Sintió un escalofrío que la sacudió y le devolvió el saludo de la mejor manera, a pesar del estupor inicial.

Unas cuantas miradas enfurruñadas se clavaron también en ella cuando las fans del chico notaron la atención que este le brindaba, así que bajó la mano a toda prisa y disimuló.

—¡Bienvenidos a la grabación del comercial de la marca Agreste! —saludó el señor del bigote, ahora frente al micrófono y hablando a la multitud. Los gritos histéricos se calmaron en su mayoría ante el inminente comienzo del show—. No tenemos mucho tiempo así que quiero que todo el mundo se concentre en lo que debe hacer.

. Seguid las pautas que os hemos explicado al inicio. ¡No miréis a las cámaras, sino al escenario! ¡Debe parecer un concierto real!

Estalló un aluvión de aplausos alrededor de Marinette que la cogieron por sorpresa y tuvo el impulso de encogerse sobre sí misma. El estruendo fue tan ensordecedor que su corazón se aceleró.

—¡¿Estás bien?! —Le preguntó Alya, cogiéndola del brazo para llamar su atención por encima del ruido.

—¡Sí, sí! —Asintió con más energía de la que tenía en realidad y forzando una sonrisa—. ¡Estoy un poco cansada!

—¡¿Cansada?!

—¡Anoche no dormí bien!

Apenas había dormido nada.

Después de despertarse con la melodía de Chat Blanc en la cabeza no logró tranquilizarse. Consiguió dejar de oír ruidos extraños a su alrededor y cayó en un sueño ligero y convulso del que, por desgracia, no paró de despertarse cada pocos minutos.

Estaba agotada, le dolía la cabeza y ese condenado calor…

¡Es increíble, con el frío que hacía anoche! Pensó, molesta. Los saltos y gritos de la gente zarandeaban su cabeza con violencia. Tuvo que sujetársela un instante al tiempo que parpadeaba de forma pesada.

—¡¿Quieres que nos vayamos?! —Le propuso Alya al notar su gesto de cansancio, pero ella se negó en redondo.

—¡Adrien necesita nuestro apoyo! —afirmó sin vacilar—. ¡Es nuestro amigo!

—¡Me gustaría decir que con tanto jaleo no notaría nuestra ausencia pero…! —Alya se encogió de hombros—. ¡Lo notaría seguro ya que no te quita los ojos de encima!

Marinette miró al frente y volvió a toparse con las pupilas verdes de su amigo clavadas en ella. Esta vez no pudo evitar ruborizarse al tiempo que se cruzaba de brazos. De un tiempo a esta parte las tonterías de Alya sobre el chico ya no le parecían tan tontas, incluso alguien tan despistada como ella se habría fijado en que, cada vez más, Adrien parecía pendiente de ella en todo momento. Pero todavía no sabía cómo sentirse respecto a eso.

—¡Empezamos! —anunció el señor del bigote, silenciando a la gente de nuevo. Hizo un gesto a las cámaras, otro al resto de personas que operaban por el escenario y después, se retiró.

Se produjo un nuevo silencio. Adrien avanzó con su andar tranquilo de siempre y se posicionó ante el micrófono. Lanzó una mirada circular al público y se inclinó separando los labios.

La expectación era tal que Marinette podía sentirla rozándole la piel, todo el mundo aguantó la respiración los segundos previos, con una boba sonrisa y los ojos bien abiertos. Y todos, al unísono, se quedaron helados cuando el primer sonido reverberó, zumbante, desde el escenario hasta sus oídos.

Marinette, perpleja, dejó caer sus hombros. Sus brazos se descolgaron también en torno a su cuerpo.

¿Qué… es eso? Se preguntó.

Miró a Alya que, con la boca abierta, aún no había despegado la mirada del escenario. A Nino le pasaba lo mismo. Entonces, los tres se miraron a la vez pero fueron incapaces de articular palabra. Estaban demasiado estupefactos por lo que oían.

Volvió al escenario, para cerciorarse de que de verdad era su amigo el que cantaba.

¡Lo era, no había duda!

Pero… no es posible que sea tan…

—¡Horrible! —exclamó Alya. Reaccionando por fin, sacó su móvil para apuntar hacia Adrien.

—¡Alya, no! —Marinette movió sus manos para evitar que lo grabara, pero la otra la esquivó.

—¡Hemos encontrado el talón de Aquiles del perfecto Adrien Agreste y el mundo debe saberlo! —protestó la morena.

—Venga, Aly, no seas así…

—¡Pero, ¿vosotros lo estáis oyendo?!

Marinette asintió y volvió a mirarle sin dar crédito. Adrien Agreste era un pésimo cantante. Apenas podía creer que esos terribles alaridos estuvieran saliendo de su garganta; eran horribles, temibles, estridentes y desgarradores.

—No lo entiendo —murmuró, sobrecogida—. ¡Adrien tiene muy buen oído para la música! ¡Es un gran pianista!

—Pues que se limite a tocar el piano…

—¡Madre mía! —Soltó Nino, horrorizado—. ¡No pueden emitir esto! Será un desastre…

. El viejo de Adrien lo va a flipar…

—Calma, lo más seguro es que lo cambien por alguien que sí sepa cantar o que le hagan repetirlo en playback…

—Pobre Adrien —murmuró Marinette—. Primero suspende el examen de química y ahora esto.

. No está siendo su mejor semana…

—La verdad es que anda muy distraído estos días —comentó Nino, rascándose la cabeza—. No he querido preguntarle porque, a pesar de todo, parece feliz...

No creo que este muy feliz cuando se oiga cantar… pensó ella, preocupada.

Adrien siguió entonando la canción aprendida sin, al parecer, notar lo mal que lo estaba haciendo. Sus ojos se perdían en el horizonte así que tampoco estaba viendo las expresiones de disgusto y sorpresa del público que lo contemplaba. Marinette arrugó la nariz al fijarse mejor en la calma que reflejaba su semblante, en el modo plácido en que se arqueaban sus cejas o en la curva divertida de su boca; de algún modo parecía tan ajeno a todo, tan despreocupado que casi… parecía estar divirtiéndose.

Quizás para alguien tan acostumbrado a hacerlo todo genial, no cabía la posibilidad de fracasar.

Y eso es bueno… ¿no?

En medio de tan horrible espectáculo, la chica sonrió (puede que la única sonrisa sincera entre el público) e incluso se puso a dar palmas siguiendo la melodía. Le nació del corazón hacerlo sin saber que, de hecho, su sonrisa era la única que le importaba de verdad al chico.

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Las temperaturas habían aprendido a bajar rápido por las noches. Más bien se precipitaban, como las rocas por la pendiente de una montaña, en cuanto se ponía el sol.

Un airecillo helado empezó a soplar y lo más extraño era traía consigo el bochorno que inundaba la ciudad durante el día, mezclándose con él y creando un ambiente exasperante. Estaban a escasos días de que mayo terminara y con junio llegaría el verano; por eso el frío y el calor parecían haber entrado en guerra para decidir cuál de los dos conquistaba las horas restantes del mes.

Marinette tiró de los bordes de la chaqueta que había llevado consigo y se reprochó no haberse puesto unos calcetines cuando salió de su casa. Miró hacia arriba, más allá de las bombillas y los farolillos, el cielo encapotado de nubes había adquirido un tono insólito negro con toques de marrón rojizo. Se preguntó que luces eran las que al reflejarse en los nubarrones ofrecían un color como ese.

Bajó la mirada hacia la tacita de té que sostenía en sus manos. El calorcillo de la infusión era agradable en sus dedos, el aroma dulzón reconfortaba su espíritu cansado y las volutas de humo le rozaban la cara con delicia.

Bebió un sorbito y, reanimada, se puso a tararear sin darse cuenta.

—¿Qué canción es esa? —preguntó Chat Noir, sentado frente a ella en su silla roja.

El café estaba algo silencioso ese día. Había una calma que flotaba entre ellos, pero que no llegaba a ser del todo agradable porque Marinette percibía algo más; un escalofrío, una vibración, un zumbido… había algo que esperaba, como agazapado en su escondite. Lo había estado ignorando, centrándose en el chico pero era un hecho que él también estaba más callado de la habitual.

—Es solo… una canción que he oído hoy —le respondió, sonriendo—. Creo que se me ha pegado.

—¿Dónde la has oído?

—Un amigo mío la ha cantado unas cuantas veces —Le explicó, mientras movía la cucharilla en la taza, diluyendo las hebras doradas que flotaban en el té de color de la canela—. ¿Conoces a Adrien Agreste?

. Es modelo para la marca de ropa de su padre. También hace sus comerciales.

—Ah… sí, me suena.

—Hoy ha grabado un anuncio en el que cantaba la canción y hemos ido para darle nuestro apoyo.

—Ya veo —Chat Noir también removió su taza, pero golpeó la cucharilla contra esta con demasiada fuerza, por lo que la soltó—. ¿Y qué tal lo ha hecho?

Marinette se llevó la cucharilla a la boca y desvió la mirada meditando la pregunta. No es que tuviera dudas sobre cómo responder, pero tampoco quería ser del todo sincera con lo que había visto.

Bueno se dijo. No es como si Adrien fuera a oírme.

—Ha sido… un auténtico horror —reveló por fin.

—¿Qué?

—Terrible, Chat Noir —expresó después, meneando la cabeza—. En serio, lo peor que he oído jamás en toda mi vida.

—P-pero… —Chat Noir se irguió en su silla un instante para después dejarse caer sobre el respaldo, retirando la mirada—. ¿En serio? ¿Tan mal lo ha hecho?

—¡Peor! —insistió ella.

El chico resopló.

—Vaya… pues, lamento que haya sido tan malo…

—¿Qué? ¡No! ¡Ha sido estupendo! —replicó de inmediato. Cuando el chico alzó sus ojos, confuso, ella sonrió excitada.

—No entiendo…

Se le escapó una risita y balanceando sus pies a ras del suelo, se acercó para apoyar los codos sobre la mesa.

—¿Te cuento un secreto? —Él asintió interesado y las mejillas de ella se encendieron—. Es un poco tonto pero… siempre me he sentido un poco intimidada por Adrien.

—¿Intimidada? ¡¿Por qué?!

—Pues porque él lo hace todo bien. ¡Es increíble! —respondió. Y alzó su mano para enumerar—. Es súper inteligente, deportista, un gran pianista, sabe chino, modelar, actuar, es guapísimo y encima es de las personas más buenas y nobles que conozco —Marinette sacudió la cabeza sin percatarse del silencio surgido al otro lado de la mesa—. ¡Es que es tan impresionante!

. A veces es complicado que me sienta… a su altura, ¿entiendes?

Chat Noir salió de su aturdimiento, con el rostro acalorado y frunciendo las cejas.

—Eso no es… en realidad… —Carraspeó, haciendo una mueca—. Hablas de él como si fuera perfecto, pero nadie lo es…

—¡Lo sé! —Aclaró Marinette—. Ya sé que no es perfecto, pero a mí me lo parecía… ¡Hasta ahora!

. ¡Pero resulta que es el peor cantante que ha existido jamás!

—¡Bueno, el peor…! —Chat Noir chasqueó la lengua, estrechando los ojos—. ¿Y eso es algo bueno?

—¡Eso es genial! —determinó ella, tomando su tacita de nuevo. El entusiasmo y la liberación que experimentó por decir lo que llevaba pensando todo el día la animaron tanto que se le escapó un suspiro que ascendió al cielo con la gracia de un pajarillo—. Ahora tengo la sensación de que… Adrien es como yo, ¿sabes? Porque yo no soy alguien impresionante; soy torpe, insegura, a veces digo tonterías pero… ¡Él es un cantante horrendo!

. Y es como si eso, de algún modo, lo hiciera más cercano.

—¿Cercano?

—Más cercano a mí.

Chat Noir pareció meditar esas palabras, buscarles un sentido más específico y entonces, preguntó:

—Entonces… ¿Ahora te gusta más?

—¡Sí…! ¡O sea no! ¡No me gusta! —rectificó ella a toda prisa, dando un saltito sobre la silla. Se echó a reír, sosteniendo la tacita por el asa y exagerando un poco sus gestos—. ¡O sea que sí me gusta… como amigo! ¡Porque es mi amigo!

. Pero solo eso. Amigo. Amigo y nada más.

Se bebió el resto del contenido de un solo trago y alargó la mano para coger la tetera que reposaba en el centro de la mesa y de la cual aún salían vapores translucidos. Se llenó la tacita y entonces, se atrevió a mirar a Chat Noir por encima del borde de esta.

La miraba con una expresión difícil de interpretar y ella temió haber dicho algo inadecuado. Tras unos segundos de silencio, fue ella la que habló de nuevo.

—¿Qué?

—Nada… solo que… —El chico se rozó la barbilla, frunciendo las cejas—. Nunca me habías hablado antes de él.

—¿D-de… quién?

—De Adrien Agreste —Marinette se encogió de hombros.

—¿Ah, no?

Ella ya sabía que no. Había procurado por todos los medios no mencionarle ninguna de las noches que habían estado juntos. Todo el mundo a su alrededor había averiguado, de un modo u otro, sus obsesivos y profundos sentimientos por el modelo en el pasado. Y aunque eso estaba superado, temía que si le mencionaba frente a Chat Noir él también podría adivinar lo que había sentido.

Y no quería.

Por alguna razón, no quería hablar de Adrien con Chat Noir, ni que el héroe supiera nada de esa historia tan vergonzosa.

—¿Y qué más da? —preguntó ella—. ¿Qué importancia tiene si no te había hablado de él?

—Es curioso porque siempre hablas de tus amigos —murmuró—. Pero a él apenas le mencionas —Hizo una pausa y como si le costara, añadió—. ¿N-no es tan… importante para ti?

—¡Claro que lo es! —exclamó ella sin poder reprimirse. Se llevó una mano a la boca, arrepentida—. Quiero decir… de una forma amistosa y normal.

—Ya veo… —asintió él. Volvió a callar unos instantes y cuando retomó la palabra, lo hizo sonriendo como siempre, aunque su tono burlón le sonó algo forzado—. De todos modos, es comprensible… no todo el mundo puede hacerlo todo bien.

. Hace falta un talento especial…

Marinette sonrió jugando con su tacita.

—Un talento especial… ¿Cómo el tuyo, gatito?

—Soy el héroe más divertido, encantador, valiente, astuto… —La chica estalló en carcajadas que lograron acallar la lista de halagos que el chico se estaba prodigando a sí mismo. La miró con el ceño fruncido—. ¿A qué viene esa risa?

. ¿Insinúas que yo no soy puerrrrrrfecto?

—¡Por supuesto que sí! —Confirmó ella, ofreciéndole una sonrisa de guasa—. Salvo por tus chistes malos, lo pesado que te pones cuando te aburres y tu molesta tendencia a perder fotografías importantes…

¡Miauch! —Se quejó él como si le hubiese golpeado, y ella se rio más fuerte.

—Además, a ti no te he oído cantar…

Chat Noir vaciló un instante, pero al final le mostró la misma mueca retadora que adornaba su rostro cuando las cosas se ponían feas durante una pelea. Se aclaró la voz, apoyando las manos en la mesa y entonó una melodía con la garganta que a ella le resultó familiar pero no logró ubicar.

Un gatito en el tejado, solitario sin su lady…

Y aunque parecía imposible, la temperatura bajó más todavía, hasta que creyó que su cuerpo se había convertido en hielo.

Marinette recibió un fuerte impacto en su corazón al oír esas palabras. La taza se le resbaló de las manos y cayó al suelo de piedra, derramando su contenido y rompiéndose con estrépito en mil pedazos.

—¡Oh! —exclamó Chat, asombrado.

Entonces, se levantó arrastrando la silla y se quedó quieta, temblorosa, con la vista nublada y los oídos tapados como cuando estás bajo el agua. Todo a su alrededor se distorsionó y notó que le costaba respirar.

La canción. Fue su pensamiento, el único que entendió con claridad en la confusión histérica que azotó su mente. Y también. Chat Blanc…

Estaba tan aturdida que cuando Chat Noir se acercó a ella, preocupado, se apartó de él de un salto. Se llevó una mano al pecho porque el corazón le latía tan rápido que creyó que le estallaría.

—¿Marinette? —La voz del chico era un murmullo confuso—. ¿Qué te pasa? ¿Qué…?

—La taza… —susurró, entonces. Miró al suelo y vio los trozos de porcelana reventados, el líquido salpicado desapareciendo por las grietas del cemento—. Lo siento… —añadió, nerviosa—. ¡La he roto! Lo siento, lo siento…

—Eso no importa, no es…

De pronto, una punzada terrible golpeó su cabeza y ella cerró los ojos. Hizo una mueca de dolor y sintió un hormigueo que adormecía sus extremidades. Se tambaleó.

—¡Marinette! —exclamó él, asustado, logrando cogerla al vuelo—. ¿Qué te ocurre? ¿Te sientes mal?

—Yo...

—¡Tienes que tumbarte!

—¡No! Estoy… —Pero antes de terminar la frase, Chat Noir la cogió en sus brazos.

Marinette empezó a volver en sí al sentir el abrazo protector del chico estrechándola. Apretó los párpados, obligándose a centrarse en lo que veía, en lo que oía.

Estaba en la azotea, todo estaba bien, estaba con Chat Noir…

Se aferró a su espalda, hundiendo la cabeza en su hombro y el nudo que tenía en su garganta estalló en pedazos, provocándole tal dolor que sintió el frescor de las lágrimas en sus ojos.

Chat Noir… pensó, asustada.

Había cantado esa horrible canción. ¿Cómo es que podía recordarla? ¡Para él todo el asunto de Chat Blanc y del futuro destruido no había existido! Era imposible que la conociera a no ser…

Chat Blanc… vive dentro de él se dijo, aterrada. Lo que más temía era cierto; el villano aún acechaba en el inconsciente de su amigo, esperando el momento preciso para volver a la vida. Para acabar con Chat Noir y después… con ella.

No, no voy a permitirlo se dijo, invocando su fuerza, su seguridad. Era Ladybug y protegería a su compañero a como diera lugar. No dejaría que nada volviera a herirle tanto como para que acabara convertido en Chat Blanc.

Aun así no logró librarse del miedo que le arañaba las entrañas y la hacía temblar.

La soltó sobre la hamaca con gran cuidado y, con clara ansiedad en su semblante, permaneció a su lado.

—Marinette… ¿Qué ha pasado? ¿Por qué… lloras? —la preguntó, pero ella no pude responder pues trataba de controlar por todos los medios la congoja que oprimía su pecho. Sus manos se aferraron a los bordes de la tela de la hamaca y Chat Noir dio un respingo al darse cuenta—. ¿Qué te ocurre?

Alargó la mano y ella se contuvo antes de apartar el rostro. Dejó que sus dedos le rozaran la mejilla, recogiendo las lágrimas y movió sus ojos hacia el rostro de su amigo. Observó sus pupilas verdes, cubiertas por el velo de la angustia.

Debía tranquilizarle de inmediato.

—No… es nada —murmuró. Respiró hondo e incluso sonrió un poquito—. Esto… me pasa a veces, es… solo… ¡Un bajón de azúcar!

. ¡Sí, solo es que cuando me baja el azúcar me pongo fatal!

—Pero si te he visto echar al menos cuatro terrones en el té…

—¡Ya! —exclamó ella—. Pues… será que todavía no me ha hecho efecto —Le cogió la mano y la apretó—. Me pondré bien enseguida.

—¿Segura? Te has puesto pálida y tienes la piel fría… —Acercó el rostro al de ella—. ¿Te traigo las galletas? A lo mejor si comes más…

—No, no… ya se me está pasando —No obstante, la voz le tembló y su expresión vacilaba entre la calma forzada y la pena. Mirando la bondadosa expresión en el rostro de él no podía evitar sentir miedo ante la posibilidad de que desapareciera. Ahora más que nunca, no podía perderle como pasó en ese horrible futuro. Alargó los brazos para abrazarle y cerró los ojos—. Está bien —Susurró para sí—. Todo está bien.

El chico calló, probablemente demasiado confundido como para preguntar, pero deslizó sus brazos en torno a la cintura de ella y le devolvió el abrazo.

—Sí, princesa —susurró poco después—. Claro que todo va a estar bien.

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Pasaron los siguientes minutos en un silencio cauto, solo interrumpido por el adormecedor crujido que hacía la estructura de madera que sostenía la hamaca con cada suave balanceo.

Chat Noir se acurrucó a su lado, sujetándola contra su pecho y aguantó sin preguntar nada mientras a ella se le escapaban lágrimas silenciosas y temblores que barrían su cuerpo cada pocos segundos.

Marinette lo agradeció. Su mente, frenética, no habría sido capaz de ofrecerle una explicación conveniente para esa reacción. Seguía aterrorizada pero forzó a su cerebro a centrarse en el presente, pues este se había perdido en un oscuro punto intermedio entre los escalofriantes recuerdos de aquel hecho pasado y el miedo insoportable a lo que pudiera pasar en el futuro.

Se dijo que nada de eso era real.

Solo ese momento que estaba viviendo lo era. Chat Noir seguía siendo él, con sus dulces ojos verdes en los que no cabía un ápice de maldad, con su traje negro, su voz relajada…

Levantó los ojos para mirarle directamente y él parpadeó, después la sonrió y el corazón de ella se llenó de algo cálido y familiar.

Quiero que sigas siendo tú pensó, apretando los párpados en un deseo silencioso.

Chat Noir bajó la cabeza para besarla. Lo hizo con suavidad y cuidado, como la primera vez que la besó en esa hamaca, un poco inseguro hasta que Marinette levantó sus manos para rozarle el rostro y le sonrió. Entonces él suspiró y la rozó con su nariz.

—¿Siempre te pones así cuando te baja el azúcar? —le preguntó, deslizando sus dedos por su cabello y el perfil de su cara—. Me has asustado.

—Lo siento —susurró ella, apretándose contra él. Ahora que se sentía otra vez dueña de sí misma, supo que debía preguntar—. Oye Chat, esa canción que has cantado antes… ¿dónde la has escuchado?

—Solo es una vieja nana que me cantaban de niño.

—¿Una nana?

—Sí, aunque yo le cambié la letra hace tiempo —Tarareó la melodía de nuevo y Marinette se estremeció, incómoda, a pesar de que el chico sonreía al hacerlo—. ¿A qué es bonita? Me trae recuerdos de mi infancia —Adoptó una expresión tierna, casi avergonzada aunque muy intensa—. A veces la canto cuando estoy triste o me siento solo.

Marinette desvió la mirada, confusa.

Entonces… ¿Chat Noir ya conocía esa canción de antes?

Siempre creyó que era una siniestra invención de la mente enloquecida de Chat Blanc, no se le ocurrió pensar que fuera un recuerdo del chico que había sido antes de la akumatización. Eso quería decir que Chat Blanc no la cantaba para atormentarse, sino para reconfortarse a sí mismo a causa de la soledad que sentía por vivir en ese mundo destruido sin nadie más.

Sin su lady, como él decía.

Entonces… esa canción no significaba que el villano acechaba en Chat Noir, sino todo lo contrario. Era la prueba de que a pesar del terrible akuma de Lepidóctero y de todo lo que pasó, en el corazón roto de Chat Blanc aún vivía una parte del héroe. Algo de Chat Noir había resistido a la maldad, a la destrucción y al horror, y se manifestaba a través de esa melodía.

Seré tonta se dijo, haciendo una mueca. Lo había entendido todo al revés.

—No te ha gustado… ¿verdad? —preguntó el chico malinterpretando su expresión.

—¿Eh? ¡Ah, claro que sí! —Asintió ella a toda prisa—. ¡Me encanta! Es muy… interesante.

Mintió, por supuesto. Todavía le daba escalofríos oírla pero entendía que era un recuerdo preciado para el chico y no quiso herirle. En cualquier caso, este nuevo descubrimiento lo cambiaba todo.

Todo lo que había creído sacar en claro de aquel episodio horrible y todos los temores que la habían acompañado desde entonces, ahora podía mirarlos desde un prisma distinto. Y se sintió un poco mejor.

Lo que más quería era dejar ir ese miedo irracional a perder a Chat Noir. Hasta ahora no había sido consciente de que ese era el núcleo del pánico que la paralizaba. Temía el fin del mundo, de provocar una catástrofe pero sobre todo, temía perderle a él. Y la verdad, estaba agotada de eso.

—Estoy cansada —admitió en voz alta. Cansada de preocuparse y estar alerta siempre por algo, de no poder confiar en que las cosas irían bien porque ella las resolvería de no ser así. Cansada de escrutar la oscuridad esperando ver monstruos con la intención de atacarla.

—¿Tienes sueño, princesa?

—Anoche apenas dormí —respondió. El chico estiró los brazos, cobijándola en una postura cómoda para ella y Marinette le besó con todo el amor que cabía en su corazón, apresándole en un abrazo interminable. Después hundió la cabeza en su pecho—. Cántame esa nana de nuevo.

—¿Seguro? Me parece que no te ha gustado mucho…

—Sí que me gusta —replicó ella, cerrando los ojos—. Además, oír tu voz es lo más relajante del mundo para mí.

Él sonrió, estrechando su abrazo en torno a ella.

Un gatito en el tejado… solitario… sin su lady

Habría mentido si dijera que no se le seguía poniendo la piel de gallina, o que el corazón ya no se le oprimía en el pecho. El efecto que esa melodía tenía sobre ella no desaparecería de la noche a la mañana pero Marinette se dijo que podría acostumbrarse.

Y era cierto, la voz cargada de amor de Chat al entonarla resultaba relajante, reconfortante… Se le ocurrió que, tal vez, si Adrien hubiera entonado de esa manera en lugar de chillar tan fuerte la canción del anuncio habría conseguido un mejor resultado.

Gatito pensó ya adormilada. Deberías volver a cambiarle la letra porque… Sonrió, ya casi rendida al sueño… tu lady no volverá a dejarte solo.

Nunca jamás.

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¡Hola a todos y a todas!

Bueno, pues el mes del marichat ha terminado oficialmente T.T ¡Pero nosotros seguimos con el reto! Aún nos quedan unas cuantas palabras y eso me anima, porque de verdad, se me está haciendo más triste de lo que creía acercarme al final.

Cantar.

Otra de las palabras complicadas… fijaos que en un primer momento se me ocurrió hacer algo divertido metiendo el tema de Eurovisión, ¿Sabéis que Francia estuvo a punto de ganar este año? Quedó segunda O.O Pero luego lo dejé a un lado. Porque si pienso en cantar o en canciones dentro de Miraculous lo único que se me viene a la mente es esta canción.

Me resistía a mencionar a Chat Blanc en este reto porque, en mi otro fic marichat, Marinette tiene muy presente la amenaza de Chat Blanc todo el tiempo y no quería que resultara repetitivo, aunque el tema de la canción no salió, creo… De modo que me decidí a usarlo aquí *_*

Aunque en la serie no se ha vuelto a hacer mención a esto, yo creo que debió ser una experiencia muy traumática para Marinette. Ella está acostumbrada a pelear contra todo tipo de villanos pero siempre lo hace con Chat Noir de su lado, así que supongo que debió ser aterrador luchar sola y contra su compañero. En especial, recuerdo esa cara de pánico que pone cuando Chat Blanc la llama por su nombre y hace mención a todo lo que pasó entre ellos y ella no puede recordar.

Además la culpa por haber provocado el fin del mundo… Creo que es algo que aún debe perturbarla, más aún cuando no puede hablarle de eso a nadie.

Con esto, me puse a pensar en cómo relacionarlo con "cantar", con la canción que en Chat Blanc parecía algo siniestro y un poco aterrador, pero que luego en "Felix" oímos que Adrien canta mirando la estatua de su madre, como si fuera un recuerdo bonito o especial… ¿no?

La verdad es que me ha costado un poco escribirlo, porque quería integrarlo todo y que tuviera sentido dentro del reto. ¿Lo he logrado? ¿Os ha gustado?

¡Espero que sí!

Gracias por vuestros comentarios del último día; Manu (Hola ^^ La verdad es que no he visto la segunda parte de Inuyasha, hacía mucho que vi el anime y no me interesé mucho cuando salió la secuela, así que no sé nada de ella. En cuanto a Ranma, yo no voy a odiar a nadie porque les guste otro ship distinto al mío, pero mi percepción de la serie es distinta a la tuya. Creo que Ranma y Akane a pesar de las discusiones, tenían una confianza especial que nunca vi con Ukyo, ni ninguna otra prometida. Pero como tú dices, cada cual tiene su percepción y su idea, y tampoco es nada tan grave como para hablar de odio o cosas por el estilo), Arianne Luna, Ranma84, Ialiceiamagodness, Karen Agreste, Mizuki0709 y Gabriela Jaeger. Muchas gracias, de verdad, por todos vuestros comentarios y opiniones. A veces surge un capítulo que se resiste, las palabras parecen que no llegan o las ganas de hacerlo lo mejor posible te juegan una mala pasada, pero siempre pienso en vuestro apoyo y paciencia para hacer todo eso a un lado y escribir lo mejor posible. Os agradezco de todo corazón que sigáis apoyándome a pesar de tanto, de todo el tiempo que ha pasado y espero no defraudaros ahora que estamos en la recta final.

Nos vemos en el siguiente

¡Besos para todos y todas!

-Erolady-