-¡Merlín! ¡Merlín!

Gwen se levantó rápidamente, asustada, al escuchar gritos cercanos a ella en la penumbra. Giró la cabeza para ver a Morgana, revolviéndose en sueños, gritando y chillando. Otra pesadilla. Gwen se dispuso a consolarla cuando escuchó crujidos en la oscuridad. Gwen se tensó, preparada para estar atacada en cualquier momento. Por un momento, pensó que tal vez la pesadilla de Morgana podía ser una amenaza real y no solo un sueño, pero al ver que dos figuras conocidas entre la maleza llegaban, descartó la idea.

-¿Qué eran esos gritos? – preguntó la primera figura con una voz potente, aunque se podía ver que también asustada. Las figuras dejaron verse a la luz del fuego: Arthur y Merlín.

Gwen ni siquiera contestó. Únicamente miró donde se situaba Morgana, quien todavía dormía revolviéndose entre pesadillas. Por suerte, ya no chillaba, aunque sí susurraba palabras ininteligibles. Merlín y Arthur miraron a Morgana y comprendieron.

Así pues, todos se fueron de nuevo a dormir. Lo que nadie preguntó fue qué hacían ellos dos fuera del campamento.

A la mañana siguiente, se levantaron al alba par intentar proseguir el camino. Debían ir a Engerd lo antes posible, pues ahí era donde supuestamente se había visto como última vez a Balinor. Sería un trayecto de unos dos días si iban rápido, cruzando las Llanuras de Ascetir.

De todo eso se enteró Gwen al estar mirando como Arthur y Merlín discutían con un mapa en mano, quitándoselo el uno al otro, sobre cómo ir más rápido a Engerd. Morgana se encontraba sentada al lado de ella en la cenicienta fogata, esperando empezar ya el camino. Gwen había notado ya cómo parecía ligeramente dolida, seguramente por la pesadilla de anoche. Así, Gwen se dispuso a sacar el tema.

-¿Morgana?

-¿Sí, Gwen? – respondió Morgana mirándola. Ese contacto visual que en ese momento hacían era para Gwen bastante normal, ya que, al ser más o menos amigas desde hace unos cuantos años, ese contacto era muy típico cuando se iban a contar cosas. Secretos que guardaban. A Gwen le encantaba eso, ya que siempre que tenía algo que le molestaba y no podía decírselo a nadie más, se lo comentaba a Morgana. Y al revés. Era una regla no escrita. Pero Gwen ya se había percatado de que Morgana últimamente se estaba llevando cada vez más secretos a la tumba.

-¿Recuerdas anoche… tu pesadilla?

-No mucho – respondió Morgana, girando la cabeza a otro lado cortando ese contacto visual. Eso dolió a Gwen, pues ese simple movimiento significaba que no le iba a desvelar sus secretos que guardaba. Con ese simple movimiento, básicamente rompía la regla no escrita de contar todos tus secretos, y eso significaba que su amistad se agrietaba. Morgana no confiaba en ella. Bueno, no podía culparla, ella era una dama, podía guardarse secretos si así lo deseaba.

En su rostro pudo ver que claramente "no mucho" significaba que sí lo sabía, pero no quería hablar de ello. Gwen no quería ser muy pesada, solamente quería ayudar a su amiga, así que no se dio por vencida e intentó conseguirlo, aunque fuera alguna parte del sueño, por otra vía. Y esa vía era el camino perfecto.

-Gritaste el nombre de Merlín – al decir esto, Gwen pudo ver cómo el rostro de Morgana se tensaba y se sonrojaba ligeramente. Sin duda, no había previsto gritar su nombre, y ahora se sentía avergonzada. Pero, ciertamente, ya había visto a Morgana mirar a Merlín varias veces de soslayo. Sabía que había algo en esos dos que nunca entendería. No sabía que ocurría, sinceramente. Si realmente Morgana estaba enamorada o simplemente lo había malinterpretado. Pero anoche en el fuego… la forma en que lo miraba…

-¿Grité eso? – preguntó Morgana, intentando indudablemente parecer indiferente.

-Así es. Y varias veces – se hizo un silencio incómodo en el que Gwen continuó diciendo -: Entonces, en la pesadilla salía Merlín, ¿no es así?

-Sí. Pero, como ya he dicho, no lo recuerdo mucho.

Gwen no sabía si seguir intentándolo o dejarlo. Parecía una niña cotilla intentando hacer desvelar la verdad. Sí, no quería parecer pesada. Así que, decidió girar el tema a algo parecido. Antes de comentar nada, Gwen ya tenía una sonrisa pícara en sus labios.

-¿Y qué tal con Merlín? – preguntó, y pudo ver perfectamente la reacción divertida de Morgana: expresión tensa y avergonzada, mirada desviada (mirando a todos lugares menos a ella) y, al parecer, bastante nerviosa. Gwen sonrió de nuevo antes de que ella contestara.

-¿A qué te refieres? – preguntó ella sin todavía mirarla.

-No sé, quizás había algo que quisieras contarme.

-No hay nada que contar, Gwen, créeme – contestó ella, sacando una pequeña sonrisa intentando parecer que el tema no iba con ella.

Gwen dejó de intentarlo. Ese no era el día. Morgana se había levantado muy secretista. De hecho, ahora que recordaba, el día anterior ya había decaído. Había empezado alegre y contenta, para luego finalizar seria y preocupada. Al igual que Merlín. Sí, puede ser que fuera por Merlín. ¿Quizás Morgana sabía lo que le pasaba a Merlín? ¿Quizás ambos tenían el mismo problema? ¿Quizás Merlín había contagiado a Morgana? Gwen se rio por lo bajo de ello, aunque luego perdió lo cómico al pensar que podría ser verdad. No literalmente contagiar, sino más bien algo así como sentirse igual que Merlín únicamente por verle. Sí, si estaba en lo cierto, Morgana no había sido la única en darse cuenta cómo el día había cambiado solo con el humor de Merlín.

-¿Qué te pasa, Morgana? Más bien, ¿qué os pasa? Merlín y tú no habéis parado de estar serios y preocupados. ¿Qué ocurre?

Morgana tardó unos momentos en contestar, mirando a todos lugares, como si pudiera encontrar entre los árboles la respuesta.

-Simplemente estoy cansado.

Y con eso ella se levantó para ir con Arthur y Merlín. Gwen suspiró. ¿Por qué Morgana le ocultaba cosas? ¿Acaso había hecho algo mal? Bueno, sí, podía guardarse secretos íntimos, eso era obvio, lo cual la regla escrita permitía. Pero no solo era esa vez, sino últimamente no paraba de guardarse secretos. Y eso le fastidiaba. ¿Acaso ya no eran amigas?

Gwen suspiró de nuevo y se levantó, pensando en lo que Morgana había dicho. Solo se había referido a ella, sin decir nada de Merlín.

Llegó donde los tres se situaban mirando el mismo mapa. En cuando llegó, Arthur levantó la cabeza y dijo poco convencido:

-Iremos a Ealdor, pues.