Consumirse.
Prólogo.
Ver la destrucción de una aldea fue algo que jamás creyó que vería. Escucharla, definitivamente era otra cosa, ¿pero verla? Era incluso más cruel de lo que contaban en las campañas. Sabía que al estar frente las trincheras era algo por lo cual debería acostumbrarse, pero después de todo pensó y juró que nunca lo haría.
Nunca te acostumbras a ver como cientos de familias salen asustadas de sus casas, del lugar donde crecieron y vivieron toda su vida, como es que los niños miran confundidos a los adultos preguntándose porqué de pronto tenían que huir y dejar a su padre atrás. Porque claro, los hombres en las aldeas generalmente tenían cierto papel importante dentro de la comunidad. Sentían una responsabilidad enorme al querer proteger su hogar, querían demostrar que si caían y morían, lo harían con honor.
Ciertamente eso nunca salía bien.
Los hombres protegían su hogar, sí, mas siempre morían en deshonor.
Aquellos hombres eran vistos como los tontos, los inútiles que se sacrificaban en vano. En las campañas siempre eran objetos de burla, incluso la guardia real hacía comentarios mezquinos. Tanta era así la burla hacia esos hombres, que los propios hordianos se retiraban cuando veían que solo quedaban ellos, pues sabían, de anteriores saqueos, que ellos no significaban gran cosa.
Ojalá los hombres de las aldeas supieran defender su hogar.
De todos modos, el olor a quemado se hacía cada vez mas fuerte, era cuestión de minutos para que comenzara a ser un problema en sus pulmones y aún tenían que asegurarse de que todos habían abandonado la aldea hacia una zona segura. Solo que... Probablemente no lo había.
La Horda había ganado mucho terreno a lo largo de los meses, de alguna forma u otra sus estrategias mejoraban en cada saqueo, cambiaban en combate y sus soldados se multiplicaban una y otra y otra vez. Era demasiado. La reina Angella entró en una crisis tras el último saqueo sin saber qué hacer, las princesas no sabían cómo proteger su reinos y la gente estaba muriendo. Todo era demasiado.
No fue hasta que la reina dio la orden de meter a la guardia real en las trincheras que hubo solo un poco de mejoría. Y aún si no era mucho, era mejor que nada. La guardia real nunca salía del castillo, al ser de los lugares más importantes de toda Etheria era necesario no dejarla vulnerable, pues en cualquier momento la Horda entraría y eso sí sería el final de la guerra.
Cada vez el final de la guerra se veía más como una realidad, y dolía.
Dolía porque si acababa, nunca sería a su favor.
Cuando evacuaron la aldea ya hecha en trizas, cerca de la tarde; los aldeanos se abrieron camino hacia una de las poquísimas zonas seguras, donde intentaban mantenerlos a salvo. Y las campañas que estaban cerca de las trincheras se llenó de la guardia real junto a guerreros cansados y lastimados. A su vez, las princesas descansaban en otras tiendas alrededor, era su turno de hacer la guardia esa noche. Hace poco que las princesas se habían unido a la guerra en una especie de unión de reinos, pues las batallas habían llegado a sus pueblos y simplemente tenían que actuar, incluso si eran demasiado jóvenes.
La noche cayó y todas las princesas se reunieron alrededor de una fogata, intentando buscar paz en medio de la oscuridad mientras comían en silencio. Por su parte, Glimmer había decidido saltarse la cena, teniendo aún el estómago revuelto tras aquel saqueo. Ella se lo había buscado, después de todo. Rogándole a su mamá que la dejara entrar en combate, queriendo hacer algo por su próximamente reino, siendo incapaz de quedarse con los brazos cruzados siendo protegida en ese castillo. Simplemente no se sentía justo, ella tenía que hacer algo.
Alejada de las tiendas, se acercó con lentitud al bosque que estaba cerca. Quería irse de ahí, no sentía muchas ganas de sentarse alrededor de las princesas y decirles que se había arrepentido de venir, quería volver a casa, quería ir con su mamá.
Se sentía tan cobarde.
—Glimmer —la llamaron, era Bow con un plato de comida seca—. ¿Dónde estabas? Vamos a cenar, no haz comido.
Lo había olvidado. La princesas eran capaz de ignorarla si no iba a cenar, no había un vínculo especial entre ellas más a allá de compañerismo y aliadas. Sin embargo, Bow no era así, y muy en el fondo lo agradecía. Bow era y es su mejor amigo, probablemente el único, pero a fin de cuentas su amigo. Fue la razón por la que la reina Angella la dejó ir, si iba Bow, su mamá se sentiría mas segura.
Bow siempre la protegería.
—Ah... No tengo hambre, Bow —responde y es verdad, el saqueo le quitó las ganas de todo.
No se imagina cómo estarán las familias... ¿Tendrán sueño siquiera? Y ella esta aquí, sin poder comer.
Qué vergüenza.
—Es por el saqueo, ¿verdad? —cuestiona Bow. Detesta que la conozca tanto.
Ella no responde, ambos saben la respuesta.
—Caminemos, ¿sí? —cambia de tema y un Bow cansado acepta, a fin de cuentas no tienen nada que perder.
Caminan codo a codo hasta adentrarse al bosque en un silencio cómodo. No hay pierde en realidad, Glimmer en cualquier momento puede volver de vuelta a la campaña gracias a sus poderes y no habría ningún problema. O eso piensa hasta que de repente se siente incómoda, y para nada es Bow, es el bosque. Hay algo en estos árboles y arbustos que le molestan, pero no sabe con exactitud qué es.
—Bow... ¿Cómo se llama este bosque? —pregunta Glimmer, visiblemente extraña.
—Mm, no recuerdo —piensa un momento—. ¿Sucede algo?
—No, nada —responde con rapidez—. Es solo que... Me siento algo rara.
Se quedan en silencio por un momento. Glimmer voltea a todos lados, aturdida. Bow está a punto de preguntarle algo, hasta que escuchan voces y ambos se miran confundidos.
La incomodidad de Glimmer se eleva.
De pronto, las voces se hacen audibles y son femeninas. De nuevo, se miran confundidos.
—¡Adora! —grita una—. Adora, por Dios vayámonos ya, luego venimos.
La tal Adora sisea, queriendo que guarde silencio y la otra solo gruñe en molestia.
Ambos se miran, y asintiendo el uno al otro, siguen guardando silencio y a su vez, las siguen. Cuando las ven finalmente entre arbustos, notan que son hordianas por los colores de su ropa. Esta vez, se miran con cejas elevadas.
—Catra, te juro que está por aquí —murmura Adora, rubia y de ojos azules con una mirada fúnebre.
Glimmer jura que la vio en el saqueo de hace unas horas y su sangre hierve.
Está furiosa.
Bow lo nota y con rapidez la toma de la mano y aprieta, no es el momento ni el lugar para pelear.
Ella se calma, solo por un par de segundos.
—Eso dijiste hace media hora —responde la otra, rodeando los ojos y siguiéndole el paso.
Notan que su dinámica es extraña. Son compañeras, pero son bruscas entre sí y pese que siente el vínculo entre las dos, no se nota. Es extraño, porque la rubia tiene la mirada pesada y la castaña expresa molestia en cada paso, más no se alejan.
Están muy unidas.
Pasan varios minutos hasta que los cuatro llegan a una especie de claro. Adora expresa emoción al encontrar el lugar y nuevamente Catra rueda los ojos.
Glimmer y Bow no se muestran muy entusiasmados.
—Es aquí —susurra, acercándose a un arbusto en específico y metiendo la mano en éste buscando algo.
De pronto, hay una espada en su mano derecha y si Catra no muestra sorpresa, Glimmer lo hace.
—Bow... —lo llama en bajito—... Yo he visto esa espada.
—¿Eh?
Por su parte, Catra la mira dudosa—. ¿Y eso qué?
—Catra no entiendes —explica Adora—, esta espada me muestra cosas cuando la toco. Tómala y verás —extiende la espada de modo que rozan sus manos al pasarla, y si ambas sonríen involuntariamente ante ese hecho, ninguna dice nada.
—Ah sí, veo algo —dice Catra cerrando los ojos pensativa, de repente los abre y mira con aburrimiento a la rubia—. Veo una idiota en frente de mí.
—¡Catra! —regaña enojada—. Es en serio, veo cosas cuando la toco y me confunde, es extraño.
La felina cambia su cara a preocupación, se acerca a ella y tomando su brazo con suavidad, pregunta—: Adora, ¿estás bien?
Hay un silencio en el bosque que hace que la situación se sienta extraña, las hordianas están en un momento que se siente demasiado íntimo y hace que ambos se sientan incómodos, pero no pueden dejar de mirar y menos Glimmer, que sabe de quién es esa espada y si está en lo correcto... Muchas cosas podrían pasar a partir de ahora.
—Catra... —la rubia rompe el silencio y mirándola confusa, cuestiona—: ¿Sabes quién es She-ra?
Y si Glimmer se tropieza de la sorpresa, Bow no pudo evitarlo.
k: hola! ha pasado un tiempo desde que me puse a escribir algo, así que disculpa si no todo está tan bien escrito como me gustaría.
deja me presento: mi nombre es katya, pero en realidad no me gusta que me llamen por mi nombre completo en internet, así que dime kat por favor:)x
ahora te hablaré de la historia: surgió gracias a un fanart que vi de she-ra haciendo una reverencia a catra (lo cual me pareció DEMASIADO cool), al principio iba a ser un one-shot porque no soy buena con las historias largas, pero tenía tantas ideas en la cabeza que un simple OS no cumpliría mis expectativas, espero que las tuyas sí :)
a cerca de las actualizaciones: no sé cuándo actualizaré pero me comprometo a un capítulo por semana, máximo dos (crucen dedos para que esto se cumpla), sería cada domingo o lunes por la madrugada/mañana (hora centro de méxico). ya tengo el primer capítulo, así que probablemente lo publique en unas horas, solo me falta corregir unas cosas.
así que, creo que es todo (?), acepto sugerencias/comentarios! nos leemos y muchas gracias por leer! k. xoxo
