Arthur no podía creer lo que estaba escuchando. Seguramente había sido un malentendido. Pero si de verdad lo decía Gwen, no era algo de lo que dejar de lado. Él había visto perfectamente cómo ese hombre no era normal cuando había gritado minutos antes teniendo aferrado en sus brazos a Merlín. Había presenciado la magia en el contorno. Y cuando había magia de por medio, nunca nada salía bien.
Arthur se levantó del sillón en el que había estado sentado desde que le había parecido que algo andaba mal en el sótano. Había podido ver salir a Telvar, con una cara de pocos amigos incrustada en su cara de oso, y lágrimas en sus ojos. Entonces eso daba a saber que el único que seguía abajo era Merlín, justo la persona a la que estaba buscando en ese momento.
Tenía que hablar con él de asuntos de suma importancia.
Bajó las escaleras del sótano que se hundía en un mar de oscuridad y tinieblas junto a Gwen y a Morgana. Cuando llegaron abajo, solo pudieron presenciar una tibia luz que provenía de una lámpara colgada del techo. Y allí estaba Merlín, sentado en la mesa debajo de la lámpara, con los brazos en la cabeza, como quien tiene muchas cosas en mente (lo cual Arthur sabía que de Merlín no era así), y mirada perdida en los cimientos de la oscuridad.
Merlín no giró ni la mirada a ellos, como si ni siquiera se hubiera percatado de su presencia. Arthur se acercó a él y se sentó delante suya. Morgana y Gwen siguieron su movimiento y se sentaron en las sillas restantes.
El sótano olía a humedad y pérdida, algo así como una parte olvidada de la caseta, donde se retiran las cosas que quieres olvidar. Merlín parecía hacer lo mismo. Parecía estar concentrado en olvidar y retirarlo en aquel húmedo sótano.
Merlín bajó los brazos y miró a cada uno de los presentes en la mesa. El silencio era incómodo, como si Merlín pudiera hacer de los ambientes algo inquietantes y tensos.
Arthur no había olvidado la vez en la que su amigo había pasado por una cascada. Tal vez eso tenía que ver con Telvar.
Arthur supo que era su momento de coger el cuchillo y partir el silencio.
-Merlín, este hombre no es normal y tú lo sabes. Cuéntanos qué guardas.
Merlín lo miró con una mirada que por un momento no parecía la de Merlín. Era algo más acusadora, como si flechas envenenadas fueran lanzados por ellos en cualquier momento. Tuvo que decir que esta fue la segunda vez que sintió de Merlín que se dijo que no sentiría una tercera: miedo.
-No hay nada que contar – murmuró él simplemente.
Merlín no parecía el mismo. No había habido ninguna sonrisa ni sarcasmo en su voz, simplemente seriedad. Iba en serio, y eso era algo de lo que Arthur no lo veía capaz. Al igual que dos días atrás en los que Merlín no parecía el mismo, estando tan preocupado y cabizbajo, pues esto era lo mismo solo que esta vez daba miedo.
-Merlín, recordamos la historia que contaste anoche – susurró Gwen -. Sabemos que cuando bromeaste dijiste la verdad. Nos mentiste.
-No os mentí – respondió Merlín con una voz tan afilada como una espada. Merlín ahora miraba a la madera de la húmeda mesa.
Arthur miró a Morgana haber si hacía algo para que Merlín entrara en razón, pero ésta parecía ser un segundo Merlín. Cuando la miró, bajo la mirada a la madera. Su expresión y mirada era igual que la de Merlín. ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Por qué ahora Morgana también se comportaba como Merlín? ¿Acaso ella sabía algo que ellos no sabían? ¿Algo con Merlín? Y supo que contar.
-Te vi, Merlín. Te vi en la cascada.
Morgana y Gwen miraron sin comprender, pero Merlín lo miró como si ya lo supiera y fuera lógico.
-Ya lo sé. Estaba haciendo un paseo nocturno.
-Eso seguro que tiene que ver con Telvar, Merlín. Cuéntanos la verdad, que para algo somos tus amigos – al ver la mirada de Merlín ante esa mención, supo que todavía había esperanza – ¿Por qué quieres escondernos todo? Pensé que te conocía, Merlín, y ahora me doy cuenta de que me equivocaba. Te conozco mucho menos de lo que esperaba, pero no es mi culpa, sino la tuya. Nunca lo hubiera dicho, pero realmente escondes algo en todo esto, y deberías contarnos. Porque, sino, a la hora de la verdad, no te conoceremos. No podremos ayudarte porque no sabemos quién eres. Hace una semana hubiera dicho que eres un sirviente torpe e inútil, pero me he dado cuenta de que no es así. Así pues, Merlín, cuéntanos la verdad, por tus amigos.
Arthur dio un suspiro de alivio interno al decir todo aquello. Nunca pensó en decir tales cosas. Lo había nombrado amigo, alguien más que un sirviente, alguien que no conocía… Un poco de todo de lo que contenía la lista de "Nunca decir a Merlín".
-Es cierto – murmuró casi ininteligiblemente Merlín.
-¿Cómo dices? – preguntó Arthur.
-Es cierto – volvió a decir Merlín más fuerte, mirando a ningún lugar en concreto -. Telvar es aquel hombre que conté en la historia, pero antes de que os abalancéis contra mí, tengo que decir que ni yo lo sabía hace unos minutos. Yo no os mentí, la broma la hice como una broma, nada más. En ese momento no lo sabía, pero ahora sí.
-¿Entonces, es cierto que el hombre está maldito por la misma Copa de la Vida? – preguntó Gwen con miedo zumbando en su marrones ojos - ¿Es cierto que en esta misma casa es donde se encontró muerta su amada? ¿Es cierto que este mismo hombre es el hombre que vive solo en las montañas?
-No tiene por qué ser todo cierto – contestó Merlín.
-¿Cómo? – preguntó Arthur.
-Que puede ser que sí esté maldito pero que nunca tuvo una hija, por ejemplo. O que solo sea unas partes de su vida. Os digo yo que esta historia me la enseñó él mismo. Eso sí, nunca imaginé que fuera básicamente su vida.
-Pero entonces es cierto que es su vida – dijo Arthur – Él es el Hombre Maldito.
-Sí, pero sé que no toda la historia es cierta, o no está completa – susurró suave y siniestramente Merlín, como si quisiera contar una historia de miedo ahí mismo.
-¿Y qué es lo que sabes? – preguntó Arthur con algo de impaciencia e inquietud, imaginando, según la expresión de Merlín en la oscuridad y la luz tibia de la lámpara, que no sería exactamente algo de flores y mariposas lo que contaría.
-Él fue el hombre que crio a Balinor, el hombre que buscamos.
