Montana
Horas después.
"Veo que no te fue", dijo Sidney, al verla entrar, cansada y cargada de cosas.
Pero con una cara mustia y los ojos apagados.
Rose se arrojó sobre un sofá y se quitó los zapatos a tirones.
¿Porqué Zmey insistía en vestirla de muñequita, cada vez que se veían?.
"Me dijo que usara mis contactos, su dinero, y todas las bases que podamos".
"¿y, qué harás, entonces?".
"Husmear".
"¡Esa es mi chica!".
Aplaudió Sidney, abriendo su notebook y logeando en cuánta base de datos podía entrometerse.
Sin dejar huellas, claro.
Había estado esperando que a Rose se le ocurriera, para así no sentirse -tan-, culpable de tener que meterse donde no tenía arte... o parte.
Rose accedió a las bases de datos de la policía en sus ratos libres en su trabajo en precinto.
Obviamente, no tenían datos sobre los moroi -no con ese nombre, claro-, así que partió con lo que ella sabía de los que buscaba.
Frederick Y Alma Dragomir.
Eric y Rhea Dragomir.
André Dragomir.
Vasilissa Dragomir... y ella misma.
El accidente que mató a los padres y al hermano de Lissa, debió haber dejado rastros en el mundo humano, ¿cierto?.
Y lo hizo, claro.
Era algo difícil de ocultar.
Pero también nacieron y murieron y debían tener registro, o no tendrían documentos y cuentas bancarias y esas cosas.
Así que buscó los certificados -y de todo tipo-, para los Dragomirs, desde los primeros Dragomir de su lista: Frederick, Alma.
Sus certificados, licencias y documentos estaban al día.
Registraban testamentos leídos y con procesos completos.
Así que tomó discretos pantallazos, los envió a Sidney, y borró sus huellas.
Un par de días después, los sistemas iban almacenando las búsquedas en el servidor central, cada dos días, para evitar el colapso.
Así que no quedó rastro de eso, a menos a simple vista.
Si nadie husmeaba, se borraría del servidor en un tiempo.
Rose tuvo la precaución de dejar una alerta.
Si alguien husmeaba, ella lo sabría.
Una vez listo ese proceso, revisó la segunda capa.
Erik, Rhea Dragomir.
Rhea y Erik tenían algunos líos legales, por allí.
Una demanda de custodia -unitaria-, cuándo Erik abandonó a Rhea.
¡Eso fue un escándalo!.
Aconsejada de no pedir el divorcio, un equipo de abogados moroi -reconoció los nombres, claramente-, redactaron un acuerdo de custodia.
Rhea permanecería en Pensilvania -la corte-, con sus dos hijos.
Y Erik sólo vendría por negocios o temas familiares.
El Consejo de Príncipes.
¿O el Directorio de la moroi Corp?, jeje.
Al final, el acuerdo se disolvió, cuándo Erik Dragomir se reconcilió con Rhea.
Ella volvió a quedar embarazada -reconciliación, ¿alguien?-, pero lamentablemente no prosperó.
Le detectaron Sandozky en nivel inicial.
Por su lado Ozera.
Y se irradió en una clínica humana -médicamente era un cáncer etapa I-, y perdió su fertilidad, al venirle una menopausia precoz y feroz, de la que nunca pudo recuperarse.
Tenía apenas 25 años.
Una -triste-, nota más tarde, informaba de su muerte en un accidente.
Su testamento no ha sido resuelto -se leía-, porque dos de las partes nombradas, también habían muerto.
Pero Eric tenía algo.
¿Y borrado?, se decía sellado, claro.
Un acuerdo extra judicial.
Y no era el acuerdo de custodia.
Y tampoco fue en Montana o en Pensilvania, en dónde podía acceder a una copia del archivo, con algo de presión.
Tomó una foto de toda la información -bullendo de nerviosismo y mirando a todos lados-, y borró la búsqueda.
Aún debía esperar otros 3 días, para retomar la búsqueda.
Pero había algo allí.
Llegó a su casa, y vio que Sid tenía copia -en papel-, de todo lo que le había enviado.
Apenas levantó la vista de su café, y le hizo una seña, para que se sentara con ella.
"Nada de Frederick", le aclaró, "revisé por todas partes. Y, a menos que él se lo guardara o lo negara, esa niña no es su nieta... o bisnieta, o algo. Así que esa capa la envié a la papelera de reciclaje".
"¿Y Erik?, ¿algo que destapar del acuerdo extra judicial? No puedo ir a cada estado y husmear, y a título de nada exigir sus archivos, ¿cierto?. Y no hay más datos".
"¿Y?", levantó las cejas. "¿Qué piensas hacer?, no es fácil entrar en esas bases, tú eres la mejor opción".
"El sistema del FBI me debe estar vigilando, Sid", y ambas sonrieron, "lo único sería ir a husmear en Pensilvania, no es allí, pero... algo puede haber".
"Anda a ver a tu amiga, Rose. Visita a tu abuela, y molesta a la vieja bruja de Tatiana. Revoluciona algunas plumas. Pero antes, ¡de compras!".
"¡Pero Sid!, papi ya me llevó a eso", se quejó.
"Para los negocios. No para el de tú a tú entre esos engreídos. ¡Y conozco unas picadas de morire, Rose!".
"Espera, ¿de segunda?".
"Sip".
"Y... ¿por qué no estamos allá?".
"Porque aún estamos acá. ¡Por eso!".
Rato más tarde, volvían con algunas compritas.
Lo básico, obviamente.
Y Rose se abocó a buscar la mejor ruta para ir a Pensilvania.
Ni loca volvería a conducir.
Ya lo había hecho de vuelta, para traer su auto.
Así que sería avión, y de allí un rent-a-car a la corte.
Pero primero, debía avisar a todo el mundo... importante, para que estuvieran listos.
Además, que los hijos menores de Ariana estarían en la corte, y era hora de conocer a sus estirados -y poco soportables- familiares moroi.
Con todo y padrastro.
¡Wuácala!.
"El cortafuegos moroi está diseñado por un analista de los nuestros", le dijo Sid, en un último minuto.
Y rompiendo todo su entrenamiento y reglas, normas de convivencia y esas cosas.
"¡No lo vayas a perder!, o nos matan a ambas", y le puso en las manos un pendrive muy discreto, "éste abre un... forado en el cortafuegos, y nos permite rastrear los datos más mínimos de lo que buscamos, sin que los moroi lo sepan", y se rió ante la cara de sorpresa de Rose.
"¡No!, no siempre vamos a la corte, a veces hacemos mantenimiento en escuelas y esas cosas. El boquete del cortafuegos dura -máximo-, 5 minutos, lo suficiente como para que un experto copie a gran velocidad -aquí mismo que te conecta a una nube satelital, si falta espacio físico-, todo lo que le importa en el minuto. Tú sabes que buscar -a los Dragomir, sobre todo Erik y a Lissa-, pero debes hacerte de la oportunidad. No te dejarán acceder a una base de datos, libremente. ¡Sobre todo a tí, la hija de Zmey!, pero si accedes, ¡no mosquees, buscando chimes!".
"Por ahora, quiero el chisme de Erik. Ya sabremos si es un chisme o mugre acumulada bajo la alfombra... Erik desapareció por un año, tras la muerte de su padre. Rhea lloraba todo el tiempo, y coincidió con que a Lissa la tiraron en pre-escolar. El internado en pre-escolar es para dhampirs o moroi fuera del país o de otros estados muy lejanos. Lissa no debió ir al internado, no hasta la intermedia, por lo menos".
"Entonces, es ese año, entre la muerte de su padre y el regreso con su familia. Es allí el que importa que indagues. Cualquier cosa nos puede servir, Rose. No es sólo el chisme o el Consejo. esa niña puede estar en peligro de muerte. Y ahora mismo puede tener a los psi hounds tras sus talones".
"¿Quién la cuida?, ¿otro alquimista?".
"Mi hermana menor y una chica llamada Angeline o Angelique, de una comunidad Keeper. La echaron, realmente. En fin, mi hermana es apegada a las normas. Y yo no puedo meterme en la asignación de otro alquimista. Así que no sé en qué estado están. Sólo tu padre podría meterse, pero necesitamos pruebas".
"Las conseguiremos, Sid. A eso voy. Bueno, a eso y a molestar a los moroi".
"¡Esa es mi chica!", y la dejó en el aeropuerto, para que abordara su vuelo -en primera clase-. en dirección a Pensilvania.
Pensilvania
La Corte moroi
Lissa no cabía en sí de contento.
Ansiosa de recibir a su primera visita oficial, visitó las tiendas locales de ambientación de casa, y compró -bolsa tras bolsa-, miles de cosas, para que Rose armara su habitación a su gusto.
Ni por un minuto pensó de que Rose no se quedaría.
¡Oh, no!, se la pelearía -con dientes y uñas-, a Ariana, de ser necesario.
Y de ser -realmente-, necesario...
"¿Dimitri?, ¿qué tan bueno eres secuestrando?", dijo a su guardián.
Y él, que bebía café, -literalmente-, lo escupió al aire.
Lindo, Dimitri. Realmente lindo.
"¿Secuestrar?".
"Rose viene de visita. De seguro, su abuela y su tío la quieren allá, pero también vienen los hijos y nietos de Ariana con el otro esposo. El moroi. Así que no hay espacio allá, para ella. Y quiero que me la consigas. A como de lugar".
"Pero ella puede venir con sus propios medios".
"No la dejarán, Dimitri. Así que quiero que la secuestres -cuándo duerma o esté distraída-, y me la traigas acá".
"¿Nota de rescate?, para hacerlo creíble".
"¡Verdad!, voy a escribir una!".
Era sarcasmo, Lissa.
Pero la oportunidad hace al ladrón, o eso dicen.
Dimitri la siguió, muy discretamente, y vio a Rose, yendo a un bar con un grupo de condiscípulos de la academia, el mismo día que llegó.
Como ellos lo recordaban -seguramente-, intentó ocultarse en los rincones, hasta que la vio ir al baño.
Mareada.
Y la oyó vomitar.
Pobrecita.
Rose no alcanzó a dar un paso fuera de la puerta, cuándo una llave al cuello -bien puesta-, la dejó en los varoniles brazos de Dimitri,
Inconsciente.
Y así salió con ella del bar.
Pero antes, le pidió al guardián de la puerta -que miraba, consternado-, que tomara el papel que él llevaba en el bolsillo y se lo pasara al ruidoso grupito de la barra.
Y se fue caminando con ella.
¡Las cosas que se hacen por los cargos, ahora!, pensó.
Eso era sólamente por la falta de diversión en ese lugar.
Y nada más.
"¡No, Ariana!, no devolveré a Rose. Está secuestrada. Y no sé qué rescate pediré. Así que no. La puedo escoltar, prestar y todo. Pero no se devolverá a tu casa", dijo Lissa, seriamente, al teléfono, más tarde. "¿Su ropa?, le compraré algunas cositas, si necesita. Dimitri puede prestarle sus camisetas, yo le presto mis calzones -¡limpios, obvio!-, y puede andar con las pechugas sueltas si le da la gana. Pero es mía para quedármela. Ok. Mañana, en la noche, en tu casa. Allá estaremos", y colgó, muy satisfecha de su negociación.
Dimitri la miraba, intentando no traslucir nada.
¿Qué él le prestaría sus camisetas?.
¿Así de... simple?.
No habían sido presentados, ¿y ya debía desnudarse ante ella?.
"¡Qué me golpeó!, ¿y dónde estoy?", gimió Rose, al despertar.
"Mi guardián, Dimitri. Y estás secuestrada en mi casa, así que no exijas, porque no te voy a dar nada más de lo que tengo... bueno. Aquí, allá y acuyá", y señaló todo el lugar.
"¿Lissa?, ¡Lissa, pero qué has hecho!, ¡capaz que la abuela Ariana haya subido una alerta!".
"Nop. Dejé una nota de rescate. Y ella llamó, obvio. Y negociamos".
"¿Y me devolverás?".
"Nop". E hizo sonar el nop muy infantil.
"¿Quién dijiste que me secuestró?".
"Él", y lo señaló, parado en la pared, junto a la puerta.
"Guardián Dimitri Belikov, Oficial Hathaway", la saludó.
"La Guardiana Hathaway es mi madre. Y soy Rose".
"¿Cierto que es lindo?".
"¿Y lo pediste así?".
"Nop. Pero se ve lindo cuándo sonríe. Digo que es mi primo, porque es el novio de mi prima. Si sabes que el vínculo nos hace familia, ¿cierto?, tus padres son mis padrinos ahora, lo que te hace mi prima".
"Suenas a mi padre y a sus investigaciones... ¿y desde cuándo tengo de novio a éste gigantón?".
"¿De mi oso de peluche ruso?, de ahorita. Toda la corte te vio en brazos de Dimitri, saliendo del bar".
"Podrían haber pensado en otra cosa".
"Nop. Me ocupé personalmente de eso".
"Estás incorregible, Lissa".
"Aprendí de la mejor".
"Ahora, a intentar conseguir la firme", susurró Rose, escondida en la sala de guardia, en el descanso del turno.
Había conseguido los horarios, y se había escapado de Lissa -de compras-, de su madre -de guardia, con Ariana-, y de Tony -mariposeando por allí con Beto Petrov-, así que tenía menos de 10 minutos para colarse, meterse en la base de datos, salir, y hacerse la linda, por allí.
Cruzando los dedos, metió el pendrive en la primera ranura que encontró, y el programa hizo el resto.
El promt apareció, con una casilla de búsqueda.
Eric Dragomir, tecleó, ansiosa.
Y agregó la fecha de muerte, para que la búsqueda fuera más precisa.
Y empezaron a aparecer todas las búsquedas, que se cargaron -a velocidad vertiginosa-, al pendrive, y luego a la nube satelital.
Al final, el programa borró la búsqueda y cerró el cortafuegos.
Rose retiró el pendrive, y miró la hora.
4 minutos.
Tenía 2 minutos -máximo-, para salir de allí, o buscar alguna excusa plausible.
Así que se paró, se movió evitando las cámaras, y salió por la misma ventana por la que entró.
Desenganchó sus herramientas -para trepar, y sujetar la ventana, que daba a un callejón de servicio-, las guardó en su mochila, y reapareció por la otra esquina, como si nada.
"Así que éste es el edificio de los guardianes, ¿eh?", dijo -conversacionalmente a un guardián, al cambio de guardia-, ¿es aquí dónde puedo subir un aviso de pituteo?".
"Éste es administración, el servicio de utilidad pública de RR HH está a la vuelta, eh... ¿aún eres guardiana?".
"Dime Rose. Oficial, guardiana. Es casi lo mismo".
"Y buscas trabajo, ya?".
"No. Lo ofrezco. Pero en Oregon, obviamente. Gracias por el dato", y le guiñó el ojo, alejándose, justo a tiempo.
Para que su coartada estuviera correcta, fue al edificio de RR HH, y subió el aviso de guardianes freelance, para cacería de strigois, en Montana.
Tratar con la guardiana -y oficial de policía- Hathaway, directamente.
Pago por evento.
Oregon
Había llegado el domingo en la noche, y le tocaba turno a primeras horas de la mañana, así que se fue sólo a dormir, no sin antes pasarle el peligroso pendrive a Sidney.
Ya seguiría revisando las bases policiales cuándo se reintegrara a su trabajo, al día siguiente.
Lo demás, ya era trabajo de Sidney.
No le estaban pagando mucho por esto, pensó.
Deberían darle un aumento.
André Dragomir estaba limpio.
Bueno... multas de tránsito.
¿Posesión de drogas?, ¿solicitud de servicios sexuales?, ¿alcohol en la vía pública?.
Y algunas multas no habían sido pagadas.
¡OH, por Diosito Santo!, tenía una fianza pagada, ¡y un caso abierto!, el oficial de libertad condicional aún tenía abierto el caso.
Eso lo debería resolver Lissa.
Y sería la ocasión perfecta para sacarla de la corte, y contarle la verdad.
Debería usar el dinero de la herencia de André, para pagar por sus metidas de pata.
Era lo justo.
Lissa -la perfecta Vasilissa Dragomir, la que no quebraba un huevo-, estaba limpia, en lo legal.
Había una demanda de custodia de Lissa, cuando sus padres murieron, ¡y por Viktor Dashkov, además!, porque estaba nombrado en el testamento de sus padres.
Había sido retirada, poco después.
¡OMG!, y asignada a sus padrinos -¿Janine e Ibrahim Mazur?-, por eso no las buscaron más, evidentemente.
No había licencia de conducir -debería solucionarlo, si quería moverse fuera del mundo moroi-, o nada.
Apenas si existía, la pobre.
Ella misma -Rose-, no tenía mucho más a su haber.
Su seguro social, su licencia de conducir, su permiso para portar armas y su auto.
Bueno, era harto, para alguien de su edad.
Además de su placa, obviamente.
Y no estaba acusada de secuestro o nada, ¡yes!.
Y ni siquiera tuvo que simular que estuvo en un accidente... porque murió en él.
¡No olvidar que las historias parten con RoMitri, todo el rato!
y ahora se conocen, ¡grrr!, ¿Y Lissa dijo que él es novio de su prima?, ¡qué atrevida!.
