-Sí, el llamado Gran Dragón.
Cada vez que más escuchaba, más sentido tenía, pero a la vez menos. Era una sensación extraña, la típica sensación en la que crees que lo comprendes todo, peor, en el fondo, sabes que sabes menos de lo que antes ya sabías. Así se sentía Merlín en ese momento, sin creer lo que oía. Nunca se había imaginado a Kilgarrah fuera de las profundidades del castillo (sin contar el momento en el que salió días atrás por su culpa), y nunca había pensado realmente que hubiera habido un tiempo en el que había sido libre y fuera de ataduras. ¿Pero en serio era así Kilgarrah, el dragón que le había aconsejado desde que había llegado a Camelot para completar su destino? ¿En serio era capaz de quemar todo un pueblo? Supuso que había un motivo, o más esperó.
Los cuatro se miraron durante unos segundos después de escuchar que el mismo dragón que ahora hacía arder Camelot, su ciudad y hogar, había hecho arder asimismo el llamado Pueblo Maldito.
-Por lo que puedo ver en vuestras expresiones, ya habéis escuchado hablar de él, ¿no es así? – adujo Hilda mirándolos a los cuatros con algo de curiosidad.
-Más de lo que quisiéramos – murmuró Arthur más para sí mismo que para los demás.
-¿Y podemos preguntar por qué motivo quiso aquel dragón quemar el pueblo? – preguntó Morgana.
-No lo sé con exactitud, pero por lo que pude observar, el dragón vino de las mismas cuevas de las profundidades. No sé por qué hizo arder nuestro pueblo, sinceramente
-¿Y cree usted que podría él haber sido comandado por alguien en vez de actuar por su cuenta? – preguntó Merlín con extrema cautela, como si en cada palabra que diera pudiera liarla fácilmente revelando algo que no debería. Su vida era así: estaba muchas veces en peligro por lo que decía, y debía de tener mucho cuidado con ello. Evidentemente, había preguntado aquello por una única razón.
Hilda pareció pensar mucho la pregunta, como si hubiera visto algo sospechoso en ella.
-Podía ser, sí, pero el caso es que poco importa ya. Suerte que no acabara yo ahumada como algunos que acabaron, Dios los apiade. Pero el caso es que esto no tiene que ver con la historia que estábamos viendo, puesto que esto sucedió mucho después. Después de la supuesta muerte de Telvar.
"Andando por ahí, hay que recabar que hubo un momento en el que Telvar dejó de ir con Sigan a sus expediciones de las profundidades. Nunca supe por qué ni nunca me atrevía a preguntar, pero siempre sospeché que ocurrió algo entre ellos dos, y muchas vece pensé en la Llave de la Sabiduría. Pensé que quizás ya lo habían encontrado y podía haber acabado mal, ya que nada duele más que la verdad, y eso es lo que suele dar la Llave de la Sabiduría a las preguntas que haces. Y lo que también a veces he sospechado es que, desde entonces, el valle en general, y concretamente el desfiladero de aquí al lado que me parece que tiene nombre de gigantes, nada fue lo mismo. Aullidos y chillidos de bestias sin forma ni figura se escuchaban cada noche en el desfiladero desde incluso este mismo pueblo. Y suponía que algo tenía que ver con ello y, me decía yo, que con la Llave de la Sabiduría.
"Cuando vi cómo Telvar y Sigan se parecían distanciar el uno al otro, en vez de entristecerme de la amistad que parecía desaparecer entre ellos, me alegré, como supongo que sabréis, y, oh sí, cuánto me alegré. Me alegré de volver a tener a Telvar entre mis brazos y a ese Cornelius fuera de mi mirada. Y así fue, durante unos meses. Mese que nunca olvidaré. Una prefecta relación fue lo que flotó entre Telvar y yo, y nunca olvidaré aquellos momentos. Éramos chicos todavía, críos de catorce años, pero la relación parecía llegar a mucho. Hasta cuando llegó el día. Aquel cruel y amargo día."
"Fue el día en el que la madre de Telvar cayó enferma. Telvar se separó de mí rápidamente para estar cuidando de su madre. Desde entonces no supe qué paso realmente. Recuerdo ver a su padre y a él irse del pueblo, pero yo no entendía por qué. Sabía que algo había en ese viaje que hizo que su madre se recuperara, pues cuando llegaron, así sucedió."
"Todo parecía perfecto: Sigan parecía haberse ido, no sé a dónde o si realmente se había ido; la madre de Telvar había sobrevivido a su enfermedad; y Telvar parecía estar alegre y en mis brazos de nuevo. Pero cuánto me equivoqué, oh sí, qué equivocada estaba yo. Al siguiente amanecer, los cuerpos de los padres de Telvar yacían muertos en el suelo, sin ninguna marca o herida. Y cuando sucedió eso, todos culparon a Telvar por asesinato. Él no pudo hacer nada menos huir y echar a correr, siendo perseguido por aldeanos rabiosos."
"Lo único que recuerdo de aquel día fue la llegada de Cornelius Sigan asegurando haber matado a Telvar por cometer asesinato. Y claro, por ello todo el pueblo estaba agradecido, pero yo supe que esto no tenía ni pies ni cabeza. Sabía que Sigan algo había hecho, y buscaría el qué."
El silencio cortó el momento, haciendo que todos miraran a Merlín, como si pudieran ver escrito en su frente lo que significaba todo aquello. Merlín ya lo sabía perfectamente: Sigan había mentido. Pero ¿por qué difamar que tu mejor amigo estaba muerto? Había lago allí que no cuadraba. Algo que, como dijo Hilda, ocurrió entre Sigan y Telvar. Pero lo que se preguntó de todo esto Merlín fue qué tenía que ver esto con su padre, Balinor, si es que había algo que tuviera que ver. Esperó a ver qué más tenía que decir Hilda, y como si ella lo hubiera advertido, prosiguió.
"Desde entonces no vi demasiado a Sigan. Bueno, ciertamente, no vi nada por un tiempo, pues tenía los ojos anegados en lágrimas. Pero ahora llegamos a la parte que tanto habíais preguntado: el dragón. Lo vi, lo vi antes de que saliera de su cueva y acabara chamuscando todo el pueblo. Fue él, él fue le culpable. Cornelius Sigan, siempre él. Lo supe desde el principio y lo sigo sabiendo. No sé cómo llegué hasta allí, pero lo importante es que llegué. Recuerdo dar un paseo por el pueblo, yendo por cerca de las paredes de piedra, y encontrar un pequeño resquicio o grieta en la que escuché un gruñido, como el de un animal riendo (cosa que nunca había imaginado). Y lo escuché. Voces fue lo que escuché. Una voz grave, como un gruñido, y otra casi inaudible. Decidía aventurarme por allí, y llegué tras pasar por el agujero a una gran cueva en la que Sigan aparecía hablando con un dragón. ¡Un dragón! Y claro que no era un dragón normal. Cuando escuché en las palabras de Cornelius "Gran Dragón", supe de qué se trataba."
"Había escuchado muchas veces historias y leyendas de él. Pero nunca lo imaginé tan grande y poderoso. No sé de lo que hablaban exactamente, pero sabía que no era nada bueno. Me escabullí de allí como de quien no ha visto nada, sin poder creer que lo que había visto era real. Mal hecho. Me callé y no pensé nunca más en eso."
"Recuerdo también (es cierto que tal vez parecerá una tontería) que la familia que tenía al lado de esta casa, los llamados Felgit, habían tenido un bebé. Pero, al siguiente día, se encontraron con que había desaparecido. Tal vez no tenga sentido con la historia, pero a mí me picó la curiosidad de que, repentinamente, un bebé desapareciera. Sabía que algo tenía que ver esto con el dragón y Sigan."
-¿Sabe usted cómo se llamaba ese bebé? – preguntó Merlín.
"Abyl, me parece, sí. Bueno, como iba diciendo, había visto el dragón y a Sigan, pero lo dejé de lado como una necia. Al final, lo olvidé completamente, y, aunque no quise darme cuenta, me percaté de que no había visto a Sigan desde entonces. Y fue años después cuando me llegó la noticia de la muerte de Cornelius Sigan en Camelot."
-¿Cómo murió? – preguntó Merlín, sabiendo lo que venía.
-En el fuego.
