Hilda estuvo unos cuentos minutos sentada en la silla de la mesa sin mover ni un músculo. Había salido Merlín ya tiempo atrás, pero parecía que su presencia seguía ahí. Estuvo así no supo si diez minutos o media hora, pero el caso es que algo le llamó a mirar el sobre amarillento que yacía encima de la mesa, en la seda verde.

Para: Emrys.

Exacto, era de Emrys, no debería abrirlo ella. Ella no era más que una simple anciana en un pueblo devastado por el fuego y la oscuridad. No debería coger ese sobre. Por su bien y por el de Emrys. A saber qué contenía la carta… La tentación le llamaba en su interior como duende codicioso que busca oro. Tenía que hacerlo… No, no tenía, era la carta de Emrys… Pero no ocasionaría un grave peligro si…

La tentación le pudo y cogió rápidamente el sobre con un movimiento digno de un ataque de un oso. Abrió el sobre con dedos temblorosos, y empezó a leer la carta escrita en tinta roja con algo de dificultad.

"Sé quién eres, Emrys, y sé mejor incluso quién serás. Sé lo especial que eres en muchos términos y lo poderoso que puedes ser. En el momento en el que escribo esto tú ni siquiera habrás nacido, pero ya ha sido predicho tu papel en este mundo, y no es algo pequeño. Tu destino no es solo el tuyo, sino el de toda Albion, y si lo haces mal, fracasarás. Pero no solo fracasarás, sino que defraudarás a los demás y harás que muchas perezcan por tu culpa. Y supongo que no quieres eso, ¿verdad?

Así pues, te invito a que vengas a mí. Sigue mi camino, y encontrarás el final de tu destino que siempre has buscado. Sígueme a mí, y no a otros. No sigas ni te unas con la gente equivocada, pues ellos te harán caer. Sígueme a mí, y yo te levantaré.

Levántate, Emrys, el Nacido de la Magia. Vuelve a gobernar. Vuelve a levantarte. Y así, todo el mundo reconocerá el Regreso de Emrys. Sigue mi luz, llega a las profundidades, y levanta a los de nuestra especie. Esto es solo el comienzo.

Te vengo esperando largos años. Levántame a mí también de nuevo, Emrys. No me dejes ir."

Al final de la carta aparecía un círculo negro en el que dentro se apreciaba la silueta negra de un cuervo.

-No puede ser…

Hilda dejó caer el sobre de su mano, la cual había ido a parar a su frente. Hilda no podía creer lo que acababa de leer, y menos lo que acababa de averiguar. Tras estar dos minutos con la mano en la frente, preguntándose cómo habían llegado a este punto, se levantó rápidamente con la agilidad de un lince y se subió en una caja que tenía puesta debajo del armario para llegar arriba del todo. Allí cogió un libro grande y grueso, cuya portada no tenía nombre, y las hojas parecían estar más sucias y roídas por dentro.

Se dirigió de nuevo a la mesa, donde dejó el libro, y empezó a hojearlo.

-Debe estar en alguna parte…

Mientras buscaba desesperadamente lo que buscaba, sintió una fuerte sensación. Una sensación de fortaleza y poder. Una sensación de rey.

Estaba empezando…

Hojeó aún más rápido las hojas hasta llegar finalmente a la página en la que la respuesta a su pregunta llegaría. En la página, numerosos símbolos y escudos de casas por toda Albión, algunos antiguos y otros actuales, se revolvían a lo largo de toda la página, con nombres debajo de cada escudo y símbolo. Al fin, llegó al símbolo que buscaba: el cuervo negro. Debajo de éste, rezaba el nombre:

"Cornelius Sigan. Conocido por ser uno de los hechiceros más poderosos de todo el mundo. Su influencia se vio en Camelot, donde años después fue ejecutado por datos no disponibles."

Él era el hombre encapuchado… Pero, ¿cómo conocía ya a Emrys sin haber ni siquiera nacido? ¿Y cuál era su objetivo con todo esto? Nada bueno, eso estaba seguro.

La información que daba debajo ya lo conocía. Pero había algo que aún no encajaba, y era lo que había leído al final de la carta. La cogió del suelo y leyó la parte que le interesaba: "Sigue mi luz, llega a las profundidades y levanta a los de nuestra especie." ¿De nuestra especie? ¿A qué se refería con ello? Lo pensó más detenidamente y, en un golpe de verdad, se le vino a la mente lo que eso significaba.

-No puede ser…

Leyó de nuevo otra línea que la había llamado mucho la atención, que era: "Te vengo esperando largos años. Levántame a mí también de nuevo, Emrys." ¿Eso quería decir…?

-Oh, no…

Rápidamente entendió lo único que podía hacerla entender en ese momento. Dejó el libro y la carta en la mesa, se levantó de nuevo, y buscó en el cajón de su mesa de noche. Allí cogió una carta, más pobre en términos de material que la otra, y la abrió con dedos temblorosos. Eso no tenía que estar pasando…

Cogió el mensaje de dentro, escrito en tinta negra y con una caligrafía más grande y ancha, más bonita para el gusto de Hilda, aunque podía ser por la persona quien escribió eso…

"Querida Hilda:

Te escribo esto rápidamente para decirte que esto no va a funcionar. En unos días seguramente estaré muerto. No preguntes por qué, puesto que no te responderé. No pienses en ello más, es una verdad que no se puede romper. Es algo que, aunque no quieras que pase, ni yo mismo, sucederá. Solo quiero decirte que tengas cuidado. Mucho cuidado.

No debería estar escribiéndote esto, en primer lugar, ya que si la persona quien me busca se enterara, a saber lo que haría conmigo.

Ten cuidado con el pueblo en general. Ya sabes bien que muchas veces en historias se dice que está maldito, y es verdad. Siento decirte esto. Pero, en cualquier caso, nunca salgas de ella. No me busques ni hagas ninguna tontería, por favor.

Sé que pensarás que la vida es una prisión, un castigo, pero no es así. Disfruta de la vida, cásate, ten hijos, sé feliz, y, especialmente, olvídame. No me recuerdes, pues solo harás que pienses que la vida es algo oscuro y malo.

Vendrán tiempos mejores. Tiempos en los que el Nacido de la Magia regresará. Tampoco me preguntes cómo sé esto, pues ni yo mismo lo sé exactamente.

Sobre todo, aléjate del Cuervo Negro. Él es el que me busca… Él es el que te buscará… Él es el que regresará… No dejes que el Nacido de la Magia se una a él, por favor.

Olvídame.

Telvar"