-Yo sé quién es Balinor.

Merlín se tensó al escuchar aquello. ¿Cómo es que sabía ella acerca de su padre? Aunque, ahora que lo pensaba más detenidamente, podía ser que, como la Sombra había comentado, Balinor ya hubiera estado aquí hace tiempo. Eso le hizo pensar a Merlín qué papel tenía Hilda en todo esto.

-Él ya estuvo aquí hace tiempo, como bien dijo Sigan – adujo Hilda.

Merlín miró a Hilda a los ojos.

-¿Por qué motivo?

Hilda sonrió a Merlín con una sonrisa que a Merlín no le acabó de gustar. Esperaba que no le dijera que era demasiado joven para saberlo… O que no era el momento. Él tenía el derecho de saber toda la verdad sobre su padre, y no le gustaba que le ocultaran cosas.

-Antes de responder a esa pregunta, dime, Emrys, ¿qué te contó Telvar?

Merlín suspiró suavemente, dudando si contarlo todo o si confiar plenamente en Hilda. Decidió confiar. Si perecía, perecería confiando.

-Me contó su historia de la Copa de la Vida, cómo fue maldecido por los druidas…

-Sí, supongo que eso es lo que Sigan hizo para quitar del mapa a Telvar. – interrumpió Hilda – Pero lo que me pregunto es por qué difamó que lo mató, pero realmente no lo hizo. Sería mucho más fácil para él. Una puñalada por la espalda, una traición al estilo Sigan, y ya estaría.

Merlín sonrió al ver cómo Hilda pensaba todo aquello. Lo pensaba de una forma muy diferente a la suya. Merlín se fijó en que cada persona tenía puntos de vista y una perspectiva de la vida muy diferente.

-No sé, la verdad, pero yo creo que hay cosas peores que la muerte.

Hilda le miró con gravedad.

-¿Te dijo algo sobre su maldición? – preguntó la anciana con parsimonia, como si pretendiera hacer una inspección al modo detective.

-No, no quiso mencionarme nada, vaya – contestó Merlín al recordar lo reacio que Telvar se había puesto al hablar sobre su maldición. – Pero siguiendo eso, supongo que no sería nada bueno. Como ya digo, hay peores cosas que la muerte, y seguramente Sigan quiso que así fuera para su querido amigo. Qué bonita la amistad. – comentó Merlín con sarcasmo en la última frase.

-No sé yo que pensar… Algo me huele mal. Siento que algo nos esconde Sigan. – por unos segundos, Hilda se quedó con la mirada perdida, una mirada de experiencia y pensamiento- Pero bueno, dejando este caso cerrado, dime más cosas que te contó.

-Básicamente me contó en una historia su soledad por aquella maldición. Cómo se escondía en cuevas y cabañas para que nadie viniera. Algo lo hacía peligroso, eso es seguro, porque según me he dado cuenta, por la noche Telvar nunca está. Eso tendrá que ver con la maldición.

-Eso es un buen punto – afirmó Hilda.

-Luego sé acerca de su enamoramiento con una mujer con la que tuvo una hija – Merlín miró de reojo a Hilda y pudo ver que ésta parecía a punto de ser tragada por su propio cuerpo -. Pero lamentablemente la muerte se llevó de nuevo a la mujer, dejándolo solo con su hija, a la que dejó en manos de los druidas.

Al escuchar estas últimas palabras, Hilda reaccionó con rapidez y fijó su mirada en la de Merlín. Merlín, algo asustado, la miró con alarma.

-¿Cómo has dicho? – preguntó Hilda con voz potente y fuerte.

Merlín la miró extrañado, preguntándose si quizás deliraba.

-Dije que Telvar dejó a su hija en los druidas.

Merlín pudo ver la silueta de una sonrisa formándose en las comisuras de los labios de la anciana. No podía saber si aquello era algo bueno o no, pues no entendía lo que aquello significaba. ¿Había dicho algo mal? Merlín fue a preguntar acerca de la hija de Telvar cuando Hilda le cortó con un débil movimiento de cabeza que hizo parar a Merlín, dándole a entender que prosiguiera.

-Sigue diciéndome lo que Telvar te contó.

-Básicamente eso me contó de su vida. Luego todo cambia cuando encontró el recién nacido de Balinor.

-¿Te contó algo de lo que ocurrió con él?

Merlín hizo memoria de lo que Telvar le había contado aquel amanecer.

-Sí, pero no mucho. Me dijo que algo había pasado con Balinor cuando fueron… - Merlín se interrumpió a si mismo en mitad de la frase cuando se percató de lo que esto significaba -… cuando fueron al pueblo de al lado a vender madera…

Merlín giró su cabeza, antes mirando por la ventana, hacia Hilda. La anciana asentía con una pequeña sonrisa en sus labios, haciendo entender que iba por buen camino.

-Ese pueblo que mencionó… - empezó a decir lentamente Merlín, temiendo venir lo que sabía que venía -. …¿no será este pueblo?

-Así es – contestó Hilda sonriendo. ¿Por qué sonreía?

Merlín tragó saliva.

-¿Qué ocurrió aquí con mi padre, Hilda? – preguntó Merlín.

-¿No te lo dijo Telvar?

-No, me dijo que no era la persona indicada para contarlo.

Hilda miró a Merlín durante unos segundos que a Merlín se le hicieron eternos. Una mirada que hizo a Merlín sentir temor hacia la anciana. ¿Qué significaba todo aquello? ¿Acaso era Hilda la indicada para contarlo, y por eso Telvar no se lo había contado? ¿Por qué no era él el indicado para contarlo? ¿Y por qué había "indicados"?

-Yo te lo diré – dijo Hilda con una voz decidida. – Tu padre vino a este pueblo, yo le vi. No sé qué ocurrió entre él y Telvar, pues recuerda que yo le daba por muerto. Recuerdo haber visto a tu padre ir decidido, al igual que tú, a las profundidades del pueblo. Yo le seguí, pues por aquel entonces nadie excepto yo sabía acerca de los túneles que surcaban por las profundidades del pueblo, y se me hizo raro ver que alguien sí los conocía. Le seguí durante horas y horas hasta que le perdí. Giré por una esquina y, ¡puf!, ya no estaba. Volví fuera y esperé, a ver si con un poco de suerte le veía salir. Todavía no conocía a ese muchacho, ten en cuenta eso, ni tampoco sus intenciones. Pero, como bien había sospechado siempre, algo se escondía en las profundidades. Algo terriblemente maligno.

Hilda miró a Merlín directamente a los ojos.

-¿Quieres decir que mi padre fue a buscar a Sigan? – preguntó Merlín.

-Ya escuchaste a la Sombra. De otra forma, no estaría diciendo esto. Durante todos estos años me he preguntado qué había hecho ese muchacho ahí. Y finalmente hoy tengo la respuesta.

-Pero, espera, Hilda, ¿cómo supiste entonces cómo se llamaba aquel muchacho y cómo se supone que supiste que yo era su hijo?

Hilda siguió mirando a Merlín con aquellos ojos fulminantes de hierro durante unos segundos.

-A tu primera pregunta, supe que se llamaba Balinor pues supe de su intento de suicidio y cómo Uther lo llevó a Camelot.

Hubo un silencio helado en el que Merlín pudo notar su corazón bombeando sin parar, queriendo salir de su prisión.

-A tu segunda pregunta, que está relacionada con cómo sé que tú eres Emrys, es porque conozco a una mujer llamada Hunith.

-¿Hunith? – preguntó Merlín notando que le faltaba aire -. ¿La conoces?

-Oh, sí, claro que la conozco. Es mi hija.