La Ciudadela Violeta
72º Juegos del Hambre
El aerodeslizador desciende, las briznas de hierba bajo el mismo doblándose en el viento que desprenden los motores. Finalmente aterriza y la compuerta baja a conectar la cabina con el suelo.
La vigilante jefe da pequeños paseos de un lado a otro, esperando a su más prometedor subordinado. En cuanto ve aparecer a Séneca Crane, ahoga una carcajada al ver su expresión de deconcierto. Sus ojos entrecerrados la miran de arriba a abajo.
—¿Lya?
—No te gusta —afirma ella.
Séneca se acerca más y la rodea.
—Estás muy cambiada. La última vez que te vi tu pelo no era del color de una berenjena, ni los ojos rojos ni esos cuernos de carnero. ¿A qué se debe?
—Me dio por ahí —Lya se agarra al brazo que él le tiende. Seneca se queda mirando con preocupación sus puntiagudas uñas negras cerrarse alrededor de su carísimo traje—. Puedes decir que lo odias. No voy a enfadarme.
—Me gustan las cosas más sobrias, señorita Vickers —responde él, y Lya rueda los ojos y sonríe porque ya lo sabe de sobra—. Cuando dijiste que querías verme, no pensé que me ibas a traer precisamente aquí.
Ambos se van alejando del aerodeslizador, caminando por aquel bosque de hierba morada y árboles de hojas casi negras. Muchos dirían que es macabro, pero Lya no puede dejar de perderse en él y admirar cada elemento de su creación.
—Oh, así que sabes donde estamos —dice Lya—. Quería que fueras el primero en verla. Puede que te toque a ti ser vigilante jefe un año de estos. Considéralo como un privilegio teniendo en cuenta que todo el mundo está intentando sacarme información en vano.
Más allá de los árboles se alza un monte solitario. Tan alto que la cima no se puede ver más allá de una mezcla entre niebla alta y nubes bajas. Séneca lo mira.
—Me siento como si me hubieran destripado un giro argumental en mi serie favorita —se lamenta.
Cuando ella aprieta su mano, clavando un poco más las uñas en la manga, Séneca da un tirón de su brazo y alisa la tela. Lya vuelve a reír. Es demasiado sencillo torturarlo.
—Bueno, si te sirve de consuelo esto no es todo lo que hay. Sólo quería enseñarte como funcionan las cosas y qué elementos según mi experiencia producen los mejores juegos.
Lya observa movimiento en el suelo y se agacha a recoger una de las orugas lilas y verdes que se pasean por el suelo. El animalito se defiende haciéndose una bola en su mano, enfundada en un guante blanco.
—Cuidado con eso —dice alejándose un paso a la derecha, justo la reacción que ella buscaba.
—Son inofensivas. Tan sólo producen comezón al entrar en contacto directo con la piel —dice Lya, y deja la oruga de nuevo en el suelo.
—Es un lugar extraño —dice Séneca, observando todo—. Te debió llevar mucho tiempo dejarlo así.
—Parece mentira, pero modificar genéticamente la hierba fue lo más complicado. Tomó bastante tiempo en que el morado quedase justo de la tonalidad que yo quería —responde Lya.
Él frunce los labios.
—¿Tanto trabajo solo por el color de la hierba? Creo que te preocupas demasiado.
—Tenía que ser justo este color. Ni muy rosado, ni muy oscuro. Este era el tono que había en mi cabeza —responde Lya—. Posiblemente vayas a decir que a los expectadores no les importe. Pero soy yo la que está al mando y a mí sí me importa. Cuando seas vigilante jefe, podrás hacer las cosas a tu gusto.
La luz disminuye conforme se adentran en el bosque. Unos pequeños hongos luminiscentes que crecen a los pies de los árboles y en los huecos de las retorcidas cortezas alumbran el camino.
—¿Qué te inspiró este lugar?
Lya pierde la sonrisa.
—Es un homenaje a mi abuela. Que en paz descanse.
—Que en paz decanse —repite Séneca.
El equipo entero de vigilantes había asistido a su funeral el año pasado. A Lya le costó asimilarlo. Incluso había días en los que creía no haberlo hecho del todo.
—Fue ella quien me enseñó a leer, a dibujar y a contar antes de entrar en la escuela. Ella me leía un cuento todos los días después de la merienda. Mi favorito era "Valle Paraíso y la Ciudadela Violeta". La hice contármelo tantas y tantas veces que al final ya ni siquiera necesitaba leer. Aún lo tengo en casa. Y por si te interesa, el color de la hierba de esta zona debía ser el mismo de una de las ilustraciones.
—Suena como una de esas cosas que te preguntarán en la entrevista de Capitol Couture el día de la Cosecha. Incluso puede que lo pongas de moda otra vez. Deberíamos imprimir unos cuantos miles con imágenes especiales de la Arena firmados con tu autógrafo —comenta Séneca, su vista fija en un sendero particularmente oscuro—. Deberíamos volver.
—Tranquilo. ¿Crees que te habría traído aquí si hubiera algo peligroso?
—¿Entonces no hay nada? —pregunta.
—Hemos soltado a algunos animales para que se habitúen al terreno y empiecen a hacerse las madrigueras. Pájaros, roedores, insectos, algunos peces... El resto se hará cuando se acerque el día de las Cosechas. Aún hay algunas cosas que probar. No queremos ver rastrevíspulas dándoles a los técnicos el viaje de su vida. ¿No?
Lya decide cambiar de rumbo a ese sendero al que Séneca había estado echando el ojo. Unas aves echan a volar y las hojas en las copas de los árboles se agitan. Para su decepción, su subordinado parece ya mucho más calmado.
—Ella estaría orgullosa de ti —dice tras un pequeño silencio.
—Lo sé —Lya esboza una triste sonrisa porque en el fondo, a su abuela no le gustaban tanto los Juegos del Hambre. Pero la quería y antes de que la demencia senil la consumiera, ella había deseado verla triunfar. Con esos juegos, Lya está a punto de lograrlo—. Si el más allá existe, ella me debe estar mirando ahora mismo.
—No la defraudes —dice Séneca.
—No estaba en mis planes —responde ella.
¡Hola, holita!
Con la publicación del nuevo libro se me antojó escribir de nuevo de los Juegos del Hambre y barajé la posibilidad de escribir otro SYOT. No sabía como iba a caer la idea cuando pedí OCs para tirarlos a esta linda arena que Lya está creando. Pero todos me habeis sorprendido con vuestro entusiasmo y las bellas fichas que me habeis enviado hasta ahora. Gracias por la confianza. Con unas espectativas tan altas, tendré que esforzarme mucho.
Tanto los puestos libres como la ficha a rellenar y algunas anotaciones están en mi perfil. Mandadme un privado para reservar tributo antes de nada y aseguraos de que el hueco está libre. Si teneis preguntas, con gusto las contestaré. Nos vemos.
-Alpha
