HAIRY MAGIC
por Lily Granate (Yakumo Kaiba)


Capítulo 1: Huele a Nuevo Curso


Algo se sentía distinto en el aire de la Estación de Hogsmeade una vez que Scott hubo puesto sus pies en el suelo de piedra, bajando del vagón del tren en el que había estado encerrado junto con su mejor amigo por casi ocho horas. Respiró profundo, llenando sus pulmones del aire fresco de septiembre de Escocia y asintió como para sí mismo. Había algo distinto, algo novedoso. Este año no sería igual a los anteriores, supuso, y eso era extraordinario, porque no podía imaginar algo que fuese a ser mejor que las sorpresas de los años anteriores.

Si no fuese por su vitalidad adquirida, habría soltado un jadeo o una queja al violento embiste que le dio su mejor amigo pasando un brazo por sobre su hombro y palmeando su pecho. Solo se habían perdido de vista dos minutos mientras que Stiles, siempre haciendo todo a última hora, corría a ponerse su uniforme al baño.

—Scott, amigo mío ¡no mires hacia atrás! ¡no lo hagas! —pero la advertencia fue inútil, él ya estaba mirando y un gemido trepó por su garganta mientras sentía su rostro poner una expresión desolada. Solo la mano de Stiles en su barbilla consiguió que dejase de mirar, sintiendo el peso del mundo en sus hombros— ¡te dije que no miraras! ¿por qué te haces daño a ti mismo?

Era una buena pregunta en verdad. Scott no necesitaba mirar lo felices que se veían Isaac Lahey y Allison Argent besándose a unos metros de él. Allison Argent que era su ex, por cierto. La única razón por la que no la había distinguido cuando había tomado el aroma de la estación era porque al parecer había cambiado su perfume. Ahora lo notaba. Olía bien. Ella siempre olía bien.

Otro gemido comenzó a subir pero Stiles chasqueó la lengua y le sacudió un poco, alejándose de los otros alumnos, claramente queriendo distraerlo. Un amigo en verdad.

—No, no, no. Este es nuestro sexto año. No hay TIMOs, no hay EXTASIS, tampoco hay novias ¡solo oportunidades! ¡muchas, muchas oportunidades y Quidditch y un montón de whiskey de fuego! ¿Me escuchaste Scotty? —fue obligado a mirar los ojos avellana de su mejor amigo, suspirando y asintiendo un poco.

—Eso suena bien pero… recuerda que ya no puedo emborracharme —le mencionó, como si fuese necesario rememorar el hecho de que Scott ya no era completamente humano. Lo cual Stiles pensaba que podía ser el motivo por el cual Allison había terminado con él, pero Scott no lo creía.

Lo suyo no había durado demasiado, era verdad. Una declaración en navidad, un San Valentín pasado en la tetería de Madame Tudepié y antes de dar los TIMOs todo se había terminado, sin que Scott comprendiese del todo de la razón. Ya había sido suficientemente difícil tener que pasar por los exámenes sin ella, como para que ahora tuviese que verla y, Merlín, escucharla besándose con ese Hufflepuff afortunado. Scott no creía que fuese a causa de su problema "peludo", como lo llamaba Stiles, no desde que su condición ya no era un pecado en la sociedad mágica actual gracias a la existencia de los Hales.

¿Acaso no había quedado suficientemente claro ya? Scott era un hombre lobo.

—Encontraremos la forma de emborracharte, amigo. No me he rendido, te lo aseguro —porque Stiles llevaba todo el verano intentando eso y no se iba a detener, Scott estaba seguro.

No pudo evitar darle una mirada cariñosamente exasperada a su mejor amigo cuando una voz le llegó, haciéndole medio sonreír. Hablando de los Hales.

—¡Hey, Scott, Stiles!

Aún con el brazo de su amigo por sobre los hombros, Scott se giró para ver venir hacia ellos a la menor de los Hale, Cora, quien traía de la muñeca casi arrastrando a una preciosa chica de rasgos asiáticos con los ojos tan grandes como un Kneazle asustado, mirando mucho más al suelo que a ellos, probablemente cohibida. Sintió un ramalazo de piedad por ella, sin embargo Stiles nunca había sido de los considerados emocionalmente.

—¡Hey Cora! ¿qué tal el verano? ¿Y quién es tu guapa amiga, por qué no la conocía? Tendría seguro que tenía catalogadas a todas las chicas en la "Escala de Belleza de Hogwarts" donde Lydia Martin es un 10 y Erica Reyes un 1, y tu amiga no está allí —hubo dos gruñidos cuando terminó de decir eso, Stiles parpadeando entre su mejor amigo y Cora y levantando las manos como rindiéndose con una sonrisa—. Tranquilos, solo es una broma… Erica es un 1 solo porque respeto mucho a Boyd… y porque ella me da mucho miedo.

—Muere solo, Stiles —gruñó exasperada la Hale sacudiendo su cabello oscuro, pero Scott podía oler algo de diversión en ella por las tonterías de Stiles, antes de que Cora le mirase a él pasando a ignorar a su amigo—. Scott, te presento a Kira Yukimura. Nuestras madres son amigas y sus padres van a hacer clases en el colegio este año, así que viene llegando de Corea. Le prometí presentarle gente y me pareces decente. Tú no —complementó arrugando la nariz mirando a Stiles, quien simuló dolor llevando una mano a su pecho.

—Mucho gusto, Kira —le sonrió Scott a la chica, quien parecía algo confundida por la discusión de Stiles con Cora ("Oh, deberías aceptar un día que me amas, Cora", "Te aseguro que encantada te daría de comer al Calamar Gigante, Stiles"), pero sin embargo le miró y le sonrió débilmente—. Seguro que el cambio será un poco brusco, pero si necesitas ayuda no temas en preguntarnos. Bienvenida—como la chica solo sonrió de nuevo pero no dijo nada, Scott miró un momento a Cora antes de mirar a la asiática nuevamente—. ¿No hablas inglés? No sé nada de coreano, yo…

—¡Oh, no! —exclamó la joven con una voz encantadora y apenas un ligero toque de desesperación en ella—. Hablo muy bien inglés, de hecho soy nacida en Inglaterra, aunque mi mamá es japonesa y mi papá coreano. Lo siento, yo solo… no sabía que decir…

Scott estaba a punto de decirle que no había ningún problema cuando un gruñido les interrumpió. Kira saltó un poco en su lugar, sin embargo los otros tres ya estaban suspirando al notar a la persona que se acercaba a ellos con ojos enojados y expresión de malhumor. La túnica oscura ondeaba tras él, dejando ver el jersey rojo oscuro, así como los jeans muggles y las botas de cuero complementando el look de motociclista que la barba de tres días le daba, lo que tenía a la mitad del cuerpo estudiantil suspirando en las clases de Transformaciones. No solo las chicas, de hecho.

—Hey, Derek. ¿Viniste a recoger a tu hermanita pequeña para evitar que algún lobo adolescente hormonado se la lleve a lo oscuro del bosque o solo viniste a recordar viejos tiempos con el tren? —la sonrisa descarada de Stiles hizo bufar a Scott, porque ya no era una novedad eso de comenzar el año de clases castigado por culpa de su mejor amigo. Era cotidianidad.

—Es "profesor Hale" para ti, Stiles —gruñó el mayor cruzando los brazos donde llevaba la túnica arremangada, haciendo lucir aún más sus antebrazos musculosos—. Ahora lárguense, no llamaré un carro desde la escuela solo porque se quedaron cacareando en la estación. Si pierden los dos últimos se irán caminando.

—No es que vaya a ser la primera vez —retó Stiles mientras Scott gemía y se llevaba una mano al rostro. Lo peor era que era cierto.

Mué-ve-te —gruñó más bajo aún el profesor de Transformaciones y había algo animal allí, algo peligroso.

¿Por qué? Ah, porque por supuesto que Derek Hale, así como toda su familia, era un hombre lobo también. Y no solo eso, eran la manada de Scott.

—Ya nos vamos, Derek, solo ignóralo —se disculpó Scott cogiendo del codo a su amigo que había soltado un chillido bastante poco viril queriendo decir algo como "No le tengo miedo a tus gruñidos, Crup" pero Scott había cubierto su boca previniendo los puntos que el profesor iba a tener que restarles.

Y aún ni siquiera llegaban a la Cena de Bienvenida, Merlín.

—Deja de gruñir, Derek. ¿Qué clase de imagen le estamos dando a Kira? —la queja de Cora fue escuchada por todos los presentes, Scott dándole una mirada de disculpa y Derek dejando de fruncir tanto el ceño, mientras Stiles se dejaba llevar hasta uno de los carros por su mejor amigo sin pelear más—. Subámonos a un carro antes de que nos dejen atrás con los idiotas, Kira.

Scott vio la tenue sonrisa de la chica mientras se perdían en uno de los carros que partió apenas cerraron las puertas, mientras él soltaba a Stiles que se adelantaba para sacar una manzana de su bolsillo y reír y hacer monerías al aire frente al carro. Bueno, Scott solo veía el aire. Él sabía que Stiles veía Therstrals. Aprovechó el momento para mirar a Derek y encogerse de hombros.

—Lo siento —murmuró inaudible para un oído humano, pero el profesor solo rodó los ojos, más calmado al parecer. Su hermano de manada tenía un humor explosivo, sin embargo con Stiles siempre había tenido más paciencia que con cualquiera. Scott lo agradecía.

—Solo súbanse al maldito carro antes de que nos salgan raíces aquí. Stiles, deja de jugar —gruñó, mientras el Gryffindor levantaba la mirada y fruncía su propio ceño.

Sourwolf —intentó gruñir el humano, pero solo saliendo un sonido bastante encantador que hizo reír a Scott mientras abrían la puerta del carro, golpéandole una oleada de aroma a excitación bastante desagradable—. Oh, Merlín —gimió Stiles desde atrás suyo al ver a la pareja de oro que se comía a besos en el interior. Lydia Martin, la Ravenclaw con la que había estado encaprichado toda su estancia en Hogwarts, con Jackson Whittemore, la estrella del equipo de Quidditch de Slytherin.

Scott pensó en retroceder, ahorrarle ese mal rato a su mejor amigo. No necesitaban ir en ese carro, podían caminar. Sin embargo sintió como Stiles le empujaba tirándole hacia el interior, llamando la atención de la pareja, y ya iba a quejarse cuando su amigo se quejó antes por el empujón que al parecer había recibido de Derek para entrar.

—Solo lárguense —gruñó Derek golpeando la puerta al cerrarla, pero Scott pudo percibir cierta maléfica complacencia en él, antes de que el carro se pusiese en movimiento.

Parte de él se aliviaba de no haber tenido que elegir la opción de caminar. Su estómago ya gruñía de hambre y con el paso humano de Stiles hubiesen tardado más de una hora en llegar y se habrían perdido del todo la cena.

—¡Hola, Lydia! Que suerte que nos toque ir en el mismo carro, ¿no crees? —dijo Stiles con una sonrisa mientras se sentaba por fin, simulando que no veía a Jackson quien se había separado de su novia con expresión de desagrado por la compañía, mientras la Ravenclaw sacaba un espejito y comenzaba a retocarse el maquillaje, ignorando completamente a Stiles y Scott—. Si, buena charla.

Jackson sonrió con mala intención mientras Lydia pasaba su cabello por sobre su hombro, mirando por la ventana como distraída, el carro sacudiéndose a la medida que avanzaba por el camino hacia el Castillo. Scott podía sentir cierta desolación desde su amigo, apretando su rodilla disimuladamente, mientras miraba serio a Jackson. Ambos se conocían bien, llevaban años enfrentándose en el campo de Quidditch, ambos siendo cazadores con la responsabilidad de marcar tantos para su equipo. La diferencia era que mientras Jackson había sido la estrella indiscutible del equipo de Slytherin desde tercer año, Scott nunca destacó. No al menos hasta el año anterior.

No hasta esa mordida infame.

¿Era un poco hacer trampa? Quizás. Aunque también debería ser considerado trampa el tener un golpeador con sangre troll y uno de los de Slytherin definitivamente la tenía, al menos según la opinión de Stiles y del profesor Harris, de Pociones. Pobre Vernon Boyd.

—Si este era el último carro ¿cómo regresará Derek al castillo? —preguntó de pronto Stiles, sacando a Scott de sus pensamientos sobre Quidditch y de las ansias de que ese año le eligieran capitán nuevamente.

—¿Apareciéndose? —preguntó encogiéndose de hombros. En verdad no le importaba demasiado.

—Es imposible aparecerse en los terrenos de Hogwarts, memo —Lydia solo rodó los ojos con teatralidad, haciendo que los tres magos la mirasen interesados, Stiles sonriendo brillantemente como cada vez que ella dejaba de simular que no existía en su realidad. Al notar el exceso de atención, la pelirroja comenzó a jugar con su cabello, volviendo a mirar hacia afuera—… creo que lo leí por ahí.

—¡Probablemente en "Hogwarts: Una historia"! Ese libro es genial, debería ser lectura obligatoria —determinó emocionado Stiles, viendo la mueca de Scott y dándole con un dedo en el costado— ¡Es cierto! Tiene un montón de datos interesantes. ¿Acaso nunca te has preguntado porque hay cuatro casas? ¿O porque se mueven las escaleras? Seguramente te has preguntado porque el gramófono de la profesora Martin funciona y tu discman no…

—Las respuestas son sencillas —se cruzó de brazos burlón el Slytherin elevando una ceja—: estamos separados en casas porque si no nos mataríamos los unos a los otros; las escaleras se mueven para hacernos llegar tarde a clases; y lo otro, porque las cosas muggles son una mierda —dijo orgulloso de su ignorancia mientras Lydia a su lado apretaba los labios en silenciosa censura. Scott podía oler la desaprobación de la chica, pero se notaba que no iba a corregir a su novio, aunque seguramente ella supiese todas las respuestas correctas.

El carraspeo de Stiles lo distrajo, haciendo que mirase a su mejor amigo el que tenía una sonrisa presuntuosa y los ojos con juguetona maldad. "Aquí vamos" pensó Scott, resignado mirando al techo del carro, esperando que llegasen pronto antes de que tuviese que separar a esos dos de una pelea muggle a puñetazos.

—¿Te das cuenta, querido Jackie-boy, que acabas de reconocer que sabes lo que un discman es? —preguntó con más maldad de la que un Gryffindor debería hacer alarde.

Lydia observó con estudiada indiferencia sus uñas perfectamente esmaltadas, mientras el color subía por las cinceladas mejillas del Slytherin notando que su conocimiento acerca del objeto le podría hacer caer en esa desagradable categoría de fanáticos de cosas muggles. Antes de que pudiese expresar su asco, la brusca sacudida del carro indicó que llegaron a su destino, abriéndose las puertas para que los ocupantes pudiesen descender.

Scott no hizo ni dijo nada para opacar la sonrisa triunfante de su mejor amigo, sin embargo sabía que las burlas de Jackson solían ser más por logros o por dinero que por el estatus de sangre, incluso su mejor amigo siendo un Ravenclaw mestizo, sin embargo no se involucró, sabiendo que esa pequeña victoria iba más por el hecho de que el Slytherin consiguió a la chica por la que Stiles siempre había suspirado que por otra cosa.

Jackson ya había bajado y estaba ayudando a Lydia, cuando miró a los otros dos y chasqueó la lengua, llamando su atención.

—Solo para el registro, lo más seguro es que Hale se transformase a su versión peluda y corriese todo el camino hasta el castillo. Seguro es mucho más rápido como chucho que uno de estos carros—había una sonrisa burlona en su rostro—. Pero si no llega pronto no se preocupen por su profesor favorito, seguramente se topó con alguna perra en celo y se quede atrás para un rapidín.

—¡Jackson! Eso es asqueroso, eww —se quejó Lydia empujando su hombro antes de caminar rápidamente hacia las escaleras del castillo, aún llenas de alumnos que ya habiendo bajado de los carros se saludaban y entraban con lentitud exasperante para los profesores y prefectos que intentaban imponer orden.

Jackson solo les dio una última sonrisa burlona, antes de apresurarse con pasos largos para alcanzar a su novia.

Scott se quedó dónde estaba, aún sentado en el carro, con el pecho rezumando rabia y los colmillos creciéndole en la boca. Probablemente sus ojos estaban cambiando también, pero se pudo contener de no correr hasta Jackson y hacerle tragar cada palabra sobre su hermano de manada solo porque Stiles tenía su mano en su muñeca.

A su lado su humano amigo no estaba mucho mejor. Scott podía ver sus ojos brillando en ira y el aroma a enojo y deseos homicidas no se alejaban demasiado a los propios del lobo. Sin embargo ninguno dijo nada, del secreto dependía que pudiera seguir jugando Quidditch, al final.

Porque era verdad que la sociedad mágica comprendía y apoyaba mucho más que antes a los licántropos, tanto de nacimiento como de mordida, y también que Hogwarts ya no les vetaba la entrada a ninguno; sin embargo, excepto para los Hale (los que todos son hombres lobos reconocidos), en general los estudiantes de Hogwarts guardaban su condición en secreto por discreción. Para evitar las miradas y los dedos apuntando. Los profesores lo sabían, pero solo uno elegía que alumnos se enteraban, porque la responsabilidad del secreto era propia.

Scott solo se lo había confesado a Stiles, prácticamente porque no había nada que pudiese ocultarle a su amigo, y el año anterior a Allison, quien lo había tomado mucho mejor de lo que podría haber esperado… al menos hasta que había roto con él.

—Vamos, hermano. Estoy muriendo de hambre. Olvídate de ese idiota. Otro licanfóbico. ¿Por qué no me sorprende? —se quejó Stiles dándole un empujoncito amistoso, para que ambos se bajasen del carro de una vez, la mayoría de los alumnos ya habiendo entrado al castillo.

Scott se calmó un poco y tomó una bocanada de aire, justamente como lo había hecho cuando había bajado del tren. El aroma familiar a Hogwarts, piedra antigua y magia, le recibió como si esa fuese su casa. Y era porque en parte era así. Las emociones de los alumnos se podían sentir en el aire, añoranza al hogar dejado atrás, pero también expectativa y ansias por lo que ocurriría en ese nuevo año. Sexto ya. Solo uno y sería todo. Scott sentía que dejaría una parte de él allí en Hogwarts una vez se marchase y en parte pensaba en cuan bueno sería si pudiese quedarse, así como su madre era la enfermera del colegio, quizás él pudiese quedarse también. Nunca decir adiós.

Pero no sería lo mismo, y lo sabía. Ese era el sexto año y no tendría otro sexto año. A menos que reprobase, por culpa de perder clases con Stiles. Y, como cada año, esa posibilidad era preocupantemente alta. Pero ya verían eso más adelante, cuando le tocase.

—¿Sabes qué es lo peor? —preguntó Stiles mientras Scott pasaba un brazo por sobre sus hombros esta vez, subiendo las escaleras a saltitos coordinados, igual como desde que tenían 11 años, entrando al Hall—. Que fuera de eso del "rapidín", probablemente el idiota de Jackass tuviese razón. A cuatro patas los de tu tipo son mucho más rápidos.

El gesto con la cabeza de Stiles hizo que Scott mirase en la dirección que le estaba apuntando para ver la burlona ceja enarcada de Derek Hale apoyado a un costado de las puertas del Gran Comedor, como si llevase toda la noche ahí. Scott solo pudo sonreír de medio lado.

Ser un hombre lobo definitivamente tenía muchos beneficios.


NOX