Capítulo veinticuatro
-¿Eso es todo lo que quiere, madre? ¿Lo único que le importa son mis títulos? Pensé que pediría algo un poco más difícil de lograr.
-Lo hago por ti, Sesshomaru- Irasue miró a su hijo antes de desviar la mirada en un suspiro- : te ganarás aún más enemigos si insistes en conservar tus títulos y a Rin al mismo tiempo, en cambio, si renuncias, algunos podrían aceptar tu decisión.
-No quiero trampas - manifestó el demonio-, ni a ninguna de sus cortesanas intentando engañarme a mí o a Rin: conozco bien sus manías y sé que puede intentar aprovechar esta situación para hacerle daño a ella.
-Si desconfías tanto de mí- razonó Irasue-, ¿por qué pides mi ayuda?
-Porque no quiero que Rin se quede desprotegida mientras viajo y supuse que usted querría cuidarla, tomando en cuenta que ella lleva en su vientre a mi descendencia...
Irasue miró a su hijo: él lucía como siempre, pero ella podía percibir el dolor que escondía detrás de una máscara de fortaleza. Sesshomaru quería regresar con su familia y ella podía percibir que nada de lo que le dijera para provocarle, iba a hacerlo cambiar de opinión.
-No estoy planeando nada- respondió Irasue después de meditar un par de segundos-, pero debes saber que en lo que a mí respecta, esa descendencia tuya no me resulta motivo de orgullo... quiero recordarte que los sentimientos que te permiten querer tanto a Rin no los heredaste de mí, aunque tu padre era mucho más sentimental que yo y él sí habría accedido de cuidar de la madre de tus cachorros...
Sesshomaru tuvo que contenerse. Él sabía que su padre le habría apoyado y habría cuidado de Rin en cuanto se lo pidiera, pero ahora, viendo aquellas diferencias evidentes entre sus progenitores, más se convencía de que haber acudido al Oeste fue un grave error desde el principio.
-Es extraño que diga esas cosas, madre, considerando que usted adoptó, de cierta manera, a Rin- Sesshomaru miró a su madre a los ojos- y dijo que había cuidado de ella como si fuese su hija.
-No te confundas, Sesshomaru- Irasue se puso de pie para acercarse a su hijo-: que haya cuidado a Rin cuando era pequeña, no significa que me acercaré a ella o que volverá al palacio cada vez que se encuentre en peligro. No me interesa saber el futuro desde que no pude evitar tu destino... Lo siento...
-¿Por qué?
-Por no haber hecho lo suficiente...- Irasue frunció ligeramente sus labios- debí haber asesinado a Rin cuando descubrí que la habías besado, cuando ella no te importaba tanto como ahora, pero me negaba a aceptar que tú te hubieras fijado de verdad en alguien tan insignificante... siempre creí que había conseguido que Rin hiciera todo lo que yo quisiera, mas no contaba con que tu fueras a corresponder sus sentimientos en algún momento... supongo que hay cosas que no se pueden evitar...
-En ese entonces, Rin ya era muy importante para mí y si la dañaba no se lo habría perdonado tan fácilmente...
-Bueno... Hablar de aquellas cosas no va a resolver la situación en la que ahora te encuentras- Irasue volvió a sentarse en su trono-... te deseo suerte en tu lucha contra Kirinmaru, pero me temo que esta vez, yo no tomaré tu lugar en cuidar a Rin...aunque quisiera decirte algo que no haz tomado en cuenta.
-¿De qué se trata?
-Debes pensar si todo esto te está proporcionando una verdadera victoria: haz perdido casi dos estaciones del año en tú búsqueda de venganza, puede tomar aún más tiempo y tú no sabes lo rápido que pasa la vida para los humanos.
-¿Es algún tipo de amenaza?
-Para nada...- Irasue miró a su hijo de la misma forma en que le miraba cuando era pequeño- solo quiero que tengas en mente que haz perdido tiempo con Rin que nunca vas a recuperar y que quizás, esta lucha contra Kirinmaru no va a terminar tan pronto como lo piensas... de todas formas, si necesitas que alguien cuide a la chica, quizás debas acudir hacia aquellos que son un poco más afines a la criatura que espera
-Hasta luego, madre...
Sesshomaru era consciente del tiempo que había pasado y que ya no iba a regresar: cada vez que veía a Rin desde lejos, descubría en ella algún detalle que se había perdido: una nueva flor adornando su cabello, un nuevo motivo por el que brillaban sus ojos, una nueva forma de sonreír o de despertar en las mañanas... Quería compartir con ella cada momento, cada uno de sus suspiros y ser el dueño de su sonrisa.
Sin embargo, no era capaz de perdonar: Kirinmaru, el viejo amigo de su padre, había lastimado tanto a Rin, que ella había dejado de vivir por un momento que se le hizo eterno, ella había llorado y sufrido mucho pensando que su bebé había muerto y sabía que en aquel instante, ella se había sentido muy culpable. Definitivamente no podía ignorar que un ser tan despreciable aún se encontraba con vida...
A pesar de que aquella visita al palacio en el que creció, no le aportó nada más que la certeza de que pronto iba a dejar de ser el Señor del Oeste, le brindó una idea que a pesar de todo le resultaba desagradable.
Se acercó a aquella aldea en la que había un pozo, miró aquel viejo árbol en el que alguna vez su hermano se había dejado sellar por una mujer que amó y se preguntó si él aceptaría cuidar de alguien que se había convertido en lo más precioso de su vida.
-¿Qué haces aquí, Sesshomaru?- la voz de Inuyasha le sorprendió a su espalda. Era de noche y la luna brillaba redonda sobre sus cabezas- Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que te vi...
-No estoy aquí porque es algo que desee... pero quiero que hagas algo por mí...
-¡Jamás haría algo por ti!...- luego Inuyasha, bajó un poco la voz para que solo su hermano pudiera oírlo, ya que sentía curiosidad, pero no significaba que quisiera aceptar- ¿De qué se trata?
-Es Rin... ella ya no está conmigo...
-¡Sus razones tendrá! Si estás pensando en que vaya a convencerla de volver contigo, entonces te equivocas de sujeto- especificó Inuyasha- ¡Yo no voy a impedir que ella rehaga su vida lejos de un demonio malvado como tú!
-Ella no está conmigo porque quiere visitar la aldea en que nació- explicó Sesshomaru después de un momento-, pero yo no puedo acompañarla hasta que termine con Kirinmaru.
-¡¿Todavía no llevas a Rin a su aldea?!- exclamó Inuyasha sorprendido- ¡Tenías que hacer eso desde antes! ¡Para ser mayor que yo, eres bastante idiota!
-No puedo dejar que Kirinmaru le haga algo...yo... quería pedirte que cuidaras de Rin y de las cachorras mientras yo no estoy...Yo sé que puedes negarte, pero no busco que lo hagas por mí, si no por Rin y por las niñas... que no tienen la culpa de nada...
-Espera un momento, ¿Tú me estás pidiendo a mí que cuide a tu amante humana y a tus hijas híbridas? ¿De verdad te sientes bien? ¡No me preocupa tu salud ni mucho menos! Pero... es lo más bizarro que he visto de ti en la vida...
-¿Lo harás o no?
Inuyasha miró a su hermano un par de segundos antes de terminar de decidir. A pesar de que hace mucho tiempo, no peleaba con Sesshomaru, aún no le caía bien y su compañía era realmente desagradable. Sin embargo, Rin no era mala y a ella sí podía considerarla como su amiga...
-No lo haré por ti, si no porque Rin es una buena chica y no se merece sufrir por tu causa.
-Gracias...
-Además... si no regresas, ¡es una gran oportunidad para hablarle mal de ti a tus hijas!- exclamó Inuyasha de pronto sonriendo con la idea- ¡Será una gran venganza por todo lo que me haz hecho!... Incluso, ¡si tardas algunos años, me casaré con Rin y te quitaré a tu esposa e hijas! Aunque a Kagome puede no gustarle aquella idea... ¡pero si Rin es mi segunda esposa no deberían haber problemas!...
De pronto, el puño de su hermano impactó la mejilla de Inuyasha, quien terminó con su barbilla estampada en el suelo.
-¡¿Qué te pasa, Sesshomaru?! ¡Idiota! ¡Te estoy ayudando y me golpeas!
-¡Deja de hablar estupideces!
-Oye, solo estoy diciendo que si no regresas, no te preocupes por Rin - se explicó el híbrido intentando limpiar de su ropa el polvo- ¡Ella va a quedar en muy buenas manos!
Sesshomaru le miró enfadado, sin embargo, debía reconocer que se quedó un poco más tranquilo. No confiaba mucho en su medio hermano, pero sabía que si alguien velaba por Rin, entonces él podría volver mucho más rápido y siendo honesto, no tenía mejores opciones.
Pasaron dos días en los que siguió un rastro que se había vuelto mucho más persistente que antes. Sesshomaru había pasado gran parte de aquellos cinco meses afinando sus sentidos, entrenando e imaginando la forma en que iba a destrozar a Kirinmaru miembro a miembro con sus garras. Estaba seguro de que esta vez, por fin se iba a enfrentar a él y, aunque le parecía extraño que el demonio del Este estuviese permitiéndole seguir su rastro, no iba a desperdiciar aquella oportunidad.
Su olfato le llevó a un lugar que conocía desde hace mucho tiempo, era aquella playa en que había visto a su padre por última vez y pensó que Kirinmaru había escogido aquel lugar para su batalla a propósito.
Sesshomaru notó su presencia de inmediato: de pie sobre el pico de una roca, su melena de color rojo se mecía suavemente con el viento y sus ojos verdes le miraban fijamente.
-¡Por fin llegas!- exclamó el señor del Este con una pequeña sonrisa- Pensé que no vendrías y que nuestro enfrentamiento tendría que esperar, aunque debo decir que me sorprende que estés aquí y no con tu bella amante... Si estuviese en tu lugar, yo no perdería de aquella forma el tiempo...
-¡No te atrevas a hablar de ella!-gritó Sesshomaru dando un salto para acercarse a él- No tienes ningún derecho a imaginar lo que harías en mí lugar, porque nunca permitiré que te acerques a ella.
-Eres bastante sensible cuando hablan sobre Rin, ¿verdad? - Kirinmaru fue el primero en atacar, llevando el filo de su espada hacia el cuello de su contrincante, quien se defendió de inmediato- Olvidaba que heredaste ese cariño y esa compasión por criaturas de razas inferiores a tu padre: en el fondo, te le pareces mucho... ¡Es extraño! Considerando lo mucho que decías odiar a los humanos.
-¡Yo no me parezco a mi padre! ¡Él era tu amigo y te guardaba estima! Por ti, yo no guardo la más mínima consideración.
Kirinmaru volvió a dirigir otro ataque, aunque se sorprendió de ver que la nueva espada de Sesshomaru parecía responder a la par con la suya y pudo comprobar que el demonio había mejorado aún más sus habilidades.
- ¡Haz progresado mucho!- exclamó Kirinmaru sonriendo un instante- Pero ¿quieres saber una cosa? ¿tienes la más mínima idea de por qué nos enfrentamos hoy el uno contra el otro?... ¿Crees que permití que me siguieras porque me resulta grata tu compañía?
-¡No me interesan tus razones, Kirinmaru! ¡Solo voy a acabar con tu vida para que dejes en paz a Rin!
-¡No voy a atacar a tu preciosa Rin!- aclaró el demonio riendo- Si estás aquí, es porque el espejo dorado me ha mostrado que hoy en esta batalla, tú encontrarás la muerte... gracias a toda la sangre que ella derramó en el barco, me he vuelto más poderoso y ¡te mataré a ti! ¡mataré a tu descendencia en cuanto nazca y me encargaré de que Rin ni siquiera te recuerde! ¡Será tu fin, Sesshomaru!
Sesshomaru volvió a atacar a su enemigo. No le importaba si su destino aquel día era la muerte, solo sabía que iba a luchar con todas sus fuerzas para que el Señor del Este, no volviera a lastimar a su prometida.
El agua y la tierra se elevaban por los aires debido a la ferocidad de la batalla. Ambos demonios se enfrentaban con el único objetivo de acabar con el otro y conservar a una muchacha que ambos, habían comenzado a ver como suya.
-Si ya tienes tu espejo, ¡¿para qué quieres a Rin?! Es humana y no siempre podrá acertar a todo lo que quieras saber...
-Antes de tenderles la trampa, la primera vez, me dediqué a espiarles desde una distancia prudente- Kirinmaru se detuvo en su ataque para ofrecer una explicación- y reconozco que ella puede ser bastante seductora. Quiero ver por qué alguien como tú dejó tantas cosas de lado por una chica débil y tonta.
Aunque Kirinmaru se refiriera a Rin de forma despectiva, Sesshomaru lo sabía: él quería matarlo porque deseaba a Rin. A pesar de que ahora quisiera escudarse en la curiosidad, era evidente que quería hacerla suya y reemplazarle en el lugar que Sesshomaru ocupaba en el corazón de la joven.
-¡Nunca podrás tenerla! Jamás permitiré que te atrevas a tocarla ¡Rin es mía y será mi esposa!
Sesshomaru sujetó la espada con todas sus fuerzas. Se sentía furioso y quería terminar en cuanto antes con su contrincante y la lucha que ahora cobraba un sentido diferente.
Sin embargo, Kirinmaru era hábil y estaba atento a cualquier posible error, por mínimo que fuera, por lo que al cabo de unos cuantos movimientos pudo acariciar con el filo de su espada, el cuello de Sesshomaru.
-¡No! ¡Señor Sesshomaru!- Rin gritó con todas sus fuerzas mientras despertaba, asustada, en medio de la noche.
-Rin, ¿qué ocurre?- preguntó el señor Jaken mirando a la joven con preocupación- Ya es muy tarde y mañana vamos a ir a la aldea abandonada en la que puede estar tu hogar, es mejor que vuelvas a dormir.
-Pero es que... yo... ¡soñé algo horrible! - sollozó Rin mientras miraba al diablillo a los ojos- ¡Soñé que el señor Sesshomaru era atacado por el señor Kirinmaru! ¡Yo no quiero que a él le pase nada! ¡A mí no me importa si el señor Kirinmaru me ataca otra vez! ¡Yo solo quiero que el señor Sesshomaru sea feliz conmigo como antes!
-Tranquila Rin- Jaken se sentó sobre el regazo de la joven para acariciar su mejilla-, no pasa nada, ¡ya verás que el amo bonito va a regresar a buscarte!
-Es que... ¡tengo miedo! Yo... ¡tengo miedo de volver a dormir y soñar cosas horribles! - la chica se abrazó a su manta con fuerza- Me costó mucho dejar de soñar con la muerte de mi familia, me da miedo comenzar a soñar ahora con cosas feas que pueden pasarle al señor Sesshomaru...
-No te pongas nerviosa, Rin- Jaken no sabía qué decir para calmar a la joven-, debes estar tranquila para que tus bebés estén bien, ¡las niñas deben sentirse preocupadas por tí!
-Tiene razón...- Rin se calmó y acarició un momento su vientre- mamá lo siente mucho, yo... voy a estar tranquila y a cuidar mis emociones y pensamientos desde ahora...
Rin volvió a acomodarse para dormir otra vez, sin embargo, un poco de preocupación se mantuvo en un pequeño rincón de su mente. A pesar de que su relación había terminado de mala manera, no podía evitar que Sesshomaru le importara: él aún ocupaba un lugar grande en su corazón y esperaba que le estuviera yendo bien en sus aventuras.
Al siguiente día, Jaken le preparó el desayuno y, aunque ella se sentía entusiasmada por el inicio de un nuevo día, siempre tenía mucha hambre.
-Rin, come con calma- le instruyó Jaken llevándose un trozo de carne a la boca-, aún quedan cosas para comer.
-¡Lo siento señor Jaken! Pero yo como mucho, debe recordar que somos tres aquí...
-¡Vale, vale, vale! Tienes que comer todo lo que quieras... ¿cúando crees que van a nacer las niñas?
-Yo creo que aún falta para ello... quizás en los últimos días del invierno... ¡No sea ansioso y déjelas crecer con calma! No hay apuro en que nazcan todavía...
-¡Ya tenemos que irnos! - exclamó Jaken cuando vio que la joven había terminado de comer- Estamos a punto de llegar a la aldea ¿Estás ansiosa por llegar a casa, Rin?
-¡Un poco!- exclamó la joven sin evitar esbozar una sonrisa- Pasó tanto tiempo, que no puedo evitar sentirme emocionada, además usted me estará acompañando y mis niñas también estarán aquí, ¡es casi como un sueño!
Una vez que terminaron de levantar el campamento, retomaron el camino hacia la aldea y, de alguna forma, Rin no supo por qué, pero aquellos árboles, aromas y flores le eran familiares, aunque tampoco quería sentirse ilusionada al respecto.
De pronto, la imagen que guardaba en su cabeza: las casitas de colores y el lago de agua clara se asomó frente a sus ojos y no pudo evitar llorar de pura felicidad.
-Señor Jaken ¡Es aquí!- exclamó Rin arrodillándose sobre la tierra- Es... ¡Es mi casa!
-¿Estás segura?
-¡Sí!- los ojos de la joven brillaban, entusiasmados por haber encontrado su hogar- ¡Cerca del lago está la cabaña abandonada en donde viví después de que mis papás y mis hermanos murieron! ¡También cerca debe estar la casa en que nací! ¡Hay que visitarlo todo!
Rin sujetó a Jaken de la mano para ponerse de pie y correr por aquellos bosques que alguna vez fueron su refugio cuando era muy pequeña.
Le llevó hasta la vieja cabaña en que vivía hasta que la fueron a buscar desde el Oeste y pudo notar que era mucho más pequeña y oscura de lo que recordaba. Recorrieron también las pequeñas calles de la aldea y no pudo evitar sentir emociones encontradas: por una parte, se sentía feliz de estar en aquel lugar nuevamente, pero era extraño ver la aldea completamente vacía y, aunque habían pasado muchos años, una parte de sí misma aún recordaba lo mal que la habían tratado y lo mucho que temía encontrar gente viviendo en aquel lugar.
-¿Dónde queda tu casa, Rin? - preguntó Jaken mirando aquel lugar detenido en el tiempo.
-Está un poco más cerca del bosque- respondió la joven caminando hacia aquel lugar-, ya vamos a llegar pronto...
Cuando vio su antigua casa no pudo evitar comenzar a llorar: el jardín estaba completamente arruinado, el lodo había hecho estragos en la fachada y en su interior, pero de alguna forma sintió paz al ingresar a su hogar.
Avanzó en silencio hacia la parte de la casa que colinda con el bosque y ahí las vió: las lápidas en que algún vecino había enterrado los restos de su familia. Rin sintió un nudo en la garganta al ver el nombre de su madre grabado en una de ellas y no pudo evitar arrodillarse ante ella y acariciar con sus dedos aquel grabado.
-Mamá...- susurró apoyando su mejilla sobre la tierra mientras las lágrimas fluían por sus mejillas- mamá, yo... ¡lo siento!...¡lo siento mucho! Me tardé demasiado en venir, ¡pero siempre pensé en venir a verte! Me vas a perdonar, ¿verdad? Yo creo que te debes sentir muy decepcionada de mí... ¡y lo siento mucho! Yo... debí haber escapado, debí haber ingresado a la corte de una princesa como tú lo querías, ¡pero he podido elegir muy pocas cosas en mi vida! - los ojos de Rin se nublaron mientras hablaba- Ahora voy a tener bebés y... yo sé que quizás no quieres al señor Sesshomaru, porque es un demonio, pero él en realidad ha sido muy bueno la mayor parte del tiempo y ¡sé que volverá a mí y me va a pedir disculpas!...Yo... voy a traerte flores e incienso después, ¿está bien?... Quizás es algo tarde, pero... ¡me costó mucho llegar hasta aquí! Mamá... mamá, yo te quiero, ¡te quiero y te extraño tanto!...
Jaken observó a Rin en silencio, hasta que decidió alejarse para darle algo de privacidad. El diablillo no quería interrumpirla, además era muy cierto que Rin se había tardado mucho en regresar a su lugar de origen.
Rin se levantó y se dirigió hacia la tumba de su hermana.
-Kaori, yo sé que estás enojada conmigo- susurró la joven mientras abría la caja de madera en que guardaba las cartas y extraía la vieja muñeca que una vez había pertenecido a su hermana-, me llevé a tu muñeca sin permiso, ¡pero la he cuidado muy bien! Mira, le hice ropa nueva para que se vea bonita...- Rin dejó la muñeca junto al nombre de su hermana- Espero que ahora puedas descansar un poco mejor: yo sé que querías cuidarme y que no muriera por seguir al señor Sesshomaru, pero ya no debes preocuparte por mí, hermanita, yo ya puedo cuidarme sola y sé que voy a estar bien... ¡También te traeré flores bonitas e incienso!
Aquella jornada, Rin comió un poco y se dedicó a juntar flores del bosque en compañía de Jaken para que las tumbas de sus padres y hermanos se vieran un poco mejor. Le hacía sentir culpable que la casa se hubiese descuidado tanto, sin embargo,se dijo que ahora iba a recuperar, por fin, parte de su hogar.
Ella estuvo hasta tarde limpiando y removiendo la maleza y la mugre. Sentía que por fin había logrado aquello que siempre fue lejano como un sueño, no obstante, no podía evitar pensar que el futuro era realmente muy incierto.
-Rin... ahora que ya haz llegado a tu casa, ¿qué vas a hacer?- preguntó Jaken en medio de la cena. Estaban sentados en el suelo de una de las habitaciones, iluminados solo con las luces de unas velas que Rin aún tenía consigo- ¿Planeas seguir viajando, vas a volver al palacio con la doñita o te vas a quedar por aquí?
-Ya no tengo que volver con la señora Irasue- murmuró Rin bajando un momento sus palillos-, se supone que el señor Sesshomaru pagó mi rescate y si regreso nuevamente con ella, a su corte, habrá un nuevo precio que pagar y yo no quiero darle a mis niñas.
-¡Es verdad! Pero... si ya hemos venido a ver tu aldea, ¿Qué más te gustaría hacer?
-Mmmh...- Rin ladeó un momento su cabeza mientras pensaba, la verdad es que nunca había pensado seriamente en su futuro: siempre creyó que una vez que terminara de viajar con su amo, volvería hasta el palacio del Oeste, pero una vez que se pagó su rescate, las cosas cambiaron hacia una dirección confusa y extraña- no lo sé, yo... ¿usted cree que pueda adaptarme en una aldea humana?
-Rin... ya te he dicho que los humanos no son buenos con todo el mundo- dijo Jaken mirando a la joven con sus ojos inundados de ternura-: tú no te haz casado, estás embarazada y tus niñas serán híbridas, ¿no crees que es un poco inocente de tu parte pensar que alguna aldea va a aceptarte?
Rin bajó la mirada. El señor Jaken tenía razón: ya era demasiado tarde para que ella pudiera regresar a vivir con su especie y, siendo honesta consigo misma, la vida había sido mejor con la frialdad de la señora Irasue, que con el desprecio y la indiferencia que las demás personas le habían dado producto de su indeseada orfandad.
-Tiene razón...- suspiró la joven antes de llevarse los palillos a la boca- además la vida en la aldea solo era buena cuando mi familia estaba viva y soy demasiado débil para vivir como lo hacen los demonios... quizás...
-¿Tienes alguna idea?
-¡Quizás podría vivir aquí!- exclamó Rin sonriendo contenta- Después de todo, es mi casa y yo creo que este es un lugar seguro...
-Es un lugar aterrador- murmuró Jaken mirando la casa de reojo-, Rin, estamos en una aldea abandonada ¿Tu sabes que demonios y desertores pueden venir hasta aquí? ¡Es peligroso para ti y tus hijas!
-¡Pero quiero vivir aquí!- protestó Rin- Al menos hasta que se me ocurra una mejor idea de qué hacer... sé que podría ir a la corte de alguna princesa en las aldeas pobladas, pero no será fácil para mí ingresar con dos bebés recién nacidas y yo quiero que mis hijas sean siempre libres y felices.
-Quizás puedas vivir aquí hasta que el amo bonito se case contigo, ¡Estoy seguro de que él te va a construir un palacio mucho más bonito que el del Oeste!
-Es difícil que él y yo nos casemos...- Rin miró al diablillo antes de alzar los hombros- cuando yo me fui, él estaba muy enojado y antes dijo cosas que sí me dolieron... supongo que nuestro compromiso es el más corto de la historia...
-No digas eso... ¡Tienes que confiar en que va a regresar y podrán casarse con calma!
Rin le sonrió a Jaken. La verdad es que ella aún confiaba en que Sesshomaru iba a regresar, pero no podía evitar tener ciertas dudas: ya había pasado un tiempo desde que nadie le atacaba, pero él no volvía y ni siquiera le enviaba cartas o algún tipo de indicio de que siguiera queriéndola. Sin embargo, era cierto que le había dejado al señor Jaken y que se había ido porque él dijo que quería protegerla...
Sin poder más con la curiosidad, Rin tomó sus cartas y preguntó por el destino de Sesshomaru: quería saber si había una mínima posibilidad de que el amor pudiera continuar, sin embargo, a medida que leía las imágenes se dio cuenta de que algo había sucedido: no podía ver nada en el destino de Sesshomaru.
-No puede ser...
-¿Qué tienes Rin?
-Señor Jaken, creo...- Rin tuvo que cerrar los ojos para calmar los latidos erráticos de su corazón y la sensación de dolor en su pecho. Sintió una punzada lacerante, como si alguien le hubiese enterrado el filo de un cuchillo en el corazón- no puedo ver el destino del señor Sesshomaru... ¡no lo veo más!...
-¿Eso qué significa?
Jaken miró a la chica preocupado: ya no subestimaba el don de Rin, ya que aunque su amo se negaba a utilizarlo seguido, la verdad es que había resultado ser muy útil.
-Creo...- en cuanto Rin abrió sus ojos, una lágrima solitaria se escapó y un profundo dolor se le incrustó en el pecho- ¡creo que el señor Sesshomaru puede estar muerto!...
Hi!!!! Una nueva actualización n.n Espero que estén bien y estén teniendo una buena semana c: Como siempre les agradezco mucho por leer y espero que les haya gustado el capítulo de hoy.
