Capítulo veinticinco

Rin se había acurrucado en el suelo mientras no podía dejar de llorar, angustiada, por su reciente descubrimiento ¿Por qué la vida la castigaba nuevamente con la muerte de alguien a quien quería tanto?

Ella no podía evitar sentirse como si estuviese a punto de morir por el dolor que sentía. No fue capaz de notar que su nariz había comenzado a sangrar ni que se estaba ahogando con su propio llanto: solo quería llorar y despertar de aquella pesadilla.

-¡Rin, no llores!- Jaken se abrazó a ella- No pienses que le ocurrió algo malo. El amo Sesshomaru es muy fuerte y no va a dejar que el tal Kirinmaru lo mate fácilmente.

-Pero... ¡¿y si le pasó algo?!- exclamó la joven incorporándose levemente- Yo... ¡nunca le vi conmigo cuando soñaba con las niñas! Quizás... quizás es algún tipo de señal... ¡Quizás desde entonces su destino era trágico!... ¡Señor Jaken esto es mi culpa! ¡Si yo no hubiera querido venir hasta aquí, él estaría a salvo! ¡Si hubiera hecho caso a la señora Katana, nada de esto estaría pasando!...

-Rin, tranquila...- Jaken acarició el cabello de ella- no te hace bien estar tan nerviosa... ¡quizás debes haber cometido un error al leer las cartas! Pero no pienses negativamente, ¿está bien?

-¡Pero, señor Jaken!- protestó- ¡Me siento muy triste y tan culpable!...¡¿Cómo se lo voy a explicar a la señora Irasue?! ¡Ella va a odiarme! ¡¿Y mis hijas?! ¡No van a conocer a su papá y será por mi culpa!

-¡Rin, ya basta!- Jaken trepó hacia el regazo de la joven y la miró a los ojos- ¡Tú misma haz dicho que tu habilidad no es infalible! Que no puedas ver el destino del amo bonito ahora, no significa que esté muerto ¡así que debes tranquilizarte! Tus bebés van a nacer antes de tiempo si sigues así y tu misma haz dicho que no están listas.

-Señor Jaken, lo siento...- Rin se limpió su rostro mientras hipaba- ¡Es solo que he estado muy sensible! No me gusta llorar por todo, pero hoy no ha sido un día fácil...

-Lo sé... ¿pero sabes qué vamos a hacer?

Rin negó con la cabeza.

-Voy a prepararte un té y vamos a conversar sobre los nombres que quieres ponerle a las niñas...- Jaken intentó sonreírle a la joven- aún no me dices cómo quieres que se llamen y yo tengo sugerencias.

-¿De verdad?

-¡Así es! Yo quiero que una se llame Jaken- apuntó el diablillo con sus ojos muy brillantes por la emoción- y la otra se puede llamar Jakan...¡Son preciosos, ¿no lo crees?!

-Sin ofender, pero sus sugerencias son horribles...-Rin arrugó un momento la nariz- ¿cómo cree que le voy a explicar a las niñas cuando pregunten por sus nombres? ¡Definitivamente no se van a llamar así!

-¡No valoras mi creatividad!

-Yo quiero que tengan nombres bonitos... ¡Me gusta la idea que se complementen entre sí!- Rin no se daba cuenta, pero sus ojos ahora brillaban ilusionados- como Sakura y Yukiko o Ame y Hanae o Towa y Setsuna... pero todavía no me decido por ninguno...

-Yo creo que...

-¡Con que aquí están!

Inuyasha asomó su cara por una de las pequeñas ventanas, al tiempo que Kagome ingresaba por la puerta.

-¡Rin!- exclamó la joven mirando a su amiga emocionada antes de acariciar su pancita- ¿cómo estás? ¡Así que es verdad que estás embarazada! ¡Traje algunos regalos para ti!

-¡Muchas gracias, señorita Kagome!

-¡¿Se puede saber quién los invitó?!- Jaken se apresuró en sujetar su báculo para amenazar a los visitantes indeseables con él- ¡Váyanse a buscar su perla rara! ¡Ustedes son un mal ejemplo para Rin! Además, ahora que está embarazada ¡ella tiene prohibido ver cosas feas como ustedes!

-¡Renacuajo entrometido! - Inuyasha sujetó a Jaken antes de arrojarlo al suelo- Para tu información, Sesshomaru me pidió que viniera a vigilarlos.

-¡No necesitamos que nadie nos vigile!..

-¡¿Vio al señor Sesshomaru?!- preguntó Rin mirando a Inuyasha a los ojos- ¡¿Cómo está él?! ¡¿Está bien de salud?! ¡¿Cuando lo vio?!

-Esto... se veía igual de desagradable que siempre y lo vi... hace como tres o cuatro días...

-Oh, pensé que estaría cerca de aquí...

-¡Dijo que iba a luchar contra Kirinmaru!- recordó Inuyasha- Por eso quería que yo te cuidara...

Rin frunció el ceño un instante. Con todo lo que había averiguado, tanto a través de sus sueños, como de sus cartas y de lo que había dicho Inuyasha, era evidente para ella que el señor Sesshomaru se había metido en problemas por sus planes de venganza.

-¡¿Lo ve, señor Jaken?! ¡Tenemos que ir por el señor Sesshomaru ahora!

-No podemos hacer eso- Jaken cruzó los brazos sobre el pecho, pensando en que quizás él debería ir a ver qué ocurrió con su amo-, el bosque está lleno de demonios peligrosos y aunque tú sepas usar una espada, tienes un gran punto débil con el que hablas todo el día.

Rin decidió explicarle la situación a Kagome e Inuyasha, quienes la miraron sin poder creer aquella información. Ambos habían visto luchar a Sesshomaru y conocían lo poderoso que era, les parecía imposible que él pudiera perder alguna batalla o que pudiera dejarse herir de gravedad tan fácilmente. Sin embargo, también eran conscientes de que Kirinmaru le había cortado un brazo la primera vez que se enfrentaron y que, por lo tanto, era alguien que no debían subestimar.

-Rin...- Inuyasha ni siquiera se atrevió a mirarla mientras se detenía a mirar hacia afuera- Tú no te puedes quedar aquí... Lo mejor para tí es ir a la aldea de la anciana Kaede: ella ha dicho que podrá cuidarte y hacer que vivas como siempre lo debiste hacer.

-¡No quiero!

Rin miró al híbrido completamente enfadada. No podía creer que les hubiera dicho que el señor Sesshomaru podía estar en serios peligros y ellos quisieran llevarla a quién sabe qué lugar a fingir una vida que no le pertenecía.

-¡Es por tu bien!- exclamó Inuyasha- Esta aldea es muy peligrosa: está abandonada hace años, puede correrse la voz de que una mujer sola y una fea rana parlante, están viviendo aquí y pueden querer hacerte daño...

-¡Pero es mí casa!- se defendió Rin- ¡Quiero tener mi propio hogar y es aquí! Además, ¡jamás van a aceptarme en una aldea! El señor Jaken me dijo que los humanos son malos con las madres solteras y no solo tengo ese problema: mis bebés son híbridos ¡y yo no quiero que les traten mal! Yo... sé que piensan que soy débil y frágil, pero ustedes no saben que me entrenó una mujer demonio que era la mejor con la espada ¡y yo también soy muy buena! Es verdad que nunca he matado a ninguna criatura y que es el señor Jaken el que se encarga de capturar presas para la comida, ¡pero puedo proteger a mis hijas! Después de todo, ¡las mujeres nunca son débiles!

Inuyasha sintió que la desesperación que reflejaban los ojos de Rin, debió ser la misma que tuvo su propia madre cuando él era pequeño. No pudo evitar creer que todo lo que estaba ocurriendo era solo culpa de Sesshomaru.

-En esa aldea vas a estar bien, Rin.- argumentó- Yo me aseguraré de que nadie te moleste y sé que será un lugar mucho más seguro de lo que piensas, no debes sentir miedo.

-Inuyasha tiene razón- intentó Kagome, sujetando la mano de la chica-: en la aldea casi todos ya aceptan a Inuyasha y no creo que tus bebés tengan problemas, además la anciana Kaede y nosotros vamos a estar allí de forma seguida para hacerte compañía.

-Si quieres, puedo traerte hasta aquí cuando Kagome vaya a su casa- insistió Inuyasha, no muy convencido de aquella solución-. No es tan lejos como yo pensaba...

-¡Es una gran idea!- exclamó Kagome- Así también podremos vernos más seguido y yo podré estudiar un poco más...mi último examen de inglés daba pena...

Rin miró a sus amigos, sintiéndose un poco dudosa: era cierto que algún demonio o ser humano malvado, podría atacarla si sabían que se encontraba sola, pero no quería dejar su casa ni rehacer su vida mientras no supiera que Sesshomaru se encontraba bien. Le preocupaba mucho que él ya no estuviera y solo quería tener la certeza de que nada malo le había ocurrido.

-Señor Jaken, ¿usted qué opina?

-Creo que puede ser más seguro para ti, Rin- apuntó el diablillo después de meditar un par de minutos-. Ya haz venido a ver a tu familia y debemos cuidar de ti hasta que el señor Sesshomaru vaya a buscarte... si él confió en el tonto de su hermano, es por algo.

-¿Y si mejor ustedes vienen a verme de vez en cuando?- preguntó Rin tímidamente- Al señor Sesshomaru no le gustan las aldeas y creo que yo tampoco me sentiré cómoda en una, si él va a volver, prefiero esperarle por aquí.

-Confía en nosotros, Rin- insistió Kagome abrazándola por sobre los hombros-, ya vas a ver que en la aldea te sentirás muy a gusto.

-¡Solo será temporal!- exclamó Jaken de pronto- ¡Ya verás que pronto todo va a volver a la normalidad!

Rin suspiró. No quería irse, pero entendía las razones y sentía curiosidad hacia una vida más humana: desde que había sido nombrada como dama de la corte, se preguntaba cómo habría sido su vida si nunca se la hubieran llevado hacia el Oeste y quizás aquella era una forma de averiguarlo.

Además, pensó que si Sesshomaru quería volver a verla, entonces, podría encontrarla en cualquier lugar en que se encontrara. Se aferró a la idea de que había cometido un error, de que él estaría bien y que pronto volvería a verle.

Durante el camino, Rin miró a la luna y no pudo evitar recordar que, una vez, Sesshomaru se la había dado de regalo. En aquellos momentos, no le importaba ser la dueña de la luna, solo le importaba que él se encontrara bien y que llegara a tiempo para ver, en algún momento, a las niñas.


Sesshomaru se llevó su mano al cuello: sangraba un poco, pero fue rápido y logró repelerle, impidiendo que el ataque de Kirinmaru le alcanzara con una brutalidad que le habría causado ciertos problemas.El poderoso demonio del Oeste, analizó a su oponente mientras éste reía. Sin lugar a dudas, le había sorprendido y era agradable comprobar que le respetaba.

-¡Sé lo que intentas hacer!- exclamó Kirinmaru acercándose hacia él- Crees que podrás vencerme ¡Pero entiende que hagas lo que hagas, no podrás sobrevivir al día de hoy!

-¿Crees que podrás matarme?- Sesshomaru le dedicó una sonrisa de forma irónica- ¡Soy más rápido de lo que piensas! Tengo a colmillo explosivo y no haz visto lo que puedo hacer con ella, ni siquiera he intentado atacarte con toda mi fuerza y puedo ver que lo que haz hecho, es lo mejor que tienes...¿De verdad crees que las imágenes de un simple espejo van a poder vencerme?!

Kirinmaru decidió guardar su espada. Era consciente de que Sesshomaru era mucho más poderoso de lo que hasta ahora había demostrado y que, seguramente, había estado preparándose todo ese tiempo para enfrentarlo. Además, el espejo no le había mostrado lo que ocurriría si es que él sobrevivía al ataque: el espejo se había apagado de pronto y no quería volver a funcionar. Dedujo, que al haber realizado el ritual con poca sangre y sin un eclipse, su vida útil se había reducido considerablemente.

-Seguramente ya sabes el acuerdo al que llegué con tu madre- murmuró-: no me interesa dañar a Rin, pero los cachorros que espera son repugnantes y deben morir.

Sesshomaru sujetó su espada y atacó a Kirinmaru con sus ondas demoníacas. Había estado conteniéndose, tomando en consideración las palabras de su madre acerca de no dañar la memoria de su padre, pero esta vez aquello ya no era importante: a su padre no le importaría si terminaba con su amigo en la búsqueda de seguridad de su familia; de hecho, pensaba que se sentiría orgulloso porque algo en él había cambiado.

Kirinmaru, resistió el ataque, sin embargo, una herida profunda a la altura del hombro, le escocía de una forma en que jamás había imaginado.

-¡Kirinmaru, que esa herida sirva de advertencia!- gruñó Sesshomaru- La próxima vez que quieras dañar a Rin, te causaré más problemas que eso...

-Veo que después de todo, al parecer tu madre se equivocaba: sí te importan tus repugnantes engendros... -Kirinmaru sonrió un poco antes de mirarle a los ojos- Sesshomaru, lleguemos a un acuerdo: por lo mucho que estimé a tu padre, reconsideraré la idea de matarte.

-Yo no quiero llegar a ningún trato contigo... no me interesa tu amistad, yo no tengo amigos y pronto dejaré de ser el Señor del Oeste, así que la relación cordial entre ambos, puede terminar desde ahora...

-Escucha primero lo que quiero proponerte: tu historia con Rin podrá continuar sin que yo intente interrumpirla, pero a cambio, tú mismo te encargarás de asesinar a los cachorros... Si lo piensas bien, es un trato justo para todos.

Sesshomaru guardó silencio, sabía que sus hijas iban a tener muchos enemigos, pero no se esperaba que se ganaran a uno cuando aún estaban creciendo en el vientre de su mamá. También lo consideró: antes había matado a híbridos y bebés humanos, incluso casi mató a Rin con su garra hace mucho tiempo, por lo que sabía que no era algo difícil de hacer, mas esas niñas que pronto iban a nacer eran especiales: eran producto de su amor por la única persona que le importaba en el mundo y hacían muy feliz a Rin: lo veía cuando ella les hablaba y les cantaba una canción que había inventado solo para ellas... no podía hacerles daño, porque eran niñas muy deseadas.

-¿No crees que no estás en posición de chantajearme?- inquirió Sesshomaru mientras sus garras comenzaban a destilar veneno- He pensado en acabar con tu vida todo este tiempo, pero te dejaré ir con la condición de que nos dejes en paz... ya estás herido, Kirinmaru: puedo causarte heridas mucho más graves; si esto continúa, vas a morir tan fácilmente que no será divertido...

Kirinmaru volvió a arremeter con su espada, actuando con un poco más de agresividad mientras Sesshomaru volvía a defenderse con su onda demoníaca.

-Quizás ahora me haz herido, Sesshomaru- murmuró el demonio de cabello rojo llevando su mano a su hombro-, pero te aseguro que encontraré la manera para que tú mismo mates a esos engendros frente a tu querida Rin. ¡Haré que ella te odie tanto, que no va a tolerar que respires su mismo aire!

Sesshomaru cambió de estrategia e intentó atraparlo con su látigo venenoso. Estaba seguro de que esa jornada, solo uno de los dos se mantendría con vida y confiaba en que sería él.

No obstante, comenzó a sentir un malestar en su cuello que se extendía lentamente a su brazo y a su nariz llegó el olor de un extraño veneno que se expandía a raíz de su propia herida.

-Había oído que tu espada nueva es corrosiva- murmuró Kirinmaru sonriendo levemente-, así que trabajé en una vieja espada que convierte la sangre de quien corta en veneno... tengo el antídoto para ello, pero debes aceptar lo que te propuse... te advertí que hicieras lo que hicieras, iba a terminar con tu vida...

-¡No puedes luchar limpiamente, Kirinmaru! Siempre buscas alguna trampa o algún engaño... ¡Pensé que eras un caballero!

-Tu también juegas sucio, Sesshomaru ¿o crees que robarle una cortesana a tu madre es muy caballeroso de tu parte? ¿Crees que casarte con ella te hace importante?- Kirinmaru comenzó a reír- Acepto que tenerla conmigo podría ser interesante, pero jamás pensaría en casarme con una criatura tan inferior... ¿nadie te dijo que cuando nuestra especie se involucra sentimentalmente con humanos, la historia termina en una tragedia? ¡Yo me encargaré de que aprendas esa lección!

Sesshomaru sujetó la espada con su brazo izquierdo, ya que sentía su brazo dominante un poco débil y atacó a Kirinmaru uniendo todas las fuerzas que le quedaban y causando que la herida en su hombro avanzara hacia el pecho y creciera considerablemente.

-Te debe doler mucho el brazo...- pensó Kirinmaru en voz alta- ¿estás seguro de que no quieres aceptar nuestro trato?

-¡Si quieres acabar con mi descendencia, debes hacerlo tú!

-Entonces no te preocupes: pronto tú y tu famosa descendencia van a acabar en el infierno, sin que nadie pueda evitarlo... ¡Tu mismo haz elegido la muerte, Sesshomaru!

Sesshomaru observó a Kirinmaru alejarse: estaba muy herido y la sangre formaba un charco donde había estado de pie, así que pensó que con algo de suerte, él también acabaría muerto. Su hombro dolía, pero no sabía qué hacer para evitar que el veneno siguiera expandiéndose por su sangre: pensó que cortar su brazo podría ser una buena opción, pero casi no tenía tiempo: si la hoja convertía la sangre en veneno, entonces sólo le quedaban un par de minutos y dudaba terminar antes de que la infección se expandiera a otras zonas de su cuerpo.

Ah-Un se acercó y lo cargó sobre su lomo. Sabía que tenía que sacar a su amo de ahí y buscar a las cortesanas del palacio antes de que fuera demasiado tarde, sin embargo, desconocía que a Sesshomaru no le importaba morir siempre y cuando le hubiese arrebatado, a su vez, la vida a Kirinmaru: después de todo, aquello era lo único que le calmaría ya que sin aquel enemigo, Rin y sus hijas podrían tener una vida mucho más tranquila...


El primer día en la nueva aldea, Rin se pasó encerrada en casa de la anciana Kaede. Le daba miedo enfrentarse a los aldeanos y prefería la compañía de aquella amable mujer y del señor Jaken, que tampoco parecía muy cómodo cerca de tantos humanos.

-Así que tú eres la cortesana humana de los territorios del Oeste- murmuró la anciana mientras le servía un poco de sopa-. Debo decir que había escuchado hablar de ti, pero siempre me pareció una bonita leyenda más que una historia real.

-La verdad es que yo nunca escuché hablar de usted ni de esta aldea- confesó Rin mirando a la mujer de reojo y alzando sus hombros-, lo siento mucho por ello...

-No te preocupes...- la anciana Kaede miró a Rin y a su embarazo. La verdad es que no le extrañaba su condición, tomando en cuenta la educación escasa en valores y recato, que había recibido, pero sí le preocupaba un poco su futuro- ¿Planeas quedarte con las criaturas?

-¡Por supuesto que sí!- exclamó Rin frunciendo el ceño- ¿Por qué no me quedaría con ellas? ¡Son mías!

-Pensé que quizás querrías olvidar todo tu pasado, incluso al padre de las niñas... Rin, eres joven, bonita y puedes recuperar el tipo de vida que te quitaron al llevarte al Oeste: creo que para ti podría ser más fácil si te separas de esas niñas y...

-¡No!- Rin se puso de pie mientras miraba a la anciana Kaede enfadada- ¡Si usted no quiere a mis hijas, no necesito que me cuide!

-¡Niña, yo no te voy a quitar a tus hijas ni mucho menos!- se explicó la anciana sujetando a Rin por los hombros- Solo estoy diciendo que quizás es una buena opción en caso de que quieras recuperar el tipo de vida que pueden tener las jovencitas de tu edad: déjame decirte, que no todas las muchachas se enamoran de un demonio, viajan con él y tienen sus hijos solo porque sí...

-¡Yo no le veo nada de malo a mi vida! ¿Qué tiene de malo enamorarse? -Rin cruzó los brazos sobre el pecho- ¡Además... hacer a las niñas fue muy divertido y mis hijas van a ser muy bonitas!

-¡Deje a Rin!- gruñó Jaken intentando pisar a la anciana- Todas las viejas son metiches: usted, la doñita, ¿es que no tiene nada mejor que hacer por estos días?

-Ya veo de quién aprendiste esos modales...- meditó la anciana Kaede antes de negar levemente con la cabeza- Escucha niña, puedes quedarte aquí con tus hijas el tiempo que gustes, pero debes saber que la vida no será fácil para ellas: tú conoces la historia de Inuyasha y lo mucho que él ha sufrido; quizás debas considerar por su felicidad, llevar a las niñas con su abuela: dada la posición de Sesshomaru en el Oeste, es probable que sean más aceptadas con ellos que con los humanos...

-Pero...

-No lo digo por ser malvada o porque quiera torturarte- la anciana apretó la mano de la joven con ternura-, pero debes considerar que nunca se sabe cómo va a reaccionar una aldea ante el nacimiento de gemelas híbridas.

-¡Pero la señorita Kagome dijo que aquí aceptaban al señor Inuyasha y que yo no tendría problemas! -protestó Rin- ¡Dijeron que este era un lugar seguro para mí! ¡También dijeron que no estaría sola!

-Es algo que debes considerar para el futuro, Rin...- la anciana bebió un poco de té- solo el tiempo dirá cómo va a ser la vida de tus hijas aquí...

-Anciana Kaede...

-Dime, pequeña.

-¿Usted cree que...? - preguntó Rin, luego de comer y observando sus cartas sobre el suelo- ¿Usted piensa que quizás el señor Sesshomaru está muerto? ¡No he logrado ver su futuro desde ayer y me preocupa mucho!

- No te tomes esto como una respuesta definitiva, porque puede que esté equivocada- comenzó la anciana Kaede mirando a la chica a los ojos-, pero si él en todo este tiempo no ha regresado por ti, entonces es probable que ya no vuelva. Puede que haya sido más amable y generoso gracias a ti, Rin, pero no siempre puedes alterar la naturaleza de un ser tan orgulloso y con tanto poder como Sesshomaru... más que morir, yo creo que decidió continuar su camino en solitario...

Rin no pudo evitar que las lágrimas acudieran a sus mejillas. Aquel también era uno de sus temores más escondidos: temía que él no quisiera a sus hijas por la misma razón por la que no quería a su hermano y aquella posibilidad, le causaba un dolor que la había acompañado a escondidas desde hace mucho tiempo.

-Rin...- murmuró el señor Jaken una vez que la anciana se había dormido- no tienes que creer todo lo que dice esta mujer, tú... ¡el amo bonito siempre ha pensado en lo mejor para ti y no va a olvidar eso! Yo no creo que él haya decidido abandonarte, ¡no después de haber decidido casarse contigo! No pierdas tu confianza en él, ¿está bien?

-Señor Jaken, ya no puedo seguir así...- susurró Rin con sus ojos brillantes-Tengo que dejar ir al señor Sesshomaru y no aferrarme a él.

-Rin, ¿por qué dices eso?

-Porque no es justo para mí misma- razonó la joven dedicándole a su verde amigo una leve sonrisa-. Si murió debo dejar que su alma pueda irse en paz y si ya no quiere mi compañía, yo no voy a esperarle. Tengo que continuar con mi vida y asegurarme de que mis hijas sean felices.

-¡Esto pasa porque el bobo de Inuyasha y su humana fea están influyendo en ti!

-No es eso... señor Jaken, yo voy a vivir dignamente y construir un nuevo sueño- Rin cerró sus ojos ya que se disponía a dormir pronto-. No significa que lo voy a dejar de querer o que no me va a doler, es solo que voy a intentar ser feliz y tener una vida bonita a pesar del amor y del dolor...

Jaken contempló a Rin dormir: se había quedado dormida mientras acariciaba su pancita redondeada y les susurraba la canción que les había hecho. El diablillo se acercó a ella para apoyar su oído en su vientre y ver si las gemelas estaban despiertas.

-Niñas, ¿están ahí?- susurró Jaken intentando oír sus corazones o algún tipo de movimiento- No dejen solita a Rin nunca y sean felices porque es lo que más quiere. Ella no tiene mamá, pero estoy seguro de que ustedes van a quererla mucho, ¡ella es muy dulce y adorable, así que la van a querer de inmediato!

Jaken comprobó con satisfacción la sonrisa en los labios de Rin y supuso que ella le habría escuchado. Él le sonrió de vuelta y se abrazó a su brazo para comenzar a dormir.

Al día siguiente, Rin se atrevió a salir a conocer la aldea, aunque fue consciente de que todos la miraban mientras caminaba junto a Jaken y la anciana Kaede. Sin embargo, ella solo se dedicó a sonreír y saludar a todas las personas de manera muy amable y educada.

-¡Es una aldea muy bonita!- exclamó Rin mientras caminaban bajo un día nublado.- ¡Y todos parecen muy amables!

-Es bueno que te guste- añadió Kaede sonriendo-, solo nos falta que veas el pozo y el árbol en que Inuyasha fue sellado.

-¡Sí!

Rin siguió a la anciana Kaede por el bosque, mirando a los animales que se escondían entre las hojas de los árboles, los colores y la luz. La verdad es que se había sentido muy feliz aquel día y habían muchos detalles de la aldea que le habían llamado la atención, por lo que en cuanto volviera a la casa de la anciana iba a dibujar todo lo que le había gustado.

De pronto, la joven vio el pozo y el árbol que antes había visto en sus sueños. Conocía aquel lugar: su hermana solía descansar en el árbol y había visto por primera vez a las niñas en ese mismo espacio, por lo que dedujo que se trataba de un lugar mágico y muy especial.

-¿Ya habías visto este lugar?- preguntó la anciana Kaede al percibir en ella el reconocimiento.

-¡Sí! Lo vi una vez a través de mis sueños- confesó ella-. Creo que aquí es un lugar muy especial y... es...¡muy bello!

-Rin, ¿quieres que regresemos a casa?- preguntó la anciana- Ya casi es hora de comer y haz caminado mucho por hoy...

-¡Es cierto!- exclamó Jaken tomándola de la mano- ¡Tu barriga es grande y te debe doler la espalda!

-No se preocupen. Yo... ¿puedo quedarme un momento aquí?- inquirió ella- Necesito hacer algo...

-Nos quedaremos cerca de aquí- respondió la anciana Kaede-, si necesitas cualquier cosa u ocurre algo, solo debes llamarnos...

-¡Lo haré!

Una vez que se quedó sola, Rin sacó su cuaderno de dibujos y se decidió a comenzar a escribir: sabía que se estaba precipitando, pero necesitaba despedir a Sesshomaru de alguna manera...


Hola!!! Quiero agradecerles por acompañar esta historia y solo decir, que como estamos en la recta final esta semana actualicé 2 veces porque no sé si podré estar aqui la próxima semana, pero creo que si todo sale bien, podrían quedar dos capítulos de la historia jijiji y tengo dos finales posibles pero aun estoy trabajando en ellos para que queden bien c:¡Tengan una gran semana y muchas gracias por leer! Un abrazo y cuidense mucho c: