.

.

.

.

.

.

*holaminombreesdrama*

.

.

.

.

.

.

.

La faceta dura de su vida como guerrero había acabado incluso antes de que se firmara el acuerdo de paz. Para su mala suerte había luchado incansablemente en la guerra durante más tiempo del que le importaba rememorar. En aquellos tiempos, Inuyasha no hubiera tenido la oportunidad de vivir gracias a huestes furiosas que cazaban a los dioses en la tierra para saciar su ego. A la vez que el escenario era la base donde se erigían posiciones más hostiles que engendraron todo el problema de los demonios contra los humanos, como por supuesto, ciertos libros recordaban.

Hubo un momento en que se encontró siendo seguido por miles de demonios que lo miraban con ojos esperanzados, muchos de ellos murieron en su nombre también. La mayoría de ellos había vivido lo suficiente como para ver a Toga alzar una unión de paz tomando como segunda esposa a la madre de Inuyasha. ¿Cuántas veces en la vida se verían a un demonio y a una humana unirse en matrimonio primero por conveniencia y como el nido de un ferviente amor después? Así como su padre se había esforzado por lograr una tregua más real que aquella firmada en el templo de las sacerdotisas, había dado débiles pasos hasta el día de su muerte. El día que se reencontró con él e hizo lo impensable, tomar el lugar de su padre, pero influyendo en el verdadero punto débil de los humanos, el cual no era el amor, sino el dinero.

Estudió y avanzó en el mundo mientras que los demonios que vivían como escorias de la sociedad, obligados a realizar los trabajos que ya nadie quería. Sesshomaru estableció proyectos mercantiles y estuvo trabajando como un conciliador para hacerse notar. Como esperó, lento pero seguro, había llegado a indagar en cada uno de los factores determinantes bajo los que la humanidad funcionaba. Para desgracia de los humanos o para el favor de él, siempre habían sido susceptibles a la belleza y su madre compuso su imperio en el mundo de la moda costurera, lo suficiente para avanzar al siguiente mercado emergente.

Actualmente, toda practica de los dones sobrenaturales de los demonios eran ilegales y por eso, decidieron que las guerras serían solo confrontamientos armados, el siguiente mercado que Key Taisho comenzó a explorar. Así es como llegó a poseer innumerables socios y ganar una posición influyente en el mundo.

A diferencia de muchas personas y demonios, él era realmente capaz de marcar la diferencia. Ahora que pensaba en las palabras de Miroku respecto a unirse a una simple humana, se preguntaba si sería tan inútil como fue el matrimonio de su padre con Izayoi. Lo más sorprendente, incluso para sí mismo, era que una parte de él se oponía fervientemente a abandonar a la chica al mismo tiempo que no la quería en su vida si lo pensaba una segunda vez.

Su madre lo seguía mirando con abierta curiosidad. No se habían dirigido la palabra en todo el viaje de vuelta y él estaba completamente consternado ante la idea de que su madre se negara a su petición. Sesshomaru siempre había sido un hombre de decisiones inflexibles al momento de tomarlas y por misma razón, sabía que tenía que convencer a su madre por todos los medios para no dar un paso atrás.

Con el permiso de Kaede ingresó a los datos dispuestos de Rin en el Templo, salubres y los de su instituto. No se sintió decepcionado de ella ni un poco, era una chica que ya sea obedeciendo ordenes o por su propio instinto de supervivencia se había esforzado toda su vida y por esa cualidad la respetaba.

- ¿Permanecerás callado todo el viaje mientras miras melancólicamente hacia la ventana? Estamos volando, Sesshomaru. Afuera, no verás más que nubes – sabía que su madre disfrutaba jocosamente de la situación.

- No hay nada que decir – le replicó seriamente. Su madre siempre había sido imparcial respecto de la realidad de los demás, se definía a ella misma como una mujer práctica que nunca sería ignorada. Compartían la misma filosofía de salvaguardar las apariencias para mantener el estatus.

- Y mucho en lo que pensar. Sin embargo, hijo, no puedo dejar pasar el hecho de que, sí, eres más parecido a tu padre de lo que yo pensaba. Esa muchacha, ¿se ha acostado contigo? -.

A pesar de no demostrarlo, Sesshomaru dio gracias a su buen juicio por escoger una de sus propias aeronaves para volver a su país apenas todos los papeles estuvieran listos y así evitar las aerolíneas públicas – Por supuesto que no, no me siento atraído por ella de esa manera -.

- Oh, ya veo – Irasue tenía el porte más elegante y a la moda que actualmente se mantuviera en los estándares americanos de belleza. Ella pasó de ser aquella exótica belleza tradicional oriental para volverse un icono de moda cuando tomó una rama especial dirigiendo sus propios proyectos – te comportas como si lo hubiera hecho. ¿Cuál es el aroma característico de ella? -.

- Brotes de primavera en un día de lluvia -.

- Puedo percibirlo en ti, solo deseaba confirmarlo. ¿Qué te tiene fascinado de ella? -.

- No me siento atraído por ella. Creo haberlo dicho ya – le respondió un poco de malhumor.

- No puedes mentirme. Sé perfectamente que te has asegurado de levantar un muro impenetrable con todos a tu alrededor y aunque eres innegablemente atractivo para muchos, jamás has conectado con una sola mujer sea cual sea su origen, demoniaco o humano -.

Se regañó seriamente para sus adentros. Quizás la distancia tomada durante tanto tiempo y su repentina visita eran acciones demasiado obvias.

- No lo digas si no quieres. Creo que me agrada más esta chica que aquella otra mujer con quien mantienes esa apática relación -.

¿A que había venido ese comentario?


Había sido invitada a diferentes entrevistas, la mayoría de la industria de los rumores rosa y algo relacionado a la música, sus videos habían estado marcando tendencias incluso esos viejos covers que subió siendo una adolescente, pero el precio era innombrable. Si no fuera por su equipo, seguramente ella misma se encargaría de buscar al estúpido de Inuyasha para saber qué era lo que había hecho para poner a su multitud tras sus puertas sociales.

Todavía no se veían con Miroku y ella sospechaba que a Sango le pasaba algo con aquel hombre. Estaba animada y tímidamente se escabullía hasta los baños para retocar una apariencia como mínimo impresionante. Ella era realmente una mujer sencilla y decidida pero ahora simplemente estaba radiante. La castaña abandonó esos aburridos mocasines y los había cambiado por unos elegantes tacones verdes que hacían juego con la cadena con brillantes de jade.

- Kagome, ¿podemos hablar un momento? – Shipo la distrajo un momento. Parecía bastante sombrío.

- Por supuesto – le aseguro sonriente y el hizo una señal para que la siguiera.

- Si no te importa, me gustaría que fuera a solas. Tu y yo somos compañeros de trabajo, pero Sango es mi jefa y preferiría hablar solo contigo – había algo extraño en su voz. No era juguetonamente optimista como la mayoría del tiempo. Ella asintió y lo siguió hasta la calle donde ambos estaban junto al otro mirando al tráfico fluctuar en la calle – van a cancelar mi matricula el siguiente semestre – dijo de pronto y entonces cobró sentido el porqué parecía más distraído y no había estado del todo cumpliendo con los horarios de los ensayos.

- Creía que este era una clase de trabajo flexible -.

- Lo es. Pero, el costo se elevó y el funeral de mi padre me ha dejado sin ahorros -.

Por un momento el ambiente se tornó tan incomodo que ella creyó que pensó que quizás el día era una clase de sueño raro. No sabía que a Shipo se le hubiera muerto el padre y eso que ya casi tenían 4 años de conocerse.

- ¿Has hablado sobre la posibilidad de tomar un crédito? -.

- Ya sabes cómo es todo – el pelirrojo suspiró y se rascó la nuca – siempre tratan a los zorros como seres especiales, con ello se refieren a que somos los menos confiables sí hablamos de especies -.

Kagome comenzaba a intuir lo que se venía y por un segundo dejó de respirar.

- Ya sé que los Taisho no te agradan… pero ¿has leído los comentarios en tus videos y redes sociales? Sea por uno de los hermanos o no, ellos se quedan por ti y podría ser una oportunidad que no se va a repetir -.

Kagome nunca había sido realmente una apasionada de la historia, pero si había visto esa diferencia sutil y palpable entre los lugares públicos. Desconocía los reales problemas, pero actualmente los demonios eran una minoría y ella no dudaba de la palabra de Shipo. ¿Qué haría ahora? No es que fuera una estúpida, esto le traía más beneficios a ella que a nadie más.

Si por lo menos hubiera sido el antipático hermano mayor… ignorar al flechazo de tu adolescencia pocas veces era fácil. Y las palabras de Shipo se quedaron en su mente mientras miraba el perfil del hibrido en Instagram. Sango se asomó asombrosamente femenina frente a todos y por mucho que le dolieran los dientes por mantenerse en silencio, aceptó la oportunidad que le estaban ofreciendo.

Se sintió infinitamente tensa mientras escuchaba a Sango correr a atender al desconocido tras la puerta, se encogió como una niña y mostró su sonrisa más dulce a la pareja.

- Es, realmente, un placer conocerla personalmente, señorita Higurashi -.

Kagome le extendió la mano y escuchó atentamente los consejos del hombre. Ella no dudaba de sus capacidades, la posición de los Taisho no era de las mejores por nada; es decir, cualquiera podría parecer desesperado por aprobación, cualquiera menos su familia.

- No sé qué tan relevante sea que a Kagome no le agrade del todo Inuyasha -.

¡Santo dios!, que se la tragara la tierra ahora mismo. El hombre no pareció ni un poco sorprendido y mientras ella temblaba de nervios, Miroku se estiró y apoyando su sonrisa en el dorso de su mano.

- No se preocupe, puede parecer impulsivo y bruto, pero está acostumbrado a lidiar con los prejuicios. De cierta manera, lo admiro porque cada herida parece hacerlo más fuerte -.

- No es que crea que él quiere jugar conmigo porque no me toma en serio como… una cantante -.

- Puedo asegurarle que él la toma muy en serio. A diferencia de Sesshomaru, Inuyasha es más transparente de lo que le gustaría saberse -.

Kagome no quería ser una maldita prejuiciosa engreída, pero era eso o arriesgarse a que todos supieran que el motivo de su incomodidad era que se sentía irremediablemente atraída al hibrido y, también, al misterioso sujeto cuyo tacto se había quedado grabado en su piel.

Decidieron que Inuyasha asistiría como lo que era, otra persona deseando ver a la talentosa Aome en el escenario. Sin embargo, ella dio un paso secreto. No sería otra hipócrita frente a la multitud y conocería por sus propios medios al infame Inuyasha. Fue así como le envió esos mensajes en espera de una respuesta. Esperaba ella poder hacer lo mismo por él y no convertirse en una succiona fama.


Se había propuesto preparar el mejor té posible. Ese objetivo requería de un gran sentido de la agudeza al momento de obtener y perfeccionar los ingredientes. Había pasado los últimos días con su mente generando ideas sobre como juzgaría cada una de las mezclas para sorprender a Lord Sesshomaru. Aún mantenía la firme creencia de que él vendría y la idea la sostenía en un hilo de emoción mientras recolectaba las mejores hojas y capturaba delicadamente los aromas.

Se preguntó qué clase de bebidas disfrutaría él. Dulces, amargas, acidas o con una textura algo gruesa pero suave.

Había estado algo más cerca de Hitomi ahora que ella había terminado los exámenes de repetición y estaba oficialmente lista para la graduación en un par de días. Rin no asistiría con el permiso del profesor jefe y bajo el conocimiento del director.

- Ya he tomado mi decisión, no tomaré el voto – eso no la había sorprendido realmente. Ella parecía haberse enamorado de un buen chico que era atento y Rin estaba segura de que había pasado mucho más de lo que ella estaba dispuesta a compartirle. Así que ella preparaba sus maletas para irse y también disfrutaría de la fiesta en compañía de los demás muchachos del curso y como no, de su novio.

Ahora que solo estaban a un par de días de un adiós muy largo, su amiga notó que había algo diferente en la muchacha que siempre había sido una aburrida niña perfecta.

- Te echaré de menos – Hitomi la miró con cierta compasión – nunca he conocido otra vida. Quiero decir, me he preparado durante tanto tiempo para volverme una sacerdotisa que ahora es cuando realmente me preguntó si acaso, no hay nada más para mí allá afuera -.

- También te echaré de menos, pero no te desanimes. No existe chica más perfecta que tú para ser una sacerdotisa -.

Rin la ayudó con cierta desesperanza a trasladar sus pertenencias al departamento al que se mudaría. Hitomi era una chica con dinero y simplemente había entrado ahí porque se enamoró del hombre equivocado a una edad muy temprana, nada ocurrió y ese enamoramiento se desvaneció rápidamente con el tiempo.

A pesar de lo bien que se habían llevado durante los años de su estadía en el lugar, hubo cierta desilusión cuando notó que la chica ni si quiera se había dado cuenta de que nunca había sido perfecta y que era solo una máscara bonita que exponer para la complacencia de todos los demás.

- Para que me recuerdes – Hitomi le tendió un labial rojo nuevo – sería extraño darte el que uso, pero bueno, es mi color favorito y podrás usar un poco cuando quieras, si es que quieres -.

Rin sostuvo el lápiz y le dio un abrazo a la otra mientras sonreía feliz. Quizás a la sacerdotisa Keiko no le pareciera la clase de cosa que una sacerdotisa debía tener, pero aún era libre por 3 años más si tomaba el camino que había sido decidido por las apuestas de su tío hace casi 4 años.

Así fue como probó mezclas y mezclas una y otra vez para juzgar cual de todas era lo suficientemente buena para ser servida a alguien como el señor Sesshomaru. Ella había aprendido cada cosa, se aseguró de poner una melodía especial de sabores con los que deleitarlo.

En el momento en que la infusión estuvo hecha, guardó cuidadosamente las hojas en un frasco dentro del papel. Ahora solo quedaba esperarlo.

Así fue como pasó la graduación… se preguntó si así pasaría el año nuevo o su cumpleaños.

Por supuesto que no era todo lo que hacía, limpiaba el templo en su mayoría dado que muchas de las chicas habían vuelto a casa y otras simplemente pasaban algo de tiempo en otros quehaceres.

A pesar de que no había transcurrido una sola semana, su corazón estaba ansioso y expectante por volverlo a ver… tan solo una vez más.

Quizás el anhelo era demasiado evidente en su mirada porque Kaede la llevó a un pequeño paseo por el centro en busca de todos esos productos de limpieza que si necesitaban. El mundo cobró color cuando vio la cara del demonio en un periódico. La anciana sacerdotisa la animó a comprarlo y ella lo guardo delicadamente entre la bolsa que cargaba.

- Hay una beca para ti si la quieres -.

- ¿Cómo? -.

- En unas semanas serán los exámenes para el ingreso a una universidad. Estás dentro de los mejores 5 promedios, eres la mejor y lo sabes. Podrías estudiar en cualquier parte del planeta y lo que tu quisieras -.

- Pero… -.

- ¿No crees que es injusto que seas precisamente tú, la única quien no tenga la oportunidad de elegir qué hacer con su vida? -.

- Pero, si no soy sacerdotisa… ¿qué es lo que haré? -.

- Bueno, hay mucho por hacer afuera – afirmó la anciana con seguridad y una cálida sonrisa.

Esa noche deseó con su corazón el volver a verlo, aunque una parte de ella sabía que no existía tal obligación de parte de él y que en base a todo el tiempo que había pasado… era demasiado probable que no viniera.

Rin cerró los ojos y esperó hasta dormirse. Mañana sería otro día en el que podría volver a crear una nueva receta, una suerte de esperanza le atravesó el alma imaginando que sus circunstancias eran diferentes.

Tiempo después, ella se despertó sobresaltada en la madrugada. Estaba temblando y no entendía la razón. Al alzar la cabeza del futón se encontró completamente sola en el templo. Normal, casi todas las chicas irían a pasar los días con su familia ahora que el festival de aniversario estaba terminado. El día de mañana sería la única que merodearía por los salones.

Extrañó a Hitomi más que nunca y decidió salir a caminar bajo la luna. Estaba tan inquieta y no sabía cómo calmarse, era esa clase de mal presentimiento que la solía acompañar en soledad… Sentía un ligero dolor a la altura del muslo y se encontró con el labial. Derramo una lagrima pensando en que tal vez esa sería la última vez que sabría de ella. Que importaba si había pasado por alto su verdadera naturaleza durante tanto tiempo siendo amigas, era su amiga y ella haría su vida lejos.

Quiso soñar con lo que le había dicho Kaede, una nueva vida en donde ella pudiera ser lo que quisiera. ¿Y si ella se volvía la mujer más impresionante en el mundo?, ¿si era la mujer más poderosa?, ¿si vistiera las ropas más caras… tendría la mirada del demonio que había atrapado su corazón sin remedio?

No es que ser normal fuera malo. Había estado conforme con su aspecto toda la vida. Que aquellos compañeros crueles del colegio le dijeran que su cabello olía mal no era su culpa. Tenía una piel limpia y cuidaba su ropa, eso era importante si hablamos de aspecto personal. Aunque, si tuviera la oportunidad de ser poderosa, hermosa y talentosa estaba segura de que obtendría algo más que esa mirada compasiva que no salía de su mente.

Rin decidió encender un incienso y velas, ella sólo quería apaciguar su mente y a esa hora no habría nadie despierto. Después de meditar, a sus ojos se destacó el frasco rojo y un poco dudosa, llevo consigo el pequeño espejo para mirar la forma de sus labios. Pese al torpe intento consiguió su cometido y pudo admirar el color sobre la piel.

En ese instante, el viento interrumpió la habitación y casi tiró las velas encendidas. Rin se apresuró tanto que no vio a la anciana Kaede mirarla desde un pequeño espacio en el umbral de la puerta.


Aún si a los ojos de una gran mayoría, era visto como un inútil, lo cierto era que Sesshomaru lo había mantenido cerca lo suficiente como para que aprendiera a pensar como él y por lo mismo podía asumir ciertas responsabilidades fuera de cualquier subordinado, pero todo eso era demasiado estresante y no había demasiadas maneras de lidiar con ello.

Aquel estrés siempre lo había liberado entre algunas peleas ilegales en los suburbios de demonios. Los demonios le habían dicho que no había nada mejor que una hembra para calmarse, aunque, dada su naturaleza y aquella promesa hecha a la que alguna vez fue el amor de su vida esa era una opción impensable. Había encontrado algo tan fascinante que lo alejaba de la realidad en situaciones de tensión, la música.

Sabía que tenía una gran energía, por eso se dedicó tiempo a aprender a tocar algunos instrumentos, la batería lo adoraba, la guitarra era lo mejor y sabía algo en el teclado, por esa razón existía ese espacio del día en que simplemente estaba en internet escuchando canciones viejas o descubriendo nuevos tesoros.

Aunque últimamente, esa costumbre compartía minutos con ver y escuchar a la fascinante Aome. Era extraño, porque era la viva imagen de la mujer que estaba tallada en piedra en su mente, pero otra persona.

Sin duda alguna, fue tomado por sorpresa cuando esa mujer comenzó esa conversación que parecía jamás iba a existir. Quería verlo en un lugar privado y agradecería discreción.

Pensó que simplemente iría por ella y que se jodiera el mundo, pero estaba casi seguro de que no estaría dispuesta a lanzar su imagen al vacío por alguien a quien apenas conocía. No, en el mundo no existiría otra mujer como a la que había prometido su corazón… Tantos años y aún si ella no existía, su corazón permanecería junto a esa muchacha del pasado.

Se había acordado la cita para ese mismo día y esperó ansioso en las afueras de la ciudad, jugaba con sus manos, sus uñas, caminando de un lado a otro hasta que escucho el auto y los aromas mezclados de los cerezos con Miroku. Ante la inesperada consternación, quedó perplejo ante esa seguridad imperiosa que irradió ella bajándose del asiento trasero y caminando directamente hacia él.

El hombre que parecía tan encandilado como el mismo no le prestó la más mínima atención y ella lo miraba tan fijamente que apartó los ojos un momento y resopló en su nariz.

Mierda, esa no era la idea que tenía en mente para ese momento.

- Siempre te imaginé… más valiente - ¿qué era eso, un insulto? Pequeña y tonta criatura. Una colera nació, entonces, se dio cuenta que a pesar de que ella parecía muy alta, en realidad era de una contextura delicada y más pequeña que la de él. Si tan solo se hubiera dado cuenta de que esa era la luz de Kagome destellando

- ¿disculpa?, ¿me habías conocido antes? -.

Ella lo miró con ojos transparentes y soltó la respuesta – sí, te vi en casa de mis padres cuando eras la pareja de mi hermana, Kikyo -.

Y nombrarla fue suficiente para derrumbar el pasado sobre cualquier pensamiento. Aquella muchacha frente a sus ojos era la manzana prohibida y por el color de su sangre, era el permanente recordatorio de un amor perdido.

Esa era una noche de otoño empañada en niebla. Inuyasha estaba atontado, pero hacía su mejor esfuerzo por escuchar la prisa y el tono de Kagome.

- Eres un golpe de suerte que ni si quiera imaginé – la miró de reojo. Ella jugaba con sus dedos a la vez que se los cubría con la ropa para tolerar el frio.

Un golpe de suerte, bueno, ella y su hermana tenían ideas contrapuestas. Sabía que Miroku estaba alerta dentro del vehículo, esperaba que se quedara ahí para siempre y de esa manera no pudiera notar la miseria que lo embargaba. Se sentía como un completo idiota, cualquiera lo hubiera imaginado.

- Quiero saber, ¿realmente aprecias mi música o solo estabas de curioso comprando esa entrada? -.

- ¿Cómo sabes que compré una entrada? -.

- No lo sé, pero publicaste eso en los comentarios – claro, estaba demasiado distraído para razonar bien.

- Sí. Me gusta tu voz – admitió y la miró fijamente. Apenas ella volteó, se encontró con aquellos ojos brillantes que eran como un libro abierto a todas sus emociones. No, no se parecían tanto.

- Gracias – la dulce sonrisa que le dio lo puso nervioso, se aclaró la garganta y volvió a mirar la luz difuminada de la ciudad. Comenzó a notar que el aroma de su cabello era insoportablemente cómodo – iba a pedirte que, por favor sigas apoyándome -.

Lo maravillaba como cada timbre en su voz, el movimiento de sus manos o sus ojos eran un reflejo transparente de cómo se sentía. Ella era una mujer honesta consigo misma y con los que la rodeaban – desconfías de mi -.

- Por supuesto, no te conozco – le respondió ella con una sonrisa.

- Excepto a mi reputación -.

- Oye, no te desanimes. Aún estoy ansiosa sobre qué dirán de mí en un tiempo, cuando sobresalte de todos los demás artistas nuevos – su mirada soñadora lo hizo hablar.

- Lo lograrás -.

Y su respuesta fue una chica que lo miraba severamente - ¿Por qué eres así? Demuestras buenas intenciones, pero pareces realmente triste, ¿acaso alguien te está forzando a ayudarme o a estar aquí? -.

- Son cosas personales – se obligó a poner una barrera entre ambos, era mejor que ella ni si quiera lo imaginara.

- Si es porque eres el ex de mi hermana, relájate, ella y yo no tenemos demasiado contacto por lo que es difícil que la veas en el concierto, a los lugares que visito o en mis fotos – Kagome era demasiado perceptiva también.

- Lamento interrumpirlos, pero le recuerdo, Señor Inuyasha, que mañana tiene una junta. ¿A qué acuerdos llegaron? – No estaba seguro si deseaba lanzar a aquel hombre al río o si le daba las gracias por interponerse en una conversación extraña.

- El me apoyará – respondió ella por ambos.

- Esas son excelentes noticias, ¿Cuál es el plan? -.

- Iré a su concierto -.

La mirada de Miroku se tornó sombría - ¿eso es todo? -.

- Si -.

- ¡Muy bien!, pero, si vamos a hacerlo lo haremos bien - ¿y desde cuando estaba precisamente él, un tercero, incluido en los planes? Kagome parecía tan sorprendida como él.

- ¿A qué te refieres? -.


Era muy temprano cuando se encontraba congelada afuera. Sus silenciosos pasos la hicieron sentirse más nerviosa en el momento en que su mano se acercó a la puerta, ¿por qué siempre hacía eso? No era el momento de pensarlo, pero en ese preciso momento se cuestionaba el porqué de sus acciones.

- Muchacha – la voz de Keiko la sacó de su propia mente y Rin rogó porque no fuera un indicio del destino.

- ¡B buenos días! – tomó aire y se inclinó delicadamente a la sacerdotisa - ¿cómo ha amanecido? -.

- bien, es una mañana agradable, ¿qué haces aquí? Sabes que la Maestra está revisando la agenda de la semana -.

- Lo – lo sé. Me gustaría hablar con ella por… - Rin apartó la vista de la sacerdotisa y tenso los dedos de sus manos – orientación -.

- ¿Con que es eso? – Keiko le hizo una señal con la muñeca de las manos. Se cubrió con el Kimono y la esperó en su habitual expresión recta. Rin dudo un momento – si me haces perder el tiempo, tendrás que copiar el libro herbal del Templo con tinta 30 veces -.

Rin asintió y le hizo una reverencia antes de seguirla.

Keiko siempre había sido más indulgente con las señoritas de grandes familias, pero sobre todo con los padres de estas. Su método era duro, rígido y premiaba el cambio de conducta con el tiempo.

Con Rin la historia había sido diferente porque no había nada que negociar, sin embargo, por el tono de voz reconoció algo de esa cautela interesada. ¿Podría pasar algo que no estaba notando?, porque recibir esa clase de amabilidad tenía un precio. Se dirigieron a la oficina en donde solían discutir los asuntos importantes, Rin era la única aspirante que había osado poner sus pies dentro limpiando el lugar.

La espesa niebla le daba un toque irreal a la situación, el ventanal dejaba ver las sombras de los árboles y las otras habitaciones.

La sacerdotisa Keiko le señaló el asiento a Rin. La joven entró en su papel poniendo la misma mirada inexpresiva. Nunca fue sobrestimada, ella tenía el potencial, pero no los dones. Keiko se dijo a si misma que si esa chica hubiera tenido la habilidad espiritual en suma a la dedicación que siempre puso en todo… habría sido reconocida. En otros tiempos, hubiera sido famosa y poderosa.

- ¿De qué esperabas hablar, Rin? -.

- No creo estar lista para volverme una aprendiz – el manojo de nervios que era Rin en el interior estaba siendo contenido por la respiración a la que se aferraba. La muchacha, en el fondo, sabía que nunca estuvo hecha para el papel que había desempeñado toda su adolescencia hasta el día de hoy.

- Eso no es una sorpresa – Keiko nunca se consideró a si misma un alma pura, pero era capaz en todos los sentidos – una pena, considerando que eres la aspirante más prometedora. Me recuerdas a mí misma -.

- ¿Cómo podría compararme yo con usted? -.

- Eres lista y como tú, no vengo de una gran familia. Fui rescatada de un hogar por Kaede y siempre fui competente. Somos diferentes porque a diferencia de ti, nací con los dones. Como tu entiendo parte de tu posición, ¿tienes un plan de escape?, ¿qué piensas hacer?, ¿cómo vas a vivir? -.

- no tengo un plan -.

- oh, bueno, se dice que la fortuna sonríe a los audaces. Si me lo preguntas a mí, te estas excediendo -.

Las semanas pasaron y Rin tomó el último examen. La respuesta definitiva estaría en los resultados, sin embargo, la joven no había conseguido el permiso al final y había pasado el último día buscando las raíces para un ungüento. No es que fuera una tarea aburrida, en definitiva, era mejor que barrer pisos y quitar el polvo. Veía insectos, los pies en la tierra y la profunda calma del bosque dejaba su mente en blanco. Ella volvería en bicicleta cuando terminara la tarea.

Y cuando llegó al templo… fue como presentirlo, la presencia del ayudante, Jaken, le dijo que lord Sesshomaru por fin estaba ahí, ¿donde había puesto el té?

.

.

.

*Holaminombreesdrama*

.

.

.


¡Hola! Realmente ha pasado mucho tiempo desde que actualice la historia. Empezó mi semestre y esto consume la mayor parte de mi tiempo. ¿Cómo han pasado estos meses? Espero que todavía esta historia sea disfrutable, a su manera; ya saben, por el drama blablá.

Casi paso todo el tiempo diciendo que es mejor tarde que nunca. Recuerdo que, alguien preguntó el porqué Sesshomaru y su madre estaban distanciados. No es una pelea ni nada, es el trabajo. Imagino a un Sesshomaru frío y concentrado en sus asuntos :v. Lo mismo a su madre, como a una diseñadora brillante al estilo genio loco con su propia corte de aduladores, sirvientes, contactos, etc

Pd, incluso ahora me sigo riendo de imaginarme a Inuyasha ser golpeado por su propio teléfono celular.

¡Saludos a todos!


.

.

.