Mi primer amor
Por Coqui Andrew
Capitulo Ocho
¡Vaya! Esperaba sorprenderla en un rato más, pero el sorprendido fui yo
-¡Candy! Qué sorpresa, señora Rosa, un gusto tenerlas aquí, ¿Qué van ordenar? – Les pregunto
-Ya hicimos nuestro pedido, Albert, ven siéntate con nosotras – me dice la señora Rosa
-Gracias, la verdad si acepto, no he desayunado, me estoy muriendo de hambre – Ellas se ríen.
Me siento junto a Candy, ella me voltea a ver, todavía se le nota su mejilla roja, le acaricio su rostro, ella me mira con sus ojos llorosos, pero acepta la caricia, porque detiene mi mano.
-Ejem… su pedido – dice Dorothy, nos sirve –Aquí tienes tu almuerzo Albert, lo veo y le agradezco
-Gracias, Dorothy, es mi favorito –le digo
Empezamos muestro almuerzo y charlamos de todo un poco
-Candy, posiblemente vayan los muchachos a verte más tarde –le digo
-¿Tú no irás? – pregunto, veo que su rostro se pone rojo, me da ternura
-Si, Candy iré a verte, pero talvez sea hasta la noche – le conteste, ella se puso aún más roja, para mí se veía hermosa.
-¡Oh! disculpa Albert – me mira tímidamente – Vas a pensar que solo quiero verte a ti – me dice
-Pues a mí sí me gustaría – le digo en su oído, abre más sus hermosos ojos
Escuchamos risas, vemos que Dorothy y su tía nos ven, ambos nos ponemos de mil colores.
-Me tengo que ir – les digo – te veo más tarde, preciosa – me despido con un beso en su mejilla y obviamente tuve que hacer lo mismo con las otras dos damas.
Candy
-¿Te gusta?-pregunta Dorothy
-Pues sí, Dorothy, es muy guapo, inteligente, caballeroso… -
-Ya párale, si se nota que tiene demasiadas cualidades –dice mi tía Rosa – También tengo ojos, mi vida – Ese comentario nos hace reír.
-Bueno ya terminamos, vamos a casa, para que preparemos alguna botana para tus amigos – Mi tía fue a liquidar la cuenta mientras yo me dirigí al auto.
-¡Candy! – me llamaron, voltee a ver quién me llamaba, mi sorpresa fue grande, era Ronald
-¿Qué quieres? – pregunte muy tosca
-No quiero lastimarte, solo quería saber si lo que me dijo Albert era cierto –dice, pero su rostro esta rojo.
-Pues sí, esto lo recibí gracias a tu novia – le digo mostrando mi rostro, me ve, aprieta sus labios y sus manos. En ese momento se acerca su mamá
-Candy ¿ya te encuentras mejor? – pregunta
-Sí, señora Linda, me encuentro mejor, más ahora que estoy al cuidado de mi tía Rosa –le digo
-¿Estás con ella? –pregunto Ronald
-Si –contesto
-Espero que te mejores, Candy, hasta luego – me dice la señora Linda – Ronald ¿vienes? –
-No, mamá, tengo algo que hacer, nos vemos – se gira, llevándose un cigarro a la boca.
Mi tía sale de la cafetería y ve con recelo a Ronald.
-Hija, ya nos vamos, ¿qué quería ese muchacho? –pregunta
-Nada, se molestó en cuanto vio mi rostro, es mejor que se haya ido, me incomoda mucho su presencia, tía, ¿nos vamos? –
-Sí, hija, vámonos – subimos al auto, nos fuimos al supermercado.
Ronald
Voy manejando mi auto al trabajo de mi madre, cuando llegamos veo a Candy salir de la cafetería, cada día está más hermosa, quiero tenerla, pero tengo que averiguar qué fue lo que pasó ayer con ella, estaciono el auto, me bajo para acercarme a ella.
-Candy – le llamo, voltea a verme, su rostro está rojo aún por el golpe que le dio su mamá, esto me hace enfurecer, pero no la puedo tocar porque no quiero problemas con mi mamá quien se acerca, charlamos muy poco, pero realmente estoy molesto con Rossana, así que me subo al auto, para ir a encontrarme con ella.
Llego a su casa, entro porque tengo llaves, subo a su alcoba, pero antes me cercioro que no haya nadie, entro azotando la puerta para que se despierte la holgazana, es casi la una.
-¡Ronald! ¿Qué quieres? – pregunta molesta
Eso me enoja aún más la levanto de un brazo, la abofeteo con mucha fuerza haciéndola caer en su cama, ella se cubre el rostro me mira con odio.
-¡¿Qué pasa, infeliz?! ¡¿Por qué me golpeas?! – dice gritando
-¿Cómo te atreves a decir que tu hermana me estaba coqueteando? ¿Eh? ¡Dime porque lo hiciste, maldita! – le grito muy cerca de su rostro y jalándola del cabello para que vea su rostro.
-Pues es cierto, durante toda la tarde te estuvo coqueteando … - la interrumpí
-¡¿Estás loca!? Sabes bien que es mentira, no entiendo por qué odias a tu hermana, una cosa es que te apoye para molestarla y otra que inventes cosas que solo están en tu cabeza –le digo tocándole bruscamente la cabeza, ella se encoge ante mis gestos.
-¡Basta! - Me dice llorando
-No, hasta que entiendas que tu hermana no me hace caso, estoy contigo, te aguanto todos tus caprichos, pero esto no lo tolero, ¿ya viste cómo la dejo tu madre? – le pregunto
-¡NO! – dice llorando, la levanto nuevamente y la vuelvo a golpear.
-¡Por favor déjame! – súplica
En eso entra su mamá -¿Qué le estás haciendo a mi hija? ¡Desgraciado! – me golpea, pero yo no siento nada, aviento a Rossana y tomo las manos de su madre, la abofeteo también a mí ninguna vieja me pega, estoy tan molesto con estas mujeres que me dan ganas de estrangularlas. La señora me ve con los ojos muy abiertos por la sorpresa.
-¿Por qué me golpeas, infeliz?
-¿Por qué? ¡¿Todavía pregunta por qué?! ¡Es tonta o qué?! – me sigue viendo sin entender
-¡Mamá! ¡Es por la infeliz de la Candy! – grita Rossana
-¡Maldito infeliz! Por esa nos golpeas, es una resbalosa que quiere quedarse contigo, pero no lo permitiré tú eres de mi Rossana –dice la señora, yo suelto una carcajada, me ven con sorpresa
-Se equivoca señora, yo no soy de nadie, pero Rossana si es mía, pero creo que mejor la dejo porque está loca, SU HIJA CANDY, no es de mi agrado y no sé dónde saco ésta loca que me coquetea, su abuso fue excesivo señora, yo no estoy de acuerdo en golpear, pero en este caso ambas se lo merecen una por mentirosa y usted por abusiva, no sé porque no la quiere ni me interesa saber, pero si su marido no las pone en su lugar lo haré yo. Sí me vuelvo enterar que le hacen maltrato físico, le diré a Horace, que las meta en la cárcel. – digo y salgo de la habitación, dejando a ese par de locas llorando.
A mi si me interesa Candy y mucho, solo tengo que calmar a esa loca de Rossana.
Candy
Son la cuatro de la tarde y mis amigas se encuentran aquí en la casa de mi Tía, estoy feliz, aunque tuve que calmarlas después de que me vieron golpeada. Todas se preguntan lo mismo que yo ¿Qué tiene mi mamá en contra mía? Tengo que esperar hasta que pasen mis XV para que mi papito me explique.
Estamos poniéndonos de acuerdo porque este viernes es el primer ensayo, los muchachos, se están poniendo de acuerdo con el vestuario para ellos, pues la música ya está, estuvieron de acuerdo. Este fin de semana voy a comprar el mío, veo que llegan Tom y Albert, se acercan, traen sus manos atrás, se me hace sospechoso, los veo, conforme se van acercando mi sonrisa se amplia.
-Candy, ¿cómo estás? – Me dice Tom, su rostro cambia cuando ve el mío, pero trata de contralarse, me abraza, me da una caja de chocolates posteriormente, por último toca mi rostro con mucha delicadeza.
-Hola, Candy - Dice Albert
-¡Albert! – corro hacia sus brazos, los cuales me toman con mucha ternura nuestro abrazo dura un poco más, ambos aspiramos nuestros perfumes naturales.
Nos retiramos un poco y me entrega una rosa, la recibo con lágrimas en los ojos, subo corriendo a mi habitación, cierro la puerta, siento haber dejado a mis amigos sin alguna explicación, pero estoy feliz. Es la primera vez que me regalan una rosa siendo de MI PRIMER AMOR.
Albert
Fui a la casa de la tía Rosa para saber cómo estaba Candy acompañado de Tom, cada uno tenía un regalo para mi bella dama, al vernos nos saluda con aquella sonrisa que me vuelve loco, Tom le entrega una caja de chocolates, que recibe gustosa, no espere mucho para entregarle una rosa roja como sus labios, veo como mi amor, sube llorando las escaleras, me imagino que va a su habitación, me preocupa que mi presente le afectara de manera negativa.
La tía Rosa se acerca a mí con un pequeño florero –Anda ve con ella, la segunda puerta a la derecha – me dice, le agradezco con una sonrisa y me dirijo hacia donde me indico, llego y toco la puerta, esperando el pase.
-Adelante- escucho, abro lentamente la puerta, veo a Candy está sentada en la cama, me ve con sorpresa, me acerco con cautela, tomo de su mano la rosa colocándola en el pequeño florero y la dejo en la mesita de noche.
Me siento junto a ella, la observo, ha llorado, limpio sus lágrimas con mis pulgares, después me acerco lentamente para darle un beso, ella está nerviosa, pero corresponde.
-Albert – escucho mi nombre en un suspiro, la abrazo su cabeza queda justo en mi corazón el cual está como loco.
Continuará…
