Notas previas:
Seiza: Es la posición tradicional en la que las personas se deben sentar en Japón, con las piernas dobladas y las rodillas juntas.
Obi: Cinturón en el kimono. El obi puede medir varios metros y llegar a pesar kilos dependiendo del tipo de Kimono.
El fuego purificador Kusanagi
Como Iori estaba completamente empapado, tuvieron que regresar a la casa de huéspedes primero, pasaban casi las 9 de la noche, los sirvientes regresaron con ellos y consiguieron un nuevo kimono para Iori, pero esta vez se trataba de uno menos ceremonial y más sencillo. Iori se cambió sin intercambiar ninguna palabra con Kyo o Chizuru, estaba sumido en sus pensamientos con el ceño eternamente fruncido. Kyo se quedó esperando a que Iori saliera de la habitación en la estancia principal de la casa de huéspedes, Chizuru le había pedido que esperara por ella, para comenzar el verdadero ritual.
Iori salió de la habitación y vio a Kyo sentado en el tatami en posición Seiza*, se había secado con la toalla antes de volver a vestir el kimono, pero su cabello aún lucía húmedo en las puntas, haciendo que se viera más oscuro de lo que realmente era. Kyo no se había puesto el obi* aún, ya que era muy largo y requería de alguien más que le ayudara a sujetarlo apropiadamente a la cintura.
- Oi Yagami... - Comenzó a decir con las manos puestas sobre sus rodillas – Creo que tenemos que hablar... -
Iori lo miró sin mostrar ninguna emoción en particular y se sentó frente a él también en posición seiza, de alguna manera se sentía inadecuado sentarse con las piernas abiertas de manera informal cuando se vestía un kimono.
- ¿Qué quieres? – Preguntó el pelirrojo con desdén, Kyo parecía estar debatiéndose internamente sobre lo que iba a decir a continuación.
- Cuando me encontré con mi antepasado... - Comenzó a decir dubitativo – No pude evitar pensar si, él también habría tenido que enfrentar a un descendiente del clan Yagami –
- Seguramente – Respondió Iori secamente.
- Entonces pensé... tantos años... tantas generaciones... tantas vidas perdidas – Los ojos de Kyo parecían haber adquirido una tonalidad diferente, o quizás era solo la imaginación de Iori, quizás era porque, le daba la impresión de que había madurado de repente ¿A que venía esa conversación profunda? – Tu y yo... quizás si hubiésemos nacido en otras familias... -
- Kyo-san, Iori-san – La voz de Chizuru interrumpió las reflexiones de Kyo, la sacerdotisa volvía con una bandeja de madera, en ella tenía una taza de té con dos copas de porcelana blanca – Por favor beban esto –
Iori y Kyo tomaron las respectivas copas, el té olía fuertemente a especias y hiervas. Bebieron el té en silencio. Chizuru se quedó de pie como esperando algo y ambos muchachos la miraron con cierto aire extrañado ¿Por qué no se sentaba con ellos? Entonces Iori comenzó a sentirse mareado, sus ojos se cerraban en contra de su voluntad, lo último que vio antes de caer inconsciente de medio lado, fue los ojos de Kyo que también luchaban por mantenerse abiertos.
Kyo se encontraba de nuevo en ese lugar oscuro que había visitado noches atrás cuando había tocado el hombro de Iori en el baño, el ambiente se sentía opresivo, como si la atmósfera fuera densa y respirar fuera más difícil, era como si una fuerza invisible estuviese presionando sus hombros intentando romper sus huesos y estrellarlo contra el suelo. Ese sitio era completamente opuesto al lugar en el que había sido visitado por su ancestro, aquel espacio brillante y etéreo le había hecho sentir seguro y tranquilo, por el contrario, ese lugar solo le inducía temor y angustia.
Escuchó el siseo de las serpientes.
Las serpientes llamaban su nombre, Kyo comenzó a caminar lentamente, sintiendo como se le oprimía el pecho conforme se acercaba a la fuente de esa voz.
Entonces la vio en la distancia, era la piedra donde estaba sellado Orochi, la reconoció de inmediato, la piedra estaba rodeada de una energía púrpura maligna y amenazante, Kyo podía sentir las intenciones nefastas de esa extraña energía, a pesar de que no tenía forma ni era una entidad concreta.
- ¡K...kyo! – La voz de Iori lo sobresaltó y entonces notó que el pelirrojo se encontraba enterrado hasta la cintura al frente de la piedra. Lo que parecían enormes raíces, sostenían el cuerpo de Iori firmemente en el suelo, las raíces salían desde la tierra y subían por el cuerpo de Iori aprisionándolo, por un momento le pareció que se movían como serpientes.
- ¡Yagami! – Gritó e intentó correr hacía él, pero sus piernas se sentían tan pesadas, que apenas pudo caminar.
De repente, la tierra se abrió y una enorme serpiente salió de ella, levantándose por encima de Iori, la serpiente era negra completamente y los ojos brillaban con un color púrpura intenso, el animal podía fácilmente medir unos 10 metros de longitud y 1 metro de envergadura, y cuando abrió las fauces, Kyo vio los largos colmillos goteando veneno y la profundidad de su cavidad, perdiéndose en un repulsivo color rojizo oscuro.
- ¡Kyo! – La voz de Iori sonaba aterrorizada y Kyo intentó acelerar el paso, pero le era imposible correr en ese lugar, la serpiente se quedó quieta por unos instantes y sin previo aviso se tragó la cabeza de Iori de un solo tajo, desgarrando los músculos de su cuello, arrancándola la cabeza, dejando un arco de sangre en forma de media luna en el aire.
- ¡YAGAMI! – Gritó Kyo atragantándose con su propia respiración al presenciar la grotesca escena, una intensa rabia lo envolvió, ¡Un incontenible deseo de destruir esa maldita serpiente!
El fuego escarlata se manifestó inmediatamente en su cuerpo cuando lo invocó y Kyo concentró toda la energía de su fuego en su mano que ahora levantaba en alto, el intenso brillo escarlata iluminando ese lugar oscuro, dejando entrever formas a su alrededor que antes no había podido ver, la serpiente quien ya se había comido la cabeza de Iori, chilló de dolor cuando el brillo del fuego quemó sus ojos e intentó volver a la tierra por donde había venido.
- KURAE YAGAREE! - Gritó Kyo lanzando una enorme llamarada contra el animal, el fuego atrapó la serpiente y de inmediato calcinó sus escamas, dejando al descubierto los músculos y los huesos mientras se movía espasmódicamente.
Kyo abrió los ojos con una exhalación de aire que no sabía que estaba conteniendo, el techo de la casa de huéspedes se materializó y por unos instantes la rabia y la angustia que sentía lo dejaron paralizado sin poderse mover. Entonces escuchó el respirar agitado y los gemidos de dolor a su lado, se giró y vio a Iori, quien estaba boca abajo en el tatami, su cuerpo se sacudía en espasmos espantosos como si sus músculos estuvieran contorsionándose en diferentes direcciones.
- ¡Yagami! – Exclamó Kyo, girándose en redondo y logrando gatear hasta Iori – ¡Yagami...! ¿Me escuchas? ¿Estás bien? – Su voz estaba llena de preocupación mientras le alzaba por los hombros, Iori seguía con los ojos cerrados y había sangre en su boca – ¡Iori! –
Entonces Iori abrió los ojos, estaban inyectados en sangre, casi tan rojos como sus pupilas, toció repetidas veces y le miró con el cuerpo temblando.
- K...kyo – Logró decir Iori y algo extraño sucedió, más extraño que la visión de la serpiente, que haberse encontrado con su propio antepasado en una especie de dimensión espiritual, Iori Yagami estiró los brazos y le rodeó en un abrazo. Kyo se quedó en shock pero no hizo nada para detenerlo, el pelirrojo lo apretó con tanta fuerza que por un instante Kyo pensó que le partiría las costillas, era como si Iori se estuviese aferrando a él para no caer en el riot de sangre.
¿Dónde demonios se había ido Chizuru? Pensó en esos momentos frenéticos, estaban los dos solos en la enorme sala ¿Y si Iori sucumbía al riot de sangre que iba a hacer? ¡Iori prendería ese lugar en llamas! La casa de huéspedes estaba construida con una arquitectura tradicional, la madera ardería sin control y destruiría toda la casa. Kyo pensó en los sirvientes y en los familiares de Chizuru en la casa principal, ¡Tenía que evacuar a todos antes de que eso pasara!
Iori volvió a toser sangre manchándole el kimono y se sacudió en una nueva convulsión, pero no dejó de abrazarlo, sus manos seguían aferradas a su espalda y Kyo pudo sentir las uñas de Iori enterrándose en su piel aún contra la tela del kimono.
Estaba seguro que había destruido con su fuego a la serpiente ¿Había sobrevivido? ¿Dónde estaba la serpiente? Pensó Kyo mirando en todas las direcciones ¿Se había manifestado en ese mundo físico? No entendía cómo funcionaba esa conexión con esa dimensión o lo que fuera, pero le aterraba la idea que esa monstruosidad pudiese aparecer en medio de la casa. ¿O acaso la serpiente era la representación del riot de sangre dentro de Iori?
El pelirrojo dejó escapar un grito que sonó más como el aullido de un animal que la voz de un ser humano y el castaño supo que era demasiado tarde. Levantó el rostro angustiado y entonces vio al hombre que había visto en el estanque de pie frente a él ¡Era su ancestro!
El hombre lo miraba con una sonrisa, había una aura brillante y pura a su alrededor, a pesar de los gritos de Iori y las convulsiones, el hombre estaba allí de frente mirándolo con una sonrisa de oreja a oreja, Kyo le miró pidiéndole ayuda en silencio ¡Estaba desesperado! Entonces como si el hombre hubiese entendido su plegaria muda, extendió ambos brazos y dos llamas se generaron en sus manos abiertas.
"Kusanagi no Kaen Harau Yusu" (Llama exorcista purificadora Kusanagi) la voz se manifestó en su cabeza y sintió esa familiar energía que había sentido en el estanque cuando había lo había visto por primera vez, cerró los ojos, múltiples imágenes vinieron a su mente, vio gente vestida con Kimonos que llevaban la insignia del sol entrenando en las montañas, vio aldeas antiguas, samurais con largas espadas defendiendo un territorio basto de cultivos de arroz contra el avance de otro grupo de hombres que llevaban la insignia de la luna y comprendió que se trataba de recuerdos. Era como si pudiese acceder a las memorias de sus antepasados. Cuando abrió los ojos de nuevo, el hombre había desaparecido, pero Kyo sabía lo que tenía que hacer.
El riot de sangre había ganado la lucha por el cuerpo de Iori a pesar de que este había hecho hasta lo imposible por contenerlo, y aún en la posición en la que estaba, abrazando a Kyo, se había girado y enterrando sus dientes con fuerza en el cuello del castaño en un mordisco salvaje. Kyo dejó escapar un grito de dolor, pero mantuvo su concentración, sus manos aún sostenían a Iori por la espalda y una energía dorada muy similar a sus llamas se estaba manifestando en la palma de sus manos.
La energía se convirtió en fuego y este viajó rápidamente por el cuerpo de Iori envolviéndolo, pronto el fuego escarlata los envolvió a ambos y la tela de los kimonos ardió inevitablemente volviéndose cenizas. Kyo seguía con los ojos cerrados intentando ignorar el dolor producido por los dientes de Iori que seguían aferrados a su cuello, debía ser cuidadoso con la forma en como conducía el fuego, por qué no quería quemar a Iori, no quería usar su fuego para destruir, sino para purificar. Una habilidad que, nunca había utilizado, pero que le pertenecía a su familia.
Las llamas púrpuras de repente aparecieron rodeando el cuerpo de Iori ¿Intentaba defenderse? Pensó Kyo, pero no podía detenerse, así que ignoró las llamas púrpuras que Iori estaba invocando y que ahora lo estaban rodeando. Comenzó a sentir el ardor del fuego de esas llamas ajenas en su piel y ahogó un segundo grito de dolor.
- Misetearu, Kusanagi no Kaen Harau Yusu – Exclamó Kyo abriendo los ojos, sus pupilas ahora tan doradas como el color de la energía que los envolvía.
Entonces, ambos estallaron en llamas por segunda vez. El fuego escarlata había consumido el fuego púrpura y había causado la enorme explosión, la onda del impacto hizo que varias tejas y tablas de madera del techo se desprendieran. El calor era suficiente como para haber creado un incendio instantáneamente, pero reuniendo toda la fuerza mental que podía, Kyo había controlado el avance de las llamas e impidió que quemaran la madera, luego de esto había quedado inconsciente en los brazos de Iori.
Cuando Chizuru volvió, los encontró a ambos desmayados, arrodillados en el tatami, la cabeza de Iori en el hombro de Kyo y esta a su vez sobre el hombro de Iori, un enorme circulo negro de madera quemada había teñido el suelo a su alrededor.
La sacerdotisa sonrió. Al parecer el plan había dado resultado.
Continuará...
Notas finales:
El Kurae yagare *-* , Este dibujo lo hice hace unas semanas, pero pues va acorde con la escena en la que Kyo trata de destruir la serpiente.
