Música para el alma

- ¿No vas a sentarte? – Preguntó Kyo, porque Iori continuaba sin reaccionar de pie aun sosteniendo la maleta, lo miraba como si Kyo tuviera monos danzando en su cara. – Es hora de cenar... ¿Es que acaso no tienes hambre? –

Iori dejó la maleta recostada en la pared junto con el estuche del bajo, se quitó los zapatos negros y quedó en medias en la alfombra, se quitó la chaqueta de cuero, para dejarla sobre una de las camas, llevaba una camisa negra de manga larga y su acostumbrada correa de cuero negro con una luna metálica pequeña colgando. Traía un pantalón ajustado de color vinotino, Kyo iba con un simple jean azul desteñido y roto en una rodilla y una camiseta de manga corta negra algo ceñida, Iori decidió sentarse en uno de los sofás frente a él.

- ¿Qué es todo esto? – Preguntó observando el contenido de la improvisada mesa, había varios onigiris de diferentes rellenos aún envueltos en el empaque y un sinfín de snacks de diferentes tipos, había paquetes de papitas fritas, vegetales, nueces variadas y una cajita de plástico con Sushi.

- El menú de mi restaurante – Dijo Kyo y Iori arqueó las cejas con expresión curiosa y confundida. ¿Qué demonios se le había metido en la cabeza a Kyo? Se preguntó mientras veía la cantidad de paquetes que había colocado en la mesa.

- ¿Tu restaurante solo tiene pescado? – Preguntó Iori, muy a su pesar, siguiéndole el juego.

- Es un restaurante de comida de mar – Continuó Kyo destapando los empaques de los onigiris y tirando el plástico en el tarro de basura – Esta vez es mi invitación a cenar –

- Ah... - Exclamó Iori quien por fin pareció caer en cuenta que era lo que Kyo pretendía, aquello era una venganza por el comentario que le había hecho en el restaurante francés – No quiero, no me gusta el menú – Agregó cruzándose de brazos.

Kyo lo miró arqueando las cejas en una expresión inquisitiva.

- ¿Qué vas a hacer? Soy un cliente, y el cliente siempre tiene la razón – Le indicó Iori y dejó escapar una risita. Un momento ¿Se estaba divirtiendo? ¿Cuándo era la última vez que había reído sin estarse burlando de alguien o destruyendo algo?

- Sabía que dirías eso – Se quejó Kyo y se agachó para sacar algo que había debajo del escritorio - ¡Carne seca! –

Iori observó la bolsa plástica con tiras de carne seca deshidratada y torció la boca meneando la cabeza.

- No me gusta la carne seca – Continuó con desdén. Kyo se inclinó hacia adelante y le dio un golpecito con el dedo índice en el tabique de la nariz, Iori dio un respingo dejando escapar un quejido con el repentino dolor.

- Oi, deja de quejarte y come – Le ordenó el moreno con el entrecejo fruncido, pero había una sonrisa algo traviesa en su boca.

Iori lo fulminó con una mirada densa como una pared hecha de concreto por haberle golpeado la adolorida nariz y se debatió si debía regresarle el favor y apretar su antebrazo justo en donde le había quemado la noche anterior.

Kyo destapó los paquetes de papitas, vegetales deshidratados y nueces y colocó los onigiris en un plato de icopor en el centro ignorando la intención asesina en la mirada de Iori. Destapó el contenedor de plástico donde estaba el sushi y separó los palillos de bambú con un suave 'click'. Iori hizo lo mismo con sus propios palitos y sirvió la salsa de soja que estaba en un sobrecito plástico en una copita.

- Itadakimasu (comamos) – Exclamaron casi al tiempo los dos.

- ¿Y el wasabi? – Preguntó el pelirrojo resignándose.

- ¿Eh? – Respondió Kyo y empezó a buscar entre los bolsillos de su jean – Estoy seguro de que lo... oh, ¡Aquí está! – El moreno encontró el sobrecito con wasabi en el suelo entre las bolsas del 7/11 y se lo entregó a Iori quien lo destapo y lo revolvió con la salsa de soya.

- Estás muy amable de repente – Dijo Iori luego de comer dos porciones de sushi de atún, no estaba tan mal para ser una cena congelada de una tienda de conveniencia, por supuesto el sushi fresco en un restaurante decente, sabía infinitamente mejor – Sospechoso -

- Qué dices, siempre soy amable – Respondió Kyo con medio onigiri de salmón en la boca – Tu eres el que siempre me provoca y saca lo peor de mí, por eso no conoces mi lado amable –

- Tsk... - Bufó Iori comiendo otra porción de Sushi. La verdad era que, había cierta razón en lo que Kyo decía, Iori no lo conocía más allá de los combates, siempre habían intercambiado insultos en la distancia antes de que sus fuegos se chocaran y explotaran. Se podía decir que conocía perfectamente su estilo de pelea y técnicas, pero más allá de eso, no sabía quién era Kyo.

Continuaron comiendo en silencio por un rato más, Iori observaba a Kyo con disimulo pues no quería que el moreno lo notara ¿Qué pretendía Kyo con esa improvisada cena? Tenía que haber algo más en sus intenciones, no confiaba en que hubiese querido darle una sorpresa así nada más, Kyo tramaba algo y no iba a permitir que lo tomara por sorpresa. El pelirrojo tomó un onigiri entrecerrando los ojos con desconfianza.

- ¿Por qué me miras así? – Dijo al fin Kyo – No está envenenado, si es lo que te estás preguntando– Agregó intentando hacer una broma, pero resultaba extraño intentar bromear en frente de él.

- Estás tramando algo – Respondió Iori y le dio un mordisco al onigiri relleno de atún con mayonesa.

- Me ofende que desconfíes de mi – Comentó Kyo encogiéndose de hombros su voz volvía a sonar engreída, se veía muy cómodo en el sofá. – Debería ser yo quien desconfiara de ti, al fin y al cabo, tú eres quien me busca todo el tiempo y me hostiga para pelear –

Iori se quedó mirándolo por unos momentos mientras masticaba lentamente, el onigiri tenía demasiada mayonesa y hubiese preferido que el atún tuviera un sabor más fuerte.

- No pretendas que te molesta que te busque – Dijo al fin luego de tragar.

- Es verdad... no me molesta – Confirmó Kyo y esta vez, Iori notó cierto sonrojo en sus mejillas, Kyo metió la mano y sacó unas nueces del paquete.

- ¿Qué estás tramando? – Insistió Iori que volvía a entrecerrar los ojos, Kyo se metió unas avellanas y almendras en la boca y frunció el ceño ante la pregunta.

- No estoy tramando nada ¿Es que no podemos cenar como personas normales? – Preguntó Kyo cruzándose de brazos por unos momentos con la mirada desafiante, parecía que se estaba molestando, quizás en cualquier momento estallaría algo en llamas pensó Iori sin bajar la guardia.

Kyo dejó escapar un suspiro y volvió a comer. Con sus palillos tomó otra porción de sushi.

- Dijiste que... las cosas volverían a ser igual una vez recuperara mi fuego y acabara el torneo – Comenzó a decir Kyo tomando unos hongos deshidratados del paquete de vegetales – Bueno pues ya recuperé mi fuego y el torneo empieza mañana... que esta sea nuestra última cena bajo esta tregua, no pasará nada porque no peleemos por una noche ¿No? –

Iori se sorprendió con su respuesta, realmente había creído que Kyo se traía algo escondido bajo la manga, pero imaginar que había ido al 7/11 y había planeado la improvisada cena, solo porque quería pasar un rato con él sin pelear, era algo que no esperaba. Realmente no se acostumbraba a ese Kyo 'amable', a ese Kyo que le había hecho una curación en la nariz. De repente deseó sentir sus dedos gentiles sobre su piel otra vez...

El castaño seguía comiendo en silencio con expresión acongojada, inclusive le pareció ver un puchero mientras se comía otro onigiri.

- ¿Qué hay en el menú de bebidas de tu restaurante? – Decidió preguntar, si iban a terminar con esa especie de tregua luego de esa noche, entonces aceptaba seguir su juego. Kyo levantó el rostro y su mirada se iluminó.

- ¡Mira lo que tengo! – Exclamó y se levantó del sofá, Iori le siguió con la mirada, Kyo había metido las bebidas en la pequeña nevera de la suite para que no se calentaran. Cuando regresó traía unas latas de cerveza y un pudín de fresa con helado en un pequeño plato de plástico, Kyo sonreía de oreja a oreja, Iori no salía de su asombro de verle así tan relajado y tranquilo en su presencia.

Un momento. ¿Significaba eso que Kyo no le tenía miedo? Iori siempre había querido infundir miedo en Kyo con su presencia, con sus amenazas a muerte y sus inesperadas apariciones en callejones solitarios, quizás porqué desde muy pequeño había internalizado la idea de que él era como una especie de demonio que lo atormentaba y que Kyo era, la persona normal de la historia.

- ¿Quieres postre? – Preguntó sentándose en el sofá de nuevo – Este pudín está genial, siempre lo comía al salir del instituto... - Comentó dejando las latas con cerveza a un lado de los paquetes de snacks – Oh... pero me he olvidado de las cucharitas –

Iori tomó el pudín con una mano y le dio un mordisco comiéndose la mitad de la bola de helado sin importarle la falta de cucharas.

- Oi, ¡No te lo comas todo que solo hay uno! – Se quejó Kyo y se estiró para quitárselo de las manos. Como era de esperarse, el pudín perdió su consistencia gracias al mordisco y comenzó a desquebrajarse – ¡Lo has estropeado! –

Kyo se apresuró a comerse el resto del pudín que ahora se le había resbalado por entre los dedos. Iori no pudo evitar una risita baja cuando le vio comiéndose el pudín aparatosamente, el helado le había manchado la camisa negra y le había resbalado por el antebrazo. Kyo Kusanagi era un idiota.

Pronto el sushi y los onigiris desaparecieron y solo quedaron algunos pocos snacks a medio terminar. Kyo se había lavado las manos luego de comerse el pudín y había limpiado un poco el escritorio porque había quedado untado de helado. Iori tomó una de las latas con cerveza y la destapo con un movimiento perezoso, no debería estar bebiendo alcohol otra vez pensó, aún le quedaba algo de resaca del vodka.

- ¿Has traído el bajo? – Dijo Kyo de repente saltando por encima de la cama para tomar el bajo que estaba guardado en su estuche de terciopelo negro – A ver, toca algo para mí –

- ¿Estás loco? – Preguntó Iori siguiéndolo con la mirada, Kyo se sentó en el sofá con las piernas abiertas de par en par con como si estuviese viendo televisión un domingo por la mañana en su propia casa.

- ¿Tienes algo mejor que hacer? – Preguntó con expresión traviesa, Iori le arrebató el bajo de las manos temiendo de que lo fuera a estropear de alguna manera. Con el ceño fruncido lo sacó del estuche con cuidado. Kyo destapó una cerveza también y se quedó mirándolo expectante.

Iori se dio cuenta de que no iba en broma, de verdad estaba esperando que tocara algo. De repente Iori se encontró sintiéndose un poco cohibido pues no sabía que iba a tocar así de repente. Generalmente antes de tocar algo con su banda practicaban por horas y que le pidiera que tocara algo sin practicar lo ponía algo nervioso. Por supuesto no le iba a demostrar que estaba nervioso. Carraspeó y se colocó el bajo rojo sobre las rodillas y comenzó a afinarlo.

Kyo se llevó la cerveza a la boca mirándolo con interés mientras esperaba. Iori intentó no prestarle atención a las mariposas que de repente parecían haberse materializado en su estómago.

Comenzó a tocar, Otherside de la banda Red Hot chilli peppers que recordó en el momento. No era el tipo de música que tocaba normalmente con su banda, pero los acordes eran sencillos y seguían un ritmo coherente, a veces con el Jazz, la improvisación era indispensable y se necesitaba del acompañamiento de los otros instrumentos, para que lo que saliera del bajo también tuviera sentido. Kyo se quedó mirándolo como embelesado, observando con detalle el movimiento de sus dedos sobre las cuerdas.

- ¿Otherside? – Exclamó Kyo sorprendido con la elección de canción – Eh... pensé que tocarías algo de Jazz –

- ¿Los conoces? – Preguntó Iori alzando el rostro.

- ¿Quién no? – Respondió Kyo con una pregunta – Son famosos en todo el mundo –

- Si, pero no tanto en Japón – Continuó Iori sin dejar de tocar.

- Me gusta el rock – Dijo Kyo encogiéndose de hombros llevándose la cerveza a los labios de nuevo – Aunque prefiero bandas locales -

Iori continuó tocando la canción, recordando que en efecto Kyo sabía tocar la guitarra, por un momento lo había olvidado, tenía sentido que le gustara el rock y que conociera la banda. Cuando terminó Kyo se quedó mirándolo pensativo.

- ¿Puedo? – Le pidió estirando el brazo, Iori lo dudó un momento, pero terminó por pasarle el bajo – No es lo mismo que la guitarra, pero creo que puedo tocar algo... -

Dejó la cerveza sobre la mesa, acomodándose con el bajo entre sus brazos. Comenzó a tocar algo y luego pareció arrepentirse. Volvió a tocar un par de notas y meneó la cabeza con expresión frustrada, no debía ser fácil volver a tocar luego de tanto tiempo sin practicar, Iori imaginó que, debido al secuestro, Kyo llevaba años sin tocar un instrumento. El moreno batalló con las notas por un buen rato hasta que por fin pareció satisfecho.

Comenzó a tocar unos acordes que Iori inmediatamente reconoció como los acordes de una guitarra, esa no era una partitura para bajo, pero supuso que Kyo solo sabía las notas de la guitarra. No sonaba mal, simplemente sonaba más bajo que el timbre de la guitarra, pero la canción era reconocible.

- Advice, The Pillows – Comentó Iori al reconocer la canción, The Pillows no era tan famoso, pero tampoco era del todo underground en Japón. Kyo asintió con la cabeza, había una sonrisa en su rostro, parecía de repente muy contento de poder tocar el instrumento y Iori notó que su sonrisa era tan pura como la de un niño, no había malicia ni segundas intenciones en esa sonrisa, era como si la máscara arrogante que siempre cubría su cara se hubiese desmoronado y ahora hubiera un chico de 20 años disfrutando del momento sin preocupaciones.

Era como ver un espejo de sí mismo cuando tocaba, Iori había descubierto desde temprana edad que la música tenía el poder de liberarlo de las ataduras del mundo, cuando tocaba con su banda, podía quitarse la máscara también. Nunca pensó que Kyo fuera como él en ese aspecto y siempre imaginó que el Kyo arrogante y engreído del ring, era el único Kyo que existía.

El moreno comenzó a cantar la canción y el pelirrojo se encontró de nuevo absorto en el descubrimiento de como sonaba la voz de Kyo al cantar. Era como si hubiese entrado en un universo paralelo, su cerebro reconocía esa voz y los gestos de su cara, pero no lo conectaba con los recuerdos en su mente, sus recuerdos de esa voz eran de gritos llenos de furia acompañados de explosiones.

Fácilmente te enojas por tonterías,
Toma eso en serio, porqué es importante,
¡Por favor, no pierdas la paciencia, no te emociones,
Todavía tengo mucho más que decirte.

Quiero verte de nuevo algún día...
¡Así que déjame en paz! ¡Fuera de aquí!

Eres un bueno para nada, y también un burlón,
Estás podrido por dentro y por fuera,
¡Arréglate un poco! ¡¿No te da vergüenza?!
No me disgustas, pero no hago amigos.

Quiero verte de nuevo algún día...
¡Así que déjame en paz! ¡Fuera de aquí!

La letra de esa canción era... como si se la estuviera dedicando. ¿La había escogido a propósito? Era agresiva y burlona a la vez, el ritmo parecía ir perfectamente con la personalidad de Kyo. Qué singular era escuchar algo que transmitía perfectamente la esencia del castaño.

Todo el mundo me dijo que estaba equivocado,
¡No tengo nada que ver con eso!
Me dieron muchos consejos,
¡No quiero tener nada que ver contigo!

- ¿Eh? - Kyo se detuvo, tan concentrado estaba cantando la canción con los ojos cerrados, que los dedos de Iori en su mentón lo sobresaltaron y cuando entendió lo que estaba pasando, Iori lo estaba besando.

Continuara.