Había tomado las escaleras de emergencia por qué no quería encontrarse a nadie en el ascensor o en los pasillos, Kyo solo tenía una cosa en la cabeza y era como haría para vengarse por la humillación que acababa de experimentar en manos de Iori. ¿Cómo se atrevía a llamarlo sumiso? El bastardo creía que podía darle órdenes y someterlo a su voluntad, ¡Pues estaba muy equivocado! Kyo Kusanagi nunca se doblegaba ante nadie!

¡Un inesperado fuego estaba ardiendo en su interior con la idea de contratacar!

Luego de que los efectos del orgasmo se habían disipado, Kyo había saltado de la bañera hecho una furia y había salido del baño dando traspiés. Se había vestido con lo primero que encontró en su maleta y había salido de la habitación sin mediar palabra con el pelirrojo.

Mientras bajaba las escaleras sumido en sus pensamientos, escuchó una voz familiar, se detuvo antes de doblar la esquina y vio a Shingo... ¿Besando a Yuri? Kyo abrió los ojos con la sorpresa, la imagen había sido tan inesperada que se había quedado con el pie en el aire antes de continuar en el siguiente escalón. Shingo tenía los brazos a ambos lados de su cuerpo y parecía más una estatua tiesa que una persona viva. Yuri se había empinado para alcanzar los labios de Shingo y tenía las manos entrelazadas en la espalda.

Shingo estaba tan colorado como un tomate maduro y Kyo sonrió, sintiéndose honestamente, contento por él.

- Je je moetarou? – Exclamó Kyo y por poco le da un paro cardiaco a Shingo que saltó hacía atrás separándose de Yuri que quedó sorprendida besando el aire. - ¡Hey! –

- ¡Ku...kusanagi-san! – Exclamó Shingo y la sonrisa de Kyo se ensanchó más al ver la vergüenza reflejada en su rostro. Yuri se llevó una mano a los labios con la sorpresa al ver a Kyo bajando por las escaleras.

- No se preocupen y continúen en lo suyo – Dijo Kyo con una sonrisa traviesa, Shingo se miraba los zapatos y Yuri soltó una risita aún con una mano en la boca. Kyo continuó bajando las escaleras y antes de llegar al otro piso, se giró para mirarlos – Hacéis una bonita pareja – les dijo con un guiño antes de continuar.

Si alguien merecía estar en una relación bonita y ser feliz, era Shingo Yabuki, el muchacho era la definición de honestidad, inocencia y buenas intenciones, Kyo creía que, de salir en serio con Yuri, su discípulo se convertiría en el mejor novio del mundo. Se encontró recordando los meses que pasó viviendo con Shingo mientras llegaba al primer piso, a pesar de que Kyo había sufrido de depresión y ansiedad durante ese tiempo, Shingo era lo que lo había mantenido anclado a la realidad.

Si no hubiese tenido a Shingo a su lado ¿Habría podido sobrevivir a esa espantosa sensación de vacío y tristeza que le carcomía el alma cada que pensaba en que le habían robado lo que definía su existencia? Shingo le había aceptado sin fuego, había sido su confidente y le había tenido una paciencia infinita.

Ahora que había recuperado su fuego y luego de haber liberado a Iori del riot con esa técnica purificadora milenaria, sentía como si volvía a ser el mismo, el Kyo débil y miserable era cuestión del pasado.

Volvió a pensar en Iori y en su sonrisa ladina y arrogante, recordó de nuevo lo que le había dicho en la bañera, como se había burlado de él, no podía distraerse pensando en Shingo y Yuri en ese momento, tenía una misión que cumplir ¡Vengarse del pelirrojo!

Con una sonrisa maliciosa entró en el lobby, sorteando la gente que había allí, la mayoría eran huéspedes que recién llegaban a registrarse o que se iban del hotel, por lo que había maletas por todas partes.

- ¿En quién estás pensando con esa sonrisa? – La voz de Benimaru lo sacó de sus pensamientos y se encontró con el rubio que venía caminando en su misma dirección, al fondo vio a K' quien cargaba una caja con cervezas.

- ¿Eh? En nadie en particular... - Respondió Kyo colocando una expresión neutral de inmediato.

- Vamos a compartir un par de cervezas con Terry y los demás en la azotea ¿Te unes? – Le ofreció Benimaru colocándole una mano en el hombro – Oh... Kyo... ¿Es eso un mordisco? –

Kyo cayó en cuenta que no tenía la gaza puesta en el cuello y el mordisco de Iori cuando estaba poseído por el riot era evidente. La piel estaba enrojecida, aunque había cicatrices, se podía notar que la mordida había sido bastante profunda.

- ¿Ya...yagami te hizo eso? – Benimaru no salía de la sorpresa, ahora le miraba el brazo con las quemaduras y parecía entonces atar cabos y recordar que le había visto la gasa en el cuello desde la primera vez que lo habían ido a visitar al templo de Kagura.

- Si... - Aceptó Kyo sin tener forma de ocultarlo – Sabes que Yagami no pelea limpio – Dijo mostrándose apático, como si no fuera la gran cosa. Benimaru entrecerró los ojos sin decir nada – Justo iba al 7/11 a comprar más vendajes y antiséptico –

- ¿Estás seguro que quieres pasar la noche antes del torneo con Yagami? – Le preguntó el rubio llevándose una mano a la cintura, había preocupación en su mirada.

- No pasa nada, ya te dije que Yagami quedó peor, además... ¿Es que acaso perdiste la fe en mí? Soy Kyo Kusanagi, le pateé el trasero a Rugal y a Orochi – Le recordó Kyo con expresión engreída, Benimaru empezó a menear la cabeza aún con las manos en la cintura, K' se acercó en ese momento hasta ellos.

- Oi, si Kusanagi viene, no cuentes conmigo – Su voz sonaba molesta, llevaba puesta unas gafas de sol anaranjadas a pesar de que estaban dentro del lobby y no había sol.

- ¡Jmm!, estás de suerte entonces – Respondió Kyo con voz altanera y le dio un estrujón a K' con el hombro al pasar por su lado – Nos vemos en el ring – Dijo, mirando de medio lado a Benimaru, aunque lo que había dicho iba para K'.

Iori se había quedado en la bañera sorprendido con la reacción de Kyo, por un momento había creído que, se volverían a besar y que continuarían lo que él había empezado, estaba seguro que Kyo lo había disfrutado, sin embargo, el castaño había saltado de la bañera como un gato que odia el agua y había salido corriendo de la habitación un poco después. Parecía molesto de verdad.

Ahora que lo pensaba, Kyo parecía un gato arisco, tenía un genio impredecible, le gustaba el pescado crudo y para colmo, era perezoso. Definitivamente la personalidad de un gato. El pelirrojo se encontró saliendo de la bañera, muy a su pesar, sintiéndose frustrado con su propia excitación, haber provocado a Kyo de esa manera y haberle tenido temblando de placer entre sus brazos le había dejado con ganas de continuar, por supuesto que él no se sentía satisfecho.

Con un bufido malhumorado se vistió con una sudadera suelta con la que pensaba dormir y se quedó sin camisa. Como no tenía nada interesante para hacer y no sabía si Kyo volvería, decidió limpiar un poco la habitación. Había bolsas y restos de comida por todo lado, cualquiera diría que un par de animales habían comido en esa habitación. Meneó la cabeza con desaprobación y se pasó los siguientes 20 minutos recogiendo todo el desorden. Cuando terminó Kyo aún no regresaba, por lo que había sacado el Bajo del estuche y se había puesto a practicar recostado en una de las camas.

Mientras tocaba una improvisación, sin prestarle mucha atención a las notas, intentaba olvidar la frustración que sentía, no quería aceptar que deseaba continuar el asunto con Kyo, por qué no quería ser él quien lo buscara de nuevo. De alguna manera, sentir esa 'necesidad' le hacía hervir la sangre, le hería el orgullo, él quería que Kyo fuera quien lo deseara, así como le había hecho rogar en la bañera.

Ese era el lugar de Kyo. En su imaginación, el moreno era quien necesitaba su presencia y no al contrario.

Miró la hora en el reloj que había sobre la mesita que separaba ambas camas y que tenía una lámpara, iban siendo las 9 de la noche ¿Dónde diablos se había metido? ¿Por qué se había ido así sin decir nada? ¿Quién se creía que era?

Súbitamente se dio cuenta a adonde estaba llegando con esa cadena de pensamientos en su mente y sus manos dejaron de tocar el bajo. Sonaba como...

- Kuso! – Murmuró con el ceño fruncido, sonaba como si tuvieran un tipo de relación.

Colocó el bajo en la cama continua y se dejó caer hacía atrás en la cama odiándose así mismo por pensar tan siquiera en la palabra 'relación', junto al nombre de ese idiota.

Finalmente escuchó el sonido de la puerta al abrirse y pasos de alguien entrando, el pelirrojo se sentó en la cama, con expresión molesta, vio como Kyo regresaba con más bolsas del 7/11. Kyo se había quitado los zapatos para ponerse las pantuflas blancas del hotel y los había dejado al lado de la puerta, traía una chaqueta delgada de cuero negro y bajo ella una simple camiseta blanca y unos jeans azul índigo.

Iori se tragó el reclamo que pensaba hacerle y simplemente lo miró con el ceño fruncido. Kyo no le dio ninguna explicación por la inesperada salida y se sentó en la cama continua, quedando frente a él. El moreno sacó una botella con antiséptico, gasas, espadrapo y curitas. Iori vio como untaba alcohol en un algodón y se lo aplicaba en la quemadura del brazo que ya se veía bastante bien, la piel había sanado rápidamente para solo haber pasado un día. Le vio ponerse un nuevo vendaje en el brazo en silencio.

Iori comprendió que había ido a comprar más vendajes debido a que el anterior se había mojado. Cuando Kyo hubo terminado, levantó la mirada y estiró la mano para tomar su rostro, Iori instintivamente quitó la cabeza para que no lo tocara.

- Déjame ver tu nariz – Dijo Kyo, su expresión era tranquila – Ya ha pasado un día, hay que cambiar la gasa – Continuó, Iori había olvidado la herida en su nariz, su mente estaba perdida en otras cosas. El castaño se acercó un poco más y le retiró el cabello rojo de la cara para ver la nariz mejor. – Um... no se ve bien... creo que ha empeorado –

- ¿En serio? – Dijo Iori llevándose la mano a la nariz, sentía poco dolor a comparación del día anterior, pero francamente no se había visto en el espejo con detenimiento como para fijarse si la hinchación estaba peor.

- Acuéstate boca arriba – Le indicó Kyo tomando unos copitos de algodón. Iori lo dudó por unos segundos, pero decidió dejarse ayudar, al fin y al cabo, se sentía bien que esas manos le atendieran las heridas con gentileza. Se acostó cuan largo era en la cama, Kyo se sentó a su lado y comenzó a retirar la gaza lentamente. La gaza haló la piel, aunque el castaño estaba siendo cuidadoso y Iori cerró los ojos anticipando el dolor.

Con los ojos cerrados, sintió los dedos de Kyo palpando su nariz, decidió quedarse con los ojos cerrados para no tener que verle la cara, no era que le diera vergüenza o que no pudiese sostener su mirada, pero era más fácil cerrar los ojos. Intentó relajarse, si se tensionaba, iba a doler más, pensó. Escuchó como Kyo revolvía la bolsa y sacaba cosas, luego sintió los copitos de algodón limpiándole la sangre seca de la nariz y luego algo había aprisionado sus muñecas juntas.

¿Qué demonios?

Abrió los ojos de par en par y lo primero que notó fue la sonrisa maliciosa de Kyo. Lo segundo que notó, fue que, Kyo había usado cinta quirúrgica para sellar sus muñecas atándolas juntas. Iba a protestar, cuando Kyo había saltado sobre él con la agilidad digna de un gato y había tomado sus muñecas y con las vendas que había comprado las había amarrado a la cabecera de la cama.

Iori se encontró atado de repente, su cerebro tardando en procesar, que carajos estaba pasando, porqué todo había pasado muy rápido.

- ¿Qué estás haciendo? – Dijo al fin, intentando zafarse, pero era cinta quirúrgica y vendas, si halaba, lo único que lograría sería que el material le tallara la piel, no había forma de romperla a la fuerza, la única forma de liberarse sería que las quemara con su fuego.

- No te atrevas a usar el fuego en la habitación – Le advirtió Kyo como adivinando sus pensamientos – Reglas del hotel, no mías –

- ¿Qué diablos crees que estás haciendo? ¡Suéltame imbécil! – Le ordenó moviendo su cuerpo de un lado para otro como un gusano en la cama, pero la cinta no cedía.

- Si sigues halando te vas a cortar la circulación, no seas estúpido – Le informó Kyo, la sonrisa traviesa aún adornando su rostro.

- ¿Qué pretendes? – Preguntó el pelirrojo con el ceño fruncido.

- Bien... ahora que estás en el lugar que te mereces – Comenzó Kyo, haciendo énfasis en la palabra 'mereces', se puso de pie y agregó – Qué empiece la lección –

- ¿Lección? ¿Qué mierda se te ha metido en la cabeza? – Inquirió Iori, pero Kyo había traído otra bolsa del 7/11 y había sacado algo que parecía el empaque de... ¿Una paleta de helado?

Kyo le miraba con expresión traviesa y sonreía, una sonrisa que le hizo sentir nervioso muy a su pesar.

Continuará.