Kyo seguía mirándole con esa misma expresión traviesa, Iori sabía lo que significaba esa sonrisa y no confiaba para nada que fuera a ser nada bueno. La primera vez que había visto esa expresión, le había quemado el pecho y la última vez había terminado con la nariz casi rota. Aunque no era como si le molestara el dolor, especialmente en ese contexto.

Siguió sus movimientos con expresión expectante, el castaño había traído un paquete y lo estaba destapando con parsimonia, sacó una paleta de helado color azul y se la llevó a la boca y sin dejar de mirarlo, se sentó a horcajadas sobre él.

- ¿Qué demonios crees que estás hacie...! – Comenzó a protestar Iori de nuevo y Kyo le metió la paleta de lleno en la boca.

- ¡Shh! – Lo calló y de no haber estado atado a esa cama, Iori habría estallado esa habitación en llamas por tan si quiera atreverse a callarlo de esa manera. Lo miró con el ceño fruncido, si las miradas pudieran matar, Kyo ya estaría tres metros bajo tierra. Kyo no pareció afectado por la intensión asesina en su mirada.

El castaño dejó la paleta dentro de su boca y Iori sintió como se le congelaba la lengua, la paleta tenía sabor a menta y arándanos. Muy a su pesar, tuvo que chupar la paleta, porque de lo contrario se iba a ahogar con su propia saliva. Kyo ladeó la cabeza con una sonrisita maliciosa.

- Te queda bien – Dijo de pronto, sin retirar la paleta de su boca – Chupar

Iori le dio un mordisco a la paleta y la partió por la mitad hecho una furia, sin darse cuenta sus mejillas se habían sonrojado y odió esa sensación de vulnerabilidad que le causaba ser consciente de ello. El frío de la paleta cuando la masticó le congeló el cerebro por unos momentos enviándole un agudo dolor al entrecejo. Kyo lo notó y rio con ganas, inclusive se secó una lagrimita que le había salido del ojo derecho con la risa.

El castaño se llevó la mitad que quedaba de la paleta a la boca y le dio un mordisquito pequeño, por un lado.

- Temee (Maldito) – Murmuró Iori cuando se había tragado el pedazo de paleta, aún sentía los dientes y la lengua congelada. El moreno le colocó la punta de la paleta mordida en el ombligo sin mediación y Iori no pudo evitar dar un respingo cuando el frío le había enviado un escalofrío por el estómago.

Kyo comenzó a mover la paleta por su estómago, haciendo que Iori cerrara los ojos y se estremeciera tensionando los músculos con la sensación helada que causaba, comenzó a subir por la mitad de su torso, entre sus pectorales, dejando un rastro húmedo y pegajoso por el dulce. El pelirrojo se arqueó hacía adelante con la sensación y haló las manos, la cinta quirúrgica se le enterró en la piel y las vendas no cedieron.

Aquella era la primera vez que se encontraba en esa situación. Vulnerabilidad, no era algo a lo que estuviese acostumbrado a sentir, estar atado y a merced de Kyo era una experiencia completamente foránea para él, no solo porqué era Kyo quien le había atado, sino porqué él jamás había estado en una posición sumisa con nadie. De todas las veces en las que se había llegado a alguien a la cama, Iori siempre mantenía el control de la situación, siempre era él quien tomaba la iniciativa y hacía lo que quería.

Esa sensación de incertidumbre le estaba jodiendo la cabeza.

Kyo se volvió a llevar la paleta a la boca y comenzó a buscar algo en la bolsa, Iori giró el rostro intentando ver qué era lo que estaba sacando y cuando notó que era, se revolvió con más fuerza en la cama, pero las piernas de Kyo a ambos lados de su cintura y su peso impedían que sus movimientos fueran demasiado bruscos.

Kyo tenía una máscara para dormir de color negro, de las que vendían en las tiendas de conveniencia, el moreno tomó su cabeza con brusquedad porque Iori se debatía para no permitir que se la pusiera, pero pronto se encontró con los ojos vendados.

Entonces Iori realmente sintió como si el peso de la situación de repente le cayera sobre los hombros. Estaba a merced de Kyo, literalmente. No había nada que pudiese hacer al respecto. A no ser claro que usara sus llamas para quemar las vendas, pero crear fuego cerca de tela y un montón de cosas combustibles era una idea terrible. La experiencia con el extintor y con la alarma de incendios en semanas anteriores eran prueba de ello.

Privado de su sentido de la visión, súbitamente, sus otros sentidos se alertaron, podía escuchar los movimientos de Kyo, el sonido de la bolsa, el olor a menta de la paleta, sus manos cogiendo algo, de nuevo silencio y entonces, algo frío en su pecho ¿Era la paleta de nuevo? Se preguntó por unos instantes, entonces notó que la textura era diferente, parecía algo metálico, la superficie era redonda y suave.

El objeto recorrió su pecho de nuevo y subió por su cuello, no estaba tan frío como el helado, pero si era lo suficiente como para mandarle escalofríos cada que hacía contacto con su piel.

- Déjate de juegos y desátame – Le ordenó, cuando el objeto metálico se había presionado contra su mejilla.

- ¿Porqué? ¿Por qué no te gusta estar indefenso? – Se burló Kyo retirando el objeto de su cara - Ya te dije que te daría una lección - continuó y Iori volvió a escuchar el sonido de la bolsa de plástico.

- ¡Suéltame maldita sea! – Le gritó con la voz más fiera posible.

- ¡Shh! – Esta vez la mano de Kyo se había posado sobre su boca y le había callado, la otra mano estaba en su cuello y estaba ejerciendo presión sobre su tráquea, por lo que no pudo decir nada más, así hubiese querido. Iori se debatió moviendo su cabeza de un lado para otro. La mano de Kyo le presionó el cuello con más fuerza. Iori sintió que se ahogaba.

- Así me gusta – Murmuró Kyo cerca de su oreja. Ese susurro le envió un escalofrío por la espalda. Kyo le soltó al cabo de unos minutos, cuando le pareció que no iba a seguir debatiéndose y Iori no pudo evitar toser, intentando recuperar el aire.

- Ki...sa..ma – Logró decir y entonces sintió un nuevo objeto. Este era suave y no estaba frío. Escuchó el sonido de un cascabel romper el silencio en el que se había sumido la habitación y la suave textura volvió a recorrerle el pecho produciéndole cosquillas. Avergonzado y suprimiendo una risita, se arqueó hacía adelante, intentando escapar la sensación, pero Kyo no mostró ninguna piedad frente a su predicamento y continuó jugueteando en su estómago para luego bajar con la plumita hasta el borde del pantalón de sudadera.

El cascabel le recordó finalmente a algo ¿Era eso un juguete para gatos? El cascabel y la pluma, tenían que ser parte de un juguete. ¿Qué tanta mierda vendían en el 7-11? Frunció el entrecejo deseando saber que iba pasar a continuación. No iba doblegar su voluntad, por supuesto, pero eso no significaba que no se sintiera curioso frente a lo que iba a hacer Kyo, además, su cuerpo había respondido acorde a esos juegos, se sentía duro y apretado contra la tela de sus boxers.

Luego de jugar otro rato con la plumita en sus abdominales, sintió que las manos del castaño le bajaban los pantalones y posteriormente la ropa interior, de repente se sintió expuesto cuando su parte baja fue liberada. Se mordió el labio inferior con anticipación, Kyo había continuado jugando con la plumita, bordeando su entrepierna erguida, logrando que su cuerpo temblara ligeramente con el contacto. Iori no quería caricias suaves ni cosquillas, ¡Quería que el moreno lo tomara con fuerza!

Pero no iba a pedírselo, sabía que Kyo se estaba vengando por lo ocurrido en el baño, de una manera retorcida, ese era su contrataque, aquello no era distinto a una pelea y el pelirrojo no estaba dispuesto a doblegar su voluntad o mostrarse sumiso por primera vez en su vida, especialmente no con su rival. Además, conociendo a Kyo, se lo iba a restregar en la cara por semanas si se lo permitía.

Sin darse cuenta estaba pensando en Kyo a largo plazo, como si eso que estaba pasando entre ellos se fuera a repetir. Iori debía recordar que, esa noche era la excepción de la regla y que cuando comenzara el torneo, sus vidas iban a volver a tomar su curso natural de las cosas.

Entonces escuchó el sonido de la hebilla de una correa desabrocharse, luego una cremallera y luego tela ¿Qué demonios estaba haciendo Kyo ahora?, ya no sentía la plumita ni escuchaba el cascabel, ¡Odiaba no poder ver lo que hacía! Esa sensación de no poder hacer nada más que esperar, lo frustraba sobremanera.

Algo se presionó contra sus labios, Iori arqueó las cejas cuando logró identificar lo que era.

Maldito Kyo, lo iba a matar apenas pudiera liberarse de sus ataduras.

- Abre la boca – Le ordenó Kyo, su voz sonaba más baja de lo normal, más masculina – Sabes que no te puedes resistir –

Iori se encontró abriendo la boca y recibiendo el miembro de Kyo. El moreno soltó una exhalación cuando Iori había tomado casi toda su envergadura.

- Además... sé que te gusta – Murmuró Kyo con voz entrecortada.

Aquella era la primera vez que lo hacía, a pesar de que antes se hubiese acostado con otros hombres, él pelirrojo siempre recibía la atención de sus amantes en ese sentido. Pero se encontró lamiendo y chupando el miembro del castaño sin reparos, como si su cuerpo hubiese reaccionado naturalmente por impulso y supiera que hacer sin tener que pensarlo.

Sintió como Kyo temblaba y como su respiración entrecortada se aceleraba al ritmo que el imponía con su boca, descubrió lo mucho que disfrutaba ser el responsable de esa reacción en Kyo. Deseó ver su rostro excitado, y maldijo mentalmente el hecho de que aún continuara con los ojos vendados.

- S...suficiente – Logró decir Kyo retirándose y Iori estuvo seguro de que, había estado cerca otra vez, por lo que sonrió complacido al saber que Kyo perdía el control aún en esa situación.

- Pretendes tener el control – Comenzó a decir Iori con sorna – Pero la verdad es que, tuviste que atarme – Continuó mientras escuchaba la respiración agitada de Kyo – Es de la única manera en la que puedes tener algo de control –

De repente el castaño le arrancó la máscara de la cara y pudo ver sus ojos avellana fúricos, de nuevo estaba sobre él, su rostro colorado por la excitación y el cabello cayéndole a los costados de su cara, una visión que nunca se cansaría de ver.

- ¿Qué? Sabes que tengo razón – Continuó Iori con una sonrisa torcida – Si me sueltas sabrás quien es realmente el que está en control de esta situación –

- No estás en posición de exigir nada – Murmuró Kyo quien parecía debatirse mentalmente sobre lo que pensaba hacer a continuación. Por unos momentos Iori creyó que no haría nada, seguía mirándolo con su intensa mirada oscura, como en un reclamo silencioso, pero entonces se inclinó para besar su cuello. Iori cerró los ojos cuando Kyo comenzó a recorrer su quijada con sus labios dándole pequeños mordiscos entre besos, su cuerpo tiritó inconscientemente cuando sus labios habían alcanzado su oreja.

El pelirrojo no se había dado cuenta de cuan sensible era en el cuello hasta ese momento. El aliento de Kyo le enviaba cosquillas y escalofríos cada que mordisqueaba la piel con suavidad. Los labios de Kyo volvieron a recorrer su mandíbula y llegaron hasta su mentón, entonces Iori estiró la cabeza para alcanzar sus labios y besarlo, pero Kyo se hizo para atrás y no se lo permitió.

El moreno volvió a acercarse, lo suficiente para que sus labios se tocaran, pero cuando Iori intentó besarlo, había vuelto a retirar su cabeza dejando escapar una risita. Iori lo miró con frustración. Kyo le mordió el mentón y comenzó a bajar por su cuello otra vez hasta llegar a su clavícula, lamió el recorrido que antes había hecho con el helado, un camino que sabía a menta y arándanos mezclado con el sudor de su piel.

El corazón de Iori latía con más fuerza y su respiración se aceleraba conforme Kyo seguía recorriendo con esa lengua húmeda su estómago hasta llegar al ombligo.

Cuando estuvo a la altura de su entrepierna, Iori creyó que la tomaría sin decirle nada, pero Kyo se había detenido y el pelirrojo supo que, si no se lo pedía, el castaño no le daría el placer que tanto necesitaba.

- ¿Qué quieres que haga? – Dijo Kyo con una expresión pícara.

Maldiciendo internamente por tener que poner en palabras sus deseos, le miró con el ceño fruncido y unos ojos llenos de rabia y frustración contenida.

- ¡Hazlo! – Le ordenó, no le iba a 'rogar', le iba a ordenar que lo hiciera.

Kyo obedeció sin protestar y tomó la punta despacio, para luego engullirlo todo. Iori sintió como si todo su cuerpo se tensionaba e irguió sus caderas hacía arriba intentando ir más profundo en su boca. La sensación era difícil de describir, ¿Cómo poner adjetivos a algo que no había sentido con tanta intensidad antes? Iori ni siquiera podía pensar con coherencia ahora que los labios de Kyo subían y bajaban por su hombría.

Todo lo que había estado pensando sobre quien tenía el control y quien no, dejó de tener importancia, porque en ese momento, Iori tenía una sola cosa en mente y era alcanzar el orgasmo en la boca de Kyo.

Haló las manos con tanta fuerza que la cinta quirúrgica se hundió en la piel de las muñecas hasta que se le puso roja con la sangre acumulada. Esa dulce agonía lo estaba matando lentamente y en esos momentos, no le importó nada más que sentir esos labios en su entrepierna.

Sintió las manos de Kyo en su vientre, las yemas de sus dedos se sentían progresivamente más calientes ¿Estaba encendiendo su fuego? Iori no estaba seguro, tampoco podía pensar con claridad, solo podía sentir como la piel se calentaba hasta un punto en el que se volvía doloroso. Un inesperado contraste delicioso con el frío que había sentido momentos atrás gracias a la paleta. Kyo lo acarició con firmeza en el estómago y subió con sus manos por el pecho, sin desatender su entrepierna.

Los dedos de Kyo le quemaban la piel y Iori se encontró con una inusual revelación, ese dolor lo excitaba aún más. El dolor le enviaba al borde de un umbral en donde se confundía con el placer, una combinación desquiciante que solo Kyo podía producir.

- ¡Kyo...! – Gruñó cuando el placer fue demasiado y el moreno se detuvo abruptamente, irguiéndose un poco para mirarle, se relamía los labios como si hubiese estado comiendo un helado cremoso y no su entrepierna. – ¡Bastardo! –

El moreno jugueteó con sus dedos ardientes en su cuello, el pelirrojo sintió como le quemaba la manzana de adán y tragó saliva ante la sensación, podía sentir como su miembro temblaba de anticipación.

- ¡Pídelo! – Le ordenó Kyo con los ojos entrecerrados.

- ¡Te voy a matar! – Gritó el pelirrojo, pero su voz no sonaba tan fiera con la respiración entrecortada.

- Seguro, puedes matarme luego, pero primero quieres correrte ¿No? – Comentó Kyo con una expresión altanera.

- ¡Suéltame, maldición! – Exclamó una vez más el pelirrojo halando sus brazos con fuerza, la madera de la cama traqueó, pero no cedió.

- Podemos quedarnos así toda la noche – Continuó Kyo quien seguía jugueteando con sus manos, ahora sentía como los dedos le quemaban los costados de su cintura, Kyo apretaba en algunas partes, dejando que el dolor se extendiera por sus nervios y luego retiraba los dedos para volver a acariciar suavemente haciéndole sentir un hormigueo en la piel. El dolor iba y venía en oleadas acompasadas y era intercalado con caricias suaves.

Iori cerró los ojos con el ceño fruncido y la nariz arrugada, estaba demasiado cerca y esas caricias le estaban llevando al límite, pero deseaba, no necesitaba, sentir su boca, quería correrse en su boca. Quería ver la cara de Kyo engullendo su entrepierna mientras se corría.

- Hazlo con tu boca... - Dijo al fin, girando su rostro hacía un lado, sin poder mirarlo, su voz sonó trémula, sus mejillas coloradas con el intenso sonrojo que le producía la vergüenza de tener que rogar por alivio.

Kyo sonrió y no se hizo esperar, como si estuviese deseando eso con ganas también, su boca volvió a tomar su entrepierna, reanudando el ritmo que llevaba y con la intensidad de lo que le pareció una explosión nuclear, Iori alcanzó el orgasmo en su boca.

En algún punto sus miradas se habían cruzado y Kyo le había mirado de manera intensa y desafiante mientras paseaba su lengua por su hombría. Arqueó su espalda todo lo que se lo permitieron sus ataduras, moviendo sus caderas intentando intensificar el contacto con su boca. Su visión se había vuelto borrosa y el universo había desaparecido a su alrededor para dejarle solo con el agitado sonido de su corazón y la sensación maravillosa de éxtasis.

El pelirrojo se había quedado exhausto en la cama, intentando recuperar el aliento y su cordura. Kyo se había puesto de pie y había ido al baño. No supo cuánto tiempo pasó, hasta que escuchó los pasos de Kyo al regresar a la habitación, abrió los ojos perezosamente y le vio con los jeans desabrochados y aún con su camiseta negra. Kyo traía una caja con pañitos húmedos y se había sentado a su lado.

Sin decir nada, el castaño comenzó a limpiarlo con los pañitos y Iori tembló ligeramente al sentir el frío del pañito húmedo en la piel de su entrepierna extremadamente sensible gracias al orgasmo. Cuando ubo terminado, sus miradas se encontraron de nuevo, Iori se preguntaba que estaría tramando el castaño ahora, su mirada era intensa y estaba llena de deseo contenido.

- Gané – Dijo de repente, Kyo volvía a sonreír con esa sonrisa traviesa suya.

- Iluso – Bufó Iori su boca curveándose en una sonrisa arrogante - Suéltame y te comerás tus propias palabras – Kyo lo seguía mirando sin moverse y Iori agregó – Tienes que soltarme eventualmente ¿O es que piensas dejarme atado toda la noche? –

Con un suspiro y una expresión abatida, el castaño buscó en la bolsa y sacó unas tijeras. Iori sintió el metal contra su piel mientras Kyo intentaba cortar la cinta quirúrgica que gracias a la fuerza que Iori había usado, ahora se había enterrado en su piel, casi cortándola.

- Idiota, casi te cortas la piel – Le regañó Kyo, intentando cortar la cinta con fastidio, resultaba mucho más difícil de lo esperado por lo estirada y pegada que estaba contra la piel. Decidió desatar las vendas primero y cuando Iori se sintió liberado de la cama se apresuró a sentarse. Sus manos aún seguían atadas con la cinta.

- ¡Joder! – Se quejó Kyo viendo que no era capaz de cortar la cinta quirúrgica y encendió una pequeña llamita que carcomió la cinta lentamente hasta derretirla. El castaño miró el techo de la habitación como temiendo que en cualquier momento la alarma contra incendios se desatara, pero al parecer el fuego no había sido lo suficientemente intenso como para que la alarma lo detectara.

Iori se dio cuenta de que, todo ese tiempo hubiese podido desatarse si hubiese querido.

¿Por qué no lo había intentado? ¿Acaso quería sentir a Kyo en control de la situación? Iori no quería aceptarlo, pero lo había disfrutado, le había gustado la sensación de incertidumbre, el dolor de las quemaduras y la agonía que le había producido estar a su merced.

¡Pero se iría a la tumba con ese secreto!

- Ya está – Dijo Kyo cuando los últimos rastros de sus llamas habían derretido el material, con la otra mano terminó de retirarlo y notó las marcas en las muñecas de Iori, si alguien llegara a ver eso podría imaginar algo completamente distinto de lo que había pasado. Parecían cortes profundos, como si los hubiese hecho con una navaja.

- Por cierto – Continuó Kyo – Tu nariz no ha empeorado – Concluyó girándose hacía él con una sonrisa traviesa – Mentí -

Iori lo agarró del cuello sin mediar palabra y lo atrajo hacía sí mismo para besar su boca. Le apretó el cuello con tanta fuerza que Kyo a duras penas pudo corresponder el beso entre la necesidad de respirar.

¡Iba a matarlo! ¡Esta vez iba a ser en serio!

Continuará.

Notas finales:

Ay ay Orochi bendito. Aquí dejo un par de fanarts *-*

Más Iori xD