Capitulo I: Taza de té.
Hacia meses que la sensación de tristeza profunda invadía sin tregua a su pobre corazón, hace unos años cuando todo aquello había iniciado, sentía traición, pensaba que era el ser mas repugnante del planeta y ese sentimiento jamás había terminado de irse por completo.
Cada mañana cuando los rayos del sol calentaban su rostro y la sensación de comodidad absoluta se veía interrumpida, su pequeña y preciosa burbuja se rompía, aquel sentimiento desaparecía solo cuando veía a la persona que mas amaba en el mundo recostada a su lado, abrazándolo por la cintura, en ese instante sentía que cualquier riesgo era mínimo precio por un segundo más ahí.
Pero había aprendido desde hace ya un par de años que esa sensación era efímera y cruel. Que cada vez que el sol reclamaba su posición en la inmensidad del cielo, su secreto, su pequeño y bello secreto se veía agotado, el destino y la realidad reclamaban su atención, recordándole que aquellos momentos solamente son destellos de felicidad, que jamás seria lo suficientemente digno de vivir un momento tan hermoso en vida.
Porque el, Izuku Midoriya estaba condenado, jamás podría decir que era verdaderamente feliz, la felicidad hacia dejado de existir en su pequeño universo cuando el mismo se había atado aquella soga al cuello, su destino fue cruel al hacerle pensar que alguna vez podría ser feliz con alguien tan maravilloso y brutal cuando lo coloco en su verdadero camino.
En ocasiones si dejaba de prestar atención y permitía a su ilusa mente viajar podía observar aquel mundo de encanto donde estaban ambos juntos, viviendo, amándose, entregándose y siendo lo que siempre debieron ser, no un simple secreto.
Cuando la mañana llego aquellos pensamientos de nueva cuanta invadieron su mente, un parte de él sentía miedo, y otra esperanza, había pensado en ello las ultimas semanas y mentía si decía que estaba seguro de lo que estaba a punto de hacer, si sus piernas se movieran estaba seguro de que ya estaría en el suelo.
Armándose de valor, giro su cuerpo y contemplo al amor de su vida, estaba a su lado, su respiración era relajada, clara señal de que estaba cansado, después de todo su noche había sido todo menos tranquila.
—kacchan, despierta. — movió con tranquilidad al hombre que dormía profundamente a su lado, repitió el proceso un par de veces más, hasta que obtuvo una respuesta. —Vamos mi amor, despierta.
—¡Mierda Deku!, estoy cansado, deja dormir una puta vez— demando irritado, ocultando su rostro en la almohada, huyendo del ruido.
—Buenos Días kacchan, tan dulce como siempre. — él sonrió, no importaba cuantas groserías soltara su amado, para él seguía siendo un despertar perfecto.
Se levanto de la cama y tomando la ropa esparcida por el suelo, se aseguro de que no faltaba nada en el suelo, saco ropa de los cajones de la parte inferior del closet y se vistió, echando una ultima mirada a su rubio, salió de la habitación, camino por el pasillo que conducía a la zona principal del departamento y cuando estaba ahí , troto de regreso, dando saltitos entro a la habitación y corrió hasta su amado el ultimo tramo, con el corazón palpitando se inclino sobre la cama y beso con delicadeza aquellos labios, se contuvo de lanzar un chillido de emoción, y sin poder resistir los beso un par de bese más, cuanto deseaba que aquello durara más tiempo.
Media hora mas tarde sentado en una de las sillas del comedor bebía con calma una taza té de manzanilla endulzado con miel, y es que el nunca se permitía iniciar una mañana del sábado con café, la consideraba una bebida demasiado amarga para iniciar un día tan maravilloso, algo que el rubio encontraba estúpido, pero poco le interesaba, conociendo de antemano los humores de katsuki Bakugou por las mañanas, se levantó y sirvió una taza de café humeante, tan cargado y amargo como a el le gustaba, coloco el sartén con el desayuno en la pequeña mesa de comedor para apenas cuatro personas.
Recogió sus piernas en la silla, suspiro totalmente en calma, las mañanas de los sábados eran sus favoritas desde hacía tres meses. Los sonidos de pisadas en la escalera no hicieron mas que tranquilizarlo, el estaba despierto y ahora podían compartir el desayuno juntos.
—Buenos días mi amor— le saludo alegre sin recibir respuesta, sabia que kacchan no reaccionaria hasta que tomara su taza de café en las mañanas.
—¿Que tienen de buenos? — le pregunto el rubio, mientras tomaba su café y comía uno de los panes que estaban en la mesa.
—Todos los días son buenos kacchan— le aseguro Izuku y es que para él así eran, por muy jodido que pudiera ser el resto de este.
—Las únicas mañanas que son buenas son los sábados deku—le contesto con calma, después se inclinó sobre la mesa y beso a su amado en la frente, sabia lo mucho que le gustaba que hiciera aquello.
—Sabes... estaba pensando, que quizá también los domingos pueden ser buenas mañanas, o quizá otras mañanas, también puedan se buenas mañanas—le contesto nervioso, moviendo sus dedos sobre la superficie de la taza.
Katsuki que estaba concentrado en su desayuno, levanto el rostro y le miro severo. —Sabes mi opinión al respecto nerd, estos meses hemos estado arriesgándonos demasiado.
Midoriya estaba a punto de protestar, pero se mordió la lengua, el no tenía derecho a reclamar nada, absolutamente nada.
—Pero creo que este domingo, puede ser una excepción—la respuesta de Izuku fue inmediata, se lanzó sobre el rubio, envolviendo sus brazos en un asfixiante abrazo, le lleno de besos y de mimos —Solo espero que la próxima jodida mañana sea igual a esta nerd— y con aquellas palabras le sonrió.
Pedirle a kacchan que se quedara dejo de ser una buena idea cuando la siguiente mañana llego, esa mañana dejo de ser dulce y maravillosa. Lo vio subirse a su automóvil negro no sin antes echarle una pequeña mirada y partir, odia esas mañanas, eran las peores por lejos, y las detestaba con todo su ser.
Con su alma a punto de abandonar su cuerpo regreso a la casa cuando estuvo seguro de que el ya estaba muy lejos, empaco sus cosas en a pequeña mochila de tono amarillo que ni siquiera los años lograban destrozarla. Empaco todo en ella, su ropa, su traje de héroe, su cuerpo, y sobre todo su fuerza, empaco todo aquello excepto su corazón y su alma, esos se quedaban ahí, en aquella casa, esperando hasta el próximo sábado donde podrían reencontrarse una vez más.
Hacia exactamente tres meses que estaban en aquella peculiar rutina, que al parecer de él, era insufrible, pero mejor que la anterior, habían iniciado hace dos años, el primer años solo se veían cada seis meses, se reunían en la casa del rubio donde sin piedad una sola noche se dejaban ir, después dejo de ser suficiente, empezaron a frecuentarse cada cuatro meses, la rutina se torno perfecta, hasta que las carisias empezaron a dejar de ser suficientes, no bastaba con entregarse mutuamente, necesitaban pasar tiempo juntos, convivir, ansiaban pretender que eran algo más, entonces tomaron la decisión mas importante para ambos, compraron una casa. No era cerca de la ciudad estaba lo suficientemente alejada como para que se pudieran escuchar las aves en la mañana.
Pasar los fines de semana juntos siempre era un sueño imposible y cruel, los viernes sin miedo se escabullían en aquella casa y Vivian juntos, por 12 horas sus sueños dejaban de ser solo sueños.
Dejando salir un pequeño suspiro que termino por convertirse en gimoteo y al final en un llanto reprimido, se sentía completamente estúpido, tenia que ser fuerte, hacia esto cada semana y aunque era solo hace tres meses que la rutina de 15 días cambio a cada semana, no terminaba de acostumbrarse, se sentía profundamente vacío al dejar aquella casa que le pertenecía a ambos por ir a una que no se sentía suya, aunque ante la ley así fuera, parecía un chico inmaduro de 16 años, no el hombre hecho y derecho que era de 28 años.
Aun con los ojos acuosos condujo por los que parecieron un par de horas, cada minuto que se acercaba a su destino era una lagrima más derramada, recordó con profundo dolor las ultimas palabras que intercambio con el rubio esa misma mañana.
—Nos vemos en una semana kacchan— le sonrió forzado, mientras abría la puerta de la casa, katsuki debía marcharse antes, ya que tenia una conferencia de prensa esa misma tarde y ya había desaparecido todo el sábado.
—Deku...—le consto con la voz pastosa y cansada, habían tenido la misma charla aquella mañana, donde Izuku le pedía más, más tiempo, más comprensión, pero él mismo sabia lo arriesgado que se estaba tornando su relación.
—No, No... no, yo estaré bien, tu vete, se te hace tarde— deku termino su oración con la cabeza agachada, detestaba las despedidas.
—Sabes, puedo hablar con Eijiro y decirle que me tomare unos días... — el peliverde no lo dejo terminar y le robo un beso, sabía lo que significaba aquello y no podía permitirlo, kacchan tenía obligaciones en su agencia que dependía de él.
—¡Ya te dije que estaré bien maldita sea! — le grito ansioso, no quería que su amado sacrificara mas cosas por su culpa.
—Deku mírame. — le pidió tomando su barbilla y obligándolo a mirarle, él se resistió, pero estaba demasiado débil y triste como para negarse.
—Yo, ...yo lo siento, no debí... no debí...— lo abrazo con fuerza, hundiendo su cabeza en su pecho, intentando fusionarse con él.
—Escúchame maldita sea, escúchame una vez en tu puta vida deku— el peliverde río irónico, si supiera que no estarían en aquella situación si el hubiera hecho caso a su amado —Te amo, te amo Deku, y me importa un mierda lo que pase allá afuera, mientras estemos juntos pasaremos toda esta mierda juntos— le correspondió el abrazo con cariño y necesidad, "ese maldito nerd no sabe que daría mi vida por él", pensó molesto —¡Oh Deku!, ¿Por qué me haces vivir así?
Y con esas palabras terminaron su charla, ya que el teléfono de Bakugou empezó a sonar, el contesto enojado, gritando que el "Pelos de mierda, solo jodia la vida", se despidieron con un cálido beso y el marcho.
Cuando Izuku Midoriya estaciono su automóvil enfrente de la que era su propiedad dejo salir el aire de sus pulmones, estaba agotado mentalmente y no estaba de ánimos para lo que seguía, no había llamado, ni dejado mensaje.
Tomando fuerza, recogió sus cosas del asiento trasero y tomo las llaves del bolsillo de su pantalón, eran alrededor de las 8:00 a.m., esa tarde tenía que patrullar la ciudad, después tenía que inaugurar un orfanato, atender los inconvenientes en la empresa, asegurarse que la agencia no hubiera caído en bancarrota por culpa de su ayudante, en ocasiones se preguntaba si Mirio Togata era la mejor opción para dejar de encargado.
—No llamaste— la voz de Uraraka Ochako, fue lo primero que escucho al abrir la puerta de su casa y deseo estar muy lejos de ahí en compañía de su amado rubio y no de la molesta mujer que tenía enfrente.
—Estuve ocupado— le aseguro caminando escaleras arriba.
—¡Como siempre!, nunca tienes tiempo de estar aquí, ni siquiera pasas tiempo conmigo, me siento sola Deku yo...
—¡Basta!, sabes que odio que me llames así, además... te lo advertí Ochako— y retomando su camino subió las escaleras hasta estar en el primer piso de la enorme mansión donde vivía —No pretendas fingir ser algo que no somos.
Y con ello dio por zancado el tema, detestaba su vida en ese lugar, detestaba a la chica y sobre todo detestaba vivir una absurda mentira. Porque la perfecta pareja de casados Uraraka Ochako (Uravity) e Izuku Midoriya, el actual símbolo de la paz y héroe número uno, están "felizmente" casados desde hacía tres malditos años, años donde su vida no había echo nada más que pudrirse.
Eu! Esta historia ya la había publicado antes pero cancele la verdad no recuerdo por que, pero ando con tiempo y como ya tengo los siguientes capítulos , porque no, veamos que sale.
un dato curioso de esta historia es que la primera vez que la escribí estaba segura que la persona que mentía era Deku, pero volviendo a revisar parece que es Katsuki y eso da una impresión asombrosa.
pero bueno, espero que esta propuesta los emocione tanto como a mi, besos y nos leemos la próxima.
