Whisky, temptation & you
Una noche, la vida de Li Syaoran da un vuelco, cuando su amor platónico una bailarina exótica, le ofrece cumplir su sueño. Sin imaginar el sinuoso viaje por un mundo desconocido, que comenzará a su lado.
Capítulo 1: Propuesta inesperada.
Todos en algún momento de nuestra vida, podemos recordar un punto de inflexión, el parte aguas entre un tiempo y otro, justo el día y hora en que nuestra existencia tomó un camino hacia el no retorno. Para mí, fue aquella noche a mediados de abril.
Me detuve en una estación de servicio justo en las periferias de la ciudad. Casi instintivamente mi cuerpo me guio hacia el refrigerador donde tomé un té helado, para después ir por un paquete de mentas y lunetas de chocolate. Sí, era demasiada azúcar, pero en ese instante comenzaba a agobiarme tanto, que un subidón de insulina no caería mal a mi organismo. Todos y cada uno de los viernes pasaba por la misma situación; la ligera ansiedad que se manifestaba con un hueco justo en medio del estómago, tamborileando los dedos en el volante, mientras recorría el barrio francés de Nueva Orleans. Curiosamente, este compendio de reacciones no tenía nada que ver con el estrés laboral, su origen era aún más complicado, específicamente, en un par de ojos esmeralda.
No recuerdo con exactitud la noche que la conocí, las únicas memorias vivas eran que estaba cansando y la noche había sido terrible; apenas y pude llenar el tanque de gasolina para que me sobraran unos cuantos dólares, por lo demás, estaba frito. Justo cuando pensaba rendirme, escuché que desde adentro venía un sonido en el celular, una notificación de un trabajo entrante no muy lejos de ahí. Por obvias razones acepté ir, ni lento ni perezoso puse el motor en marcha y aceleré lo suficiente para no llamar la atención, pero llegar más rápido de lo planeado. Y ahí iba yo, la presa entrando dócilmente a la boca del lobo, o eso sentí cuando la vi, vestida toda de blanco, igual que una visión divina en medio de un sueño luminoso. La decepción vino, justamente cuando me percaté del lugar del que salía, custodiada por un hombre corpulento de labios contraídos. Maldita sea, yo lo supe exactamente cuando su perfume inundó el asiento trasero del auto, mi cuerpo reaccionó como nunca antes y me rendí ante su presencia. Fue una atracción tan fuerte, parecida a la de un pedazo de metal adherido instantáneamente a un gigantesco imán.
Desde ahí, cada noche de viernes es lo mismo. Llego a The Clow justo cinco minutos antes de las doce de la noche, solo para verla terminar el último acto que hará ese día, bajando de un brillante tubo de plata, completamente desnuda. Lo sé, ilusionarse con una bailarina exótica es una de esas cosas que encienden las alarmas de alerta justo antes de una catástrofe, pero yo ya estaba demasiado hundido como para regresar.
─ Buenas noches, Li ─ el barman me saluda con mucha naturalidad, a petición de ella, puedo entrar al sitio para esperarla y tomar un trago de whisky en las rocas ─ ¿lo de siempre?
Le sonrío para después asentir. El líquido ardiente bajando por mi garganta me ayuda a lidiar con la ira que siento cada que veo a todo ese grupo de hombres profanarla con la mirada. No entiendo por qué, si es lo lógico, pero no soporto ver el espectáculo sin la ayuda de un poco de alcohol. El presentador anuncia el fin del show de la sensual Sakura como la llama y un mar de aplausos se escucha sobre la música. Ella ni siquiera los mira cuando se va, pero es de lejos lo más exitoso que se presenta en ese club para hombres de alto perfil, pues obviamente no pertenecen a la clase obrera, a juzgar por su ropa costosa y los autos lujosos que están en el estacionamiento continuo.
Yo ya sé que hacer, me dirijo a la salida de servicio, donde ya he aparcado el auto para esperarla. Justo antes de que la puerta metálica se abra, su perfume ya se había encontrado con mis fosas nasales.
─ Buenas noches ─ me saluda de manera parca, antes de subirse al auto.
El hombre de negro que la acompaña se asegura de que está arriba, y no importa cuánto pase, siempre me indica una cosa: "sin desvíos" dice a manera de advertencia, no puedo rodar los ojos ante eso, pero es obvio que no lo haré, solo si ella me lo pidiera claro.
Sakura jamás habla, únicamente para dar una breve indicación y no más. Ni siquiera estoy seguro de si sabe mi nombre, pero al parecer no le interesa mientras haga mi trabajo. Veo por el retrovisor una luz azul encenderse y el humo esparcirse por todo el auto. Nunca la he visto fumar un cigarrillo, su afición al parecer son los vaporizadores electrónicos de sabores y hoy por ejemplo, ha elegido menta.
─ ¿ Y qué tal tu día?
Afortunadamente yo tenía el volante perfectamente afianzado, o si no juro que hubiese perdido el control. Un hombre tan rutinario como yo reconoce un patrón extraño con facilidad, aquella pregunta salida de sus labios rosados rompió con el protocolo acostumbrado.
─ ¿Cómo dice? ─ respondí de manera atropellada, sin saber si me entendió.
Le causó algo de gracia, pues sus labios se curvaron ligeramente hacia arriba antes de volver a utilizar el vaporizador.
─ Dije que ¿cómo ha estado tu día? Luces agotado.
Sinceramente quedé mudo, estaba tan impresionado que la torpeza social que me caracteriza salió a flote sin que pudiera controlarlo. Sakura se queda esperando mi respuesta, pero al verme paralizado desvía su mirada a la ventana.
─ Tal vez prefieras no hablar ─ dice, no parece contenta.
─ No, no, espere ─ al fin me atrevo a hablar ─, es solo que no recuerdo que antes me preguntara algo.
Frunce el ceño de manera visible, ¡demonios! Hasta las arrugas en su rostro la hacen ver espectacular.
─ Parece que tienes razón ─ saca su celular para comprobar algo ─, aquí dice que te llamas Li Sy...
─ Syaoran ─ le ayudo con la pronunciación.
─ Ah.
De pronto se hizo el silencio, y a pesar de que era un código implícito entre ambos, esta vez lo sentí más incómodo que de costumbre. Bueno, ella al fin me había hablado, pero ahora no sabía que hacer exactamente. Todo aquel que me conozca lo sabe, no soy el hombre más platicador del mundo ni un buen iniciador de conversaciones, soy más bien bueno en escuchar, pero a los más allegados. Mis nudillos se contraen contra el volante, ¿ qué le puedo preguntar?, no quiero parecer grosero o que note que no me es indiferente, sino todo lo contrario.
─ ¿Y usted? ¿Cuál es su nombre?
Nunca antes vi esa mirada en ella, tan profunda y llena de significancia, al grado de hacerme desistir de la pregunta.
─ Creo que ese ya lo sabes.
Otra vez el silencio, me siento apenado de hacerle reaccionar mal.
─ Disculpe si la importuné ─ le digo con sinceridad ─ , no soy un gran conversador y creí que, bueno… por lo que se dedica usted…
─ Que usaba un nombre falso. Pues no, ese es mi nombre y por lo otro, no te preocupes, es la principal razón por la que sigo requiriendo de tus servicios. Detesto a los fanfarrones que hablan demasiado.
Al fin el ser taciturno tenía una ventaja. Agradecí el don heredado por mi finado padre, aunque no ayudaba mucho, pues yo seguía siendo como un mocoso contemplando un poster en su habitación, embelesado por una belleza inalcanzable. Escuché que ella hurgaba en su abrigo, sacó un cartucho de líquido verde y reemplazó el de su vaporizador con ese. No tuve preguntar que era, el olor, aunque disimulado, solo podría proceder de una sustancia en este mundo, y por supuesto, no era legal.
Sus ojos esmeraldas me miraron fijamente por el retrovisor antes de dejar salir el humo.
─ ¿ Te molesta?
Negué con la cabeza, no me molestaba, pero me hizo sentir incómodo el que tuviera que llegar a eso para evadir quien sabe que de su vida, o esa impresión me causaba.
─ Vamos, toma un poco.
La sola cercanía de su mano cerca de mi cuello hace que sienta chispas revoloteando en la piel.
─ En realidad quiero dejarla segura en su casa, y si tomó algo de eso, no podré.
─ Eres tan serio como lo sospeché ─ dice triunfante ─ ¿nunca te diviertes?
─ Sí, cuando es debido, pero ahora estoy trabajando y su seguridad es mi responsabilidad.
Mi respuesta parece impresionarla, pues se aleja un poco, justo para perder la mirada en la vista del oscuro rio Misisipi, reflejando la luna.
─ Es bueno saber que eres un tipo decente, supongo que tu esposa está agradecida.
─ No tengo una ─ me apresuro a aclarar.
─ ¿Entonces? ¿Para qué trabajas tanto? Porque es obvio que lo haces.
Suspiro, mis sueños no son el tema de conversación que saco a colación de manera casual, de hecho, pocos los conocen en realidad, pero qué más da compartirlos con mi interés platónico. Abro la guantera con cuidado, revuelto entre los papeles del seguro y la licencia, hay una colección de folletos que le paso. Tocar su piel por primera vez hace que las piernas me tiemblen, pero acepta curiosa mi ofrecimiento.
Esos papeles son un compendio de opciones universitarias para estudiar arqueología, la mayor de mis pasiones. Cuando mi familia emigró a los Estados Unidos, tenía la gran esperanza de que estudiar fuera más fácil, pero la realidad es que la educación de calidad era costosa. Al inicio me deprimí un poco, pero acepté que no podía más que poner manos a la obra en esa situación, así que tomé este empleo hasta que pudiera matricularme en alguna de mis opciones.
Me sorprende que se tome la molestia de revisarlo todo con cuidado. Hace una mueca extraña en su rostro que me preocupa ligeramente, pues parece sentir pena pero la cambia casi de inmediato al advertir mi mirada.
─ Bueno, enserio deseo que lo logres algún día.
Su voz suena tan desprovista de ánimo, que siento un vacío en el interior.
─ No suena muy convencida.
Retrocede para ocultarse en la penumbra, parece que he dado en el clavo de alguna forma.
─ Tengo un problema con los sueños ─ se sincera sin que yo lo espere, puedo percibir solo una ínfima parte de dolor en su tono, pues es hábil para ocultarlo, pero por alguna razón desconocida, soy capaz de captarlo.
─ ¿Qué tipo de problema?
No sé si es lo correcto, pues estoy entrando en una zona personal, a pesar de eso me siento envalentonado por la incipiente conversación. Saber de ella me hace sentirla cercana y por primera vez desde hace muchos meses, tengo la oportunidad de conocerla, aunque sea un poco. Sus ojos verdes de cierran por escasos segundos, aspira de su vaporizador y retiene el humo, parece sopesar lo que dirá con especial cautela. Luego me mira por el retrovisor fijamente.
─ Todo el mundo cree que sus deseos se cumplirán pase lo que pase, tiene fe ciega en ello, como si fuera una regla inamovible de la vida y eso no es verdad. Incluso si trabajas para ello, el destino siempre tiene una jugada bajo la manga y existen cosas inevitables que te alejarán o te acercarán. He visto más gente perdida en sueños rotos que en una botella de alcohol. No se dan cuenta que desear tiene un costo, y a veces es alto. Como tú, sacrificas tu vida por ello, pero no estás seguro de lograrlo a pesar de lo mucho que te esfuerzas. A veces lo mejor es dejarse ir.
Iba a responderle, pero su celular timbró inesperadamente. Jamás escuché que alguien le llamara, nunca jamás lo hacían durante el trayecto, y eso que estábamos a escasos cinco minutos de su departamento. Contestó casi de inmediato cuando leyó quien le llamaba.
─ Dime ─ le dijo al aparato.
Yo seguí conduciendo, aunque me percaté de que algo en el ambiente había cambiado, y no era las palabras dichas, sino una reacción nueva provocada por quien sea que le estuviera marcando. De la nada, apretó mi hombro y me pidió bruscamente que parara, sin darme tiempo de detenerla cuando salió disparada hacia afuera para seguir con la llamada. Contrario a lo que pensé, ella solo se alejó un par de metros, mientras iba y venía como una fiera enjaulada, lo cual me permitió deleitarme una vez más con su belleza irreal. Diablos, esa mujer sí que me gustaba.
Se cruzó de brazos, golpeando el asfalto con la punta de sus zapatillas una y otra vez. La luna bañaba su silueta perfecta, y, aunque la había visto desnuda incontables veces, no podía evitar sentir el deseo de verla una vez más, pero está vez en lo más íntimo. Sacudí la cabeza, aquellos pensamientos podían traer consecuencias que no podía lidiar en ese momento, "es solo trabajo" me decía una y otra vez para calmarme. Sin previo aviso, apareció justo afuera de mi puerta, tocando el cristal con las manos. El corazón casi se me sale del pecho, pero torpemente pude presionar el botón para que la ventana bajara, su hálito me golpeo en la cara cuando me habló, dejando que la razón pasara a segundo plano.
─ ¿Conoces un bar cerca? Necesito un trago.
El primer nombre que me vio a la cabeza fue Magic Gumbo, el mejor lugar para beber y jugar billar más cercano que conocía. Asentí y ella volvió al auto, urgiéndome porque llegara ahí lo antes posible.
Al llegar, le abrí para que bajara y, justo cuando me disponía a regresar al auto, ella haló de mi chaqueta.
─ ¡¿Qué crees que haces?! ¿Piensas dejarme bebiendo sola acaso?
Me sentí idiota, pero después sopesé el verdadero impacto de sus palabras. Yo, Li Syaoran iba a ser su acompañante por un momento. Eso hizo que mis terminales nerviosas se agitaran, estoy seguro de que temblé, pero esperaba que ella no lo hubiese notado. Uno de los sueños más profundos y privados de la nada se materializaba, aunque era obvio, yo solo venía a cuidarla, no como su compañía real. No sabía si darle la mano o algo, así que opté por caminar a su lado simplemente.
La mayoría de los presentes nos observaron al entrar, Sakura llamaba la atención con su sola presencia y por primera vez, me sentí un hombre envidiado, pues era obvio que más de alguno hubiera deseado mi lugar; otra parte de los asistentes se preguntaba como un tipo común como yo tenía tanta maldita suerte. En lo personal, me sentía ligeramente abrumado.
Sakura se fue a la barra directamente y pidió una botella de vodka bastante costosa. Yo la seguí después a una mesa muy cerca de donde un grupo de personas jugaba billar. La mesera llegó al instante y puso un par de vasos cortos con hielo para cada uno, y la botella al centro. Sakura me miró y yo comprendí lo que deseaba, así que le serví hasta la mitad. Después de dos tragos, ella negó con la cabeza en señal de desaprobación.
─ Tienes que beber, y no vengas con un sermón, es de mala educación que dejes a una mujer beber sola ─ esta vez ella fue la que me sirvió a mí.
Yo lo tomé sin chistarlo, Sakura tenía un poder casi natural sobre mí y de verdad me preocupaba que lo notara. No supe si era el cansancio o el whisky que bebí antes, pero sentía como el alcohol empezaba a hacer sus efectos, no mucho, pero era una alerta.
─ ¿No tendrá problemas? ─ le cuestioné, al recordar al hombre de negro ─ Nunca antes te habías desviado de tu trayecto.
Sakura rio.
─ Por supuesto que tendré problemas, pero hay algo más importante que resolver. Tengo que pensar, y el alcohol me ayuda a hacerlo.
─ A mí me pasa lo contrario ─ admito, tras finalizar mi trago. Pero ella lo llena tan pronto como yo dejo el vaso en la mesa; mis ojos se abren de par en par.
─ Ya te lo dije, vive un poco ─ me guiña un ojo.
La música se vuelve más rítmica, mientras ella se mueve en la silla de una forma que hace que mis sentidos se activen. Ruego desde lo más profundo que deje de hacerlo, porque mis impulsos se relajan a medida que los tragos entran en mi cuerpo. Cierro los ojos y los froto con violencia, necesito detener esa ola de pensamientos lo antes posible.
Su risa rítmica y burlona se deja escuchar por encima de la canción.
─ ¿A caso ya te mareaste? Definitivamente, eres un pésimo bebedor.
─ Es que bebe demasiado rápido, parece que está tomando agua normal.
Yo jamás atisbé que eso pasaría, pero de pronto ella estiró la mano, y levantó mi mentón con su dedo índice para que yo la mirara fijamente. El aire se escapó de mis pulmones, por un breve lapso de tiempo, me sentí ingrávido, flotando en un sueño demasiado real.
─ ¿Cuánto necesitas? ─ aquella frase salió raspando su garganta, transformando su voz en una más bella de lo que pensaba ─ Para cumplir tu sueño.
Parpadeé un par de veces, para después tragar saliva.
─ ¿A qué se refiere?
Rodó sus ojos y luego me dedicó una sonrisa retorcida.
─ Ir a la universidad, estudiar Arqueología sin tener que trabajar, tonto.
Nadie podía llamarme tonto, nadie excepto ella. Saqué mi cartera, y puse sobre la mesa un papel perfectamente doblado; se trataba de una cuenta hecha con tinta negra, dónde había detallado con precisión la suma que requería. La guardaba como recordatorio siempre que podía. Sakura, la acercó para leerla, y poco a poco su sonrisa se torció más.
─ Escucha, Li ─ la distancia que nos separaba se fue acortando ─, si yo ofreciera el doble de esto por tu ayuda, ¿aceptarías?
Definitivamente, esto se trataba de un sueño loco, no podía ser la realidad. Nadie tiene tanta suerte en este mundo… ¿o sí?
-¿Qu-e t-tipo de ayuda? ─balbuceé torpemente.
Ella ya se movió, ahora casi podía sentir sus labios junto a mi oído. Definitivamente esa mujer no sabía el calvario que me estaba haciendo pasar con su cercanía, pero ni loco me atrevía a detenerla.
─ Una muy especial ─ me murmuró, y juro que por unos instantes la calidez de su boca tocó mi oreja.
─ ¿Es peligroso?
─ Muy peligroso.
Se alejó, robándome un suspiro. La observé con mucha atención, mientras veía como sus mechones caían sobre su rostro pálido de perfil fino. Era más que obvio que por esa suma de dinero no hablábamos de algo legal, mucho menos de algo fácil, sin embargo, esa invitación seductoramente malévola me abría las puertas a dos sueños: estar con ella y estudiar arqueológica. Sakura era consciente que me estaba tentando, había puesto sobre la mesa mis dos más preciados deseos, aunque obviamente ella solo conocía uno. ¿Qué podía perder? Mis hermanas y mi madre estaban lejos de ahí, no tenía alguna relación que me atara a la vida que llevaba más que mi pasión, ¿qué podía pasar?
─ Está bien ─ dije, arrastrando las palabras ─ ¿Qué hay que hacer?
Ella sonrió, el rostro se le iluminó, triunfal al lograr su propósito.
Me tomó de la mano, y yo acepté dócilmente.
─ Primero salir de aquí.
Estaba a punto de sacar un billete de mi cartera, pero ella se adelantó a pagar la cuenta. Salimos casi disparados de ahí, tomados de las manos. Una vez fuera, ella me puso contra la pared, fijando sus esmeraldas en mí.
─¿Eres consciente de que esto podría salir mal? ─ me preguntó, al parecer preocupada.
Asentí, estaba demasiado mareado para hablar. Notó mi estado, pues buscó en mis pantalones la llave, no tuve fuerzas para decirle que eso que hacía me estaba volviendo loco. Agradecí me soltara rápidamente, jalándome del brazo para que me metiera al coche.
─ Se supone que debo de conducir─ le reclamé.
─ Apenas y estás de pie ─ señaló ─ yo conduciré.
La verdad, lo hacía bastante bien, a pesar de lo elevado de sus tacones.
─ ¿Qué se supone que tenemos que hacer?
─ Primero, cambiar de auto, segundo, ir con una amiga.
Nos sumergimos en la multicolorida Nueva Orleans de golpe. Su arquitectura tan particular me parecía más bella ahora con unos tragos encima. Mientras escuchaba el jazz y los blues tocarse en las calles a manera de festividad. Con la luna en todo lo alto y las estrellas brillando como faroles lejanos parpadeando sobre el cielo, supe que dejaba atrás mi vida anterior, y un nuevo panorama difuso y turbio se abría ante mis ojos.
Pero, a pesar del miedo.
Decidí seguir adelante.
¡Hey!
Aquí con esta nueva historia que se me acaba de ocurrir. Con la dosis d que necesitamos ¿Qué les pareció?
¡Saludos!
