¡Nuevo Capítulo, al fin :D! Perdonen la tardanza, estuve ocupada con mi trabajo de profesora sustituta, además de distraerme con varias cosas. Lo cual redujo considerablemente mi tiempo de dedicación a la escritura. Os dejo el Capítulo :D

Nota: Al haberse creado el syot bien antes del estreno del nuevo libro de Suzanne Collins, este no incluye en ningún caso los personajes y sucesos ocurridos en el presente libro. Tampoco muchos de los contextos y tramas que se añadieron a base de entrevistas a la autora de los libros. De ahí que los vencedores e historias de las ediciones, 9, 10 y 11 de los juegos sean bien diferentes. Si buscáis algo canon tendréis que ir a otro lado.


Capítulo catorce: Un juego de luces y sombras

El talento de Roman Curtis siempre estuvo oculto entre las sombras, hasta que decidió luchar por su vida...

Clark Mas'ud - 34 años –Diseñador de arenas de los juegos del hambre.

Frágil.

Así me pareció Tiana, apenas los verdaderos juegos iniciaron. Nerviosa, frágil e influenciable al quedarse obnubilada por la emisión televisiva. La cual la hizo reaccionar de una forma que, de no haber tenido buenos resultados, sería categorizada de imprudente e indebida. Y sin embargo, sé por lo ocurrido, no solo con mi esposa, sino también en su preparación para vigilante, en donde superó con éxito todas las pruebas, que es más fuerte de lo que parece.

Tiene mucha iniciativa, buenas ideas, y una buena capacidad de adaptación, a pesar de sus emociones volubles que la hacen actuar de forma desmesurada frente a cualquier contratiempo que no sabe gestionar adecuadamente, como el discurso de la rebelde del distrito seis. Pero, también, me tiene a mí...

Es algo que me cuesta mucho reconocer, debido a la herida que sigue en mi interior por lo de Meredith. Un hecho que, al contrario de lo sucedido durante las entrevistas del sexto distrito, no pude evitar. Y es que, mal que me pese, Synnen tiene razón.

No quiero ser despedido de mi trabajo, menos eliminado por cualquier imprudencia, de mi parte o la suya. Anteriormente aquello último era impensable, éramos demasiado valiosos como para que la presidenta se plantease prescindir de nuestro talento. Sin embargo, ahora que el ser vigilante hace parte de las carreras universitarias existentes, hay bastantes recién graduados ávidos de una oportunidad de trabajo en los juegos, independientemente de lo que implique conseguirla. Y yo, con mi ceguera, estoy en una posesión muy delicada respecto a mi puesto.

«Si estuvieras en mi lugar, ¿qué harías?»

Rememoro las palabras de la presidenta en aquella reunión imprevista, tras las entrevistas. Debo admitir que no me sorprendió, desde que comenzaron a celebrarse entrevistas de tributos no es la primera ni la última vez que ocurren cosas como estas. Tributos con la lengua muy larga y entrevistas cortadas o filtradas de mala manera. La diferencia es que en esos primeros años de entrevistas no había gente dispuesta a postular para reemplazar a quién no hiciera bien su trabajo. Para Tiana ser despedida sería una vergüenza, pero al menos tiene opciones (siempre y cuando no cometa errores imperdonables). No mató a nadie, solo se expuso y con el vigor de las entrevistas nadie, excepto algunos mentores y vigilantes curiosos, nos prestó atención. Uno de los primeros todavía está hablando con mi compañera y reconozco que me inquieta.

Roman Curtis...

Cuando salió elegido apenas le presté atención. Debí haberlo hecho, al fin y al cabo resultaba extraño que el tributo elegido por la academia no se presentara voluntario, como ya es costumbre en los distritos profesionales. Pero tampoco era la última vez que había desviaciones que se saltaban el guion en algunos distritos, sobre todo desde que existen los profesionales y el sistema de voluntariado que, hasta aquel chico del dos que llegó a los tres últimos, en la edición trece, era meramente decorativo. Hace falta mucho valor para sacrificar tu vida y orgullo por la de otros, incluso aunque te entrenen para ello y nuestro sistema de selección, en ese distrito y el uno, no se diferenciaba mucho por aquel entonces. Cada vez quedaban menos rebeldes e hijos o hermanos de ellos, en edad de cosecha, sobre todo en los distritos privilegiados; así que porque fuera alguien que sí quería ir no pasaba nada. Nos daba espectáculo.

Así había sido desde que quedó evidente que en los distritos uno y dos ya no iban enclenques a los juegos, normalmente se presentaban voluntarios ambos tributos y siempre llegaban lejos. Nate fue el primero de esa generación en vencer, en el año catorce, le siguió Levi Strauss, en la edición dieciséis. Para entonces, el distrito cuatro ya llevaba un año incorporado al juego, lo cual, en vez de facilitar la competición la complicaba. Los jóvenes sucumbían a rencillas de popularidad y peleas estúpidas en su empeño por eliminar a la competencia cuanto antes. Resolviendo en la arena conflictos que, a mi gusto, deberían haber solucionado antes, o, quizás, aparcarlos hasta que quedasen pocos. Fue lo que sospecho que ocurrió el año que Iris se presentó voluntaria. La alianza iba bien, ella y Cordelia presentaban muchas tiranteces, pero de no ser porque a Nora se le ocurrió la brillante idea de matar al voluntario que se adelantó a Caleb Strauss, entonces, habrían aguantado mucho más juntas. Estoy seguro de que ninguna de ellas era tan ingenua como para creer que separados llegarían más lejos. Pero una vez que estalla el conflicto poco se puede hacer para remediarlo.

Una vez que todo explota lo único que puedes hacer es buscar un modo de protegerte y, o, atenuar los daños. Es lo que hice en la guerra al quedarme con mis padres en el refugio dispuesto, a pesar de que hubiera gente peleando por luchar en el frente. Y aquel día cuando las llamas amenazaban con destrozar mi hogar por culpa de un descuido de Tiana, tras nuestra última discusión. Es lo que querría hacer ahora mismo, para evitar salir perjudicado de nuestro juego. Pero no olvido que yo mismo se lo propuse y si no salgo vencedor me gustaría, al menos, salir por la puerta grande, sabiendo que hice todo lo posible por llevar los juegos a buen término. Me daría méritos para que, tanto si recupero el sentido de la vista al completo, como parcialmente, pueda acceder a uno de los puestos altos y bien remunerados de la cadena. Aunque no creo que ninguno sea tan bueno como controlar la arena de los próximos Juegos del Hambre.

Todo está bien, el público aprecia las sorpresas. Lo demostró al apoyar ese temblor que consiguió detener la contienda del baño, antes de que tuviéramos que lamentar la pérdida de algunos tributos prometedores. Aunque me hubiera gustado que se llevara a Nicott Naruda, consigo, después de lo que gritó es obvio que nos traerá problemas.

Pero los telespectadores desean una contienda entre él y tributos de la alianza primaria, tales como Gallo Caio Strauss o Kleo Sampdoria. Así que se la daremos.

«Si estuvieras en mi lugar, ¿qué harías?»

Probablemente no tendría el empuje de negociar con vencedores y transgresores a las normas, tal y como hace ahora Arcana, con los menos irascibles. Se necesita algo más que coraje para prometer cosas como ventajas, cambios, o recompensas a cambio de cumplir con su deber. Carisma, astucia, buenas ideas y entereza, además de buenos amigos, son cualidades que valoran mucho en los puestos del gobierno. Arcana las tiene, al igual que varios de sus compañeros, pero, desgraciadamente, también las están mostrando algunos de sus rivales, en especial ese joven de la edad de Tiana, que acostumbra a soltar discursos exponiendo los errores del actual gobierno y reclamando un cambio. Votaciones en los altos cargos, sufragio censatario, o cualquier método que, deduzco, le permita acceder al mando: Coriolanus Snow.

Pero, ¿realmente estamos preparados para un cambio tan transcendental como dejar que la gente elija quién nos dirige? Seriamente lo dudo.

Esos son algunos de los problemas que me planteó la presidenta, además de algunos avisos: la decisión de Iris no podía encajar en peor época, ella lo sabe, su padre también, y ambos aprovecharon los tiempos de la cosecha para precipitarlo todo. Todavía no estoy seguro de si lo hicieron sintiéndose a salvo tras el voluntariado de Sadfire, o solo tentaron a la suerte. Pero espero que Roman no siga su ejemplo y acate las normas.

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En la arena, los tributos disfrutan de unas horas de tranquilidad, tras este interesante baño de sangre. Los profesionales hablan de organizar una partida de caza, aprovechando que en la pradera la noche se acerca, cuando un regalo aterriza ante Gallo: un pequeño ungüento para sus manos. Sus ojos muestran una mezcla de interés y ligera curiosidad, además de sorpresa, que se esfuerza en ocultar, mientras observa el techo del túnel. Seguidamente sonríe un poco.

En la sala de control de los Juegos del Hambre estuvimos hablando largo y tendido de asuntos como este, desde que mi ceguera me inspiró buena parte del juego: paracaídas, horarios, anuncios de tributos muertos... Finalmente decidimos respetar, en la medida de lo posible, el huso horario del Capitolio en el bosque rojo y la iluminación del túnel en tiempos tranquilos, usar el techo para emitir las bajas de forma cohesionada con el resto de la arena; (en donde preferimos emitirlos a la misma hora en todas las zonas), y programar una trampilla en el túnel para entregar regalos. Todo esto para no confundir a nuestros conciudadanos con un juego muy complicado. De todos modos no es como si no tuviéramos tecnología para ello.

José y Sonya debaten sobre la arena, anotando sus estimaciones y conclusiones en aquella libreta, que se envió al primero. Parecen determinados a buscar a Nicott para agradecerle su ayuda y hasta pedir alianza, si es posible. Retengo una mueca al corresponder varias de sus ideas con la realidad de la arena, justo cuando Tiana se despide del vencedor y regresa a la sala de control. No me gusta que los tributos me alcancen en raciocinio. Puede ser peligroso.

—No te preocupes, no creo que José llegue lejos —opina Tiana, nada más sentarse a mi lado. —No es muy hábil y tampoco popular, así que a menos que haga algo grandioso dudo mucho que apuesten por él. —Me fijo en que ya no lleva el colgante que confiscó a Gallo, debió dárselo a Roman, confiando en que no se lo envíe a la arena en un descuido. No cuando sabe que cualquier mal movimiento de su parte podría provocar su muerte, ese chico lo quiere demasiado.

—Eso espero, no necesitamos otro Seth Agram —comento, en referencia al vencedor de la edición once, un chico astuto que burló hasta las cámaras de su edición para alzarse con la victoria. —Al menos profesionales como Gallo o Cormorant, si es que descubre algo más, saben cómo contribuir al juego. Veamos qué hacen los demás...

Y regreso a la emisión de los juegos, decidiendo aparcar el dilema que planteó Arcana para otro momento. La alianza de Cormorant está tranquila, tal vez demasiado ya que, si bien Jack parece fuera de lugar entre una Diana y un Cormorant que hablan y bromean como si fueran amigos (sospecho que para crear audiencia, ya que hubo un momento en que el chico del cuatro le susurró algo al oído que la hizo alejarse, colorada; a la par que le ayudaba a vendarse la herida); es obvio que entre la comida de la mochila dorada, que cogió Cormorant, las vendas y demás utensilios de la de Diana y el paracaídas que le llegó a ésta última con medicinas para el dolor; y sus armas, tienen el día arreglado respecto a provisiones. Además de que los tres dieron acción suficiente para un primer día.

Kia y Renner están pendientes de su trampa, que quizás nos dé alguna baja. Y la alianza de Alaïa habla sobre un posible ataque sorpresa a los profesionales. Ella me agrada, sabe a la perfección lo que quiere el Capitolio. Lástima que la niña del distrito dos no, está reticente, demasiado. Y me irrita. Todavía no me explico cómo permitieron a su distrito mandarla a los juegos, es probable que su hermana se precipitara en la cosecha, provocando ese rechazo que entorpeció el proceso natural. Pero incluso así creo que debieron hacer algo más.

Creo que estos juegos debieron ser de otro modo, pero una vez el espectáculo lanzado ya no se puede cambiar. Así que toca atenuar los daños lo más posible.

Toca seguir el juego de luces y sombras que preparé, con el fin de brindar al público un espectáculo inolvidable, independientemente de quién gane.


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Gallo Caio Strauss — 17 años — Distrito 2

El ungüento que me proporcionó mi mentor es fresco al tacto, ligeramente verdoso y no demasiado espeso, pero tampoco líquido y el extenderlo hace que el dolor de mis manos se desvanezca, aunque no cura mis heridas. Solo las atenúa. Tampoco es que ese sea el objetivo real del envío, sino otra cosa, un mensaje que se trasluce entre la cantidad de letras y recomendaciones de la caja, casi camuflado, de no ser por la luz. Unas pocas palabras en un papel que, de no ser porque Roman y yo hemos compartido algo más que clases, entre nuestra estadía en el distrito y la academia, no comprendería; y son la razón de mi suave sonrisa que enseguida justifico con comentarios arrogantes y mordaces, a mis aliados, sobre el espectáculo que ofreceré ahora que el dolor y escozor de mis heridas ya no me distrae. Mi mentor ha conseguido su parte, logrando hablar, ya sea con la vigilante jefa, el diseñador de arenas, o algún otro miembro vital del equipo responsable de los juegos. Ahora me toca cumplir con la mía.

Filipo y Brunel ríen, felices, nada más escucharme y aportan ideas sobre tributos y matanzas, a cada cual más macabra. Me repugnan pero no se lo digo, cada juego necesita uno o varios luchadores sádicos entre la alianza profesional y ya que yo no lo seré al completo les dejaré asumir ese papel. Sadfire se limita a reír, como la tonta que finge ser, y nos insta a adivinar dónde se podrían ocultar nuestros adversarios, especialmente Cormorant. Ella y yo semejamos entendernos mejor, aunque, en realidad, ninguno de los dos lo cree, simplemente la tengo manejada. Decidí cambiar de táctica al ver que mis ofensivas o tretas a su liderazgo, no hacen más que menguar la confianza que tienen en mí los otros miembros de la alianza. Ahora me limito a sugerirle tácticas convincentes para los juegos y ver como las sigue, aunque de vez en cuando no puedo evitar soltar algún comentario provocativo o burlón, (como cuando la vi errar su tiro en el baño de sangre), pero intento que no se note mi aversión hacia ella.

En cuanto a Kleo, semeja más interesada en el entorno que explorar, que en escoger víctimas. Noto algo de tensión en sus palabras y no puedo evitar preguntarme si nuestra charla le sienta tan mal como a mí. En todo caso no es que este sea el mejor momento para cuestionarla al respecto. Sus preguntas y comentarios giran en torno a la arena y sus diversos elementos, sobre los cuales aporto algunas ideas o suposiciones, sin desvelar en ningún momento todo lo que sé. Si quiero ganar este juego necesito anticiparme lo más posible a todos los tributos, aliados incluidos, y la mejor manera es percibir el patrón de la edición antes que nadie y añadirlo como un elemento más de mi estrategia. Es la mejor manera de vivir sin por ello convertirme en una copia más de los hermanos calavera, así es como solía denominar Roman, en broma, a mis hermanos. Aunque no recuerdo si se lo dijo de frente alguna vez.

Cuando terminamos la plática, Sadfire nos deja retirarnos para prepararnos para lo que será la primera caza profesional de estos juegos. Recojo algunos de los Kunais que me lanzo Nicott y los añado a mi set de armas, a la par que delineo los contornos de las palabras de mi mentor, con la otra mano. Tal vez el Capitolio aprecie el gesto.

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En otras circunstancias, habría soltado una frase poética sobre los juegos, o alguna cita de alguno de mis libros favoritos que se identifique a mi situación. Recitar en voz alta es una de las cosas que solía hacer para animarme o tranquilizarme, en el distrito. Echo de menos el club de poesía de mi colegio; algo más a lo que tuve que renunciar debido a la presión y los comentarios burlones de mis hermanos al respecto. No solíamos hacer mucho de todos modos, unicamente odas a la presidenta, el distrito o el Capitolio. Pero por un instante, mientras era niño, lo disfruté.

Cuando me hice profesional tuve que tomar una decisión: seguir el camino de mis hermanos en pos del honor y la gloria que aportaban los juegos del hambre. Tuve que ocultar mi afición, relegándola a los momentos que pasaba leyendo o estudiando en la biblioteca del colegio, o de la academia. Fue allí cuando percibí el interés que tenía Roman en mi persona. Siempre me lo encontraba en algún punto de mi rango de visión, ya sea leyendo un libro o escribiendo en alguna libreta o papel. Era tan… peculiar. Nunca comprendí por qué estaba en la academia, casi nunca asistía a las clases, y cuando lo hacía su desempeño era medianamente bajo, aunque no lo suficiente para que lo echaran. Su hermana mayor era la brillante, o al menos eso escuchaba a diario de los instructores que, año tras año, estudiaban a los posibles voluntarios para los juegos. No solía hablar con ella, ya que me sobrepasaba dos años, mientras que Roman y yo estábamos en el mismo grupo de entrenamiento.

Fue así como me acostumbré a cruzarme con él casi a diario y, acostumbrado como estaba a estudiar a mis adversarios para vencer, terminé advirtiendo uno de sus secretos, (el cual se confirmó al ver su desempeño en los juegos), Roman era más hábil de lo que parecía. Simplemente no le interesaba la lucha, al igual que a mí.

Ese descubrimiento me chocó en su momento, al igual que los momentos en que me encontraba con su mirada en la biblioteca. Generalmente solía apartarla en el instante mismo en que nuestros ojos se encontraban, tan cohibido como nervioso por mi escrutinio. Pero, en ocasiones, notaba algo más, lo mismo que, muy a mi pesar, ocupa mis pensamientos ahora mismo. Él también era capaz de percibir mi debilidad tras aquella máscara de brutalidad y seguridad; tras la que siempre oculto mis más profundos sentimientos. Era un aspecto que solía ponerme nervioso ya que, debido a su timidez, me era difícil adivinar el objetivo de su interés por mi personalidad. Ahora lo sé.

«No te rindas ¿Me escuchas, Gallo?» Rememoro el rostro desesperado de mi mentor mientras me susurraba las últimas recomendaciones. Semejaba a punto de echarse a llorar. «No importa lo que debas hacer pero no te rindas. Yo… No sé si podré soportarlo»

En aquel momento parecía tan frágil que no pude evitar sentirme culpable. Estaba jugando con él, utilizando sus sentimientos a mi favor para que me prevaleciera sobre todo lo demás. Intentaba convencerme de que todo era necesario por vivir, pero, incluso así, la forma en que me abrazaba, mientras me susurraba sus últimas palabras, se me clavaba como un puñal...

—¿En qué piensas? —La pregunta de Kleo, prácticamente me sobresalta y termino soltando alguna frase convincente sobre mi familia, que la hace ponerse seria. —Sí, yo también pienso en mi padre a menudo —responde con una expresión comprensiva, para luego sonreír —. No te preocupes, estoy segura de que están más orgullosos de lo que tu crees.

Lo dice de forma genuina, antes de alentarme a terminar de prepararme y seguir a los demás. Ella decidió quedarse en la Cornucopia para vigilar los suministros, mientras cazamos, ya que, al parecer, no tiene ningún objetivo en mente para eliminar pronto. Excuso soltar un suspiro de alivio, antes de hacerle caso e intento apartar lo más posible el tema de mi mente. Por fortuna, fue ella quién me descubrió y no Sadfire, la tributo del distrito uno no se creería mi mentira.

No me gusta pensar en Roman, me hace sentir como una persona horrible. Pero incluso eso es mejor que recordar el baño de sangre. El rostro desesperado de Mazda, mientras se debatía como una araña a la que estuvieran torturando. Lo tanto que me costó frenar sus golpes, a pesar de lo avanzado de mi entrenamiento. Porque sabía bien dónde intentar golpearme. Y aquel grito desesperado que salió de su boca nada más verse reducida…

Extrañamente, no recuerdo su muerte. El instante en que mi instinto de supervivencia tomó el relevo con el fin de protegerme del hacha de Sonya. Solo un movimiento inconsciente de mi cuchillo, mientras esquivaba y después… Mis manos teñidas de sangre.

Una imagen que no se borra, al igual que las lágrimas en el rostro de su aliada. No importa que su cuerpo ya no yazca en el suelo del túnel. No dejo de recordarlo, a ella y a mi próxima víctima:

Nicott Naruda.

Pensar en él me crea sentimientos encontrados. Su talento con las palabras, la ovación que sacó del público… Claramente es astuto y eso es lo que más coraje me da, junto al daño de mis manos. Mis hermanos están mirando esto, viendo como un simple tributo de distrito, posiblemente, un rebelde, casi me deja incapacitado. Debí matarlo cuando lo tuve a tiro, pero el ver su rostro mientras cargaba a su aliado me hizo detenerme en seco.

Podría haberlo dejado, inconsciente como estaba no sería más que una carga para él y un objetivo fácil para mí. Pero estaba decidido a hacerlo sobrevivir aun a costa de su vida. No pude hacerlo, solo pude observar su rostro adolorido mientras me daba la espalda e huía. Terminé por dejarlo hasta que Sadfire me interpeló. La tierra se movía tanto que no me sorprendió que no fuera capaz de enfocar a Cormorant, hasta que todo se detuvo. Pero entonces era demasiado tarde.

Había fallado, acertando a Yago (que ya estaba en pie y corría), en vez de a él. No debí echárselo en cara, pero supongo que estaba demasiado frustrado por mi propia incapacidad de actuar ante la lucha. Debí matar a Nicott cuando tuve ocasión, ahora su rostro me persigue tanto o más que las palabras de Mazda en la entrevista. Cuando nos recordó que todos somos humanos con sueños e ilusiones. No puedo hacerlo, me convierte en una persona débil. Y si soy débil mis hermanos tendrán razón.

Así que la próxima vez que nos veamos deberé matarlo. A él y a todos los tributos que encuentre. Es la única forma de convencerlos de que no soy el debilucho que todos creen.


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Alaïa Maddox — 16 años — Distrito 12

Nada más abrir la pequeña bolsa de tela, que cuelga de mi mochila blanca, encuentro una especie de arenilla o polvo rosado. No parece natural de ningún modo, sino artificial, casi grita Capitolio por todos lados. Y aunque debería sentirme asqueada por su contenido no puedo evitar sonreír un poco. Mi plan salió bien después de todo, tengo un arma que podría hacer la diferencia si la uso bien. Aunque no estoy segura de su efecto.

Cuando la instructora de venenos se me acercó, no mucho después de mi charla con Lucy, pensé que iba a criticar mi desempeño, como la había visto hacer con todo tributo que le hacía una pregunta, o simplemente quería probar suerte en su estación. Pero, en vez de eso, Adela me invitó a acudir con la excusa de que podría sacarle jugo a sus consejos y convertirme en una de las mejores sorpresas de la arena. Como es obvio, acepté y, definitivamente, fue la mejor decisión que tomé en estos juegos:

«Clark Mas'ud, treinta cuatro años. Diseñador de arenas» Recuerdo que ella me susurraba, mientras fingía que me documentaba sobre una planta llamada comúnmente tomatillos del diablo. «Parece un presuntuoso con esas gafas oscuras, pero en realidad es más astuto de lo que parece. No sé por qué le interesas pero te recomiendo que lo aproveches. Te favorecerá.»

Y tras guiñarme un ojo regresó a su puesto como si nada hubiera pasado. Resultó que aquel hombre ciego que me estudiaba en el centro de entrenamiento era algo más que el diseñador de arenas. La pareja de la vigilante jefa de esta edición y unos de los pocos que parecía atento a mi demostración, el día de las pruebas. Cuando, en vez de simplemente mostrar que conocía gran parte de las plantas medicinales y venenosas del centro de entrenamiento, usé simuladores para mostrar los efectos de varias de mis futuras tácticas de ataque con ello, mis habilidades con la daga y la cerbatana y hasta les mostré los pocos objetos que logré robar durante mi estancia aquí. Algunos tenían cierto valor monetario o sentimental, otros no tanto. Pero fue interesante ver sus reacciones, sobre todo cuando él me preguntó si eso era todo...

En aquel momento, estuve a punto de afirmar que sí y marcharme, pero entonces recordé su sonrisa tras verme hablar con Lucy y decidí intentarlo, brindarle una pista de a quién mirar en este juego. No sabía si me haría caso o funcionaría siquiera, hasta que comenzó el baño de sangre y vi a la niña del cinco intentando llamar mi atención antes de morir…

—¿Tienes alguna idea de qué es? —La voz curiosa de Alec ayudó a que la imagen de Lucy se desvaneciera de mi cabeza. Es mejor no darle vueltas a lo que hice. Si quiero salir de aquí tendré que matar a más niños de los que pueda contar. Niego con la cabeza, decidiendo guardar la bolsa en uno de los bolsillos secretos de mi vestido y me cuelgo la cerbatana al hombro.

—Ni idea, pero conociendo a los vigilantes no creo que sea un veneno de acción rápida. No son cosas que gusten a los espectadores. —Alec hace una mueca nada más escucharme, pero asiente, cada vez tengo más pruebas de que este chico hizo algo más que asistir a la escuela y mirar juegos del hambre. No parece siquiera sorprendido. —¿Y bien?, ¿ideas para atacar a los profesionales?

Mientras me sentaba junto a mis aliados, pude ver que Sheisha me miraba como si fuera a cometer un asesinato. Lo cierto es que mi mochila estaba bien surtida para ello, con unos pocos dardos, guantes, herramientas para extraer venenos o fabricar más dardos y, obviamente, la cerbatana. Pero echaba de menos algo de agua, aparte de las botellas vacías que consiguió Alec. Tuvimos suerte de encontrar una charca por el camino.

—Así de primeras, solo veo dos formas de asaltarlos de imprevisto —comienza Cromwell, contando con los dedos, con una expresión bastante serena para el tema que tratamos —. Cuando duermen: tumbando o eliminando de alguna forma al que esté haciendo guardia. Pero tanto si fallamos como si logramos matarlo haremos ruido y los despertaremos. —Levanta un dedo, pensativo, para luego posarlo sobre la parte plana del filo de su machete y prosigue; luego alza el otro. —O aprovechar una de sus famosas cazas, (o provocarla), para dividirlos y así atacarlos por partes en vez del conjunto. En ambas situaciones podríamos morir, pero la segunda tiene más probabilidades de éxito.

Su sonrisa al terminar es cuando menos inquietante, trayéndome recuerdos de los tiempos en que vivía con mi madre. He visto sonrisas similares en algunos de los hombres con los que se acostaba, también entre los agentes que retenían y, o, ejecutaban ladrones, rebeldes u otro tipo de delincuentes. Aunque cada vez son casos más escasos. En un lugar tan pobre y desolado, como es la veta del distrito, no es de extrañar que haya todo tipo de negocios ilegales. Si los cerraran todos, ni siquiera los agentes de la paz tendrían para comer.

—Resumiendo, si queremos que ellos vayan a donde queremos necesitamos darles una pista que seguir, tal vez un cebo. —Mi miraba deriva a Sheisha, quién parece incómoda y asustaba, pero no articula ningún sonido. Ciertamente, es una opción, aunque apostaría más a Cromwell, es listo y fuerte. Tal vez no muera de un flechazo de Filipo.

Pero no creo que él mismo se ofrezca, a no ser que lo convenza de que Brunel hará parte del equipo de asalto. Alec posa una mano sobre la de la niña, antes de intervenir, pero ella se suelta. Por su mirada diría que está tan poco convencido como yo.

—No, necesariamente —responde —. Los tres hemos sacado buenas notas y no sé Margerite, pero creo que Lark podría conseguirnos algo para atraerlos. Sino siempre podemos coger madera que no esté húmeda y encender una hoguera. Los profesionales podrían confiarse y acudir, sin que tengamos que arriesgar a nadie antes de tiempo. —Cromwell ríe con sarcasmo.

—Buena idea, samaritano, ¿y luego qué? Si nos guiamos por el baño de sangre tenemos dos tiradores que nos atacaran nada más tener una pista de nosotros. El del uno parece tonto, pero no apostaría tanto por el del dos —dice él. Por el rabillo del ojo, veo que Sheisha se pone nerviosa, nada más captar la mención a Gallo, luego sacude la cabeza ¿Realmente le importa su compañero de distrito, o solo está asustada? Porque puedo apostar que ella a él no.

—Soy discreta, podría esconderme y dejar fuera de juego a uno de ellos con el veneno, o debilitarlo, si su efecto no es letal. Pero tratándose de profesionales lo mejor es preparar una buena emboscada, con alguna trampa, o varias, en el sitio o por el camino. Una vez que caigan, atacaríamos.

Mi sugerencia es recibida con más y más ideas, tanto de parte de Cromwell como de Alec. El chico del distrito once parece cada vez más entusiasmado, mientras que mi compañero de distrito tiene dudas sobre atacar a alguien sin provocación. Pero lo convenzo recordándole que ellos lo harían sin ningún problema. No pasa lo mismo con Sheisha, quién comienza a sacudir la cabeza, angustiada y emitir distintos sonidos de disconformidad. Intento tranquilizarla, pero por sus reacciones parece sufrir alguna clase de ataque; ya que nos interrumpe varias veces para decir la misma palabra en una especie de bucle. Alec intenta acercarse, cogerle la mano y hablar con un tono muy suave. Pero en el momento en que la roza, Sheisha suelta un "¡no!" bien alto y escapa corriendo.

—¡Sheisha, no! —Dice, Alec, parece determinado a ir tras de ella cuando lo retengo con el brazo. Tal vez necesite estar sola.

—Podría ser peligroso —replica, inseguro, en cuanto se lo comento. —Apenas es una niña y no parece estar en el mejor estado para repeler un ataque. Iré a vigilar e intentaré convencerla de volver en cuanto esté más calmada. Seguid discutiendo ideas entretanto, Sheisha está asustada, pero tal vez acepte si tenemos un buen plan.

Y tras decir estas palabras coge su arma y la sigue. Hago una mueca, mientras saco los guantes de la mochila y me los pongo, para luego preparar la cerbatana, rellenando con el polvo algunos de los dardos. Esto no me gusta.

—En mi distrito existen varios tipos de malas hierbas peligrosas e invasivas para las cosechas. —Cromwell intenta hacer conversación, despreocupado, mientras se acerca a mí. —La mayoría son venenosas, pero hay algunas que a dosis muy bajas pueden paralizarte o provocarte alucinaciones muy vívidas —explica, —no sé mucho del Capitolio, pero si son ciertos los delirios de tu mentor, no es la última vez que mandan ese tipo de cosas para dar acción. —Y sonríe, maliciosamente. Delirios, así es como escuché decir que llamaban a las visiones y recuerdos de Lark, sobre la arena. Lo mismo que tal vez se halle entre mis manos ahora mismo.


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Renner "Renny" Banom – 15 años – Distrito 8

Tengo miedo.

Construir la trampa era de lejos mucho más sencillo que ponerla en práctica. Todo esta a punto, estamos en el lugar adecuado y aun así yo…

No logro estar calmado, estoy inquieto y aterrado. No dejo de pensar en todo lo que puede salir mal. E incluso así, si todo sale bien, yo…

—Voy a matar a alguien.

Es la primera frase que logro articular sin tartamudear y aún así es demasiado baja, como un susurro ininteligible al que, a pesar de todo, Kia responde:

—No necesariamente, Cromwell es grande y fuerte. Tal vez no muera.

Su voz es tranquila, a comparación de la mía, es como si no habláramos del mismo tema. Pretende ayudarme a estar mejor pero no funciona.

—Sería peor —contesto —. La trampa no se puede desmontar, si él se queda a-a… Si vive e-él… —Me callo al ver que soy incapaz de continuar mi frase sin tartamudear. No puedo hacerlo, no puedo adivinar el resultado de lo que Kia y yo hemos planeado y ponerlo en palabras. El simple hecho de pensar en ello, en el chico del once agonizando de dolor, hambre y sed mientras espera su muerte… Es demasiado cruel.

—Entonces es obvio lo que hay que hacer, ¿no? —Sentencia ella, con una dulce sonrisa; sus ojos están fijos en los míos, tanto que me asusta. No es una amenaza, es un hecho. No hay más remedio que asesinarlo en cuanto cruce la línea que hemos trazado. E incluso así yo…

Sigo teniendo demasiado miedo, lo suficiente como para asentir rápidamente, aterrado de la falta de titubeo de mi aliada, justo cuando el ruido de unos pasos apresurados nos obliga a replegarnos en nuestro escondite, callados y quietos como estatuas. Alguien se acerca al lugar prácticamente corriendo. Kia se asoma, atenta, mientras que yo espero antes de mostrarme. Según lo que acordamos ella sería la primera en atacar, nada más verlo. Pero ese sonido… No, definitivamente no es el chico del once quién está cruzando.

Y entonces sucede, un grito agudo de agonía que desgarra el ambiente, a la par que mi aliada salta a la acción. Es el momento, alguien ha caído, pero ese grito no es… Es…

¡Sheisha Cryfel!

En el momento en que lo advierto es demasiado tarde para avisarla. Kia golpeó a la chica del distrito dos en la cabeza; la cual, al verse agredida, entró en pánico, agitando los brazos hacia mi aliada, sin ningún tipo de control. Pretende golpearla pero no lo consigue, ya que ella se echó hacia atrás y al alzar el bate con pinchos, para rematarla, escuchamos un grito diferente, como una llamada…

—¡Sheisha!

Aquello es suficiente como para congelar la escena ante mis ojos, conozco esa voz, es el voluntario del distrito doce. Un chico grande y fuerte con un mazo enorme que rompería mi cabeza en cuestión de segundos, Kia también lo advierte, deteniéndose a pocos pasos de la otra niña. Intento llamarla, Alec todavía no está aquí, podríamos salir de esta, aunque debamos dejar a Sheisha sumida en una larga agonía. Pero entonces veo un destello salir de las manos de esta y el estómago mi aliada es abierto de un corte, ante mis ojos. Resulta que tenía un arma, una especie de sable largo, pequeño y ornamentado, pero no había tenido tiempo de sacarlo.

El corte es tan rápido que apenas me da tiempo de pronunciar su nombre, antes de que Kia se eche atrás, sorprendida. La expresión de la niña del distrito dos parece distinta, más esperanzada y tranquila, casi demente, a la par que los pasos se apresuran. Pero esta se muere al clavarse una hoja de cuchillo en su pecho, justo cuanto retumba un cañón.

Y entonces, al ver mis manos vacías, advierto lo que hice y me asalta el pánico. Yo lo he hecho, la he asesinado y entonces… Cuando Alec llegue yo…

«Concéntrate en regresar.»

El suave eco de la voz de mi hermana en mi mente es suficiente para hacerme espabilar y huir. No. No debo dejarme atrapar por él de ningún modo. Debo correr hasta ponerme fuera de su alcance. Es la única forma de poder regresar para volverla a ver y disculparme. Y entonces… Todo volverá a ser como antes.

Y por un instante todo se desdibuja ante mis ojos, a la par que mi respiración se acelera por la carrera y caen lágrimas por mi cara. No puedo creerlo, he abandonado a Kia a su suerte, aunque con sus heridas lo más probable es que…

Otro cañón retumba y siento mi aliento desfallecer, no puedo parar, si me atrapan moriré, pero si sigo corriendo mis pulmones colapsaran y entonces… Me paro al sentir que mi visión se nubla y decido esconderme tras un árbol frondoso. No puedo más, necesito aire. Frenético, intento buscar mi inhalador cuando un pinchazo tras mi cuello me hace saltar, alertado, y el objeto cae al suelo. No puede ser, me han encontrado, yo…

No quiero morir.


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Sonya Daskalova –16 años – Distrito 7

Caminar por aquel sendero cada vez más oscuro, iluminados por la linterna de José, me pone nerviosa. Estoy inquieta, no dejo de mirar atrás y a los lados por miedo a que alguien salga de detrás de un arbusto y nos ataque. Esto no me gusta, cuanto más avanzamos menos a cubierto estamos, dejando atrás nuestro refugio para adentramos en la pradera por la que salimos del baño de sangre. Y yo, al contrario de José, quién sostiene aquel extraño artefacto lanzador de cuchillos, que robó de la Cornucopia, no tengo arma alguna.

—¿Estás seguro de que esto es buena idea? —Pregunto en lo más parecido a un susurro que logro formular, insegura. José se detiene para estudiar mejor su mapa, en donde hay unas cruces que indican los distintos lugares donde podría estar oculto Nicott, de haber huido por la pradera, luego me sonríe.

—Pues claro, cuantos más mejor, ¿no crees? —Por un momento su mirada es tan suave y alegre que creo encontrarme frente a la misma Mazda, que vino a darme coraje. Fue idea suya el buscar a Nicott, convencido de que de estar en nuestra situación él haría lo mismo. Yo no lo creo, pero necesito algo que me de esperanza tras todo lo que ha pasado. Y él… Nicott… Quizás…

No. No debo dejarme engañar, fácilmente podría estar muerto a la hora en la que estamos, incluso podríamos estar yendo a una trampa.

Estos son los pensamientos que me mantienen alerta, mi desconfianza ante la oscuridad que nos rodea y lo que me impide avanzar. Si Mazda estuviera aquí me diría de no hacer caso y avanzar, que juntos podemos derrotar cualquier cosa. Pero ahora que ella no está solo me queda confiar en mí misma.

—Aún así pienso que deberíamos tener cautela y resguardarnos. —contesto. —Ahora mismo, los profesionales podrían estar cazando en este lugar. No podemos confiarnos.

En el instante en que pronuncio esas palabras me parece sentir un ligero sonido de pasos acercándose a nosotros y mi inquietud sube de grado para luego caer en picado en el momento en que escuchamos su voz:

—Tu compañera tiene razón, en estos momentos los guerreros de las sombras me persiguen. La única oportunidad de sobrevivir es que huyáis, mientras yo busco una forma de combatirlos.

—¡Nicott! —La emoción que surge de mi interior es tan fuerte que ni siquiera advierto que mis pensamientos se convirtieron en palabras. El chico del distrito seis lleva puestas unas extrañas gafas en sus ojos, de no ser por la oscuridad que nos rodea, creería que son para el sol. También tiene, una mochila blanca colgada a la espada y lo que creo que es un apero pequeño en cada mano. Pero mucho más parecido a una arma de lucha que a una herramienta de agricultura, usada en otros distritos. Debería de sentir miedo pero no puedo, he depositado mi esperanza en este momento. No dejaré que mi desconfianza lo eché a perder.

—¿Tienes un plan? —Pregunta José y, sin temor, se acerca a él. Me doy cuenta de que hay algo diferente en el rostro de Nicott, dolor, rabia y algo más...

Está solo, Yago y Dennis no están con él, probablemente lo abandonaron en el baño de sangre o… No, no puedo pensar en eso, los profesionales se acercan, necesito toda mi fuerza para escapar ante de que sea demasiado tarde. Nicott se limita a sonreír y decir:

—Improvisar.

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Y de repente es como si todo se repitiera de nuevo, solo que ahora no está Mazda para salvarme, en el momento en que el chico del distrito seis nos lo indica, José me agarra la mano y serpenteamos por aquel extraño bosque, en busca de nuestro refugio. Por la distancia desde donde la que suenan los pasos de los profesionales y algunos gritos de furia, que escucho, intuyo que Nicott debió de hacer algo para retrasarlos. Pero claramente no ha sido suficiente. Llegamos a la casa derruida, tras la cual nos refugiamos antes de que sonaran los cañonazos de los muertos; y en el instante en que José suelta mi mano, para apegarse al muro más cercano a la ubicación de Nicott, entiendo lo que quería decir con esa palabra.

Improvisar, esa es la clave de la estrategia de Nicott. Aprovechar todas las oportunidades que se le presentan y confiar en que lo harán triunfar. En el lado opuesto de la pared frente a la que estamos hay una serie de ramas y hojas espinosas pertenecientes a algunas plantas trepadoras, que suelen acumularse en los terrenos y casas abandonados de nuestro distrito. Sin embargo, existen muy pocas, por no decir ninguna, de las que cuelgan de nuestro lado de la pared; de ahí que no nos preocupáramos por ellas. José agarra su arma de forma que el cuchillo que va a lanzar cuelga inclinado frente una rama fina y la sierra, manteniendo la mirada en la llegada de Nicott. El cual, nada más vernos, nos insta a que nos escondamos tras el muro y se sitúa justo delante de nosotros.

Aprovecho que el muro y su figura, logran casi ocultarnos al completo para asomarme un poco y ver lo que está pasando. El chico del distrito seis tiene el tiempo justo de juntar algunas ramas y apilarlas de tal forma que una simple patada bastará para poder levantarlas en una ola hacia las piernas de su objetivo, antes de que los profesionales lleguen al lugar.

A pesar de que Filipo posee un arco, con el cual podría matar a Nicott de un disparo, sin necesidad de acercarse, este no tiene mucho interés en usarlo; sino que acorta la distancia con la chica del distrito once y se limita a observar lo que hacen Gallo y la chica del distrito uno. Sin embargo, en el momento en que todos se acercan lo suficiente, Nicott hace su movimiento, lanzándoles las ramas más espinosas y peligrosas hacia los profesionales, los cuales saltan hacia atrás nada más verlas, pero solo Gallo y la chica del distrito uno consiguen no salir heridos de ningún modo de la artimaña. Filipo incluso cayó al suelo, empujado, sin querer, por la chica del distrito once, la cual aunque logró posar las manos en el suelo a tiempo, no parece muy contenta.

Sin embargo, por la forma en que sonríe Nicott al verlos en el aire y como sostiene sus aperos, puedo ver que esto no ha acabado. Pretende lanzarlos, mientras ellos no aterrizan en el suelo y así atacarlos. Gallo es el primero en advertirlo y defenderse justo en el instante en que José se asoma y al verlos dispara su arma con intención de atacar, también. Tengo el tiempo justo de empujarlo hacia el suelo conmigo, antes de que sea demasiado tarde. Hasta ahora el cuerpo de Nicott nos ha servido de escudo, pero si permanecemos en pie los profesionales nos verán en cuanto este avance y estalle la batalla. Y yo, aunque entiendo a José y lo impotente que se siente en estos momentos, no puedo permitirlo. No quiero perderlo a él, también.


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Alpine Bentley — Mentora del distrito 6

Para una persona como yo, que ha sufrido burlas y acoso desde muy pequeña, no es difícil reconocer a otra víctima.

El chico del distrito dos. Gallo.

En su entrevista dijo que solo ansiaba superar la gloria de sus hermanos, sin embargo, cuando Blake pronunció esa frase:

«Entonces, tus hermanos estarán muy orgullosos de ti.»

Pude ver al autentico Gallo que se oculta tras la máscara. La expresión de abatimiento en sus ojos, su respuesta al presentador, ambos son el resultado de enfocarse en un objetivo demasiado grande. Al fin y al cabo, ¿cómo superas a un vencedor?

No basta con ganar los juegos. Debes mostrar la fortaleza de resistir a la oscuridad que hay en ti, sino terminarás haciendo lo que ellos quieren, al igual que yo.

Sí, tiempo atrás yo tuve la misma lucha que Gallo en estos juegos. Por eso siento compasión de él.

Sin embargo, ahora yo ya no soy esa persona colérica e implacable, que mostré al ser cosechada para los décimo segundos juegos del hambre. Soy Alpine Bentley, vencedora de los juegos del hambre, mentora del distrito seis, y me debo a mi tributo.

Así que aunque Nicott esté en desventaja, yo lo apoyaré hasta el final.

En la arena, la batalla sigue su curso: los profesionales han estado a punto de localizar a José y Sonya, pero nada más ver la hoja metálica Nicott se lanzó sobre el cuerpo de Sadfire, cuyo impacto del arma de José la hizo caer al suelo. Comenzando así, una pequeña batalla inesperada, la chica del distrito uno es muy buena luchadora, pero por alguna razón pelea sin ganas. Como si esto no fuera lo que quisiera. Y es que, al contrario de cuando comenzaron los juegos, en el baño de sangre, ahora ella está aplicando su rol al completo.

Nicott sin embargo, no se contiene, está dispuesto a ir hasta el final por sus compañeros, golpeándola de todos los frentes para ganar hasta que, en un momento en que ella parece vacilar con una expresión de miedo en el rostro (la cual dudo mucho que sea real), Gallo interpone un cuchillo entre el kunai de Nicott y el rostro de la chica del distrito uno y dice:

—Déjalo, Sadfire, él es mío.

Su tono firme parece devolverle la sonrisa a la chica del distrito uno, la cual guarda su espada y asiente. Nicott, sin embargo, ríe como si aquella escena no significara nada para él y da un paso hacia atrás.

Él también sabía que pasaría esto.

—Parece que al fin te atreves a acercarte, pequeña oveja descarriada, ahora, ¿qué tal si me muestras tu verdadera fuerza?

Esa simple elección de palabras desestabiliza lo suficiente a Gallo como para emplear toda su furia en el primer ataque. Definitivamente, Nicott es admirable. No solo hace frente a un grupo de profesionales, sin flaquear, sino que acaba de desafiar al tributo del distrito dos a un duelo a muerte, sin perder ni un ápice de su genuina sonrisa. Y hasta lo desestabiliza en el proceso.

—¿En serio lo ha llamado, pequeña oveja descarriada? Auch, eso ha debido de doler. —Se burla Gnaea, sin un ápice de piedad, el ambiente que reina en la sala de control de mentores se ha convertido en una mezcla de impotencia, rabia y dolor, añadido a un ligero interés por como se resolverá esta situación.

Por el rabillo del ojo veo como Limb y Light se sostienen las manos, en un movimiento inconsciente, viendo a sus tributos luchando contra su propia impotencia y miedo frente a la batalla que se desarrolla en el lado opuesto del muro. Sonya sosteniendo a José frente al suelo, el cual lucha por desasirse de su agarre y así evitar la tragedia que se avecina, sus ojos están llenos de lágrimas, impotencia y dolor.

Ella también quiere ayudar, también quiere hacer algo, se le nota en la mirada. Pero, como todo tributo de distrito, sabe que enfrentarse a los profesionales solo puede llevar a la muerte. José también debería de saberlo, pero desde donde estoy puedo ver que está cegado por su propia ira y dolor. Mazda era una buena chica, demasiado valiente para este mundo, al igual que Nicott.

A medida que la batalla se agudiza, la expresión de mi tributo vacila, pero no es inseguridad lo que veo en su rostro sino una ligera decepción. Es como si algo de aquella lucha no le satisficiera. Gallo arquea una ceja, sin comprender, yo tampoco lo hago, pero no es importante. El tributo del distrito dos termina por hacerle la zancadilla al mío y justo cuando parece a punto de matarlo termina diciendo algo que lo aclara todo:

—¡Yo no soy una oveja descarriada! —Esa expresión, un termino despectivo utilizado en algunos de los distritos bajos, para definir a alguien que se desvía del camino correcto para caer en desgracia, es la clave. La sonrisa de Nicott regresa y tras replicarle que sí lo es, termina interponiendo un kunai frente al que sostiene Gallo, en sus manos, con el fin de lograr un golpe de efecto para el Capitolio. Y otra vez la ira regresa al rostro del tributo, haciéndolo patear con fuerza la rodilla de Nicott, causándole el suficiente dolor como para desconcentrarlo y así clavar el Kunai en su brazo dominante. Nicott no se corta y le escupe a la cara para luego debatirse con el fin de levantarse; pero solo consigue que Gallo lo vuelva a tumbar, forzando sus defensas con golpes y más golpes de su cuchillo hasta que al fin lo clava en su corazón.

Lo ha conseguido. Ha ganado la batalla. Pero para mí no es más que un perdedor más.

Nicott es el auténtico ganador de este juego.


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Nota de autor final: Y listo, :D, este capítulo me ha costado mucho. Como veis he añadido varias cosas a los personajes, en especial en el caso de Gallo, cuyo club de poesía no me aparecía en ningún punto de la ficha, pero tras leer algunas cosechas de Villanos, el nuevo syot de Dani, me convencí de que no necesariamente el capitolio debió haber suprimido todo pasatiempo no dedicado al trabajo de su distrito. Y lo aproveché para introducir el habito de Gallo de recitar citas poéticas (el cual sí está en la ficha) ; cuya inclusión en la ficción sería muy difícil sin tener que alterar su enfoque y propósitos en el juego.

En este Capítulo nos despedimos de tres tributos: Seisha, Kia y Nicott, los cuales mueren en el orden justo en que pasa en el Capítulo. Me ha costado mucho matarlos, demasiado, pero de un modo u otro los juegos tienen que avanzar :'(. Agradecimientos a Joy Hamato, Alphabetta y Diego por los tributos. Si vais a mi perfil veréis que he cambiado la lista de tributos de estos juegos por los de Telaraña de Cristal, pero no os preocupes, los personajes y sus respectivos autores están puestos en la página de personajes del blog. También he modificado la ficha de Alpine, para hacerla más acorde a la historia que imaginé en su día para ella ¡Nos leemos en cuanto pueda!