Sorpresita, sorpresota. Sorpresón. Se supone que debería hacer la traducción del anterior capítulo pero por más que lo intentaba no salía porque no paraba de pensar en la masacre que se venía para este. Y al final he terminado escribiendo la masacre y no, no me he equivocado con la palabra XD. Disfrutad el Capítulo, chicos y chicas. Sé que me terminareis odiando pero os juro que al final todo habrá valido la pena.
Aviso muy importante que no quiero pasarme la vida haciendo notas de autor quilométricas con esquemitas que me ocupan una página entera: Los dos primeros povs no son lineales (es decir, no se suceden), de hecho ni siquiera estoy segura de que el tercero lo sea pero bueno, es lo que surgió. Este Capítulo me ha provocado muchos sentimientos encontrados porque los personajes se han movido mucho y han pasado muchísimas cosas. Pero bueno, hemos venido a jugar.
Capítulo diecisiete: Caos
Caos: esa fue la razón tras el voluntariado de Gnaea Vibius. Traer caos, muerte y destrucción a los juegos del hambre. Y lo consiguió.
Brunel Fraurel – 15 años – Distrito 11
Sadfire es una actriz.
Fue la impresión que cruzó mi mente al ver a la tributo del distrito uno incorporarse, nada más constatar el estado de sus compañeros de alianza y la ausencia de la chica del distrito cuatro. La de que quizás, solo quizás, la chica del distrito uno no fuera tan tonta como lo parecía. Sus movimientos eran correctos, su preocupación casi genuina, pero había algo en todo ello que me descolocaba. De igual modo que me descolocó que no respondiera a mis provocaciones durante la charla de esta mañana.
Todo en ella era demasiado perfecto, demasiado bien calculado y de tal forma que no importaba lo que dijeras, siempre tenía la respuesta idónea. No es que fuera malo, al contrario, simplemente era demasiado perfecta para ser real. No podía existir alguien tan bueno y correcto en un entorno como los juegos del hambre. Me enfermaba solo de pensarlo, esa chica debía de tener algún defecto. Pero no fue hasta que vi la forma en que cambió su actitud, nada más ver a sus aliados llegar, que me puse a pensar que quizás esa "perfección" fuese su único defecto.
Aunque, pensándolo a fondo, quizás debí esperarlo, ella es una profesional, después de todo. Pero, por un instante, la revelación de que la líder de los profesionales estuviese actuando de alguna forma me hizo sentir dichosa. Todavía no estaba segura de qué pretendía ocultar tras esa máscara. Pero por ahora me basta con saber que tiene una.
O lo haría si todo no hubiese caído en picado desde aquel momento.
Cuando los profesionales empezaron a discutir por lo ocurrido con la chica del distrito cuatro, me sentí confiada. Tanto que no pude evitar intervenir para echar más leña al fuego. Filipo estaba muy tenso, se le notaba, no parecía apreciar nada de lo que hiciese Gallo en esta alianza. Personalmente, yo tampoco lo apoyaba, el tributo del distrito dos era un dramático y un estúpido. O eso pensaba, hasta que lo escuché lanzar aquella réplica maliciosa y supe que él también se guardaba cosas. Los puños de Filipo se apretaron y cuando sacó el arco supe que había ganado.
Entonces vi que el chico del distrito uno no apuntaba a Sadfire, sino a otra persona, mi propio compañero de distrito. Y todo el plan que había tejido en mi mente para ganar estos juegos se desmoronó ante mis ojos.
.
En cuanto tuve ocasión, me tiré sobre mi compañero de distrito, con intención de golpearlo. Cromwell apenas había cerrado los ojos un instante cuando la luz estalló tras nosotros. Tuve suerte de estar girada en ese momento, si no hubiera estado tan ciega como los demás. La ira me dominó como nunca lo había hecho. Se acabó, esta vez le iba a hacer pagar todos los problemas que me causó.
—¡Estúpido, has estropeado mi plan! —Lo acusé, tirándolo al suelo con mi embiste, pero mi puño no obtuvo la misma suerte, siendo frenado por su mano. Mi compañero procedió entonces a reírse, como si hubiera dicho algo muy divertido. Y la única razón por la cual no lo golpeé de nuevo, fue porque necesitaba tener una mano libre para coger mi arma. Este no era el patio de colegio, donde dominaba al prójimo tras un par de golpes. Cualquier error significaba mi muerte.
—¿Tu plan? —Se burló, con altanería y volvió a reír de esa forma tan desagradable. —Eres demasiado boba para tener uno, Brunel. —La forma en que dijo mi nombre, como si alguien como yo no significara nada para él, me sacó aún más de quicio. Idiota y más que idiota. Disimuladamente, agarré una de las cuerdas de las que me había equipado, como arma, con la mano izquierda, mientras intentaba desasir la otra mano de su agarre. Pero él la retorció con saña, causándome un grito de dolor. Poco después tiró de ella con la intención de someterme contra el suelo, pero no lo dejé hacer. Lo golpeé con el codo y las piernas hasta que logré que me soltara. Fue algo difícil, mi compañero era tan fuerte y resistente que mi única solución fue golpearle por todos los frentes posibles, esperando causarle aunque fuera un rasguño. Mientras, la contienda de los profesionales hacía estragos tras nosotros. La explosión de luz había traído unos visitantes muy molestos a la reunión: pequeños, negros y con alas anaranjadas y ojos rojos. Así eran las cigarras de esta arena. Navegaban en desbandada, reproduciendo ese zumbido tan característico que no hacía más que empeorar mi humor. Y eso sin contar a los tributos del distrito doce.
Ellos eran los auténticos culpables de todo. Ellos y Cromwell estaban llevando a la alianza profesional a la ruina, con ese ataque. Y sin la alianza profesional yo no era nada en esta arena. Había subestimado la amenaza que representaba mi compañero de distrito. Pensando que no era más que un estúpido con aires de justiciero. Pero en lugar de eso me encontré con un hombre capaz de contrarrestar todos mis ataques, excepto uno. El vaivén desesperado que dio mi mano con el látigo que la chica del distrito cuatro me había fabricado, al sentir como su bolo penetraba en mi piel, desgarrando uno de mis pechos con una línea oblicua y sin llegar al corazón. La piedra que remata la cuerda lo golpea de lleno en la cabeza, haciendo que caiga al suelo a mi lado.
Me incorporo con dificultad, me duele todo el cuerpo, en especial mi pecho y vientre. Me arden de tal forma que el mínimo movimiento resulta una tortura para mí. Pero la batalla no termina hasta que suena el cañonazo. Clavo mis uñas con saña en su cuello con intención de despertarlo. Matar a Cromwell no será divertido si está demasiado sonado como para darse cuenta. Pero antes de que pueda darle el golpe de gracia siento un latigazo de dolor en mi pierna izquierda y pierdo el equilibrio. Alguien me ha atacado por detrás, partiendo el miembro por debajo, como si se tratara de mantequilla. Inmediatamente, giro el rostro, con intención de encarar al listillo que se cree con el derecho de estropear mi momento de gloria. Pero mi expresión muere al comprender quién es:
—Filipo… —Articulo, débilmente. El chico del distrito uno ni siquiera reacciona a mi voz. Hay algo aterrador en su mirada. La clásica expresión de diversión y admiración con la que solía encararme ha sido reemplazada por una de euforia y locura. Su arma: una pequeña Katana con la empuñadura dorada y recubierta por una tela granate con rombos, está tan empapada de sangre que apenas distingo el filo. Mi sangre…
En ese momento el pánico me invade. Voy a morir, definitivamente voy a morir. Intento hacer algo, retroceder, aunque sea a rastras. Olvidando, por un instante, la presencia de mi compañero de distrito, quién me sostiene por detrás. Pataleo y lo golpeo con mi pierna y brazo bueno, procurando que me suelte por todos los medios posibles. No importa que esté ardiendo en dolor, no me rendiré. Mi compañero de distrito me aplasta el cuello con su brazo, pretendiendo asfixiarme. Pero la espada del chico del distrito uno llega antes.
.
Alaïa Maddox – 16 años – Distrito 12
Juego con los mechones que Teffie, Dorothy y yo cortamos de nuestros cabellos, para añadirlos a los hilos de colores que componen nuestras pulseras de la amistad, con solo doce años. Estoy nerviosa, no, lo siguiente. La mezcla de emociones que me recorre al pensar que me voy a enfrentar a los profesionales es tan fuerte que apenas puedo mantenerme quieta. Tengo miedo, pero también mucha ansiedad y adrenalina. No es como cuando me adentré al baño de sangre en busca de provisiones y armas, aunque se parece bastante. Ni siquiera como cuando asesiné al chico del distrito ocho. Esta vez puedo morir de verdad. No me calmo hasta que siento que los dedos de Alec se entrelazan con los míos.
Nos hallamos en el interior del túnel que Cromwell dijo haber cruzado para escapar del baño de sangre. La oscuridad es tan intensa que de no ser por la linterna con la que está oteando la pared que nos separa del refugio de los profesionales, no sería capaz de ver nada. Mi compañero de distrito busca algo, una marca extraña o dibujo que no encaje con el decorado. Parece tan tranquilo que hasta me da envidia. Sus ojos se desvían entonces a los míos, provocando que baje la mirada, avergonzada, y entonces me suelto.
—Estoy preocupada por Cromwell. —Termino diciendo, en un intento de disculparme por mi estado. —Podrían matarle de un disparo nada más verle. Y si él cae todos caemos. —Admitirlo me hace sentir mucho mejor, aunque no ayuda a que la confianza regrese.
—Extraño, que lo estés, considerando que él quiere matarte. —La revelación de Alec me sorprende, no tanto por lo que dice, sino por lo que me evoca. La pelea entre mi compañero de distrito y Cromwell que me despertó hace unas horas. Sofoco una carcajada, nerviosa.
—¡Alec! Estamos en los juegos del hambre. Todos quieren matarme. —Por algún motivo el pronunciarlo solo lo vuelve más real. —¿En todo caso por qué no me lo dijiste hasta ahora? —Él se encoje de hombros.
—Estrategia, supongo. —Sus ojos se quedan fijos en una marca roja tan rara que resulta graciosa. Es como un corazón de esos que contienen las notas pequeñas que los enamorados se intercambian en nuestro colegio. —¡Lo sabía! —Exclama y sin pensar dibuja su contorno con los dedos. Saco la cerbatana, ya cargada, de mi hombro y la pongo en posición. En cuanto el muro desaparezca todo dependerá de mí. —No he olvidado nuestro pequeño trato, compañera. —Mi corazón brinca cuando él dice la última palabra. Estoy demasiado nerviosa, demasiado expectante y el que tengamos esta conversación no ayuda a que deje de estarlo. —Juntos hasta que la supervivencia ya no nos lo permita. Intentaré no guardarte rencor si nos terminas abandonando a los dos durante la contienda. Aunque admito que me gustaría llegar al banquete contigo. Me aportas seguridad. —No sé por qué, pero me echo a reír de nuevo.
—¡Todo depende de como se desarrolle la batalla! —Decido responder con la verdad. La perspectiva de asesinar a Alec no me resulta nada alentadora. —¡Oh!¡Vaya!
.
Las dos palabras que se escapan de mi boca se quedan cortas para describir todo lo que sucede ante mis ojos. Los profesionales se han visto reducidos en número por algo o alguien que desconozco. Recuerdo los dos cañonazos que nos convencieron de aplicar el plan de Alec hoy. Es probable que el de la chica del distrito cuatro sea uno de ellos. O eso, o abandonó a su alianza antes de tiempo. El estallido de la bomba de luz cubría lo suficiente el terreno para no poder ver lo que sucedía con mi aliado del distrito once. Pero no me preocupo por él. Es mejor que no sobreviva a esta contienda. Que todos los tributos que me puedan causar algún problema mueran aquí. Sé que es imposible, pero se vale soñar.
Distinguir a Filipo de espaldas, en cambio, no lo es. Las cigarras que pasaron de acompañar a Alec a hacerlo con Cromwell, una vez que nos separamos frente a la trampilla de entrada al túnel secreto de esta arena, están resultando ser una excelente distracción para los profesionales. La luz les enloquece, tal y como predijo Alec. Del mismo modo que Filipo enloquece en cuanto pasan los segundos que calculé que tardaría en hacer efecto mi dardo. Creo que incluso tardó menos que el otro chico, quizás las emociones intensas sean la clave.
En todo caso tampoco es que tenga ocasión de comprobarlo. El tributo del distrito uno es un profesional. Debo mantenerme alejada de él si no quiero convertirme en su víctima. La flecha que sostenía termina siendo disparada hacia la chica del distrito uno, pero, mal que bien, ella consigue esquivarla. La atisbo sacar su espada con una expresión de rabia y confusión. Y siento ansias de reír. Disfrutad de vuestra sorpresa, profesionales, no será la última.
En cuanto veo que tengo el camino libre me echo a correr. Estoy aprovechando el caos a mi alrededor para robar comida y víveres, tal y como hice en la Cornucopia durante el baño de sangre. Solo que de una forma más discreta y menos arriesgada. Brunel y Cromwell ruedan como dos fieras en una rara lucha por quién domina a quién por el suelo del túnel. El chico del distrito once parece tan eufórico que hasta me pregunto si enloqueció él también. Quizás al final no necesite de mis dardos para deshacerme de él.
Mi compañero de distrito, sin embargo, es mucho más prudente. Aprovecha que Filipo terminó lanzándose sobre el profesional más cercano a él, alias Gallo, en busca de una posible arma para combatir; para introducirse él también a la contienda. Su misión es la más difícil de todas. Aprovechar el caos que los insectos y Filipo causen, para encargarse de alguno de los profesionales. Al inicio me resultó algo tan fantasioso que hasta parecía suicida. Pero ahora que lo veo en acción compruebo lo acertado que fue convertirlo en mi aliado desde el mismísimo día uno. Alec es demasiado hábil, no tiene problemas en pasar tras ellos para dejar tirada el arma de Sheisha, como si la hubiera perdido de forma casual. Por algún motivo el carcaj del chico del distrito uno estaba vacío. La tributo del distrito uno se mueve despacio, no sé si por estar herida o querer atrapar a su aliado por la espalda. De todos modos tampoco es que tenga demasiado tiempo, el tributo del distrito dos ha tardado apenas un milisegundo en empujar a su ex-aliado hacia atrás; obligándola a abortar plan, sino quiere terminar pillada.
Me pierdo el momento en que Filipo encuentra el arma por agarrar un botiquín. Y lo guardo en mi mochila. No sé cómo terminaremos yo y Alec esta contienda, pero nos podría ser útil. También agarro una lata de comida y cerillas. Ahora solo falta el agua.
Me arrastro por el suelo, en su busca. La tributo del distrito uno parece haber dejado el trabajo de jugar a los traidores y encara a su compañero de distrito con valentía. Desde donde estoy puedo deducir fácilmente su plan de deshacerse de él, serpenteando a través de las batallas de sus compañeros. Creo que esta chica es más peligrosa de lo que parecía a simple vista. No solo es lista, sino que es la única que tiene el reflejo de atacar primero y hacer las preguntas después. Mientras, Brunel está ganando su batalla contra su compañero de distrito. Desde donde estoy puedo verla levantarse, pero no lo que pretende hacer con Cromwell. Filipo y Sadfire están demasiado cerca de ellos, también. Esto podría acabar mal.
Decido dejar de mirar las distintas batallas y centrarme. Necesito salir de aquí y pronto. El tributo del distrito dos parece haber reparado en mi presencia, pero mi compañero de distrito apenas le da tregua. Le acecha con una paciencia y parsimonia que ya me gustaría tener a mí. A mi mente regresan las últimas palabras que nos dedicamos. Si realmente estoy pensando en abandonar a Alec a su suerte este el mejor momento para ello.
Sin embargo, por más que lo pienso ningún movimiento surge de mi parte. Las cigarras siguen jugando con su canto a nuestro alrededor, limitándose a tapar las salidas más obvias, en vez de entorpecer más las batallas. Esto se está pareciendo a otra trampa mortal.
Mientras las estoy vigilando, en busca de una forma segura de escapar, siento como alguien se tira sobre mí. Se trata de la tributo del distrito uno. No sé cómo se libró de Filipo enloquecido, pero de algún modo lo hizo. Es entonces cuando suena el primer cañonazo de todos lo que espero oír esta tarde (o mañana, poco importa). No pierdo tiempo en sacar la navaja que me regalaron los patrocinadores y clavársela en el primer trozo de carne que veo ¿Quién sabe? Tal vez pueda provocar el siguiente.
—¡Será posible... ¡Fuiste tú! —La voz de Sadfire suena tan fuerte que me asusto. Al parecer, ha cogido mi cerbatana. Ruedo sobre el suelo, consiguiendo lanzarla hacia atrás de un movimiento de mis piernas. Estoy herida en el hombro, pero no tengo nada grave. En cambio, ella sangra del costado, aunque no copiosamente. Debí clavársela más fuerte.
Para cuando consigo levantarme, la tributo del distrito uno ha cambiado su espada por mi cerbatana. Recuerdo que la he dejado cargada para un disparo más, en caso de necesitarlo para huir. Ella también se da cuenta porque sonríe. Hace tiempo que dejó de ser la típica princesa idealista para parecerse más a una villana que vino a traer caos y destrucción a estos juegos.
Sintiéndome acorralada, retrocedo, mientras ella dice algo parecido a veamos como te enfrentas a tu propia medicina, antes de probar a disparar. Tengo miedo, no de morir sino de perder lo poco que queda de mí misma en estos juegos. Otro cañonazo suena a nuestro alrededor, instándome a moverme ¿Alec? ¿Cromwell? ¿Filipo?
Siento una mano fuerte tirar de la mía, en el justo instante en que el dardo sale. Estoy temblando, definitivamente estoy temblando. Me lleva apenas un segundo comprender que Sadfire ha fallado y todo ello gracias a mi compañero de distrito.
.
Roman Curtis – 17 años – Mentor del distrito 2
«Dime una cosa, Roman, ¿quién te importa más? Tu hermana, la perfecta piloto de caza, o ese chico de tu distrito al cual sus propios hermanos orillaron a presentarse voluntario a los juegos?»
La pregunta que me hizo la presidenta durante la reunión que tuve con ella todavía flota en mi mente. En ese instante no supe qué responder. Aterrado ante la simple idea de que alguien más, fuera de lo que es mi entorno más cercano en el distrito dos, supiera mi secreto. Pero en el instante en cual le aseguré que no importaba quién muriese en esta arena, yo iba seguir las normas, ella se calmó. Ahora me arrepiento.
En la sala donde solo estamos Gnaea, yo y todos los demás mentores, que aun tienen un tributo vivo, en la arena, el ambiente está muy tenso. Lark Dark, del doce, discute con su escolta que le suplica que, por favor, deje de animar a Alec y Alaïa y se tome sus pastillas. Personalmente quiero gritarle lo mismo ¡Alec solo está teniendo suerte porque Gallo está cansado después de luchar contra Cormorant y su propio aliado! Es lo que me digo para resistir. Pero lo cierto es que desde el momento en que escuché su plan tuve claro que la alianza profesional peligraba si lo llevaban a cabo. El voluntario del distrito doce está siendo una auténtica sorpresa en estos juegos. Primero ese nueve, luego casi mata al chico del distrito once en el baño de sangre, pero lo dejó vivir por lo que hasta ahora no parecía más que un capricho pasajero de su compañera de distrito. Finalmente está su descubrimiento sobre la arena y ese maldito plan. Odio el plan.
—Te diría que te relajaras, pero creo que lo último que necesitas escuchar en estos momentos es esa palabra. —Levanto la mirada de mi libreta de notas para encontrarme con los ojos intensamente azules de la mentora del distrito uno. Estaba intentando crear un pequeño caligrama con la forma de un pájaro cuando todo estalló. —No te preocupes Roman, estoy de tu parte.
Agacho la cabeza, avergonzado, ante la preocupación genuina de Iris. La mentora de Sadfire está siendo todo lo buena que no quiere ser su tributo ahora mismo. En otras circunstancias lo agradecería, pero en estos momentos me siento demasiado estresado como para corresponderle. Mi mano tiembla tanto que me siento incapaz de reproducir el más mínimo trazo. Mientras, mi compañera mentora se encuentra debatiendo con el suyo sobre cual será el patrón del alucinógeno con el que han infectado a Filipo. Yo conozco la respuesta: adrenalina. Es una de las pocas claves que me proporcionó Tiana sobre estos juegos. Adrenalina, amor, luz y oscuridad. Intenté transmitirle a Gallo todo lo que podía sobre ello. Pero creo que no fue hasta que la bomba estalló que comprendió el peligro de conocer aunque fuera una simple palabra de todo el entramado. Se supone que los mentores no podemos avisar a nuestros tributos sobre los peligros o trampas que les esperan. Por eso apenas le dije nada.
Margerite, en cambio, está tan excitada como su tributo o más. El voluntario de su distrito se había convertido en una especie de sádico que disfrutaba con la simple experiencia de tener a su enemiga entre sus manos. Razón por la cual el verla morir le saca un auténtico grito de ira y dolor. Intenta levantarse pero termina tambaleándose en busca de un punto de apoyo que solo él no encuentra. Al parecer el golpe en la cabeza le está causando algún tipo de mareo. Mientras estaba en el suelo no le causaba apenas dificultades, pero ahora… Filipo, por su parte, suelta una carcajada antes de situar el filo del tantō bajo su mano, para luego retirarlo en un corte tan rápido que apenas lo distingo cuando fluye la sangre. Fue la tributo del distrito uno quién lo atrajo hacia ellos, buscando una forma fácil de deshacerse de todos los miembros de su alianza, sin por ello quedar como la mala del cuento. Y siendo sincero lo está consiguiendo.
—No sé si es bueno que tenga esa cerbatana entre sus manos. —Susurra Iris, al ver como la voluntaria de su distrito se tira sobre la tributo del distrito doce, con los ojos puestos en su arma. —Es algo muy útil, pero también peligroso. La víctima puede tanto ayudarte, como volverse contra ti. La única forma de controlar su efecto es conocer a tu enemigo tanto como a ti mismo. —Suelto una carcajada, nada más escucharla. Me temo que tendré que contradecirla en eso último. Ese polvo es tan perfecto para Sadfire que casi grita su nombre. La tributo del distrito doce también parece advertirlo porque nada más echarla, terminó retrocediendo en busca de una posible vía de escape que nunca encontrará. Mientras, Gallo está teniendo serios problemas por contrarrestar el avance del chico del distrito doce. Su estado físico me preocupa mucho en esos momentos. El arma de Alec es grande, pesada y contundente, pero también lenta. Lo suficiente para que el simple acto de defenderse cause un retroceso que podría perjudicarte si no conoces bien el terreno que pisas. Mi tributo lo sabe y es por eso que controla tan bien sus movimientos. Termino rompiendo el lápiz, sin querer, al ver que el chico del distrito doce se las ha arreglado para desequilibrar-lo. No, no, no ¡No!
—¡Maldita, sea, Gallo, piensa antes de actuar! —Exclamo nada más comprender la suerte que ha tenido Gallo de que Alec se preocupe más por su compañera de distrito que por anotar otro cañonazo al contador. Margerite ha dejado la sala con una dignidad tan obvia que queda claro en que terminó el encuentro de Filipo y Cromwell. Reconozco que siento algo de compasión por el chico en estos momentos. Pero si algo aprendí durante todos mis juegos es que la compasión no te permite vencer.
—No dejes que la ansiedad te controle, compañera. Te puede ser fatal. —Escucho como le susurra Alec a Alaïa, confiado. No entiendo cómo puede estar tan tranquilo cuando su propia compañera es un manojo de energía y nervios. Gallo debe de pensar de una forma similar a la mía porque aprovecha la postura en que se sitúan ambos, con Alec sosteniendo a su compañera de distrito con una mano, mientras su mazo está suelto en la otra, para atacar. Si no lo hubiera observado tanto durante los entrenamientos, como los propios juegos, pensaría que pretende usarla de escudo.
La estrategia final, sin embargo, es tan evidente que hasta a mí me sorprende. La chica del distrito doce no solo se situá delante por voluntad propia, sino que termina enganchando el arma de Gallo con la suya en una maniobra tan buena que esta sale disparada por los aires. Seguidamente ríe, atrayendo la mano de Alec tras de sí, para hacerlo retroceder, creo que está intentando hacerle entender algo, pero no sé el qué.
—Tu no deberías arriesgarte a perder la ventaja de esta manera. —Termina diciendo ella, moviendo su otra mano hacia la cintura de su ya rasgado vestido. De no ser por los gestos tan obvios de sus manos, no habría reparado en que el lado en que cuelga la pequeña bolsa de tela de Alaïa es justo aquel hacia el que se balancea la mano entrelazada de su compañero de distrito. Alec, por su parte, vacila. Creo que lo ha entendido a la par que yo. —¡Será posible, Alec, ¡reacciona! ¡Nada de esto servirá si ambos estamos muertos!
Es justo tras ese grito que la veo. Se trata de la misma luz de determinación que he visto en sus ojos cuando se lanzó tras aquel mazo durante el baño de sangre. La tributo del distrito doce se ha apartado tan rápido de delante de Gallo que este ni siquiera ha tenido tiempo de pestañear, antes de fallar su siguiente ataque. Sus pasos han ido disminuyendo en velocidad de forma tan progresiva que no me resulta inverosímil que Alec logre vencerlo con una artimaña tan vil como tirarle esa arena rosa a los ojos. El color enrojecido de sus dedos es tan nítido que no me quepa duda de que los guantes que porta la chica del distrito doce son para algo. Gallo también grita, solo que en su caso la razón es dolor. Seguidamente, Alec agarra su mazo con ambas manos y le golpea en la cabeza con todas sus fuerzas.
—¡No! —El shock que me recorre al ver a mi tributo caer es tan fuerte que no me doy cuenta de que he sido yo el que ha gritado. Escucho a Iris murmurar algo casi inaudible sobre que le ha acertado en la sien ¡Como si no lo supiera ya! Su cuerpo termina cayendo al suelo con un golpe sordo. Poco después, suena el cañonazo.
.
—Ven conmigo. —Las palabras de Iris son tan firmes que me sacan del trance enseguida. Su mano hace un extraño paralelismo con la que tiende Alaïa para tirar de su compañero de distrito hacia una salida. La sostengo solo porque temo caerme hacia el piso yo también. Todo ha sido tan rápido que hasta la tributo del distrito uno está sorprendida. Observa a su aliado como si no todavía no asumiera que está ahí muerto. Me doy cuenta tarde de que Iris pretende hacerme salir de la sala. Ella y Gnaea comparten una mirada fugaz. Pero mi compañera debe juzgar que es inofensiva porque no se interpone entre nosotros.
—Un momento, Iris, ¿y la voluntaria de tu distrito? —Termino diciendo nada más alcanzamos la puerta. No es que me importe mucho Sadfire en estos momentos, pero no es correcto que su mentora la descuide de esta forma. Ella ríe de forma tan natural que me descoloca. Maldita mentora manipuladora y traicionera, ¿por qué me estoy dejando llevar por ella de forma tan fácil?
—No te preocupes por Sadfire. —Responde, con una gran sonrisa. —Lo tiene todo bajo control. —La seguridad de sus palabras se confirma enseguida con la forma tétrica en que se levanta la chica. En sus manos sostiene uno de los cuchillos de Gallo con el cual apunta a Alaïa. Sus ojos ahora brillan de puro odio. Su tiro no es certero pero poco importa. El tributo del distrito doce tiene justo el reflejo de soltarla, antes de que ella caiga a su lado. Por el lugar en donde ha quedado insertada el arma puedo deducir que si sobrevive a esta contienda se va a quedar paralítica para siempre. —¿Ves?
No soy capaz de siquiera responder a eso. Me limito a observar como Sadfire huye confiando en que tarde o temprano su compañero de distrito rematará el trabajo. Alec también debe de pensarlo porque ni tira de ella, ni se queda parado a mirar. Se limita a susurrarle una sola palabra, antes de retomar su carrera hacia la salida más próxima: "perdoname".
Termino golpeando la puerta que Iris cierra tras de sí de pura frustración ¡Yo sí que no puedo perdonarle! ¡Ha matado a Gallo!
.
Cormorant Jones – 17 años – Distrito 4
«De todos los desenlaces en los que pensé que podría terminar nuestra tregua, este ha sido el peor. Lo siento, Kleo.»
Aquellas fueron las últimas palabras que le dirigí a mi compañera de distrito antes de retirar mi lanza de su frágil cuerpo. Estaba tan afectado que de no ser un tributo profesional me habría echado a llorar. Más cuando tuve que hablarle a Jack de mis distintas razones para matarla. Me gustaría decirle que todo lo que dije sobre el actuar de Kleo es una vil mentira, pero lo cierto es que no lo sé.
Cuando comprendí a qué estaban jugando ella y Gallo perdí el control. Envuelto por la absurda sensación de que todos íbamos a morir, mientras ellos y el chico del distrito uno actuaban como si estuvieran en una función. Ni siquiera se me pasó por la cabeza que quizás yo estuviera haciendo igual. Al fin y al cabo, ¿quién me mandaba preguntarle a Gallo sobre la razón por la cual creía que me odiaba? ¿Qué se supone que esperaba de él? ¿Templanza? Tenía que dejar de negar la realidad y asumir de una buena vez que estamos en los juegos del hambre. Creía que lo había hecho, pero el haber visto morir a Diana, sin poder hacer nada por evitarlo, me hizo ver que quizás estuviese equivocado.
Juego con los dos anillos de alianza que cuelgan de mi colgante, frotándolos entre sí. Se trata de una de las pocas pertenencias que me legaron tras la muerte de mis padres. La alianza de él es simple pero la de mi madre lleva engastada una preciosa perla blanca que me trae buenos recuerdos. Me pregunto si podré volver a ver el mar alguna vez. Es el único lugar de mi distrito en el que siento que tengo el control. Lo cual resulta irónico dado que también es el lugar en el cual más me arriesgo. Pero supongo que la vida está llena de ironías. Desde el mismo instante en que perdí a mis padres supe que si quería sobrevivir a la hambruna tendría que arriesgarme. No temer a las olas sorpresivas del anochecer y anticipar mis salidas lo más posible para no ser encontrado nunca por los agentes de la paz. También es una de las razones por las cuales desarrollé esa tan buena intuición que me ha salvado la vida en más de una ocasión. Pero hoy, no sé por qué, tengo la sensación de que me ha fallado. Y no me gusta.
Estoy inquieto, llevo estándolo desde el mismo instante en que fui consciente de que de no ser por Kleo estaría muerto. Porque ella prefería darme la oportunidad de luchar, antes de ver como su aliado del distrito dos me mataba de un ataque. Me hace sentir mal por haberla asesinado. Es cierto que cometió un error, pero aun así… Freno el gesto frenético al sentir que otra vez estoy divagando hacia terrenos peligrosos con mis propios pensamientos. Desde que nos unimos a la compañera de distrito de Jack siento algo extraño en el ambiente. Es como el avenir de una calamidad que no cesa. Y lo peor es que mi única razón para contribuir a este sangriento espectáculo es que no quiero morir. Pero, por alguna razón, no puedo permitirme siquiera pensar en parar. Quiero vivir.
Quiero vivir y para hacerlo debo dejar de pensar en todo lo que ha pasado y no quería hacer. Es lo que me enseñaron en la academia de profesionales y la razón por la cual me siento incapaz de estar tranquilo con Sonya junto a nosotros. La tributo del distrito siete está tan destrozada mentalmente que podría ser una auténtica bomba de relojería. Pero después de constatar el estado emocional de Jack Lastra y el mío propio, tras el encuentro con los demás profesionales, no tengo el valor de pedirle algo tan cruel como lo sería echarla de la alianza por mi propia desconfianza.
Jack, por su parte, descansa, completamente ajeno al bullicio de mi mente y al movimiento de su compañera de distrito. Se supone que yo también debería de hacerlo, pero me siento incapaz. Quitarle esa punta de flecha terminó siendo difícil sin anestesia. Pero creo que de alguna forma lo he conseguido. Tampoco parece tener fiebre, ni nada alarmante. Así que estamos bien. Me obligo a cerrar los ojos por enésima vez, haciendo lo posible por ignorar los pasos de Sonya a nuestro alrededor. Creo que está teniendo una especie de debate consigo misma porque murmura algo similar a «Puedo hacerlo. No puedo hacerlo. Sí, puedo...» Y así sigue la cosa. La ignoraría sino fuera porque me da la impresión de que es ella la que va a irse. Literalmente me está dando todas las señales. Por otra parte, si me equivoco, ¿qué podría salir mal? Al fin y al cabo, solo estamos en el segundo día de los juegos.
.
—¿Sabes Sonya? Yo creo que no deberías de darle tantas vueltas. —Susurro, en cuanto ella pasa a mi lado por enésima vez. La tributo del distrito siete se ha quedado paralizada nada más comprender que estoy despierto. —Si no te sientes segura con nosotros puedes irte. No te voy a obligar a quedarte, aunque sí me convendría que guardases ese Kunai antes ¿O es que planeas hacer otra cosa con él? —No puedo evitar referirme al arma que siempre sostiene contra sí por su nombre real. Me sonaba demasiado.
Lo que sucede a continuación me toma de sorpresa: la chica del distrito siete da un brinco y se lanza a atacarme. La bloqueo con la mano casi sin necesidad de blandir mi lanza. Si se tratase de otra persona tal vez habría realizado algún tipo de movimiento ofensivo, pero con ella no puedo. No solo se trata de la compañera de distrito de Jack, sino que cuando la encontramos estaba tan destrozada que hasta daba pena. Creo que ha actuado más por instinto que por sentido común. Y si algo sé del instinto es que la mejor forma de contrarrestarlo es hacer algo inesperado. Termino lanzando-la sobre el cuerpo de mi aliado de forma tan certera que lo despierto. Lo siento, Jack.
—Pero qué… —Las palabras de Jack se cortan al notar que la persona a la cual sostiene es su propia compañera de distrito. —Sonya, ¿me puedes decir qué haces? —Justo en ese momento un sonido fuerte y nítido nos interrumpe para luego tornarse en una gélida sucesión que me da escalofríos. Uno, dos, tres,…
Agacho la cabeza, sintiendo como la adrenalina que sentía hace apenas unos segundos se ha desvanecido de mi cuerpo. Conozco ese sonido demasiado bien. Lo escuché siete veces después del fin del baño de sangre. Luego cuatro. Y hoy Kleo y yo terminamos provocando dos. Me doy cuenta fácilmente que no soy el único que no asume los demás. La tributo del distrito siete se ha hecho un ovillo tapándose los oídos con las manos. Jack, por su parte, me observa sin pestañear. Al parecer él también ha estado echando la cuenta. Finalmente dice:
—¿Soy yo o acabamos de llegar a los últimos ocho en apenas dos días? —Por la forma en que lo dice está claro que él tampoco se lo cree. —Me gustas más así, Cormorant. Das menos miedo. —Termino soltando una gran carcajada, mira quién fue a hablar.
—¿Debería tomármelo como un cumplido o un insulto? —Respondo de corrido, encanando su broma con otra. Cada vez estoy más convencido de que proponerle una alianza a Jack durante los entrenamientos fue una buena idea. Seguidamente observo a su compañera de distrito. —Perdona por lo de antes, Sonya. Han sido demasiadas emociones en un día.
Ella se limita a asentir toda ruborizada, antes de murmurar su parte de la disculpa. Creo que ya no estoy a favor de separarme de ella. Al menos no tan pronto como lo pensé al verla. Y por su mirada puedo deducir que ella tampoco.
.
José Eduard Bailey (Martínez) – 17 años – Distrito 5
Me muevo agachado hasta quedar oculto tras un arbusto de hojas verdes y brillantes y preparo mi arma, apuntando con decisión. Estoy vigilando a una especie de conejo pardo que no sé por qué rondaba cerca de mi refugio. Me pregunto si los vigilantes lo están utilizando para algo, aunque apostaría más a las luciérnagas que llevan rondándome desde el mismo momento en que sonaron los tres cañonazos que marcaban la llegada de los últimos ocho. Nunca las había visto antes, lo que puede significar dos cosas.
Una, que antes no estaban allí o que prácticamente no se habían desvelado hasta ahora. Y otra, que tal vez me estoy dirigiendo a otra zona de la arena. No he dejado de correr desde el mismo instante en que abandoné a Sonya, para luego echarme a llorar como una especie de niño pequeño incapaz de asumir todo lo que había hecho. Es entonces cuando un paracaídas aterrizó junto a mis pies, revelando una bolsa de fruta roja, más característica del distrito siete que del mío: manzanas. Estaba tan afectado que poco me ha faltado para lanzar su contenido al aire y lo habría hecho de no ser porque me moría de hambre. Había vomitado demasiado.
Hago ensayos con varios gestos dubitativos hacia mi objetivo, intentando buscar lo mismo que sentía tanto en el desfile como en el centro de entrenamiento: Valor, esperanza, optimismo,… Cualquier cosa que me haga sentir mejor considerando que hemos llegado a los últimos ocho en solo dos días y no tengo ni la menor idea de qué hacer. Cuando recibí aquel paracaídas solo dos palabras brillaban en mi mente: ¿por qué? La respuesta de mi mentor fue tan certera como dolorosa: «Bien hecho chico, mejor ahora que cuando queden pocos. Sigue luchando, José. Estás en el buen camino.» Me hizo soltar una protesta muy fuerte, pensando en a qué se refiere con buen camino. Prácticamente no he dejado de huir desde el comienzo de los juegos, con excepción del momento en que pensé en disparar a Gallo. No recuerdo ningún manual o video de la sala de entrenamientos en donde algo similar a eso haya funcionado con algún tributo. Y sin embargo…
¡Boom!
Suelto un juramento al ver que el sonido de un cuarto cañonazo hizo partir al animal, justo en el momento en que, al fin, me había atrevido a disparar. Ese también venía de la Cornucopia. Inmediatamente me pongo a perseguirle con el objetivo de no darle tregua. Necesito hacer algo para sentirme seguro ¿Qué se supone que habrá pasado con los profesionales? ¿Habrán decidido por acuerdo mutuo destrozarse a sí mismos y que el vencedor cazase a los demás para sobrevivir? ¿O es que acaso se enfrentaron a algo más fuerte que ellos y todos perecieron? Sacudo la cabeza, abandonando mis ideas fantasiosas sobre la recta final de los juegos. Necesito centrarme.
El conejo se detiene en lo que parece ser una zona nueva de los juegos. Se trata de una especie de intersección donde por alguna razón el tiempo se ha detenido en un mestizaje de dos colores que no se asocian bien. Rojo y verde, luz y oscuridad, bosque y pradera. Literalmente las dos zonas de la arena. Lo que significa que no estoy en una nueva zona sino en otra intersección, muy diferente al túnel. No es muy grande y, por un instante diría que apenas tiene nada. Es entonces en que reparo en aquella flor violeta que desentona tanto que me molesta: Acónito
.
—¡Pequeño, no! —Exclamo disparando el arma como un resorte, al ver que el animal se está acercando a ella. Todavía no he terminado de captar el patrón de lanzar de sus cuchillos. Funcionan como un bumerán, pero no se parecen en absoluto a uno. La única razón por la cual cogí esa mochila roja en la Cornucopia era que se correspondía al completo con las instrucciones de mi mentor y con las que no hacía más que tener sentimientos encontrados. Matar no era algo tan fácil de pensar y ejecutar como lo decía Light. Lo tenía claro desde aquel día en la fabrica. Y sin embargo… El conejo cae al suelo con un golpe tan certero que me da miedo, ¿por qué he acabado haciendo eso en primer lugar? Ah sí, la planta...
—Es venenosa. —Termino diciendo, con ganas de llorar. El animal apenas reacciona mientras que yo estoy bloqueado en una sola frase. El acónito es muy peligroso, le basta con un simple contacto para ralentizar el corazón hasta la muerte, entre otros síntomas iguales o peores. Además, estas plantas son raras. Todo en esta arena lo es. Es entonces cuando las luces del cielo se cruzan y descruzan formando un patrón que reconozco demasiado bien. Es algo que he llevado temiendo y deseando desde el mismo inicio del día dos en la arena. Los rostros de las personas muertas.
—Que no sea Sonia, que no sea Sonia. Por favor, no hagas que me arrepienta más de lo que lo hago ya. —Murmuro para mí mismo mientras suena el himno del Capitolio. Aquel ha sido uno de los miedos más recurrentes que he tenido en este día desde que sonó el primer cañonazo. Que la decisión impulsiva que tomé llevado por mis propios sentimientos extremos terminase en un destino fatal para mi aliada. Soy perfectamente consciente de que solo puede sobrevivir uno en estos juegos. Pero aun así, no quiero que Sonya muera por mi culpa. No lo soportaría. —Espera… ¡¿qué?!
Es la única exclamación que me sale al ver el rostro sonriente y orgulloso del chico del distrito dos. Gallo Strauss es la persona que mató no solo a Nicott, sino también a Mazda. No puedo encajar que ya esté muerto. Le sigue la chica del distrito cuatro, lo que significa que existe una mínima posibilidad de que los dos primeros cañonazos que escuchara eran de ellos dos. Aunque no puedo asegurarlo ya que provenían de la pradera y no sabía quién, además de nosotros y Nicott, había huido a esa zona. La otra es que simplemente murieran en lo que fuera que pasó en la Cornucopia. No tengo la menor idea y tampoco es que me interese averiguarlo. Vuelvo a murmurar algo sobre que Sonya no salga esta noche mientras espero a los siguientes rostros. Si mis cálculos son buenos han muerto cerca de seis tributos en un solo día. Son demasiados para que los asuma con templanza.
—¡Uf! Menos mal. —Se me escapa un suspiro de alivio al ver que la siguiente persona en salir en el cielo es la chica del distrito diez. Tengo un regusto algo amargo al respecto ya que Sonya me comentó que era aliada de su compañero de distrito, pero nada más. Brunel, en cambio, no me produce ninguna emoción. Se me está ocurriendo otra teoría sobre los profesionales, el voluntario del distrito once daba bastante miedo, también y para coronar el paquete también está en el cielo. La última es la chica del distrito doce.
Suelto el conejo al que he terminado abrazado, en un impulso que ni yo mismo comprendo, en el justo instante en que suenan las últimas notas. Creo que algo se ha roto de mí en estos juegos, aunque no logro averiguar qué es. Lo único en lo que soy capaz de pensar es que solo quedamos siete y no tengo ni la menor idea de cómo matar a los demás. Está el veneno, pero creo que no es suficiente. Suelto un sollozo, advirtiendo que por primera vez desde que he salido elegido, no tengo ni las más mínimas ganas de vomitar. Termino sacando un cuchillo para, ahora, sí, destripar el conejo, intentando no hacerle ascos a la sangre. Espero que mi mentor al menos haya tenido el reflejo de ahorrar para unas cerillas. Comer un animal crudo es peligroso para la salud. Por otra parte, encender un fuego también lo es, debido a que los chicos del distrito uno siguen vivos. Pero después de ver tantos rostros como he visto en el cielo en una sola noche, no soy capaz de pensar en qué podría ser peor que aquello. Quiero echarme a llorar pero sé que no va a servirme de nada. No sé qué hacer ahora.
.
.
Nota de autor no tan kilométrica: Me he quedado fría tras este capítulo. La adrenalina de escribir era tan fuerte que me pasaba días sin dormir, pensando en escribir. Por otra parte, los dos últimos povs han sido puro destrozo. No paro de pensar en los tributos que he matado así que para desconectar me voy a poner a hablaros de lo que falta de estos vigésimo cuartos juegos. Entrevistas, Banquete y Final, además de la coronación del vencedor o vencedora y toda la parafernalia. Todavía no tengo claro cuantos capítulos me faltan del syot, pero sí que os puedo dar un anticipo de lo que se viene del siguiente. Será un día tranquilo en el que literalmente no va a pasar nada mientras los povs de mentores y, o, vigilantes os darán contexto de vuestros tributos y, lo más probable, fragmentos de entrevistas (ósea día 3 con análisis de tributos y situaciones, tal vez haya algún diálogo entre Jack, Sonya y Cormorant, ahora que los dos últimos están más tranquilos. Pero no os lo puedo asegurar). También habrá un pov de tributo y creo que podéis adivinar por qué. No solo me faltan dos muertes por relatar de las cuatro que visteis, sino que tampoco me he explayado tanto sobre el alucinógeno de Alaïa, como debería haberlo hecho en el pov de Roman. Así que es un detalle que me queda a deber para el siguiente. Por último y lo más interesante del lío todo es que, por una vez, los vigilantes estarán para algo más que para meditar sus dilemas personales mientras desfilan las entrevistas. Se llama organización del banquete y créeme cuando os digo que Tiana está tan frenética como yo. Si os apetece mandarme ideas sobre las entrevistas de familiares, adelante, pero que quede claro, solo pondré lo que me convenza para el momento. Esta vez sí que hay algo parecido a unos encomios finales. Creo que lo necesito:
Puesto 11. Brunel (personaje de Mia Burton): Chiquilla, ¿qué puedo decir? Desde el mismo momento en que te recibí a ti y a tu compañero de distrito supe que literalmente estabais cortados por el mismo patrón. Ninguno de los dos iba a sobrevivir al otro, lo tenía claro. Pero el escribirte hizo que te cogiera bastante aprecio. Creo que tengo una relación de amor-odio con las villanas de distrito con mucha entereza y sentido común porque aunque supiera que eras una persona desagrable no podía evitar quererte. Más cuando Filipo se fijo en ti y créeme cuando te digo que existe la posibilidad de que si no estuviera Cromwell en el petate hubieras tenido un desarrollo diferente. Tenías un buen plan, aprovecharte de Filipo para vencer. Azuzar la tensión de la alianza hasta el punto más culminante y luego aprovecharlo para que de la batalla resultante solo sobrevivieras tú ¿Cómo? No lo sé. Pero esa era la idea que bailaba en mi mente. Te queda al menos el regusto de haberle sobrevivido hasta tal punto de que si no estuviera Filipo por ahí habrías sido la vencedora de la contienda. Sé que he sido cruel contigo y no sé si podré perdonármelo alguna vez porque no solo te asesiné de forma brutal, sino que he asesinado el Filinel contigo. Pero es necesario para el siguiente. Muchas gracias por el tributo.
Puesto 10. Cromwell (personaje de Mia Burton): Contigo tuve un conflicto. No solo eras un personaje que parecía algo subido de tono, según mi canon del Capitolio, ya que literalmente habías asesinado a dos personas, dejando símbolos a su lado y nunca te habían pillado (de hecho, creo que fue por esa razón que hice que los vigilantes te marcaran con un diez el día de las pruebas. No recuerdo mucho de esa época.) Sino que también estabas tan obsesionado con tu compañera de distrito que no te paraste a pensar en que si ella iba a los juegos lo más probable era que muriese, sin que tu tuvieras que hacer algo al respecto. Y reconozco que ese detalle no me gustaba. Pero había dos factores de tu ficha que me encantaban y no quise desperdiciar. Uno era que en cualquier momento podría darte un síncope, yendo hasta al extremo de empezar a marcar tributos como si fueran las mismas personas desagrables de tu distrito, solo por cumplir tus objetivos. Y otro que si Brunel moría a manos de otra persona podías tanto perder la motivación como directamente enloquecer. Y al final junté los dos extremos para crearte un camino que podría gustarme. Hay una frase que dice Ryuk, el shinigami, a Light Yagami, en Death note, cuando le confiesa sus planes para crear un nuevo mundo con el cuaderno, algo como que si matas a todas las personas malas tu serás el único malvado que quede. Fue mi patrón. Luego me explayaré un poco mejor sobre tu muerte. Necesito explicar muchas cosas sobre Filipo y el alucinógeno del que ha sido víctima y en este capítulo no me encajaban. Muchas gracias por el tributo
Puesto 9. Gallo (personaje de Hibari-Sempai): ¡Diantres, no sé qué decir! Literalmente me he quedado atrapada en ese mismo instante en que Alec te golpea y todo se termina. Te amaba, Gallo, definitivamente. Eras algo así como mi prototipo de vencedor ideal, o lo serías si los juegos no se hubieran encausado de otra manera. Un voluntario cuyas motivaciones para llegar a los juegos eran todo menos alentadoras. Una buena persona obligada a convertirse en un asesino por unos factores tan crueles como lo eran tus hermanos Levi y Caleb y la propia doctrina psicópata del distrito dos que tributos como Cato y Clover, en los 74 juegos, me inspiraron. Sin embargo, obviando al chico del distrito doce y sobre el cual no me explayaré aquí, había un motivo por el cual nunca, jamás, te imaginé sobreviviendo. La posibilidad de que Roman Curtis estuviese tan perdidamente enamorado de ti que literalmente estuviese dispuesto a cualquier cosa para que sobrevivieras, mientras que tu simplemente estabas jugando con él. Sentimientos internos entre vosotros dos aparte, no había ningún modo en que ese juego no se volviese contra ti una vez que ganases los juegos. Y si hay algo que recuerdo de los planes todos que tejí desde el momento en que me enfoqué en algo tan arriesgado como lo era Amar Implica Destruir, por aquel entonces, era que no quería escribir esa historia. Era demasiado dolorosa. Muchas gracias por el tributo.
Puesto 8. Alaïa (personaje de Stelle): A ti literalmente, te pensé mucho, tanto que al final, por más que lo intentara, no era capaz de escribir tu muerte así que te dejé por imposible. Cuando te recibí por medio de un factor tan oscuro, pero bien pensado, como lo era crear unos cuantos personajes hechos aposta para reunir sentimientos encontrados en el lector antes de morir en el baño de sangre me quede fría. Y es que eras tan potente y aprovechable que inmediatamente mi mente se puso a pensar en una sola palabra que lo determinó todo: No. Fue una de las razones por las que me puse a hablarle a tu autora para ver si podíamos llegar a un acuerdo e intercambiar a los tributos. Era doloroso de pensar, pero Denis no iba a ganar los juegos de todos modos. Podía hacer un sacrificio. Lo que pasó después es algo que solo aquellos que me seguisteis desde el mismo inicio del syot sospecháis o conocéis. Stelle, literalmente, me dijo "Salvala a ella" Y todo se conectó en mente como si fuera un castillo de naipes. Tu compañero de distrito no solo era un golpe de suerte que supiste aprovechar demasiado bien, ya que tenía a todos los patrocinadores de su parte, solo por haber estado encaminado a una locura tal como es presentarse voluntario a los juegos del hambre, por motivos que a estas alturas todos conocemos bien, sino que también se encariñó contigo. Y, mientras, tu te encaminabas en un sendero oscuro en el cual terminarías perdiendo la poca humanidad que tenías, solo por sobrevivir. Manipulabas, jugabas, practicabas, encantabas, matabas y luego seguías adelante, sin pensar en nada más que en ti misma. La única razón por la cual preferí matarte aquí y no después fue un elemento que no me empezó a bailar en la mente hasta que me puse a pensar en cómo se desarrollaría esta batalla. Y es que no había un escenario posible en el que tú y Alec sobrevivíais a esta masacre, para luego enfocaros en algo tan simple como no matarse, mientras planeabais cómo deshaceros de todos los demás. Era imposible. Así que decidí darte un giro de último minuto. Luego me explayaré sobre tu muerte, preciosa, han pasado demasiadas cosas y necesito estructurarlas bien en el siguiente capítulo para que todo encaje. Muchas gracias por el tributo.
Y podría explayarme más y más sobre los juegos hasta llegaros a aburrir, pero temo que si lo hago os terminaré desvelando todo y no quiero XD. Gracias a los que siguen aquí por Amar Implica Destruir, sin perder un solo minuto de las aventuras de sus tributos. Sin vosotros yo no hubiese seguido el syot y nos habríamos perdido tanto que no puedo permitirme siquiera pensarlo. Espero que os haya gustado el capítulo y ¡nos vemos en el siguiente con más y mejor! :D
