Capítulo dieciocho: Mágico.
Filipo Aristarco —15 años — Distrito uno
—Brunel… —Digo intentado enfocar el caos que había dejado a mí alrededor. —Brunel… ¿Por qué tu? —Intenté levantarme con templanza, completamente impactado por el destrozo de mi amada. Y mientras la tributo del distrito doce gritaba al aire como si fuera presa de un ataque de locura. Único, decía, único, impactante, maravilloso,… Esas eran las palabras que salían de su boca y lo peor es que por más que lo intentara no era capaz de refutarla.
Debí reconocer que me hallaba sobrecogido. No comprendía lo que había ocurrido conmigo durante aquella batalla, porque apenas era capaz de no ver nada más que enemigos ante mis ojos. Porque me asechaban aquellas sombras durante toda la contienda… Algo me había poseído, lo tenía claro y es que el único elemento que tengo en mi cabeza mientras recorro con la mirada el terreno era que yo no era capaz de pensar.
—No era capaz de pensar. —Susurro, sin comprender, mientras vuelve el raciocinio a mi mente. —No era capaz de pensar. —No era capaz de pensar, lo sabía, era el único elemento que tenía a mi alrededor para enfocar toda la contienda. Un latigazo de euforia y fiereza me había invadido y lo único que tenía claro era que no era capaz de pensar.
—¡Callaté! —Tercio a voz en grito nada más localizar a Alaïa. Cállate, no me estás ayudando a enfocar. Hay demasiada sangre a mi alrededor. También que Gallo está muerto y no hay ni un solo rastro de Sadfire Williams. Y luego estaba Cromwell… Y es que a él también lo había asesinado sin pensar.
Lo había asesinado sin pensar, era el único entramado que tenía en mi mente para captar lo demás. Me había puesto en modo ataque, encarado a todos mis enemigos con fiereza. Y los había atravesado sin pensar en que quizás, solo quizás,… No había ninguno.
—¡Cállate! Alaïa, ¡por favor! ¡Me irritas! —La voz que sale de mi boca es tan alta que de no ser un tributo profesional me habría asustado. Ella me mira y luego se ríe de nuevo. Me fijo en que hay un cuchillo que la atraviesa, pero no está en el punto correcto. Es por eso que apenas se mueve, la han inmovilizado.
—Perdona, pero es que no puedo evitarlo. —Explica en una voz casi dócil al verme a su lado. —Alec, me ha pedido perdón, ¿sabes? Me ha pedido perdón antes de encaminarse a huir sin pensar en el destino que me esperaba. No lo entiendo, yo no lo habría hecho. —Luego su rostro cambia en una sucesión tan mágica que casi da miedo y entonces lo dice:
—¡Al demonio! ¡Alec es maravilloso! Siempre lo supe. Es maravilloso y va a… —Y entonces suena el cañón y no es hasta que la cabeza rueda hasta mis pies que me doy cuenta de lo que hice…
—¡Alec no va a hacer nada porqué yo voy a asesinarlos a todos! —Grito completamente desatado y mirando al cielo con fiereza. —¡Voy a asesinarlos a todos y voy a ganar los juegos!
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Tiana Venom — 24 años —Vigilante en jefa de los juegos.
—Mágico… —Susurro completamente emocionada observando el espectáculo que hay ante mis ojos. —El tributo del distrito uno agarra el dardo ya vacío y por su mirada tengo tan claro que va a vivir que grito toda emocionada. Mágico, impactante, maravilloso. Así había quedado el último elemento del segundo día de los juegos. El entramado cayendo ante todos los tributos de forma tan certera que simple y llanamente les había impactado. Y debía reconocer que había quedado simple y llanamente maravilloso.
—¡Oh, por dios! ¡Tiana! —Tercia Synnen asustado, sosteniéndome el brazo sin pensar. —Relájate, enfoca-te, céntrate. Reacciona ¡Has hecho un espectáculo maravilloso y lo sabes! Pero no te puedes perder en el camino, ¡estábamos en los últimos ocho y ahora ya hemos perdido a Alaïa y pasado a siete! No importa cómo, pero debemos frenarlo… —Me quedo parada, observando a la mirada decidida de nuestro vigilante controlador de mutos. —No podemos acabar los juegos hoy ¡No hay tiempo!
Asiento, separándome, tiene razón. Hay que frenar esto, tenemos entrevistas que preparar, lo sé. Pero es que estoy simple y llanamente maravillada por el espectáculo realizado por los tributos del distrito doce este año.
Valerie, nuestra controladora de fenómenos atmosféricos, en cambio, ríe suavemente, como si aquello no fuese nada para ella y plasma en su pantalla táctil las distintas zonas de una forma tan ensayada que resulta mágica y dice.
—De acuerdo, poco importa que se nos haya quedado alguien en el camino. Siempre hay un modo. —Tercia, directa y se enfoca en nuestros supervivientes y, sin pensar, programa la entrevista de Alaïa junto con un mensaje de disculpa para los telespectadores. Vacilo, intranquila, mirándola y entonces, no sé porqué me recorre un escalofrío tan impactante que la sucesión de emociones que me recorría se frena de golpe.
Y entonces, lo comprendo.
Clark…
Locura.
Klaus Young. Mentor del distrito 1.
—Sé-me, sincero, Klaus, ¿pensaste acaso en la absurda variable de que sobreviviera? —Pregunta Gnaea sosteniéndome de la mano, con una gran sonrisa mientras intento de algún modo encauzarme. Era incapaz de reaccionar. Definitivamente no. Finalmente niego con la cabeza.
Y es que en el mismo instante en que esos tributos del distrito doce se habían unido al esquema de la contienda de los profesionales todo había estallado. Definitivamente. Todo había estallado en una auténtica explosión y yo había sido incapaz de asumirla. Me había puesto a puesto a buscar información por un tiempo sobre el compuesto durante la contienda, mientras intentaba asimilar el golpe bestial que habían sufrido todos los profesionales, excepto uno. Pero al final había abdicado mirando siniestramente la sonrisa arrogante con la que Timeo afrontaba que mal que bien su tributo se había librado de una masacre y solo porque a Cormorant Jones se le había ocurrido la absurda idea de negarse a la alianza de los profesionales y había sobrevivido.
Me irritaba, definitivamente.
Niego con la cabeza, mientras intento enfocarme en el instante presente y centrarme en lo que muestra la pantalla de televisión, en estos momentos. Irónicamente mi chico seguía vivo, tenía que aprovecharlo de algún modo.
Después de lo que había pasado los vigilantes habían sido buenos por una vez y nos habían dado a entender que teníamos un día de margen antes de que todo estallase. Es suficiente. Y mientras desfilan las entrevistas del distrito uno.
—¡Lo sabía! — Dice Sofía a voz en grito mirando a la cámara, con un semblante de desafío tan obvio que da miedo. —¡Lo sabía! ¡Filipo Aristarco puede ganar los juegos!
Agacho la cabeza, taciturno, incapaz de asumir como mi tributo se había convertido en una especie de loco sanguinario, mientras en pantalla, Sofía gritaba, enloquecida, que Filipo podía ganar los juegos. No lo entendía, definitivamente no, ¿en qué punto se nos había trastocado el esquema profesional en estos juegos? ¿Por qué el tributo del distrito doce había sobrevivido? Había hecho una locura, lo sabía, así que, ¿por qué estaba vivo?
—Filipo no puede ganar los juegos. —Tercio, directo. —No lo va a asumir bien. —Gnaea mal que bien me mira a los ojos y mágicamente se enfoca en buscar la razón por la cual no había perseguido a Roman cuando Iris lo había arrastrado con él con una gran sonrisa, mientras Alec huía de la contienda tras pedirle perdón a su propia compañera de distrito. Y finalmente asiente con una expresión melancólica en los ojos.
—Lo sé. —Dice simplemente. —Y agacho la cabeza, sintiéndome avergonzado de mi reacción en la sala de mentores. —Esto no es un cuento de hadas. —Y entonces lo entiendo.
Esto no es un cuento de hadas.
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Iris Young —Mentora del distrito uno
Suspiro aliviada con el resultado de la masacre en que se había convertido el segundo día de los juegos. El mágico despertar de mi tributo del distrito uno me había animado mucho, definitivamente. Podía hacerlo, podía hacerlo, podía hacerlo. Lo sabía. Sadfire Williams podía perfectamente convertirse en la villana de estos juegos. Era por eso por lo que la había escogido. Lo sabía. Entonces, ¿por qué no había confiado en ella?
El chico del distrito cuatro…
Niego con la cabeza, apartando a Cormorant a un lado y la absurda fantasía que me había invadido al verle, afrontando a mi tributo con una sonrisa tan firme como la de su mentor durante el baño de sangre. Y me enfoco en el tributo del distrito doce que irónicamente se hallaba sentado sobre una roca, observando su mazo como si aun no procesara que había asesinado a Gallo y había sobrevivido. Había algo tétrico en el final de esta contienda y no era precisamente que un tributo del distrito doce se hubiera impuesto a un profesional y había sobrevivido. Aunque estaba bastante relacionado.
—¿Estás bien? —Susurro seria, observando a Roman, avergonzada del empuje de locura que me dio en la sala de mentores al ver que Sadfire había salido airosa de la contienda, sentenciando a Alaïa en el camino. Él suspira, intentando recomponerse lo más posible, pero asiente. Finalmente se levanta con la expresión más firme que le había visto en los ojos y dice:
—Tenías razón, Iris, nada de esto iba a salir bien.
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Timeo Oceanic — Mentor del Distrito 4
—¿Qué sentiste al verla en la contienda? —Pregunta River, la periodista del Capitolio, a la madre de Sadfire, mientras reproducen la batalla de los tributos de los profesionales y los tributos del distrito doce. Debía admitirlo, definitivamente, aquel elemento había sido simple y llanamente mágico y de algún modo debía aprovecharlo.
—¡¿Qué te crees?! —Explota Rubí, muy enfadada, observando a Sadfire como si aun no procesara todo lo que había hecho en pantalla. —¡Estaba asustada! ¡Diantres, estaba muy asustada! Sadfire había hecho una tontería al enfrentarse a ese loco, en plena contienda. ¡Lo sabía! Mi tierna niña, mi princesa… ¿Por qué te has presentado voluntaria a los juegos? —Y entonces se echa a llorar, en un mantra tan mágico que no puede evitar causarme disgusto. Niego con la cabeza, definitivamente, Rubí me irrita. Lo tengo claro. Pero viendo las reacciones de los telespectadores está claro que funciona y ese es precisamente el problema.
Sadfire es simple y llanamente temible, lo he entendido nada más verla en esa contienda y reconozco que me asusta. Pero si hay algo que he tenido claro desde el momento en que Cormorant me cogió de la mano y me dijo que tenía una estrategia es que podía salirle muy mal, o muy bien. Y estaba preparado para ambas.
—Bueno, miremos-lo por el lado bueno. —Tercia Chêne, más firme que nunca, observando a sus tributos del distrito siete, en pantalla. —Estamos en la recta final de los juegos y somos la única alianza funcional. De algún modo lo tenemos que aprovechar.
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Chêne Quercus — Mentor del distrito siete
—Dime una cosa, James, ¿por qué semejas tan confiado desde que Cormorant asesinó a Kleo? ¿Qué se te pasó por la cabeza?
—Si te soy sincero, todavía no lo sé. Llevaba temiendo por él desde el mismo instante en que asimilé que pronunciaron su nombre y nadie, ni siquiera yo, se había presentado voluntario. Los juegos son sobrecogedores. Pero algo me bailaba en la mente desde el mismo instante en que lo vi en su entrevista. Cormorant no es estúpido, encara los problemas de frente. Así que confiaba en que en algún momento su estrategia me tuviera sentido y en ese instante lo tuve claro. Cormorant puede ganar los juegos, lo sé.
Agacho la cabeza, desviando la mirada de la entrevista del distrito cuatro, para luego pasarla al siete, buscando una forma de afrontar con templanza el mensaje que me había dado la actitud de Jack en estos juegos. Y no sólo él...
—Sabes Cormorant... —Dice la tributo del distrito siete, en pantalla, casi soñadora, mientras se recuesta mirando al cielo. —Llevo dándole vueltas a la estúpida razón por la cual estoy aquí y otros no y creo que lo entiendo.
Creo que lo entiendo. Era la razón por la cual Lev Daskalova decía estar esperanzado en que Sonya ganase. Me había quedado claro en su entrevista, otra cosa es que lo afrontase bien.
—Si te soy sincero yo también. — Replica Cormorant. —Voy a ganar los juegos, voy a ganar los juegos, voy a ganar los juegos. Llevo obsesionándome con esa estúpida canción desde que llegue aquí y reconozco que me asusta. No sé qué sería capaz de hacer.
No sé qué sería capaz de hacer.
—Por mi parte, creo que lo he asimilado. —Zanja Jack con una templanza casi única antes de juntar las manos de sus dos aliados. —¡Al diablo con el cuento de hadas, vayamos a esa Cornucopia!
Vayamos a esa Cornucopia.
—Bueno, míralo por el lado bueno, Chêne. —Tercia Timeo, observando-los, con templanza. —Lo han entendido. Otra cosa es que ganen.
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Valerie
Observo melancólica la expresión de tristeza del tributo del distrito cinco, antes de suspirar resignada y afrontar que mal que bien había llegado a un punto importante, pero también polémico. Mientras desfila la entrevista de su media hermana. Reconocía que era arriesgado usar veneno, pero era lo único que se me ocurría después de ver la forma en que observaba Clark el cadáver de Alaïa ¿En qué tipo de quimera se había metido el diseñador de arenas al invitarla a ese proyecto? No podía terminar bien.
Y sin embargo…
—No sé si el chico será capaz de ir a la Cornucopia, Tiana. —Expreso con dulzura. —Creo que no lo está afrontando del punto adecuado. Y no creo que sea el único.
—¡Me da igual! —Grita Tiana, muy enfadada —¡Quiero a todos en ese banquete! ¡Fin!
Mis miradas bajan a nuestros siete finalistas, debía reconocerlo, habíamos llegado a un punto álgido con esa variable y lo peor es que ni siquiera había sido idea de ella. Pero de algún modo teníamos que encauzarlo.
—¡Oh! ¡Cállate Tiana! —Replica Synnen observándola como si por ello quisiera asesinarla. —¡Me estás empezando a irritar! ¡Todo esto es tu culpa y lo sabes!
—¡Basta! ¡los dos! —Reacciona Clark y se levanta firme, ante nosotros. —¡Lo último que necesito es que os pongáis en una batalla campal en pleno banquete solo porque os andáis disputando los vencedores como si fueran una partida de ajedrez! ¿Se nos trastocó el cuento? ¡Asimilad-lo! ¡Sabíamos que podía pasar!
Y se sitúa a mi lado, observando al tributo del distrito doce que recibía un ungüento para sus manos. Había tenido suerte, el compuesto reaccionaba con la sangre, no con el contacto, pero reconocía que era un punto peligroso. Alec se había arriesgado mucho, lo teníamos claro y la única razón por la que estaba aquí y no hecho un cadáver era porque mal que bien él también era un profesional. Y eso claramente era una disyuntiva peligrosa. Y aun así…
—Demonios Dan, ¡estoy maravillado! ¿Te das cuenta de lo que consiguió tu novio? ¡Ha sido maravilloso! —Decía el periodista, en la entrevista del distrito doce, ante el joven cosechado al que había reemplazado Alec y por la forma en que el chico hacía lo posible por mantenerse firme tenía claro que había entendido el mensaje a la par que yo.
Los juegos son sobrecogedores.
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Diantres, me sorprende que nos estemos acercando a los últimos Capítulos y reconozco que estoy nerviosa. Pero si había algo que me había quedado claro desde el momento en que me había encaminado a este syot era que en algún momento se me iba a caer lo de Tiana. Y a partir de ahí sería muy difícil para mí afrontar que en algún punto todos iban a morir menos uno. Por eso lo he enfocado de este modo. Esto no es un cuento de hadas, es una masacre y lo sé.
