Capítulo veinte: El eclipse final


Sadfire Williams — 18 años — Distrito uno

Ira.

Fue lo que sentí al ver a Cormorant Jones frente a mí, en aquel banquete, y más cuando pronunció esa frase:

«No controlas nada en esta arena. »

Me hizo perder el control de tal forma que me lancé a atacarlo, sin pensar en las consecuencias, peor todavía cuando advertí, en algún punto de nuestra contienda, que me estaba estudiando. Su actuar me sacaba de quicio, lo tenía claro, pero no fue hasta que Alec se interpuso entre nosotros que comprendí que estaba jugando conmigo.

Me estaba estropeando los planes por completo.

Y como siguiese así la muerta en el piso sería yo.

Así que hice un esfuerzo por replegar la rabia que me cegaba y me concentré en Alec, quién era mi objetivo inicial. Lo vi desarmar a Cormorant y decidí aprovechar, podría asesinarlos a los dos.

Pero entonces, vi aquella hacha aterrizar en la mano del chico del distrito doce y comprendí, con ira, que Cormorant era algo más que un estúpido que se lanzó a atacarme, sin pararse a pensar en que no estábamos solos en la arena. Tenía una estrategia frente al banquete y algo más: un aliado fiel, dispuesto a protegerle. Ese chico del distrito siete que nos observa tan determinado que me da rabia. De no ser por él Cormorant estaría muerto y lo sabe.

Lo fulmino con la mirada, nada más escucharle alentar a su aliado a partir hacia la Cornucopia, sintiendo una ira tan fuerte que ni el hecho de ver caer a Alec, frente a mis pies, la calma. Al contrario, se supone que yo debía derrotarlo, no, Cormorant, debía asesinarlo y hacer un espectáculo de ello por todo lo que había hecho. Y ahora, por culpa de Cormorant y ese chico del siete no tendré ocasión de hacerlo. Poco importaba que todavía no estuviese muerto, a ojos del Capitolio ellos le habían vencido, no yo.

Repliego mis ansias de matanza al ver que el chico me lanza un hacha, la cual evito de un salto, consciente de que no podré asesinar a Cormorant mientras él me esté mirando. Y me concentro en hacer lo propio con Alec, quién parece ocupado, intentando liberarse de esa red que le apresa las piernas. Pero con una mano sangrando no es sencillo. Niego con la cabeza y le muestro la espada, rozándola con los dedos, en una clara indirecta de lo que le espera. No tengo previsto ser muy rápida, estoy muy enfadada para ello, pero tampoco puedo eternizarme en la tarea si quiero matar a los demás.

El chico del distrito doce me observa, furioso, e interpone su brazo frente a su rostro, en un intento de defenderse que solo logra empeorar la situación. Le lanzo una estocada directa, con la intención de que lo baje, justo cuando escucho dos cañones, lo cual en vez de aliviarme me enfurece más, al comprender que dos tributos más han caído, sin que siquiera llegue a la Cornucopia. No es que esperase matarlos todos yo, pero no me gusta la idea de ganar sin anotarme unas cuantas víctimas más. Y más teniendo en cuenta que todavía no tuve ocasión de agarrar mi regalo. Clavo la espada en su cuerpo unas cuantas veces más hasta que me canso de verlo agonizar y termino con su vida. Ni siquiera ha querido gritar.

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Poco después, mi mirada se posa en el hacha que le lanzó el chico del distrito siete y la recojo, calibrando la distancia entre Cormorant y yo, pero niego con la cabeza. No me interesa matarlo así, no se lo merece después de todo lo que hizo. Quiero ver la esperanza extinguirse frente a sus ojos y para eso necesito matar al chico del distrito siete antes. Además, si le importa lo suficiente, quizás su muerte me sirva para vencerlo.

Justo en ese instante, constato que Cormorant suelta a su aliado, el cual casi se derrumba viendo el cadáver de su compañera de distrito. Patético. Ambos se observan a los ojos, conscientes de que solo quedamos tres, pero, como imaginaba, no parecen dispuestos a volverse el uno contra el otro. El chico del distrito siete parece, incluso, dudar antes de girarse hacia mí. Elijo justo ese momento para lanzar, sin darle tiempo a reaccionar. Mientras, Cormorant parece estar atento a otra cosa; mejor todavía, no podrá evitarlo.

Para cuando el chico del distrito cuatro me encara, es demasiado tarde. El arma aterriza en el estómago de su aliado, sacándome una pequeña sonrisa. Ha sido un golpe de suerte que lo hiciera allí, pero él no tiene porqué saberlo. Cormorant me observa, sorprendido, pero no hace ningún movimiento a su favor. Me atrevo, incluso, a hacerle señas para que venga a atacarme. El chico del distrito siete no podrá ganar con esa herida, lo tengo claro, y por la forma en que me observa creo que lo sabe.

Cormorant, sin embargo, me observa, cosa de un segundo, antes de agacharse y coger una de las hachas de su aliado. Suelto una carcajada al ver la trayectoria que dibuja el arma, debe de estar muy furioso como para querer intentar eso. Me basta con dar un paso al lado para esquivarla, mientras que él suspira y se vuelve hacia el chico del distrito siete. Me vuelvo a reír al ver la forma en que observa la espada que le dieron los vigilantes ¿En serio lo va a hacer? Mejor para mí.

Decido no intentar lanzar ningún otra arma, que no creo que acierte, e ir directa a enfrentarlo en la Cornucopia, para cuando la tierra comienza a temblar, desconcentrándonos a ambos. Hay unas cuantas luciérnagas a nuestro alrededor que vuelan hacia el bosque rojo, pero las ignoro. Mi enemigo está aquí, no allí. Cormorant, en cambio, las sigue con la mirada, curioso.

—Muy sutiles no son, ¿no crees? —Dice. —Tal vez deberíamos hacerles caso. — Sugiere, pero yo no le hago caso. Me da igual lo que piensen los vigilantes a estas alturas del juego, ganaré los juegos a mi modo. Y mi modo es tener a Cormorant furioso.

—¿No tienes un aliado al que asesinar? —Replico, directa, y por la mirada que me dirige tengo claro que el odio que le tengo se ha vuelto mutuo. Vuelvo a sonreír por lo bajo, consciente de que tengo al chico del distrito cuatro entre mis manos. Y observo como ambos se miran a los ojos, antes de que Cormorant se decida a hacerlo. El chico del distrito siete no parece siquiera inquieto, ¿triste, tal vez? Apenas reacciona cuando el chico del distrito cuatro se disculpa antes de ensartar-le su espada, limitándose a decirle una sola palabra: «mátala», antes de que suene el cañonazo. Es entonces cuando remarco una cosa obvia de la Cornucopia, que había olvidado entre tanta batalla ¡Mi regalo no está allí!

Y comprendo qué era lo que estaba mirando Cormorant antes…

Pero entonces, el chico del distrito cuatro ataca, sin darme tiempo a hacer otra cosa que defenderme y la batalla final comienza…


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Synnen Arreste – 50 años – Diseñador y Controlador de mutos para los juegos del hambre.

Abandono la empresa de las señales, nada más ver el estado de los estándares de audiencia. Una batalla entre dos profesionales preparados es perfecta para coronar esta edición. Y más teniendo en cuenta que ninguno de ellos está actuando con la sangre fría que debería.

—¿Se puede saber qué haces, Clark? —increpa Tiana, al ver que los controles de la arena se han bloqueado. Nuestro diseñador de arenas apenas la mira. —¿Y nuestro eclipse? —Suelto una carcajada burlona, bueno, de perdidos al río puedo aceptar a cualquiera de estos dos como vencedor. Ambos han hecho movimientos muy inteligentes, otra cosa es que lo adviertan a tiempo.

—El eclipse tendrá que esperar, Tiana. —Explica Clark, sereno, sin despegar los ojos de su pantalla táctil. Ha abandonado el casco de realidad virtual a un rincón, bajo la excusa de que le lastima la cabeza y activado sus propios controles. —Tenemos una auténtica batalla de titanes en creces. No la podemos desperdiciar. —Vuelvo a reír mientras observo como Cormorant le lanza una estocada a Sadfire, justo en el momento indicado. Tengo una pequeña idea.

—¡¿Quieres dejar de reírte, Synnen?! —Explota Tiana, frente a mí. —¡Esto no es divertido!

—Al contrario, Tiana, sí que lo es. —Explico, señalando la pantalla que muestra el túnel. —Clark, desbloquea los controles de la arena un instante. Hay una forma de mostrar el eclipse sin interrumpir la batalla. Valerie, ayúdame un minuto, ¿de acuerdo? Vamos a intentar algo extremo. —Programo el control de las cubiertas del túnel, si algo debo de agradecer al hecho de dirigir y supervisar las primeras ediciones de los Juegos del Hambre, junto con Arcana, es el conocimiento que adquirí en el proceso. Conozco todos los atajos del sistema del control de los juegos. Otra cosa es que los aproveche.

En la arena, la batalla sigue su cuso, Sadfire acaba de enfocar la extraña cicatriz del hombro de Cormorant. Retengo una mueca al verla acertar, lo último que necesito es que se le caiga esa espada. Tiana, en cambio, sonríe.

Por fortuna, el chico del cuatro tiene la sensatez de no bloquearse, ni gritar, sino que se aparta y prepara su siguiente movimiento. Justo cuando Valerie me hace la señal de abrir la compuerta. El rayo de luz que irrumpe en la zona es suficiente para desconcentrarlos a ambos. Sadfire, incluso, parpadea un instante, retrasándose, a la par que él ataca. Pero tampoco acierta del todo.

—¡Le está apuntando a las piernas! —Exclama Valerie, sorprendida, a la par que sigue jugando con los controles del clima para el espectáculo final. —Tenías razón, Synnen, ese chico no es un ingenuo, aprovecha todos los elementos a su alcance, ¡oh!

—¡Sadfire no es estúpida, tampoco! —Responde Tiana, indignada. —Ha sobrevivido al loco de su compañero de distrito. Puede perfectamente hacerlo con él. —Asiento, sin abandonar mi pequeña sonrisa. Sadfire logra librarse de su ataque de dos saltos, aunque por la forma en que sangra su tobillo izquierdo el golpe no ha sido tan fortuito como tenía previsto. Hago una mueca al ver que sigue concentrada en el desarme. Esto no me gusta, pero lo último que necesito es hacer mis propios movimientos impulsivos. Si Cormorant no tiene las capacidades necesarias para ganar los juegos, tendré que conformarme y dejar que lo haga Sadfire. Me guste o no la opción.

Dentro del túnel, la batalla continúa en un patrón de ataque, defensa, salto y empuje casi rítmico. Sus movimientos están lo suficientemente sincronizados como para que el final no sea tan predecible, como en sus anteriores enfrentamientos. Por un lado, Cormorant está furioso y ella lo sabe. Por otro, la mano izquierda del chico sigue aprisionando el regalo de Sadfire y eso la está sacando de quicio a ella. El primero que cometa un error está perdido.

Mis puños se aprietan al ver al chico tropezar, mientras que Tiana ríe más que feliz, a la par que observa como la chica del distrito uno aprovecha para hacerlo caer a sus pies. No parece en plena forma, tampoco, pero en una batalla de estas condiciones lo extraño sería lo contrario.

—¿Lo ves? —Dice ella, con una sonrisa desafiante. —Ella va a ganar. —La ignoro y sigo atento a la batalla, en especial a aquel frasco en forma de rosa roja, que dejó Tiana para Sadfire, en la Cornucopia, por si lo necesita en un momento de apuro, que no tiene. Cormorant, en cambio...

—Vamos Cormorant. —Susurro, pendiente de la expresión del chico, que no muestra ningún temor ante su enemiga. —Demuestra por qué te mereces esa corona. —Tiana boquea, indignada, pero no dice nada. Justo en el momento en que Sadfire, llena de confianza, elige hablar en vez de actuar:

—¿Y bien, Cormorant? ¿No tienes unas últimas palabras que decir? —Dice ella, pero él no responde. Su mano derecha hace un ensayo de movimiento, para cuando ella reacciona y le clava la espada, con una sonrisa certera. Luego le aleja la suya, maliciosa, mientras que el regalo sigue en juego entre los dos. —¿Ni siquiera una disculpa a tu distrito por lo de Kleo?

Noto vacilación en el rostro de él, a la par que levanta la mirada hacia el cielo. Valerie, sin pensar, atenúa la iluminación, con el objetivo de que la intensidad del sol no les lastime, justo en el momento en que la luna lo tapa por completo. Sadfire también lo observa y decide retirar la espada, sin embargo, no le saca ningún grito, únicamente un susurro:

«Voy a ganar los juegos»

Y entonces él lo hace…

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—¡No! —Suelta Tiana, muy asustada, al verle disparar aquel líquido a su rostro. Al contrario de otros, el regalo de Sadfire no es un arma, es una oportunidad. Funciona como un perfume, inhibiendo los sentidos de tu enemigo durante un corto período de tiempo. El efecto no es tan óptimo, como lo sería si la víctima fuese otra, pero es suficiente para que Cormorant se libere de su presa y la empuje, desestabilizándola. Lo irónico es que si ella no estuviese agachada, frente a él, quizás no hubiese funcionado.

—¡Lo sabía! ¡Este chico es de oro!—Exclamo, saboreando el instante en que el chico la tira al suelo y le arrebata su propia espada, en el proceso, con la mano sana. —Ha utilizado la misma técnica que con su compañera de distrito y lo mejor es que le ha funcionado. —Dejarla confiarse, arriesgarse, ponerse en peligro, incluso. Todo le sirve. Tiana me observa como si quisiera asesinarme, pero no dice nada, mientras que Sadfire hace todo lo posible para liberarse de él. Pero Cormorant es demasiado fuerte, prácticamente la tiene sometida. —Vamos Cormorant, asesínala.

Ignoro la mirada cautelosa de Clark, mientras oriento todas las cámaras hacia el rostro del tributo en el momento cumbre. No hay apenas un rastro de sentimiento en sus ojos, solo frialdad, cuando dice:

—Esto no será bonito, Sadfire. Pero tampoco será eterno. ¡Adiós, princesa de oro! —Y traza un arco con la espada de tal forma que no necesito estudiar sus constantes para saber que ella se va a desangrar a sus pies. Poco después se incorpora, observando al cielo donde el sol ya se está liberando de la luna y espera hasta que el cañonazo de Sadfire Williams suena.

—¡Señores y señoras! —Grita la voz de Blake, llena de emoción. —¡Les presento al vencedor de los Vigésimo cuartos Juegos del Hambre! ¡Cormorant Jones! —Saboreo la expresión de alivio del tributo, a la par que vienen a mi memoria las últimas noticias que recibimos del distrito cuatro. Esto aún no ha acabado.

—Disfruta de tu logro, vencedor. —Susurro de forma tétrica mientras observo como un aerodeslizador desciende hacia Cormorant, quién se atreve a cerrar los ojos un instante. Su cuerpo, al igual que el de Sadfire, está lleno de heridas y cortes, pero lo más grave es esa marca rojiza que le atraviesa la mano y que él decidió ignorar. —Disfrútalo y recupera energías. Las vas a necesitar.

Sin embargo, tengo la ligera sensación de que él lo sabe...


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Nota: Y llegamos al final, ajajaja. Resulta curioso, nunca pensé que lograría completar este syot. Tuvo tantos problemas... Pero me di cuenta de una cosa, no importa los baches que te encuentres en el camino, siempre existe una forma de llegar al final que deseas. La clave es atreverse a tomar el camino. Y yo me atreví. Encomios:

Alec Wagner (personaje de Valentine822): Siempre me gustaste, Alec, a pesar de tu voluntariado y tus habilidades, que claramente eran una forma de fortalecerte ante los demás (e irónicamente hasta te di alguna más por el camino). Recuerdo cuando te recibí, estaba tan emocionada, eras diferente y eso es lo que me gustaba de ti. Que eras algo más que el típico voluntario, orillado por un impulso emocional y cuyo arco se dedicaría a lamentar su decisión durante todo el juego. Tenías un buen motivo para ganar y una hermosa historia respaldándote, así que lo aproveché para orientarte hacia el camino adecuado. Haciendo cosas horribles por sobrevivir. Pero no eras invencible, Alec, nadie lo es y me gustaba la idea de este final para ti. Atreverte con un problema muy grande y resolverlo mal, puede pasar, ¿verdad? Has jugado maravillosamente bien, Alec, derrotando a contrincantes muy poderosos en el camino. Es un buen logro para ti. Gracias por el tributo.

Jack Lastra Thibodeau (personaje de Gato rojo): Te seré sincera, Jack, tú y Cormorant, erais mis personajes favoritos de esta historia, podíais vencer perfectamente cualquiera de los dos. Pero tu final me resultaba sencillamente desgarrador. Y es que desde el mismo instante en que vi vuestras fichas (y la de Diana, también, pero ella era secundaria), supe que me encajaríais a la perfección. Por eso, abandoné tu plan solitario y os junté a los tres. Diana, Cormorant y Jack. Erais de mis alianzas favoritas y realmente me dolió romperla de la forma en que lo hice. Pero tenía claro una cosa, no aguantarías solo con Diana, con Cormorant sí. Ambos conectabais demasiado bien juntos, erais aliados, compañeros, incluso podríais ser amigos sin los juegos de por medio. Y tenía muchas dudas sobre el hecho de que os pudieseis traicionar llegado el momento cumbre. Además, tenía a Sadfire Williams detrás e irónicamente fue ese el punto que me hizo decidirme por darte este final. Sorpresivo, crudo, injusto, aunque emotivo. Has tenido un hermoso camino a lo largo del syot, Jack. Gracias por el tributo.

Sadfire Williams (personaje de Dani): ¡Mi villana querida! ¡Me encantaste! Fue toda una sorpresa recibirte como primera tributo de este syot, ya que si algo había observado de los syots españoles es que los profesionales siempre resultaban ser peculiares, había muy pocos villanos, personajes destinados a no hacer nada más que ser un obstáculo en el camino de los demás. Tenía un pequeño problema contigo y es que eras tan "perfectamente villana" que era incapaz de llevarte por el camino de las cosechas y despedidas iniciales, sin que sonases falsa. Peor todavía cuando diseñé toda esa trama de transgresión para Iris. Así que no lo hice. Cogí tus povs y los de los demás tributos y me dediqué a desarrollarlos de tal forma que tu papel estuviese claro, aun y a pesar de que tu propósito y pensamientos no reflejaran apenas cambios. Pero no podías ganarme Sadfire, hacerlo no supondría nada para ti. Solo la confirmación de un logro. Y no quería eso para ti. Quería que fueses la villana. Y eso fuiste. Gracias por el tributo.

Cormorant Jones (personaje de prour) : Tu... Tenías que ser tú. Recuerdo cuando te recibí, Cormorant, fuiste una de mis sorpresas más queridas. Tu creadora era una persona nueva en eso de los syots y tenía mis dudas del resultado de aquello. Pero entonces te leí y simple y llanamente me enamoraste. Me di cuenta fácilmente de que me resultaría muy difícil verte morir, no tanto por el cariño que te tenía, sino porque eras un personaje demasiado aprovechable. Así que me orillé en la compleja tarea de hacerte vencer. Iba a ser difícil, no solo porque tenía que abandonar todas las normas entredichas de los syots en el camino (llenando mi corazón de dudas, dilemas y arrepentimientos que hicieron que tardase tanto en llegar a este Capítulo); sino porque no eras un profesional común, tenías una personalidad frágil, que ocultabas tras una máscara de fortaleza, obligada por las duras circunstancias de la supervivencia en tu distrito. No podía hacerte ganar intacto, Cormorant, tenía que romperte por el camino y no estaba segura de que lo pudieses soportar. Y sin embargo lo hiciste... Aguantaste la actuación hasta que esta estalló bajo la dureza de la edición y luego seguiste adelante, agarrando cada oportunidad de vida que te dejé por el camino. Y no solo eso, creabas problemas, planteabas disyuntivas y aun así persistías mirándome. Dándome a entender que podías ganar, siempre y cuando te diese la oportunidad. Así que lo hice, independientemente de las consecuencias que acarrearía. Esto todavía no ha acabado, Cormorant, tomaste decisiones duras y tarde o temprano deberás afrontarlas. Pero no es nada que no crea que puedas superar. Gracias por el tributo.

Por lo demás nada, el syot todavía no terminó, quedan el resumen, la coronación, entrevista y, dependiendo de mis ideas, un posible regreso al distrito. La gira me interesa cero patatero, así que no la habrá. Lo demás dependerá de mi inspiración. Gracias a todos los lectores, y, o dueños de tributos por seguir el desarrollo del syot, independientemente de su resultado. Sin vosotros nada de todo esto habría sido posible ¡Nos vemos en la coronación!