Capítulo 1: Scorpio.

- ¿Cómo hemos dado pie a esto de nuevo, my lady? – preguntó Chat Noir mientras corría por los tejados de uno de los callejones más concurridos de París.

Habían estado a punto de conseguir el akuma de Scorpio en el parque de la esquina, cuando ésta salió corriendo, usando varios escudos humanos para evitar que Ladybug y Chat Noir usaran sus poderes. Y ahora estaban persiguiendo a esa mujer akumatizada por toda la ciudad, intentando evitar que llegara a la zona de suministro de agua y vertiera allí su veneno. Por lo que habían descubierto, la persona detrás de Scorpio era una brillante científica que estudiaba los posibles efectos beneficiosos del veneno de escorpión purificado (sobre todo como analgésico) a la que le habían cancelado el proyecto. Por lo visto, el alcalde necesitaba los ingresos para algo más importante que los avances científicos y convenció a las empresas que lo financiaban a redirigir sus aportaciones económicas. Y claro, diez años de trabajo a la basura por un nuevo polideportivo no le hizo mucha gracia a la portadora del akuma.

"Debe ser incómodo moverse con ese traje tan aparatoso, entonces, ¡¿Cómo puede correr tanto?!" pensó Chat Noir empezando a notar el cansancio en su cuerpo y mirando el enorme aguijón que sobresalía de la base de la espalda de la mujer y que sobrepasaba su cabeza. Con una pinzas tan grandes como la cola haciendo de segundo pares de brazos y un casco oscuro que le tapaba hasta la boca, no parecía normal que se moviera con tanta rapidez.

Casi como si lo hubiera oído, Scorpio se giró hacia él y le lanzó una dosis de veneno, que se estampó contra una chimenea gracias a los hábiles reflejos del felino.

- Uff, porqué poco – se dijo a si mismo Chat Noir tras quitarse el sudor de la frente con el reverso de su guante.

- Céntrate, Chat Noir. Ahora no podemos bajar la guardia o… -

- ¡Cuidado! – gritó Chat Noir a Ladybug que corría en la otra linde de la calle.

Con una gracia de bailarina, Ladybug se alzó en el aire para esquivar el veneno. Del impulso, dio una vuelta hacia atrás en el aire y cayó sobre el borde de una chimenea en la que se impulsó para seguir corriendo a pesar de la parada. Chat Noir no pudo evitar detenerse unos segundos a mirar aquello. Hacía más de un año que peleaban juntos por París y, aun así, aquella hermosa dama seguía resultándole cautivadora. Tal vez no con la misma intensidad que al principio, pero era inevitable. Al fin y al cabo, eso es lo que pasa con los amores platónicos, ¿no?

- … o París quedará sumido en un dolor que los paralizará hasta morir – dijo Ladybug entrecortadamente por la carrera. Su mirada estaba puesta en el objetivo, sin perderlo de vista, analizándolo con su poder de Ladybug – el Akuma está en su collar, estoy segura.

Chat Noir miró hacia Scorpio, deteniéndose por primera vez en el colgante con forma de cadena de ADN que llevaba atado en la "muñeca" de una de las pinzas. Sin duda debía ser eso, pero ¿cómo iban a atraparlo?

- ¿Y qué tal uno de tus brillantes planes, my lady?

- Estoy en ello gatito. – dijo Ladybug con un guiño hacia el felino, que notó un cosquilleo en el estómago. Lanzó su yoyó hacia una de las fachadas que quedaban muy por delante de Scorpio. Con un fuerte tirón, se impulsó hacia allá, recogiendo en el camino a Chat Noir que le tendió la mano al ver lo que se proponía. A sus espaldas la Torre Eiffel empezaba a verse nítida y cercana.

Comprobando la distancia con su akumatizada, Ladybug se sintió lo bastante confiada para lanzar su "Lucky Charm". De la nada se apareció un gran contenedor de color rojo con lunares negros. Ladybug lo miró por dentro, por arriba, por abajo, por los costados, pero nada… "¿Pero qué diantres tengo que hacer con esto?" se preguntó ella, sin dejar de dar vueltas al objeto de un metro por un metro.

- Soy todo oídos – dijo Chat Noir mirando a su compañera después de recuperar un poco el aliento. No veía cómo semejante cosa iba a ayudarles a acabar con aquella situación. Ladybug miró a su alrededor, luego a él y finalmente al cubo. Sabía lo que eso significaba, tenía una idea y lo más importante, le iba a tocar ser carnaza de akumatizado, OTRA VEZ.

- Llevémosla a la Torre Eiffel – dijo ella – Es un espacio abierto, pero las patas de la Torre pueden ayudarme a crear una trampa para encerrarla con mi yoyó. El cubo es para escondernos detrás y que avoque todo el veneno dentro. Algunos animales que usan el veneno como arma defensiva tienen un número contado de picaduras que pueden lanzar con veneno. Creo que el "Lucky Charm" intenta decirme que se va a quedar sin él. Aprovechemos el tiempo que tarda en volver a fabricar más y quitémosle el collar.

- Confío en ti. Cuenta conmigo bichito – dijo Chat Noir con cara de cansancio. "La verdad es que esta vez está muy cogido por los pelos el "Lucky Charm"" pensó para sí.

- Muy bien, vamos.

Y lanzando su yoyó, Ladybug se puso en camino hacia la Torre Eiffel mientras Chat Noir llamaba la atención de Scorpio y la llevaba a la trampa que su compinche estaba preparando.

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Usando su usual labia y "encanto" felino, Chat Noir condujo a Scorpio directa a la Torre Eiffel donde un cubo rojizo estaba aguardando entre las cuatro patas de la escultura. Con sumo cuidado de que la akumatizada no se diera cuenta de los cables casi invisibles que rodeaban casi por completo las patas del monumento, el gatito condujo a Scorpio al interior de la trampa. Una vez allí, Ladybug lanzó de nuevo su yoyó para cerrar la abertura de la misma. Mientras Chat Noir se acomodaba sobre el cubo adecuadamente puesto con la abertura hacia la villana.

- Todo tuyo My Lady – dijo el gatito mientras se acicalaba las orejas en un acto inconsciente.

- Ahora eres toda mía, Scorpio – gritó a la susodicha.

- ¿Tuya? Ja! Nunca podrás detener el veneno corriendo por tus venas, pequeño insecto. No eres más que alimento para mis congéneres. – un lanzamiento certero salió del aguijón de Scorpio directo a los superhéroes. "Tal como supuse" pensó Ladybug. Con un salto mortal hacia atrás, ambos se posicionaron detrás del cubo, notando como el disparo entraba de lleno en el mismo.

- ¿Esto es lo que esperabas bichito? – dijo Chat Noir con una ceja arqueada y una media sonrisa pícara en los labios. Otro disparo vibró dentro del contenedor. Parecía que aquello iba a dar resultado.

- Primero, no me gusta que me llames bichito. Ya te lo he dicho un millón de veces – dijo mirando por encima del cubo sin asomarse demasiado y sin soltar nunca el extremo del yoyó con el que mantenía la prisión estable – y segundo, se mueve hacia la derecha, vamos, giremos el cubo. No podemos perderla de vista o nos alcanzará.

- ¡A tus ordenes! – dijo el joven con una leve inclinación de cabeza.

Así estuvieron durante varios minutos, moviéndose al son de Scorpio, sin perderla de vista ni por un segundo, y moviendo el contenedor para que todos los disparos cayeran dentro en lugar de sobre ellos. Con cada uno, la intensidad del golpe era menor, y la frecuencia también. A los cinco minutos, Scorpio dejó de disparar durante unos cuantos segundos de más y Ladybug se asomó a mirar. La akumatizada estaba apoyada en el cable del yoyó, respirando con dificultad, mientras de su aguijón goteaban pequeñas gotas de veneno.

Los superhéroes se miraron y asintieron. Era el momento. Y menos mal, porque los pendientes de la muchacha habían empezado a pitar.

Con un grito de guerra, Ladybug y Chat Noir se lanzaron a por Scorpio. Ésta alzó el rostro y las pinzas en un afán de atacar, pero no sirvió de mucho.

- No… No podéis… - decía continuamente mientras intentaba rechazar los golpes de ambos con sus cuatro brazos – No vais a pararme. Tengo un propósito que cumplir, y lo haré mientras me quede una última gota de aliento…

Entonces, todo pasó muy rápido.

Ladybug alcanzó el colgante mientras éste hacía un movimiento pendular. La pinza de Scorpio en la que colgaba la empujó ferozmente hacia atrás, lanzándola a varios metros. Chat Noir se giró un instante para comprobar si estaba bien y de pronto, una punzada de dolor lo atravesó por el costado izquierdo. Un quejido sordo salió de sus labios mientras un calor doloroso empezaba a extenderse por su cuerpo desde la herida.

Ladybug, que tendida en el suelo se acababa de incorporar sobre los codos para mostrarle a Chat Noir que tenía el collar, se quedó paralizada unos segundos. La cara de dolor de su compañero era la último que esperaba ver en aquel momento. De su garganta brotó su nombre, que quedó más como un grito suplicante que como un llamamiento. Sólo podía oír los latidos de su propio corazón, martilleándole los tímpanos. Ya no había ruido de coches, ni gritos de gente, sólo su compañero, su amigo, con expresión de horror y un aguijón clavado en la espalda.

Con rapidez, se puso de pie, lanzó el collar al suelo y lo pisó con todas sus fuerzas hasta romperlo en cientos de trozos. De su interior brotó un akuma negro liláceo que alzó el vuelo con velocidad. Ladybug, soltó la prisión de cable que había construido y lanzó su yoyó contra el akuma que quedó atrapado dentro de él. Con un toque en el mismo, el yoyó se abrió y de su interior surgió una mariposa blanca, luminosa y pura que se marchó tranquilamente, cruzando el cielo parisino con parsimonia. Pero Ladybug no estaba pendiente de eso.

Al liberar el akuma, Scorpio desapareció, dejando ver a una mujer de mediana edad que miraba asustada y sin comprender dónde estaba o qué había ocurrido. Pero Ladybug tampoco le prestó atención a ella.

La muchacha se acercó corriendo a los pies de Chat Noir que yacía con los ojos cerrados y respirando con dificultad en la plaza de la escultura. Con cuidado, levantó su cabeza felina y la apoyó en su regazo, mientras lo miraba con terror. ¿Cómo habían dado lugar a aquello? Con suavidad lo meció entre sus brazos. Chat Noir entreabrió los ojos, pero Ladybug no sabía si era capaz de verla realmente o si podía vislumbrar algo entre las pesadas pestañas. Los ojos se le llenaron de lágrimas al ver a su amigo así. "Todo esto es culpa mía, no debería haberlo dejado sólo" pensó ella. Chat Noir hizo un amago de decir algo, pero lo único que salió de su boca fue un ruido ronco. Un nuevo pitido avisó a Ladybug de que no podría aguantar la transformación mucho más tiempo. Tenía que hacer algo. Entonces vio el cubo rojo y negro a unos metros de ella.

- ¡Claro! El Lucky Charm – clamó con alegría. Eso retornaría las cosas a su estado original, así que Chat Noir no estaría herido. Sin moverse un ápice exclamó ¡Miraculous, Ladybug!, y una luz invadió todo París, restituyendo la ciudad y a sus aldeanos.

Con urgencia, Ladybug miró la espalda de Chat Noir y comprobó con alegría que ya no había herida. Lo miró de nuevo a la cara, y supo al instante que algo iba mal.

Chat Noir seguía con los ojos cerrados y con la misma expresión de dolor que antes.

- No… no lo entiendo… deberías estar normal… ¡¿POR QUÉ NO ESTÁS NORMAL?! – gritó. No sabía si a él, a ella misma o al mundo entero, pero gritaba. Sólo sabía que algo iba muy mal y una punzada de miedo la atravesó como un puñal. No podía perderlo, no podía imaginarse ni si quiera un día sin hablar con él, sin oírle decir sus chistes malos sobre gatos, sin notar su mirada en la nuca… Otro pitido. En apenas unos segundos se iba a destrasnformar. No podía dejar a Chat Noir allí, sin nadie, herido. Simplemente se negaba a abandonarlo. - ¿Qué hago, qué hago? Ya sé, lo llevaré al maestro Fu. Él sabrá que hacer – dijo con rapidez.

Con determinación y no menos esfuerzo, Ladybug tomó el cuerpo de Chat Noir entre sus brazos, como si fuera un niño, y lazó su yoyó a un edificio cercano. Ambos desaparecieron de allí, mientras la anteriormente conocida como Scorpio, se quedaba allí sentada, sin entender nada de lo que acababa de presenciar.