Los nombres de los personajes que utilizo en esta historia; no son de mi pertenencia sino de RUMIKO TAKAHASHI. La historia si es mía y queda prohibida su copia total o parcial.
"Para identificar el POV de Sesshomaru y el de algunos personajes, lo puse en diagonal"
Capítulo 22
Prisión
Me acercaron a Ah-Un y con una atención que me pareció totalmente extraña, uno de los soldados, se agachó para ayudarme a montarlo, lo ignore, y me subí al lomo de mi amigo, seguido de eso al menos diez de ellos, me rodearon, tomaron el lazo que sujetaba sus bósales y guiando el camino, comenzaron a caminar de regreso al palacio.
Escuche detrás de mí el sonido de cadenas, voltee por impulso y vi como encadenaban las manos de Haru, era casi obvió que sucedería algo así, Sesshomaru lo había declarado un traidor y en cuando a mi… Rápido comprendí que ser rodeada por sus soldados, me convertía en una criminal.
Vi como de las cadenas, comenzaron a arrastra a Haru y la sola imagen me dejo sin aliento, no lo podía creer, sabía que estábamos al menos a diez días del palacio, y aun así ¿Planeaban llevarse a Haru arrastrando hasta llegar? Indignada, no me reprimí al comentar mi desacuerdo, pero como era de esperarse, aquella había sido decisión de Sesshomaru.
- Lo lamento Lady Rin – respondió uno – Las órdenes del amo Sesshomaru son absolutas.
- Yo nunca escuche la orden de encadenarlo y arrastrarlo hasta el palacio – reproche – Él, solo les pidió que se lo llevaran. Se encuentra muy mal herido, tienen que mantenerlo con vida hasta llegar…
- Así se debe tratar a un traidor mi Lady… - respondió seguro
- ¿A todos los traidores les ha hecho lo mismo – pregunte sorprendida sin darme cuenta que fue en voz alta
- No, en realidad son ejecutados…
La respuesta me dejo sin palabras, por un momento había olvidado que si Haru seguía con vida, era porque en mi desesperación, había hecho un trato con Sesshomaru. La vida de mi amigo porque yo regresara al palacio. Aunque realmente, no sé exactamente como llegaría vivo, si lo arrastrarían hasta llegar. A pesar de ser un Yokai fuerte, para recuperarse no solamente debía ser atendido, sino que también debía descansar, pero no le permitirían ninguna, quizá ese era el motivo, de alguna forma el trato se cumpliría, si en el camino Haru perdía la vida, no sería exactamente a manos de Sesshomaru.
Ahogue un suspiro y rogué a Kamisama que no muriera.
Cuando vi caer la noche con los soldados sin ninguna intención de detenerse, me percaté de que no perderíamos tiempo, el regreso al palacio seria sin descanso alguno. Así como yo me había decidido a alejarme lo más posible sin detenerme un segundo, Sesshomaru aria lo mismo pero de regreso. Aunque me indicaron que podía descansar mientras ellos continuaban, preferí mantenerme con los ojos abiertos, no solo para ir cuidando que Haru no se desmayara, sino también para ver si Sesshomaru aparecía, aunque la posibilidad de que se haya marchado dejándome en manos de sus soldados era clara, algo me decía que no se había ido del todo, que continuaba cerca, no era visible, pero estaba cerca.
Tal y como lo supuse, no nos detuvimos ni un solo día, por un momento creí que lo harían para dejarme buscar algo de comer, pero tampoco fue así. En realidad, uno de los soldados que me rodeaban, se apartaba de la agrupación y después regresaba conmigo ofreciéndome raíces o frutas para alimentarme. No es que no agradeciera las atenciones pero me preguntaba por qué lo hacían, parecían demasiado organizados.
Pronto supe que las ordenes de su actuar provenía de Sesshomaru, ya que uno de ellos, se adelantaba por momentos, más que nada en las noches, después regresaba al frente del grupo, susurraba a uno de sus compañeros, y de ahí, se pasaban la información. Estaba más que claro que iba con su amo y le reportaba lo sucedido así como también supongo que le preguntaba que más hacer.
Sabía que Sesshomaru no se había marchado, iba con nosotros, aunque no necesariamente juntos. Cuando comprobé aquello también confirme que estaba lo suficientemente furioso conmigo como para verme. Por eso no había aparecido en ningún momento.
Sentí un hueco en mi pecho, la que tenía que estar furiosa era yo. A mí era a quien llevaban como prisionera de vuelta al palacio, a mí era a quien habían utilizado y engañado, a mí era a quien le correspondía una actitud digna. Pero aun así, ¿Por qué me sentía tan mal? ¿Por qué el hecho de imaginar que no deseaba verme, me dolía tanto? ¡Claro! Porque lo amaba. Porque a pesar de todo, continuaba completamente enamorada de él, y por más que siguiera lastimándome, mis sentimientos no podían cambiar.
Después de una semana, caminando sin detenernos, comiendo vigilada, rodeaba y observada, con la preocupación de que Haru continuara con vida mientras era arrastrado, por fin llegamos al palacio.
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Cuando entramos, un silencio estremecedor me erizo la piel, pues lo único que se escuchaba; eran las pisadas en el pasto y los leves quejidos de dolor de Haru. A pesar de los días que tardamos en llegar, aun me sentía temblar, no solo por recordar la golpiza que Sesshomaru le había dado a mi amigo, sino que también por la manera en que me había hecho esa pregunta ¿Lo haces por él? Su mirada y su ausencia durante el viaje, solo aumentaban mi sofoco.
La sensación al entrar, no fue como la primera vez cuando sentía un poco de terror pero al mismo tiempo emoción. En esa ocasión, sentí como si hubiera llegado a una prisión. Así mismo, me sentía con una inmensa incertidumbre, deseaba llegar y ver de una vez, que pasaría estando dentro. Pues Sesshomaru estaba furioso no solo con Haru, sino también conmigo.
Todos los que habitaban el palacio estuvieron presentes de nuestra llegada, y su reacción no fue exactamente como lo esperaba, ya que todos me miraban de una manera extraña como si estuviesen aliviados, como si mi regreso les hubiera retornando el aire a los pulmones, más que incomodo, me inquieto pero no tenía el ánimo suficiente como para querer indagar así que, simplemente baje la mirada y me enfoque en llegar.
Cuando llegamos a la recepción, por fin pude ver a Sesshomaru. A un lado de él estaba Jaken y Narumi, el pequeño sapo comenzó a hablar entre chillidos como acostumbraba cuando estaba nervioso. Pero realmente no le preste atención, pues en cuanto mis ojos, vieron a la Yokai pelirroja que me observaba atónita, una profunda rabia invadió mi cuerpo.
A Narumi, no solo le había impresionado la manera en como su amo había traído de regreso a la humana, sino también el estado de Haru. Estaba claro que el imbécil había intentado enfrentarse a Sesshomaru y ese era el resultado. Pero lo más impactante es que no lo había matado, incluso lo había traído de regreso. Quizá todo se debía a ella. Rin, había impedido que lo mataran. La mujer yokai no supo disimular su rostro, mucho menos, al captar la mirada de la chica.
Estoy segura que ese rostro sorprendido solamente lo fingía. ¿Pues a quien más sino a ella, le beneficiaria mi ausencia? Más que por hacerme saber la verdad, me lo había dicho para deshacerse de mí. De alguna forma, sabía que no podría soportar el dolor, que no podría continuar viviendo en el palacio a lado de Sesshomaru, que terminaría marchándome de ahí. Y sin mí en medio, podría aprovechar para ganar su corazón.
Aunque le agradecía por abrirme los ojos, sabía que lo había hecho meramente por ella, por su propio beneficio, por querer lastimarme. Su odio hacia mí lo conocía, pero no le había prestado la suficiente atención, creía que era porque le molestaba atender a una humana, tenía la idea de que en algún momento superaría su desprecio y no sé, tal vez, llegarnos a conocer un poco más.
Pero cuando la vi en ese momento, supe que no sería posible, pues fue ahí, cuando ese sentimiento de odio, fue mutuo entre las dos. Me sentía odiarla, odiarla con todas mis fuerzas.
Cuando vi que Sesshomaru se dispuso a hablar, desvié mi vista de ella y me enfoque en escuchar lo que él, diría.
- Lleven a ese bastardo al calabozo – ordeno - Y a Rin… - pronuncio, guardando una pausa - Escóltenla a su habitación – y sin limitarse a voltear la mirada, dando media vuelta comenzó a alejarse.
Los soldados obedecieron y comenzaron a llevárselo, dejando en el camino grandes gotas de sangre. Entonces, de inmediato comprendí que lo dejaría morir en el calabozo. Y a mí, me encerraría en una habitación, teniendo como su única intención el separarme de mi amigo.
No podía quedarme así, aunque estaba consiente que si volvía a defender a Haru, perdería la última oportunidad de que Sesshomaru no me odiara, me atreví a hablar…
- Pero… se va a morir… - dije, en voz alta - Si no lo atiende un médico, se va a morir - Y como si mis palabras se las hubiese llevado el viento, nadie le tomo importancia, mucho menos el gran Yokai que caminando se alejaba. Entonces, tome coraje y le replique - ¿Dejaras que se muera?
Sesshomaru detuvo sus pasos, al ver eso, mi corazón se paralizo y volteado directamente a mí, pronuncio severo:
- Si permití que siguiera respirando fue por ti… - después, continuo caminando. Claramente, estaba conteniendo su rabia. Lo sé, porque la manera en cómo me observo, fue tan clara que entendí, como me pedía que no terminara con su paciencia.
En ese momento, no supe que fue lo que más me dolió. Saber que no podía hacer nada por Haru, ya que si volvía a hablar, Sesshomaru lo mandaría matar, que era la primera vez, en que me hablaba tan molesto, o la mirada de decepción que me dirigió. Pase saliva, intentando contener mi llanto y me deje llevar a la habitación que se convertiría en mi prisión.
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Cuando subíamos por las escaleras, realmente pensé que me llevarían a la habitación que se me otorgo cuando llegue, pero en realidad, a donde me llevaron, fue a la habitación que había comenzado a compartir con Sesshomaru cuando creí que me había convertido en su esposa.
Planee preguntarles el motivo, pero antes de que pudiera hablar, los soldados que me escoltaron, se adelantaron diciendo:
- Su habitación Lady Rin – y después de una reverencia, se marcharon.
Volvía a pasar, seguían llamando "Lady Rin" no lo comprendía ¿No se suponía que era una delincuente? Porque prácticamente lo era, ya que calabozo o habitación, estaría ahí encerrada. Pronto mis sospechas se disiparon al ver por de debajo la puerta las sombras de al menos cuatro soldados. No estaba equivocada, me mantendría vigilada, sin la posibilidad de salir.
Me indigno saber que estarían ahí, pero al mismo tiempo, comprendí la actitud de Sesshomaru, había escapado del pació a su espalda junto con su general, el único yokai después de Jaken a quien más confianza le tenía, sabía que se encontraba mas que furioso. Pero ¿Por qué justamente ahí? ¿Por qué en el lugar donde creí que era nuestra fortaleza? ¿Por qué donde me había entregado como suya? El sentir que ahí dentro no podía respirar fue uno de los motivos por los cuales me marche y en ese momento, regresaba más que como castigo, como una tortura.
Mi cuerpo temblaba, intente mantener la calma pero en cuanto observe el futon, sentí en el pecho un punzante dolor que se combinó con una desconcertante rabia, quise tomar las mantas, rasgarlas y romper ese sitio donde había dormido entre sus brazos, pero no pude hacerlo, simplemente caí de rodillas al piso y me puse a llorar.
En ese momento, mis lágrimas tenían muchos motivos, pero todos caían al mismo punto y era Sesshomaru.
Estaba furioso, indignado y más que eso, se sentía humillado. Aunque claro, eso nunca lo aceptaría, los motivos eran claros. Primero por ir a buscar a una mujer que en una rabieta infantil se había marchado, sintiendo en el pecho una incomparable desesperación, segundo por encontrarla a lado de ese maldito, siendo tan estúpidamente ingenua como para dejar que intentara besarla. ¿Por qué no lo había matado? ¿Por qué se había detenido? ¿Por qué Rin había intervenido? ¡Maldita sea! – se dijo – Maldita y mil veces maldita la capacidad de esa mujer de hacerlo cambiar de opinión.
Y por último, por atreverse a defenderlo aun conociendo que ya había dictado su orden. ¿Realmente era tan importante para ella? ¿Por qué preferir marcharse con Haru, que estar a su lado? Aquella pregunta le causaba un dolor tan fuerte casi comparado con el amor que le sentía a ella. Soltó un suspiro ¡Era un completo imbécil! ¿Por qué había ido por ella a la aldea? ¿Por qué demonios se había enamorado?
Llego a su despacho, y sin prestarle atención a los balbuceos de Jaken, cerró la puerta. Dejándolos afuera, tanto al sapo como a la pelirroja yokai.
Después de deshidratarme, me puse frente a la venta y me quede observando el jardín por horas. Aunque escuchaba que llamaban a la puerta, no ponía empeño en mover algún musculo, no me interesaba que es lo que querían o de quien se tratara, al fin, sabía que no era él, aunque verlo tampoco era algo que deseara. Sorprendentemente, nadie entro y agradezco que al menos en eso, me hayan dado privacidad.
Pase la noche viendo por la ventana, con la mirada perdida y el corazón agrietado, no sé en qué momento me gano el sueño para por fin, quedarme dormida. La mañana siguiente, tocaron a la puerta, llamándome de la misma manera "Lady Rin" pero no sentí ni la más mínima intención de moverme, de levantarme o de responder que se marcharan, porque a pesar de que no deseaba ver a nadie, tampoco sabía para que estaban ahí o para que querían verme, solo lo sentí como una molestia.
Las meido se sorprendieron de la ausencia de respuesta de Lady Rin, y aunque sabían que estaba dentro, su actitud no era normal, era reconocida como una mujer alegre, carismática y muy amable, quizá, el trauma vivido por su secuestro era peor de lo que imaginaban, así que decidieron ir a buscar a su amo, el único que podía ayudarla a superar eso, era su esposo.
Sabían que se encontraba molesto y no era para menos, su mujer había desaparecido por casi dos semanas, pero también era importante notificarle sobre el estado de su esposa. Así que la líder de ellas, tomo valor para tocar la puerta de su despacho.
- ¿Amo Sesshomaru? – hablaron desde afuera – Perdónenos la molestia, es solo que Lady Rin no ha salido de su habitación desde anoche, incluso no quiso bajar a cenar y…
- ¿Acaso no les quedo claro lo que ordene? – exigió molesto
A diferencia de antes, con el regreso de Rin al palacio, las ordenes eran no abrir la puerta de la Lady, a menos que ella lo permitiera. A pesar de que no comprendieron las órdenes, las obedecieron, pues lo que no sabían era que Sesshomaru estaba consciente de la actitud que Rin adoptaría al estar en su habitación. La conocía lo suficiente como para saber, que ella vería su estancia en la habitación como una prisión y la verdad es que, no planeaba contradecirla. Estaba cansado de que continuara pensando tonterías.
Pero la preocupación y el aprecio de las meido era real para con su señora, así que insistir fue arriesgado pero con motivos de sobra.
- Si señor… es solo que, nos preocupa que Lady Rin…
- Si no quiere salir déjenla tranquila, solo súbanle de comer – se miraron entre ellas y soltando suspiros de resignación, aceptaron sus palabras
- Lo que usted ordene señor… - dicho eso, las meido, se retiraron
La puerta volvió a sonar, planee levantarme y abrir, su insistencia me intrigo hasta que escuche a una de las meido hablar.
- Mi Lady, le dejaremos en la entrada, su desayuno de hoy – me sorprendí y me apresure a la perta, cuando abrí, ahí continuaban los cuatro soldados y en el piso, un canasto con alimentos
No supe si sentirme molesta o afortunada de ser alimentada en mi prisión, pues sabía que Haru, no tendría la misma suerte.
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Había pasado una semana completa encerrada en esa habitación y aunque no me gustaba estar quieta, en un solo lugar, el tiempo sola, me había ayudado a concentrar las ideas, así como identificar mis verdaderos sentimientos.
Estaba furiosa con Sesshomaru, me indignada saber el engaño en que me había hecho caer, pero más que eso, me sentía muy lastimada, me dolía profundamente, que haya podido hacerme creer que me amaba. Lo peor es que no estaba segura, si tendría la capacidad de perdonarlo o de olvidar lo sucedido. Lo que si sabía es que a él, no dejaría de amarlo, ni siquiera quería intentarlo, tal vez porque amarlo como lo amaba, era lo que aún me mantenía con vida.
Sabía que como su protegida durante todos esos años, su aprecio hacia mí era especial, más nunca romántico, así que esperarme una atención de su parte, intentando resolver lo sucedido, nunca pasaría. Por lo tanto mi estancia como prisionera, era simplemente un castigo piadoso de un amo a su protegida. No podía verlo de otra manera. Sabía que estaba molesto y era porque me había salido de su control, e ir a buscarme trayéndome de vuelta era su manera de reiterar su poder.
Con respecto a Haru, me preocupaba mucho por su estado, había llegado terriblemente herido, y estaba segura que no lo habían atendido, deseaba con el alma poder verlo y saber que estaba bien pero al mismo tiempo, sabía que todo era mi culpa. Por mí, Sesshomaru estuvo a punto de matarlo y todo por estúpida, plantarle una posibilidad en el peor momento, había sido un terrible error.
Así mismo, había algo curioso con el encierro al que llamaba prisión, pues no era exactamente como creía que la pasaría. Fui juntando las señales y poco a poco la duda creció.
Desde traernos de vuelta al palacio, los soldados se habían referido a mi bajo mi Keigo "Lady Rin" al principio no le tome mucha importancia, creí que al llegar y aprisionarme cambiaria todo, pero no fue así. No solo me habían traído a la habitación que antes compartía con Sesshomaru, sino que las meido de siempre, venían cada día con intención de ayudarme, así como antes, la diferencia es que ya no entraban cuando no atendía la puerta, ahora esperaban y después de rechazar su ayuda se retiraban entre reverencias.
Las comidas que solían subirme eran tan esplendidas y deliciosas como siempre, me pedían permiso para arroparme, bañarme y asear la habitación, pero a ninguna de sus peticiones accedí. No solo porque tenía clavado en mi mente la palabra "prisión" sino porque también me parecía muy extraño, era como si nada hubiera cambiado, como si todo continuara normal, como cuando me sentía dichosa de estar con Sesshomaru.
Cuando abría a puerta, los cuatro yokais que estaban de guardia, no se ponían en alerta al verme, sino que daban espacio si me traían de comer, o me subían mantas limpias. Quizá fui muy lenta para percatarme pero, no podía adelantarme. Sabía que existía la posibilidad de que todos los sirvientes del palacio, creyeran que yo aún era su señora.
Pero antes de cualquier cosa, debía indagar. Justo al cumplir diez días encerrada en la habitación, una mañana me levante al alba y soltando un suspiro, me acerque a la puerta, la abrí y como siempre los guardias, se apartaron. De inmediato percibí su sorpresa, tanto que después de unos segundos, me dieron los buenos días pronunciado al unísono con un poco de nerviosismo en la voz. Fue en ese acto que supe que debía actuar y comprobar mi teoría.
- ¡Buenos días! – salude un poco tímida. No había pensado en como lo diría, así que guarde silencio en lo que me venía alguna idea pero en ese momento, uno de ellos hablo.
- ¿Se le ofrece algo Lady Rin? ¿Quiere que mandemos llamar a las meido?
- No… gracias – dije entre suspiros – Yo…
- ¿Desea que la escoltemos a algún lugar? – cuestiono atento y fue esa pregunta la que me dio la oportunidad
- Si… quiero salir a dar un paseo – dije aun con el temor de ser reprendida o que me dijera que una prisionera no puede hacer eso, pero por el contrario, los soldados aceptaron de inmediato y dándome el paso, por fin, salí de la habitación.
Me sentía un poco insegura pero intente no demostrarlo, más que nada cuando note que los cuatro que siempre estaban en la puerta, me rodearon encerrándome como en un cuadrado.
- ¿A dónde quiere ir a dar su paseo Lady Rin? – pregunto el mismo
- ¿Puedo preguntar por qué me han rodeado?
- Órdenes del amo Sesshomaru. Mantenerla bajo nuestro cuidado y vigilancia – respondió
- ¿Eso incluye estar día y noche afuera de mi habitación? – indague
- Así es, mantenernos a su lado todo el tiempo así como escoltarla y atenderla en todo lo que desee
Intente no demostrar mis emociones, así que agradecí y les pedí que nos dirigiéramos a la cocina. Estaba claro, continuaba siendo tratada como la soñera del palacio, a diferencia de que no tenía la misma libertad que antes, pues ya contaba con cuatro guardaespaldas pero aun así, era gratificante saber que podía salir de ahí. Ya se había despejado la primera duda, continuaba conseguir respuestas a todas las demás y estaba segura que las ancianas yokais me ayudarían con eso, así mismo, a saber dónde se encontraba el calabozo, pues al descubrir que tenía libertad, me las ingeniaría para ir a ver a Haru.
Comentarios de la Autora:
Por fin la continuación de esta historia y ¿Qué mejor que en el día de mi cumpleaños?
No sé si les habré comentado pero… en todo mi embarazo, la pase con muchísimos, pero de verdad, muchísimos ascos. Les juro que intentaba ponerme a escribir y no podía jajaja a eso, agréguenle que tuve un bloqueo creativo y no solo con este Fic, sino con todos lo que deje pendientes.
Después… nació mi bebe, y hasta ahora que tienes 2 años, pude volver a tener un poco de tiempo para ponerme a escribir. Debo confesar que, quizá, por el tiempo, esta historia no tenga la misma calidad pero aun así, espero la disfruten, me la he pasado leyendo y releyendo los capítulos para no perder la esencia.
Nunca planee dejarla a medias, ni mucho menos abandonarla, prometo que la terminare, pero como esta historia es muy especial, de hecho es de mis consentidas, me esforzare en escribirla de la mejor manera posible, lo cual, debe llevar su tiempo.
Bueno, por hoy es todo, espero que el capítulo les haya gustado y me puedan comentar su opinión, me encantaría saber si les agrada el regreso de este Fic. Les agradezco a quienes llegaron hasta aquí y como siempre, les mando un fuerte abrazo.
Al igual que con "Atracción" esta me llevo 3 años en continuarla, esta vez, si la voy a terminar. Aún quedan bastantes capítulos, así que estén al pendiente de las actualizaciones, ya saben que lo hago cada semana.
