Los nombres de los personajes que utilizo en esta historia; no son de mi pertenencia sino de RUMIKO TAKAHASHI. La historia si es mía y queda prohibida su copia total o parcial.
"Para identificar el POV de Sesshomaru y el de algunos personajes, lo puse en diagonal"
Capítulo 23
Oportunidad
Mientras caminaba, me preguntaba el motivo de por qué seguían tratándome como su señora, yo misma había desertado de todo eso. Eran ordenes de Sesshomaru pero ¿Por qué? Entonces, por fin llegamos a la cocina. Las ancianas yokais, en cuanto me vieron, se acercaron con emoción y entre chillidos de alegría, me dieron la bienvenida.
- Lady Rin… nos alegra tanto su presencia – decían con un poco de incomodidad, pues mis guardaespaldas, no se apartaban de su formación - ¿Cómo se siente? Escuchamos que desde su llegada no salió de su habitación
- Ah… no me sentía dispuesta – respondí
- Supongo que si – dijo una de ellas – Debió ser horrible ser secuestrada por el general Haru
¿Secuestrada? Me dije impactada. ¿Creían que había sido secuestrada? Planee explicarles que no había sucedido así pero continuaron hablando.
- Nunca imaginé que el general hiciera tal cosa… siempre lo creímos un Yokai honorable
- Estoy segura que el amo Sesshomaru creyó lo mismo, aun me sorprende que lo haya dejado vivir
- Cierto, con la desesperación que trasmitió al enterrase de su desaparición, era de esperarse que le arrancara la cabeza
- ¿Desesperación? – dije sorprendida
- Nunca habíamos visto al amo portarse así, después de dar la ordenes, salió del palacio en su búsqueda y en comparación con los que regresaban sin éxito, él continuo hasta encontrarla
No pude evitar sentir como mi corazón palpitaba con todo lo que me decían, pero al mismo tiempo, me preguntaba si realmente Sesshomaru me había ido a buscar porque se preocupaba por mí, o porque había desafiado su autoridad.
Así mismo, me percate de algo muy importante. No podía decirles la verdad a las yokais, por la forma en la que hablaban era claro que idolatraban a su amo y no era para menos, en esa situación había quedado como el buen amo, como el héroe que va en búsqueda de su esposa. Y aunque Sesshomaru no lo haya dicho literalmente, todos en el palacio lo habían tomado como un secuestro y traición, por parte de Haru, yo en cambio, solo era la víctima.
Por un momento, quise desahogar mis sentimientos y confesarles que yo me había marchado por voluntad propia, ya que su amo me había utilizado, engañado y lastimado, pero no, no lo hice y nunca lo haría. Por más que me sintiera furiosa con él, nunca mancharía la imagen que tenían de su amo, lo apreciaban demasiado y no me habría gustado que dejaran de verlo así. También comprendí que para los habitantes del palacio, continuaba siendo su señora porque desconocían la verdad, ellos, estaban como antes estaba yo, viviendo con la mentira de un perfecto matrimonio.
Tal vez, Sesshomaru no les había dicho nada, porque no le convenía, no solo el almirante Hideaki necesitaba creer que yo era su esposa, sino también su palacio y sus tierras. No era bueno que se diera a conocer esa información, así que con eso en mente, ahogue un suspiro, esto de ser llamada "Lady Rin" se había convertido en un dolor más para mí.
- Quizá sea molesto para usted Lady Rin – dijo una de ellas, sacándome de mis pensamientos
- ¿Qué cosa?
- Estar con sus escoltas todo el tiempo… - explico observando a los cuatro que no se apartaban de mí. Yo, no supe que responder, claro que era molesto pero decirlo frente ellos me parecía grosero – Pero le aseguro que el amo lo hace por su seguridad – añadió
- Si, lo se… - suspire
- Pero si le molesta algo, no dude en hacérselos saber – propuso la mayor de ellas – Al fin siguen órdenes del amo pero también de usted, son sus escoltas personales así que le deben su total obediencia
- ¿Cómo pedirles que me esperen afuera de la concia? – pregunte de manera en que todos entendieron mis intenciones
- ¿Lady Rin? – cuestiono uno de ellos
- Por favor, deseo hablar con ellas, asuntos de mujeres
- Lo que ordene mi Lady – dijeron los cuatro al unisonó y después salieron, dejándonos solas
- Les agradezco su apoyo – dije sonriente un poco más cómoda
- Siempre estaremos aquí para servirle Lady Rin – dijeron y con esas palabras no pude evitar sentir un hueco en mi pecho.
Aun cuando desde mi llegada, fueron las únicas me que brindaron su amistad y apoyo, siendo solo la protegida del señor Sesshomaru, me preguntaba si continuarían tratándome igual, si se enteraban de que toda esta "autoridad" que tenía, era solo una mentira.
Ya se habían resuelto la mayoría de mis dudas, solo faltaba una muy importante, así que no perdí tiempo y aprovechando que mis escoltas habían salido, simplemente lo pregunté:
- Y el calabozo… ¿Dónde está exactamente? – se sorprendieron ante mi pregunta pero no lo suficiente como para negarme la respuesta
- Se encuentra en el lado sur del palacio, escaleras abajo…
- ¿Y cómo es ese lugar? – indague curiosa
- Solo lo he visto una vez, es oscuro, con poco aire y muy silencioso, pareciera como si estuviera apartado de todo ¿Por qué la duda Lady Rin?
- Solo quería saber a donde habían mandado a Haru… ah, el general Haru, aun no conozco todo el palacio – y era cierto, a pesar de recorrerlo todo, nunca antes había visto escaleras que diera abajo en la parte sur
- Es horrible, perfecto para un traidor que merece morir – confeso con desprecio – Y si me lo permite, trate de mantenerse alejada de ese lado del palacio, no le vaya a recordar momentos incomodos
- Entiendo… lo tomare en cuenta – dije
Después de conversar un par de cosas más y que me subieran el ánimo con sus carismáticas personalidades, me retire.
Al salir, mis soldados escoltas, me volvieron a rodear y de ahí, nos dirigimos al jardín. Extrañaba muchísimo respirar aire fresco, además, ahí mismo, planearía la manera de ir al lado sur del palacio para poder entrar al calabozo y ver como seguía Haru. Aunque lo que más deseaba era que al menos, continuara con vida.
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Durante un par de días, estuve saliendo de la habitación y confirmando las palabras que las ancianas yokais me habían dicho. A donde fuera que les pidiera ir, ahí me llevaban, cualquier cosa que solicitaba, la traían ante mí, incluso si les pedía que me trajeran ramos de flores específicas, lo hacían. Me sentía extraña, pero también me agradaba que lo hicieran, pues eso significaba que no se opondrían a mi principal petición.
No quise tardar más días, así que pronto me arriesgué a hacer lo que planee desde un principio.
- ¿Visitarlos? – pregunto el soldado con quien generalmente me comunicaba mas
- ¿Hay algún problema? – cuestione intentando parecer impenetrable
- Lamento decirle que si – adelanto y sentí temblar mis piernas – No tiene permitido visitar los calabozos
- ¿Por qué no? – cuestione
- Órdenes del amo Sesshomaru
Cuando me dijo eso, confirme mis sospechas. Sesshomaru sabía que yo me percataría de esto y tomándolo a mi favor insistiría en ir a ver a Haru, así que ordeno desde el principio que mi presencia ahí, fuera prohibida. Pero no podía quedarme así. Tome aire y por primera vez, utilice de manera estricta la autoridad que se me había otorgado.
- Entiendo… pero estas son "mis" órdenes – respondí confiada
- ¿Mi Lady? – dudo
- Sesshomaru los asigno conmigo, lo que significa que deben cumplir mis ordenes
- Pero Lady Rin…
- ¿Planeas desobedecer a tu señora? – pregunte molesta
- No… claro que no Lady Rin - respondió bajando la mirada y junto con los otros tres, después de hacerme una reverencia, me llevaron a los calabozos.
Lo que la chica no sabía es que Sesshomaru, tenía un soldado más a cargo de ella, pero la diferencia de este; es que se materia a distancia, vigilando a donde se dirigía la chica y después de cambiar de turno con otro soldado, se le notificaba todo al lord del palacio. Por lo tanto, su presencia en los calabozos, se había convertido en información de urgencia.
De alguna forma, saber que Rin por fin había salido de su habitación, era una buena señal, pues significaba que ya se había percatado que no la mantenía como una prisionera, que ante todo, continuaba teniendo la autoridad de Lady del oeste, que a pesar de su rabieta infantil, otorgarle algún castigo, nunca paso por su mente.
Pero no significaba que no estuviese molesto, furioso, decepcionado y lastimado. Lo suficiente que no deseaba verla, no por el momento, sus sentimientos se encontraban, tal como una tormenta dentro de él, si iba a verla no estaba seguro de como reaccionaria o si cometería un acto fuera de su control.
Desde su llegada al, palacio, su mente no dejaba de torturarlo con esa repugnante imagen de Rin entre los brazos de Haru, y de atormentarlo, con esas malditas preguntas: ¿Por qué Rin se había marchado tan rápido? ¿Por qué no había dudado en abandonarlo? Y ¿Por qué lo había hecho en compañía de ese bastardo?
Entonces, cuando más perdido se encontraba en sus pensamientos, la voz de uno de sus soldados lo desconcentro.
- ¡Amo Sesshomaru! – hablo con desesperación
El gran yokai no reacciono, hacia días que no tenía humor para nada, ni siquiera para trabajar en asuntos de sus tierras, mucho menos para soportar a nadie que no fuera él mismo. Todo el tiempo la pasaba en su despacho y no salía a menos que fuera exclusivamente necesario, incluso, Jaken ya no podía entrar, todo lo que se le ordenaba, debía escucharlo desde afuera.
El soldado continúo insistiendo, sin escuchar alguna respuesta de su amo. Pero no fue hasta que menciono a Rin, que los sentidos de Sesshomaru regresaron.
- Es Lady Rin… esta en los calabozos
No había terminado de pronunciar la última palabra cuando Sesshomaru, ya estaba frente a él, y observándolo con desprecio, pronunció contenido sus deseos de matarlo.
- ¡Fuera de mi camino!
Con temor, el soldado se apartó de su presencia, y con la velocidad que lo caracterizaba se dirigió a los calabozos. ¿Cómo demonios había entrado? Sus órdenes habían sido claras, Rin, tenía prohibido visitar los calabozos – gruño furioso. Eso ya no tenía importancia, lo principal en ese momento era sacarla de ese lugar, dejarle en claro que mataría a Haru si volvía a estar cerca del lado sur del palacio y matar a todos esos incompetentes que la habían dejado entrar en primer lugar.
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El rostro de mis escoltas, demostraban claramente su desacuerdo pero de manera leal, me habían llevado hasta ahí. Sé que prácticamente los había obligado a obedecerme y que su rostro era por temor a su amo, pero no era tan injusta como para dejarlos solos, ya que si Sesshomaru se enteraba de mi visita, yo misma, daría la cara por ellos, al fin, yo era la responsable de todo.
Prometí con seguridad que no tardaría y después de un suspiro, comencé a bajar las escaleras. Era como me lo habían descrito las ancianas de la cocina. Completamente oscuro, apenas podía ver, entre más bajaba por las escaleras, el sonido de afuera poco a poco se iba apagando, así mismo comencé a sentirme sofocada, tal vez por la falta de aire. Empecé a sentir miedo, era un lugar horrible, pero eso no me detuvo, al fin, cuando termine de bajar las escaleras, hable en un susurro pronunciando su nombre y fue hasta un par de veces que por fin respondió.
- ¿Haru? – pronuncie en un sobresalto intentando enfocar la vista
- Rin… - volvió a hablar con debilidad
Entonces, acerque la pequeña lámpara que cargaba y en la parte de atrás, pude distinguir uno de sus brazos. Corrí hasta donde estaba y al llegar me agache encontrándome con un Haru, que apenas podía mantenerse sentado.
- ¡Por Kamisama! – exprese al verlo tan herido como la última vez. Era de esperarse que no se haya recuperado, lo habían traído a rastras empeorando su condición y después de eso, simplemente lo habían dejado ahí, para que terminara de morir.
No pude evitarlo y comencé a llorar. La escena era terrible.
- Sabía que vendrías… - expreso con emoción, mientras yo, continuaba sin poder hablar – No, por favor… no llores
- Todo esto es mi culpa – exprese – Si no te hubieses ido conmigo esto…
- No – soltó – Esa fue mi decisión, no tienes culpa de nada. Yo sabía a lo que me enfrentaría desde un principio y aun así, lo hice… por ti
Escuchar esas palabras me paralizo, sobre todo por la devoción en que las pronunció.
- Traje un poco de agua – dije, intentando no parecer grosera al ignorar su comentario – No puedo quedarme mucho tiempo - agregue - Tengo prohibido venir, pero si nadie se entera de hoy, volveré a venir con hiervas medicinales para curarte
- Estoy seguro que con tu sola presencia será suficiente para recuperarme – suspiro con una sonrisa en el rostro
- Discrepo un poco….
- No deberías, posees el poder de iluminar todo lugar que visitas – confeso – Sentí que volví a respirar en cuanto escuche tu voz – no dije nada, solo ahogue un suspiro
- Bueno… creo que ya debería irme, no sabes lo feliz que me hace saber que estas con vida. Prometo que regresare.
- Espera… aun no te vayas – suplico intentando acercarse a los barrotes que nos dividían – Necesito verte, más cerca… - intente acercarme, Haru levanto con dificultad uno de sus brazos y con delicadeza acaricio mi mejilla – Tu eres mi razón para seguir viviendo – añadió – Te prometo que en cuanto me recuperé, saldré de aquí y no marcharemos de este palacio - suspire, y él, continuo pronunciando algo que me erizo la piel – Lejos de aquí, podremos ser felices juntos…
- ¿Qué? – exprese sorprendida sin poderlo evitar
- Sesshomaru ya no se interpondrá entre nosotros. Serás muy feliz a mi lado Rin, mi prioridad siempre serás tú, y la familia que lleguemos a formar…
- ¡Haru detente! – exalte apartándome de él - ¿De que estas hablando?
Mi reacción lo sorprendido pero no pude evitarlo, sus palabras, me habían aterrado. De alguna manera lo sabía, Haru se había hecho una idea equivocada de mis sentimientos, lo peor es que todo era mi culpa. Haberle permitido ese beso, había sido un terrible error, porque no solo le había formado esperanzas falsas a su corazón, sino que en mi egoísmo terminaría lastimándolo.
Por un momento dude si debía hacerlo pero después comprendí que era lo mejor. Tenía que dejarle en claro lo que yo sentía, aun si lo lastimaba, pues en mi experiencia, prefería saber la verdad a vivir enamorada de una ilusión.
- Yo… no voy a irme contigo – confesé sincera
- No, sé que no puedes porque de alguna forma, sigues respetando a Sesshomaru pero Rin, él no es tu dueño…
- No me refiero a eso – interrumpí – Haru, si me marchara del palacio, no sería para estar contigo, al menos no de la forma en la que tú lo planeas – él, me observo atento – Ya que… eres mi amigo y nunca podría verte como algo más que un amigo
- Rin… - suspiro – Pero… tú me diste una oportunidad, en el bosque, antes de que llegara Sesshomaru tú…
- Cometí un error – adelante – Lo sé y lo lamento, nunca debí permitirte eso. Actué como una estúpida, estaba dolida, decepcionada y creí que el beso de otro hombre me ayudaría a disminuir mi dolor pero… no funciono
- Porque realmente no pude besarte… pero estoy seguro que lo hubiera logrado, ya que mis sentimientos por ti, si son reales
- No… yo sé que no… porque aunque tengas razón y tus sentimientos sean reales, en ese momento, en quien pensaba era en Sesshomaru… - vi en su rostro el impacto de mis palabras y aunque fue cruel, debía saberlo
- Pero Rin…
- Perdóname, intente engañarme a mí misma y en el proceso te involucre, ya que siempre he estado consiente que nunca podré olvidarlo
- Yo puedo hacerlo – insistió – Yo te puedo ayudar a olvidarlo, solo debes dejarme, yo…
- ¡No! Haru ¿No lo entiendes? Nunca podré olvidarlo porque simplemente no quiero - confesé comenzando a llorar – No quiero hacerlo, no puedo hacerlo, siempre lo he amado y a pesar de todo lo que paso, de lo lastimada que estoy, nunca dejare de amarlo. Sesshomaru es el amor de mi vida.
Mis palabras fueron crueles, lo sé. Pude verlo en su rostro, la sinceridad de mi confesión, le había roto el corazón. Pero no podía aplazarlo, tampoco podía evitarlo, nunca me hubiese perdonado el dejarlo vivir con una ilusión, esperando un momento que jamás llegaría. En ese instante, comprendí que ir a visitarlo al calabozo, no había sido la mejor idea.
- No me importa – pronuncio después de una pausa. Yo, lo observe atónita – Sé que entre ustedes ya no hay nada que se pueda arreglar y para mí, eso es suficiente, aun si tu corazón continua con él, si estas a mi lado podre tener una vida feliz…
Un escalofrió me recorrió completa ¿Hablaba en serio? Me sentía sumamente triste de lastimarlo, pues parecía vivirlo mismo que yo. Un amor no correspondido, pero después de pronunciar esas palabras, lo que me invadió fue un profundo miedo.
- ¿A qué… te refieres? – pregunte sintiéndome temblar
- A que no importa si nunca dejes de amarlo, mientras estés conmigo…
Entonces… hablaba en serio. De puro impulso me supe en pie, lo observe aterrada, pensando en nunca debí ir a verlo. No era amor, o al menos no uno puro, pues con tal de tenerme, estaba dispuesto a soportar que nunca lo amaría y aun así, planeaba tenerme a su lado. Sin importarle lo que yo sintiera, en ese momento, simplemente pensó en cómo salvar su idea de vivir feliz.
- Esa no sería una vida feliz Haru, ni para ti, ni para mí – explique segura
- Es cuestión de intentarlo, el tiempo nos ayudara a acostumbrarnos – y entre más hablaba. Más miedo me daba
- ¡Basta! – exalte – Haru , lo que dices es una locura
- Haría lo que lo fuera por ti Rin… te amo
- Lo que dices no parece un acto de amor, sino un acto de desesperación y obsesión
- Te lo demostrare – insistió intentando acercar su mano a mí. Retrocedí y fue cuando comprobé que debí irme hace mucho…
- ¡Es suficiente Haru! No continuare con esto – y dando media vuelta planee marcharme pero en cuanto lo hice, encontré frente a mí, la imponente presencia de Sesshomaru.
Comentarios de la autora:
No saben la alegría que me da saber que aceptaron el regreso de este Fic, fue muy especial para mi leer sus Rviews. Muchísimas gracias… síganme compartiendo sus opiniones, amo leerlas cada que publico un capitulo pues eso me inspira a darles la mejor calidad.
¿Y bien? ¿Qué dicen de este capítulo? Quise dejar muy en claro los sentimientos de Sesshomaru, así como los de Haru y Rin, espero que el resultado les gustara.
Les mando un fuerte abrazo y nos leemos en la siguiente actualización.
