Los nombres de los personajes que utilizo en esta historia; no son de mi pertenencia sino de RUMIKO TAKAHASHI. La historia si es mía y queda prohibida su copia total o parcial.


"Para identificar el POV de Sesshomaru y el de algunos personajes, lo puse en diagonal"

Capítulo 24

Fuera de tu control


Sentí como si en un suspiro, el corazón se me fuera a salir del pecho. Lo observé paralizada, no solo por lo imponente de su presencia, sino por lo furioso que lucía. Entonces lo confirme, ir a ver a Haru, había sido una pésima idea. Sus ojos se dirigieron a él, mi cuerpo tembló y temí lo peor; que por mi presencia en los calabozos, Sesshomaru tomara la decisión de matarlo. Pero cuando tuve la intención de voltear, de inmediato fui interrumpida, pues su mano me sujeto de la muñeca.

- ¡Vámonos! – indicó con autoridad. Dicho eso, y sin soltar su agarre, nos dirigimos a la salida.

Sé que estaba furioso y que llevarme del brazo era una manera tosca de tratarme pero, aun así. Salir de ese horrible lugar en compañía de Sesshomaru, me hizo sentir como si todo el miedo que me causaba estar ahí dentro, se borrara con su presencia, el sofoco que sentía por la falta de aire, había desaparecido y ya no me importo la poca luz que lo habitaba. Era de esperarse… estando a su lado, siempre me había sentido protegida.

Por fin, en cuanto salimos, sin soltarme, volteo con mirada fulminante a mis escoltas que parecían saber lo que les esperaba.

- Ustedes cuatro… desobedecieron mis órdenes – pronunció severo.

Lo observé aun impactada sin saber qué hacer, justo unos segundos después, aparecieron más soldados, no supe el porqué de su presencia hasta que Sesshomaru añadió:

- ¡Mátenlos! – indicó sin más. Entonces, en un impulso de valentía, solté en un grito:

- ¡No! ¡No! – sabía que Sesshomaru me ignoraría por completo, así que no dudé en ponerme frente a él y como lo había prometido, dar la cara por ellos – ¡Sesshomaru por favor! Ellos no tienen la culpa de nada, yo los obligué.

Su mirada bajo enfocándose en mí. Las palabras que le había mencionado realmente habían llamado su atención, así que no perdí la oportunidad y comencé a mencionar lo sucedido.

- En ningún momento incumplieron su lealtad – expliqué – Ya que obedecieron debidamente las ordenes de su señora – él, levanto una ceja – Porque eso soy ¿Cierto? – pregunté con un aire reprochante, que advirtió de inmediato pues pude distinguir como frunció el ceño, supongo que…

De alguna manera sus órdenes se habían cumplido. Estaba claro; cuidar, vigilar y atender en todo momento a Rin, pues todos sabían que ella, era la Lady del Oeste, por lo tanto, su autoridad era absoluta, y que hayan obedecido el llevarla a los calabozos, no era más que lealtad ante su señora. Rin, había dicho lo correcto pero, esa lealtad mostrada, en efecto, era para ella, no para Sesshomaru, así que con justas razones podía matarlos.

Lamentablemente, la opción de ignorar las justificaciones de Rin desaparecieron rápidamente, al ver esos ojos implorando el detenerse, al parecer estaba dispuesta a proteger a esos cuatro incompetentes. Entonces…

Por un momento creí que me ignoraría cuando desvió sus ojos de mí, pero en un movimiento, levantando uno de sus brazos, los soldados soltaron a mis escoltas.

- Retírense – ordeno y fue ahí cuando supe que los dejaría vivir, así mismo, que el aire a mis pulmones regreso, aunque no fue por mucho tiempo.

En cuanto todos se marcharon, tan inesperado y tan rápido como un parpadeo, Sesshomaru, soltó mi mano para tomarme de los hombros y acorralarme contra la pared que estaba detrás de mí. Sentí como mi cuerpo se quedó estático y como me quede sin aliento. Me miraba fijo, con esos ojos dorados que no me cansaba de mirar, sus fuertes brazos se recargaban en la pared donde parecía sostener mi cuerpo para no desfallecerme, y su rostro… estaba tan cerca que me sentí estremecer.

- Rin… – pronunció en un gruñido. Yo, suspire - ¿Acaso desconoces lo que significa prohibido?

- Lo conozco – respondí - Pero no podía quedarme así… es, es mi amigo – tartamudee

Era cierto que Rin había adquirido una especial confianza al hablar con él, pero aun así, ver la manera en cómo le respondía, sin inmutarse, sin desviarle la mirada. Todo por Haru, solo aumentaba su rabia.

- En ese caso. Es tu decisión, si vuelves a pisar ese lugar terminare de matarlo – amenazó con tal desprecio, que me hizo enfurecer.

- ¿Cómo puedes hacerme esto? – repliqué, planeando recriminar su comportamiento para conmigo pero fue en ese instante que acortando su cercanía, pronunció las palabras que detuvieron los latidos de mi corazón.

- ¿Te es tan difícil estar lejos de él? - suspire, la manera en que había cambiado el tono de su voz, me estrujó el pecho. Pero al instante no lo comprendí, estaba tan enfocada en mi indignación que solo respondí por impulso.

- Sí, él me necesita, apenas sobrevivió, la manera en como lo trataron fue horrible, no podía…

- ¡Es suficiente Rin, silencio!– interrumpió firme. Justo al mismo tiempo, acerco su rostro al mío y como en un susurro, añadió – ¿Qué demonios intentas? ¿Acaso quieres volverme loco?

No era para menos, Sesshomaru no podía entender porque Rin se preocupaba tanto por Haru, ¿Por qué su atención se había enfocado en ese maldito animal? ¿Por qué ya no era él, lo primero y lo último en la mente de Rin?

Me quede inmóvil, con los ojos abiertos y el pulso acelerado. No supe identificar exactamente que intento decir, lo que si pude advertir, fue el arder de su mirada, como si esas palabras hubiesen sido una total confesión. Entonces, antes de que me diera tiempo para pensar, dando un gruñido, se apartó de mí y dándome la espalda, no agrego nada más, simplemente comenzó a alejarse.

Era lo mejor, retirarse de ahí antes de pronunciar otra estupidez. Estaba consciente del poder que poseía Rin para alterar su imperturbable tranquilidad pero no fue hasta ese momento que descubrió como sus instintos estuvieron a punto de delatar, los incontrolables celos que lo invadían.

Lo mejor que podía hacer, era marcharse, relajarse e intentar controlar sus impulsos.

No sé en qué momento me llevé las manos a mi pecho, pero en cuanto me percaté, supe que había sido un acto inconsciente de mi cuerpo para intentar mantener mi corazón en su lugar, para tranquilizar mi respiración y para ayudarme a mí misma, a sostener el dolor que me sofocaba. Mis pies me temblaban, sentía la boca seca, ¿Qué significado había en esas palabras? ¿Por qué preguntarme que si deseaba volverlo loco, me había dolido tanto?

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Cuando mi mente comenzaba a sospechar el motivo, aparecieron frente a mí, mis escoltas. Creí que no haría falta que lo dijeran, pues en sus miradas advertiría su molestia así como el reproche por ser casi asesinados por mi culpa, sin embargo, no fue así, pues sus rostros mostraban aprecio, agradecimiento y felicidad. Se acercaron a mí, planee disculparme por lo sucedido pero adelantándoseme, hicieron algo que me dejó sin palabras.

- ¡Lady Rin! – pronunciaron al unísono, luego uno de ellos tomó la palabra – Estamos agradecidos por su acto en nuestra defensa…

- Ah… no, no deben agradecerme, todo fue culpa mía… - suspire

- Pero conseguir que el amo cambiara de opinión fue obra suya… - adelantó uno

- Nunca lo habíamos visto retroceder a una orden, hasta que usted llegó – pronunció otro

- Por eso mismo – y justo en ese momento, se arrodillaron en una pierna y con la cabeza baja, pronunciaron juntos: "Desde hoy en adelante, le debemos nuestras vidas, y nuestra absoluta lealtad le pertenece Lady Rin"

No supe que responder, lo único que pensaba era que para ellos, el defenderlos de tan imponente Yokai, había significado más que un acto de valentía. Pasé saliva, intente controlarme y después pregunte lo que debí haber hecho desde el principio de conocerlos.

- Pónganse de pie – indiqué conmovida – Por favor, díganme sus nombres, desde ahora los llamare a cada uno como corresponde.

Después de indicármelos, les regale una sonrisa agradecida por sus palabras y les pedí que me llevaran a mi habitación, habían pasado muchas cosas, así que tenía mucho en que pensar. Haki, Dai, Fuji e Isao obedecieron, y me escoltaron.

Cerré la puerta detrás de mí y por fin, solté el suspiro que parecía no querer salir de mi pecho. Me dirigí a la ventana, sentándome frente a ella solo por instinto. Aunque la actitud de Haru, su disposición a estar conmigo a pesar de saber, que nunca lo podría amar me pareció enfermiza, en ese momento, nadie me importo más que Sesshomaru.

No solo por la manera de pronunciar esas palabras, sino por todos sus actos.

Los soldados tenían razón, su amo era un Yokai firme y nunca cambiaba de opinión, pero yo sabía que perdonarles la vida, más que por mi petición, lo había hecho bajo sus mismas órdenes. Al cuestionar mi puesto como Lady de las tierras, fue solo un recordatorio de lo que él mismo había mandado. Así que no habría valido el contrariarme.

Lo que realmente me daba mucho en que pensar, era su actitud en los calabozos y cuando me acorralo entre la pared.

Sabía que estaba furioso pero por alguna razón, en ese momento lo sentía más conmigo que con Haru. Pero estaba molesto conmigo de una forma diferente. Ya que sus ojos al mirarme, parecían reprocharme algo, su voz, a pesar de sonar dominante, era suave con un cierto toque de desconcierto, y sus palabras, eran confusas pero parecían tener un fuerte motivo.

Solté un suspiro y negué con la cabeza la posibilidad de que fueran celos. Entonces, apreté los ojos y me mordí los labios. A pesar de todo, mi corazón, no dejaba de sentirse vivo cuando él, estaba cerca de mí.

Desde tomar mi brazo para salir de los calabozos, cuando lo tenía frente a mí, tan cerca que si mis manos no hubieran sentido el frio de la pared, me hubiese sentido flotando. Y esa cercanía al susurrarme tales palabras, me habían hecho confirmar lo que le dije a Haru. Amaba a Sesshomaru, lo amaba tanto que me dolía. Pero ya no podía permitirme sentir esas emociones, porque eso significaría que las humillaciones que me había hecho, que el dolor que me había provocado, no eran lo suficientemente fuertes como para hacerme olvidarlo.

Y aunque era cierto, era una verdad que solo yo guardaría, ya no le demostraría a Sesshomaru mi amor por él. Al fin, ¿Hacerlo, de que me había servido? Así que, por más que parecieran celos, estaba segura que no lo eran. Ya no podía dejarme engañar por mis sentimientos, ya no podía dejarme ilusionar tan rápido.

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Lo que más deseaba en ese momento al entrar, era apartar a Rin de él, abrir con sus garras esos barrotes y arrancarle la cabeza de un solo golpe. Disfrutar la imagen de su muerte mientras veía correr su sangre pero… ¿Por qué? ¡Maldita sea! ¿Por qué no lo había hecho? ¿Por qué, a pesar de haber escuchado lo que escucho? ¡Fácil! Porque ahí estaba ella, porque la sola idea de que sus grandes ojos cafés pudieran ver una escena tal, era impensable. Rin era una dama, tierna, sensible y que contemplará la naturaleza y facilidad con que podía matar, no era algo que deseaba que viera.

Nunca fue una opción para Sesshomaru hacer que Rin estuviera presente en sus peleas, que corriera peligro o que terminara traumatizada por la violencia de sus actos. Y si había cuidado por tantos años, mantener la inocencia de la chica, no podía dejar que sus impulsos le ganaran arruinando todo. Así que tomarla del brazo y sacarla de ahí, él mismo, fue su única opción.

Sesshomaru soltó un suspiro, cerró sus ojos y recordó lo que había escuchado en el calabozo:

- Esa no sería una vida Haru, ni para ti, ni para mí

- Es cuestión de intentarlo, el tiempo nos ayudará a acostumbrarnos

- ¡Basta! Haru, lo que dices es una locura

- Haría lo que fuera por ti Rin… te amo

- Lo que dices no parece un acto de amor, sino un acto de desesperación y obsesión

- Te lo demostrare

- ¡Es suficiente Haru! No continuare con esto

¡Maldito bastardo! dijo por debajo. Estaba claro, Haru le había propuesto a Rin, escapar con él, y aunque la chica había aclarado que esa repugnante idea no era más que un acto de desesperación, no la había escuchado pronunciar un "No" El gran Yokai, paso saliva, rechino sus colmillos y con toda la fuerza de su cuerpo, mantuvo la poca cordura que aún le quedaba. ¿Cómo había llegado a eso? Ni siquiera siendo el ser más poderoso de esas tierras le servía para poder controlar ese maldito sentimiento que parecía invadirlo por completo.

Celos. Lo que Sesshomaru sentía, eran celos. Pero claro, no lo admitiría, su gran orgullo y su ego, no le permitían aceptarlo, así mismo, porque al ser un sentimiento completamente nuevo, le era difícil distinguirlo como un reflejo del dolor que sentía al saberse cada vez más lejos de la mujer que amaba.

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La Yokai caminaba por el palacio, con una mano en el pecho, mirada perdida e inmensas ganas de llorar que contenía con todas sus fuerzas. Ella misma se había puesto una meta de razones a cumplir que se lo indicarían. Pero no había imaginado que aquello que se negaba a creer, fuera a comprobarse tan pronto y mucho menos, por medio del hombre a quien amaba.

Ya lo había confirmado con aquella conversación con Jaken pero se negaba a creer que el propio Sesshomaru se lo demostrara.

Las pruebas habían comenzado desde el regreso de la humana:

Durante todos sus años sirviéndole al gran Yokai, lord de las tierras del oeste, el perdonarle la vida a un traidor nunca había estado como una opción, en realidad, el hecho de utilizar los calabozos, había desaparecido por completo pues para Sesshomaru, mantener encerrado a un ser que él despreciara, no tenía sentido alguno. Es por eso, que ver llegar a Haru, encadenado de las manos y aun respirando, le decía que ese no era más que un acto de benevolencia influenciado por Rin.

Si bien, conocía la personalidad hosca que caracterizaba su amo, el permanecer encerrado en su despacho, sin permitirle la entrada a nadie, ni siquiera a Jaken, era una clara demostración de que algo lo había perturbado lo suficiente como para no desear ser visto por nadie. El hecho de que no fuera a visitar a Rin en ninguno de esos días, era porque quizá, ella no se lo permitía, pues estaba segura que la chica, aún seguía molesta.

El enano verde ya lo había aclarado: Era cierto que Sesshomaru había elegido tomar a Rin como esposa para liberarse del tratado en que su padre lo había involucrado junto con el Almirante Hideaki, pero también porque desde hace tiempo, Rin ya estaba contemplada para ser la compañera de su amo. Pues nadie más que ella, había alcanzado los requisitos necesarios para tener el honor de ser elegida como Lady de esas tierras.

Y aunque admitirlo le daba una bofetada a su ego, era cierto. Rin era una dama en toda la extensión de la palabra, en poco tiempo había aprendido a comportarse como una reina y que a pesar de lo sucedido, que Sesshomaru no haya revocado su puesto como Lady, otorgándole poder absoluto en todo el palacio, era la clara respuesta de que en efecto, ella era la elegida.

Por último:

- ¿Qué demonios intentas? ¿Acaso quieres volverme loco?

Había estado presente, al momento de escuchar a su amo pronunciar tales palabras. Demostrando por primera vez y abiertamente, los monumentales celos que lo consumían.

Si, le había dolido, confirmar por medio de Sesshomaru que era Rin, la única mujer que había podido cautivar su corazón, que era una humana la dueña de los pensamientos de tan imponente Yokai, y de que ella, su sirvienta por años, no era más que solo un miembro del palacio.

Por fin lo entendía. Pero más que saber que se pertenecían el uno del otro. Reconoció que amar a un ser, no significaba que debía estar con ella, pues sabía que sus sentimientos no cambiarían, lo amaba y nunca dejaría de amarlo, por lo tanto, saber que sufría por Rin, fue un motivo para que la pelirroja, decidiera intervenir.

Se encargaría de remediar lo que ella misma había provocado. Y aunque lo hacía más por Sesshomaru que por Rin, la única manera de conseguir lo que deseaba, era ir a enfrentarse a quien se había convertido en su señora. Había pasado el tiempo suficiente con la chica como para saber lo obstinada que era, así que sabía lo difícil que sería ir ante ella, es por eso que, lo único que podía hacer para poder ser escuchada, primero era ir a ver a Haru.

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Tocaron a mi puerta. Creí que serían las meido, así que me levanté dispuesta a abrir, cuando la voz que desde afuera sonó, me hizo hervir la sangre.

- Lady Rin… - pronunció esa voz perteneciente a Narumi.

No lo pensé y ordene que abrieran la puerta. Cuando lo hicieron, la imagen de la Yokai estaba frente a mí, en un momento su reacción me inquietó pues la sonrisa que dibujó su rostro fue quizá la más sincera que le he visto compartirme. Intenté no tomarle importancia y así mismo, sin permitirle hablar, me adelanté:

- Si estás aquí por órdenes de Sesshomaru, lamento decirte que no es necesario. Puedes regresar con tu amo y decirle que no te necesito cerca, así que ya puedes retirarte – di la vuelta, no tenía planeado quedarme a ver su reacción o esperar a que con insolencia me contestara, entonces…

- No, Lady Rin… – escuche detrás de mí, justo al momento en que mis guardias cerraran la puerta. Me disponía a ignorarla cuando añadió – El amo Sesshomaru no me mando con usted, yo… vine a hablar… sobre algo importante.

Por la manera en que lo dijo, admito que me intrigó pero también sabía que no tenía nada que hablar con ella, desde la última vez, me había arruinado la felicidad ¿Por qué aceptaría hacerlo en ese momento? Con eso en mente:

- ¡Haki, Fuji! – indiqué desde adentro - ¿Podrían mostrarle a la Yokai por donde regresar y apartarla de mi puerta?

- ¿Lady Rin?

Escuché la sorpresa en su voz, supongo que no se lo esperaba, estaba acostumbrada a mi actitud paciente y amable. No es como si ya no la tuviese, pero al menos no con ella. Entonces cuando escuchaba como la apartaban, pronunció las palabras que me hicieron abrir la puerta con sorpresa en los ojos.

- Vengo de ver a Haru… le llevé agua, curé sus heridas y si me lo permite, lo haré todos los días…

- ¡Alto! – dije con rostro sorprendido mientras la observaba sin entender sus motivos.

Narumi clavó sus ojos en mí, estaba más que desconcertada por mi actitud, pero al mismo tiempo, supo que había capturado mi atención, así que después de ordenar que la soltaran, le permití explicarme a qué había venido a verme.


Comentarios de la Autora:

Perdonen la tardanza, si también leen mi Fic "El vestido de Rin" ahí explique el fuerte resfriado que sufrí por casi dos semanas, por lo tanto terminar este capítulo me costó más tiempo de lo esperado. Pero como prometí, continúo activa con esta historia, repito: "La voy a terminar" Mis actualizaciones son por semana. Así que por favor, ténganme paciencia. Escribir esta historia después de 3 años es más complicado de lo que parece, además, es difícil porque la redacción es más personal y no quiero que pierda esa calidad con la que inicié.

Les agradezco muchísimo a las personitas que me compartieron su Review expresando su alegría de que volviera esta historia. De verdad que me emocione mucho al leerlas, porque eso significa que me esperaron y aunque no tengo cara para agradecerles su apoyo, lo aprecio muchísimo.

Espero que este capítulo les haya gustado y me puedan compartir su opinión, saben que amo leer lo que piensan de mi trabajo. Mientras tanto, nos leemos en la próxima actualización, les mando un abrazo fuerte.