Los nombres de los personajes que utilizo en esta historia; no son de mi pertenencia sino de RUMIKO TAKAHASHI. La historia si es mía y queda prohibida su copia total o parcial.


"Ya que este capítulo contiene muy poco POV de Rin, se pondrá en diagonal. Los POV de otros personajes serán los que más resaltaran. Solo será en este capítulo"

Capítulo 25

Pertenencia


A pesar del rostro confundido de los guardias que custodiaban la entrada a los calabozos, su presencia no era de preocuparse, así que entrar, había sido bastante sencillo. A pesar de ser un Yokai, la pelirroja reconocía que ese lugar era horrible, ciertamente le sorprendía que Rin haya soportado entrar. Justo al llegar hasta el fondo había identificado su olor así que con la poca luz de la pequeña lámpara que tenía, se ayudó para acercarse a él.

La sorpresa en los ojos de Narumi no se pudo ocultar, a quien antes había llamado amigo, no parcia más que un pobre ser que respiraba solo por milagro.

- ¿Rin…? - pronunció con débil voz

- No…soy yo, Narumi – respondió ella observándolo con benevolencia.

- Narumi… ¿Qué haces aquí?

- Se rumorea por todo el palacio que apenas puedes respirar… así que quise venir a comprobarlo

- ¿Y te agradó comprobarlo? – cuestionó observando a la mujer.

- No… - suspiro – En realidad me sorprendió…

- No soy tan débil como lo crees

- No me refiero a eso. Lo que me sorprendió fue que Sesshomaru te dejara vivir – Haru frunció el ceño – Sé que eres fuerte… no por nada tenías el título de general pero… debes admitir que no eres lo suficiente como para enfrentarte a Sesshomaru

- Si a lo que venías era para humillarme. Puedes largarte

- Decir la verdad no es humillarte… - explicó al momento de agacharse y sacando un racimo de hiervas, comenzó a colocarlas en las heridas más grandes del hombre

- Supe que la humana… Lady Rin vino a verte… - Haru se sorprendió

- Así es… - suspiro – Poco después llegó Sesshomaru y se la llevó, no sé nada de ella desde entonces. Temo… que le haya hecho algo ¡Auch! – expresó

- Quédate quieto… y no seas ridículo ¿Crees realmente que Sesshomaru le haría algo a Rin? – Haru desvió la mirada.

- Tampoco creía que yo fuera importante para ti… dime ¿A qué viene este acto de benevolencia? – dudó pues ciertamente, nunca habría esperado la visita de Narumi mucho menos para curarle las heridas.

- Que no me agrades, no significa que me habría gustado que murieras… - confesó seria – Y a pesar de todo, supongo que los años de conocernos nos han hecho formar una amistad. Por eso mismo, vengo a decirte que te olvides de la chica

- ¡¿Que?! – expresó sorprendido apartándose de ella

- Cometí un error al decirte que tenías una oportunidad con ella… así como al creerme yo misma, la idea de que podía conquistar el corazón de Sesshomaru

- ¿De que estas hablando?

- Lo he confirmado Haru… ellos dos, realmente se aman

- ¡No! – adelantó - Quizá Rin sienta algo por él pero… Sesshomaru…

- Sesshomaru está enamorado de ella… - interrumpió segura – Yo lo sé, lo vi y lo comprobé. No te estaría diciendo esto sino fuera una verdad absoluta

- Y yo te creería sino supiera lo obsesionada que estas con Sesshomaru. ¿Crees que voy a creer que cambiaste tan rápido de opinión? ¿Ahora quieres que sean felices? No seas hipócrita Narumi.

- ¿En qué momento mencioné que deseo que sean felices o que he cambiado de opinión? Lo que siento por Sesshomaru nunca va a cambiar, lo amo y siempre lo amare. Pero sé que no me pertenece… y por mucho que me duela, por mucho que sienta odiar a esa mujer, no puedo cambiar las cosas, porque sé que él también la ama

- ¿Cómo estas tan segura?

- Porque desde que ella llegó al palacio, lo he visto actuar como nunca imaginé. Y cuando regresaron, verte con vida fue una prueba clara de que no es el mismo Yokai frio que todos conocíamos. Lo conozco, sé que oculta sus sentimientos de dolor y me mata saber que es por ella. Porque sé que solo ella, tiene el poder de hacerlo feliz o de destruirlo…

Haru no supo que más decir, pues algo dentro de él, le decía que las palabras de Narumi eran ciertas. En efecto, Sesshomaru no era el mismo desde traer a Rin al palacio y antes de que la chica le confesara su engaño, llegó a ver entre ellos un amor real, una verdadera conexión que los unía más allá de lo normal. ¿Pero cómo hacerlo? ¿Cómo desprenderse de la mujer que amaba cuando sentía que estaba a punto de conseguir su corazón?

Quizá, en aquel momento, cuando fue anunciada como esposa y Lady de las tierras del oeste, contener sus sentimientos por lealtad a su amo fue sencillo, pues su respeto y admiración eran tales que había decidido vivir con ese dolor permanente. Pero después de conocer que sin reparo la había lastimado, sin pensar en lo que ella sentiría, que había dispuesto de su libertad como mujer, no tuvo más dudas. Era un Yokai frio y despreciable que no pensaba más que en poder.

- No… - susurro – Si la amara como dices… no habría jugado con ella, con sus sentimientos. Tu misma lo dijiste, hacerla su esposa fue simplemente para su propia conveniencia, solo la utilizo

- No es así – adelantó la mujer – Jaken me lo confesó todo… Él, ya había tomado la decisión de hacerla su compañera. Ya la había elegido, y…

- ¡Cállate! – exaltó – Ya no quiero escucharte…

- Haru…

- Me rehúso a perderla…. No puedo…

Quizá, había sido mucho para él, al encontrarse en ese estado, pero era algo que Narumi debía hacer. Confesarle lo que ella ya había descubierto era un acto de compasión, pues vivir de una ilusión no era algo que deseara para Haru, ni para ella. El Yokai aparto su brazo y fue ahí, cuando la mujer supo que era momento de irse.

- A partir de hoy, vendré para revisar tus heridas, te cambiare las hiervas cuando haga falta y te traeré agua y comida. Ten en cuenta que esto que estoy haciendo no lo sabe nadie, ni siquiera ella… pero pronto se lo diré. Planeo remediar lo que hice… por fin entendí cuál es mi lugar, espero que tu también aceptes cual es el tuyo – dicho eso, sin recibir alguna respuesta. La mujer se puso en pie y salió de los calabozos.

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- ¿Visitaste a Haru? – pregunté curiosa.

- Así es… - planee preguntar ¿Cómo, por qué? Y ¿Cómo es que se encontraba? Pero ella se adelantó – Se encontraba muy mal… me sorprendió saber que aún estaba con vida pero… me dedicaré a visitarlo y al igual que hoy, curare sus heridas. Prometo que lo ayudare a recuperarse – había algo diferente en ella, no puedo decir que parecía haber adquirido bondad, pero si pude distinguir su disposición para ayudarlo.

- Bien… te escucho – pronuncié seria - ¿Qué es eso tan importante que quieres hablar conmigo? – ella suspiro… al parecer lo que me diría, no era tan sencillo, pues advertí como es que apretaba los puños mientras se disponía a hablar.

- He venido… a pedirte perdón – no pude evitar mi asombro, sus palabras realmente me habían tomado por sorpresa – Y a decirte que… cometí un error… - puso una pausa, y después añadió - Nunca debí decirte… que el amo Sesshomaru solo te había utilizado. Todo fue mentira…

- ¿De qué estás hablando? – pregunté comenzando a sentirme agitada.

- El amo Sesshomaru, no te utilizo en ningún momento, él… ya te había elegido como su compañera pues…

- ¡Basta! – exalté - ¿Acaso intentas burlarte de mí? – pregunté furiosa

- ¿Qué? – expresó ella, con rostro sorprendido.

- ¿Te permití entrar a mi habitación para esto? ¿Planeas jugar conmigo Narumi?

- No, no estoy jugando y tampoco intento burlarme de usted, lo que digo es verdad… yo misma lo comprobé. Permítame explicárselo – no deseaba escuchar de su boca nada que tuviera que ver con ese tema, en realidad, el hecho de escuchar con su voz el nombre de Sesshomaru, ya me causaba dolor en el estómago – Por favor Lady Rin… necesito que crea en las palabras que le diré yo…

- ¿Crees que voy a creerte cuando ni siquiera decides si tutearme, o no? – interrumpí – No quiero que vuelvas a meterte en mi vida… ¡Vete!

- Pero…

Planee llamar a mis escoltas para que entraran y la sacaran de mi vista, pero apenas hice el intento de hablar, Narumi realizo un acto que me dejó boquiabierta, pues sin esperarlo, frente a mí, se colocó de rodillas.

- Estoy intentando explicarte que me equivoque… - vociferó con desesperación - Cometí un error, nunca debí decirte eso. Creí que tenía pruebas pero no eran reales, creí que sacándote de en medio podría conseguir su corazón pero no fue así. Lo único que conseguí, fue ver su desesperación, su preocupación y su dolor por ti… fui una estúpida al pensar que podría verme cuando su corazón ya te pertenecía.

Solté un suspiro y justo al mismo tiempo, sentí como si me hubiese quedado sin aliento.

- No puedo decir que mi desprecio por ti desapareció, al final, eres la mujer que me quitó el amor de mi vida… pero también sé aceptar mi derrota. Ya que sé, que tú y solo tú, eres la legítima Lady de las tierras del oeste. Y si le tuteo es porque aún no me acostumbro a tratarla como mi señora. Así mismo, debe saber que mis sentimientos por el amo Sesshomaru no van a cambiar… pero eso no significa que no haya entendido cual es mi lugar y lo que él siente por ti – explicó. Yo, la observe fijo – Lo que significas para mi amo…. es algo que no tiene comparación, algo que yo nunca podría conseguir, tú, lo eres todo para él…

- ¡Ya basta! – interrumpí – ¡Es suficiente!

- Pero…

- ¡Cállate…! ¡Cállate! Ya no quiero escucharte - y perdiendo la fuerza para contenerlo, sentí como mis mejillas comenzaron a llenarse de lágrimas – ¿Cómo te atreves a decirme eso…? ¿Qué es lo que pensabas? ¿Crees que después de lo que pasó, podría creer en tus palabras? ¿Que al venir y decirme esto, se arreglaría todo? ¿Solo porque crees que está enamorado de mí? – Narumi no dijo nada, solo me observó – Ahora… Un día llegas y provocas que mi mundo se derrumbe para que al siguiente vengas a decirme que te equivocaste… ¿Crees que eso lo resuelve? ¿Crees que voy a olvidar lo que él mismo me confesó y como es que sin importarle me rompió el corazón? Tus palabras no tienen valor ante las que él me dijo.

- No corresponde explicarse porque la personalidad del amo Sesshomaru no se lo permite pero…

- ¡Es suficiente! No pienso escuchar ni una palabra más que venga de tu boca. ¡Lárgate! - grité furiosa - ¡Isao, Dai! Saquen de mi vista a Narumi y no le vuelvan a permitir que se acerque a mi puerta.

Lo impactado de su rostro me dijo que nunca se habría esperado mi manera de reaccionar, pero para su sorpresa, ya no era la misma chica que había llegado hace casi un año, si bien Sesshomaru se había llevado mi corazón. Cuidar el poco orgullo que me quedaba era mi prioridad, más que nada cuando se trataba de ella, como lo había dicho antes, verla solo me causaba el hervir de mi sangre, así que escucharla decir todo eso, simplemente agotó mi paciencia.

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Vi cuando la puerta se cerró y casi en seguida, esa postura inquebrantable que había optado para sacarla de mi habitación, se cayó al piso junto conmigo - ¿Qué está pasando? – Me dije - ¿Por qué decirme todo eso? ¿Qué motivo tendría? ¿En qué le beneficiaría? – me preguntaba – En nada, absolutamente en nada…

Aunque desconocía sus motivos para ir a ver a Haru y ayudarlo con sus heridas, debía admitir que era lo único que podía agradecerle que me dijera. Ya que a diferencia de lo otro, eso sí podía creerlo. A pesar de que en varias ocasiones los vi pelear y observarse con desprecio, sabía que entre ellos existía una amistad.

Me intrigaba saber porque había ido a decirme todo eso, y aunque hubiera deseado no caer en su juego, la tranquilidad que había comenzado a tener, había desaparecido por completo. Ya que escucharlo me había partido el alma. ¡Eso es lo que había planeado! Ir y pronunciar tan segura que Sesshomaru no me había engañado, que en lugar de utilizarme sentía sentimientos por mí, ¿Para qué? Solo para seguir lastimándome, solo para profundizar la herida. ¡Era una mentirosa! Una cruel y despreciable mujer que no pensaba en nadie más que en ella, y yo, no era más que una idiota. Porque al escucharla decir sus mentiras, no había podido evitar esa duda en mi corazón de saber, si era verdad.

Habían pasado al menos dos días desde la visita de Narumi, cuando una mañana, tocando a mi puerta, uno de mis escoltas, me entregó una carta. Venía de ella, como ya no tenía permitido acercarse a mi habitación, la había entregado a uno de ellos para poder dármela. Al principio sentí el impulso de tirarla o romperla, pero mi curiosidad me ganó, no entendía porque su insistencia en decirme algo, así que sin pronunciar nada, tome en manos el papel y lo leí.

Sé que puede ser difícil creer, y más viniendo de mi parte, que mis intenciones han cambiado. Es por eso que seguiré insistiendo hasta que crea en mi palabra. Tómese el tiempo necesario para comprobar que hablo con la verdad. Mientras tanto, y si me lo permite, continuaré enviándole cartas. En ellas, notificaré mis visitas a Haru, los avances que tenga y cada detalle que sea importante. Debo informar que mis visitas no serán a diario como tenía planeado, pues tengo que despistar a los guardias que vigilan los calabozos. Gracias a mi posición, mis visitas a Haru no serán lo suficientemente relevantes como para que el amo Sesshomaru se entere. Pero aun así, debo tener cuidado.

Le informó, no espero una respuesta de su parte.

Narumi.

¿Qué es lo que estaba intentando? Me pregunté confundida. Mentiría si dijera que no me quedé esperando otra de esas cartas que mencionó me enviaría con información de Haru. Como dijo, sus visitas no serían constantes, así que deje pasar los días. Pasaron tres mañanas y aunque ya lo esperaba, me sorprendió recibir otra carta. En ella, explicaba la poca mejora de mi amigo, incluso mencionó lo que le había llevado para comer. No tarde en entender que sus intenciones para con él, eran realmente para ayudarlo. Pero lo que realmente me intrigaba, era saber su insistencia para que yo creyera en su palabra.

¿Sobre qué? ¿Sobre lo que había mencionado de Sesshomaru? solté un suspiro. Para que pudiera creer que sentía algo por mí, ya me parecía imposible.

Los días continuaron pasando y las cartas continuaron llegando. Haru continuaba sin fuerzas y sus avances eran realmente lentos. Me entristecía que no mejorara pero al menos, algo me hacía sentir tranquila y era que Narumi lo visitara, a pesar de todo, y aunque no se lo había dicho, agradecía lo que estaba haciendo. No estaba del todo segura si era lo mejor, pero me cuestione el volver hablar con ella, porque quizá… dentro de mí, deseaba que algo de lo que me había dicho, fuera verdad. Pero antes de que pudiera hacerlo, llego un anuncio a mi puerta.

- ¿Lady Rin? Vienen a hacerle un anuncio – dijeron desde afuera

- Está bien… - respondí curiosa acercándome, abrieron la puerta y un soldado que parecía de un rango más alto que mis escoltas, se encontraba parado frente a mí.

- Lady Rin… por órdenes del amo Sesshomaru, esta noche, la espera en el comedor

Ahogue un suspiro. Después de lo sucedido en los calabozos, durante días, no supe nada de él, y de un momento a otro, ¿Había decidido que bajara a cenar a su lado?

- Lamento declinar… pero…

- No tiene permitido desobedecer esta orden mi Lady – adelantó – El amo Sesshomaru la estará esperando. Se le enviaran meidos y cuando esté lista, se le escoltara al comedor – dicho eso, dio una reverencia y se retiró.

Pase saliva, preguntándome como ya se había vuelto costumbre ¿Qué estaba pasando?

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Después de que Sesshomaru, estuvo a punto de cometer el error de confesarle a Rin estar volviéndose loco de celos, opto por dejar que el paso de los días lo ayudaran a tranquilizar esos sentimientos que se habían acumulado dentro de él. Desafortunadamente, no había logrado liberarse de ellos, y más que furioso, estaba dispuesto a no aceptar lo que sentía. No tenía por qué dejarle pasar a Rin todas esas actitudes, su comportamiento debía merecer un castigo, y aun así, estaba siendo benevolente al no haberlo hecho, así mismo, mantenerse distante de ella era lo mejor, no solo para la chica, sino también para él.

Pero por algún motivo, no podía mantenerse en paz, cada día era más largo que el anterior y sus instintos, cada vez, le pedían verla, volverla a acorralar y preguntarle de una vez, si estaba dispuesta a dejarlo nuevamente para irse con ese maldito animal. Soltó un gruñido, de cualquier forma no se lo permitiría. Entonces, negando con la cabeza, intentó sacarse esas estúpidas ideas de su mente.

Volteo su mirada al jardín que claramente se podía ver en todo su esplendor desde su despacho, y abriendo sus ojos, divisó la figura de Rin.

Continuaba usando ese kimono naranja que había hecho en aquella aldea con la humana compañera de Inuyasha. Frunció el ceño, una de las cosas que detestaba, era lo obstinada de esa mujer y aunque lucia tan hermosa como siempre, no tenía por qué negarse a usar los kimonos que estaban en su habitación, al fin, habían sido confeccionados solo para ella.

La siguió con la mirada, observándola fijamente, sin saber si lo que sentía era; molestia, indignación o un reconfortante placer. Había algo en ella que siempre lo llenaba de paz, incluso a la distancia, pero en ese momento, algo era diferente. Rin no era la misma, parecía sumergida en lo profundo de sus pensamientos, su rostro que a pesar de estar serio, no podía ocultar un brillo de alegría, ya no estaba.

Camino hasta el gran árbol donde solía sentarse a leer, se recargo en sus raíces y soltando suspiros, cerró sus ojos.

Sesshomaru apartó la mirada, la escena era simplemente algo que no deseaba ver.

El gran Yokai, soltó un suspiro, de alguna forma entendía a la chica, su indignación al enterarse del tratado con Hideaki, tomándola como esposa justo en el momento más oportuno para liberarse. Admitía que haberlo hecho no fue lo mejor, más que nada para ella, pues merecía un trato digno, una propuesta, una boda. Actuar por fines de conveniencia propia había sido un error.

Pero justo cuando lo había comprendido, cuando se encontraba dispuesto a dejar de lado su orgullo y aclarar que ella no era una salida a un problema, que era la mujer que había elegido como su compañera. Ella, había actuado de la manera más imprudente e infantilmente posible, eligiendo resolver todo, tomando sus cosas y marchándose.

No solo encontrar en el futon esa carta que le había escrito hace años, cuando era una adolecente, le había generado una extraña punzada en el pecho, sino que su ausencia, había provocado en él, un profundo sentimiento de abandono. Si bien, se sentía seguro del afecto que Rin siempre le tuvo, saber que sin cuestionarse se había marchado en compañía de otro hombre, era algo que había aumentado su desesperación por encontrarla.

Aunque sabía que la rabieta de Rin era no más que por orgullo propio, encontrarla y saber que estaba bien, era su prioridad, ella era su mujer, ella era Rin, es por eso que verla dispuesta a besarse con otro hombre, fue quizá la humillación más grande que en su longeva vida estaba experimentando. Sus instintos lo controlaron, su deseo de asesinar a ese maldito traidor lo dominó. Y aun así, las súplicas de Rin, sus implorantes ojos cafés, pidiendo que lo dejara vivir, tuvieron el poder suficiente de hacerlo desistir.

El rostro aterrado de la chica y su miedo de ver morir a Haru, lo hizo descubrir que él, ya no lo era todo para ella. Que ya existía otro hombre en su vida, otro hombre que le importaba, otro hombre que ocupaba sus pensamientos, un hombre, que no era él. Contemplarlo directamente por las actitudes de Rin, habían herido su orgullo, pero más que eso, lo habían lastimado.

Es por eso que, mantenerse distante en su regreso al palacio era una forma de ocultar sus sentimientos y mandar a los calabozos al maldito bastardo, era la mejor manera de mantenerlo alejado de Rin. Pero la chica se había aprovechado de su puesto, desafiando sus órdenes con la buena excusa de ser ella, la Lady del palacio. Quizá, en el pasado lo habría dejado pasar, y hasta le habría complacido al contemplar tal lealtad de sus soldados para con ella sin embargo, no creyó que la autoridad que había decidido otorgarle, saldría contraproducente en sus planes, convirtiendo ese acto, en no más que un perjurio.

Pero lo que realmente había agotado su paciencia era que ese maldito traidor, se había atrevido a pedirle a Rin que se escapara con él. Esas insinuaciones, eran lo último que le permitiría hablar, ya que nada impediría que le arrancara la cabeza, excepto, la respuesta de Rin que nunca llegó. Pues ella, no le había dicho un no.

Entonces… Sesshomaru, por fin lo comprendió. La estaba perdiendo.

Regreso su mirada a la chica, continuaba con esa postura cabizbaja y mirada ausente. Por más que él, sintiera que enfrentarlo por Haru, que el haberlo abandonado no tenía perdón, que, su comportamiento rebelde era injustificado, verla con tanta tristeza en el rostro, era lo suficiente como para comprobar que nada importaba más que ella, que la felicidad de Rin, era lo único valioso que existía, lo que poco a poco se estaba desvaneciendo.

Sesshomaru cerró los ojos, sentía impotencia, rabia e indignación de sí mismo pues, hasta qué punto había llegado el Rey Bestia de las tierras del Oeste ¡Rin tenía la culpa de todo! Por hacerlo sentirse como un imbécil, por estimular esos sentimientos que se supone deberían provocarle repugnancia. De hacerlo sentir que nada valía la pena si ella no estaba a su lado, ¡Que insignificante! – Se dijo – Se había convertido en un ser insignificante a lado de una débil humana.

En el pasado, lo único que le importaba era alcanzar la supremacía, porque su objetivo estaba claro, porque para alguien como el gran Sesshomaru, conseguir poder era; lo apropiado, lo único que existía. Hasta que llegó ella. Hasta que dejo de preocuparse por él mismo, hasta que una sonrisa cálida y llena de luz, comenzaron a llenarlo más que cualquier poder. Hasta que Rin, se convirtió en lo único y en lo más importante de su vida.

Ella, esa mujer… su mujer. No se permitiría perderla.


Comentarios de la autora:

Parece que esta vez, no les gusto el capítulo anterior. Bueno… aquí des dejo el nuevo, espero que en este, si me puedan compartir su opinión. No saben lo que me costó escribirlo, plasmar los sentimientos de Sesshomaru, fue todo un reto, pero espero que el resultado sea de su agrado.

Agradezco a quienes llegaron hasta aquí. Les mando un fuerte abrazo.