Cuando le preguntaron porque había regresado a la pequeña cafetería, no supo como responder.

Aunque dos de los chicos eran naturalmente tranquilos, el tercero… "compensaba" con creces su falta de animosidad, por ponerlo en palabras suaves.

Para el trío era común salir huyendo de cualquier lugar cuando su mas impredecible integrante los hacía pasar alguna vergüenza. Y aunque nunca se había dicho en voz alta, había un entendimiento tácito entre los tres de que nunca regresarían a ningún lugar donde pudieran reconocerlos después de algún destrozo. A decir verdad, cada vez era mas complicado encontrar un sitio donde tuvieran la conciencia limpia.

"Black volcó la mesa, la pared quedó llena de mermelada y no me preguntes como pero una de las tazas terminó en la cabeza de alguien, ¡ni siquiera vi donde carajo terminaron las otras dos! ¿y aún así vas cada maldita semana?"

Soul solo se había limitado a encogerse de hombros. Él mismo se había sorprendido de su impulso. Siempre había sido el más reservado de los tres, y aunque su postura usual era de despreocupación total hacia el mundo, también era el primero en negarse a poner un pie de vuelta a cualquier escenario después de una huida. Pero por alguna razón, la cafetería era la excepción.

El miércoles siguiente al desastre provocado por su amigo, había salido de sus clases y en lugar de tomar el camino a la izquierda de vuelta a su departamento, sus pasos habían girado hacia la derecha. Cuando se dio cuenta, ya había hecho sonar la campanilla de la puerta al abrirla.

Ahora era ya una rutina casi religiosa, y aunque realmente no podía poner en palabras que carajos lo había hecho volver esa primera vez, agradecía el impulso.

Las bebidas, la comida, el ambiente; todo el lugar le dejaba una curiosa sensación de calidez. Así que cada miércoles, a menos que algún cambio imprevisto en su empleo a medio tiempo se lo impidiera, se había hecho del hábito de pasarse un par de horas en el local, aprovechando la calma para ponerse al día con sus pendientes o simplemente vagar por páginas al azar.

Agradecía también que nunca le habían echado en cara la escenita de su primera visita. Aunque tampoco es como que se hubiera dado la oportunidad a que lo hicieran. Apenas intercambiaba palabras con alguien para hacer su pedido, o pedir la clave del wi-fi una vez al mes cuando era cambiada.

Pero Soul lo agradecía. Estaba acostumbrado a las insistentes miradas ajenas, a las preguntas incómodas, pero eso no significaba que le molestasen menos.

Poderse dar un descanso durante un par de horas a la semana era agradable. La chica que le atendía casi siempre se limitaba a darle una sonrisa impersonal de esas que solo das en servicio al cliente; educada y bonita, pero vacía.

Sabía perfectamente que lo reconocía, lo había visto en su rostro ese primer miércoles que asomó su cabeza por el local. Ella había volteado a la puerta al escuchar la campanilla, lo había visto allí, dudando a si dar un paso más, esperando en el umbral. Había levantado una ceja en un gesto mas bien de divertida confusión, y poniendo su bonita sonrisa de atención al cliente, simplemente había dicho, "Bienvenido". Nunca había hecho alusión alguna a su bochorno. Y así fue como Soul había encontrado un refugio.

Aún así, no sabía como responder a la pregunta.

"¿Porqué vuelves?"

El café era muy bueno. La comida era muy buena. El ambiente era agradable. Y se sentía bienvenido.

Pero no eran ninguna de esas cosas las que lo hacían regresar.

"Madreselva", dijo.

La palabra llegó a sus labios antes de que se hubiera dado cuenta de que siquiera la había pensado.

"¿Madreselva?", su amigo lo miró claramente confundido, esperando una mayor explicación.

Soul le regresó la mirada, parpadeando, con una expresión en blanco.

"Huele a madreselva" respondió al fin.

La confusión de Kid no hizo más que crecer.

"Es una cafetería Soul. Huele a café. Tal vez canela. ¿De dónde demonios sacas la madreselva?"

El chico se mantuvo en silencio, su mente funcionando a toda velocidad. Pero por más que buscó en sus recuerdos, no pudo encontrar uno solo en el que hubiera visto la flor dentro de la pequeña cafetería.

El miércoles llegó con su calma habitual. Soul salió de sus clases, apretando su bufanda roja contra el rostro, tratando de protegerse del viento helado de otoño.

Comenzó a caminar calle abajo, en dirección a su refugio semanal, saboreando el café caliente en el que llevaba pensando toda la tarde. La campanilla de la puerta sonó, anunciando su llamada. El local estaba casi vacío. Parecía ser la norma desde que el maldito frío se había vuelto mas agresivo por las noches. A esas horas era poca la gente que se veía por las calles.

Mientras se dirigía a la barra a ordenar, la pregunta de Kid, y la respuesta que le había dado a la misma le cruzaron por la cabeza. Recorrió con la mirada el lugar entero, a la busca de floreros o velas aromáticas, o cualquier cosa que explicara el aroma que había impregnado sus recuerdos sin haberse dado cuenta antes . No encontró nada.

Se dirigió al chico que atendía esa noche para hacer su pedido; hoy no se veía a la rubia de la sonrisa bonita por ningún lado. Se sentó en su mesa de siempre, frente a la barra, y se concentró en la pantalla de su computadora, revisando los pendientes de su semana.

Al menos intentó hacerlo.

Las palabras parecían perderse en la pantalla. Nunca había sido particularmente amante de la lectura, mucho menos si se trataba de textos escolares, pero repetir doce veces el mismo párrafo era demasiado hasta para él.

Llamó la atención del chico de la barra y le hizo una seña, pidiéndole una segunda taza de café. Cerró los ojos frustrado y se dejó caer contra el respaldo de la silla.

El sonido de los pasos llegó primero. Pero fue el aroma que llegó después lo que le hizo enderezarse de golpe, buscando de inmediato su origen.

Sin embargo, al abrir los ojos, en lugar del blanco de las flores, se encontró con verde puro.

Nunca antes se había dado cuenta de que la rubia de la sonrisa bonita tenía ojos verdes. Eso fue lo que le cruzó la cabeza. Lo segundo fue que esos ojos verdes lo miraban con desconcierto.

"Lo siento." Dijo él. Seguramente la había asustado con su movimiento tan brusco "Estaba distraído".

"Yo lamento haberte asustado, pero traigo tu café" respondió ella con tranquilidad.

Se inclinó levemente para dejar la taza humeante sobre la mesa, y al hacerlo, las notas de su perfume volvieron a Soul. Él parpadeó, confundido.

"¿Necesitas algo más?" preguntó ella con cautela, y fue entonces que el chico se dio cuenta de que se había quedado con la mirada fija sobre su rostro.

Carraspeó, avergonzado.

"Eh… no, gracias. Así está bien"

"De acuerdo" La chica le dedicó una ultima bonita sonrisa impersonal y regresó tras la barra. Soul supuso que había estado en el almacén del lugar cuando él entró al local o algo así. Por eso no la había visto al llegar.

Algo descolocado, tomó la taza entre sus manos y puso su mirada de nuevo en la pantalla, solo por hacer algo. Lo cierto es que ya se había rendido por completo con la lectura.

Después de un par de minutos de desconcierto, simplemente sonrió, con la taza contra los labios.

Al menos ahora sabía de donde venía el aroma a madreselva.


Seré sincera, esto iba a ser un oneshot. Pero seguí escribiendo y escribiendo, y lo cierto es que las palabras no han dejado de surgir.

No sé cuan largo resulte esto, pero sí se que ya existe un final al cual llegar. Solo me falta averiguar cómo exactamente llegar ahí.

Mientras tanto... disfrutemos el viaje ¿vale?

Gracias por leerme :3