Los miércoles de octubre dieron paso a los de noviembre. La vida era tranquila, la rutina seguía, y Maka había aprendido a controlar su respuesta al sonido de la campanilla. Al menos por unas horas.
Ahora, sabiendo qué era lo que realmente esperaba ver cruzando la puerta, podía contener su impulso hasta el final de la tarde, que era cuando el chico de la bufanda roja llegaba. Sin embargo, una vez que el sol se metía, era imposible controlarse.
La campanilla sonaba, Maka volteaba.
Una y otra y otra vez.
Fue alrededor de la 8 pm que su espera se vio recompensada, cuando, seguido de la campanilla, una destello de cabello blanco entró por la puerta. La chica sonrió para si misma por impulso, pero una inspección mas detenida al rostro del chico le hizo cambiar el gesto por uno de preocupación.
Él ya era anormalmente pálido, pero hoy su piel parecía incluso gris, rivalizando casi con la tela de su abrigo. Tenía unas marcadas ojeras rodeando sus ojos y sumado a la bufanda hoy le cubría la mitad del rostro también un cubrebocas negro. El contraste de colores era poco favorecedor bajo esas circunstancias a decir verdad.
El joven se acercó a la barra, arrastrando los pies.
"¿Qué es bueno para un resfriado?" fue su manera de saludar.
Maka pestañeó, un poco descolocada por el cambio de rutina, pero se recuperó rápidamente.
"Te de jengibre con limón y miel"
"Ok, uno de esos, grande, por favor"
Ella asintió y se giró rápidamente para tomar los ingredientes necesarios, antes de que él pudiera siquiera sacar la cartera de su abrigo.
La miró moverse con eficiencia, más veloz de lo que la había visto jamás. Pronto, su té estaba sobre la barra, dentro de un vaso de papel bien sellado bajo su tapa en lugar de la regular taza de colorida porcelana a la que estaba acostumbrado. Soul levantó una ceja inquisitiva ante el envase.
"¿Me estás corriendo?" preguntó, su voz era aún más grave bajo los efectos del resfriado, pero más que severa, sonaba divertida.
"Sí" fue la contundente respuesta de la chica. Él la miró sintiéndose un poco herido. Y su rostro debió delatarlo, pensó, porque un ligero rubor cubrió el rostro de ella y de inmediato intentó corregirse.
"Es decir, no. Bueno, sí, pero no por lo que piensas. No quiero ser grosera, sólo... es que no pareces sentirte bien y hoy hay mucha gente y podrían molestarte…" las palabras se atropellaban unas con las otras, algo que le pareció extrañamente adorable al chico. "Yo… creo que deberías descansar más tranquilo. Solo, quiero que te mejores" finalizó en un murmullo, bajando sus ojos verdes hacia el piso.
Soul sintió un calorcillo subirle desde los pies hasta el rostro y agradeció mentalmente que el cubrebocas le escondiera la mitad del rostro.
"¿Cuánto te debo?" preguntó, aclarándose la garganta para disimular el temblor en su voz. Ella negó con la cabeza y le ofreció el vaso que ahora sostenía entre ambas manos.
"Invita la casa esta vez." El tomó el vaso, y solo atinó a hacer un gesto con la cabeza en señal de agradecimiento. Una vez que estuvo afuera, intentó casi con desesperación convencerse de que el ligero mareo que sentía era un síntoma más del resfriado, y no el resultado de haber olvidado respirar al ver la sonrisa de la chica, una sonrisa real esta vez.
Y maldita sea, como quería que esa fuera la única sonrisa que le diera de ahora en adelante.
Soul maldijo por lo bajo al detenerse frente a la puerta de la cafetería.
Se sentía aún más nervioso que la primera vez que había vuelto después de la escenita de las tazas voladoras.
El resfriado había quedado ya atrás, y con él la posibilidad de culpar a la fiebre por lo seca que sentía la garganta en ese momento. Así que tomando un profundo respiro abrió la puerta y entró. H
abía pensado toda la semana en ese momento. Había planeado sus palabras letra a letra. Se había sorprendido practicándolas en silencio frente al espejo al lavarse los dientes.
Y ahora que por fin estaba ahí, simplemente supo que no había manera de que fueran escuchadas ese día.
La cafetería estaba completamente llena, cosa rara según su experiencia. Las voces de los clientes repicaban alegremente contra las paredes, luchando por oírse por sobre el tintineo de tazas y platos chocando entre sí.
Soul se formó pacientemente esperando a hacer su pedido, y pudo ver a la joven rubia moverse con la misma experta velocidad de la semana anterior, entre licuadoras y cafeteras y vapor, vertiendo una bebida tras otra en tazas y vasos y pasándoselos a su compañera en el mostrador, que la miraba claramente agradecida. Era evidente quien era la de mayor experiencia en esa situación.
Cuando finalmente llegó su turno, no tuvo más que la oportunidad de una breve mirada por parte de la chica. Ella le saludó con una amplia sonrisa que le hizo sentir como si el estómago le subiera a la garganta pero pronto el chillido del vapor de la cafetera reclamó la completa atención de la rubia.
Él tomó lugar en único sitio que encontró disponible, una barra con sillas de respaldo junto al ventanal donde solo quedaba un ultimo asiento le daba el espacio para sacar su portátil y tratar de hacer su rutina. Lamentablemente eso le hacía estar de espaldas al mostrador, así que, decepcionado, encendió la pantalla del portátil, se colocó los audífonos, y trató de concentrarse.
Había pasado poco más de una hora, pero el lugar seguía tan abarrotado como antes. Soul definitivamente no disfrutaba las multitudes.
Frustrado, comenzó a arrojar sus pertenencias al fondo de su mochila. Intentó localizar a la chica para al menos despedirse pero no se la veía por ningún lado. Consideró acercarse a alguno de los trabajadores del lugar para preguntarles pero, justo cuando localizó a uno con la mirada, reparó en que no sabía como abordar el tema. "¿Hey tú, sabes donde esta la rubia de la sonrisa bonita?". Seguro que lo tacharían de tío raro. "Carajo, no sé ni su nombre". La frustración había escalado a franca molestia.
Cerró su mochila de un tirón y simplemente salió del lugar casi a pisotones. "Vaya día de mierda" era lo único que atravesaba su mente.
Probablemente eso fue lo que le impidió ver el brillante rojo de la bufanda que había dejado olvidada sobre el respaldo de la silla.
Todo el turno había sido un infierno total. Podía sentir una punzada sobre la sien izquierda, amenaza segura de una migraña por venir.
Ahora por fin podía respirar un poco. Sus compañeros habían insistido en encargarse de la limpieza de la barra y de la vajilla, en agradecimiento a haberse encargado de la preparación de la mayor parte de los pedidos de la tarde.
Así que ahora se encontraba trapo y aspersor en mano, limpiando mesas, acomodando sillas, y amablemente recordándole a los pocos clientes que quedaban que el lugar cerraría en unos minutos más. Fue ahí que un brillante rojo por el rabillo del ojo le llamó la atención. Una bufanda muy familiar, olvidada sobre el respaldo de una silla.
Se acercó para tomarla, tratando de decidir que hacer. Sabía perfectamente quién era su dueño claro, pero, con un extraño tirón en el pecho, se dio cuenta de que no tenía ni idea de como devolverla.
Podía esperar una semana, claro. Llevaba meses haciéndolo. Pero el tirón en su pecho solo apretó más ante la idea.
No podía hacer nada en realidad, pensó, mientras recorría distraídamente la tela entre sus dedos. No sabía realmente nada del chico. Ni su nombre, ni su edad, ni como contactarlo.
Sabía que lo veía casi todos los miércoles, que llegaba después de ponerse el sol, y que tenía una sorprendente debilidad por las cosas dulces. "Vaya datos útiles" pensó.
Un cambio en la textura entre sus dedos la hizo volver a la realidad, dejó de sentir el tejido de la lana y notó algo mucho mas liso. Cuando revisó lo que era, una risa casi infantil brotó de sus labios.
Sacó su celular y comenzó a escribir. Para cuando presiono "enviar", el tirón en su pecho y la amenaza de migraña habían desaparecido por completo.
Soul estaba molesto. Mucho. Había memorizado su discurso como un estúpido loro toda la semana para nada, y se las había arreglado para perder la maldita bufanda que su abuela había tejido para él tantas navidades atrás.
Rogaba al universo porque quién quiera que la encontrara no fuera un total cabrón y la devolviera. Estaba casi, casi seguro de que se había quedado en la cafetería. Si era así aun había esperanzas de recuperarla. Al menos eso esperaba.
"Dia. De. Mierda" suspiró.
El vibrar de su teléfono llamó su atención. Se frotó los ojos antes de revisar la pantalla, luego leyó las palabras que había aparecido en ella, y se frotó los ojos de nuevo.
Las palabras seguían ahí, parpadeando, sin cambiar.
Tecleó una respuesta tan coherente como fue capaz y se puso en pie de un salto. Tomó sus llaves y su abrigo y salió corriendo del departamento.
Los compañeros de Maka se habían ido ya varios minutos atrás, se habían despedido de ella en el umbral después de cerrar y habían emprendido su propio rumbo. Ahora ella estaba debajo del farol junto a la puerta, esperando, sosteniendo la bufanda entre sus manos.
El sonar de uno pasos corriendo fueron lo primero que la alertó de su llegada, después pudo ver un destello de blanco cabello girando por la esquina, en su dirección.
Unos instantes después, el chico estaba frente a ella, batallando por recuperar el aliento.
"Lo lamento. ¿Esperaste mucho?" dijo, pausando entre cada palabra para respirar.
"No te preocupes, apenas terminamos de cerrar" respondió ella con tono risueño. "Aquí tienes" agregó, extendiéndole la bufanda. "Nunca conocí a alguien que le bordara etiquetas con sus datos a la ropa por cierto."
"No fui yo, fue mi abuela. Yo… solo agregué mi número con marcador"
Tomó la tela que la chica le ofrecía, claramente avergonzado. Cuando recibió su mensaje de texto, después de procesar el vuelco al estómago por saber que ella le había escrito, pensó en la maldita etiqueta de la bufanda. Su abuela la había unido a uno de los extremos, con el bordado su nombre completo. En ese momento no sabía si agradecerle o avergonzarse aún más.
"Bueno, bien hecho abuela de Soul" dijo ella, riendo.
El chico la miró con ojos muy abiertos durante un brevísimo momento, para después bajar la mirada y envolver su cuello con la bufanda, tratando de cubrir su rostro. Rogando porque ella no notara el temblor en sus manos.
"Esto es injusto" murmuró.
"¿Eh?"
Él levantó la mirada, directamente hacia los confundido ojos de la joven.
"Es injusto. Yo también quiero saber tu nombre"
Ella sintió el calor golpearle en las mejillas. El tono de Soul había sido suave, gentil. Pero la intensidad en su mirada... la abrumó.
"Yo… ah... Maka. Me llamo Maka"
Él le sonrió y el pulso de la chica se aceleró. No recordaba haberle visto sonreír. Definitivamente recordaría una sonrisa así.
"Bueno, es un placer conocerte Maka" le dijo, extendiendo su mano.
"Encanta, Soul" respondió ella, alargando el brazo para responder el gesto.
Esa noche de finales de noviembre cayó la primera nevada de la temporada. El viento helaba hasta los huesos y ligeros copos comenzaron a bajar cayendo sobre ellos.
Ninguno de los dos lo notó.
El frío parecía no tocarlos.
Lo único que sentían era golpe de calor que los envolvió al rozar la piel de sus manos.
Creo que esto fue un poco, un poquititito más largo que los dos anteriores.
Creo que de de verdad me ha gustado. ¿Y a ustedes?
Por cierto muchas gracias a las criaturitas que me han dejado un review, me hace muy feliz saber que les gusta lo que leen.
No se cuando subiré el próximo capítulo pero trataré de ser breve en la espera.
Gracias por leerme, ¡hasta la próxima!.
