Era extraño, pensó Maka frente al espejo, que el "chico de la bufanda" tuviera ahora un nombre. Llevaba tanto tiempo pensando en él como algo intangible, alguien que existía un par de horas a la semana y luego simplemente desaparecía, que darle un nombre la ponía… nerviosa. Lo hacía parecer de pronto mucho más real.
Y ahora sabía que él la había notado a ella también. Sabía su nombre, lo había escuchado salir de sus labios más de una vez.
No tenia idea de que su nombre podía sonar así.
Se miró al espejo con gesto crítico, de repente era mucho más consiente del día que era.
Se soltó la trenza francesa con la que había atado su cabello y empezó a trenzar de nuevo.
Era la cuarta vez que lo hacía.
6:48, decía la pantalla.
La apagó y trató de concentrarse en la pizarra al frente del salón. La clase terminaba 6:50, un par de minutos más y estaría fuera.
Volvió a encender la pantalla. Aún marcaba las 6:48.
Soul soltó un gruñido exasperado y se dejó caer sobre el pupitre. Eran solo un par de minutos más, no debería ser la gran cosa esperar. Pero es que llevaba contando horas toda la semana.
Y contando cada minuto de las últimas horas.
El sonido de cuadernos al cerrarse y mochilas al abrirse lo hizo levantar la mirada. El profesor comenzaba a despedir a sus estudiantes tratando de poner su voz por sobre el sonido de las sillas en movimiento. Algo trataba de decir acerca de fechas de entrega y trabajos pendientes, pero la mente del chico ya estaba lejos del aula, seis calles más abajo y rodeada del aroma a madreselva.
Se colocó la mochila al hombro (ya había guardado todo dentro 15 minutos antes) y salió disparado a la puerta.
"¡Evans espera!" le detuvo el grito de su profesor, antes de poder poner un pie fuera del aula.
Soul maldijo por lo bajo, apretando los dientes. Ni siquiera se animó a voltear, rezando porque su maldito profesor se arrepintiera y lo dejara ir.
Rezos que reconoció inútiles segundos después.
"¿Puedes pasar un momento a mi oficina? Hay algo que me gustaría mostrarte"
La tarde había pasado casi sin movimiento dentro del café.
El frío había empeorado con el pasar de las horas, trayendo consigo un viento helado que azotaba los ventanales con fuerza. Y la noche parecía dispuesta a seguir el mismo camino.
Hacía ya casi dos horas que su ultimo cliente se había marchado, y por la calle solo podían ver a las personas apretando los abrigos contra sus cuerpos, avanzando a medio trote, huyendo del frío. El reporte del clima auguraba una fuerte nevada que amenazaba con convertirse en tormenta, y nadie quería estar fuera para recibirla.
Maka se había resignado ya a no escuchar más la campanilla de la puerta por ese día. Incluso habían recibido la autorización de cerrar más temprano el local, para asegurarse de que todos llegarían salvos y a buen tiempo a sus casas. Sus compañeros estaban ahora dando los últimos retoques al cierre, felices de poder irse antes de lo esperado. De alguna manera era difícil compartir su entusiasmo.
Vamos, que no era que le encantara la idea de quedarse allí esperando a que la ventisca llegara y les congelara la cara a todos, pero…
Se tocó la trenza distraídamente y suspiró, levantándose del banco donde había estado esperando. Ya todos habían terminado sus tareas y habían empezado a repartirse los abrigos. Maka tomó las llaves del cajón bajo el mostrador y después se puso la chaqueta y los guantes que su compañera le había acercado, agradeciéndole con una sonrisa.
Salieron del local, apagando las luces y acomodando las sillas que quedaban a su paso. Maka puso llave a todas las cerraduras y se giró para despedirse de todos, cada uno tomando rumbo hacia su destino con alegría.
Ella sin embargo se quedó ahí de pie un momento más, viendo las volutas de vapor plateado que producía su aliento al suspirar.
No quería irse aún, sentía un nudo en la boca del estómago con solo pensar en dar un paso en dirección a su casa. Pero las nubes en el cielo eran cada vez más oscuras, y el viento golpeaba helado al pasar por su rostro.
Al cabo de diez minutos, desanimada, emprendió su caminata.
Avanzaba lento, poniendo especial cuidado en no pisar sobre las grietas del concreto como cuando era niña.
La idea de mandarle un mensaje a Soul rondaba su cabeza, lo había hecho desde hacía horas, pero le hacía sentir terriblemente ansiosa.
Realmente no tenía excusa para hacerlo. No eran amigos. Y no sabía si podía llamarlo siquiera un conocido.
Era la chica que le servía el café los miércoles. Punto. ¿Qué se supone que le diría en un mensaje?
"Hola, hoy cerramos más temprano", o, "Me peiné especialmente por ti, ¿por qué no viniste?". Estaba siendo ridícula, y lo sabía.
Llegó al cruce de la calle y se detuvo, esperando por el cambiar del semáforo a verde. Las aceras estaban desiertas de peatones, pero aún pasaban autos zumbando calle abajo.
Ahí fue cuando escuchó que alguien gritaba su nombre.
"¡Maka espera!"
Su cuerpo debió reconocer su voz antes que su conciencia, por que inmediatamente sintió el nudo del estómago explotar en un revoloteo que se extendió hasta su pecho. Se giró, algo confundida.
Soul corría hacia ella, mochila al hombro. La bufanda colgaba simple sobre sus hombros, dejándole todo el rostro al descubierto. Su nariz y mejillas se veían completamente rojas.
Si era por el frío, el correr, o algo más, ella no lo sabía.
El semáforo finalmente cambió a verde, pero ella no lo notó. Su atención completa estaba en el chico que se acercaba a toda velocidad.
Cuando llegó finalmente frente a ella parecía haberse quedado completamente sin aire.
Abrió la boca, como intentando decirle algo, pero de inmediato se dobló, poniendo las manos en las rodillas, intentando recuperar el aliento.
Maka también batallaba por encontrar las palabras, completamente sorprendida.
"Lo siento, cerramos temprano por la alerta de nevada" fue lo que único que se le ocurrió decir.
Soul finalmente levantó el rostro, divertido. Aún no había recuperado el aliento pero dejó salir un sonido que parecía mitad resoplido, mitad risa.
"Sí, eso me imaginé" dijo con la voz entrecortada.
"¿Está todo bien?" preguntó la chica. Aún intentaba entender que estaba pasando.
Él asintió y se retomó su postura normal, al parecer, recuperado ya de la carrera.
"Lo siento, empecé a correr antes de darme cuenta"
No mentía. Ni bien había puesto un pie fuera del despacho de su profesor había empezado a trotar hacia el café. Al llegar a la esquina había visto una figura de cabello rubio alejarse a la distancia, y el trote se había convertido en carrera a toda velocidad.
Ahora que la tenía frente a él su reacción inicial le parecía algo vergonzoso, pero era muy tarde para arrepentirse.
Soul no era una persona que los demás pudieran llamar impulsivo. Pero había salido de ese despacho con un solo pensamiento en mente, y se conocía lo suficiente para saber que, si no lo ponía en palabras ahora, no podría más nunca.
"Hey… si estás libre ahora, ¿podemos hablar un momento? Hay algo que me gustaría pedirte"
Maka parpadeó sorprendida unos segundos, pero al abrir la boca para responder los copos de nieve bajando del cielo la distrajeron. Volteó al cielo, preocupada. El gris se había convertido casi en negro.
Sin embargo, el nudo en el estómago regresó al pensar en irse solo así. Así que, por una vez, se arriesgó.
"Claro." respondió con voz segura "Mi casa está cerca de aquí, si quieres, podemos hablar allí. Digo, por si empeora la nevada, claro"
Lo último le había salido a media voz, pero la expresión sonriente de Soul le dejaba saber que la había escuchado fuerte y claro.
"Genial. Te sigo entonces" su voz sonó extraña a sus propios oídos, su corazón se había acelerado aun peor que al correr, tronando dentro de sus oídos con cada latido.
Maka respondió entonces a su sonrisa, y empezó a caminar, con Soul a su lado esta vez.
Avanzaron en silencio un minuto, demasiado aturdidos por la situación como para decir nada. Al final, fue él quien habló de nuevo.
"Por cierto, tu cabello… ¿lo peinaste distinto verdad? Te queda muy bien."
Pudo ver como la nariz y mejillas de Maka se teñían completamente de rojo. Si era por el frío, la caminata, o algo más, él no lo sabía.
Es cortito, lo sé, lo lamento. Estoy en entrega de finales en la universidad y solo he podido escribir a pausas.
Quise subirles esto, por muy corto que fuera, para dejarles saber que aquí sigo y que aquí sigue esta historia.
Igual, por cualquier reclamo, siempre esta mi twitter ( alemtz_312), la verdad es que no lo uso mucho, pero si quieren contactarme para exigir más velocidad por mi parte, son bienvenidos jeje.
Como siempre, muchas gracias por leerme, y muchas muchas gracias a los que dejan review.
Hasta pronto :)
