Ni los personajes ni la historia me pertenecen. Yo solo haré una bella adaptación


Capítulo 1

Encuentros e Impresiones

Si hace un par de meses atrás le hubieran preguntado a Inuyasha Taisho: ¿Crees en el amor? Él probablemente habría soltado un bufido burlesco y dicho algo así como "debes estar bromeando" o "el día que los cerdos vuelen, viejo"

Pero la cosa era que, contra todo pronóstico, ese día había llegado. Ningún cerdo voló por supuesto, (al menos que él supiera)

No, paso algo aún más increíble.

Su hermano mayor se enamoró.

El Gran Seshomaru Taisho, el frío y algo aterrador vizconde, el iceberg de Inglaterra, el soltero mas codiciado por cuanta joven soltera anduviera por ahí, a sus 30 años, acababa de casarse.

Esta noticia por si sola no habría bastado para convencer del todo al desconfiado Inuyasha.

¡Por supuesto que no!

Él conocía bastante bien a su hermano para saber que Seshomaru jamás haría algo sin tener una intención oculta.

Y esto, obviamente incluía el matrimonio.

Su primer pensamiento fue; De segura ella es rica.

Aunque rápidamente recordó que los Taisho ya eran ricos.

Entonces se corrigió; ella debe ser mas que rica. Su titulo debe ser muy alto, quizás es hija de algún aristócrata o de un socio muy importante, incluso podría ser la princesa de algún maldito reino lejano.

Las dudas y teorías conspirativas asaltaron la mente del joven Taisho por semanas hasta que finalmente Seshomaru se digno a presentar a la misteriosa novia a la familia.

¡Y que sorpresa se llevo!

Bueno, realmente la sorpresa fue para la familia completa. Inuyasha sólo fue el que menos lo disimuló.

La muchacha en cuestión, no solo no era rica, si no que tampoco poseía ningún titulo sobre su cabeza. Es más ¡La chiquilla era huérfana! y aun no conforme con eso, ¡Ella era sólo una criada!

¡Una criada! ¡Huérfana!

¡UNA CRIADA HUÉRFANA!

Inuyasha podría apostar a que ese fue el grito mental que cada uno en la familia tuvo en ese momento. Sólo que el de la madre de Seshomaru no fue mental, oh, no, ella lo dijo muy fuerte y claro, justo en medio de la sala y luego se puso a reír como una loca… pero eso era otra historia.

No es que esto le importara en alguna forma. A Inuyasha los títulos o la cantidad de libras que recibías al año no podían importarle menos.

Pero por el amor de Dios, ¿Una criada huérfana? ¿En que estaba pensando Sesshomaru?

Su sorpresa solo lo llevo a la incredulidad. No había forma en que su cabeza pudiera encontrar alguna explicación a esa unión. No títulos, no riquezas, ni siquiera se podría decir que la chica fuera una gran belleza...

Por supuesto pasaron algunas ideas muy locas por la mente del joven Taisho: como que su hermano se pegó en la cabeza, muy fuerte. O que la chica lo había embrujado o peor aún, ¡Podría estar chantajeándolo!

Aunque esa idea fue descartada tras pasar unos minutos con la joven novia.

Ella era la persona mas inocente y dulce que alguna vez hubiese conocido. La quiso inmediatamente. Al igual que su padre y su madre.

Incluso a la madre de Seshomaru parecía agradarle… aunque aún seguía riéndose cuando los veía, es más, le dio un ataque de risa en la ceremonia de boda, justo después de que Sesshomaru dijera: Acepto.

Él se limitó a fulminarla con su mirada de hielo hasta que ella se calló. Cabe agregar que no lucía para nada apenada.

Inuyasha no podía culparla. El mundo estaba de cabeza y le parecía una locura que su padre y su madre lo aceptaran como si nada. Probablemente él también estaría riendo en el piso de no estar tan sorprendido aún.

Aunque ahora su sorpresa era distinta a la que pudo sentir hace un par de meses atrás. Ya no era la sorpresa que acompañaba a su incredulidad de: Hey, ¡Seshomaru se casará con una criada huérfana!

Era una sorpresa que acompañaba una realización…

La realización al darse cuenta que su hermano mayor estaba, en efecto, enamorado.

Era difícil y extraño, incluso un poco escalofriante de admitir, pero él estaba enamorado.

Era la única explicación.

Y la verdad es que Inuyasha podía notarlo.

En la forma delicada en que Seshomaru posaba la mano en la cintura de la novia, en la manera en que sus ojos parecían brillar al verla girar mientras bailaban, en el tono suave que parecía adquirir su voz de hielo cuando él decía su nombre:

Rin…

Inuyasha desvió la mirada de la feliz pareja al apetitoso buffet de la mesa. La comida era menos escalofriante sin duda, se dijo mientras devoraba un gran trozo de jamón ahumado.

Verlos le producía cierta sensación de malestar

La sola idea de que Seshomaru encontrara el amor era perturbadora por si sola, pero además, ponía sobre la mesa la ineludible verdad del mundo: el amor existía.

No era una patraña que inventaron esos poetas idiotas. No era algo tangible o que pudiera medirse o controlarse, pero existía. Simplemente estaba ahí y podía ocurrir cuando menos lo esperaras.

Incluso para alguien como Sesshomaru.

Y eso le provocaba un desagradable e inexplicable sentimiento de envidia.

A sus 25 años Inuyasha jamás pensó en el amor. No es que fuera algo que le interesara realmente. Las mujeres estaban bien y de vez en cuando se permitía alguna escapada traviesa, pero eso era todo. Nunca había experimentado algo remotamente parecido al amor y estaba bien con eso.

Mientras los otros hombres de su edad parecían sentar cabeza y formar sus familias, él prefería viajar y conocer todo lo que estuviera a su paso. Era incluso capaz de viajar por meses solo con su caballo y equipaje ligero.

Era todo lo que necesitaba.

Había aceptado hace mucho que casarse no estaba en sus planes. Y ver a Seshomaru ya en sus 30 años soltero y sin ningún interés en formar una familia era, en cierta forma, reconfortante. No lo hacia sentir solo en su decisión.

A los ojos de todos solo eran; Los solteros hermanos Taisho.

Pero ahora…

Ahora sería sólo él.

Pero lo que inevitablemente venia a su mente, sin duda, era el hecho de que si incluso alguien como Seshomaru era capaz de amar, eso podría significar tal vez que…

¿Habría algo malo en él?

Pensó algo alarmado.

No, no había nada malo en él. Se apresuro a tranquilizarse.

Eso era imposible.

Simplemente nunca se le paso la idea del matrimonio por la cabeza, ni se había permitido sentir mucho mas por una mujer además que unos cuantos encuentros pasionales.

Él era perfectamente capaz de encontrar una esposa.

(Y de enamorarse por supuesto)

Y tenia plena confianza de que sería correspondido por la mujer que él quisiera… Claro, si él realmente quisiera casarse, no es que lo quisiera, pero si lo hiciera, podría encontrar a una mujer más que adecuada y…

-¿Qué es lo que tanto piensas, Inuyasha?

El joven fue sorprendido con medio trozo de pan en la boca.

-No es nada madre

-¿Qué te he dicho de hablar con la boca llena? –reprendió la mujer. Izayoi era toda belleza y dulzura, pero cuando de modales se trataba podía ser muy estricta.

Inuyasha tragó y se limpio la boca con una servilleta con la mayor gracia de la que fue capaz.

-No puedo creer que estés aquí en un rincón comiendo cuando hay tantas muchachas bellas esperando por un baile- continuo ella con el sermón- ¿Por qué no vas e invitas a una jovencita a bailar? –su voz en este punto tenia un tono bastante obvio.

Desde que Seshomaru anunciara su compromiso, tanto su padre como su madre no habían parado de lanzar comentarios de esa clase: "La señorita Holt ha sido el descubrimiento de la temporada; ¡Es tan hermosa! Inuyasha, deberías conocerla" o "¡Ya viste como luce la hija menor de los Green, parece un ángel! ¿Por qué no la invitas a la casa a cenar?"

Y para Inuyasha las cosas estaban muy claras; ellos deseaban que él siguiera los pasos de Seshomaru.

El joven roló los ojos rogando paciencia.

-Bien, si bailo, no puedo comer, madre- dijo él con mucha lógica.

-Oh, no me vengas con eso, ya te has comido la mitad de la comida de esta boda y créeme que no se acabará mientras te diviertes un rato- contradijo ella- Ahora ve, invita alguna jovencita a bailar.- y su voz dulce, escondía la resolución de una madre que no aceptaría un no como respuesta.

Inuyasha suspiro resignado y a regañadientes se alejo de la mesa de comida en busca de alguna acompañante. No le interesaba bailar en lo absoluto, pero sentía la atenta mirada de su madre en la espalda así que escogería una joven y bailaría para darle en el gusto. Y sería todo.

Recorrió el salón con la mirada, cualquiera serviría, quizás la muchacha de cabello pelirrojo que lo miraba con su cara pecosa o la rubia de vestido azul que estaba un poco mas allá, ambas le parecían atractivas y no se quejaría por compartir un baile con ellas.

Finalmente se decidió por la rubia, caminó en su dirección y justo entonces la vio.

Solo unos metros mas allá, estaba ella.

Se congeló, inmóvil. Sentía que incluso le faltaba el aire.

Y es que era la primera vez que sus ojos veían a una mujer tan hermosa.

Sintió la imperiosa necesidad de alcanzarla. Quería ver su rostro de cerca, conocer el color de sus ojos, respirar su olor, oír el sonido de su voz…

Y entonces una loca idea paso por su mente.

Eso debía ser el amor.

¿Esto sintió Sesshomaru al ver a Rin por primera vez?

¿Así era el amor?

No podía ser otra cosa…

Amor

Aun no conocía su nombre, pero lo sabía.

Estaba enamorado.

Se abrió paso entre la gente, dejando a una expectante jovencita rubia en el camino y llego hasta ella. Nervioso, algo intimidado, logro ponerse a su lado.

La encontró conversando animadamente con otra señorita, de mas o menos su misma edad y a juzgar por la expresión en sus rostros, parecían muy cercanas. Al percatarse de su presencia las jóvenes se volvieron lentamente hacia él…

Inuyasha sonrió, solo un poco e intento sonar relajado cuando dijo:

-Muy buenas tardes

Kagome Higurashi fue la primera en sonreír. Una sonrisa corta, educada. Lo reconoció de inmediato, como no hacerlo, el pelo color plata, lo ojos color oro… era el hermano menor del novio de la fiesta; Inuyasha Taisho.

Aunque no tuvo ni siquiera que ver su rostro para conocer sus intenciones. Lo mas probable era que viniera por Kikyo, como lo hacían, bueno, casi todos aquellos que conocían a Kikyo.

No es que él fuera demasiado obvio, es que Kagome llevaba demasiado tiempo siendo prima de ella.

Y eso, bueno, te da cierta experiencia en el tema. Kagome casi había perdido la cuenta de la cantidad de muchachos que habían intentado ganar el corazón de su prima, todos completamente fallidos.

Y ya estaba acostumbrada.

Kikyo era Kikyo… con el pelo increíblemente lacio y de un negro brillante y perfecto, su piel del color de la leche y unos preciosos ojos castaños. Ella era la elegancia y perfección en persona.

Y Kagome era, bueno… ella era solo Kagome. A pesar de ser primas y que la gente usualmente les dijeran lo muy parecidas que eran, Kagome siempre parecía ser un poco menos.

Su cabello un poco menos lacio. Su piel un poco menos blanca. Su cuerpo un poco menos delgado. Sus ojos un poco menos castaños, a decir verdad sus ojos a veces incluso eran grises y era algo de lo que ella misma se sentía orgullosa, es más, podían resultar sumamente atractivos si se comparaban con los que cualquier otra que no fuera Kikyo, pero el caso era que ella siempre estaba con Kikyo.

No es que Kagome se considerara a si misma poco atractiva, pero rara vez los hombres enmudecían en su presencia. Kikyo en cambio…

Bueno ella no podía compararse con Kikyo.

Y a pesar de todo, eso no la molestaba.

Kikyo era mas que su prima, era casi como una hermana y seria capaz de tirarse enfrente de un carruaje por ella. Y el sentimiento era mutuo.

Y por eso no importaba cuanta atención acaparara Kikyo, ella la adoraba de todas formas aunque esta situación se repitiera una y otra vez.

Como esta; el muchacho en cuestión no podía quitar los ojos de su prima, aunque él tenia algo, un noseque, que le hizo sentir pesar al saber que pronto su corazón seria destrozado, al igual que los otros.

Kikyo le sonrió educadamente e inclino levemente su cabeza.

-Soy la Srta Kikyo Higurashi –dijo ella toda gracia y belleza. – Y ella es mi querida prima Kagome Higurashi.

Esto último lo dijo de la manera en que siempre lo decía; con amor y devoción. Casi como si quisiera decir; ¡Mira lo hermosa que es mi prima también!

Pero ellos nunca lo notaban. No solían tomarla en cuenta, hasta que querían algún consejo de cómo ganarse el corazón de Kikyo, claro. En eso, Kagome era muy solicitada.

El joven Taisho se volvió hacía ella y por la forma en que sus ojos parpadearon, supo que él acababa de recordar su presencia. Kagome contuvo un suspiro agridulce.

-Un placer conocerla – dijo él con una inclinación algo tiesa y Kagome no pudo contener la sonrisa que se le escapo. Había algo en él que le causaba cierta gracia… aunque no podía decidir que era realmente. Quizás su postura incomoda, su corbata algo chueca o ese cabello largo y plateado, que a diferencia de su hermano, lucia levemente despeinado, dándole un aspecto salvaje, rebelde…

Sin duda era muy distinto a todos los hombres que solían frecuentar a Kikyo.

-El placer es todo mío –dijo Kagome siguiendo el protocolo de las presentaciones- Sr. Taisho ¿No es así?

—Usted esta en lo cierto— dijo él encogiéndose de hombros con simpleza. Él ya debía estar acostumbrado a que todo el mundo lo conociera de antemano. —Aunque realmente me gustaría presentarme yo mismo alguna vez en mi vida.

—Oh, eso seria realmente difícil —dijo Kagome

Inuyasha le enarco una de sus oscuras cejas

—¿Usted lo cree?

—¡Claro que si! Debería cambiarse el color del cabello, de seguro y quizás sea necesario que utilice unos anteojos muy oscuros.

—Eso sueno como algo complicado…

—¿Lo ve? Por eso le digo que sería realmente difícil. Será mejor que siga soportando el suplicio de que todo mundo ya lo conozca

Inuyasha sonrió, dispuesto a continuar su debate con la joven, pero la tintineante risa de Kikyo los interrumpió.

—Usted deberá disculpar a mi prima —dijo ella educadamente, con una sonrisa en los labios— Le gusta bromear con cada persona que conoce.

—¡Yo estoy siendo bastante seria en esto, Kikyo! —repuso Kagome intentando aparentar solemnidad.

—Estoy segura que no debe significar un suplicio tan terrible ser un Taisho ¿Verdad? —pregunto Kikyo con la sonrisa educada y serena en su bonito rostro

Y en ese momento Kagome lo supo. El Sr. Taisho estaba encaprichado con Kikyo. Bastaba con ver la forma en que él la miraba cuando le hablaba, para darse cuenta, que ahora era uno mas de su legión de admiradores.

Sus ojos tenían esa expresión ligeramente empañada. Los labios separados. Y lucía tan concentrado, como si quisiera tomar a Kikyo, salir corriendo con ella a cuestas, para mandar a la gente y a los modales al demonio.

En oposición a la forma en que la miraba a ella, que podía catalogarse fácilmente como desinteresadamente cortés. O quizás era una mirada del tipo: ¿Por qué estás atravesada en mi camino, impidiéndome así, tomar a Kikyo en mis brazos y correr colina abajo con ella, para mandar a la gente y a los buenos modales al demonio?

—Ejem, Kagome

Kagome se dio cuenta que su mente estaba en la nubes y volvió para encontrarse con el grácil rostro de su prima observándola con esa expresión curiosa, con la cabeza un poco inclinada, de esa forma que tanto parecía deslumbrar a los hombres.

—¿Ahm? —fue todo lo que pudo articular.

—El Sr. Taisho ha sido tan gentil de pedirme un baile —dijo Kikyo— pero le he dicho que yo no puedo.

Kikyo siempre fingía alguna pequeña lesión en los tobillos o que sus zapatos no eran los adecuados, para mantenerse fuera de la pista de baile. Porque lo cierta era que Kikyo tenia un secreto:

No sabia bailar.

Normalmente no sería algo tan terrible, pero en el caso de Kikyo, la alumna ejemplar, la debutante mas hermosa y (con más propuestas matrimoniales) de la temporada y destacada tiradora al blanco, no podía simplemente "No saber bailar"

Esto a Kagome le causaba un montón de gracia. No maliciosa, claro. A Kikyo también le divertía.

Era un chiste secreto entre ellas.

—Oh, es cierto, tu tobillo sigue malo —dijo Kagome — Sr. Taisho ¿Le importa si lo acompaño yo?

Y por la expresión de su rostro, Kagome supo que si le importaba. Ups… pero luego se encogió de hombros con indiferencia y le extendió un brazo cortésmente.

—Sería un placer bailar con usted —dijo él. Aunque, ¿Qué mas podía decir?

Kagome sonrió, o lo intento al menos, y tomo su brazo con gusto. Porque a decir verdad ella si que era una muy buena bailarina y no había algo que le gustará más que bailar. Incluso si su acompañante no la invitara por placer…

¿Pero que más podría hacer? Mientras estuviera al lado de su prima, ellos siempre la preferirían a ella.

Incluso Inuyasha Taisho.

Y eso no significaba que no pudiese divertirse bailando ¿Verdad?


Continuara... o ¿No?