Buenas noches lectores!

He estado tooodo el día editando este cap :c consciente de que mañana trabajo y que sería imposible para mi actualizar. asi que si bien es tarde, mejor tarde que nunca.

Seguimos con los caps deeeensos y acercándonos al final. Muchas gracias a todos sus reviews del cap anterior!.

- Chechy14: Jajaja lo sientooo :c la verdad es que medité muucho la opción de un aborto espontáneo, pero luego pensé que era demasiado cruel ;-; y no me lo permití. Espero esta actualización te agrade y te alegre el día!

- fabiola200190: Que bueno que te gustó! aquí esta la actualización, disfrutala :3

- Ichibancat: Linda hermosa ai lov you muchito, espero disfrutes esta actualización!

- julietasarard: Amo la transformación de Inuyasha de un estupido orgulloso y engreído a un caramelo adorable ajajja :3 después de todo el amor es honesto cuando se demuestra con acciones mas que con palabras. Espero que tu trabajo este siendo bastante ameno y que la compañia de tu perrita te esté alegrando la vida!

- yancyarguetaf: Aaaay que bueno ;-; me encanta que disfruten tanto los caps. espero este te agrade de igual forma!

- Bombi-Chan: LO SIENTOOO :C la verdad es que quería mantener la intriga, pensé en escribir un aborto espontaneo y luego me arrepentí, sabiendo que aquello destrozaria la vida de mis protagonistas y demasiado sufrimiento. Amo a Inuyasha de protector tambien :c la verdad es que en momentos asi amaría ser Kag, amada tan fervientemente por él. Espero este cap te agrade, si es asi quizas nos veamos antes de tiempo jiji. Un abrazo!

- Paula Valadez: Es cierto, Kag tendrá que hacer reposo por un tiempo, lo bueno es que como youkai su regeneración es mucho mas rápida, asi que quizás no necesite estar postrada demasiado tiempo XD. Muchas gracias por cada uno de tus reviews! nos vemos prontito. ps: Se vienen los antojos brutales de Kag ajajaj.

- darkness1617: Inuyasha va a perdonarla :c tarde o temprano, lo unico que derrota su orgullo es su amor por Kag. Varias de tus dudas se responderán en este cap, asi que atenta!

- Lupitamix: ES QUE AMO A INUYASHA EN ESE PAPEL SOBREPROTECTO, es lo que me encantaría ver en la segunda temporada de yashahime :c sjfdsj asi que mientras no pasa, pues me lo invento.

- Rodriguez Fuentes: Aqui está la actualizaciónnnnn, la verdad es que varias coincidimos en que amamos a este Inuyasha preocupado y sobreprotector, es que es demasiado adorable! amo que sea un badass con el mundo pero un adorable con su querida Kag.

- Lita Mar: Ajajaj por primera vez Kag no ha tomado decisiones arrebatadas y ha decidido hacer caso a Inu, esperemos que siga asi. Un abrazo y gracias por tu comentario!

- Justafan90: Ay graciaaaas! aqui traigo un nuevo cap para tiiii, espero lo disfrutes y ayude en tu adicción jiji. Nos vemos pronto!

El próximo capítulo estará disponible el próximo miércoles 23 de junio, a menos que su entusiasmo me convenza de subirlo este domingo. Veamos que tantas reacciones acapara esta actualización jiji :3

Los adoro infinito!

Frani.


'

Capítulo 29.- Las sorpresas del enemigo.

(Perspectiva de Inuyasha)

El pánico de perderla me embargó y la abracé con fuerza, mientras mis manos permanecían en su abdomen. Deposité un beso corto sobre su hombro, disfrutando de su aroma y lo suave de su piel.

Nadie va a tocar un solo cabello de tu cabeza otra vez y aquel que se atreva a intentarlo deseará no haberlo hecho.

Un gruñido involuntario hizo vibrar mi cuerpo por completo cuando la imagen rápida de nuestros enemigos se fijó en mis recuerdos, en el mismo instante Kag se estiró levemente para alcanzar mis labios, sabiendo que aquel gesto lograría calmarme un poco. Sentí el roce cálido de su boca y le correspondí segundos después, admitiéndome a mi mismo que independiente de mi enojo, siempre querría mantenerla cerca.


2 semanas después, febrero 2016.

Vi a Noah trazar líneas y garabatos concentrado en un esquema, mientras yo bebía un sorbo de alcohol de mi vaso y luego hacía girar éste entre mis dedos. Las últimas semanas habíamos pasado bastante tiempo juntos, más del que desearía, compartiendo ideas sobre un plan que nos permitiera vivir una vida tranquila.

Moví una de mis piernas inquieto mientras miraba por la ventana.

– Noto un poco de frustración en tus acciones inconscientes Inuyasha. – Musitó sin mirarme, manteniendo la concentración sobre su papel.

– No puede creer que aún no podamos encontrarlos. – Exclamé con rabia.

– Tu padre sigue trabajando en ello, tarde o temprano cometerán errores que delatarán sus ubicaciones, sólo tenemos que ser pacientes y esperar por ello.

– Tu y yo sabemos que lo que menos tenemos es tiempo. – Musité caminando hacia él. – Ambos tenemos algo que proteger.

Suspiró y dejó el bolígrafo a un lado, mientras tomaba su cabeza entre sus manos.

– Lo sé, lo sé.

– Y tienes la ventaja de que tu novia no es su objetivo principal, si no la mía.

Se giró a mirarme con empatía.

– ¿Cómo planeas mantenerla a salvo?

– Sin sacarla de esta mansión, al menos no mientras haya peligro en el exterior.

– ¿Crees que acepte?

– Por supuesto que no, de seguro va a rebatir, la conozco. – Llevé mi mano al puente de mi nariz, intentando controlar mi estrés. – He logrado convencer a la doctora de dejarle en reposo estas semanas, a pesar de que la salud de Kag ha mejorado considerablemente, claramente es algo que ella no sabe y de lo que no tiene que enterarse. – Me miró y me sonrió.

– Un plan bastante acertado para controlarla, pero no lograrás mantenerla hospitalizada 7 meses más. – Suspiré.

– Lo sé, ya se me ocurrirá algo para mantenerla quieta.

Ambos guardamos silencio, sumergidos en nuestros propios pensamientos. De pronto Noah me miró como si una buena idea rondara su cabeza.

– ¿Y si usáramos a Kag como carnada? – Sentí la decepción inmediata invadirme, era una pésima idea.

– Dios, te tuve fe por un segundo, olvídalo, Kag queda fuera de cualquier plan hasta nuevo aviso.

– Pero piénsalo, ellos deben de saber que está aquí, sin embargo no se atreven a actuar por ello, de seguro aparecerán apenas la saques.

– No voy a arriesgarla, fin de la discusión. – Me puse de pie, en un claro indicio de que no continuaría esa conversación. Noah me habló antes de salir.

– Podríamos protegerla sin que ellos lo sepan, mantenerla en vigilancia, no correría peligro alguno.

– Lo mismo dijiste cuando la incluimos en el primer plan y ya hemos visto cómo resultó. – Seguí avanzando.

– ¡Medítalo!, puede ser nuestra única oportunidad de encontrarlos. – Exclamó en un tono de voz más alto.

Cerré la puerta, él tenía razón, pero no estaba dispuesto a admitirlo.

Caminé hacia la cocina para cambiar el whisky por jugo de fruta y cuando mi subconsciente la sintió despierta en modo automático me dirigí a su habitación. Apenas abrí Kagome me sonrió, recostada en la camilla mientras bostezaba y se estiraba, tal como un gato.

– Buenos días bonita. – Me acerqué y besé su frente, un sonido similar a un ronroneo suave hizo vibrar su cuerpo.

– Buenos días, hueles a alcohol. – Musitó y yo me reí. Si los sentidos de youkai eran sensibles, los de youkai embarazada eran peores.

– El whisky añejado de mi padre me ha tentado.

Me sonrió y me abrazó con fuerza.

– Extraño dormir contigo ¿Cuándo volveremos al departamento? – Me tensé de forma inmediata.

– No aún, hay asuntos pendientes por resolver y no quiero ponerte en riesgo.

Se separó de mí y fui consciente de cómo poco a poco se formaba esa arruguita de enojo característica en su frente.

– Quiero volver a casa, me aburro aquí. – Exclamó cruzándose de brazos.

– Podemos buscar alguna entretención…

– No. – Suspiré, había previsto aquello.

– Kagome… No tengo otra opción, aquí estás a salvo, afuera no puedo asegurarlo.

– Pero…

– No, no hay peros.

Tomó una bocanada de aire para rebatir.

– Listo Kag. – Mi madre entró en el momento preciso para evitar el caos, con un pote pequeño y una cuchara, a mi lado la aludida aplaudió y estiró las manos para recibirlo, dejando entrever aquellas actitudes de niña pequeña que había comenzado a extrañar sin darme cuenta.

– ¿mantequilla de maní? – Pregunté. El aroma penetrante llegó a mis sentidos como un tren a toda velocidad.

Kag no me respondió, estaba demasiado ocupada llevándose la cuchara a la boca.

– Tu pequeña ha comenzado con antojos. – Izayoi la miró enternecida y yo sólo pude reír. – Anoche me preguntó si teníamos y le prometí conseguirla para hoy.

Todas aquellas cosas extrañas de embarazos eran nuevas y completamente desconocidas para mi, pero conocidas a cabalidad por mi madre, agradecí tenerle cerca para mimar a Kag.

La doctora Takumi, encargada de estabilizar a Kag desde hace semanas apareció con una sonrisa, mientras arrastraba con ella un ecógrafo.

– ¿Buenos días a todos, lista para tu ecografía diaria Kagome? – Sólo asintió, mientras se llevaba otra cucharada a la boca. – De aquí en adelante las haremos abdominales, con dos meses y medio de embarazo ya no se nos hará tan complejo evaluar al bebé de esa forma.

Se acercó para bajar las mantas y cubrió la piel del abdomen de Kag con gel, luego de ello cargó el transductor con suavidad y puso toda su atención en la pantalla.

– Todo en orden, la placenta se ve en perfecto estado, sin riesgo de desprendimiento, creo que podemos sacarte de esta aburrida sala de hospital.

– ¿Puedo volver a casa?

– No, no puedes. – Takumi me miró cómplice y yo asentí. – Pero ya no necesitas todos estos cables y máquinas, tu embarazo sigue siendo de riesgo, pero cada semana vamos mejorando.

– Hay varias habitaciones disponibles, quizás pueden ocupar la antigua de Inuyasha, mientras sigan aquí. – Exclamó mi madre.

El enojo de Kagome no se disipó en absoluto, yo aún podía sentirlo quemar en mis propias venas, pero sonrió a Izayoi, consciente de que no podía rebatir eso y yo lo agradecí internamente.

Vi a Takumi quitar las vías sanguíneas y demases con delicadeza, luego de unos minutos fui testigo de cómo Kag se levantaba con cierto esfuerzo, pero mucho más firme de lo que esperaba. A decir verdad bajo la bata su cuerpo no parecía haber cambiado mucho aún, salvo por un pequeño aumento del tamaño de su busto y de su abdomen, que aún podía pasar desapercibido por cualquier otra persona que no la analizara con tanto interés como yo.

Apenas quedamos solos se estiró de puntillas para besarme y yo la abracé a mi cuerpo.

– Me debes una conversación. – Musité entre besos. – Ella sonrió.

Sentí sus manos aferrarse a mi camisa con fuerza, mientras poco a poco el latir de su corazón retumbaba con más rapidez en mis oídos. Pude sentir el aroma de su deseo aparecer segundos después y mi propio cuerpo responder a ello de forma involuntaria. Junté todo el autocontrol que pude encontrar, tomándola por los brazos y separándola levemente de mi. Su respiración agitada y los trazos de rojo que invadían levemente el chocolate de sus ojos me dieron sutiles señales de lo que anhelaba.

– Ni se te ocurra. – Musité, la voz me salió más ronca de lo habitual.

– Lo siento. – Musitó alejándose más.

La ayudé a vestirse, intentando ignorar lo apetecible que resultaba ser su cuerpo para mí, consciente de lo mucho que la extrañaba. Cuando estuvo lista con un jeans y una camiseta holgada tomó mi mano y me movió para salir de la habitación. Me guio hacia el patio y apenas los rayos del sol tocaron su piel la escuché suspirar por la sensación agradable.

– Entonces… – Me miró, la imagen de su cuerpo a contraluz era casi idílica. – Nuestra conversación.

Asentí.

– Quiero saber como te enteraste del embarazo y hace cuanto... – Musité mientras la abrazaba por la espalda. – …Considerando el hecho de que no me dejaste ser parte de ello.

Bajó su rostro avergonzada antes de hablar.

– Hace mas menos un mes, fui al médico por mi fatiga y porque mi periodo se había retrasado, lo clásico. A esas alturas ya tenía un mes y medio.

– ¿Pensaste en no tenerlo?

Guardó silencio por unos instantes, luego asintió.

– En su momento pensé que el aborto era la mejor opción, sin embargo no pude hacerlo.

Aquella confesión me dolía, pero podía comprenderla, después de todo el ser madre primeriza y cazarrecompensas sonaba aterrador.

– ¿Qué fue lo que te hizo cambiar de parecer?

– Tuve que convencerme a la fuerza durante años de que no podría ser madre, sufrí bastante por ello. De pronto la oportunidad apareció, era estúpido renunciar a ello. Además… creo que podríamos ser buenos padres juntos, siempre y cuando renunciemos a este trabajo de mierda.

Me reí y asentí.

– No voy a mentirte ni negar que estoy aterrado… – Musité. – …Pero supongo que tenerte a mi lado, tan inexperta como yo, me relaja un poco, aprenderemos juntos.

– Si, me parece justo.

La abracé con fuerza y recargué mi mentón en su hombro.

– No me mientas nunca más. – Exclamé. – Seremos compañeros por el resto de nuestras vidas, no puedes ocultarme cosas así de importantes.

– Lo sé… lo siento. Prometo no volver a hacerlo.

Asentí.

– Tampoco pondrás en riesgo tu vida ni la de nuestro cachorro otra vez, sin importar que pase, esa es tu tarea principal.

– ¿Y si fuera necesario?

– No lo será. – Tomé su rostro entre mis manos y la miré fijo, intentando con ello dejar en claro que hablaba completamente en serio. – Te lo advierto Kag, puedo amarte con todo mi corazón, pero si vuelves a tomar decisiones arriesgadas no seré capaz de perdonarte otra vez.

La sentí tensarse entre mis brazos, sin embargo asintió.

– No volverá a suceder. – Musitó.

– Perfecto, cuento con ello.

Estiró sus manos para abrazarme por el cuello.

– ¿Ahora puedes volver a amarme? – Rogó mientras se pegaba más a mi.

– Tonta, nunca he dejado de amarte. – La levanté abrazándola por su cintura y restregué mi nariz contra la suya con suavidad. – Si eso es lo que crees no has estado prestando la suficiente atención.

Sonrió y pegó su frente a la mía. La sentí suspirar.

– Tengo el recuerdo de algo que no sé si es real o si lo he imaginado… Y ya que me has pedido que no vuelva a ocultarte cosas…

– Cuéntame. – Musité mientras volvía a poner sus pies sobre la tierra.

– Creo que Ryu es hijo de Kikyo y de Naraku, él lo mencionó mientras la defendía.

Guardé silencio, aquello me había tomado por sorpresa. Había pasado dos años de mi vida siendo pareja de una persona, incluso con planes de casarme y sin realmente conocerla en absoluto.

– Voy a investigar al respecto… – Respondí y ella asintió. – Kag… – El chocolate de sus ojos se me hizo profundo y perfecto cuando me miró con atención. – Siento no haber estado allí para defenderte, si hubiera sabido que Ryu…

– Nadie podía saberlo, no te culpes, tenías otra misión y la cumpliste a cabalidad, si hubieras intervenido me habría enfadado. – Se paró de puntillas y rozó mis labios con los suyos, justo antes de dar una mordida juguetona. – Por cierto... Gracias por vengar la muerte de mis padres.

Era cierto, lo había olvidado con todo mi resentimiento, el acabar con Naraku eliminaba ese deseo de venganza de Kag, de cierto modo la había liberado de uno de sus demonios.

– Ha sido un placer pequeña.

– En cambio yo he fallado con creces. – Acaricié su cabello con suavidad mientras fijaba mi mirada en uno de sus bucles.

– La pelea no ha sido justa para ti, eso es todo.

Me dediqué a abrazarla por el resto de la tarde, disfrutando de su compañía y de su aroma revoloteando una vez más a mi alrededor.

Al llegar la noche pude volver a dormir con ella, y el sentirla recargada sobre mi pecho, durmiendo plácidamente, me permitió descansar bien por primera vez en semanas.


'

(Perspectiva de Kagome)

Desperté a mitad de madrugada, completamente desorientada en la oscuridad. Sentí un peso cálido sobre mi abdomen, donde encontré a Inuyasha recostado, durmiendo profundamente, abrazado a mi como si su vida dependiera de ello. Sonreí enternecida mientras peinaba un par de mechones plateados de su cabello.

De un momento a otro las ganas de comer mantequilla de maní aparecieron de golpe en mi mente. Intenté resistir el antojo, sin embargo me superó por completo. Me moví intentando no despertarlo y para mi sorpresa lo logré. Caminé de puntillas hasta la cocina, busqué el pote en el refrigerador y sonreí feliz cuando lo encontré. Fue al llegar de vuelta a la habitación que unos brazos que ya conocía demasiado bien me abrazaron por la espalda. Sentí uno de esos besos cortos sobre mi hombro, aquellos que me volvían loca.

– Pensé que había logrado escabullirme sin despertarte…

– En un principio sí, pero luego tu aroma se hizo más débil y mi cuerpo reaccionó de inmediato. ¿Qué traes?

– Mantequilla de maní, ¿Quieres? – Su risa ronca me contagió.

Abrí el envase y metí uno de mis dedos, embarrándolo en el contenido espeso. Me giré entre sus brazos para mirarlo de frente y lamí parte de la mantequilla con lentitud. Incluso en la oscuridad pude ver el rojo apoderarse por escasos segundos del dorado de sus ojos.

Sentí sus manos aferrarse con posesión a mi cintura mientras me sonreía de lado. Tomó una de mis manos, sujetándola por mi muñeca con firmeza y la acercó a sus labios. Su lengua recorrió desde la base hasta la punta de mi dedo índice y pude sentir un escalofrío cuando me miró fijo en todo el proceso. Luego de ello bajó a mi cuello y dio besos cortos, mientras con su pie cerraba la puerta.

– Inuyasha…

Subió nuevamente para quedar de frente a mí, a escasos centímetros de mi rostro. Pude sentir la suavidad de su boca rozando la mía, mientras sus ojos la miraban con atención. Yo había partido aquel juego y sin embargo él lo había dado vuelta a su antojo.

Acomodó su mano en mi mejilla y entrecerré los ojos, esperando por aquella anhelada caricia; comencé a desesperarme cuando no la sentí.

– Bésame. – Ordené.

Pude sentir una risa corta justo antes de que sus labios se encontraran con los míos. Mordió con sensualidad una vez, para luego dar besos cortos y terminar ahondando, rozando su lengua con la mía. Me aferré como pude a su cuerpo, acorralándolo contra la pared más cercana. Sus manos se movieron sobre mi cuerpo, arrugando la tela de mi pijama entre sus manos.

Pronto mis hormonas alborotadas tomaron el control de mis acciones y me encontré a mi misma bajando a su cuello, lamiendo la zona donde le había marcado, mientras intentaba arrancar a tirones su camiseta blanca. Lo sentí jadear sin contenerse, mientras una de sus manos se colaba entre los dos, bajando hasta mi monte de venus y acariciando con suavidad mi vulva.

En un movimiento rápido nos llevó a ambos a la cama, dejándome bajo su cuerpo, completamente cautiva entre sus brazos. Me estiré para besar su pecho, disfrutando del sonido de su corazón, que se aceleraba cada vez más.

– Te he echado de menos. – Jadeé, mientras sentía sus manos juguetear con mis pechos.

La humedad entre mis piernas creció cada vez más con cada uno de sus besos y caricias, mientras me retorcía bajo su cuerpo, siendo apenas capaz de controlar las sensaciones.

– Vamos a hacer esto con cuidado… – Susurró contra mis labios. – Nada de movimientos bruscos, nada de… – Me restregué contra su cuerpo, aumentando la fricción entre su miembro y mi entrada y aquello le arrancó un gruñido. – …Dios Kag, déjame terminar.

Moví mi mano para alcanzar su miembro, masajeándolo de arriba hacia abajo. Había extrañado su calidez, sus gemidos, sus caricias. Pegó su frente a la mía, abriendo su boca y emitiendo gemidos silenciosos mientras cerraba sus ojos con fuerza. Lo guie para que entrara en mi. Poco a poco mis paredes se acomodaron a su tamaño y gemí en reacción, y es que cada roce, cada escalofrío me enloqueció poco a poco. Cuando entró por completo no se movió, sólo abrió sus ojos y me miró fijo mientras acariciaba mi mejilla. Lo sentí salir con lentitud, para luego volver a entrar con cuidado. Curvé mi espalda hacia él, mientras me aferraba con mis garras a su espalda.

Sus embestidas fueron lentas, pero increíblemente placenteras. Fui consciente de las expresiones de placer reflejadas en su rostro y de como se esforzaba por no perder el control.

– Te amo. – Susurré mientras tomaba su rostro entre mis manos. – Te amo tanto.

Bajó a mi cuello, lamió con suavidad mi marca y me preparé mentalmente para sentir sus colmillos perforar mi piel. Cuando sucedió un gemido alto abandonó mi garganta y cerré los ojos con fuerza, cuando una corriente eléctrica me recorrió desde la punta de mis pies hasta el último de mis cabellos. Cada succión de su boca, cada embestida lenta me llevó poco a poco al borde del abismo y me dejé llevar cuando el placer explotó con fuerza dentro de mí y busqué como aferrarme a su cuerpo, intentando controlar los espasmos.

Sonreí satisfecha cuando lo sentí alcanzar su propio clímax, ocultando sus gruñidos mientras mordía con suavidad mi hombro. Salió de mi interior y se recostó a mi lado, abrazándome con fuerza, mientras nuestras respiraciones se acompasaban poco a poco. Lamió el lóbulo de mi oído y jadeé de forma involuntaria.

– Te amo. – Susurró. Apoyó su codo en la cama, y usó su mano como soporte de su rostro para mirarme con atención. Con su mano libre trazó dibujos imaginarios sobre mi abdomen, cuidando que el roce de sus garras fuera suave sobre mi piel. – Me prometí a mi mismo que evitaría esto a toda costa, claramente he fallado con creces. – Me reí.

– No está prohibido tener relaciones por un embarazo, mientras no lo sabías lo hicimos varias, infinitas veces. – Me giré para quedar sobre él y di un beso corto sobre su torso. – Además todo está en orden, has escuchado a Takumi en la mañana.

– Mientras sea suave no me opongo en lo absoluto.

– Bien. – Respondí.

– Bien. – Se levantó levemente para alcanzar mis labios y me besó con hambre, abrazándome por la cintura.

Escondí mi rostro en su cuello y mordí su marca. No me separé en ningún momento y volví a dormirme, cómoda y feliz entre sus brazos.


'

2 semanas después.

Me miré frente al espejo, frustrada y consciente de como poco a poco mi abdomen parecía mas abultado. Arrugué mi entrecejo cuando vi en el reflejo a Inuyasha reírse recostado en la cama.

– No te rías.

– Lo siento, es que has estado al menos quince minutos frente a ese espejo, frunciéndote el ceño a ti misma.

– Mira mi abdomen. – Exclamé.

– Yo pienso que es una pancita muy bonita. – Se puso de pie y me abrazó. – Y la noto porque te pongo demasiada atención, apuesto a que para el resto es imperceptible.

– No me mientas Inuyasha.

– Nunca te mentiría.

Suspiré y me giré para volver a mirar mi reflejo, él me abrazó por la espalda.

– Necesito comprar ropa nueva. – Musité.

– Iré con Sango, se ha ofrecido a ayudarme.

– Pero quiero ir yo…

– Kag…

– Me has tenido aquí encerrada por más de un mes.

– Porque aún no sabemos donde están Ryu y Kikyo. – Sentí mis ojos humedecerse, y desvié la mirada; la frustración era poco soportable para mi a esas alturas. Tomó mi mentón con suavidad para obligarme a mirarlo. – Lo siento cariño, pero sabes que es lo correcto.

Asentí y me besó con suavidad.

– Tráeme más mantequilla de maní. – Musité contra sus labios.

– Por supuesto que sí.

Nos turnamos para ducharnos y luego de decidirme por un sweater holgado en beige y unos jeans ajustados bajamos juntos las escaleras. Se despidió de mí en la entrada.

– Vuelve pronto o iré a buscarte.

– Me demoraré un par de horas, Sango ya está en el centro comercial.

– Animo, vas a necesitarlo.

Me sonrió, me atrajo por la cintura a su cuerpo y me besó con hambre justo antes de salir por la puerta.

Me encontré con Takumi cuando iba en camino a la cocina, a buscar algo para quitar mi ansiedad.

– Buenos días Kag, te estaba buscando.

– ¿Pasa algo?

– Sé que te he dejado bastante tranquila estas semanas, pero quiero hacerte otra evaluación ecográfica, estás justo en los 3 meses así que quiero ver que tanto hemos avanzado.

– Seguro, ya le contaré los avances a Inuyasha cuando vuelva de su panorama tortuoso – Sonreí.

– ¿Tortuoso?

– Irá a comprarme ropa.

– Oh… va a sufrir.

Nos reímos y caminamos juntas a la sala médica.

Me recosté en la camilla, no la había extrañado en absoluto. Takumi apoyó el transductor en mi abdomen, frente a mis ojos atentos, mirando la pantalla sin comprender absolutamente nada.

– Bien, como siempre la placenta se ve en perfecto estado, bien unida a las paredes como corresponde. Las ventajas de ser youkai y sanar rápidamente. – Movió levemente el transductor y se detuvo de golpe. La miré en pánico.

– ¿Pasa algo? – Temí por su respuesta.

– No, nada, es sólo que me parece… – Entrecerró los ojos mientras miraba la pantalla. – …Me parece que son dos.

No encontré muchas palabras en mi mente para decir.

– ¿Cómo que dos?

– Dos sacos gestacionales distintos. Lo que significa que podrías tener mellizos.

Me mantuve en silencio, sin poder procesarlo aún.

– ¿Y eso no apareció en las otras ecos? – Pregunté.

– Todo estaba muy pequeño aun, uno de los embriones podría haber tapado al otro, son demasiados factores. – Exclamó apretando botones de la máquina.

Bajé mi mirada a mi pequeña pancita, para ser dos bebés de pronto ahora se me hacía demasiado pequeña. Llevé mis manos temblorosas a la zona y sonreí, ya quería ver la reacción de Inu.

Luego de otras revisiones adicionales Takumi limpió el gel de mi abdomen y apagó la máquina.

– ¿Qué crees que dirá Inuyasha? – Preguntó.

– No lo sé, sólo espero que le agrade la idea. – De pronto me sentía nerviosa por ello.

– Ese hombre te ama Kag, por supuesto que va a estar feliz.

Corrí a buscar a Izayoi, no podía quedarme con una noticia así de grande solo para mí.


'

(Perspectiva de Inuyasha)

Por supuesto que Sango se entretuvo más que yo en el centro comercial, me dediqué a seguirla hastiado, tienda por tienda buscando ropa para Kag.

– Podrías intentar sonreír un poco. – Exclamó caminando frente a mi.

– Estoy jodidamente aburrido, mientras antes terminemos mejor para mi..

Puso sus ojos en blanco y siguió con lo suyo.

Salimos un par de horas después con un montón de bolsas. Me ayudó a cargarlas en el auto y suspiró.

– Dile a Kag que pasaré a verla mañana para saber que le ha parecido la ropa.

– ¿No irás hoy? – Negó con la cabeza.

– Me encantaría, pero tengo un par de clientes esperando por ver unas propiedades. – Asentí.

– Intenta ir cuando tengas tiempo… me está costando trabajo mantenerla tranquila.

– Por supuesto que si, Kag nunca ha pedido permiso a nadie y de pronto te tiene a ti prohibiéndole salir, debe estar desesperada.

– Keh. – Aquel comentario me hizo sentir culpable.

– Iré mas seguido, me haré el tiempo.

– Fantástico. – La abracé con cariño. – La mejor amiga existente.

– Ya cállate. – Exclamó y me sonrió antes de caminar a su auto.


'

Estando solo manejé hacia el departamento, no tenía ninguna intención de dejar sola a Kag, pero yo también necesitaba una muda de ropa.

Abrí la puerta, sumergiéndome en la oscuridad del lugar, de inmediato un aroma ya conocido invadió mis sentidos. La luz de la sala de estar se encendió de pronto, en un ambiente tan dramático como el de las películas y vi a Kikyo, sentada en el sofá, sonriéndome con aquel rostro adorable que recordaba de un pasado no tan lejano junto a ella.

– ¿Qué haces tú aquí? – Pregunté con calma mientras caminaba a la cocina por un vaso de agua.

– Esperándote obviamente. – Respondió como si fuera lo más obvio del mundo, mientras daba una fumada a su cigarrillo. – ¿Acaso no me estabas buscando?

Sonreí y miré a mi alrededor.

– No viniste sola.

– Por supuesto que no. Ryu debe estar por ahí en tu habitación, revisando tus armas.

– Me ha sorprendido bastante enterarme de que es tu hijo, la verdad es que nunca imaginé ser padrastro cuando estuvimos juntos.

Se rio mientras apagaba el cigarro en el tapiz negro del sofá y se ponía de pie. Pude ver pequeñas pero abundantes cicatrices en su piel, debido a las heridas que Kag había provocado. Se acercó a mí lentamente.

– Debe ser un fastidio tener tu piel perfecta llena de marcas. – Exclamé burlón.

Me ignoró mientras sonreía.

– ¿Dónde está Kagome? – Preguntó. – ¿La hemos herido demasiado? – Gruñí de forma instantánea. – …Al parecer si.

– No tientes mis ganas de asesinarte, porque ya son bastantes.

– ¿Puedo intentar tentar tus ganas de coger conmigo otra vez? – Acercó sus manos a mi pecho, me alejé de inmediato y ella rio. – Estas últimas semanas hemos estado meditando como llegar a ella, obviamente la tienes encerrada en la mansión de tu padre, asi que se nos ha hecho imposible. Hasta que de pronto, una idea se nos vino a la mente.

Sentí un clic provenir de mi habitación, me giré con rapidez en un intento de esquivar lo que sea que viniera, sin embargo se incrustó en mi brazo.

– ¿Sabías que los demonios tienen la posibilidad de transformarse en humanos? – Prosiguió. – Claro que esto no es permanente, pero puedes lograrlo por un par de horas con plata líquida… Eso es justo lo que se está esparciendo por tu cuerpo ahora.

Sentí el ardor expandirse poco a poco, como si mi sangre quemara desde el interior.

– Con Lin reconsideramos la situación y llegamos a la conclusión de que en realidad ir por Kagome siempre fue una pésima idea, considerando que siempre estarías allí para rescatarla, asi que pensé: ¿Qué pasaría si acabamos antes con Inu, considerando que Kagome no podrá rescatarlo porque está embarazada? – La miré en pánico. – Si, lo sabemos. Tuve una leve sospecha de ello cuando la vi proteger con devoción su abdomen mientras peleábamos a muerte hace algunas semanas y hoy has comprado ropa maternal, estamos siempre vigilando.

– Asi que estás trabajando con Lin… ¿por qué no me extraña? – Fingí demencia, cambiando de tema.

– A decir verdad te equivocas, ella no trabaja conmigo, si no para mi. – La voz de la aludida provino de mi habitación y apareció de las penumbras. – Siempre ha trabajado para mi, al igual que Naraku y Ryu. Si creíste que conocer a Kikyo hace dos años fue una simple coincidencia, déjame aclararte que no fue así.

Dentro de todo mi malestar no fui capaz de contestar nada. Caí de rodillas y Lin se acercó con rapidez hacia mí, tomando mi mentón y lamiendo mis labios para luego sonreírme mientras acariciaba mi mejilla.

– Te di la oportunidad de remediar tus errores, pero en vez de ello me refregaste en la cara que estabas enamorado de alguien más, ¿Por qué fuiste así de cruel?

– Dios, ¿tan obsesionada estás con el tema como para hacerme vivir una mentira durante dos años?

El ardor se disipó poco a poco, sin embargo fui consciente de como el color de mi cabello fue transformándose poco a poco en negro.

– Vaya, incluso con el cabello negro y ojos oscuros sigues siendo guapo. – Musitó Kikyo.

Intenté procesar toda la información, sin embargo fallé.

– ¿Eso significa que tu enviaste a Kag por mi? – Pregunté a Lin.

– No, contraté a Naraku, renombrado mafioso que tenía historia con tu familia. Por un par de meses él se encargó de buscar un cazarrecompensas con un historial de asesinatos lo suficientemente bueno para acabar con el menor de los Taisho. Cuando dentro de esa lista apareció Kagome, nos pareció que era la mejor candidata, después de todo era difícil que desconfiaras de una chica que podía fingir ser humana. Obviamente ninguno de nosotros imaginó que Kagome fuera a fallar en su objetivo y mucho menos que se enamoraría de ti, esa fue una mala jugada.

– Vaya, quien diría que mis enemigos enviarían al amor de mi vida a matarme, quizás les debo un agradecimiento. – Exclamé y aquello hizo enojar aún más a Lin.

– ¡JA!, el amor de tu vida… – Me miró con odio. – Quizás deberíamos llamarla, avisar que estás con nosotros… no queremos que se preocupe cuando tardes en llegar ¿no? Eso podría estresarla y sabemos que el estrés no es bueno en su estado…

Mi sonrisa sarcástica se borró de inmediato.

– Este problema es sólo conmigo, no necesitas incluirla a ella.

– Por supuesto que tenemos que incluirla, no seas así de egoísta, podemos divertirnos todos juntos.

Ryu apareció para sujetarme por la espalda, mi fuerza de humano fue completamente inútil cuando intenté zafarme. Lin tomó mi teléfono de mi bolsillo.

– Dime tu clave.

– Jódete.

Me sonrió.

– Solo estás retrasando las cosas, de todas formas podemos esperar a que ella llame. – Casi como si Kagome pudiera escucharla, una llamada entrante de ella apareció en la pantalla. – Vaya, eso fue rápido.

Intenté moverme para quitarle el teléfono, sin embargo la fuerza de Ryu me detuvo.

– Buenas noches Kag. – Intenté poner atención en lo que mi novia contestaba del otro lado, fue cuando comprobé que mis sentidos como humano también eran una mierda. – Oh no me reconoces, soy Lin, de la familia Takamura, me lanzaste al piso hace un par de meses en mi cumpleaños, no sé si me recuerdas…

Comencé a desesperarme cuando pensé en el estrés que estaría comenzando a invadir a Kag en esos momentos.

– Puedo darte con él si no me crees. – Acercó el teléfono hacia mi. – Dile hola a Kag, te extraña.

La miré con odio, sin embargo no dije ninguna palabra. Fue Ryu quien decidió golpearme por la espalda, arrancando un quejido que probablemente era lo suficientemente reconocible para ella. Lin puso el teléfono en altavoz y me sonrió.

– ¡Suéltalo! Te juro que si te atreves a hacerle algo… – La voz de Kag sonó tan alterada como esperaba, quizás peor.

– ¿Qué vas a hacer? Estamos en su departamento, esperando por ti, puedes unirte cuando quieras.

– ¡NO VENGAS! – Grité. – ¡Me lo prometiste, recuerda tu promesa antes de tomar una decisión apresurada!

Kagome no contestó nada, sólo sentí su respiración agitada del otro lado de la línea.

– Tienes dos horas para llegar y despedirte, comprenderás que esta es una invitación individual, si vienes con alguien me encantará acabar con Inuyasha antes de tiempo. – Y cortó. – ¿Ves? Ahora si podemos tener una reunión a lo grande.

– Ella no va a venir.

– ¿Por qué estás tan seguro?

– Porque me lo prometió.

Se miraron entre los tres y se echaron a reír.

– Pffff ¿Cuándo Kagome ha obedecido una orden? La enviamos a matarte y mira como terminó todo.

Comencé a hiperventilar, sabiendo que aquello era verdad.

– Vamos a aclarar algunas cosas que han quedado pendientes entre los dos Inuyasha, al menos tenemos tiempo hasta que Kag llegue, tal vez podemos recordar viejos tiempos... – Lin me sonrió y se acercó para darme un beso corto. – Apuesto a que Kikyo y Ryu también quieren hablar contigo.

Ambos me miraron con odio y suspiré, había matado a un hombre que cumplía un rol de padre y pareja, por supuesto que iban a odiarme.

– Bien, conversemos. – Exclamé. – Quizás asi dejas esta obsesión de mierda que tienes conmigo, de una vez por todas.

No bajé mi cabeza en ningún momento, podía estar en desventaja, podía estar realmente aterrado por las decisiones arrebatadas de Kag, pero Inuyasha Taisho jamás se dejaba superar ni doblegar por sus enemigos, esa era mi primera regla como cazarrecompensas.