Estimados lectores:

Ha pasado bastante tiempo, incluso se me hace raro porfín lograr actualizar.

Por algún motivo que desconozco alguien decidió intentar hackear mi cuenta, y bueh, me ha costado varios intentos el recuperar al fin mi contraseña, sin embargo aquel inconveniente los ha dejado esperando y eso me enoja. También he pensado en que en realidad podría haber perdido la cuenta para siempre y me relajo, porque todo podría haber sido mucho peor, mi peor miedo era no poder actualizar esta historia :c sobre todo cuando estamos tan cerca del final.

Pido perdón de todas formas, pero estaba fuera de mis manos. Por ahora me he encargado de poner una clave ultra hiper mega segura y rogar por que no vuelva a suceder.

Subiré el capítulo asi, sin respuestas a sus comentarios por ahora, pero me daré el tiempo de contestarlos y actualizar este segmento entre hoy y mañana, por ahora sólo quiero entregarles el cap lo antes posible XD

Estoy meditando si hacer el próximo capítulo como final o agregar uno más, depende de que tantas palabras logren salir de mi cabecita jiji.

Los adoro :c siento que hayan tenido que esperar tanto por gente que sólo intenta hacer daño. Intentaré actualizar lo antes posible, todo depende de mi tiempo libre, pero probablemente de aquí a el próximo jueves.

Un abrazo virtual.

Frani.


'

Capítulo 32.- Vuelve a mi.

(Perspectiva de Kagome)

Me mantuve sentada en el sofá mientras esperaba a que Touga regresara. Todo el tiempo mantuve mi vista fija en Inuyasha, buscando algún pequeño movimiento, algún detalle que demostrara que estaba ahí, fingiendo dormir, sin embargo nada sucedió.

Mordí mis uñas nerviosa mientras me abrazaba a mi misma. Touga apareció por la puerta, sonriéndome mientras sujetaba el pote de mi ansiada mantequilla en la mano izquierda y una taza de café humeante en la derecha. Se sentó a mi lado y me entregó mi primera dosis de alimento en semanas.

– Sé que conoces poco a Izayoi aún, pero con el tiempo te darás cuenta de que ella es de la clase de persona que siempre compra en grandes cantidades… El refrigerador está lleno de mantequilla de maní desde que le dijiste que querías.

Sonreí.

– Tu esposa es encantadora Touga.

– Lo sé, por eso me enamoré de ella.

Bebió un sorbo y luego otro de su café, mientras movía una de sus piernas, un lenguaje corporal característico de alguien que apenas puede con los nervios.

– Estás evitando hablarme de Inuyasha… – Musité. – Eso significa que no tienes nada bueno para contarme.

Me miró fijo, el dorado pareció suavizarse, como si intentara pedirme perdón sin palabras.

– Él no está bien… – Miró hacia la camilla y apretó el tazón entre sus manos. – Hay días en los que parece mejorar, sin embargo al siguiente retrocede el doble, ya no sé qué hacer por él.

– ¿Qué tan severas son sus heridas?

– Sólo tiene una, de la bala que dañó su corazón, comprenderás que es bastante severa.

A decir verdad no comprendía nada, mi último recuerdo de Inuyasha era haberlo visto sangrar frente a mi, pero no sabía cómo había ocurrido, algo que de seguro estaba en mis lagunas mentales.

– Pero ya no es humano… debería regenerar. – El cabello platinado estaba de vuelta, esa era la máxima prueba.

– Tú tampoco lo eres, y sin embargo la herida de tu pecho tampoco ha cerrado en su totalidad… Nuestra teoría es que probablemente la plata líquida es capaz de alterar la regeneración acelerada de nuestra especie por un tiempo indefinido… Si somos optimistas esperamos que no sea permanente.

Esa teoría explicaba algunos de los cabos sueltos.

– Tu hijo es un testarudo… – Musité en negación. – Estoy segura de que no tiene intenciones ni de dejarme a mi ni a sus cachorros.

Touga sonrió.

– Si, yo también espero eso.

Se puso de pie y caminó hacia la camilla mientras lo miraba con atención.

– Nunca he sido un padre muy cariñoso ni cercano a mis hijos, siempre estoy preocupado del trabajo, en parte porque es lo que más me une a ellos: enseñarles a ser tan despiadados como yo, sin embargo puedo decir que fui tutor de Sesshomaru, pero no de Inuyasha, él aprendió todo de su hermano. Quizás debí aprovechar más el tiempo.

– No hables como si no fuera a despertar nunca. – Exclamé. – Ya tendrás tiempo de demostrarle tu cariño y pasar tiempo a su lado.

No me respondió, sólo me sonrió y caminó hacia la salida.

– Intenta descansar Kag, los encargados tendrán tu camilla aquí en unos minutos.

– Gracias…

– No hay de que.

Obedecí como pocas veces en mi vida y me dejé hacer cuando volvieron a conectar los cables y volvieron a pincharme en un par de oportunidades. Cuando por fin estuve sola lo miré allí, a unos metros de mí, parecía estar durmiendo pacíficamente.

– No puedes rendirte Inuyasha… hay demasiadas cosas por hacer juntos.

Esperé a que me respondiera, sin embargo no sucedió. La situación era extrañamente irreal, en mi mente Inuyasha era la viva imagen de inmortalidad, alguien incapaz de ser derrotado, alguien que nada ni nadie podría detener. Verlo allí, apenas aferrado a la vida me hacía sentir más vulnerable que nunca.

Aguanté a duras penas las lágrimas y me acurruqué en mi misma, recordando lo protegida que me sentía entre sus brazos.


'

(Perspectiva de Inuyasha)

Desperté con la luz del día, instantáneamente la jaqueca por resaca se hizo notar. El aroma a vainilla impregnado en mi me hizo sonreír, abrí los ojos y encontré a Kagome acurrucada en mi pecho, justo donde debía estar.

Intenté no moverme mientras la admiraba. Había extrañado aquellos bucles adorables. El sonido de una bocina en el exterior la despertó de golpe unos minutos después. Abrió los ojos desorientada y de forma inmediata llevó sus manos a su cabeza.

¡Auch!

Si, la resaca es horrible. – Exclamé.

Mi voz la hizo saltar otra vez.

¡Inuyasha! – Me miró asustada, luego bajó su mirada a nuestros cuerpos, sólo para descubrir que no estaban cubiertos por ropa. – Oh no… – Ah, ahí venía… la maldita culpa. – Dios, sabía que iba a pasar esto. – Exclamó mientras se ponía de pie.

¿ya te vas?

¿Te parece buena idea que me quede? he bebido algunas cervezas y mira como ha terminado todo. – Me reí.

No seas melodramática Kag, sólo ha sido sexo. – Me miró enfadada.

¡No se tiene sexo con los mejores amigos cuando estás comprometida!

Por favor, podemos hacer como si nada hubiera pasado, tal como en las otras dos oportunidades.

Miró su anillo de compromiso con culpa, luego de unos segundos el chocolate se fijó en mí.

No puedes decirle a nadie.

Estiré mi dedo meñique hacia ella.

Lo juro. – enrolló su dedo alrededor del mío y suspiró.

Se estiró para abrazarme y escondió su rostro en mi pecho, yo le correspondí de inmediato.

Te quiero mucho Inu, eres mi mejor amigo.

Aja, Siempre voy a serlo…

"Inuyasha"

Dime. – Respondí

¿Qué cosa?

Dijiste mi nombre…

Hmm… no realmente.

"No puedes rendirte Inuyasha, hay demasiadas cosas por hacer juntos"

Volví a sobresaltarme. Aquella voz era idéntica a la de Kag, pero sonaba en mi cabeza, lejana.

Bien, creo que necesito dormir y reponerme, estoy ebrio aun.

Me separé de ella y busqué mi camiseta en el suelo, me miró sin comprender.

¿Te veo de nuevo? – Preguntó.

Llámame y coordinamos, quizás una salida al cerro, ¿Qué tal eres con el trekking?

Nunca he hecho trekking.

Bien, mañana será tu primera vez. Trae ropa cómoda.

"Inuyasha"

Ahora la voz sonaba quebrada y triste. Comencé a estresarme y saqué a Kag a empujones del departamento.

Me senté en el sofá y cerré los ojos. Me sentí solo, aquello comenzó a desesperarme.

Caminé al baño y enjuagué mi cara, me miré en el espejo y noté el como mi rostro era un claro reflejo de mi ansiedad. Bajé la mirada a mi cuello, donde un pequeño moretón por succión se dejaba ver, aquello logró hacerme sonreír, alguien se había dejado llevar anoche.


'

2 semanas después.

(Perspectiva de Kagome)

Los días pasaban lento, el insomnio no me abandonaba y mis ojeras se notaban cada vez más.

Supe que había logrado dormir un poco cuando desperté desorientada, una vez más en aquel cuarto blanco con olor a médico. Todo estaba a oscuras, a excepción de las máquinas a mi alrededor. Miré a mi lado, donde Inuyasha seguía tan dormido como desde hace más de un mes. La frustración me estaba superando.

Me senté en la cama, desconecté mis vías y cables y me esforcé por ponerme de pie, tardé más de lo habitual en ello. Me acerqué a su camilla y me recosté a su lado. Pude escuchar el latido de su corazón; el tiempo a su lado me había acostumbrado a un ritmo en particular, sin embargo ahora era más lento de lo habitual.

Lo que no había cambiado en absoluto era su aroma, aquella mezcla de tierra mojada y perfume que se había transformado en mi mezcla favorita. También apareció perceptible a mis sentidos el aroma de su sangre, probablemente porque su pecho seguía sangrando de vez en cuando.

Tomé una de sus manos, cálidas como siempre y me abracé a su brazo.

– He estado pensando… en lo mucho que han cambiado las cosas desde que te conocí. – Musité. – Me has transformado en todo lo que detestaba: Enamorada y dependiente hasta el punto de estar hablándote a pesar de que sé que no puedes escucharme.

Llevé mis manos a su mejilla y deseé ver el dorado de sus ojos, deseé escucharlo ronronear por mi toque.

– Tomando en cuenta aquello, te pido… No, te exijo que vuelvas aquí ahora. – Demandé. – No puedes huir, no ahora que me tienes aquí esperando por ti. – Lo miré fijo, nada ocurrió. – Por favor…

La voz se me quebró y decidí dejar de hablar. Lo abracé con fuerza, esperando que aquello eliminara la pena de mi corazón. Después de todo lo que me había resistido, ahí estaba, más vulnerable que nunca.

Una sensación extraña proveniente de mi abdomen me hizo encogerme en mí misma por unos segundos. Me quedé ahí inmóvil y asustada hasta que volvió a repetirse. Se sentía como si algo se moviera inquieto dentro de mi.

Miré mi pancita, que rozaba con la mano de Inuyasha y volví a sentir una pequeña patada desde mis entrañas.

– Bien… supongo que ellos también te lo están exigiendo. – Musité.

Sonreí embobada hasta que el movimiento se detuvo cuando alejé mi cuerpo del de él.

– Tu deberías estar acostada en tu cama, Kag. – La voz de Noah desde la puerta me sobresaltó.

Lo miré y me sonrió, ya se me hacía extraño que no hubiera aparecido en tanto tiempo.

– ¿Qué hora es? – Pregunté.

– Son cerca de las tres de la madrugada

– ¿y qué mierda haces despierto? – Se rio.

– Vine por un vaso de agua a la cocina, comprenderás que Anne y yo nos hemos quedado aquí mientras esperábamos a que tú e Inuyasha despertaran. – Se acercó a la camilla y de forma instintiva me abracé más a Inu, intentando evitar que me apartaran de su lado. – No voy a sacarte de allí pequeña, sólo quiero saber cómo estás

Me miró preocupado a una distancia prudente.

– Bien… estoy bien.

– ¿No hay dolor? Considerando que quitaste las vías venosas que te entregaban analgesia…

Seguí su mirada hasta mis brazos, donde habían moretones como clara muestra de que no había sido muy delicada al arrancar las agujas. Ahora que lo mencionaba fui consciente del dolor punzante en mi pecho.

– Un poco.

– Hmm…

– No viniste a verme antes. – Exclamé acusadora.

– Tenía miedo, la última vez dijiste que me odiabas.

Se sentó en mi camilla y me miró fijo.

– Quiero saber como es que Inuyasha está en este estado… Estoy segura de que puedes darme la respuesta, ya que fuiste la última persona que vi entrar antes del caos.

– ¿Es necesario que te enteres de esas cosas?

– Si. – Suspiró.

– En el momento en el que Lin Intentó asesinarte, Ryu le disparó a Inuyasha, pero como todos sabemos este tipo es un testarudo, asi que obviamente en vez de morir ocupó todas sus energías para romper el cuello de Ryu, quitarle su arma y dispararle a Lin en el momento justo para evitar que arrancara tu corazón.

Ah… eso sonaba bastante creíble.

– Entonces la herida de su corazón…

– Es responsabilidad de Ryu, lamento que no puedas vengarte, porque el sujeto ya está muerto.

– ¿Vengarme?

– Por eso querías saberlo ¿no? Quieres venganza.

– Quería, a estas alturas da igual… – Miré a Inuyasha y acaricié su rostro. – ¿Cómo es que la vida es así de injusta conmigo?

– ¿Injusta? Estás viva, a pesar de todos los líos en los que te has metido por ignorar nuestras advertencias.

– Me siento muerta en vida si él está así.

Noah guardó silencio, luego sonrió.

– Realmente te has enamorado de Inuyasha. – Musitó. Guardé silencio, a decir verdad no era un tema de conversación que quisiera compartir con él. – ¿Vas a dejar el trabajo de cazarrecompensas? – Preguntó.

– No puedo seguir en esto mientras esté embarazada.

– ¿y después?

– Después… no lo sé. – Respondí honesta. – Me gusta la adrenalina de este trabajo.

– Y eres realmente buena en lo que haces… pero la verdad es que me dejarías más tranquilo si decidieras seguir otro camino, quizás serías buena doctora. – Me reí.

– Pasar de asesina a salvavidas es un poco extremo, Noah.

– ¿Qué opina Inuyasha?

– Inuyasha quiere una vida tranquila, supongo que nuestros bebés son el motor impulsor de esa idea, es la opción más razonable, también quiero estar ahí para ellos, verlos crecer… pero extrañaré la adrenalina.

Me sonrió.

– Vas a ser una excelente mamá, apuesto a que las ganas de asesinar pasarán a segundo plano cuando veas lo feliz que puedes ser con tu familia.

– Tal vez. – Acaricié mi pancita y volví a mirarlo. – ¿Tu quieres tener hijos?

– Más adelante quizás, por ahora es demasiada responsabilidad para mí.

Ambos nos reímos. Noah se puso de pie y suspiró.

– Voy a dejarte dormir Kag, es tarde.

Se acercó para dar un beso corto sobre mi frente y me sonrió para luego caminar a la salida.

– Noah… – Se giró a mirarme. – ¿Crees que Inuyasha despierte?

– No lo sé. – Respondió. – Pero mantente hablándole, no le permitas olvidar que estás esperándolo… si yo fuera él querría regresar a ti todas las veces que fueran necesarias.

Asentí.

– Gracias… por todo y perdón por haber dicho que te odiaba, era mentira.

– Lo sé, también comprendo que fue un momento de enojo, sólo espero que te hayas dado cuenta de que todo lo que hice fue por tu bien.

Asentí y sonreí. Miré sus manos en busca del vaso de agua que se suponía había bajado a buscar y no lo encontré, quizás aquello había sido una simple excusa.

– Descansa Noah.

– Tu igual Kag, te adoro. – Y salió.

Abracé a Inuyasha una vez más y me preparé para dormir junto a él, sin importarme si aquello me traía problemas por la mañana, cuando las enfermeras descubrieran que tendrían que volver a conectarme y a pincharme una vez más.


'

(Perspectiva de Inuyasha)

El café y su vapor se lucieron frente a mis ojos mientras yo intentaba con todos mis esfuerzos comprender por qué escuchaba a Kag en mis pensamientos. Me había encargado de cancelar nuestra salida al cerro, no estaba preparado para verla.

No quiero pensar que tienes algún tipo de contusión cerebral por un golpe, pero has estado mirando el tazón por 20 minutos sin decir nada, ¿para eso me invitas? – Subí mi mirada a la de Miroku, para encontrarme con su rostro burlesco.

Tengo un problema. – Musité.

Puedo notarlo. – Exclamó sarcástico. – ¿Es algo relacionado con la universidad? – Negué con la cabeza. – ¿Tus padres han vuelto a pedirte que vayas a visitarlos? – Volví a negar.

¿Te acuerdas de una Kagome que he mencionado en un par de conversaciones?

Había conocido a Miroku en el primer año de universidad, por lo que toda mi historia con Kag era un tema que apenas había salido a la luz en conversaciones con él.

Kagome… Ah, la chica que se supone es tu mejor amiga. – Asentí mientras bebía un sorbo de café. – Pero de la que en verdad estás enamorado.

Me atoré con el líquido caliente bajando por mi garganta y no conforme con ello también quemó todo a su paso antes de llegar a estómago.

Nunca he dicho que estoy enamorado de ella.

No necesitas decirlo, a decir verdad te conozco hace un par de años, pero he notado que tú no mantienes amigas por mucho tiempo, tampoco las recuerdas a menudo. El que hayamos hablado en un par de oportunidades sobre ella me da indicios de que es importante.

Por supuesto que es importante.

Y la amas…

¡No! – Puso sus ojos en blanco y decidió seguir con la conversación.

¿Qué pasa con Kagome?

Kagome está aquí, hospedándose por una semana por unos trámites.

¡Fantástico! ¿Podré conocerla?

Seguro, el tema es que sus trámites están relacionados con el hecho de que ha conocido un chico…

Okey…

Y va a casarse.

Oh…

Si. – Exclamé.

¿y eso te afecta?

No quiero que venga un tipo que se crea con el derecho de alejarla de mí.

Porque estás enamorado…

Miroku… para con esa hipótesis de mierda. – Se rio a carcajadas.

Bueno, de todas maneras aun no me explicas cuál es el problema.

Me acosté con ella hace un par de noches.

El silencio sepulcral mientras me miraba fijo me hizo sentir incómodo, y aquello sólo aumentó cuando estalló en carcajadas mientras sus ojos comenzaban a lagrimear.

No puedo creerlo, te la has cogido ahora, justo cuando está comprometida… Si que eres un desgraciado.

No es la primera vez, es sólo que… no importa, olvídalo. El problema es que he empezado a escucharla en mi mente y he soñado con ella, como si estuviéramos en otras vidas completamente diferentes, donde ella está embarazada y parece amarme.

Me miró extrañado.

Suena como una pesadilla para alguien como tu. ¿Y eso empezó a pasar desde que volviste a verla? – Asentí. – Quizás es sólo porque la extrañabas mucho.

No lo sé, se siente… extraño.

¿Ahora quieres tener hijos?

Ni ahora ni nunca. – Exclamé seguro. Aunque no podía negar que mi mente se había encargado de imaginar una Kagome embarazada demasiado adorable para ser real.

Quizás deberías distraerte… salir, conocer otras personas, dormir bien. Todo eso y aparte asumir que quizás en algún rincón de ese impenetrable corazón puedas tener sentimientos por ella más allá de su amistad. – Me preparé para negarlo. – Y no, no necesitas volver a negarlo, sólo meditarlo con calma, después de todo eres un ser humano, podrías tener sentimientos ¿no?

Me reí.

Supongo que sí.

Y el hecho de que se haya acostado contigo… quizás es una buena señal para ti, aunque pésima para su prometido, pobre imbécil, ¿No te sientes culpable?

Para nada.

Por supuesto que no, se me olvidó por un instante con quién estaba hablando. – Exclamó sarcástico.

Me recomendó relajarme, dormir temprano y decidí escuchar sus consejos. Kagome llamó en un par de oportunidades, sin embargo tuve miedo de contestar. Sólo me recosté en la cama y con el tiempo me sentí dormitar, aunque aún levemente consciente.


Fue instantáneo el como su aroma de pronto me envolvió y sentí su tacto a mi lado… Okey, estaba soñando otra vez, me concentré en permanecer dormido.

He estado pensando… en lo mucho que han cambiado las cosas desde que te conocí.Musitó mientras se abrazaba a mi.

¿Ah si? – Pregunté mientras me recargaba en su cabeza.

Me has transformado en todo lo que detestaba: Enamorada y dependiente hasta el punto de estar hablándote a pesar de que sé que no puedes escucharme.

La abracé a mi cuerpo e intenté mirar su rostro, sin embargo no lo logré.

Estoy escuchándote Kag, siempre estoy escuchándote.

Tomando en cuenta aquello, te pido… No, te exijo que vuelvas aquí ahora.

Aquello fue poco comprensible para mi.

Pero si estoy aquí, contigo.

No puedes huir, no ahora que me tienes aquí esperando por ti, por favor…

Su voz sonaba quebrada, no supe como responder a sus palabras, pero seguí el impulso de abrazarla, de consolarla, a pesar de que no entendía su tristeza.

Sentí un pequeño movimiento suave contra mi mano y me sobresalté.

Bien… supongo que ellos también te lo están exigiendo. Musitó.

¿Ellos?


Desperté de golpe, mi corazón latiendo rápido y con fuerza, el zumbido en mis oídos me aturdió. Llevé mis manos a mi cabeza por la jaqueca repentina mientras sentía un dolor agudo en mi pecho.

Me levanté y caminé a la cocina, necesitaba un vaso de agua. Mientras bebía el primer sorbo golpearon mi puerta con fuerza, arrugué mi entrecejo confundido, sobre todo cuando miré la hora en mi reloj: las 4 de la mañana.

Caminé hacia la puerta y abrí con desconfianza. Desde afuera Kagome me miraba enfadada, escondiendo la mitad de su cara con una bufanda en rojo enrollada alrededor de su cuello.

¿Kag? Qué haces aquí, son l… – Fui interrumpido de lleno por una bofetada que hizo eco en el pasillo del edificio. – ¡Auch!

¡Te llamé al menos 10 veces! ¿Qué era más importante que verme hoy?

Sólo estuve ocupado, no merecía una bofetada por ello. ¿Sólo has venido a golpearme a las 4 de la mañana?

La vi apretar sus puños mientras su ceño se arrugaba aún más.

En un movimiento rápido apoyó sus manos en mi pecho y me empujó hacia el interior, cerrando la puerta de una patada. Me vi ahí, acorralado entre la pared y su pequeño cuerpo, pude notar que incluso en la oscuridad ese molesto anillo parecía relucir en su dedo anular.

No puedes ignorarme… – Musitó, su rostro cerca del mío me permitió detectar un deje de whisky en su aliento.

¿Bebiste de más?

No.

No pude seguir preguntando, no cuando sus labios se pegaron a los míos, en una caricia cálida, aunque un poco más agresiva de lo habitual.

Kagome… – Exclamé entre besos. La sujeté por los brazos en un intento de alejarla. – Tu y yo sabemos que mientras yo este sobrio y tu ebria esto no va a suceder.

No estoy aquí por efecto del alcohol, todo esto… soy consciente de lo que quiero.

Volvió a besarme mientras sus manos recorrían hasta llegar al final de mi camiseta, donde introdujo sus manos para acariciar mi abdomen.

Necesito tanto de ti… – Susurró contra mi cuello.

Dio una pequeña mordida sensual y sentí mi autocontrol flaquear. Suspiré y tomé su rostro entre mis manos, ella me miró fijo.

¿Estás segura de esto? – Asintió. – ¿Cuánto bebiste?

Inuyasha… bebí un par de vasos, por favor deja de actuar como un idiota preocupado, el alcohol es el empujoncito que necesitaba para esto, para saber que es lo que realmente quiero.

La miré buscando algún deje de inconsciencia, puso sus ojos en blanco y se alejó.

Puedo irme si vas a decidir actuar como un chico correcto. – Exclamó.

Dio un paso hacia atrás, alejándose de mí, mientras sonreía juguetona y el chocolate permanecía fijo en mis ojos. Correspondí a su sonrisa, la tomé por la cintura para acercarla de una vez y con mi mano libre la tomé por el mentón.

Sin arrepentimientos después…

Sin arrepentimientos. – Exclamó segura.

¿Y nuestra amistad?

Intacta obviamente.

Perfecto.

Perfecto. – Correspondió.

Me sonrió una última vez antes de volver a besarme. Su lengua rozó con suavidad mis labios entreabiertos y los abrí gustoso de recibirla, enredando la mía con la suya.

Me deshice de su bufanda, luego tomé su cabello en un manojo y lo jalé hacia atrás, bajando hasta su cuello para lamer el surco de su yugular, arrancando un par de jadeos que resonaron en mis oídos.

Giré para dejarla acorralada contra la pared y acaricié sus senos por sobre la tela de su ropa. Una de las cosas que más me encantaban de Kag eran sus pechos, siempre turgentes y redondeados, llenando el agarre de mi mano por completo.

Sentí su mano bajar hasta la amarra de mi buzo mientras gemía bajito. Luego de desatarla se encargó de quitar mi camiseta.

Bajó y dio besos cortos sobre mi torso mientras yo a duras penas aguantaba las ganas de adentrarme en su interior y mi miembro clamaba por un poco de atención.

Un poco de paciencia Inuyasha… – Susurró bajando sus manos y acariciándolo por sobre la tela, aquello logró arrancar un gemido ronco de mi garganta.

Lo masajeó con aquella experiencia que me volvía loco, ejerciendo la presión y velocidad exacta para llevarme al delirio.

Joder Kag. – Jadeé.

¿Me extrañabas? – Susurró cerca de mis labios.

Un poco… – Me costó elaborar esa simple frase.

¿Un poco? – Preguntó fingiendo estar dolida mientras aumentaba la velocidad.

Se detuvo de golpe y abrí los ojos mientras ella esperaba pacientemente a que corrigiera lo que acababa de decir.

Okey, bastante. – Exclamé honesto. Me sonrió mientras levantaba su vestido con lentitud y llevaba mi miembro a su entrada, haciendo a un lado sus bragas. Se encargó de moverlo por sus pliegues.

¿Sientes lo húmeda que estoy por ti? – Susurró contra mi oído para luego morderlo. Intenté penetrarla, sin embargo se alejó con una risita suave. – No, no aún.

Se movió para aumentar el roce entre los dos, poco me importó dejarme llevar mientras gemía ronco sin ningún pudor y apretaba mis manos contra la pared, intentando controlarme.

Ella gimió bajito, siendo consciente de que aquello me provocaba aún más, mientras no me quitaba la mirada.

¿Listo Inuyasha? – Jadeó.

No respondí, sólo actué por impulso, tomando sus manos y sujetándolas sobre su cabeza, mientras tomaba impulso para penetrarla de una sola vez. Me adentré en ella de golpe y hasta el fondo, el gemido de ambos se mezcló, seguido de algunos jadeos mientras yo apoyaba mi frente en la suya. No me moví hasta que sentí sus caderas comenzar un vaivén.

No me preocupé demasiado por controlar mis embestidas, eran desesperadas, estaba consciente de ello, pero sus gemidos contra mis labios y sus uñas enterrándose en mi espalda eran una clara señal de que a ella tampoco le preocupaba demasiado.

¡Dios! – Gritó, mientras sus manos se movían un poco más arriba, esta vez para jalar mi cabello.

La levanté dejando su espalda apoyada en la pared y sonreí cuando ella captó mi plan, abrazándose a mi cuerpo con sus piernas y haciendo más profundo nuestro encuentro.

Sentí el placer acumularse en mi vientre bajo, tensándose mientras mi miembro latía en su interior. Tenía que aguantar, tenía que esperarla. Bajé la velocidad, completamente consciente de que ella disfrutaba más de los movimientos lentos.

Sus gemidos se hicieron más largos y altos, intenté acallarlos con besos, a pesar de que me encantaban. Sus paredes se apretaron a mi alrededor y me miró mientras se sujetaba a mi cuello. Cerró sus ojos con fuerza y se abrazó a mi cuerpo cuando alcanzó el orgasmo, gimiendo alto con su respiración entrecortada. El aumento en su humedad me ayudó a alcanzar el clímax de inmediato, en seguidilla al de ella, con un gruñido ronco.

La abracé a mi cuerpo, mientras intentaba controlar mis sensaciones y ella besaba mi hombro.

Inu…

¿hmm?

Vuelve a ella… – Ah, aquí íbamos una vez más con los acertijos.

Deja de decir cosas tan extrañas… – Rogué. – Estoy aquí, estoy aquí contigo.

Besé su frente y ella negó con la cabeza.

Vuelve, necesitas volver, será otra vida, otra Kagome, pero te prometo que el amor será el mismo. – Me sonrió y dio un beso corto sobre mi boca.

Cállate, quiero estar aquí, quiero estar contigo. – Exclamé con miedo mientras la abrazaba más fuerte. – No seas tonta…

Shhh…


'

(Perspectiva de Kagome)

Sentí una suave presión sobre mi abdomen, la que logró despertarme. Abrí los ojos lentamente, a pesar de que el sol aún no aparecía.

Me sobresalté cuando recordé que dormía junto a Inuyasha. Fijé mi vista en mi vientre, donde su mano parecía mover con esfuerzo sus dedos sobre mi piel.

Mi corazón latió con fuerza y temblé por completo, incapaz de creer lo que estaba viendo. Subí mi vista a su rostro y acaricié su mejilla.

– ¿Inuyasha? – Susurré, incluso así mi voz sonó quebrada, débil.

Arrugó el entrecejo sutilmente, luego entreabrió sus ojos, dejando ver un atisbo de aquel dorado que tanto extrañaba. Me miró confundido por unos segundos…

– Kagome... – Susurró.

No quise llorar, o al menos no quise que lo viera, solo lo abracé con fuerza, con miedo de que se esfumara frente a mi y segundos después el escondió su rostro en mi cuello.

– No vuelvas a dejarme. – Ordené. – No puedes dejarme.

Aquella última frase en un sollozo de todas formas me humilló, pero no me importó, él estaba con vida, él estaba despierto.

– Tu me has hecho volver. – Musitó contra mi piel. – Tu eres todo para mi.

Salió de mi cuello para mirarme fijo y me sonrió, incluso viéndolo frente a mi, fui incapaz de creer que era real y las lágrimas rodaron por mis mejillas.

– Pensé… Pensé que te había perdido. – Sollocé. – No quiero perderte.

Acarició mi mejilla, barriendo con el rastro de mi debilidad. Dio un beso corto sobre mis labios y sólo con aquello supe que no estaba soñando, que era real. Me abrazó a su cuerpo y volví a sentirme protegida, a pesar de que su agarre era más débil de lo habitual.

– Te amo. – Musitó.

Bajó su mirada a mi pancita que destacaba entre los dos y sus ojos se abrieron sutilmente, luego volvió a mirarme.

– Están a salvo. – Musitó incrédulo. – Pensé… pensé que… – No pudo seguir hablando, supuse que tenía relación con las lágrimas que amenazaban con abandonar sus ojos.

– Gracias a ti. – Tomé su rostro entre mis manos y pegué mi frente a la suya. – Lo siento… siento haberte desobedecido, siento haber roto la promesa.

Me abrazó una vez más mientras peinaba mi cabello.

– Ya no importa… olvida todo eso.

Lamió la marca de mi cuello y una sensación electrizante me recorrió de la cabeza a los pies.

– Mi Kagome, mi querida Kagome... – Susurró

No se movió de aquel lugar, sin embargo minutos después sentí su respiración acompasada, y supe que se había dormido una vez más.

Permanecí tranquila, consciente de que el agarre firme que me mantenía pegada a su cuerpo era la prueba de que esta vez él estaba a mi lado y eso era todo lo que necesitaba para ser feliz.