PD: NO LEAS ESTE CAP SIN LEER EL ANTERIOR, HE SUBIDO TRES CAPS SEGUIDOS.
'
Capítulo 35.- El camino que recorremos juntos II
3 meses después, Agosto 2016
(Perspectiva de Inuyasha)
Con el tiempo convencí a mi padre de seguir trabajando para él, no en mi faceta de asesino claramente, si no como entrenador de los nuevos agentes, aquellos sin experiencia. Había dos de los más de veinte que llamaban particularmente mi atención: Hideki y Hanako.
Hideki y Hanako habían entrado casi a la par a la empresa de mi padre, ambos youkais de apenas 50 años, con una apariencia juvenil e inmadura de apenas 20. Hideki era un chico impulsivo, con poca paciencia. Hanako era más tranquila y metódica. Y como todos sabemos, los polos opuestos… se atraen.
Los vi luchar frente a mi, cuerpo a cuerpo con una daga cada uno. Hideki siempre atacaba de los primeros, en cambio Hanako esperaba el movimiento de su contrincante.
Por supuesto que la chica no tardó en tenerlo a sus pies, tal y como Kagome lo había hecho en más de una oportunidad conmigo.
– Eres demasiado impulsivo. – Musitó con la daga contra su cuello.
– Y tu demasiado pasiva.
– Ella utiliza tu fuerza a su favor. – Interrumpí. – Considero que es una excelente estrategia. – Hanako me sonrió orgullosa y se puso de pie. – ¿Pero que harás el día que tu oponente no ataque primero?
– Esperar a que lo haga. – Respondió segura.
– ¿Y si eso nunca sucede?
Aquello parecía imposible para ella.
– Solo en ese entonces atacaría yo. – Exclamó mientras apretaba la coleta de su cabello. – Probablemente con un arma a distancia.
Excelente respuesta. Asentí y me sonrió, para luego salir de la sala de entrenamiento. Entre tanto Hideki permaneció en el suelo.
– Luces un poco derrotado… – Exclamé burlón.
– Quizás no sirvo para esto.
– Soy yo quien decide eso, si no sirvieras créeme que no estaría gastando mi tiempo contigo, estaría en casa con mi familia.
Me acerqué y extendí mi mano hacia él, para ayudarle a ponerse de pie, él la tomó de inmediato.
– ¿En qué estoy fallando? – Preguntó.
– En tu impulsividad, créeme, lo sé de primera mano, soy igual que tu, jamás podría esperar a que mi enemigo atacará primero. Eso te obliga a ser más rápido, es en eso en lo que tienes que trabajar.
– Soy rápido.
– No lo suficiente. – Exclamé poniéndome frente a él. – Debes aplicar técnicas que acaben con tu enemigo en segundos, todo lo demás no sirve.
No avisé cuando me acerqué a atacarlo, solo di un golpe certero en su pecho para hacerle perder el equilibrio.
– ¡Hey! No estaba listo.
– ¿Crees que el enemigo va a esperar a que estés listo? – Me miró serio mientras se ponía de pie y asintió.
– Te enseñaré mi propia técnica, sólo porque me agradas. – Exclamé.
– ¿Y esa técnica en qué consiste?
– En arrancar corazones. – Me miró sorprendido.
– ¿Literalmente?
– Literalmente. Lo que tienes que tener en consideración es la zona a la que tus garras tienen que apuntar, que es justo aquí. – Musité mientras indicaba su pecho. – Un golpe certero que atraviese y no tarde más de un segundo en sacar lo que necesitamos para una victoria.
– ¿Cuantos…
– Perdí la cuenta hace varios años. – Exclame adivinando su pregunta orientada a cuantas víctimas había asesinado así.
– Wow…
– Te llevaré conmigo a una misión apenas vuelva a las pistas, esto de ser tu entrenador es temporal.
– ¿Por qué?
– Necesitaba recuperarme de una herida y no ponerme en riesgo mientras mi novia está embarazada.
Me sonrió.
– Asi que eres alguien de familia…
– No te burles… – El chico rio.
– ¿Y tu novia es asesina como tu?
– De las mejores… – Exclamé honesto.
– ¿Y volverá a esto?
– No lo sé, Hanako me recuerda mucho a ella. – Musité y vi de reojo como se tensaba. – Ambas son bastante listas a la hora de pelear.
Asintió y suspiró, mientras recogía su daga del suelo.
– Si quieres un consejo de vida, yo no esperaría demasiado para decirle a Hanako que tienes sentimientos por ella. – Musité sin darme demasiadas vueltas.
– JA, ¿sentimientos? ¿Cómo alguien como yo podría fijars… – Sólo bastó una mirada de mi parte. – Okey… No sé cómo decírselo.
No era el mejor dando consejos amorosos, no estaba dentro de mis capacidades.
– ¿Te parece si vas a cenar a mi departamento hoy? Apuesto a que Kagome puede ayudarte más que yo con ello. – Me miró en shock por unos segundos.
– ¿Kagome es tu novia? ¿Kagome Higurashi? – Su voz sonaba impactada, asentí confundido. – Desde que he entrado en este mundo, su nombre parece resonar en todas las buenas historias de cazarrecompensas, tiene un muy buen historial de asesinatos, soy su fan. – Me reí.
– Bueno, hoy tienes la oportunidad de conocerla, a las 8, ¿te parece?
– ¿Por qué no antes?
– Hay algo que tengo que hacer durante la tarde. – Musité.
– Bien, a las ocho.
– Te enviaré la dirección.
Se despidió con un gesto de su mano y caminó contento hacia la salida. Sonreí y llevé mi mano a mi bolsillo, la cajita de terciopelo azul reflejó parte de la luz de la habitación.
– ¿Cómo están esos ánimos para el gran día? – Miroku apareció de pronto. – ¿Tienes lista la reserva?
– Lista y confirmada para un par de horas.
– ¿Nervioso?
– Algo… – Me miró fijo. – Okey bastante. ¿Qué pasa si me dice que no?
– Eso no va a suceder, nadie puede resistirse a tus encantos amigo mío. – Me reí mientras mi mejor amigo palmeaba mi espalda. – Avísame cómo resulta todo, Sango y yo queremos celebrar junto a ustedes.
– ¿Cómo va el embarazo de Sango?
– Tranquilo, algunos cambios de ánimo, nada importante.
– Me alegra escuchar eso.
Puso su palma derecha en mi hombro y me sonrió.
– Siempre quise verte así de feliz, asi de enamorado de alguien que valiera la pena… Kag la vale totalmente.
Sonreí, no me detenía a pensar mucho en ello, pero la aparición de Kag había volcado mi vida en 360 grados sin ningún esfuerzo de su parte por llamar mi atención, simplemente había tenido que intentar asesinarme.
Miré mi reloj, apenas faltaba una hora para mi cita, necesitaba salir de allí.
– Te aviso como va todo.
– ¡Estaré pendiente del celular! ¡Suerte! – Gritó mientras yo salía del lugar.
'
(Perspectiva de Kagome)
Me miré en el espejo, completamente indecisa de mi apariencia. Aquel vestido en rojo oscuro no era ajustado por obvias razones, caía aglobado hasta un poco más arriba de mis rodillas, disimulando bastante bien mi enorme abdomen de mellizos.
Coloqué mi abrigo negro largo encima y una boina a juego con el vestido, los días fríos parecían no irse nunca. Mis bucles oscuros al menos se habían mantenido ordenados.
El timbre sonó y corrí a abrir la puerta. Cuando Inuyasha me sonrió del otro lado me lancé a sus brazos, abrazándolo con cariño.
– Dios te extrañé tanto. – Musité mientras daba besos cortos sobre su rostro.
– Sabes lo fanático que soy de estos recibimientos, sobre todo si terminan en la habitación, contigo encima de mí… pero estamos atrasados, la reserva es para 20 minutos más.
– Ya veremos al volver como solucionamos eso de ponerme sobre ti. – Exclamé coqueta y él me besó con deseo.
Bajamos juntos al estacionamiento, donde abordamos el auto y emprendimos viaje hacia el restaurant. Amaba la comida, asi que cualquier panorama que la incluyera era definitivamente un buen panorama.
Inuyasha se mantuvo en silencio gran parte del tiempo, pensativo y con su mente divagando en otras cosas.
– Estás más silencioso de lo habitual el día de hoy. – Me miró al ser descubierto y sonrió.
– El trabajo me tiene un poco estresado.
– Siempre puedo ir a entrenar a esos jóvenes yo…
– Hay uno en particular que es tu fan, lo he invitado a cenar hoy.
– ¿Generando lazos con tus alumnos?
– Hideki se parece mucho a mi en sus actitudes y resulta que se ha fijado en Hanako, otra estudiante de mi clase.
– Apuesto a que ella te recuerda a mi.
– Exacto.
– Dios Inuyasha, ¿Desde cuando estás haciendo de cupido?
– Tu eres mejor con los consejos amorosos, sólo quiero solucionarle la vida a Hideki, si ha encontrado al amor de su vida a sus 50 años, definitivamente no debe perder un segundo más… yo habría estado encantado de conocerte a esa edad. – Sonreí mientras tomaba mi mano.
– Bien… seré la consejera amorosa por ti.
– Hablando de consejos amorosos… Si este muchacho Hideki, le propusiera matrimonio a Hanako, ¿Cómo crees que debería hacerlo?
– ¿No es un poco apresurado? Apenas tienen 50 años…
– Ambos son youkais adultos, que yo los trate como pequeños es un tema mío.
Medité su pregunta por unos segundos mientras bebía de mi vaso de jugo.
– No lo sé, nunca he pedido matrimonio, pero supongo que debe ser algo inolvidable, romántico y cliché.
– Como con una reserva en un restaurant lujoso...
– Exacto. – Exclamé mientras me concentraba en cortar un trocito de mi pastel de postre.
– Fantástico, es curioso que lo menciones porque… – Levanté mi mirada hacia él mientras lo veía sacar una cajita pequeña de su bolsillo. Mierda. – Justo estaba pensando en pedirte matrimonio, de esa misma manera.
– Bromeas. – Musité, apenas me salió la voz.
– ¿Pareciera que estoy bromeando? – Preguntó mientras abría la cajita frente a mi y tomaba mi mano por sobre la mesa. Mientras tanto yo guardaba silencio, completamente incrédula. – Hemos pasado por muchas cosas…
– Muchas… – Correspondí.
– Demasiadas. – Exclamó. – Considerando el hecho de que intentamos asesinarnos mutuamente, y luego nos amamos, y luego intentamos matarnos una vez más, la verdad es que no puedo pensar en nadie más que en ti como compañera de vida.
– Eso suena patológico. – Se rio.
– Lo sé, esperaba tener un mejor discurso, pero bueno, importa una mierda. – Musitó y me reí. – Te amo Kag, amo cada parte de ti, amo lo que soy cuando estoy a tu lado y amo el equipo que formamos juntos. Soy la mejor versión de mi mismo por ti, y siento que puedo lograr cualquier cosa contigo. – Apretó mi mano con la suya mientras el dorado de sus ojos me miraba fijo y yo sentía los latidos de mi corazón acelerarse. – Es cierto que el amor nos hace vulnerables, como me lo dijiste en más de una oportunidad, pero contigo me siento invencible, tu eres mi camino, tu eres mi fortaleza y el amor de mi vida. De verdad considero que sería el mayor de los honores el que alguien como tú aceptara casarse conmigo, y me harías el hombre mas feliz de este mundo.
– Inuyasha… – No supe qué decir, de pronto mis latidos hacían eco en mis oídos y se me hacía cada vez más difícil respirar. – Yo…
Me miró con expectación. No pude seguir hablando, un dolor agudo en mi abdomen tensó mi rostro de inmediato, quise gritar, pero definitivamente no era el momento.
– ¿Pasa algo? Te has puesto pálida. – Musitó mientras acercaba su mano a mi rostro.
– Yo… – Intenté tomar una bocanada de aire, nada podía arruinar este momento.
Error, todo podía arruinarlo. Sentí un nuevo calambre en mi vientre y luego un líquido tibio escurriendo por mis piernas. No, por favor no ahora. Miré con disimulo mis piernas y la poza que se hacía cada vez más grande bajo mi puesto, desde allí en adelante el dolor no cesó y sólo se hizo más fuerte. Me aferré a la mesa con mis garras mientras mis ojos ardían, el dolor era tal que estaba sacando a flote mi energía youkai.
– Sácame de aquí. – Rogué. Inuyasha no comprendía nada, podía verlo en su rostro, que por cierto también había perdiendo el color. – mi respuesta es sí, pero necesito salir de aquí, ahora.
– Estás sudando… – Un grito de dolor de mi parte lo hizo ponerse de pie de inmediato, golpeando la mesa con el movimiento brusco y botando algunas cosas. – Okey, te saco de aquí
Para mi mala suerte, el restaurante estaba lleno de ojos curiosos mientras Inuyasha me cargaba en sus brazos. Pude sentir su corazón latiendo con fuerza contra mi mejilla mientras seguía mis instintos y me acurrucaba en su pecho en un intento de desaparecer.
– Todo va a estar bien, tienes que estar tranquila. – Musitó mientras caminaba al auto a paso rápido.
Probablemente esa frase era un intento de calmarse a sí mismo también, su cuerpo temblaba por completo y sus manos apenas podían coordinar movimientos cuando intentó abrochar mi cinturón.
– Lo siento… he arruinado todo. – Musité.
– Shhh. – Me calló mientras se sentaba frente al volante y yo abrazaba mi propio abdomen por los jodidos calambres constantes.
– Aún no debería estar pasando esto, me faltan dos semanas. – Exclamé apenas.
– Tengo nula experiencia en esto, pero para mi parece bastante obvio que estas en trabajo de parto Kag.
El camino al hospital privado de la mansión de la familia Taisho se me hizo por primera vez eterno, mientras veía los árboles pasar uno tras otro en un intento de distraerme, no funcionó. Inuyasha estacionó frente a la entrada y se movió con rapidez para llevarme dentro. Izayoi fue la primera en aparecer y captar todo sin necesidad de explicación.
– Le avisaré al médico. – Exclamó.
– ¡Gracias! – Gritó Inuyasha mientras me llevaba hacia la sala médica.
Otra vez de vuelta en la camilla, pensé.
Intenté no volver a gritar, Inuyasha se mantuvo a mi lado y no quise preocuparlo de más, pero podía sentir casi literalmente como si me abrieran a la mitad.
– No es necesario que ocultes el dolor. – Musitó mientras acariciaba mi mano entra la suya, sentado a mi lado.
No fui capaz de responder, sólo esquivé su mirada en un intento de evitar sentirme vulnerable, no quería llorar, yo no lloraba.
Fue varios minutos después que un doctor alto que no conocía me sonrió desde la puerta, quise golpearlo ¿quien podía sonreír en un momento como ese?
– Buenas Tardes Kag, estoy aquí para ayudarte, ¿Cómo te sientes? – Lo miré enfadada mientras mi respiración se hacía cada vez más rápida. – Bien, no preguntaré estupideces.
Inuyasha aguantó una risa a mi lado. Un par de enfermeras aparecieron, ayudándome a cambiar mi ropa por una bata de hospital, de aquellas que odiaba.
– Bien, ¿lista? – Asentí. Una de las chicas presionó mi abdomen con una fuerza constante mientras el médico se acomodaba entre mis piernas, la miré con odio cuando el dolor punzante aumentó. – No la odies, está intentando ayudarte, no estoy a tiempo de ponerte analgesia, y considerando que eres youkai, necesitaria demasiados frascos.
– Me importa una mierda la anestesia, ¡SOLO DEJA DE HABLAR Y SÁCALOS! – Grité.
El médico me miró asustado, pero asintió. Con mis piernas flectadas y él haciendo su trabajo no volví a verlo, cerré los ojos para dejar de ver también a la enfermera que cargaba su peso en mi vientre, intenté concentrarme en el toque de Inuyasha y en su mano apretando la mía hasta cortarme la circulación.
– Lo siento… todo va a pasar pronto. – Susurraba contra mi oído. No respondí nada.
No supe por cuanto tiempo se extendió esa tortura personal, pero se sintió como si fueran horas. A pesar de todo el estrés me sentí un poco más liviana cuando escuché un llanto hacer eco en aquella sala blanca y me permití descansar por unos momentos.
'
(Perspectiva de Inuyasha)
Aquel llanto de bebé me permitió respirar un poco más en calma. Enfoqué mi vista en aquella pequeña criatura sonrojada en los brazos del médico, mientras este la limpiaba y la envolvía con una mantita.
– Bien, tenemos una niña primero. – Exclamó el doctor mientras se la entregaba a una enfermera. – Vamos con el segundo.
Miré a Kagome, quien apenas tenía energía, sus ojos se entrecerraban y su frente estaba poblada por gotitas de sudor, pero a pesar de ello sonreía, con su vista fija en aquella pequeña bebé que juntos habíamos creado. Apretó mi mano y de pronto me miró fijo, el chocolate parecía ser aún más cálido de lo habitual.
– Somos padres… – Susurró con poca energía. Asentí y besé su frente.
– Has hecho un excelente trabajo hasta ahora pequeña, solo un poco más de esfuerzo y después podrás dormir todo lo que se te plazca. – Su risa suave me hizo feliz.
– Sólo un poco más… – Susurró para sí misma, como si intentara darse ánimos.
La vi tomar una bocanada de aire y luego de ello esforzarse al máximo. Se aferró a mi mano con fuerza desmedida mientras gritaba y el doctor seguía hablándole.
– Vas bien Kag, un poco más.
El grito desgarrador de Kagome fue acompañado de un segundo llanto, y un segundo cachorro.
– ¡Y tenemos al varón! – Exclamó la matrona mientras el doctor asentía entre las piernas de Kag.
– Lo has hecho excelente. – Exclamó mientras sonreía. - Tienes dos adorables mellizos.
– Quiero verlos. – Susurró demandante.
– Todo a su tiempo… – Contestó el doctor.
Sentí su corazón acelerarse, completamente estresada.
– Ella no va a descansar sin verlos. – Musité. – Y probablemente encontrará energías para matarlos a todos aquí si es que le niegan esa oportunidad.
Lo miré serio, para que comprendiera que no era una broma, segundos después asintió.
El llanto de nuestros dos cachorros era sorprendentemente coordinado. Los tomé entre mis brazos con delicadeza máxima y los coloqué con sus mantitas justo entre Kag y yo. Ella apenas abrió los ojos, pero sonrió tranquila. Se acercó a nosotros, acurrucándose como pudo y segundos después se durmió exhausta, mientras yo acariciaba sus bucles y los bebés mágicamente dejaban de llorar. No sabía hasta ese momento que el amor y la admiración que sentía por ella podía ser aún más grande.
Agradecí que nadie nos molestara, por el contrario nos dieron ese espacio para vivir ese momento único entre los dos. A pesar de ello no pude dormir, me mantuve contando las respiraciones de mis bebés, admirando cada detalle en ellos. Pude notar que el varón tenía facciones un poco más grandes, similares a las mías, mientras que la chica se parecía más a Kag. Ambos tenían poco cabello, sin embargo al parecer en ello eran nuestros opuestos; pues el chico tenía cabello azabache, mientras que la niña lo tenía más platinado grisáceo, aunque en una mezcla perfecta de mi tono y el de Kag. Habría que esperar para ver sus ojos, pero estaba ansioso por verlos.
Los ojos de Kagome se abrieron de golpe y me miró fijo, para luego sonreírme.
– Hola tu.
– Hola pequeña.
– ¿Todo bien?
– Todo perfecto. – Musité mientras acomodaba las mantas sobre la bebé, quien era bastante inquieta para dormir en comparación a su hermano. – ¿Cómo te sientes?
– Extremadamente liviana. – Exclamó mientras se estiraba.
– ¿Dolor?
– Un poco, soportable de todas formas. – Asentí y me acerqué para dar un beso corto en sus labios.
– Hoy he visto en ti una nueva faceta y me has hecho darme cuenta de que siempre puedo amarte más. - Me sonrió.
– Gracias por permanecer a mi lado, estaba asustada. Lamento haber arruinado la cena, tendrás que decirle a tu alumno que será otro día.
– No te preocupes, él va a comprenderlo. – Besé su frente con cariño. – Siempre voy a estar a tu lado.
La vi acercarse a mi, con el cuidado de no aplastar a los dos pequeños entre los dos. Apoyó su mano izquierda en mi mejilla derecha y cerró sus ojos mientras suspiraba. La sentí rozar mis labios mientras su aliento tibio y dulce me provocaba escalofríos. Mordí su labio inferior con suavidad y sonrió sutilmente justo antes de pegar su boca a la mía y ahondar la caricia, tal y como me encantaba.
Amaba sus besos lentos y apasionados, amaba estrecharla entre mis brazos mientras mi mano acariciaba su mejilla, notando lo suave que era su piel.
La sentí tensarse de pronto y separarse de golpe. Casi al instante uno de los dos cachorros arrugó su pequeña frente antes de comenzar a llorar.
– Hambre. – Dijimos al unísono como si el instinto de pronto hubiera aparecido en nuestros corazones.
La vi acomodar al pequeño entre sus brazos como si lo hubiera hecho toda su vida y comenzar a alimentarlo mientras acariciaba su cabecita.
– ¿Has pensado en nombres? - Pregunté mientras tomaba a la bebé y la apoyaba en mi torso.
– No mucho, siento que ningún nombre es lo suficientemente perfecto para ellos. - Me reí.
– Pues ahora que están aquí, es algo que tenemos que hacer.
La vi meditar unos segundos.
– ¿Qué tal Akiko? - Musitó - "La luz brillante de nuestras vidas."
– ¿Para cuál de los dos?
– Hmm...No lo sé. - Exclamó mientras se tapaba el rostro. - ¿No pueden llamarse igual? Es demasiada responsabilidad buscar un nombre para ambos ¿Qué pasa si cuando crezcan no les agrada su nombre? ¿Van a odiarnos?
Noté en su rostro la ansiedad, su pánico era real.
– Okey Kag, ¿Qué te parece si yo escojo el nombre de la bebé y tú el de ese pequeño? Así nos dividimos la responsabilidad.
– Fantástico. – Acordó. La niña se movió inquieta en mis brazos, Kag suspiró. – Bien, creo que es momento de cambiar.
Asentí y le entregué a la niña, mientras ella me entregaba al varón, que ya había vuelto a dormirse.
– Mi madre decía que debía golpear suavecito la espalda de mis muñecos cuando era pequeña después de darles leche.
– ¿Por qué?
– No lo sé, supongo que por sus gases. – Arrugué mi entrecejo y obedecí, palmeando suavemente la espalda del bebé, ambos nos sorprendimos cuando efectivamente un pequeño eructo hizo eco entre los dos.
– Vaya… Nos queda mucho por aprender.
– Demasiado. – Coincidió mientras abrazaba enternecida a la pequeña entre sus brazos. – Son tan pequeños, tan frágiles.
Sonreí.
– Moroha. – Exclamé de pronto. – La bebé puede llamarse Moroha.
– Me gusta, ¿Lo has creado tú?
– No, se me ha venido a la mente un poema que me gustaba mucho de pequeño, un poema de mi cuento favorito, sobre una espada de la mitología, una espada con doble filo. La bebé tiene tus rasgos y mi cabello, es una mezcla de ambos, ambos filos de la espada.
Miró a la pequeña y sonrió.
– Moroha es perfecto. - Miró al niño en mis brazos y meditó por unos segundos. - Y él podría ser Dai.
– ¿"Venerado"?
– Ajá. También leía cuentos de pequeña… Dai era el protagonista de uno de mis favoritos, un guerrero de la luna, venerado y adorado por todos, justo y amable con quienes lo merecían, portador de un arma singular de dos filos... Dai será el guerrero protector que guiará y cuidará a Moroha.
– Me gusta Dai… El que ambos nombres se complementen entre ellos lo hace mejor aún. – Me sonrió y se acurrucó a mi lado. – Entonces... ¿Vas a casarte conmigo?
Me miró silenciosa, provocando ansiedad infinita en aquellos segundos.
– Definitivamente si. – musitó al fin.
Tomé una de sus manos, dando un beso en el dorso de ella. La respuesta que mas felicidad podía provocarme estaba dicha y confirmada por sus labios.
Ambos bebés permanecieron entre ambos, durmiendo plácidamente. Moroha y Dai… dos pequeños completamente indefensos traídos al mundo por dos cazarrecompensas que cruzaron sus caminos por obras del destino. Estábamos destinados a conocernos, destinados a amarnos con fervor. No tenía pruebas, pero estaba seguro de que si no era en esta vida, probablemente me habría encontrado con Kagome en otra, porque ella había nacido para conocerme y yo... había nacido para ella.
FIN
