PD: NO LEAS ESTE CAP SIN LEER LOS DOS ANTERIORES, HE SUBIDO TRES CAPS SEGUIDOS.
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Epílogo
5 años después.
(Perspectiva de Inuyasha)
La pequeña se mantuvo de brazos cruzados frente al espejo, mientras me miraba enfadada desde su altura. Sus ojos chocolate me enfocaron con rabia.
– ¿Por qué estás tan molesta? – Pregunté mientras peinaba sus cabellos.
– No me gusta llevar el pelo asi.
– Iremos a visitar a tu abuela, sabes que a ella no le gusta que lleves el pelo suelto. – Me miró triste y asintió. Seguí en lo mío con pocas ganas, luego me rendí y ella me miró confundida. – Bien, supongo que la abuela Izayoi tendrá que acostumbrarse.
me sonrió y se giró para abrazarse a mis piernas.
– ¡Gracias!
– Pondremos una pequeña cinta roja, ¿Te parece bien? – Asintió y la acomodé en su cabello plateado, admirando sus bucles libres y sueltos hasta un poco más abajo de sus hombros, idénticos a los de Kag, aunque en un color similar al mío.
La cargué en brazos y caminé hacia la sala de estar cuando el timbre sonó. Al abrir la puerta Kag me sonrió del otro lado, con Dai sujetado de una de sus manos, mientras la otra cargaba una bolsa.
– He comprado sus galletas favoritas. Dai ha sido de gran ayuda.
– ¿Ah sí? – Pregunté al pequeño; él asintió mientras cargaba uno de los paquetes de galleta.
A diferencia de Moroha, Dai tenía el pelo tan azabache como su madre, aunque sus ojos en dorado eran la marca innegable de la familia Taisho en sus genes. Ambos mellizos tenían personalidades bastante opuestas. Dai era tranquilo y sumiso, más apegado a su madre, mientras que Moroha tenía una personalidad más explosiva e impulsiva. Por lo general era de esperar que en cada travesura la mente maestra fuera Moroha, mientras Dai simplemente le seguía para cuidarla.
– ¿Trajiste lo que te pedí? – Preguntó Moroha desde mis brazos.
– Por supuesto. – Exclamó Kag mientras sacaba un pote de mantequilla de maní, gusto adquirido por su hija, quien estiró sus manitos hacia ella sonriendo. Mi teoría rebuscada era que Moroha había provocado los antojos de kag durante su embarazo.
Admiré a Kag por unos segundos, en aquel vestido blanco ajustado, siendo siempre fiel a aquel estilo que usaba desde que la conocí. Sobre él llevaba un abrigo en negro largo, que delineaba su figura a la perfección. Dejó las bolsas en la mesa, se acercó a mí y dio un beso corto sobre mis labios, poniéndose de puntillas.
– Buenos días señorita Taisho. – Como amaba recalcar que era mía, mi esposa, mi todo.
– ¿Me extrañaste? – Preguntó.
– No tienes idea de cuanto. – La abracé por la cintura y ella se colgó de mi cuello. – ¿Estás lista para salir?
– Siempre lista.
– Esa es mi chica.
Habíamos planeado este fin de semana hace algunas semanas, en un intento de descansar de la labor de padres con una reserva en un hotel lujoso. Izayoi y Touga se habían ofrecido amablemente a cuidar de sus nietos, quienes ahora mismo corrían por el comedor, persiguiéndose el uno al otro.
Tomé de su mano y la llevé a la habitación con rapidez, cerrando la puerta con cuidado. No había muchas oportunidades de calma para los dos, por lo que intentaba aprovechar cada segundo a solas con ella.
– ¿Inu? – La acorralé contra la pared, bajando mi rostro a su cuello. – Inuyasha… Los mellizos están literalmente en la otra habitación.
– Y puedes escucharlos reír mientras juegan desde aquí. ¿no? – Ambos guardamos silencio, efectivamente el eco de sus risas se escuchaba con facilidad.
Me sonrió y se estiró para besarme, mientras yo le ayudaba bajando mi estatura. Pude sentir la tela de su vestido bajo mis palmas mientras la sujetaba por las caderas.
– ¿Te he dicho lo mucho que amo tus vestidos ajustados?
– No lo suficiente.
– Me vuelves loco.
Amaba la forma en la que la tela se ajustaba a sus curvas, la forma en la que el escote dejaba ver solo parte del inicio de sus pechos, invitándome a bajar el cierre del costado para obtener un poco más de visión. No reprimí mis instintos, no mientras sujetaba una de sus piernas para instarla a abrazarme por la consciente de como la piel suave y cremosa de sus muslos se ajustó a la presión de la yema de mis dedos.
Nuestros besos desesperados, los gemidos silenciosos mientras besaba su cuello y bajaba por su escote. Todo aquello era un estímulo exquisito para mi.
se dedicó a desabrochar mi camisa con rapidez, como si estuviera ansiosa por tocar mi piel, luego de lograrlo bajó al botón de mi pantalón y rozó con suavidad mi miembro por sobre la tela con una de sus piernas, mientras mordía mi labio inferior. De forma casi inmediata sentí mis ojos arder, mientras el rojo invadía los de ella, dándome una visión perfecta del demonio dormido en su interior.
La giré para quedar a sus espaldas, apoyándola contra la pared más cercana, su trasero se pegó a mi entrepierna, moviéndose suavemente mientras yo recorría la zona de sus clavículas con mis garras. Se restregó contra mí con suavidad, llevándome al borde de mi autocontrol, el que decidí ignorar por completo. Bajé mi pantalón y mis boxer preparándome para entrar de una sola vez. La sentí apretarse a mi alrededor mientras sus garras dejaban marcas imborrables en el papel tapiz, controlando sus ganas de gemir. Me retiré lentamente para volver a entrar de golpe, sin embargo esta vez un leve gritito salió de su boca. De forma instintiva llevé mi mano a sus labios para callarla.
– Shhh… – Susurré contra su oído.
– Lo siento, lo siento. - Jadeó.
Sonreí y bajé dando besos sobre su cuello, lamiendo y disfrutando de su sabor. Era aún más excitante ver como se controlaba a sí misma.
– ¿Qué pasa Kag? ¿No hay ningún gemido para mi? – Me ignoró. Tomé su cabello en un manojo y lo jalé hacia atrás con rudeza, dejándola en una posición perfecta para besarla, mientras seguía con mis embestidas y su vestido se arremangaba por sobre sus caderas.
– Dios… te detesto. - Gimió.
– Mentirosa.
La besé con ansias, enredando su lengua con la mía, mientras sus gemidos morían en mi boca y su cuerpo se movía en sincronía con mis embestidas. Gruñí contra sus labios cuando apreté sus pechos entre mis manos ¿Cómo podía ser tan exquisita? ¿Cómo podía llevarme al límite con el mínimo esfuerzo?
– ¿Mami? – La voz de Moroha sonó clara del otro lado de la puerta. Ambos nos detuvimos de golpe. La vi tomar un suspiro.
– ¿Si? – Contestó Kag en un tono un poco más elevado.
– Dai no quiere darme de sus galletas. – Exclamó con voz de pena.
– ¡Ella no quiere darme mantequilla de maní! – Se defendió Dai con un grito.
– Tienen que compartir, las galletas y la mantequilla de maní combinan perfecto. – Exclamó Kag.
– ¡No quiero compartir! – Otra vez la voz de Moroha. Aguanté una risa mientras Kagome apoyaba su rostro derrotada en la pared. – ¿Papi está ahí?
– Estoy aquí pulguita. – Contesté.
– Dile a Dai que me de galletas. – Ordenó.
– Aprendan a compartir entre los dos o no habrá ni galletas ni mantequilla de maní cuando terminemos y salgamos de aquí. – Exclamé enojado.
Sólo hubo silencio del otro lado y unos pasos alejándose. Salí del interior de Kag y apoyé mi mentón en su hombro.
– Creo que es mejor si seguimos más tarde. – Musitó.
La giré para dejarla de frente a mí y tomé su mentón con una de mis manos.
– Vas a tener que compensarme. – Susurré.
– Perfecto, no me molesta en lo absoluto, soy buena compensando. – Se acercó para lamer mi cuello justo sobre su marca y luego me sonrió coqueta mientras los escalofríos me recorrían.
Acomodó su vestido mientras yo terminaba de abotonar mi camisa y de subir mis pantalones. Se estiró por unos segundos y caminó hacia la cama, donde habían dos maletas.
– ¿Tu padre no te ha llamado?
– No, le dije que estaban prohibidas las misiones por este fin de semana, pero puedo apostar a que el lunes tendremos que trabajar desde temprano.
– Por supuesto que sí. – Buscó el par de varillas de plata en su cajón y las metió en la maleta. – Las llevaré por si es que surge alguna urgencia.
Al salir de la habitación nos encontramos con Dai y Moroha sentados en el sofá, viendo dibujos animados mientras comían galletas con mantequilla de maní. A final de cuentas todo el berrinche y la interrupción en el mejor momento del sexo había sido por nada.
– Les dije que iban bien ambos sabores combinados. – Exclamó Kag. Ambos nos miraron y sonrieron.
– Es hora de salir, ¿tienen todas sus cosas? – Pregunté. Dai tomó su paquete de galletas, Moroha su pote de mantequilla. – Supongo que sólo eso necesitan.
– Mami ya ordenó nuestra ropa. – Exclamó Dai.
– Bien, andando. – Musité.
Moroha corrió a tomarse de mi mano, mientras Dai hacía lo mismo con Kag.
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(Perspectiva de Kagome)
Izayoi fue quien abrió la puerta cuando llegamos.
– ¿Qué no son mis hermosos mellizos? – Preguntó mientras ambos se lanzaban a abrazarla. – Dios, están cada vez más grandes.
– He crecido dos centímetros desde el último mes, están mis marcas en la pared. – Exclamó orgulloso Dai y yo aguanté una risa.
– ¡Eso es fantástico! tienes que ser grande y fuerte para cuidar a tu hermana.
– Yo me cuido sola. – Respondió la aludida, recordándome con aquella frase a mi misma hace algunos años atrás.
– Siempre es bueno tener un apoyo querida. – Exclamó Izayoi. – Pasen pasen, el abuelo los está esperando adentro.
Ambos corrieron y desaparecieron en pocos segundos, Izayoi se acercó a abrazarme.
– ¿Cómo va la vida de madre querida?
– Agotadora.
– Tendrán su merecido descanso este fin de semana. – Inuyasha se acercó a abrazarla y dio un beso en su frente. – Le he dicho a Touga que no los moleste estos días.
– Eso habrá que verlo. – Exclamó Inuyasha. – No olvidemos que nuestra luna de miel fue interrumpida por una misión y unos cuantos asesinatos.
Izayoi suspiró y se hizo a un lado para dejarnos pasar.
– He habilitado una habitación para ambos pequeños, no van a aburrirse aquí, pueden ir tranquilos.
– Cualquier cosa que necesites, cualquier cosa que suceda… no dudes en llamarnos. – Exclamé. – Estaremos a un llamado de distancia.
– Relájate cariño, todo va a estar bien.
– Vaya vaya, mi hermanito y su querida esposa. – La voz de Sesshomaru me sobresaltó. Se acercó sonriendo y nos abrazó a ambos con cariño. – ¿Cómo va esa vida de casados con hijos? apuesto a que ya no hay tanto sexo como antes. – Exclamó mirando a Inuyasha.
– Si supieras… – Respondió el hermano menor, ambos explotaron en una carcajada.
– ¿Qué es sexo? – Dai apareció de pronto tras mis piernas, sentí el calor subirme a las mejillas y miré enfadada al par de hermanos.
– Un juego para adultos. – Respondió Inuyasha.
– ¿Divertido?
– Aburrido, muy aburrido. – Respondió mi esposo en un intento de quitar el interés de su hijo.
– ¿Y por qué lo juegan si es aburrido?
– DAI HAY GALLETAS EN LA COCINA, CORRE A BUSCARLAS O MOROHA SE LAS COMERÁ TODAS. – Grité.
Funcionó a la perfección, el niño desapareció de inmediato. Fulminé con la mirada a Sesshomaru.
– Ups. – No dijo nada más. – Bueno, Rin está por aquí también, por si quieres saludarla.
Sonreí y le pegué un manotazo en el hombro.
– No tientes mis ganas de asesinarte estimado cuñado. Iré a buscar a tu novia, no armen un caos.
El resto de la tarde familiar fue reconfortante, la familia Taisho de pronto había pasado a ser mi familia y pasar un par de días sin verlos ya se hacía extraño.
Inuyasha y yo nos encargamos de acostar a los niños en su habitación temporal , la que alguna vez había sido pieza de su padre. No costó demasiado que se durmieran, considerando que habían gastado todas sus energías corriendo por la casa.
– ¿Nos vamos? - Pregunté.
– Nos vamos.
Ambos dimos un beso de buenas noches a los dos y salimos cerrando la puerta con cuidado.
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Nos fuimos en el auto de Inuyasha a nuestras esperadas vacaciones. Fue al llegar al hotel que descubrí que era el mismo de nuestra noche de bodas.
– Es tu hotel favorito, quería sorprenderte. – Exclamó a mis espaldas mientras bajaba las maletas del auto.
Sonreí enternecida.
– Te amo mucho.
– Lo sé. – Respondió altanero. – Vamos, la habitación y el servicio de comida esperan por nosotros.
Lo tomé de la mano y caminamos juntos hasta el ascensor, donde sacó un pañuelo de seda oscura de su bolsillo.
– ¿Te gustan los juegos?
– Me encantan cuando estás incluido en ellos. – Me sonrió coqueto.
– ¿Confías en mí?
– Siempre.
Perdí mi visión bajo aquella tela suave cuando fue amarrada para cegarme. Inuyasha me guió de la mano fuera del ascensor, sólo sentí el ruido de la puerta al abrirse y luego silencio.
– ¿Lista?
– Lista. – Respondí.
Quitó la venda de mis ojos al instante. La luz tenue de la habitación y el camino de pétalos hacia el jacuzzi me dieron pistas de los planes de Inuyasha. Sonreí completamente enamorada.
– ¿Así que el plan es mantenerse entre estas cuatro paredes, comiendo y cogiendo como en los viejos tiempos?
– ¿Te parece un mal plan?
– Por el contrario, me parece excelente. – Musité. – De hecho, me encantaría tomar un baño primero. – Caminé siguiendo el camino, mientras me deshacía de mi abrigo y abría el cierre de mi vestido. Di una última mirada a mi esposo, que me miraba sonriente desde la puerta. – ¿Vienes?
– Si algún día te respondo que no, por favor mátame. – Me reí.
Me abrazó por la espalda mientras bajaba lentamente los tirantes de mi vestido y daba besos cortos sobre mi hombro derecho. Sentí su mano bajar por mi escote, recorriendo cada cicatriz, acariciando mi piel con suavidad.
– Tienes un mapa de historia sobre tu piel. - Susurró, creando un deja vú que me llevó de inmediato a nuestra primera vez juntos.
– Quizás podamos compararlos algún día. - Respondí, siguiéndole el juego.
– Quizás…
Me giré para quedar de frente, posé mis manos sobre su pecho y lo miré fijo mientras el dorado de sus ojos me hacía sentir cálida por dentro. Jalé con suavidad de un par de mechones de su cabello platinado para acercarlo a mi.
– Han pasado casi 6 años desde que te conocí… – Musité mientras desabrochaba su camisa y rozaba su piel con el filo de mis garras. – Y aún así sigo sintiendo este nerviosismo y electricidad bajo mi piel, corriendo por mis venas cada vez que te toco.
Rasgué levemente, sonriendo cuando su piel sangró contra mis uñas, llevé mis dedos a la boca para lamerlos, para disfrutar de su sabor. Fui consciente de los trazos de rojo invadiendo su iris, mientras me miraba serio.
– El tiempo no cobra relevancia cuando estoy contigo, probablemente pasarán mil años y seguiré sonriendo al verte sonreir, seguiré pensando que el latido de tu corazón es mi sonido favorito. – Apoyó su mano sobre mi pecho izquierdo sin quitarme la mirada. – ¿Comprendes lo mucho que te amo?
Sentí mis ojos humedecerse, me acerqué para besarlo, para darle una respuesta sin palabras. Su lengua dio un toque suave a la mía, justo antes de ahondar la caricia, mientras me abrazaba para mantenerme más cerca. Mi cuerpo junto al suyo parecía más frágil de lo habitual, pero él siempre lograba hacerme sentir protegida. Estando completamente desnudos nos sumergimos en el agua caliente, los pétalos en el agua se movieron con las pequeñas olas. Me subí a horcajadas sobre él, abrazándolo por el cuello.
Sentí sus besos en mi marca, luego bajaron por mi escote hasta detenerse en mi pecho izquierdo, donde lamió con lentitud arrancando con facilidad gemidos de mi garganta. Sentí su miembro entre mis piernas, cálido y preparado para mi. Lo tomé entre mis manos bajo el agua y bajé hasta su cuello, mientras lo masajeaba de arriba a abajo y daba pequeños mordiscos sobre su piel.
– Si que sabes como volverme loco… – Jadeó mientras yo sonreía contra su piel. No reprimí mis ganas de enterrar mis colmillos justo en su marca, succionando con fuerza de su sangre, disfrutando de su esencia. – ¡Agh!
Aquel quejido mientras me abrazaba para mantenerme justo donde estaba eran una buena señal. Me obligué a alejarme de su cuello para volver a su rostro, el que tomé entre mis manos para besarle.
Los besos se hicieron cada vez más desesperados y hambrientos mientras me movía sobre él a un ritmo constante, aumentando la fricción entre su entrepierna y la mía. El agua nos obligó a seguir un ritmo lento, lo que lo hacía aún más perfecto.
– Quiero sentirte. – Gimió. – Déjame sentirte.
– No aún. – Musité, me encargaría de llevarlo al borde de la locura antes de permitírselo. Me posicioné para dejar la punta de su miembro entrar levemente en mí, sentí sus garras aferrarse a mis carreras, perforando mi piel con facilidad. – No Inuyasha...
– Por favor… – Rogó.
Bajé mi peso sobre él, sintiendo como poco a poco su miembro se abría paso en mi interior, generando un roce exquisito con mis paredes. Apoyé mi frente en la de él cuando lo sentí completamente dentro, intentando calmar mi respiración.
Me besó lento y demandante, mientras nos manteníamos quietos, acostumbrándonos el uno al otro. Fue segundos después que me sujetó por las caderas para hacerme subir levemente, sólo para dejarme bajar por completo
Sus embestidas fueron delirantemente lentas, permitiéndome sentir cada segundo las sensaciones que nos embargaban a ambos, generando una conexión única. No dejamos de mirarnos en ningún momento, por lo que fui consciente de su demonio despertando frente a mi y del mío siguiéndole con gusto. Pronto el agua nos estorbó. Se puso de pie cargándome en brazos sin salir de mí, llevándome a la habitación contigua, dejándome en la cama bajo su cuerpo. Lo abracé con mis piernas para instarlo a continuar, él captó el mensaje de inmediato.
Las embestidas rápidas fueron el reemplazo perfecto de las lentas, aumentando la fricción de su pubis con mi clítoris, mientras yo intentaba aguantar con todas mis fuerzas el orgasmo, mordiendo mi labio inferior.
– Hey, no tiene gracia si te aguantas. – Musitó contra mi oído. – Déjame oírte disfrutarlo, ya podremos volver a hacerlo después.
– ¿Lo prometes? – Gemí mientras me sujetaba a sus cabellos.
– Lo prometo.
No tuve que esforzarme demasiado, mi cuerpo estaba listo para explotar en el momento en que yo lo permitiera. La sensación de escalofríos y el hormigueo recorriéndome de la cabeza a los pies me hizo gritar de placer bajo su cuerpo, mientras apenas podía controlar los espasmos. Un gruñido escapó también de mi garganta mientras mis garras se enterraban en su espalda.
– Justo así. – Jadeó.
Me tomó por la cintura para guiar mis movimientos, Sentí su clímax en mi interior, mientras mis paredes se contraían a su alrededor y él gruñía ronco contra mi piel mordiendo mi marca.
Necesitamos de varios minutos para acompasar nuestras respiraciones, él se recostó a mi lado y yo me acurruqué en su pecho.
– Es bueno saber que tenemos la eternidad para disfrutar de esto. – Musité. – No creo poder cansarme nunca. – Su risa hizo eco en la habitación.
– Si que extrañaba tus gemidos, nuestros encuentros en el departamento son demasiado silenciosos para mi gusto.
– Quizás deberíamos instalar aislantes de sonido. – Ambos nos reímos.
– Dios, te amo tanto. – Musitó abrazándome. – Más de lo que podrías llegar a imaginar.
Me puse sobre él y lo besé con cariño, suspirando al separarme de sus labios.
– Te amo más.
La noche se hizo corta para todo lo que necesitábamos el uno del otro. Fue en la mañana cuando por fin estábamos a punto de caer dormidos que nuestro celular sonó.
El instinto de padres nos hizo levantarnos de golpe, tomando cada uno su celular. Para mala o buena suerte, no era nada sobre nuestros hijos quemando la casa de sus abuelos, si no un mensaje invitándonos a una misión.
– Oh no… – Musité.
– Lo sabía, sabía que no podía confiar en mi padre. – Me reí.
– Siempre podemos ir y volver por más. Podría ser divertido. – Musité mientras daba besos sobre su cuello. – ¿Cuántos objetivos son?
– 6.
– ¿Tres y tres?
– Miroku y Noah ya están allá.
– Ahm, bueno, eso lo hace más entretenido.
– No quería interrumpir esto… – Musitó.
– Hey, volveremos rápidamente a seguir disfrutando el uno del otro.
Me miró serio y asintió.
– Terminemos pronto.
Nos vestimos rápido para salir de allí, era temprano en la mañana, probablemente Moroha y Dai seguían durmiendo.
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De camino al lugar en el auto acomodé mis varillas en mi cabello mientras Inu se concentraba en la autopista. Estacionamos a algunos metros, Miroku nos saludó a la distancia, a su lado Hideki y Hanako, alumnos de Inuyasha nos sonrieron. El último en aparecer fue Noah, quien había pasado a ser parte del equipo definitivo y permanente de Touga Taisho, influenciado completamente por Inuyasha.
– Bien ¿Recuerdas nuestra formación amor? – Preguntó mientras me tomaba de la mano y caminábamos juntos hacía el punto de ataque.
– Ajá, siempre me cubres la espalda.
– Perfecto. – Sujetó mi rostro entre sus manos y me sonrió antes de besarme con devoción. – Tu es prête? (¿Estás lista?) – Musitó contra mis labios
– Prête (Lista)
Abrió la puerta de aquella casa de una patada, mientras yo me preparaba para entrar, y él arrancaba el primer corazón del día segundos después de empezar.
Seguíamos siendo un buen equipo, seguíamos coordinando nuestras jugadas a la perfección.
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Bien, esto es lo último de esta historia (al menos por ahora, si me piden continuación igual podría pensarlo jiji), si de dan cuenta Inu y Kag mantuvieron sus trabajos como cazarrecompensas, después de meditarlo llegué a la conclusión de que no me los imaginaba con trabajos normales y vidas aburridas, ambos aman ser asesinos, no podía quitarles eso jsndfj. Tambien modifiqué algunas caracteristicas de Moroha, la verdad es que en mi mente siempre la imaginé con el cabello claro (o con ojos dorados) asi que usé al menos uno de mis deseos. Ha sido un gusto lectores míos! Nos estamos viendo en una próxima historia.
Un abrazo virtual
Frani.
