En alguna parte profunda de cierto bosque, un mitad bestia podía encontrarse perdido en sus pensamientos, su mujer lo había abandonado, justo como dijo que nunca haría; sentimientos que nunca pensó tener tales como los celos, envidia y mucha culpa, se presentaban ahora. -"Culpa" - se dijo a sí mismo, tamaña era ésta última que decidió disculparse con aquella muchacha que tantas veces lo ayudó, cuidó y amó. Se sentía extraño diciéndose todos esos verbos en pasado, pero las cosas habían tomado un rumbo muy distinto al que él pensó para su futuro.

¿Futuro? El destino no está escrito; ni el suyo y menos el de ella, ¿por qué debería rendirse? Él amaba a esa mujer, a decir verdad estaba obsesionado con aquella sacerdotisa; se disculparía sí, pero nunca se daría por vencido, InuYasha iba a recuperar a Ahome, SU mujer, ya estaba decidido. Había sido un completo estúpido desde que Kikyou revivió - una vez más -, descuidó su más precioso tesoro, y solo se dió cuenta con la llegada de su maldito hermano. Aquel que ahora reclama como suyo algo que siempre le perteneció a él, pero ¿cómo pudo aceptarlo ella? Ni que fuera tan buen partido como para cámbialo así de la noche a la mañana. Es frío, detestable, para nada apuesto como él, y estaba muy seguro que no la trataría bien cuando llegarán a... NO. Eso era impensable, el no podia tocar a su mujer *no veo tu marca, híbrido * resonó en su mente, era la maldita conciencia haciendo acto de presencia solo recordándole las palabras del DaiYoukai. Eso no importaba ahora, por que cuando tenga la oportunidad nuevamente, lo haría sin dudar. *¿Qué pasará con la otra? * otra vez lo molestaba su mente, pero era cierto, se preguntaba que haría con Kikyou; después de todo habían estado juntos estas últimas semanas, retozando como locos. Varias veces le había dicho entre cima y cima *"te amo, InuYasha", algo que él mismo suponía, pero no se había atrevido antes a inmortalizar con palabras, solo con hechos. Se sintió pleno, muy feliz; felicidad que solo duraba hasta llegar a su choza donde lo esperaba su prometida con el ceño fruncido, aunque ya no veía dolor como al principio y eso le molestaba de sobremanera. Era egoísta sí, pero la realidad era que él las amaba a ambas. Las deseaba a las dos, hasta había pensado tenerlas en su lecho al mismo tiempo, una locura sin dudas, pero su mente no le daba tregua en cuando la imagen de ambas tal vez besándose llegaba, tal vez dándole placer, en cuatro patas como perras, él era un macho capaz de complacerlas a las dos, lo sabía. Ninguna quedaría frustrada luego de que las jodiera como quería, empezaría a practicar; sabía que a sólo unas horas, había una aldea grande con lo que se conoce como un burdel, con "geishas" y mujeres de oficio. "Harán falta varias" se dijo viéndose la hakama ajustada en la parte de la masculinidad

De vuelta en la casona futurista, ambos prometidos descansaban enredados el uno con el otro, estaban como llegaron al mundo y sin embargo, no habían consumado absolutamente nada. Como había dicho Ahome, deseaba llegar virgen a su "boda" no hay que mencionar que el rostro del InuDaiYoukai era un poema entero, él sólo quería hacerla suya de una buena vez y marcarla justamente para que su unión fuera irrevocable, cosa que por supuesto no sabía su futura señora, le había mentido al decirle que podría retirar la marca, ¡pero que más daba! Si luego la enamoraría y por supuesto la iba a conservar a su lado, de esa forma no solo el hanyou sino ningún otro macho podría tocarla sin su permiso, uno que por supuesto nunca daría. Tan metido se encontraba en su mente que no sintió cuando ella despertaba:

- Buenos días, mi Lord. ¿Como dormiste? - mientras se desperezaba acaraciaba el brazo que la mantenía cautiva, para luego pasar ambos brazos por la cintura masculina y darle el llamado "abrazo de oso" al que sería su macho.

- ¿estas muy segura de no ser una demonio serpiente, mujer? No dejaste de apretarme el la noche - le decía el demonio de muy buen humor al tiempo que correspondía el cariño. Como en esa posición no podía verla muy bien, la colocó sobre su pecho sin romper el mullido abrazo, con una pierna a cada lado. - deberás compensarme con besos. - Ahome río por las ocurrencias de este magnífico espécimen, claro que pagaría la multa y hasta le dejaría propina. Comenzó el pago con besos repartidos en el rostro; mejillas, ojos, nariz, las extrañas marcas y por último la sensual luna morada.

- ya pagué la deuda, ¿no? - él negó lentamente, se acercó a su boca para darle un pequeño pico.

- aquí quiero mi pago mujer. - decía mientras señalaba su rellena boca, no tuvo que rogar mucho, ya que ella estaba más que deseosa de comerlo a besos. Unos muy calientes, ni cercanos a ser aptos para menores, Ahome gimió contra los labios del macho cuando sintió a "Yakko" despierto entre sus piernas; no pudo, ni trató tampoco, evitar frotarse contra él. - no hagas eso - el negaba, rompiendo el beso y le agarraba las caderas para detenerla - no podría parar, ¿cómo es que ya estas húmeda?

- contigo lo estoy siempre - separó las manos que la sostenían quieta. -sé que dije que quería llegar pura, no inmaculada, "perrito"- estaba sentada en sus caderas, con el sexo pegado a la enorme erección, fregó una vez y lo vió sisear. Yakko temblaba y por lo visto eso le encantaba a ambos, ya que no se volvió a sentir una objeción.

La Miko se movía lentamente de delante hacia atrás y viceversa, sus gemidos lo volvían loco; estiró una mano y alcanzó un pecho, tironeo de la punta sintiendo que la mujer gemia más fuerte y se movía mucho más rápido. Ni siquiera la había pentrado y ya estaban por acabar. Una infinidad de minutos, gemidos y gruñidos más tarde la primera en terminar sus labores fue ella, tapaba su propia boca para no gritar, cosa que excitó tanto a su amante que llegó a su cima por vez primera sin necesidad de penetrar a su acompañante, arqueando la espalda provocando una estocada involuntaria que los hizo jadear a ambos. Pensó él que la hembra se sentirá apenada por el semen en el vientre de Sesshōmaru pero, como siempre, lo sorprendió al bajarse como un gato y lamerlo gota por gota mientras le masajeaba el miembro totalmente humedecido por sus propios jugos. Cuando hubo terminado su labor en esos suculentos y marcados abdominales, siguió con Yakko.

- nunca te había visto sorprendido, ¿n-no te gustó? - automáticamente lo soltó y se separó un poco, con temor a no haber complacido. Claro, ella no era una de las "hembras" a las que él debía estar acostumbrado, seguramente la despreciaría por regalada y eso no lo había considerado antes. No es como si hubiera pensado mucho tampoco, la cegó el deseo por él. Antes de que pudiera retirarse por completo del lecho, una de las manos del demonio la detuvo:

- no imagines palabras no dichas por mis labios, preciosa. Si, me sorprendí, y de muy grata manera porque amé cada segundo en el que consumidas mi semilla; deja esa desconfianza tuya para aquel híbrido, no para éste que ha sido sincero contigo.- unos besitos en las mejillas y ambos estaban listos para una ducha.

- ve tu primero, puedo esperar un poco.- por algún motivo que se le escapaba a Sesshōmaru, ella pensaba que tomarían baños separados.

-Que ingenua.- susurró el Lord del Oeste.

Como única respuesta audible, se colocó a su compañera, (aunque ella no lo sepa), al hombro, aunque ésta no puso resistencia alguna. "Relax" era poca palabra para expresar lo que ese baño les otorgó, unas caricias aquí, otras allá y unas buenas burbujas fueron el resumen de aquel refrescante suceso.

Luego de bajar, desayunaron y salieron rumbo al centro comercial, idea propuesta (entiéndase impuesta) por la dulce muchacha, lo que ambos no sabían era la odisea que le esperaba: para comenzar, las prendas que habían sido prestadas por la Señora Higurashi le quedaban cortas y apretadas debido a que pertenecían al difunto esposo de ésta

- Mujer, esto no funcionará. ¿Acaso así visten en estas épocas? Es completamente ridículo. - mientras hablaba, la susodicha trataba de contener las millones de carcajadas que le peleaban en la garganta por salir a burlarse, se controló muy bien hasta que aquel mágico hombre volteó ahí la risa se esfumó. Al tenerlo de frente y analizarlo comenzando por la cabeza se encontró varias fallas; como la camisa era incapaz de soportar tanto músculo masciso, los botones estaban por salir disparados; el pantalón formal clásico indispensable en su padre, sin embargo muy corto en su casi esposo, apretaba demasiado las tan bien formadas piernas; pero, definitivamente el problema más grande tanto para Sesshōmaru como para Ahome, era la entrepierna. Al primero le resultaba incómodo lo apretado de la prenda, era casi doloroso y un insulto total para Yakko, quien nunca había sido aprisionado de tal forma. Para la mujer, el problema era otro muy, muy, muy diferente; ese estúpido pantalón color arena no solo marcaba, no, CALCABA Y DELINEABA a la perfección el miembro de su hombre y siendo ella mujer que se respeta, nunca dejaría que alguien viera eso "no en mi guardia, chico, no en mi guardia".

- Sesshōmaru, no hay forma en la que salgas de aquí vestido así. Quítate todo, te compraré otra cosa cuando lleguemos al centro comercial. -

- ¿y voy desnudo?

- P-pero POR SUPUESTO QUE NO- la cólera la inundó en un segundo, si bien sabía que no se atrevería, sin embargo el hecho de que lo insinuase le molestó. - te prestarme una hakama del abuelo, son un poco más modernas que la tuya.

Una vez que terminaron de cambiar a Sesshōmaru, la pareja salió a la jungla de cemento. Los olores, vista y ruidos ofendían cada sentido que el DaiYoukai poseía, cada cosa de esta época le molestaba; los estrepitosos mounstros de metal de distintas formas, tamaños y colores lo ponían incómodo y más si se le agregaba el hecho de que los patéticos humanos se metían en sus adentros por voluntad propia. Justo en el momento en que estaba por blandir su Tokijin en defensa de una pequeña niña, Ahome le explicó lo que eran y como funcionaban los "automóviles". Se sorprendió al saber que eran unas carretas embrujadas que se movían sin caballos (lo que a su ver las convertía en demonios) completamente inofensivas, y hasta sintió emoción de saber que subiría en la más grande; "autobús" dijo su mujer que se hacía llamar. Bestia noble aquella, los dejó en su destino sin pedir nada a cambio, y no sólo los llevaba a ellos dos, no; tenía la capacidad de cargar tal vez cientos de humanos en él. Al bajarse palmeó su costado para hacerle saber que había hecho un buen trabajo. - "Excelente bestia, hay que criarlos en el castillo" -

Ahome sentía los nervios de punta, todas y cada una de las mujerezuelas en la calle miraba a SU compañero, no importaba la edad, todas se daban vuelta al pasar él, lo seguían con la mirada y para empeorar su humor, tenían el descaro de sonrojarse. ¿Qué acaso no veían que lo tenía de la mano? Al parecer no, por lo que se enroscó en el entero brazo gigante de su amado, e iba muy cómoda hasta empezaron las compras. Ahora no solo lo miraban, en tres tiendas ya habían tratado de seducirlo

-"déjala, yo lo hago mejor"

-"ven grandote, diviértete con nosotras"

Y esos eran los ejemplos aptos para niños. Para colmo de males, a él parecía gustarle la atención, tenía plantada una sonrisa baja-bragas de infarto ahora ya vestido como un contemporáneo más, había insistido en camisas y pantalones formales acorde a su tamaño. Para ser completamente sincera, Ahome entendía a la mujeres del centro comercial, el hombre parecía un ejecutivo importantisímo, adinerado y para colmo de males, un adonis en pinta. A la hora de volver a casa, el plan de la muchacha era tomar un taxi, pero Sesshōmaru insistió en ir en la "gran bestia noble", al principio no lo comprendió pero luego supo que llamaba así al autobús y casi rió de no ser por que quería conservar la cabeza unida al cuello. Más de una hora más tarde ambos estaban en su destino y pensarán que la odisea terminó ahí... No, no, no, que equivocados están; justo antes de comenzar a subir las escaleras...

- ¿¡AHOME!? ¿ERES TÚ AHOME HIGIRASHI? - esto no se podía poner más interesante, Yuka y Eri venían corriendo en su dirección, todo estaría bien y normal de no ser que traían a un lloroso Houyo detrás, quien al llegar hasta ella tuvo el impulso de abrazarla. - ¿como has estado? Que bien que regresaste del extranjero, eso significa que estás curada de tu rara enfermedad. No te preocupes, tu abuelo nos explicó todo y nos alegramos de que estés bien - Eri no daba tregua para responder, solo hablaba y hablaba hasta que reparó en el gigante que tenía al lado, mirando de una forma animal al muchachito que todavía abrazaba a su Miko

- ¿Quién es este hombre Ahome? No me dirás que es tu novio, ¿o si? - esa era Yuka, que se había mantenido aparte solo observando la reacción de su recientemente novio al ver a lo que se llamaría su ex. Y sí, remarcó la palabra "novio" para que Houyo dejara de dar vergüenzas -es verdaderamente guapo, chica. Y al parecer, celoso; Houyo para o te ganarás una paliza y no por parte del novio de Ahome. - al separarse el joven, los ánimos se calmaron mucho, y todos pudieron entablar una conversación más civilizada.

- Yuka, Eri, Houyo ¡los extrañé mucho en mi viaje!, él es Sesshōmaru; mi prometido - sus amigos estaban sorprendidos, era en serio muy guapo y serio, pero sobre todo demasiado parecido al anterior novio de Ahome

- ¿y que paso con el otro abusivo, InuYasha era su nombre, verdad? - la sola mención del nombre incomodó a la receptora de la pregunta y enojó al que se encontraba a su lado, ¿cómo conocían las amigas de la humana al híbrido?

- eso no funcionó, decidimos dejarlo y luego llegó éste muchachón a mi vida - abrazaba al oso masciso que tenía al lado para desilusión del joven Houyo, claro que Sesshōmaru lo notó y con una sonrisa rodeó la pequeña cintura. - ¿desde cuando son pareja? Se ven muy lindos juntos Yuka...

La conversación se extendió poco más de media hora para luego despedirse y seguir todos sus caminos. Al por fin llegar a la casona, ambos mostraron lo comprado y subieron a la que se transformó en la habitación marital.

-explícame esa muestra de afecto, mujer - ahora en la intimidad, había vuelto el DaiYoukai de las tierras del oeste, distante, carente de emociones y despiadado.

- ¿que es lo que quiere saber mi Lord? - si el se comportaba así, ella también lo haría, eran dos niños.

- *grr* tu relación con ese sujeto, miko. - mientras hablaban el estaba sentado en la cama y Ahome se desvestía sin pudor para tomar un baño, el calor la estaba matando, eran casi las siete de la tarde de un verano abrasador.

-Ahome es mi nombre, Youkai y ¿hablas del joven Houyo? - como respuesta percibió un "hm" - Cuando estabamos en la escuela estaba enamorado de mí, supongo que ya no.

- ¿eran sus sentimientos correspondidos, acaso? - la voz le salía ronca denotando enojo.

- no para nada, aunque ahora... - claramente, Ahome había notado la posesividad con la que había respondido el abrazo en presencia de Houyo, solo quería provocar un poco las cosas -... ahora que lo pienso se puso bastante guapo, la gimnasia lo ayudó bastante, aunque que pena que esté con Yuka; de lo contrario tal vez...

No pudo terminar de hablar ya que tenía la boca ocupada por una ajena. Sesshōmaru había estrellado a la Miko contra una pared cercana, tomó ambas mejillas del trasero para apretarlas y demostrarle así a quien pertenecía, bajó la cara hasta el delgado cuello para morder como todo perro y marcar superioridad.

- no te atrevas a completar tus dichos. Sabes que si lo siento una amenaza en mis planes lo mataré. —la sostenía por el cuello sin provocar presión

- ¿y cuales son tu planes?— sabía que no cumpliría sus palabras si de algo le servía ella para los propósitos en el feudo.

- ¿a parte de hacerte mía? No muchos

- temporalmente, Sesshōmaru; no lo olvides.

- si, si eso; y ni ese sucio humano y mucho menos el bastado impedirán algo que me pase por la mente. Y adivina que; lo que pienso en este momento es follarte tan duro como me den las fuerzas y créeme que no es poco— ahora solamente la acariciaba muy suave en contraste con sus palabras, brazos, pecho, cintura, cadera, glúteos y muslos todo acompañado por el roce de colmillos al cuello.

- Sessh, ¿te molesta que te llame así? —el negó todavía escondido —Solo dije lo de Houyo para provocarte, estabas un poco distante y ahora creo que la causa era ese abrazo. No seas celoso, me considero muy fiel por más farsa que sea esta unión. Vamos a bañarnos, ven.

- ya te demostraré que lo que siento no es ninguna "farsa", amor mío -