Varios días pasaron en el pueblo, días ocupados en vísperas de una fiesta muy esperada e inesperada al mismo tiempo; una de las parejas salvadoras del mundo había decidido dar el paso más allá y casarse. Sango y el monje Miroku celebraban mañana por la tarde su emparejamiento. Si bien ya tenían un par de niños querían hacer todo más que oficial, y el pueblo entero estuvo de acuerdo y emocionado. Los preparativos tomaron dos semanas, la idea era hacer una ceremonia al atardecer y luego una fiesta en grande, los aldeanos no se andaban con pequeñeces cuando de sus salvadores se trataba.
La noche anterior como en todas las bodas fue estresante, arreglos por aquí desarreglos por allá, aunque estaban en otra época distinta a la actual, los nervios de la novia eran los mismos.
— ¿y si huye? Todos conocemos las mañas de ese monje, puede asustarse y no venir. ¡¿Qué va a pasar con mis niños?! Soy una mujer fuerte per...— Sango confiaba plenamente en su futuro esposo en ley, pero su pasado sumado a los fuertes dolores de estomago productos del estrés no le daban tregua.
—Sango, alto. Para. No se irá, por varias razones; número uno, ya tienen hijos. Si no te quisiera no los habría tenido, no es un cobarde. Número dos; el te ama como un loco amiga mía, y se reconocer a un hombre enamorado. Dile que no huirá Sesshōmaru.— y ahí estaban, sentados por mas de dos horas reloj tratando de calmar a la novia en la noche previa, lo mas sorprendente de esa reunión fue el no-invitado sentado en medio de las mujeres; Sesshōmaru había insistido en compartir la velada con ellas sin embargo no lo encontraron como un intruso. Fue un alivio considerable en las tensiones de ambas, contestando cuando se lo preguntaban, siempre con las mejores palabras conciliadoras. Hasta ahora:
—tengo poco de conocer a houshi-sama, pero sé que podría escapar en cualquier momento. Podría estarse marchando ahora mismo mientras compartimos ésta comunicación. Hay miles de escenas posibles, derivadas de las dos opciones a escoger. Tal vez, y ahora conociendo las anecdóticas desviaciones del monje, está proponiendo algo poco casto a alguna aldeana y...— Ahome lo cortó por la mortificación reflejada en la cara de Sango y en la suya propia.
—¡para, para, para! ¿Por qué tuve la brillante idea de traerte? ¿Por qué te di palabras?— ¡¿cómo rayos repararía lo que esas palabras seguramente hicieron en la mente de su amiga?!
—Éste estaba practicando lo que ustedes llaman "broma". Nunca se ha visto una mejor.No escapará, ya es muy tarde.— El ahora poco querido Sesshōmaru llevaba el pequeño contenedor de té a sus perfectos labios, justo como si nada de lo que dijo recientemente fuera a tener una repercusión. Iluso.
—¿c-cómo lo sabe mi Lord?— Sango temblaba tratando de llevar la taza con un concentrado té compuesto de hierbas calmantes, estaba al borde de soltar la primera lagrima, el labio inferior le tiritaba terriblemente y eso hacía cortadas las palabras que salían de su boca.
—sí, después de todo lo que dijiste y estuviste horriblemente insensible diciendo todo eso. Eres un...— un bruto, eso iba a decir. Ahome amaba a este hombre todo el tiempo, pero no ahora. Ahora, solo quería matarlo.
—lo até. A un árbol. Ah-Uhn lo vigila en este momento. Fue entretenido hablar con ustedes bellas damas, pero éste debe conversar con un monje ahora.— "¡ah! que alivio" pensaron las dos acompañando el pensamiento con una relajación muscular instantánea, que esté atado y posiblemente inmóvil convertía todo a un mejor escenario. El Inu-gami se levantó dirigiéndose directo a la entrada de la choza, justo a travesando el umbral cuando oyó algo interesante:
—bueno, eso es un alivio. Sango, vamos a tomar un merecido baño.— baño. Unbaño.
—será un placer acompañarlas, no es correcto dejar a dos hembras sin pareja desprotegidas en medio de guerrillas y demonios sedientos de damiselas desprevenidas. Es mi deber como Alfa de esta manada asegurar su bienestar. Marchando,"cachorras"— y otra vez ambas mujeres compartieron el mismo pensamiento: "¿Qué? ¿cachorras? ¿alfa de esta manada?"
—exactamente, ¿qué pretendes Sesshōmaru NoTaisho?— Usaba su apellido/título como advertencia, no lo había hecho antes, pero parece funcionar, ya que el aludido por fin dejó su tacita en la bandeja para mirarlas.
—éste no presenta intenciones ocultas, Koi. Solo un instinto nato de protección, y ya lo dije; debo "VI-GI-LAR-LAS".— ¿Remarcó lo ultimo? sí, lo hizo.Con ese tono entendieron, o por lo menos Ahome entendió lo que quería este perro cochino.
—de ninguna forma, pervertido. Mira que esperé este comportamiento del monje, pero ¿de ti? nunca. No nos "vi-gi-la-rás"— remarcó la última parte claro con los dedos índice y medio de cada mano, y hasta imitando una profunda voz, ahora sí Sango entendía por fin lo que pasaba.
De ninguna manera el gran Sesshōmaru, Lord de todos los demonios se dejaría pasar así como así por su hembra, claro que llevaría a cabo su plan recién formulado—no hay necesidad de necedades, miko. La exterminadora estará de acuerdo con mi id...
—Mi Lord, —lo interrumpió (y tampoco la mató por eso. Interesante)— tiene mi aprecio total por su grato ofrecimiento, pero no es necesario, usted lo dijo soy una exterminadora, y ¿quién atacaría a la Shikon-no-Miko?—Y de ninguna manera Sango (que ahora sabía que tenía en mente aquel demonio) pasaría así su ultima noche de "soltera". Otra sí, pero esta no.— siga con sus planes en tranquilidad, Sesshōmaru-sama. Rin está mas que emocionada de que esté por estos lugares, estoy segura de que querrá pasar tiempo con usted
— siendo así, hoy elijo rendirme, mujeres. Solo hoy.— primero Sango abandonó la cabaña,pero cuando Ahome se disponía a hacer lo mismo, una mano con garras muy conocidas aprisionó su codo:— debemos hablar a solas. Mis planes se complicaron, miko. Hay alguien más.
— Ahome... Ahome ¿pasa algo?— Sango llevaba por lo menos quince minutos hablando con su hermana del alma, aunque si hubiera hablado con una de las piedras del lago, obtendría mas respuestas. Desde que se reunieron en este lugar, no había obtenido respuesta de Ahome, estaba hasta un poco pálida.
Por otra parte, la receptora del monólogo no lograba concentrarse en otra cosa que no fuera "hay alguien más". Casi la había desmayado, no podía ser posible ser tan tonta y tener tan poca suerte en el amor. Tonta, ella sabía desde un principio lo que significaba para Sesshōmaru, solo una salida a un disparate orquestado por su madre, y sin embargo allí saltó ella al vacío enigmático de su propuesta. Y tan poco suertuda, ¿era acaso posible que no alcanzara a ser su"pareja" que ya le había conseguido un reemplazo? ni siquiera con InuYasha el cambio fue tan rápido, realmente sí se había ilusionado. Necesitaba sacar todo lo toxico que tenía adentro, quien mejor que Sango.
— Lo siento muchísimo amiga, sé que es tu noche y debería escucharte a ti. Supongo que ni para amiga soy útil.— esa mirada baja, la misma que vió tantas mañanas tardes y noches hace años cuando todavía viajaban recolectando fragmentos. Todas esa situaciones tuvieron título:amor no correspondido. Esperaba con toda el alma que no fuera el mismo estado.
— oye, oye... no digas eso. Eres mi mejor amiga en éste mundo, sabes muy bien que los amigos no deben "servir". Te amo, Ahome.— si lo que su hermana necesitaba era consuelo, claro que lo otorgaría ella misma, no dijo mas y solo la atrajo hasta su desnudo pecho donde Ahome lloró por un sin fin de momentos. Estaban sentadas en unas rocas bastante cómodas, con el agua hasta la clavícula y solo la luna como iluminación.—ahora, cuéntame que tiene a esta poderosa mujer tan mal.
—Kami-sama bendito Sango... ¿¡acaso no puedo elegir bien de quién me enamoro?— Ahome vio la cara de desconcierto de Sango y ahí supuso que debía contar todo, y es que claro, Sango debía pensar que su pareja estaba enamorado de ella, y mas sabiendo de quien se trataba (pedir la mano de una mujer humana, casi emparejada, era como gritarle al mundo que la amas. Si tan solo supiera lo equivocada que estaba).—promete que no dirás nada de lo que voy a relatar, es de vida o muerte.
— ¿te fallé alguna vez?— y con una sonrisa débil, el relato dio lugar.
Un dramáticamente rendido Lord Del Oeste caminaba solo por los alrededores de la aldea que estaba dentro de sus tierras. No se lo admitiría a nadie, pero estaba patrullando y no precisamente por que fueran sus tierras. Él, estaba muy interesado en que ésta boda en particular saliera perfecta, su hembra estaría feliz y eso ayudaría en sus planes; mujer feliz, hombre más feliz. Ese era el lema de su padre, siempre lo repetía en el castillo.
Ya casi era hora, suponía que eran altas horas de la madrugada, poco tiempo los separaba a todos de su nueva vida, en especial a los novios, a quienes tenía varias sorpresas, pero eso no era por su pareja; éstos dos humanos habían ganado algo que humanos contados con los dedos (y le sobraba uno) podrían presumir, su respeto. A ambos les consideraba parte de su manada cercana, el monje muy a pesar de sus mañas le entretenía, lo conoció leal, sincero e inteligente. Y la exterminadora lo sorprendió definitivamente. Había sido la segunda humana por la que podría decirse se sintió atraído, no en la magnitud que presentaba por su hembra pero sin duda alguna, no en la manera en la que se atraía por Rin. Sango también llamó su atención, a su manera la conoció y le gustaba lo que encontró, una hembra digna de cualquier lord. Valiente, perseverante, altamente hermosa y muy por sobre todas las cosas, tenía lo que volvía locos a los altos mandos Youkai en una mujer, era una perra con sed de venganza. Y le multiplicaba los puntos el haber cumplido su cometido, asesinó al hanyou Naraku.
Siete treinta de la mañana en la aldea, para ustedes los lectores. El sol había salido hacía un tiempo, pero en las cabañas la vida recién comenzaba. Hoy era el día mas importante en muchas lunas, las vísperas de una boda eran especiales, pero el día concreto era una cosa totalmente distinta. En una amplia choza de palos, paja y clavos, la pareja del momento despertaba, o bueno solo el monje Miroku:
—Amo amanecer contigo en mi pecho, mi Sanguito— no teníamos lo que ustedes conocen como cortinas en el lugar donde vivo—amaneció,abre los ojos— y pensar que la había considerado una aventura de una noche, esa tarde cuando la conocí junto a los que se convertirían en mis mejores amigos;cambiando mi mente aquíuna vez mas. —es hoy, ser tuyo, sé mi amada— Por fin se cumple, el que se volvió mi mas grande objetivo después de derrotar a aquel que tanto daño nos hizo a ambos.—Tan cerca contigo en mis labios— solo esto quería, verla dormida a mi lado, ver mas cerca que nadie los perfecta que es. Por fin despierta, ser lo primero que vea al abrir los ojos, acerca su rostro al mío;—nuestrasnarices tocándose, sentir tu respiración, me llena el alma— uní su mano a la mía, como deseo que permanezcan siempre —Empuja tu corazón y aléjate, ahora que es tu última oportunidad, amor mío. Luego no te dejaré ir.
Ambos sabían que eso no pasaría, ella, Sango, lo amaba tanto como a sus propios hijos.
Ya es tarde, monje libidinoso. Usted lo sabe. —no lo haría ni aunque pudiera, yo lo tenía mas que sabido que nada. No podría soportar ni una semana lejos del hombre que con el paso del tiempo había sido mi sostén en el peor momento de mi vida. superé a su lado la perdida quizás mas grande que la de mi pueblo y familia, la de nuestro bebé. —hoy te lo propongo como lo hice ese día que creímos haber perdido el mundo, mi monje amado: Sé mi verano en un día de invierno.—Dejarlo no se me a travesaría por la mente nunca, no importa que pase en un futuro tan incierto. —No puedo ver nada malo entre nosotros, no creo que lo haga nunca. Así que, ¿qué dirás en el altar?
Y sí, los dos conocían la respuesta del otro, eso no le quitaba la emoción que hacía sus corazones palpitar casi tan rápido como lo hicieron la primera noche que pasaron juntos, así como la anterior y la más reciente. Tantas cosas habían pasado, tantas historias tenían para contarles a sus hijos, y luego a sus nietos. Miroku las relataría con la pasión con que las vivió. Siguieron hablando tan intimos como eran entre ellos, esa noche sin los niños fue maravillosa, aunque todas las noches con la familia soñada lo eran. Anhelaron hasta tal punto su merecido final que ya solo les quedaba vivirlo.
