El gran día llegó por fin, todo esta perfectamente preparado; trajes, decoraciones, regalos, hijos bañados, en realidad todo. De los niños se había encargado Rin junto a la anciana Kaede, y con la política "la mugre genera salud" de Sango, nunca habían sido vistos tan lustrosos, en nuestra época, lector, le habríamos llamado "hippie". Aproximadamente la una de la tarde, la comida ligera estaba siendo preparado a lo grande en el centro de la aldea por la mejor cocinera, ya en las pocas mesas del claro donde se iba a realizar la ceremonia y luego la celebración, se empezaban a acomodar la vajilla (obviamente otra amabilidad deSesshōmaru-sama) blanca, pulcra como de quien venía. A los alrededores de la aldea acercándose estaban los repartidores de sake, claro, la mayoría para humanos y un par de recipientes para el patrocinador del evento mas grande de la vida de muchos pobladores.
Las cinco de la tarde en un verano como el que estaban a travesando no era lo que uno llamaría fresco, por lo que el grupo de "damas de honor" partió a darse el último baño refrescante. Quince jóvenes de variadas edades chillaron alegres por la felicidad empática reflejada de la novia; Sango lucía cada vez mas radiante con el paso de las horas de su tan ansiado día, ya se lo habían dicho Ahome, Rin y Ayame (invitada de última hora) varias veces, halagando el brillo en los ojos de tan bella mujer. El monje tenía suerte. Hora y media después todas salieron todavía mas bellas y aromáticas que antes. El grupo se dividió; las siete aldeanas mas cercanas a Sango tomaron rumbo hacia sus chozas para poder arreglarse, la novia y su séquito restante dirigieron sus pasos a la casa de la anciana Kaede, ahí ocurriría la magia real.
Kaede ya tenia todo mas que preparado, después de todo era la segunda "wedding-planner" oficial y oficiante de unión. Velas con aromas exóticos adornaban el humilde hogar, flores y plantas de todos tipos, tamaños y colores colgaba de aquí y allá, dando el toque de cuento de hadas deseado por Ahome, quien impartía el rol organizadora general. Sango no podía cerrar su boca, súbitamente abierta por la impresión y el orgullo que sentía, nunca imaginó que hicieran todo esto por ella; entre llanto y llanto abrazó a Ahome y a Kaede en una unión constrictora.
Todo pasó en un santiamén mas tarde, las siete y media según el estado del sol dio por concluida la preparación.
Justo en el lado norte de la aldea -el mas bello en vegetación, por supuesto- habían preparado varios aldeanos bondadosos un altar de madera, decorado por enredaderas verdes con pequeñas flores blancas. Detrás, estaba el bosque; más reluciente que nunca, hasta parecía estar feliz anunciando el futuro de la pareja. Y ahí, en ese mismo sagrario, se encontraba el hombre del momento, Miroku no podía esperar para ver a su bella novia; esta era la instancia definitiva y solo faltaban minutos para encontrarse de una vez y para siempre. A su izquierda, el siempre fiel amigo InuYasha, un paso mas allá Shippo; ambos extrañamente vestidos y bañados, dando apoyo a los nervios del pobre hombre.
Era el momento. Lo anunciaba la ligera música de un shakuhachi, koto, mu-yu, y shamisen tocados rudimentariamente por varias personas del pueblo vecino, presentes de buena voluntad -entiéndase bajo amenaza- gracias a InuYasha; todo el mundo volteó a ver la calmada caminata de la novia, envuelta en un kimono ceremonial del mas puro color blanco sostenía por el brazo a su querido hermano Kohaku -revivido igual que Kikyōu-. A tres pasos del altar, el ahora adolescente besó muy suavemente la mejilla de Sango reteniendo con todas sus fuerzas las lagrimas que amenazaban con correr al ver que por fin, su única familia sería tan feliz como merecía.
El corazón latía rápido, los colores rebosaban y las promesas eran dichas por ambos esposos. Las dudas y el miedo se fueron a alguna parte muy lejos de ese lugar, los dos sabían que se iban a amar por mil años[...]
[...]—Si quiero, hoy y para siempre.— pronuncio sin remordimientos el monje vestido con túnicas ceremoniales negras.
—Sí quiero, hasta después de mi muerte.— nada le arrebataría a Sango su felicidad luego de este juramento. A su lado, tenía a la mejor hermana que la vida le pudo regalar, compartiendo con orgullo el mejor momento; pensando un poco egoístamente si así de hermosa podría ser su propio acoplamiento con Lord Sesshōmaru, quien un tanto apartado no apartaba su dorado mirar de ella. Azul chocó con ámbar y ambos amantes entendieron que podrían encontrar un amor como el que estaban presenciando, pero en ellos mismos.
Como todos sabrán, luego de la ceremonia de unión, viene la gran fiesta, y ya lo dije antes, pero hay que repetirlo; el gran perro del Oeste no escatimó en gastos para sus nuevos amigos. A mas de cuatro horas de celebración y siendo mas de la media noche, los ánimos y el alcohol estaban por las nubes. Absolutamente todos bailaban al ritmo de la banda improvisada riendo y cantando viejos poemas ultrajados a alegres canciones.
Sentado en la mesa principal estaba el Inu-tachi descansando; Sango y Miroku abrazados compartiendo besos poco castos, nadie se quejaba, ya no habían niños por la zona al se tan entrada la noche; InuYasha dejó por fin de dar miradas llenas de odio a la pareja del Oeste, ya un poco mas que borracho se había dirigido a su típico encuentro con Kikyōu. Y de los previamente nombrados, no tenían ánimos de esconder su amor, obviamente gracias al alcohol en la sangre de ambos:
—¿nuestra b-boda será así, Sessh?—preguntó Ahome arrastrando notoriamente cada palabra, Sesshōmaru, por su parte tenía la mejor vista de la noche; su querida mujercita en su regazo con ambos brazos enrollados en su cuello repartiendo esporádicas caricias de nuca, nada mas relajante y al mismo tiempo estresante. Ella era tal vez demasiado cariñosa en su estado etílico, ya había pasado de su dosis de besos mariposa comunes, cada palabra que pronunciaba era un "piquito" mas en su rostro. A cada segundo era mas difícil no bajar sus grandes manos llenas de garras letales -actualmente en la pequeña cintura- directamente a ese glorioso par de nalgas.
—Lo que tu quieras, Koi, éste concederá. —el frío Lord enterró su nariz en el cuello femenino mientras contestaba con la voz mas grave que su garganta permitió; sintió un escalofrió provenir de la miko cuando lamió adrede solo por un segundo esa redonda y pequeña oreja.— ¿le apetece a mi señora dejar la fiesta ahora? hay asuntos de mas importancia que amaría atender con usted.— ahora sí, bajó solo una mano rozando el perfecto muslo de Ahome, mordió con un solo colmillo la columna justo en el centro de su cuello.
—Usted sabe, Lord Sesshōmaru, que amaría que me atienda —suspiró echando su total peso hacia atrás, poniéndose dramáticamente la mano en la frente.— en especial, debería prestar atención a mis terribles dolencias, como...justo... aquí— llevó deliberadamente la gran mano de su falso futuro esposo (cosa olvidada completamente por el alcohol) directo su pecho, por encima del corazón. Claro que Sesshōmaru no tardó medio segundo en presionar el blando montículo.
—mhn,mujer... son tus amigos los que están en frente, y tus aldeanos los de alrededor; éste está seguro de que no quieres que te tomemos aquí, ¿o tu señor se equivoca?—apretó por encima del precioso kimono de Ahome el pezón, notando rápidamente la protuberancia en la tela.—claro, siempre podemos ir al bosque.
—e-ellos no se darán cuenta si me tocas solo un poco mas, míralos... —no los había notado antes, tan concentrado en el calor de su mujer, pero los novios estaban mas que acaramelados justo a unos metros de ellos. Ese intercambio de saliva y manos debería ser privado; aunque claramente a él no le importaba en lo mas mínimo, de hecho en cierto modo, lo estimulaba.— ... solo quiero bajar el calor que me provoca usted, mi Lord...— ella definitivamente tenía conocimiento pleno de la materia Provocación a Sesshōmaru III. Coló su mano por la parte baja de la falda del traje, justo donde no podía verse lo que hacían gracias a la mesa y las telas, tanto de sus ropas como de los manteles. Y ahí, escondido entre esas piernas preciosas, estaba su premio, la perla mas mojada del mar. Dejó el provocativo pulgar izquierdo sobre el hinchado clítoris de Ahome sin moverlo un milímetro y le habló detrás de la oreja:
— eres una perra malvada, Ahome. Ninguna puso tan duro a éste como tu en este momento— ahora con su mano derecha -una bendición haberla recuperado- acomodó su erección debajo de la mano izquierda de ella, quien ya sin el pudor virginal que le quedaba (de nuevo, obra del alcohol) apretó de arriba a abajo, y, sin que se lo pidiera, la metió por debajo de la hakama ceremonial, el roce piel con piel se sintió el cielo.— ¿no te molestaría que alguien nos viera, cachorra?
— ya tuvieron su tiempo para estar horrorizados de la sacerdotisa del pueblo, perrito. A demás, absolutamente nadie recordaría nada por la mañana, siga por favoramo.—ya que lo pedía así, no había ser que se negara. Movió los previamente colocados dedos sobre el empapado sexo de Ahome, ella solo gimió tan bajo como pudo al mismo tiempo que movía de un lado a otro el miembro casi erecto por completo de Sesshōmaru, si alguien se acercaba, no habría forma de ocultar ese monstruo. Como dicen por ahí, el peligro enardece la pasión.
Nueve minutos mas tarde, casi estaban por acabar—baja la voz, cachorra, van a oírte, solo éste debo escuchar tus maullidos. Dime, ¿quieres que te oigan?
—Sessh, sí...—podía sentir los músculos en el interior de su vagina se apretaban, anticipando la liberación probablemente mas grande que había tenido, y solo podía jadear. Como amaba la voz de este sujeto, ese lenguaje tan vulgar y tan poco propio de su titulo, posición y belleza lo hacían un poco mas terrenal, justo lo que la desquiciaba.
—¿te excita pensar que tus amigos puedan verte? seguramente arruinaría tu imagen pura, pero no quieres que pare.
—¡no! no pares por favor, -¡oh dios!- t-te necesito hasta el final.
—si gritas así alguien vendrá y te verán, no tengo ánimos de matar esta noche. Contesta—de verdad Ahome quería contestar, pero el sonido acuoso de sus dedos en su sexo no la dejaba pensar, ¿Cuál era la pregunta?
—¡si!, ¡si! me pone, quiero que me vean mientras haces estas maravillas con mi cuerpo y alma— a modo de petición silenciosa aceleró las estocadas de su propia mano sobre el gran falo que sostenía— ya me falta poco, Sessh. Haz que me derrita desde dentro...
—ughm... eres la perra perfecta, cuando por fin te tenga, no habrá comparación. Éste te lo jura— con eso, estaban a punto, hasta que...
—oh Dios, ¡Miroku!, te amo, te amo, ¡te amo-oh-oh!—ambos, Ahome y Sesshōmaru, cesaron su casi orgasmos de forma abrupta para ver con los ojos abiertos de par en par como la gran pareja de recién casados hacían exactamente lo mismo que ellos justo en frente. Aunque con mucho, mucho menos disimulo; Sango abrió las piernas de par en par mostrando su húmedo canal directo hacia ellos, Miroku la penetraba con tres dedos. Dios, Ahome agradecía casi estar en las penumbras del bosque, aunque sin que ninguno se diera cuenta, la gente del pueblo los había abandonado por completo. Solo quedaban cuatro calientes asistentes.
—no se detengan por nosotros, y si no les molesta, queremos verlos— esta vez habló el monje, probablemente por que Sango estaba ocupada gimiendo.— sin embargo, si les inhibe o molesta, pararemos.
Ahome miró a su macho, encontrando la mirada mas oscura que le había conocido, pero no sabia definir si quería matar, o comerla. Aunque cuando volvió a tocarla con la ferocidad de hace unos momentos, entendió que quería lo segundo.
Que Dios la salve.
