Una jovencita que a penas media un metro con cincuenta, llevaba cargando una bandeja de plata, con té, galletas, y una rebanada de pastel. Alrededor de los pasillos del castillo de Konoha, ella era bien conocida por ser el apoyo de la princesa, y es que aunque fuera menor que su ama, logró llevarse bien con ella, al punto de quererla tanto como su propia hermana.
Los caballeros la saludaron y le ofrecieron la ayuda para entrar a la alcoba de la princesa, se ponía el sol, y todavía, debía vestir bien a Sakura. A pesar de que ella no iría a la reunión de soltería de Shikamaru, Moegi todavía tenía la orden de vestir correctamente a la joven en la alcoba, pues la Condesa Yoshino, la Reina Mebuki y Lady Yamanaka, tendrían una cena completa.
Una vez negada la ayuda de los caballeros, abrió la puerta y no encontró a su princesa, cerró la habitación con la cadera y puso la bandeja sobre la mesa.
—¿Princesa? —inquirió con voz alta, pero no fue respondida por nadie— Hmmm, y yo que ya tenía en mente el vestido que le pondría... Bueno, no importa, debe estar con el profesor Kakashi. Yo debería empezar a empacar las cosas para la boda... ¡Qué emoción!
Moegi se perdió en la alcoba y no sabría más de Sakura hasta después.
[...]
«1, 2, 3, 1, 2, 3, 1..., 2..., 3», decía en su cabeza, Sakura, practicando con el arma en sus manos, en el jardín del oeste.
Una completa inexperta en el manejo de armas, pero que toda su vida había observado el entrenamiento de los guardias, y veía representaciones de guerreros antiguos, incluyendo, las largas horas de lectura acerca del equipo táctico de la caballeriza.
«Ojalá pelear, fuera igual que bailar, así no costaría tanto...», pensó. Estaba sudando un poco, a pesar de que la brisa del anochecer la abrazaba.
Algunos guardias la observaban, aunque fuera la princesa, todavía podía escuchar unas risas ahogadas en aquellos pesados y grandes cascos, la caballeriza reía sin ánimos de ofender, pero era porque jamás habían visto tal porte de Sakura.
«Ahora mismo Yamato no debe estar con los caballos en el establo, debería de ir ahí»
Y antes de dar la vuelta, se encontró todavía a Sasuke, con su chaqueta como abrigo y una lámpara con la vela recién cambiada, aún haciendo anotaciones. Tenía las botas muy sucias, y la parte de las rodillas del pantalón estaba cubierta de musgo.
—¿Sasuke? —dijo Sakura, un poco preocupada— Sigues todavía aquí... son ya las siete.
—Lo siento, iba a retirarme, pero tal parece que éstas plantas adoptan otra apariencia con la luz de la luna. Si le molesto, me retiraré en cuanto haga mis anotaciones.
Ella negó con la cabeza.
—No me molesta para nada, es más, me complace tenerte aquí. Pero pensé que quizá la Condesa Uchiha se enojaría de que su hijo no se encuentra con ella, alistándose para el viaje de mañana.
—Mandé un halcón mensajero para ella. Además, nuestras cosas ya están empacadas y en el carruaje. No hay de qué preocuparse, mi hermano Itachi está allá también. Cómo dije, en unos minutos me retiraré.
Sasuke se volvió a perder entre sus notas, ignorando por completo a Sakura, quién dio la media vuelta hacia su destino.
«Extraño, muy extraño...»
Pronto llegó a dónde quería, encendió las candelas y levantó las telas de su vestido, mostrando, sus delgadas piernas, asegurándose de que nadie la veía.
Volvió a lo suyo, siguiendo su enumeración mental, imaginándose que peleaba con alguien que quería hacerle daño.
—¿No es un lugar muy oscuro para practicar? —sonó una dulce voz, que para Sakura, llegó a ser insoportable, pero que ésta vez, la hizo temblar, dejando caer la daga, sobre el pastizal.
—¿Hanare? —exclamó Sakura, con un poco de temblor en las manos, escondiéndolas detrás suyo— ¿Qué haces aquí? ¿No sé suponía que estarías con Shikamaru y los demás en tu taberna?
—Bar de clase alta, su Majestad —contestó, con un toque malicioso, y unos ojos que provocaban desconfianza—. Y sí, así debía ser, pero el padre de uno de sus amigos nobles, me mandó a buscar a su hijo, para que celebre con los demás. Sir Sasuke Uchiha debía estar allá hace una hora, y no ha aparecido.
—Él está en el jardín del oeste del castillo, si tienes suerte, todavía lo encontrarás ahí. Ahora con permiso —Sakura corrió a levantar el arma, pero Hanare puso un pie sobre la daga, impidiéndole a ella, tomarla.
—No debería jugar con este tipo de cosas tan filosas, sola y en medio de la noche, es muy peligroso.
—No es peligroso si es mi castillo, además, los guardias están cerca de aquí. Quite su pie, es de mala educación.
—Hmp, tal y como estaban cerca del anterior rey, cuánta confianza desbordada —la mujer, vestida con telas que enseñaban de más, y un cuerpo que brillaba con aceites que Sakura desconocía, levantó el filo y lo apuntó hacía ella.
—Baja el arma, estás cometiendo un delito muy grave.
—¿Sabe algo princesa? Todo el mundo es peligroso, incluso usted lo es. Aunque no tenga la fuerza para hacerme caer, tiene la presencia y la palabra. Pero no tengo miedo. Es un peligro, sobre todo cuando una es inexperta —sonrió con cierta malicia, mojando sus labios son saliva—. Nunca se sabe, quién podría hacerle daño, SIN QUERER.
Sakura se quedó quieta sin gritar, mirando en cámara lenta como Hanare acercaba la daga a su garganta. No podía gritar, y el miedo la hizo quedar en un shock. Hasta que por detrás, un hombre más alto que ambas, tomó del cuello a la castaña, ahorcándola y haciéndola soltar el arma. Ambos cayeron al piso, y la mujer, le rasguñaba el rostro con sus largas uñas.
—Sa... ¡Sasuke! —gritó Sakura todavía llorando, e inmóvil, frente a los dos.
—¿No es ésta la prostituta de Kakashi?
—¡Fue un error! —exclamó Hanare, viendo que le hizo daño a una persona de mucho poder— Lo siento, lo siento!
—¡Fue sin querer! —Sasuke todavía mantuvo sus manos en el cuello de la mujer castaña, quién ya no tenía fuerzas, comenzó a poner los ojos en blanco.
—¡Princesa! —gritó Moegi, y desconociendo la situación, comenzó a golpear a Sasuke con sus zapatillas— ¡Suéltela animal!
Sasuke apartó a Moegi de un empujón, cayendo en unos bloques de paja, ella se quejó, pero aún así, no dudo en seguir lanzándole todo lo que tenía a la mano para detener la violencia que estaba ejerciendo sobre Hanare.
—¡¿Qué es todo ésto?! —cuestionó Kakashi mientras trataba de separar a Sasuke de su amiga.
Ella comenzó a toser frenéticamente, en brazos de Kakashi, mientras que Moegi seguía golpeando a Sasuke.
—¡Yo lo vi! ¡Él la estaba ahorcando! ¡A ella!
Kakashi todavía con Hanare en brazos, miró a Sakura, quién seguía congelada por lo que había visto.
Un dolor en el pecho le llegó a Kakashi.
«Princesa, no mire, no debe mirar», recordó él, comenzó a temblar.
Sasuke regresó su mirada a Sakura, cubriéndola con su chaqueta, mientras Moegi desesperadamente le gritaba que se separara de Sakura. Él, todavía la abrazó, soportando los pequeños golpes de Moegi en su espalda.
—¡Ese niño, se abalanzó sobre de mí! ¡Porque la princesa no se lo permitió! ¡Ese hombre es un maldito! —aún tosiendo, Hanare no dejó de despotricar contra Sasuke, aprovechándose, de que Sakura comenzó a llorar y a temblar.
Los guardias llegaron a rodear a las cinco personas que estaban ahí. Sakura todavía podía mantenerse de pie, mientras Sasuke le ayudaba a caminar a la salida del establo.
Pero antes, Sakura recogió el arma entre sus manos, que poca fuerza tenían. Agachada, miró a Kakashi con tristeza y con un leve desprecio.
Ella tragó saliva, mientras el Uchiha trataba de mantenerla de pie.
—Fue ella —señaló con su dedo índice, para después, caer en un profundo sueño.
[...]
—Te preguntaré otra vez —exclamó él, tirando un vaso de cristal sobre los pies de la cortesana—. ¿Por qué lo hiciste?
Ella no respondía, había dejado de temblar desde hace un rato.
Estaba encerrada, en una de las habitaciones del castillo, alejadas de todo guardia, pareciéndose a un calabozo, con la diferencia, de que había una cama y una mesa, bastante gastadas por el tiempo.
—Ya te dije que fue el Uchiha quien se abalanzó hacia mí, lo hizo después de que la princesa lo rechazara. Por favor Kakashi, créeme. Esos niños están malditos, yo lo vi, ¡Vi sus ojos completamente rojos!
—¡Eso es mentira! —Kakashi golpeó el rostro de Hanare con un látigo, dejándole una pequeña marca en su mejilla— La princesa te señaló a ti, ¡¿Por qué Sasuke debería ser el culpable si claramente él fue quién más se preocupó por ella?!
—¡Para pasar desapercibido! —lloriqueó la mujer— Kakashi te lo ruego, debes creerme, ¡Incluso la criada se abalanzó hacia ella, estaban los dos juntos! ¡Sí! ¡Los dos! ¡Pero justamente ella cuando llegaste tú, se puso en contra de él! ¡Todos odian a la princesa Sakura y llegué yo a defenderla, pero se malinterpretó!
Kakashi no dudó en tomar el látigo con más fuerza.
—Yo no hago ésto con las mujeres, pero tú, eres un demonio. No permitiré que vuelvas a hacerle daño a nadie, en nombre de los Haruno. Perdóneme, Rey Kizashi, prometo no volver a tocar a ninguna mujer de ésta manera.
El cuarto, lleno de gritos, no dejó cubrir la guardia en paz a los caballeros, quienes se miraban incrédulos ante lo que escuchaban.
Y así siguió, hasta que la última rondada del último caballero, quién suplicó, no volver a escuchar algo así, jamás.
[...]
Se escuchaba la brisa, mover un poco las ventanas, y algunas velas, cediendo a apagarse, Mebuki estaba postrada en el trono, mientras que un caballero le daba la entrega de una nota, con la letra de Sasuke Uchiha, quién se encontraba, justo frente a ella.
—Mi reina, es más de media noche, mañana han de partir temprano —comentó Shikaku a su lado, un poco desaliñado.
—¿Ésto es todo Sasuke? —inquirió la reina, recibiendo un Sí como respuesta— Es un informe muy detallado de lo que viste.
—Espero que cuando la princesa despierte, ella misma se lo afirme, mi señora —comentó, aún estando apoyado sobre su rodilla—. Mi padre está esperándome en el carruaje, tengo que irme. ¿Necesita alguna otra declaración?
—No, con ésto será suficiente para sentenciar a esa mujer a la horca.
—Entonces me retiraré.
Sasuke se arrodilló frente a Mebuki, quién luego de leer la carta, comenzó a hacerse un masaje sobre el puente de la nariz.
—¡Muchacho! —gritó Lord Shikaku, atrayendo la atención del Uchiha—. Haz que te traten las heridas del rostro. De todos los clanes de Konohagakure, ustedes son los que más cuidadosos deben ser con la piel.
—Tomaré eso como una ofensa, Lord Shikaku.
El Nara mayor, sonrió, segundos después, se inclinó ante Sasuke.
—Gracias por salvar a nuestra princesa.
Sasuke, con un paño en la mejilla, volvió a caminar hasta la salida del castillo.
—Pagué una deuda que tenía conmigo mismo, Lord.
El muchacho se fue, y finalmente, Mebuki logró deshacerse en lágrimas. Yoshino, quien acababa de llegar después de tratar a Sakura, le comentó que la princesa estaba bien, y que acababa de despertar.
Lejos de ser la instructora de Sakura, se portó como una amiga de Mebuki, y comenzó a abrazarla mientras la reina, lloraba en su trono.
[...]
—¿Cómo estás? —preguntó la matriarca Haruno, limpiando con un paño frío, el rostro de Sakura.
—Bien.
—Princesa, ¿Quiere que le traiga algo? ¿La rebanada de pastel?
—No Moegi, estoy bien, gracias.
La joven sirvienta entendió que debía dejarlas solas, tanto a la madre como a la hija, en la alcoba. Levantó la bandeja de comida que yacía ahí desde la tarde, y salió.
—Siento haberte dado esa arma —masculló Mebuki, mientras veía la daga, apoyada en la mesita del centro—. Sólo te puse en peligro, disculpa.
—No, tarde o temprano, alguien intentaría hacerme daño. No es culpa tuya, madre.
Mebuki besó la frente de su hija, y la abrazó cálidamente.
—Lo siento hija, lo siento mucho, por poco yo te pierdo, mi niña linda, nunca permitiré que nadie más te vuelva a hacer daño. Primero muerta, primero muerta mi amor.
—Mamá, ella intentó hacerme daño, pero él... él me salvó. Sasuke estuvo ahí... tardé en entender que había una pizca de esperanza para mí, y me dijo que no debería tener más miedo... Mi papá y tú pasaron cosas peores, y nunca se detuvieron.
—Nunca me detuvieron a mí, pero sí a tu papá. Sakura, esa esperanza guárdala muy bien... yo... tengo la premonición de algo.
—¿Qué es? Madre... yo estoy bien, estaré bien si tú y los demás se quedan a mi lado. No te alejes nunca.
Sakura abrazó a su madre otra vez, pero ella, calló. No dijo nada más, recostó a su hija sobre sus piernas, y la hizo dormir, mojando el vestido de la reina, con sus imparables lágrimas.
La madre tarareaba una canción de cuna, hasta que se quedó dormida. Esperando, que el mañana y los demás días, pasarán rápido...
Capítulo XII Finalizado.
[...]
Doble capítulo, quién lo diría, que se pudiera escribir novelas por telepatía. xD
Espero hayan disfrutado de éste capítulo, nos leemos en el siguiente:)
