—Mebuki, Mebuki —Mebuki cerró el libro entre sus manos, poniendo completa atención a la persona que estaba frente a ella, con las manos colocadas en el escritorio principal—, ¿Estás escuchando, querida?

—No entiendo, ¿A qué te refieres con eso?

—Es más que claro, que la niña que vamos a concebir, pagará lo que hemos deseado por un hijo.

—¡Sigo sin entenderlo!

—Consulté con ellos, y han dicho que sufrirá muchos males...

—¡Mi bebé nacerá muy sana! ¡No los escuches a ellos! Tienen el cerebro podrido, lo único que quieren es quitarnos de lo que tanto nos esforzamos por obtener.

—No hablo de salud, Mebuki, mi niña tendrá que sufrir demasiado. Incluso por nosotros. Eso no lo entendí.

—Sus falsos oráculos nadie los cree, sólo ella misma forjará su propio camino. Kizashi, no digas tonterías, mi niña será la princesa más feliz del mundo.

—¿Entonces por qué sufre desde que yo morí, mi amor? Y pronto... lo hará por ti.

—¡¿Qué dices?!

—También lo hará, por miles... miles de personas más... ese dolor... te tocará vivirlo en carne propia, ese es el dolor con que deseamos un bebé... por nuestro egoísmo...

—Kizashi, ¿A dónde vas?

—Me sentaré, a esperarlas a ambas... éste es, su destino, y no puede ser cambiado.

[...]

—teza... alteza... ¡Su Alteza! —Mebuki abrió los ojos lo más rápido que pudo, encontrándose con Lady Yamanaka, que lucía muy preocupada por ella—. Ya es algo tarde, tengo que partir. Le dejé el vestido sobre el sillón de la princesa Sakura.

Mebuki frotó sus ojos con fuerza, pues todavía no lograba despertar del todo, mientras lo hacía, preguntó

—Ella, ¿Dónde está?

—Estoy aquí, madre —dijo su hija, yendo hacía ella, con un largo vestido rosa, con hombros descubiertos, y una tiara puesta en la cabellera rosada.

La joven, lucía muy elegante, aunque era un tocado únicamente para el viaje, de lejos para la boda, y la recepción, se veía muy hermosa.

—Luce preciosa, princesa Sakura —exclamó Lady Yamanaka, mientras acomodaba las telas del vestido—. Su Majestad, tendré que irme ya. Lady Yoshino se fue desde hace un par de horas, junto a Lord Shikaku y Shikamaru. Mi hija y yo tenemos que hacernos cargo de la vestimenta de la princesa Temari.

—Adelante Lady Yamanaka.

—Y también, sobre lo de ayer... —habló bajó, la madre de Ino, casi acercándose a la oreja de la reina— Sir Might ha ofrecido su escuadrón de caballeros como escoltas personales de la princesa Sakura. Están esperándolas fuera.

Mebuki exhaló preocupada, mirando a su hija de reojo, quién al escuchar la palabra «ayer» no dudó en alejarse al espejo junto a sus damas.

—Diles que gracias, aceptaré su oferta.

La señora asintió, dio unos cuantos pasos hasta Sakura, y la tomó de las manos, le dijo algo que la reina no pudo escuchar y se marchó.

Unos segundos después de haber cerrado la puerta, al menos seis damas de compañía rodearon a la reina para alistarla.

[...]

Tenía un dolor de cabeza insuperable, Guren le había llevado un té para aliviarla. Sakura ya estaba con el carruaje. Hacía unos días atrás pensó que iría con Itachi en su carruaje, pero no fue así, después del atentado contra ella, tuvo que quedarse con su madre.

Mebuki todavía en el castillo, fue directamente a una de las habitaciones donde se quedaba Kakashi. Encontrándolo subiéndose la mascarilla, y posteriormente, arrodillándose frente a ella.

Los caballeros que habían abierto la puerta, tuvieron que irse, bajo la señal emitida por la reina con una mano. Una vez cerrada, Mebuki lo miro directamente.

—Bájate la máscara —exigió.

El Hatake, todavía de rodillas, no hizo caso omiso a la orden, dejando descubierto, un rostro que pocas personas habían presenciado.

Había muchos comentarios respecto a su apariencia, la reina los sabía todos, y también, sabía la verdad.

—No deberás bajarla ante nadie hasta que sanes, claro. Si todavía tienes vergüenza de mostrar tu rostro a los demás, ¿Entendiste?

Él no lo entiendo por un segundo, pues todavía estaba en shock por las palabras de la reina. Al ver que la mujer subió las faldas del vestido, lo comprendió. Sacó un látigo metido entre sus piernas, y lo acarició.

«Hace mucho tiempo que no lo uso» pensó.

—Si me contestas con la verdad, lo haré menos rudo, y será menos doloroso —expuso, después, miró sus manos, una apoyada sobre su pecho, y la otra, en su pierna—. También deberás usar guantes. Asegúrate que cuando llegues a Sunagakure, un médico te atienda.

El hombre sudó frío. Todo era su culpa. Una vez con los ojos cerrados, estiró ambas manos, dejando ver su pálida piel.

Y así, Mebuki dio el primer azote en su rostro, dejándolo marcado.

Comenzando, una serie de preguntas, que al menos, duró cuarenta minutos.

[...]

Subió al carruaje, Sakura no se quejaba por el tiempo que su madre había tardado, en cambio, sostenía un libro entre sus manos, leyéndolo con mucha paz.

El cochero comenzó el viaje, y detrás de él, cinco carretas jaladas por hombres del clan Lee. Quienes vigilaban cualquier cosa.

—Tienes las manos muy rojas —musitó Sakura, cambiando de página—. ¿Tanto frío tenías que pusiste las manos al fuego?

Mebuki negó con la cabeza, mirando por la ventana todo el paisaje de lo que abandonaba por un período de tiempo, mientras sobaba su muñeca.

—Tenía que poner las cosas en orden. Es todo.

Sakura no comprendió, aún así, guardó silencio. Esperando llegar a Sunagakure junto a su madre, la reina.

[...]

En tanto llegaba algo tarde, Kakashi vendó sus manos, todavía temblando, y puso encima sus guantes. En su rostro, todavía rojo y sangriento, se arrojó un licor que tenía guardado, quejándose en voz alta, limpiando el resto con una sábana. Apestaba a alcohol, pero el dolor era tan fuerte, que lo ignoro y se colocó la mascara otra vez.

«Dejará marca, estoy muy seguro» especuló mientras tomaba su maleta.

—Sir Hatake —dijeron los caballeros que resguardaban su habitación—. Los miembros del consejo quieren verlo, ya que ni la reina ni Shikaku se quedaron, usted es el único.

—¿Y ahora qué quieren esos ancianos?

Tragó en seco y caminó hasta la sala de reuniones, tiró su maleta al piso, y vio a ambos señores, muy ancianos, pero que eran insoportables.

«Dos alfileres en el trasero».

Él se inclinó ante los dos, Homaru y Koharu respectivamente.

—Pensamos que Mebuki vendría a vernos, pero se ha largado antes. Si tanto le desagradamos y no quiere tratarnos, puede ponerle su decoración a la inútil de su hija —afirmó el anciano.

—Estuvo resolviendo el asunto de ayer en la noche —respondió Kakashi.

—¿Por qué apestas a alcohol, marqués?

La anciana lo miró de pies a cabeza, incrédula.

—Es una loción popular en Tsuchigakure.

—Una loción de esclavos. Seguramente. Una mala imagen del reino de Konoha a los demás. Das mucha vergüenza, tanta vergüenza como éste patético gobierno —Homaru tomó su bastón y se sentó en un pequeño banco al centro.

—La reina dijo que ya había resuelto sus dudas y que tuvo acordado que ustedes serían los encargados del reino mientras ella regresaba. No entiendo por qué es necesaria mi presencia.

—Queremos asegurarnos que la puta que has traído a divagar por éste castillo, está muerta.

Kakashi abrió los ojos como platos, podría ser que ellos dos estaban un leve preocupados por la princesa.

—Esto es más por seguridad nuestra, al menos ella tuvo la fuerza para apartarse, pero nosotros solo somos ancianos. Sabes bien que si resultamos heridos durante su ida, al regresar, el pueblo caería en manos del clan más devoto del reino, en éste caso, de los Hyūga. Y entonces, el trato de tener soberanas al mando, se rompería, dejando a tu querida reina y su hija en la calle.

—Eso no pasará, Lady Koharu. La protección del castillo ahora es tres veces más segura. Y tenemos apoyo del clan Lee y Akimichi. Tengan por seguro que no les pasará nada.

Koharu se quedó callada.

—Todavía no respondes nuestra pregunta —exclamó el mayor—. ¿Está muerta?

—De ese tema ya me encargué, no tienen por qué sentir preocupación. De todos modos, la reina no tardará más de cinco días en volver.

—Confiamos en ti, el subordinado más cercano a la realeza.

—Me siento halagado.

Koharu tomo su bastón y golpeó a Kakashi en una costilla, sacándole el aire y dejándolo aturdido.

—Que confiemos en ti no significa que no nos vaya a pasar nada, ésto es por poner en peligro el reino. Ahora lárgate, ya apesta a borracho aquí dentro.

Kakashi se fue con pesadez del salón.

Tomó su maleta y se apresuró al carruaje.

Antes de salir del reino, se encontró con Moegi, llevando un juego de sábanas al dormitorio de Sakura.

—¿Moegi? ¿No irás con la princesa?

—No, ella me dio unas vacaciones, además, me sentiría muy avergonzada con Sir Sasuke Uchiha y... con todo el clan. Quien se encargará de ella será la condesa Yoshino.

—Entiendo.

—Señor Kakashi... su mascarilla está goteando... ¿Estuvo bebiendo?

—¡No! —exclamó avergonzado— Tengo que irme, nos veremos después.

Moegi se despidió con una mano, mientras se volvía a adentrar a la habitación vacía de la princesa.

«Vacaciones, qué absurdo. No tengo a dónde ir. Iré con Guren y Orochimaru, quizá sea mejor mantenerme con ellos y comer cosas deliciosas hasta que ellas regresen».

[...]

Un carruaje muy modesto, que dentro tenía a una familia completa, llevaba la delantera ante el carruaje real, habían salido muy temprano, y al ritmo del caballo, llegarían más rápido.

El patriarca del clan hacía como que dormía, mientras su mujer, escribía unas cuantas cartas.

—Ya deja eso Mikoto, me molesta el sonido.

Ante las exigencias de su esposo, Mikoto no dejó de sonreír y tampoco paró.

—Tal y como la reina, también tengo deberes con nuestra gente.

Mikoto miró a Itachi, quién tenía un semblante decaído, después, a Sasuke, que repetía lo mismo que su padre, el dormitar.

—Por qué no mejor me dices, cariño, ¿Qué pasó después de la reunión con cortesanas?

Fugaku posó sus ojos sobre de Itachi, y después, hacia su esposa. Lo había hecho de esa forma, porque habían asistido juntos a la celebración que casi termina en tragedia.

—Al notar que esa mujer no estaba, Kakashi salió de la fiesta que él mismo había organizado. Y ahí estaban los bastardos Hyūga. Mucho no había por hablar. Y si te preguntas si me acosté con alguna cortesana, ahí está el guardián que procreaste.

Mikoto volvió a sonreír calmada regresando su visión a su hijo mayor.

—Itachi, no te sientas culpable de no estar con la princesa Sakura, ahí estaba tu hermano, defendiéndola. Sasuke, estoy casi segura que ella te tomará más en cuenta que ahora.

—Me da igual. Simplemente... fui justo.

Sasuke abrió los ojos, viendo por la ventana, recordando tener a Sakura abrazada de él.

—Estoy muy orgullosa de ti, mi amor —Mikoto tomó las manos de su hijo, apachurrándolas con cariño.

Sasuke la ignoró, y la Uchiha comprendió que él ya estaba grande para esos actos. Con tranquilidad, siguió escribiendo. Continuando así, el largo camino a Sunagakure.

Capítulo XIII Finalizado.

[...]

Hola, aquí les dejo la actualización, espero que estén muy bien. Por lo pronto, yo creo que mañana actualizaré. Los planetas se han alineado.

Nos vemos.

Les mando un fuerte abrazo de oso a la distancia, gracias por leer!