El viaje había transcurrido tranquilamente, las damas de compañía de la reina detenían muy de vez en cuando el carruaje para llevar una bandeja de plata llena de comida para ambas mujeres. Mebuki no quiso detenerse en una posada, iban con el tiempo encima, así que decidió comer durante el camino, y para que éste terminara, faltaba medio día.

A Sakura comenzaba a dolerle la cadera y la espalda, agradeció traer gran cantidad de libros para pasar el rato, pero incluso comenzaba a sentirse molesta con el corsé apretado y estar sentada todo el tiempo.

—Cuando termines de comer, puedes recostarte en el asiento —comentó Mebuki mientras preparaba su comida—. Debes de sentirte muy cansada.

Sakura comenzó a tomar los cubiertos y dijo

—Es la segunda vez que vengo aquí. La primera vez fue en el velorio de la reina Karura, hace unos años...

—Estabas muy pequeña.

—No recuerdo que el viaje fuera tan pesado.

Mebuki sonrió, recordando que Sakura dormitaba en sus brazos, y se quejaba del calor de Suna.

«Fue mi primer viaje real sin Kizashi».

Sakura y Mebuki no hablaron más, hasta el anochecer.

El cochero había sido rolado por otro caballero, mientras éste descansaba. Llegarían a Sunagakure al amanecer, la boda se celebraría por la tarde y la recepción duraría lo que restaba del día. La pequeña Haruno todavía estaba inmersa en la lectura de un libro que parecía ser de romance, a veces su madre podía notar leves sonrojos.

«Cuanta mocedad».

—No sé si sea buena idea decirte ésto —Mebuki comenzó a desdoblar una manta, se estaba preparando para dormir, su hija, al notar la acción de su madre, deshizo el nudo de las cortinas para que quedara la única vela encendida en el carruaje y tener mayor privacidad—. Bueno, te lo diré, así regresas más tranquila.

La matriarca hizo un gesto para que Sakura se sentara a su lado, para que así, ambas pudieran dormir juntas, apoyadas la una en la otra.

Ella continuó.

—Los Uchiha querían que viajaras con los hermanos, así ellos te protegían. Pero me negué —apretaron sus manos—. No quería que nada más te pasara, después de lo de ayer, no permitiría que nadie más te hiciera daño. Eres libre de tomar la decisión de regresar con ellos en el viaje de regreso.

Sakura tomó la vela en sus manos y la apagó, volviéndose a acurrucar con su madre.

—Aun no le he dicho gracias a Sasuke, ni siquiera sé cómo llegué a mi alcoba. Debí ser una molestia para él.

—La princesa Haruno nunca será una molestia para nadie. Sasuke hizo muy bien en protegerte. La noticia seguramente se expandió por todo el reino, y los juglares le habrán hecho canciones a Sasuke, anunciándole como un héroe —la menor sonrió.

—Entonces él debe de estar el doble de molesto conmigo.

Los árboles se movían de un lado a otro, y el aire, chocaba con las ventanas. Poco a poco, fueron decorándose con polvo.

—¿Siempre intentarán hacerme daño?

La reina no supo que contestar, todavía tomándola del brazo, la pellizco un mínimo.

—Mamá, háblame con la verdad —exigió Sakura.

—Sí.

—Entonces, ¿Tendré que cargar con una daga toda la vida, mientras los demás cargan una guadaña?

—Así es la vida de los reyes, Sakura. Enfrentándose a miles de peligros.

—¿Tú sabías que mi padre...?

—No. Siempre pensé... que él y yo moriríamos juntos, pero, si hubiese sido así, no estaría en éste momento contigo.

Las Haruno comenzaron a cerrar sus ojos, aunque lo que querían era hablar por más tiempo, la realidad era que estaban demasiado cansadas.

—Si mi esposo va a sufrir eso... entonces quiero gobernar sola.

—La política de Konohagakure no está tan avanzada como la de Kirigakure.

—Déjame cambiarla si es así. Un reino donde la única que deba sufrir soy yo...

—Un Rey nunca sufre solo, se lleva arrastrando a miles de personas. Por eso, la carga se divide en dos reyes. Nosotras no somos fachada.

Sakura cerro aún más fuerte los ojos.

—Yo, quiero ser la única soberana... y quisiera ser tu compañera, madre.

A pesar de la decisión de su hija, Mebuki no contestó. Ambas cayeron en un profundo sueño.

A la mañana siguiente se dirigirían a Shikamaru, como el Nuevo Príncipe Consorte del país de Sunagakure.

[...]

Mientras tanto, lejos del carruaje real, estaban dos jóvenes dentro y uno se quejaba demasiado.

—Sus heridas están bastante inflamadas —mencionó la joven castaña, tomando un par de algodones empapados de alcohol y pasándolos por el rostro de Kakashi.

—Es un milagro que hayas acompañado a las damas de compañía de la reina.

—Bueno, qué puedo decir —sonrió—. Siempre debe haber una médica en el viaje.

Kakashi le devolvió la sonrisa, aunque se quejó un leve.

—Ahora, me puedes decir ¿Qué fue lo que te pasó? No creo eso de que un gato del pueblo te rasguño.

—Esa es la única verdad.

—Estos parecen más golpes. ¿Estuviste de ojialegre con alguna mujer?

—Por supuesto que no, Ayame.

La mujer médica, limpiaba con mucho cuidado, para que no se infectaran las heridas. En un momento mencionó que era bueno que Kakashi se hubiese vertido el alcohol, así no dejarían una marca tan fea.

Después de un tiempo, embarró un ungüento por toda la cara de Kakashi, y también en sus manos.

—Es una mítica herbolaria que te ayudará a que queden menos marcas, para el amanecer sólo tendrás unas cuantas manchas rojas, y ahora sí, quedarán como rasguños.

—¿No quieres ponerme también rodajas de pepino en los ojos? —inquirió Kakashi mientras sentía que le picaba la piel

Al contrario, Ayame comenzó a reírse.

—Debo regresar con las demás, por favor, evita tocarte la cara y dejar tus manos quietas al menos hasta el amanecer. Vendré a verte antes de que bajes del carruaje —Ayame indicó, mientras golpeaba el piso con sus botas, señal de que debían detenerse. Ella bajó en la oscuridad, Kakashi esperó a que subiera al carruaje de atrás y después, comenzó la marcha.

El dolor se había detenido, y justamente, se le había olvidado decirle a Ayame que también le revisara la costilla donde Koharu le había golpeado. Al ver que la herida había dejado un moretón mejor se quedó tranquilo y de nueva cuenta regresó a acostarse en los asientos y cerrar los ojos para esperar a llegar a Suna.

Pero una pregunta lo invadió, y no lo dejó dormir.

«¿Está muerta?»

—Esa mujer no volverá a ponerse de pie...

[...]

Estaba sollozando en el piso, cubriéndose el pecho con las telas que ya habían sido desgarradas y posteriormente, ensangrentadas por su propia tinta.

No recordaba cuántas veces había suplicado piedad, y perdón. Pero el hombre frente a ella, no se detuvo.

—Kakashi, por favor —murmuró Hanare con un hilo de voz, y a la vez tartamuda.

—¿Quién te envío?

—Yo... no puedo decirte —al instante, Kakashi soltó una cachetada a la cortesana.

—¿Quién te envío?

La joven castaña, aún sollozando, pudo soltar unas risas. Cubriéndose inmediatamente.

—¿Te da risa saber qué vas a morir? —furioso, el Hatake la tomó por el cabello, zarandeándola un par de veces.

—No me río por algo... tan obvio. Me río, de que si yo muero, tú y yo pronto estaremos juntos.

Kakashi dejó de mirarla. Para él, las mujeres eran lo más sagrado del mundo, pero pensaba que estaba siendo hipócrita. Recordó que debía proteger a Sakura, costara lo que costara. Ella intentó hacerle daño a su princesa, y no podía detenerse ahora. Se miró en el espejo, su reflejo detonaba cansancio, miedo, y a la vez, enojo.

¿Cómo era posible que una mujer como ella, quisiera matar a la princesa?

Cada vez más, se sentía culpable, él fue quien la trajo para una celebración, y posteriormente la echaría. Y en dado caso que Sakura se casara con otro hombre, tenía la idea de que al menos tendría oportunidad tener a una mujer bella como Hanare.

Pero mirándola otra vez, no pudo ver belleza alguna, ni interior, ni exterior.

—¿Akatsuki? —mencionó bandidos que robaban las riquezas de los bancos en el pueblo, Hanare negó— ¿Clan Momochi? ¿Los cuatro del sonido?

—¡Ninguno de ellos! —gritó, con lágrimas en los ojos. Lágrimas de dolor.

—¡¿Entonces?!

Lastimada, Hanare logró levantarse, apoyándose en la cama de Kakashi.

—No puedo permitir... no puedo permitirte... casarte con ella.

El Hatake se sorprendió ante lo que dijo, pero su contestación, lejos de apaciguarlo, le enojó aún más.

—¿Cuánto valor cargas que decidiste la peor de las opciones?

—¡En el pueblo lo dicen!

—¿Qué?

—Esos malditos pueblerinos... harán lo posible... para elegirte como futuro rey de Konoha.

Kakashi tomó el látigo, que había dejado tirado, la golpeó en las piernas, haciéndola caer.

—¡Eso no es suficiente para intentar matar a alguien! Sakura... la princesa nunca le ha hecho ningún mal a nadie. Y no importa si el pueblo dice eso, la opinión de ella todavía importa.

—Ellos dicen... que la princesa nos condenará a todos en miseria, con el partido que ella elegirá, todo mundo dice que lo hará con el Uchiha mayor... así que antes... de qué nos hunda, yo seré la salvadora de ésta tierra, y tú... tú serías mi rey, Kakashi.

Un duro golpe se escuchó, junto con el quebrar de un espejo, o podría ser... de una ventana. Lo cierto era, que desde ahí, un fuerte silencio inundó los pasillos. Terminando al fin, con un castigo medieval común.

[...]

Hacia mucho calor, demasiado, el cochero no dejaba de toser, por toda la arena que no dejaba de entrar por su nariz. Sakura había despertado, mirando que su madre arreglaba su cabello, sus damas la retocarían antes de entrar al palacio, pero mientras, todo el reino de Suna, la verían.

«Quiero hacer del baño» pensó Sakura. La última vez que se habían detenido, había sido para bajarse en una posada y hacer lo suyo, y de eso, ya habían transcurrido muchas horas.

De repente, el rostro se le iluminó a Sakura, hoy sería el día, el día más feliz de su amigo, y el que ella, también compartiría parte de su felicidad. Se levantó rápidamente de su asiento para estar frente a su madre y que ella, le arreglara el cabello.

—¿Ino ya está allá con los novios?

—Seguramente sí, ya ves que Lady Yamanaka salió muy temprano. Además, ellas dos fueron las encargadas de confeccionar toda la vestimenta de ambos príncipes.

—¿Crees que tenga la oportunidad de reunirme con Shikamaru? Quiero darle... mi regalo de bodas.

—Oh, así que lo trajiste. Me imaginaba que habías captado mi mensaje —la reina se echó a reír y Sakura volvió a enrojecerse.

—Puede que sólo la usen hoy... pero el recuerdo siempre quedará para todos.

El rostro de Mebuki decía en voz alta «Como digas». De repente, el carruaje se detuvo en la entrada. Un soldado de las dos grandes puertas, salió a recibirlos.

—Este... —el cochero bajó y abrió las puertas del carruaje, dejando ver a ambas damas, mirándolo fijamente—. M-mi nombre es Daimaru, soy el soldado encargado de abrir... Abrir la puerta.

El señor que se había encargado del carruaje, sacó una bolsa de monedas de oro, pensando que debían pagar por entrar, aunque era muy raro, en visitas de otras naciones, no debían hacerlo.

—¡N-no! No es sobre dinero... es que... Lord Gaara y Lord Rasa... debido al flujo de carretas y carruajes de nobles de todos los continentes... Quieren asegurarse de la seguridad de los carruajes seguros para su seguridad y la seguridad de los demás.

Sakura se echó a reír, ocultando su risa tras un abanico, Mebuki en cambio, lo miró altaneramente.

—¿Dónde está la encargada de relaciones públicas? —preguntó Mebuki con cierta molestia, un poco harta de los pleonasmos del soldado frente a ella, mezclada con el calor infernal que hacía que su paciencia se agotara.

Daimaru respiró hondo, pensó que era mala idea haber cerrado las puertas, pero eran órdenes del Rey.

—Es la princesa Temari, pero la princesa Temari hoy se casará, si gusta esperar a que ella se case para que pueda atenderla... —Mebuki sacó su abanico e hizo un ademán, simulando golpes en sus manos— Yo, yo la puedo atender, sólo, necesito su nombre, sí, su nombre, para enviarlo al secretario de la princesa, o en dado caso del Gran Príncipe Kankuro de Sunagakure, me puede... ¿Me puede dar su nombre, por favor?

Los pasajeros de los demás carruajes bajaron. En todos al menos había un noble, algo irritados y desesperados por entrar al palacio a descansar o al menos mover las piernas.

—¡Qué descortés! —exclamó el conductor— Nunca pensé que Sunagakure tuviera tan poca cultura de otros reinos. ¡Con ustedes, Su Majestad, la Reina Mebuki Haruno de Konohagakure y su hija, la princesa Sakura Haruno!

Daimaru había quedado boquiabierto, luego de eso, el conductor de atrás, también anunció los nombres de los nobles que llevaba. El joven flacucho, pidió perdón, y se puso de rodillas.

—¡No tengo perdón! ¡Lo siento!

—¡DAIMARU QUÉ TONTERÍAS ESTÁS HACIENDO! —gritó un soldado yendo hacia al parecer, su subordinado—. ¡Mi Lady! Discúlpenlo, las puertas deberían mantenerse abiertas, me disculpo Su majestad por tal grosería de parte de toda la milicia de Sunagakure, lamentamos éste hecho desafortunado. No tenemos perdón.

—Disculpe, Sir Baki —Mebuki habló, conociendo al que alguna vez, fue subordinado de lord Rasa—. La boda del hijo de mi mano derecha se celebrará pronto. ¿Podrías dejarnos entrar al palacio? Es una urgencia. Llevamos más de un día sentados aquí, ¿Podrían mostrarnos un poco de hospitalidad?

Escuchó el sonido de los huesos de sus dedos tronar. Baki tragó en seco. Rápidamente exigió que abrieran las puertas. El cochero cerró las puertas, y comenzó a hacer cabalgar a los caballos, moviéndose otra vez.

Los pueblerinos, sorprendentemente, lanzaban flores y cualquier tipo de semillas a los carruajes, simbolizando que estaban contentos de su presencia. Sakura abrió la ventana para saludarlos mejor, ocultando su rostro tras el abanico.

—¡Su Majestad! —gritaban muchas personas con alegría.

—¡Es la ex-novia despechada del Nuevo Príncipe! —un par de señoritas gritaron, cosa que Sakura y Mebuki escucharon muy bien.

Mebuki se echó a reír a carcajadas, aprovechando que nadie podía oírla, y en cambio Sakura se avergonzó tanto que lo negó gritando, provocando las risas de las demás personas.

—¿Qué cosas ha estado diciendo Shikamaru de mí? ¡Voy a matarlo!

Sakura cerró la ventana, mirando que estaba entrando mucho polvo.

—Es sorprendente la actitud del pueblo de Sunagakure. Parecen querer mucho a Konoha. Al contrario de lo que tú piensas, puede que Shikamaru haya hablado muy bien de nosotros. Si no, no nos recibirían así.

—¿Él ya estará listo? ¿Desde hace cuánto llegó?

—Desde la madrugada, el cochero de los Nara debió haber molestado a esos pobres caballos.

Unos momentos antes de presentarse ante el palacio, una de las damas de compañía se adentró a dónde estaban ambas mujeres. Aplicándoles perfume, arreglando su cabello y apretando las mejillas de Sakura para crear un bello rubor que parecía sonrojo.

Poco a poco, se fue formando una hilera de carruajes, al menos unos diez, que venían de Konohagakure, detrás de ellos, venían más, seguramente de otros reinos.

—Ya está listo, princesa, Su Majestad.

—Gracias, Kurenai.

A lo lejos, se podía ver cómo las rejas del castillo se abrían en par, dejando ver al Gran Rey Gaara, menor que Sakura, acompañado de su hermano, Kankuro y detrás de ellos, el anterior rey, y ahora miembro del consejo de Suna, Lord Rasa.

El cochero abrió la puerta, dándole la mano a Mebuki y posteriormente, a Sakura y a Kurenai. Mebuki caminó hasta aproximarse a la familia No Sabaku, y el único que se aproximó también, fue Gaara.

La reina saludó cortésmente con una reverencia y una sonrisa, y Gaara la imitó, después, le estiró la mano.

—Bienvenida, Su Majestad Haruno, al país del viento. Sunagakure. Es un placer tenerlos aquí, a celebrar la boda de mi hermana.

Mebuki sonrió y le tomó de ambas manos, que tiempo atrás, había visto pequeñas, y que ahora, iban tomando forma de unas de adulto.

—El placer es de nosotros, Mi Lord.

Sakura detrás y todavía en forma de reverencia, examinó a los demás miembros de la familia, mientras que Gaara y Kankuro sonreían, Lord Rasa no tenía una buena cara.

No le tomó mucha importancia, absorbiéndose de lleno en las decoraciones del palacio y del magnífico jardín que parecía tener un pasto artificial, muy popular en Suna. A lo lejos, vio la iglesia, con una larga alfombra, donde seguramente, su mejor amigo, contraería nupcias con su mujer.

[...]

Como lo prometí, aquí está el nuevo capítulo. Shikamaru ya casi se nos casa, y se viene lo bueno, según yo... jijiji, ¿Tendrá que ver con la noche de bodas?

Saludos y los veo en el próximo capítulo.