La princesa Sakura permanecía sentada en un sillón, dentro de una alcoba muy lujosa para invitados.
Esperaba mientras la dama de compañía de su madre, Hotaru, le hacía un peinado muy bien elaborado, recogiendo todo el cabello en un moño, sin dejar un solo pelo sin peinar. Mientras que la reina recién salía de la tina del agua.
Aún faltaban unas horas para que comenzara la ceremonia, y parecía que el Rey Gaara y su padre, Rasa, no tenían mucho tiempo por estar recibiendo a todos los invitados.
Las únicas familias que tenían derecho a tener habitaciones en el lujoso palacio de Sunagakure, eran aquellas que estaban directamente ligadas a la realeza, personas sumamente influyentes en el país e internacionalmente. En ese caso, únicamente la familia Hyūga, Inuzuka, Uchiha, Hatake, Akimichi, Yamanaka, y por obvias razones, los Nara y Haruno podían tener esos privilegios.
Otros clanes muy famosos, como el clan Lee, se habían quedado a velar por la seguridad de Konohagakure mientras la soberana regresaba al castillo, aunque también fueron invitados.
Y las damas de compañía de cada familia, debían organizarse para estar en tres habitaciones solamente, muy lujosas y espaciosas, pero compartidas. Ésto únicamente en el caso de Konohagakure, puesto que los reinos de otras Naciones, sólo mandaban pocos representantes. Ésto se debía a qué por muchos años, Sunagakure hacía muchas distinciones, bastantes clasistas, con otros reinos.
Incluso en un principio, después de la toma de poder en contra de la familia Uchiha, Kizashi y el anterior rey, Rasa, tuvieron varios altercados, a causa de que muchas políticas entre Suna y Konoha debían ser cambiadas. Mebuki y Kizashi lucharon, sin armas, y con personas diplomáticas intermediarias para que ambas naciones tuvieran los mejores términos.
Sakura recordaba que a ese suceso se le llamó «La Guerra Blanca», por el nulo uso de armas y el primer gran conflicto de Kizashi y Mebuki después del golpe de estado.
Otras naciones no lograron hacer lazos tan fuertes en Suna como Konoha. A pesar de que éste, era un país muy rico, y no era por nada, la principal actividad eran las joyas y la minería, y en su contraparte, ejércitos militares muy bien entrenados, en las que incluso, los tres hijos de Karura fueron participes.
—¿Qué estás pensando, hija? —preguntó Mebuki, con el corsé sin ajustar y a penas con las enaguas puestas.
—Qué duelen demasiado los peinados de Lady Hotaru —quejándose, provocó un sonrojo en la recién mencionada.
—Mi lady, ¿Quiere que le cambie el peinado? No me di cuenta, es que le luce muy bien el cabello recogido, deja ver su hermosa clavícula, su espalda, su largo cuello... Además, perfectamente le luce el escote con los hombros descubiertos.
Sakura al oír todo eso, sonrió y asintió. No volvió a quejarse.
Su largo vestido no se comparaba nada con los que comúnmente llevaba, era de un azul marino precioso, en la parte del corsé era platinado, con algunas joyas que no podían percatarse a simple vista, las mangas de seda estaban caídas en sus brazos, y la falda era de éste mismo material, dejando ver su delgada figura, pero como decía Yoshino «Dejando a la imaginación». No tenía holanes como era su costumbre. En cambio, era un vestido muy liso, y parecía ser bastante sencillo, de no ser por la parte frontal.
La que más luciría el vestido, pensaba, era Temari. La protagonista de la semana. Ino le había enseñado algunos bocetos que seguramente, le había hecho su novio, y parecía ser muy hermoso. Sobre todo porque sería con materiales de primera mano y, de la mano de los Duques Yamanaka, r eyes de la moda en Konoha.
Mebuki en cambio, usó un vestido de mangas largas color cobrizo, lleno de holanes por todos lados y decoraciones de flores en la parte del pecho.
—¿Puedo salir a caminar, madre? —inquirió Sakura, ya con las manos puestas sobre las manijas de la puerta, su madre todavía ocupada, la miró con unos ojos amenazantes.
—Llega a la hora —exigió—, pídele a Hotaru que...
—Su Majestad, Hotaru será quien le haga el peinado —dijo Kurenai mientras estiraba las cuerdas del corsé.
—Traje cinco damas de compañía, ¿Dónde están las demás?
—Natsu Hyūga está atendiendo a su amo, mientras que Ayame está atendiendo a un paciente... y Yūgao está consiguiendo comida.
Para cuando Mebuki regresó la mirada a la puerta, Sakura ya no estaba.
[...]
Caminó entre las paredes con paredes doradas y de oro, y los caballeros eran muy amables. El pasillo estaba lleno de luz, y al ver al techo, podía ver un gran traga luz. A pesar de ser una zona un poco alejada a las puertas principales del palacio.
Cargaba consigo el regalo de Shikamaru, que quería entregárselo, pero antes, deseaba ver a su casi cuñada para felicitarla y darle deseos de felicidad.
Mientras tanto, miró a lo lejos a un par de mujeres bastante arregladas, pero si habían salido de una de las habitaciones del pasillo quería decir que eran de otro país.
Se tocó la cara y se llenó de valor.
—H-Hola —musitó con nerviosismo.
Ambas mujeres la voltearon a ver, abrieron un poco más sus ojos e hicieron reverencia.
—¡Princesa Haruno Sakura!
Sakura se encorvó para saludarlas.
—Disculpen... no sé sus nombres. ¿Podrían decírmelos? No quisiera ser maleducada.
Sonrieron y contestaron al unísono.
—¡Somos las sirvientas de Lady Temari!
—¡Mi nombre es Yukata!
—¡El mío Matsuri!
—¡Es un placer! —volvieron a usar el unísono.
Sakura no pudo evitar sonreír ante lo animadas que estaban.
—Me gustaría ver a la princesa Temari —inquirió Sakura, animada.
—Ella en éste momento está arreglándose en su alcoba, pero podemos guiarla hacía la alcoba de su ex--
—¡Yukata! —Matsuri golpeó con el codo a la dama de cabellos negros, ésta, se disculpó.
—¡Ah, discúlpenos!
La Haruno no se enojó, comenzó a caminar con la compañía de Temari.
—Quisiera saber por qué se dice que soy la ex-novia de Shikamaru.
Matsuri miró a Yukata con ojos de asesina, y ésta volteó la mirada.
—Son simples rumores que se dicen en Sunagakure. Lord Nara venía aquí muchas veces por cosas diplomáticas y se decía que dejaba a nuestra señorita para irse con usted, la princesa Sakura. Entre cotilleos se dice que las políticas de Konoha harán que debido a que usted descubrió las infidelidades, eliminó al señor Shikamaru como posible futuro Rey de Konoha. Y que en un arranque de celos, usted visitará a Shikamaru para darle un obsequio que... va a destruir la relación entre los reyes.
—¡Yukata es suficiente! —Matsuri volvió a golpear a su compañera, ésta vez más fuerte.
Sakura ésta vez no sonreía, cualquier acción que hiciera dentro del cuarto de Shikamaru la harían protagonista de cientos de rumores en Suna, y esos, llegarían a oídos de Konoha y otros países. Ella se detuvo, tenía entre sus manos el regalo que Ino le había dejado para entregárselo a Shikamaru. Pero ésto ya no sería posible.
—Matsuri, Yukata, perdonaré lo que han dicho hasta ahora.
Aquél aviso, sonó más como amenaza que como perdón, ella había aprendido manías de su madre y las había practicado muy bien. Todavía sonreía al decirlo.
—¿Pueden hacer algo por mí?
Ambas mujeres temblaron como temblaban al ver a su señora.
[...]
Tocaron la puerta un par de veces, y nadie salía, después, tocaron con más urgencia, hasta que la abrieron.
—¡¿Qué sucede?! ¡Arruinan mi inspiración! —dijo una mujer rubia bastante hermosa. A la cual, ya habían visto.
—Yukata, tú primero...
—No...
—¡Tú fuiste la que le dijo esas cosas a la princesa, hazlo antes de que iniciemos una guerra!
—¡Le dije la verdad!
—¡La verdad a veces duele!
—¡¿QUÉ ES TODO ESE ESCÁNDALO?! —gritaba desde el otro lado, Temari, con un bello vestido blanco, muy puro, con diamantes muy brillantes y algunos encajes dorados, el vestido tenía una tela peculiar, éste brillaba aún más.
—¡Mi señora! —ambas mujeres tenían los ojos brillando, al borde de las lágrimas.
Se acercaron cada vez más a la princesa del viento, tomándola de las manos y sonriendo.
—Su vestido... el maquillaje... es bellísima...
—Gracias Matsuri, pero, más importante, díganme, ¿Por qué no están en el lugar donde las dejé antes? Se suponía que ustedes revisarían si todos tenían una buena estadía.
—Es que... la princesa Sakura Haruno... quiere verla.
Ino volteó a verlas incrédulamente, dos princesas juntas era un ambiente algo tenebroso, sí. Ella había tratado a las dos por separado, una era su casi hermana y la otra era princesa de una nación que se consideraba violenta. No sabía cómo se llevarían, y la Yamanaka recordó que Sakura no había tenido actividad alguna fuera del palacio. No era que temía de sus habilidades sociales, pero era demasiado pronto.
—No sólo eso... ella quiere... —Yukata volteó a ver a Ino, y se calló inmediatamente.
A ésto Ino le molestó, y Temari lo había notado.
—Por si se les olvidó, estoy con la duquesa Yamanaka, quién me diseñó éste vestido y se tomó el tiempo de arreglar todos mis arreglos y conjuntos para éstos días. Y estábamos pasando un buen tiempo, Matsuri, dime si lo que quiere la princesa es verdad —preguntó Temari, ahora con una leve voz molesta.
Ambas asintieron ante la pregunta.
—Como le decía... ella no quiere verla solamente a usted... también a Lord Shikamaru.
Fue una sorpresa, eso no debía ser, ambos debían llegar al altar sin antes haberse visto. Pero sabía que ese pedido no se debía simplemente porque le surgió de la nada, algo debieron haber hecho esas dos para que eso pasara.
—Nadie debe verla con ese vestido, princesa Temari —anunció Ino—. Yo le diré a Shikamaru que venga aquí, y también, a la princesa Sakura.
Ino salió de la alcoba, dejando a las tres mujeres.
—¡Tiene que cuidarse, mi Lady!
Temari no mostró emoción alguna, se miró al gran espejo frente a ella, y colocó su velo brillante de forma que cayera sobre su rostro.
—Ustedes tienen tres segundos para cuidarse, pero de mí.
Ambas huyeron a la vez que lo dijo. Temari sonrió.
[...]
—¿Es ésto necesario Ino? —preguntó Shikamaru agarrando a su amiga del brazo, apretándolo fuerte— Que me la pase aquí no significa que ya conozco el castillo suficientemente bien.
—Vamos, te arrepentirás si no lo haces.
Ino continuó caminando junto a él, faltaban pocos segundos para llegar a la alcoba donde estaba Temari.
—¿Es una sorpresa para mí? Tan tierna Ino, pero podías haberme dejado el regalo sobre la mesa de obsequios.
—Créeme que éste va a ser un buen regalo para ti, no tengo ni idea de qué será pero seguramente será muy bueno.
—Mientras no sean problemas...
Ino ya estaba parada frente a la puerta, los caballeros miraron extrañados a los dos, Ino hizo la seña de que no debían hablar y abrió la puerta.
—Por nada del mundo vayas a quitarte la venda de los ojos. ¡No estropearas mi regalo! ¡Ahora camina genio! —empujó levemente a su amigo, haciéndolo desequilibrarse, Temari se quedó parada frente a él. Ella podía verlo, pero él no. De pronto, Sakura apareció. Los guardias se inclinaron ante ella, y pasó a la habitación.
Cerró las puertas, y observó a los dos. Temari y ella se reverenciaron con total parsimonia.
—Hermana —dijo Sakura—. Digo Hermana, porque nuestras naciones lo serán en un futuro. Gracias a tu control, y al de tus hermanos. Princesa Sabaku No Temari, gracias por recibirme. Y gracias por tomar la mano de mi también hermano, Shikamaru Nara.
«Ahora entiendo», pensó Shikamaru.
—¿Dónde estás Temari? ¿Puedo... puedo tomarte de la mano?
Ante ésto, Temari se sonrojó, pero no hizo caso omiso, lo sostuvo con mucha felicidad.
—Hermana Sakura, siempre será un placer para mí tenerte aquí. Has tenido la bondad de venirme a ver. Normalmente, ese tipo de anuncios, se les da a los varones de la familia, pero tú, me has visto a mí primero. Gracias, Haruno Sakura.
Ambas sonrieron, y ellas se dieron la mano.
—Te ves sumamente preciosa —exclamó Sakura mientras contemplaba la belleza de Temari. Muy única.
—Gracias. Lo mismo digo. Las joyas de mi vestido hacen reflejo.
—Yo... todavía no he hablado —Shikamaru interrumpió, con una sonrisa.
Ambas mujeres sonrieron.
—Sé que tienen muy poco tiempo, y lamento haber interrumpido lo que hayan tenido qué hacer. Pero quería verlos juntos, y hacerlo de uno en uno quitaría mucho tiempo. Shikamaru me contó cosas maravillosas de ti, y quería verlo con mis propios ojos. Estoy feliz de que ustedes sean felices. Quiero llorar.
Sakura se apretó las mejillas, y a lo que venía, lo recordó.
—He venido a traerles mi obsequio —estiró un bolso de tela muy bien diseñado, y dentro venía la túnica de seda con grabados preciosos, que ella e Ino habían trabajado—. Me tomé el atrevimiento porque... si lo dejaba en la mesa de obsequios, los recibirían hasta después.
—Gracias, es muy amable de tu parte —dijo Temari, recibiéndolo.
—Bueno, me tengo que retirar —dijo Sakura—, Ino está esperando afuera para llevarse a Shikamaru a su alcoba y no quiero que se les haga más tarde. Con permiso.
—¡Aguarda! —increpó Shikamaru— Dije que todavía no he hablado...
Sakura dudó un poco de por qué todavía era necesaria, lo que dijera, lo podría hacer en la fiesta.
—Quiero pedirte un favor, no como futuro príncipe, o como Vizconde —Temari lo miró, y éste, sujetó con más fuerza la mano de su futura esposa—. Como si fuera un ciudadano... quisiera pedirte que... bendigas nuestro matrimonio.
—Yo...
—Para mí, Sakura, ya eres considerada la Reina de mi país. Sería un honor, ser los primeros a los que los bendices.
—Nunca lo he hecho Shikamaru...
—No necesita decir grandes líneas —expuso Temari—. El país de mi futuro esposo también me preocupa desde éste momento. También te lo pido. Denos la bendición, Reina Sakura Haruno de Konohagakure.
Sakura sollozó, y puso sus manos sobre las de ellos, todavía entrelazadas. Haciendo un ademán de protección, que vio que su madre hacia.
—Yo les doy la bendición, y aprobación de matrimonio en nombre de Konohagakure. Les deseo una vida plena, llena de salud, longevidad, humildad y el deseo de formar una bella familia, muchos hijos si se puede, pero sobre todo, les deseo felicidad. La Nación de Konohagakure, los protege a ambos sobre todo mal y peligro, poniendo sobre ustedes un manto de amor y seguridad.
Sakura miró a Temari a los ojos y sonrió, posteriormente, le dio un beso en la frente a la dama y al caballero, lo besó en la mano.
Sakura no dijo nada más, se alejó con cautela, dejándolos solos, muy feliz y contenta, aceptando que Shikamaru debía partir a nuevas aventuras junto a su amada.
Saliendo de la habitación, se encontró con Ino, impaciente, a quien se abalanzó llorando. Ino también lloró.
—Yo seré... tu mano derecha —dijo, todavía acariciando su espalda y demostrándole calma a su hermana, Sakura.
En unas horas, habría una gran boda.
Capítulo XV Finalizado.
