Su madre todavía estaba arreglándose con ayuda de su ahora dama, Naori. Mientras se ponía un lujoso vestido de plumas azul oscuro, que podían verse negras si las veías con otra perspectiva.

Sus dedos estaban decorados con anillos lujosos de tonos muy bajos, rojos, azules y colores oro. Mientras que sus labios se tintaron de un color rojo muy fuerte. En su cuello colgaba un collar muy conocido por todo mundo en Konoha, pero que en Suna, sería la excepción.

—Está muy hermosa, Lady Mikoto —mencionó la joven, terminando de colocar unos arreglos en su cabello trenzado en forma de corona.

—Gracias —sonrió la madre.

Una vez se levantó, sus dos hijos se acercaron a ella.

—El título de la mujer más bella del mundo, debería ser tuyo, madre —expresó el mayor, tomándola de los hombros.

Finalmente, Fugaku se les unió.

—Por esa razón es mi esposa —besó su mejilla. Mikoto no tardó en avergonzarse un poco, por tantos cumplidos de su familia—. Ésta joya en tus senos, te queda muy bien.

Fugaku tomó en sus manos el collar, que antes había sido del difunto Rey Indra. Mirando que era un rojo muy profundo y precioso. Algo opaco pero que podía destacarse de entre todo el conjunto y joyería.

Mikoto tomó de la mano a Fugaku, apretándola fuertemente.

Sasuke al ver ésto sonrió. Naori anunció que ya debían estar en la iglesia junto a los demás.

El menor fue el primero en salir, no esperando a su familia. Yéndose de lleno. Mientras que Itachi aún se arreglaba las botas.

Mientras Sasuke caminaba a la salida directa a la iglesia, se encontró con Sakura, un poco roja de las mejillas.

Intentaba ignorarla, pero algo en sí, dijo que no sería buena idea.

—Hola —dijo el noble, poniéndose al lado de ella, viendo el seco paisaje, pero hermoso.

—Sasuke —respondió con un tono de voz bajo—. Pensé que ya estarías allá con los demás.

—Esperaría lo mismo de una princesa. Pero me parece que está usted aquí, en otra entrada que no debe ser, porque es la entrada de la novia. ¿Va a opacarla?

—Por supuesto que no... yo... vine aquí solo a contemplar el palacio de Suna, es muy bello, nada que ver con los cimientos de Konoha. Aquí todo está tapizado en oro e incluso hay grandes ventanales en todos los pasillos. Como si fuera un castillo de cristal.

Sasuke rio ante su comentario.

—Pues, si me lo pregunta, me gusta más el palacio de Konoha. Hay más privacidad. Incluso el baño tiene grandes ventanas, como si no fuera bastante incómodo ya tener que aguantar miradas que no ves, debes aguantar el calor que emerge del vidrio. Es espantoso.

—Sí, tal vez tienes razón —finalizó Sakura.

Sasuke notó la seca brisa que llegaba acompañada del polvo. Extrañamente, ésta no se adhería a la alfombra. Después de pelear con su consciencia acerca de qué material estaba hecho, fue llamado por la chica a su lado.

—Gracias por lo que hiciste hace un par de días.

El joven noble, se sorprendió un poco, luego bajó la cabeza.

—Es algo que cualquiera haría...

—No. No estaba cualquiera ahí. Si no hubieses llegado... Konoha se hubiera vestido de negro. Algún plan malévolo se hubiera cumplido. Evitaste una desgracia...

Sakura volteo para después sonreír discretamente. Una mirada que tenía tatuada un «Gracias».

—Yo tenía una deuda contigo. Quería pagarla, a mí parecer, todavía no está del todo cubierta.

—¿Deuda?

—Si te parece, cuando regresemos a Konoha, puedes supervisar mi trabajo en unos campos, algo lejanos al castillo. Tendremos tiempo para hablar. Y no te haría mal saber qué es lo que me paso haciendo para «Ganar tu corazón» —rio un poco, pero ella no.

—Es un acto muy noble. Ten por seguro que ahí estaré.

Asintió. Después ambos se aproximaron a la salida de invitados para la iglesia. Mirando que había gente de todas partes, príncipes que no conocían, personas que se creían del más alto estigma. Bailarines y cantantes, una ola de personas estaban ahí. Era una gran celebración, no sabían cómo tanta gente podría siquiera entrar, hasta que notaron que los bailarines y el entretenimiento se dispersaron y únicamente quedaron los nobles, que ahora, era un poco menos de gente.

Cuando lo notaron, inconscientemente se habían tomado del brazo para no perderse, pero ahora ya no era tan necesario. Aún así, Sasuke no la soltó, y tampoco era que Sakura lo hubiese hecho. No se miraron a los ojos, hasta la entrada de la iglesia, dónde notaron que serían separados, fue que lo hicieron. Haruno agradeció por haberla acompañado, mientras él observaba que llegara bien con su madre, en uno de los bancos de hasta adelante, dónde ahora sí, reconocía a varios príncipes y reyes, como era el caso de Kumogakure, con el Rey « A» y su hermano «Killer Bee», a los cuales había visto hace unos meses debido a asuntos diplomáticos. Ambos saludaron a la princesa, ella se los devolvió y se aproximó pronto junto a su madre. Al lado, estaban sentados los Hyūga, Hinata era quien la saludó con una sonrisa esbozada, mientras que Neji no hizo más que seguir viendo el ambón vacío.

Todo mundo hablaba entre sí, vistiendo grandes vestidos, y atuendos de la época, hombre en busca de mujeres y ellas en busca de un nuevo marido con dinero. Algunas otras con sus esposos, familia, e hijos. Naciones que se mezclaban al saludar. Representantes famosos de la realeza. Niños corriendo y llorando por doquier.

Una boda muy vivida. Pero, minutos después, entró Shikamaru directo al altar.

Hubo silencio, dónde únicamente se escucharon los pasos del tacón de la matriarca Nara, junto a su hijo. Terminando de perfeccionar unas cuantas cosas de su traje, que tenía colores verdes. Su coleta muy bien atada. Cubierto de una capa bordada con el signo de su familia.

Su madre lo abrazó por última vez, y su padre, le dio leves golpes en la espalda. Estaban orgullosos de él. A Yoshino le costó trabajo soltarlo. Pero lo hizo con ayuda de su marido. Le dio una última sonrisa, acompañada de un «Te quiero». Shikamaru quedó solo en el altar, el padre todavía no llegaba, y los murmullos de los demás no lo enloquecían, pero sí lo ponían nervioso.

«Qué problemático» se dijo a sí mismo.

Unos segundos más tarde. El Rey Gaara se posó junto a él. Sorprendido, lo observó.

—¿Harás de mi dama de honor? —preguntó Shikamaru, Yoshino se quedó boquiabierta.

Gaara solamente sonrió, y le dio palmadas en la espalda al igual que lo hizo el padre Nara.

—Voy a casarte —dijo y fue a ocupar el lugar del ambón.

La música de cantos comenzó a escucharse. Todos se levantaron de la banca.

Sakura no dejó de mirar a su amigo, quién no la vio por estar pendiente de la entrada de la iglesia, sonriendo demasiado. Ella lo entendió. Al mirar al igual que todos a la gran puerta, pudo notar que Itachi la observaba, éste, le sonrió. Sonrojada, le devolvió el saludo.

—¿Llegué tarde? —inquirió frenético su maestro, Kakashi.

Mebuki al lado, no contestó. En cambio Sakura, notó que su instructor llevaba guantes y una mascarilla un poco más azul y de algodón.

—¿No tiene calor? —preguntó Sakura, mientras que Kakashi, guiñó uno de sus ojos.

—Ya se le quitara, Sakura.

De pronto, vieron que un par de niñas pequeñas derramaban de una canasta, pétalos de flores bellas, dejando el camino impregnado de éstas. Los caballeros de Suna, se inclinaron, provocando un pequeño temblor en el piso, al ver que Temari iba tomada del brazo de su hermano Kankuro y su padre el anterior Rey.

Caminaron lentamente, dejando ver a los demás el precioso vestido, y detrás de él, estaba Ino intentando que el velo quedará tocando suavemente el piso. Después de ver qué todo estaba muy bien, fue a sentarse hasta atrás. Sakura la pudo ver, al lado de ella estaba un chico de piel muy pálida. Recordó entonces de quién se trataba.

Temari tenía el velo sobre sí misma, estaba agarrando su ramillete de flores. Shikamaru estaba que se desmayaba de verla. Le brillaban los ojos, estaba completamente feliz. No pasó mucho tiempo hasta que llegó al altar. Kankuro tomó del brazo a Shikamaru, estirándolo, Rasa hizo lo mismo con su hija, haciendo la unión de ambos. Entregándole lo más bello de él, a otro hombre.

—Cuídala mucho —pidió Rasa.

El Nara asintió ante el pedido, respondiendo un «Sí» muy firme.

Temari se sonrojó. Él podía verla aún con el velo encima. Deseaba quitárselo y besarla. Pero sabía que eso sería después.

—Te ves hermosa —susurró.

La Princesa aceptó el cumplido, mirando que su hermano Gaara estaba en medio de ellos, y el canto se había detenido.

—Bienvenidos al País de Sunagakure —exclamó el menor—. Éste es un día muy especial, pues mi hermana, la princesa Temari No Sabaku, unirá su camino junto a mi también apalabrado hermano, El Vizconde de Konohagakure, Shikamaru Nara. Es un honor tenerlos a todos aquí, presenciando tal acto de amor entre dos personas cercanas y queridas, no sólo para mí, sino para los dos países hermanos. Ésta celebración también será para testificar la unión de dos reinos pacíficos. Y yo, la ley máxima de Sunagakure, el Rey Gaara, uniré a ambos a un lazo eterno e irrompible, un lazo hecho de amor.

Todo mundo aplaudió al discurso de Gaara. Mebuki fue quien más aplaudió. Nadie mejor que ella, la Reina de Konoha.

—A continuación, los votos del Vizconde Nara —dijo, para luego apartarse.

«Has practicado, has practicado, es pan comido».

—Durante años contemplé nubes del cielo que me parecían hermosas. Pero, al conocerla, esperé ansioso las noches para mirar las estrellas, buscando alguna con su misma luz. Ninguna se asemejaba a usted. Y cuando la veía, mi corazón decía que me quedara a su lado, sin importar qué.

Todos estaban conmovidos. Sonrojados incluso, Shikamaru prosiguió nervioso, Kankuro se posó al lado suyo, con una almohadilla y un par de sortijas brillantes.

—Por esa razón, y porque no aguanto más estar sin usted. Le pido que se case conmigo. Deseo que nuestras luces iluminen la oscuridad de cualquier camino. Que nuestros caracteres juntos logren derrotar cualquier adversidad. Y nuestra felicidad nos abra camino a nuevas esperanzas. Princesa Temari No Sabaku —tomó su sortija, y sosteniendo su mano colocó en la punta del dedo anular, el anillo—, por favor, sea mi esposa.

Entró completamente en su dedo, Temari sonrió.

Ahora, iban los votos de ella.

—Recuerdo aquellos días oscuros e intranquila en mi vida, su presencia apaciguó mis años, hasta ahora. No he conocido persona en el mundo que me haga sentir lo mismo que usted. Y tampoco, un devoto de amor hacia mí. Estoy feliz de hoy, pertenecernos en un mismo pensamiento, mente y corazón. No puedo dejar pasar un día más sin saber qué nuestras vidas no están juntas. Le quiero tanto —susurró—. Es por esa razón, que quisiera que nuestros caminos se mezclen, porque quiero vivir la vida que nos merecemos. Por esa razón... —Temari tomó la sortija, y sin dudarlo, lo colocó de lleno en el dedo de su ahora esposo— le pido que sea mi esposo.

Gaara al ver ésto, dijo emotivamente;

—Shikamaru Nara, puedes besar a la novia.

Él levantó el velo dejando ver el rostro de Temari descubierto, con un par de lágrimas en su mejilla. Tomó sus mejillas con una mano, apretándola suavemente. Besando tiernamente sus labios.

Aplaudieron y gritaron sobre el compromiso de ambas partes, Yoshino no paraba de llorar y su marido no se quedaba atrás. El ambiente de la iglesia era muy feliz. Comenzaron los cantos que poco podían oírse debido a la gente que gritaba eufórica.

Shikamaru y Temari salían agarrados de las manos, esbozando una gran sonrisa, lanzaban sobre de ellos flores y algunas otras semillas. Había gente de la realeza que estaba llorando y por las rejas del castillo podían verse también ciudadanos lanzando ramilletes de rosas típicas de Suna, al igual que lloraban mucho.

Kankuro les dio acceso a una pequeña parte de los habitantes. A su lado, el señor Rasa al ver que mucha gente estaba entrando, hizo cerrar las puertas, con un aire de fastidio que fue notado por Mebuki quien iba consolando a su compañera Yoshino.

Éste puso la mirada sobre de ella, con aires de altanería. Mebuki sabía exactamente porque estaba tan molesto, y es que a él la muchedumbre le parecía asquerosa, gente sin títulos nobiliarios era gente sin valor.

Así fue cuando ella y su marido buscaron ayuda para el golpe de estado de su país, en Sunagakure, cuando él, de la peor manera, los insultó. Y quién calmó la situación había sido su señora, La Gran Reina Karura.

«El Rey ya no es él...» terminó diciéndose. Caminó junto con la demás realeza, al pabellón donde estaría el consejo de Sunagakure, el rey y por obviedad los príncipes. Quienes le otorgarían el título de Príncipe Consorte a Shikamaru Nara, para firmar su matrimonio ante las leyes de Suna.

[...]

Toda la realeza fue separada en filas, donde había bancos para sentarse. Las personas que lideraban primer banco en la fila, eran Nobles con un gran cargo en su país, y detrás de ellos, en la segunda, estaban sus hijos, y en las últimas, gente con títulos nobiliarios no tan llamativos, jefes de gremios, y personas consortes. Detrás de ellos, la gente del pueblo o fieles sirvientes del castillo. Todos estaban sentados alrededor, en el centro había una especie de plataforma, y frente a ésta había una especie de tribuna. Dónde por supuesto, estaba la realeza de Sunagakure. En el trono y centro, se encontraba Gaara, y el asiento donde debía estar la reina, se encontraba un manto muy bien doblado. La corona de la anterior reina Karura.

Nunca habían presenciado algo así, pero se imaginaban que era un tributo a la reina por ver a un nuevo hijo en la familia, en éste caso, el consorte de Temari. Rasa estaba de pie junto al trono de su mujer. Y sus hijos estaban sentados frente a ellos.

La ceremonia comenzó, con una especie de canción, recitada por las niñas que antes habían sido vistas derramando flores en el camino al altar.

Sakura estaba presentado el acto en la segunda fila, pensando que si eso era para un príncipe, no se imaginaba la presentación al nuevo rey de Konoha. Estaba asombrada y conmovida. Se agradeció haberse dado el tiempo para dar la bendición a Shikamaru, pues poco había interactuando con él.

Itachi llegó, sentándose junto a ella. La joven la saludó, sonriéndole y abanicándose el rostro por el calor de Sunagakure, el caballero tomó su mano y la besó con tranquilidad. Pocos miraron ésta escena, pues estaban con el pendiente de la coronación.

—Es un canto muy hermoso —abrió conversación él, mirando a las pequeñas bailando en círculos.

—No entiendo el idioma de la canción. ¿Cuál será la letra? —inquirió curiosa.

—Es un canto antiguo y muy común en ceremonias de éste país. Se honra a una persona que lucha por un lugar ante la realeza. Son felicitaciones. También habla de lo duro que es ser parte de una rama tan alta. El baile en los niños es algo difícil, sobre todo cuando están descalzas en la arena. Eso simboliza lo difícil que es caminar y vencer los problemas... si se da cuenta, ellas no se detienen, lo cual quiere decir que deben seguir a pesar de las adversidades. La arena es muy caliente, por si no lo nota, esas pobres niñas deben tener quemaduras en sus pequeños pies, aún así no se detienen y siguen cantando armoniosamente y con una sonrisa al rostro. Significa que la persona debe ser feliz a pesar de las adversidades y los problemas que vengan por su posición.

Sakura estaba impresionada con toda la explicación de Itachi.

Pensaba que decir «Sabes mucho» estaba un poco de más.

Observaron el acto hasta el final, donde ambas niñas se fueron entre el público, y no volvieron a aparecer. El tumulto comenzó a aplaudir y ovacionar el entretenimiento. Mientras que, Shikamaru todavía estaba en el centro de todo.

Yoshino estaba impaciente, y tenía muchos sentimientos encontrados, su hijo, ante el reino de Suna, ya estaba casado, y estaba ahí solo, esperando a que el rey volviese a hablar.

Todos estaban impacientes, el consejo y la realeza se pasaban notas en la larga mesa, firmaban y tachaban documentos. Los cuales pasaban directamente a Gaara y después volvían a dar un paseo entre las demás manos.

Eso ya no parecía una celebración.

Itachi y Sakura miraban de lejos su actitud. Pensando que eran papeles realmente importantes del caso. Y no sólo era poner en Shikamaru la corona del príncipe y un bastón de diamante.

Finalmente, todos los papeles llegaron a ser sólo una hoja de papel. Gaara se levantó del trono y fue hasta su hermana Temari, le dijo algo en voz baja y después se levantó.

Rasa los acompañó, mientras cargaba en una almohadilla una corona decorada de piedras preciosas, brillaba como si fuera un cristal. Parecía estar hecha de plata por el tono en el interior. Era algo pequeña a comparación de la de su ahora cuñado, el príncipe Kankuro.

Gaara se posó frente a él, detrás, estaba su hermana, mirando con cierta emoción el acto. Hizo a un lado la larga túnica que cubría la espada afilada que cargaba consigo en ceremonias importantes. Y con ella, señaló al nuevo integrante de la familia. Poniendo la espada sobre su cabeza, recitó;

—Todos llegan a un lugar por una razón, el destino nunca es incierto, siempre sabremos a dónde llegar. La gente que se esfuerza construye su propio camino, y en él, forja la lealtad y el honor. El reino de Sunagakure, agradece tu presencia y devoción hacia la familia Real Sabaku No, condecorándote, Shikamaru Nara de Konohagakure, como el Nuevo Príncipe Consorte del Reino de Sunagakure. Yo, Gaara No Sabaku, actual vigésimo sexto rey, te otorgo ésta distinción como símbolo de honor y confianza, de una nueva hermandad, y nueva alianza. Entre tú y nuestro reino.

Shikamaru levantó los brazos para aceptar la espada, la cual, Gaara puso sobre sus manos.

—Yo, el Nuevo Príncipe Consorte —tragó en seco, sonriendo un poco—, hago constar mi agradecimiento, haciéndome incondicional ante Sunagakure, sus raíces y su pueblo, que ahora será mi hogar. Haciéndome fiel a las normas, tradiciones y leyes que se me dicten. Y también, mostrando mi devoción hacia usted. Su Majestad, Gran Rey de Suna. Acepto fervientemente el título que se me ha dado sin objeción alguna.

Rasa, acompañado de su hija Temari, se colocaron frente a Shikamaru, «Levanta el rostro» fue lo que dijo el mayor.

El padre sostenía el cojín, y la hija, tomó la corona entre sus manos, y después, miró a su ahora esposo. Asintiendo ante su alianza, colocó la pieza sobre él.

Su mujer movió los labios, sin que su padre se diera cuenta, y sólo fuera perceptible para el príncipe.

«Bienvenido a casa».

Una vez se levantó, todo mundo comenzó a aplaudir y a gritar alegremente, Sakura fue una de ellas, junto a Ino a quién se le veía feliz sacudiendo la mano de su pálido acompañante.

Shikamaru y Gaara se tomaron de las manos y las agitaron, formando su alianza.

Poco después, la pareja de recién casados se abrazó, y todo mundo comenzó a bailar y a acercarse a ellos para celebrar el matrimonio y el nuevo renombre.

Yoshino y Shikaku acompañaron a su hijo, y a su recientemente hija. Abrazando a cada uno y dándole sus mejores deseos.

—¿Quiere ir a darle sus felicitaciones? —preguntó Itachi, estirando su mano para ayudarla a levantarse.

—En otra ocasión, hay mucha gente.

De pronto, se dio cuenta de que su madre ya no estaba sentada. Sino que ahora, estaba cerca de donde estaba toda la aglomeración. Todos le abrían camino a la reina de Konoha. Acercándose a los tres jóvenes, dos hermanos y su ahijado.

—Estoy feliz de su matrimonio —expresó—. Los conocí desde que eran un par de niños, y nunca me imaginé que llegaría éste momento. Felicidades, Príncipe, Princesa.

Temari agradeció el gesto moviendo la cabeza hacia abajo, mientras que Gaara tragó en seco, un poco nervioso.

—Vendrán nuevas responsabilidades e inquietudes, las sabrán sobrellevar con éxito si se mantienen unidos en familia, ese es el mayor gesto de amor. Mi mayor consejo para ambos, es que sigan firmes en su camino, compartan sus angustias y sus miedos, disfruten los triunfos. Apóyense en todo momento, y tómense de las manos para afrontar las adversidades —Mebuki abrazó a la pareja, Temari estaba nerviosa, ella no era tan cercana, no era tan común que reyes de otros países abrazaran a otras personas de otro reino, pero supuso que había sido así por el cariño que le tenía a Shikamaru—. Princesa Temari, Shikamaru es como un hijo para mí, por esa razón y porque él te ha elegido. Cuenta con que yo, la Reina de Konoha, te tratara igual que él ha sido tratado, en tu casa, el palacio de Konoha.

Yoshino miró la escena, quería soltar sus lágrimas, su esposo no la detuvo.

—Felicidades por su rotundo éxito ceremonial, Rey Gaara —dijo con una voz tranquila—. Celebremos nuestros nuevos lazos, Su Majestad.

Y así, comenzó una fiesta que duraría al menos, una semana completa, entretanto, Sakura estaba conmovida con todo, dio una mirada a Itachi, quien todavía contemplaba el centro.

«¿Así sería nuestra ceremonia?»

Todos en las bancas comenzaron a levantarse, para seguir celebrando dentro del palacio la nueva unión.

Y el nuevo destino... de la realeza.

Capítulo XVI Finalizado.

[...]

Hola, qué tal cómo les va, yo estoy muy muy bien. Gracias por haber leído éste capítulo. Bueno, comento primero que me ha sido difícil haber escrito a Rasa, es un dolor, porque... porque es difícil saber lo qué pensaría y cómo actúa, está vivo pero no sé xD, me cuesta poquito. ¿A ustedes escritores de fanfics también se les hace complicado escribir a un personaje ya muerto y que fue malo con sus hijos?

Bueno, pues nos leemos en el siguiente capítulo, que éste va a dar un giro a la historia y estoy muy emocionada con ello.

Gracias por leer y hasta el siguienteeee!