La tarde de un caluroso verano, el emblema del clan en una desgastada pared, y las voces de la gente al hacer la limpieza, era algo que para el joven era muy normal. Los rayos del sol eran evitados gracias a las cortinas, y la habitación que siempre usaba olía a velas y plantas.
La repisa de libros estaba completamente llena, y sobre el suelo había bastantes estuches de tinta gastados, junto a plumas sin punta. Se regocijó al ver que el libro en sus manos ya estaba completo, y volvería a colocarlo en la estantería, para agarrar uno nuevo.
Un leve toque de puerta lo hizo dejarlo de lado para ir y abrir. Era su madre, traía una bandeja llena de comida. Con dos tazas de té. Supuso que ella estaría un rato más en la habitación. Procedió a limpiar la mesa donde trabajaba para que ella pudiese poner las cosas ahí.
La mayor comenzó a ver todos los libros, con unas notas en ellos. «Norte, Sur, Bosque Este, Jungla del norte, Otros». Cada uno de ellos tenía distintos nombres, al ver que su hijo comenzó a preparar el té, se sentó en su cama, viendo que sobre de ella, había más libros, pero ésta vez, no eran escritos por él, de otros autores, y con títulos de medicina, sanaciones y plantas.
Ella sonrió un poco, y su hijo se sentó a su lado, proporcionándole el té.
Una vez con él, procedió a darle una noticia.
—Ha llegado una carta del Reino —mencionó dándole un sorbo a su bebida—. Piden tu presencia y la de nosotros en dos meses. Necesitan nuestra confirmación.
—¿Le dijiste a mi hermano?
—Mandé a uno de mis lacayos a darle la noticia, pero dudo que él venga, está muy ocupado en los estudios.
—¿De qué es la reunión? —preguntó.
—Bueno, tu padre me dijo que es sobre el casamiento de la princesa, el nuevo Rey.
—Con más razón él vendrá, no te preocupes.
—La reina quiere que tú asistas, y yo también.
—Madre, ya habíamos hablado de ésto. Éste día llegaría, y quien se haría cargo sería Itachi, no yo.
Sasuke se levantó abruptamente de su cama, se le notaba irritado, volvió a tomar un libro entre sus manos y lo repasó. Mikoto noto ésto, aún así, no se dio por vencida.
—Sé que ya lo habíamos hablado, cariño. Pero ésta vez no lo estoy ordenando yo, es ella. Por lo que sé no serán los únicos llamados, también irán otras familias.
—Con más razón, yo no debo ir. No me dan ganas, mi mundo está aquí. Lo sabes bien madre. Creo que ya he hecho suficiente para intentar hacerte entender que mi camino no es la política. Es éste.
—Aun si tu hermano queda en la corona, tú te encargaras de nuestro clan. No solamente estás instruido a la medicina. Tu padre te está enseñando muchas cosas que un líder debe hacer, después de todo, como hermano permanecerás aquí, con tu familia y allegados.
—Si ese es el caso, ¿Por qué no escogemos a otro líder? ¿Acaso Shisui no es buena opción? Es mayor que mi hermano y que yo. Además, se le nota de lejos que quiere ayudar a la familia.
—Él no es de sangre directa —su madre dejó la tacita en una mesa auxiliar, y fue hasta su hijo, haciéndole un leve masaje de hombros—. Amor, yo sé que te causa conflicto no ejercer lo que te gusta, pero te prometo que si asistes a la reunión, no volveré a pedirte nada más.
—Madre, estás tan segura de que Itachi se quedará con la corona, no entiendo por qué me necesitas ahí. Aún si es por mandato de la reina, no creo que ella venga y me corte la cabeza por no asistir a su reunión.
—No, no estoy segura de si tu hermano será o no será.. Puedes ser tú o él. Mira bien los caminos, Sasuke, si eres Rey, podrías ser capaz de visitar lugares, tener permisos especiales para estudiar lo que tú quieras. Podrías ser un buen médico, el primer rey con esa condición. Y si te quedas aquí como el Gran Conde Uchiha, respetaré tu decisión de que le pases el poder a otra persona y te desligues de tus obligaciones. Pero por favor, hazlo por mamá.
—No sé qué decirte. Me la he pasado años estudiando ésto por mi parte y estudiando con mi padre. Hago todo bien, ¿Por qué no me dejan hacer lo que yo quiero? A mi hermano, lo mandaron a un colegio prestigioso, y le han dejado estudiar dos veces lo que a él le place. ¿Por qué soy el único al que dejaron aquí? Me es muy injusto... mamá, ¿Acaso no veías potencial en mí? ¿O es que todavía le soy inútil a mi padre?
—Sasuke, no digas esas cosas, él te quiere mucho, y alaba muchas cosas que haces —Mikoto tenía una mirada triste, eso era lo que pensaba su hijo de sus padres, no estaba nada bien—. Pero cumplirás dieciocho años pronto, y él ha respetado que quieras estudiar por tu cuenta aún cuando no tenías obligación. Sabes las reglas del clan. Si ella no se casa con tu hermano entonces considérate un hombre libre. Pero mientras, haz las cosas como te hemos enseñado.
Sasuke se recargó en la estantería, cerró el libro y cruzó los brazos. Se sentía muy enojado.
—¿O sea que mi valor como persona está en si mi hermano triunfa o no?
—Mi amor no quise decir eso... tú añoras la libertad. Si tu hermano se queda aquí, puede que seas libre. Mientras... debes obedecer a tu padre.
Mikoto palpó las mejillas de su hijo. Él todavía estaba irritado, no era buena idea seguir hablando con él, así que abrió la puerta nuevamente para salir.
—Eres un hijo increíble amor. Ninguno de ustedes vale más que otro. No hay ninguna preferencia. Tu hermano es mayor que tú por siete años. Tienen el mismo aprendizaje. A mí me gusta lo que haces. Cuando me siento mal, no necesito un médico caro. Ahí siempre estás tú. No me he expresado bien. Ambos estamos orgullosos de ti, de lo que eres y de lo que haces.
El Uchiha miró a su madre, quién estaba enternecida con él.
—Puede que tu padre algún día se trague las palabras de que no estás hecho para la medicina, pero yo, cariño mío, pienso que puedes salvar a mucha gente. Tienes un corazón muy noble y precioso, dentro tuyo existe bondad.
Sasuke mitigó sus sentimientos. Antes de que su madre saliera, le dijo
—Mis servicios médicos sólo serán para la familia Uchiha y para mí —su madre le miró, sonriendo—. Aún si me caso, no esperes que atienda a mi esposa y a mis hijos. Lo siento, seré demasiado rico para contratar a alguien.
[...]
Una mañana caliente se asomaba por las ventanas. Tenía un malestar en la espalda, sentía que le habían golpeado con un látigo. Y las piernas las sentía con pesadez. Le costó abrir los ojos, no estaba nada cómodo el lugar donde se encontraba, incluso los rayos de sol le daban directo a los ojos, lo cual la cegó por un momento, hasta cubrirlos con las manos.
Al mirar hacia abajo, notó como un joven de cabellos azules estaba dormido, recargado en la cama y con las piernas en el suelo.
Tenía finas facciones, y largas pestañas, además, se veía muy tranquilo, durmiendo plácidamente a pesar de la posición tan incómoda que tenía. No quería despertarlo, así que siguió observándolo.
El aire que entraba de una puerta vieja de madera, le movía lentamente los cabellos.
Perdida en esa imagen, no se dio cuenta de que pronto alguien puso su mano helada en su frente. Ese gesto la hizo brincar un poco de la cama, y quejarse. No podía pronunciar una palabra, sentía la garganta seca, y además, al moverse, sintió un dolor en su estómago.
—¡Has despertado! —exclamó alegremente el joven frente a ella— Eso significa que te toca lavar la loza, aunque no has comido, pero los demás ya la han lavado, sigues tú y después mi prima, y se reinicia conmigo.
Lo miraba desconcertado, ¿Por qué un extraño le pediría eso? Además, ¿Dónde estaba? Esa habitación que a la vez era una cocina y un granero, para nada podía ser la alcoba de Konoha.
—Naruto, gracias por avisarnos que ya despertó —Un hombre adulto corrió hacia ella, tomándola de la mano con amabilidad, pero a la vez, preocupado—. Princesa, mi princesa, finalmente despertó. Qué alegría, gracias al cielo está con vida.
El joven, de nombre Naruto, pronto despertó a la persona que faltaba, casi zangoloteándolo, éste, despertó violentamente, regañando a su «amigo», ya que nunca había visto tal cercanía entre él y otra persona.
Se levantó y se puso frente a ella. Le revisó los ojos y notó sus pupilas un poco dilatadas, a Sakura ésto la puso nerviosa, pero al moverse volvió a sentir una punzada de dolor.
—Naruto, trae un vaso con agua, tiene los labios muy secos, Kakashi, por favor tráigale las sobras de la comida de ayer.
Ambos hombres se movieron rápidamente, obedeciendo órdenes, dejándolos solos.
—Sakura, voy a revisarte, trata de no hacer movimientos bruscos. Y no te pongas nerviosa, no es la primera vez que te reviso.
¿Cómo no iba a ponerse nerviosa? Ningún hombre la había visto de esa manera. Encima no reconocía las ropas que vestía. Aunque eran de mujer, no eran de su propiedad. Quería hablar pero no podía, su garganta estaba demasiado seca.
Al sentir los dedos de Sasuke que se movían casi escurridizos, la hizo sentir ansiosa. Hasta que tocó en un lugar donde le dolió, sacándole unas cuantas lágrimas.
—Se está poniendo verde... y la herida ya cicatrizó. Pronto podrás moverte como normalmente haces... te quedará marca, aunque una muy pequeña. Me tardé en sanarte, y además, tuve que succionar el veneno con mi boca y después buscar alguna planta sanadora que frenara el efecto.
Sasuke volvió a sentarse junto a ella, en la cabecera, tocó su frente, algo amplia a comparación de la de otras mujeres.
Parecía tener un gran interés en sus ojos verdes, dónde todavía notaba esa pupila que seguía siendo muy grande, no le preocupaba, pero es que era muy notoria por su color.
—Tu fiebre ha bajado considerablemente... esperemos que el antídoto que te prepare de verdad haya frenado todo, sino, éstos cinco días que has dormido... habrán sido inútiles.
Ella no entendía absolutamente nada, sólo recordaba que Sasori le había atacado y comenzó a perder la consciencia, más allá, no logró encontrar nada.
—¡Ya llegué! —gritó Naruto con una taza de té que tenía agua fresca— Tuve que ir a recogerla al río, tu hermano todavía no llega con el balde.
—¿Y Kakashi?
—Oh, él está pelando una naranja. Puso a calentar las cosas en la leña, estará aquí en un santiamén.
—Gracias —Sasuke le recibió la taza, y pronto, la colocó en la boca de Sakura, ésta, bebió el agua completamente, con euforia.
—¡Más! —susurró con ganas, había tomado la taza como si fuera un objeto precioso, pero Sasuke se lo retiró.
—Ya oíste Naruto, además, trae un vaso más grande.
—Es que esos los está lavando Karin...
—Entonces llena un balde y tráelo, genio.
Naruto puso cara de enojado, pero al ver a Sakura, volvió a sonreír y volvió a correr.
—¿Puedes hablar? —inquirió Sasuke, limpiando el agua derramada en los labios de Sakura.
—Un poco... siento que mi garganta arde horriblemente.
—Es debido a la deshidratación. Tendrás que tomar mucha más agua de ahora en adelante. Igualmente voy a prepararte té para eso.
Él se levantó, pero ella no permitió que diera un sólo paso. Lo tomó de las mangas de su camisa, con leves salpicaduras de sangre, o al menos, de color café.
—¿Dónde está mi madre? —preguntó, muy débilmente.
Sasuke no supo qué contestarle, así que nuevamente le acarició la frente y las mejillas. Algo que había leído para calmar a los pacientes y no hacerles entrar en pánico.
—Ella está bien, pero por el momento quiere mantenerte lejos. Cuando te recuperes iremos a buscarla. No te preocupes. Descansa.
Esa respuesta no la convenció del todo. Su cabeza comenzó a martirizarla, y comenzó a gruñir de hambre. Hasta que Kakashi entró con un tazón de comida caliente. Lleno de verduras y carne sin cortar. Sólo había una cuchara de madera.
No podía recargarse muy bien, así que Kakashi colocó más almohadas para ella. Además, la notó muy débil, demasiado.
Comenzó a darle de comer, al primer bocado, Sakura sonrió, pero después, sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas y por último, comenzó a llorar.
—¿Dónde estamos Kakashi? ¿Por qué no estamos en el castillo? ¿Dónde está mi madre?
Él sólo tenía dos respuestas, y ninguna era del paradero de su madre, lamentablemente.
—Estamos en la casa de los Uzumaki. En la frontera de Konoha... Sasuke nos ordenó traerte aquí para tratar tu herida. Era el camino más favorable y el más rápido. Te desmayaste cuando te atacaron... aunque la herida no fue grave, suponemos que por la impresión pasó esto, por eso no llegamos al castillo. La Reina... ella está en Suna. Iremos a buscarla pronto, así que no se ponga triste, nos tiene a los tres con usted.
Poco a poco dejó el llanto, aunque no cesaba tan rápido como quería, siguió comiendo sin decir ni una palabra más.
Al cabo de unos minutos y de que el plato se había terminado, quedó satisfecha. Cuando Kakashi se fue a lavar, ella comenzó a explorar el lugar con la mirada.
Los muros y el piso de la casa estaban hechos de piedra, con unas ventanas de madera decorando las paredes, parecía haber un segundo piso que se sostenía gracias a dos columnas, había una escalera de madera movible. Frente a la cama que estaba algo incómoda por el colchón y las almohadas de pluma, había una mesa grande y ancha, como comedor.
Justo al lado había unas encimeras para partir verdura, y una pequeña alacena dónde guardaban los alimentos.
Había dos puertas, una dirigía hacía una especie de granja, dónde podía escuchar gallinas y cerdos, y la otra entrada que tenía un caminito de piedras, daba a un bosque. Si ponía atención, también podía escucharse un arroyo. La mesita auxiliar a su lado estaba un poco gastada y tenía una velita, y varios libros.
Un poco más lejos, justo a la entrada hacia el arroyo, había un caldero y una chimenea de piedras, lo cual, mantenía caliente la casa.
Sakura pensó que era la típica casa de pueblito. Además, sólo había una cama donde estaba ella, así que ¿Dónde habían dormido los demás?
Reunió fuerzas, a pesar de que le dolía todo, pudo ponerse de pie, quejándose de que el piso estaba frío, comenzó a buscar un par de zapatos, pero al parecer no había nada.
Encontró un espejito bajo la cama en el que se miró. Estaba completamente demacrada, y sus pómulos estaban un poco más salidos. Tenía los labios muy pálidos, cuando ella siempre los tenía rosados. Al verse las uñas, las tenía muy amarillas, y tenía resequedad en las manos. No se veía para nada a como fue a la boda de Shikamaru.
Pronto en el espejo, vio el reflejo de dos personas, al voltear a verlos mejor, era Itachi que venía cargando dos baldes grandes. Ella inmediatamente fue y lo abrazó, aún quejándose del dolor.
Itachi por poco soltaba los baldes, hasta que logró dejarlos en el piso y abrazó cuidadosamente a Sakura. Muy asombrado y feliz.
—¡Itachi! —exclamó todavía abrazada de él, pensando que era una ilusión. Pronto, las piernas se le vencieron y el Uchiha tuvo que sostenerla y llevarla a la cama.
—¡Es un milagro, princesa, que haya despertado! —volvió a abrazarla tiernamente, acariciando su cabello y esbozando una gran sonrisa.
Pronto la persona de atrás, se reveló. Traía un bote lleno de trastes que recién había lavado y los puso sobre la mesa. Tenía el cabello rojo brillante, y traía puesto un vestido algo gastado, y un delantal descosido.
—¿Y bien? Despertó por fin —señaló la mujer—. Sasuke sí que es muy buen curandero.
—Princesa, ella es Karin, prima de Naruto, quién nos está prestando la casa.
—Un gusto —expuso Sakura, con una leve desconfianza—. Lamento no poder reverenciarme cómo es debido, pero aún me duele la herida.
—No se preocupe, aquí no necesita aparentar, en la casa de los Uzumaki no usamos honoríficos, para mí eres Sakura, ¿No Itachi?
Él no respondió nada, simplemente sonrió a Sakura algo apenado.
—Ella es así... creo que está... enojada porque usted duerme en su cama.
Ella lo entendió perfectamente, así que procedió a aclarar las cosas.
—Karin, no se preocupe, cuando me recupere le dejaré las cosas como fui recibida, y usted recibirá una compensación económica muy grande. Téngalo por seguro.
—¿Usted cree que a nosotros los pobres nos importa el dinero? ¿Por qué no mejor ordena que haya pozos más cerca de nosotros? ¿O que se hagan caminos del pueblo para acá? Me he perdido en caballo incontables rumbo al pueblo. Arregle eso y le perdonaré el estar de ociosa en mi cama.
No era de un carácter muy agradable ni de lejos, no podía creer que fuera familiar de Naruto, quién se notaba muy animado, e irónicamente, venía entrando a la casa.
—Oh, Karin, ya has llegado, qué hay, ¿Pudiste lavar bien los platos? Recuerda que tenemos visitas reales, puede que los chicos estén bien con cualquier cosa, pero ¡Hay una princesa! Eso me recuerda, no me he presentado —Naruto fue directamente a Sakura y se reverenció muy apresuradamente, pudiendo escuchar un tronido de huesos proveniente de su rodilla—. ¡Princesa! Mi nombre es Uzumaki Naruto, soy... hmmm... bueno... eeeeh, ¿Duque? No, no, soy dueño de las tierras en que está parada... eso no suena bien, usted es dueña de mi casa, bueno, mi nombre es Naruto y ya, es un gusto.
La joven princesa no pudo evitar reírse de las ocurrencias de Naruto.
—Es un gusto Naruto... lo mismo que le dije a Karin, recibirás una compensación por tus cuidados conmigo.
—¡¿Es en serio?! ¡Gracias! No es necesario, pero si pudiera ayudarme a pagar una vaca más, estaríamos muy agradecidos.
Sakura asintió ante su pedido, y Karin rodó los ojos, pronto, Sasuke y Kakashi entraron a la habitación, notando como todo mundo estaba platicando.
—¡Sasuke! —Karin fue directamente a él, saludándolo—, no te he visto desde la mañana, hiciste un buen trabajo con ella, eres asombroso —él no contestó nada, en cambio, volvió a releer la libreta que tenía en sus manos.
—Conseguí todos los ingredientes para seguir sanándote. En unos días, al menos tres, podrás montar a caballo, sin dolor alguno. Y para el dolor de piernas prepararé un ungüento, le pediré a Karin que te lo ponga.
—¿Yo?
—Bueno, ¿Quieres que yo se lo ponga? —inquirió enojado.
—No, no lo decía por eso. Pero bueno —ella se veía bastante enojada, lo daba a notar, tan sólo con fruncir el seño lo notaban todos. Agarro una bolsita de tela que estaba en una silla y se preparó para salir—, tengo que ir a comprar unas cosas para ella, porque no seguirá usando mis ropas. Aunque aclaro, Sakura, no serán tan modestas como lo que trajiste cuando viniste aquí. Pero no te preocupes, de todos modos no creo que asistas a ningún baile.
Ella salió de la casa, llevándose a Naruto, casi arrastrado.
Los cuatro ahora estaban reunidos. Y había mucha tensión, tensión que ella rompió.
—Cuando esté bien, iremos a buscar a mi madre a Sunagakure. Pediré por una carta a sir Yamato que nos traiga caballos para iniciar la búsqueda.
Había desconcierto entre los hombres, quienes no sabían cómo decirle a Sakura la verdad de las cosas. Sasuke ya la había calmado una vez con palabras, pero no podía cubrir el sol con un dedo, así que viendo las hierbas que había dejado en la mesa, con propiedades calmantes, comenzó a contarle las cosas a Sakura.
—No creo que sea buena idea regresar a Sunagakure, el castillo está completamente destruido.
—¡Sasuke! —regañó Itachi, pero éste no se calló.
—Dejemos que sepa la verdad. Han pasado cinco días, ustedes vieron como lanzaban las balas y las flechas. Alguien planeó todo esto, amenazando al Rey y los príncipes. Si regresas ahí Sakura, sería un suicidio, sobre todo porque... porque no tienes muchas fuerzas.
—¡Tú dijiste que podía moverme! Quiero ver a mi madre, ¿Por qué no me dejas al menos ir a buscarlas?
—¡Que te puedas mover no significa que tengas fuerza física y mental! Puede que no lo recuerdes, pero el tipo que te hizo daño no era muy fuerte, era un tipo escuálido, no pudiste hacer nada contra él... ni yo. Pero si regresamos no sabremos si todo está bien, además, seguramente están buscándote.
—¡¿Por qué me buscarían, Sasuke?! Lo que ellos querían es a mí, me hicieron daño, entonces... si esa es la única forma para recuperar a mi madre, no me voy a dar por vencida, aún si tengo que entregarme para verla.
—¡No seas tonta! —Sasuke le gritó. Kakashi iba a detenerlos, pero suponía que lo que él iba a decirle estaba acertado— Si llegan a matarte considera que el castillo se queda sin ti y sin tu madre.
—Bueno, si dicen que ella está en Sunagakure en algún momento tendrá que regresar a Konoha.
—No, princesa. No es viable... hemos estado notando... que es un riesgo regresar al castillo —explicó el Uchiha mayor—. No creemos que la reina esté ahí. Viendo cómo atacaron el palacio en Suna, la reina probablemente no quiera regresar al país para arriesgarse a que hagan lo mismo. Debemos ser cuidadosos y quedarnos aquí.
—¡Pero su familia también está en peligro! ¿No les importa?
—Princesa, es obvio que ellos están angustiados, pero lo que vivimos también nos atemoriza, es algo que nunca antes experimentamos. Las cosas deben calmarse para retomar una búsqueda. No debe apresurarse o las cosas saldrán muy mal.
—¡No! ¡Yo debo ir a por mi madre! No puedo creer que ustedes sientan lo mismo que yo y no quieran correr a por su familia, si Sunagakure estuvo en peligro por mi culpa entonces también Konohagakure.
—¡No decidas lo que sentimos! —Sasuke volvió a gritarle, ésta vez, más fuerte— Tú dices eso porque estuviste desmayada, pero no escuchaste esos cañones, el terror de la gente, los cuerpos y el piso bañado de sangre... incluso había niños... nos estás mandando casi a la guerra, sin armas, sin conocimiento alguno. ¡Por supuesto que nos preocupa nuestra familia, no sólo ellos, nuestro clan! Pero no podemos arriesgarlos, ellos piensan que tú estás muerta, mandé a Naruto y a Karin a esparcir esos rumores...
—¿Muerta? ¿Yo?
—Pensamos que era lo mejor, no queremos poner en peligro Konoha, ellos iban a por usted, será más difícil ubicar a la reina. Si ellos saben que usted murió dejarán de buscarla y amenazar a la gente con que les digan dónde está. Es lo mejor. Estamos aislados de Konoha por lo mismo. Sasuke y yo junto a Kakashi estamos averiguando quien fue el grupo de personas que le hizo esto... y sólo pensamos en una persona.
—El anterior Rey de Suna, Rasa. A él no se le dificultó entregarla, y curiosamente, fue el único que resultó ileso.
—Entiendo... por esa razón... Obtuve ese mal trato de su parte.
Los tres hombres no sabían a lo que se refería, Sakura se llevó las manos a las mejillas para concentrarse mejor.
—¿Y entonces? ¿Qué será después? ¿Cómo iré a buscar a mi madre?
—Tiene que sanar, después veremos qué hacer. Por el momento, Naruto no tuvo problemas en que nos quedemos el tiempo que necesitemos. No podemos vivir aquí por siempre, somos muchos, pero encontraremos una solución.
A Sakura le empezó a dar fiebre nuevamente, por la presión y por todo lo que le estaba pasando, se recostó otra vez y pidió que todo regresara a la normalidad.
—Todo estará bien princesa, no está sola, nos tiene a nosotros —Kakashi acarició sus manos para mantenerla calmada.
Los hermanos salieron de la casa, y ahí se quedó Itachi velando los sueños de Sakura.
Le carcomía la duda, la desesperanza, el miedo.
Sólo quería despertar y que la pesadilla hubiera pasado.
Y también, regresar con su madre al castillo...
Con angustia, debía enfrentar al futuro, sin saber, que grandes problemas iban a devorarla.
Aún así, se dejó caer en la confianza con los tres caballeros.
Capítulo XVIII Finalizado.
