Descargo de responsabilidad: ni los personajes ni el argumento original me pertenecen. Esta recopilación es fruto del insomnio y el aburrimiento.

Advertencia: Estudié Publicidad, no derecho. Por lo tanto, todo el asunto legal que se trata en esta parte es absolutamente inventado y basado en rigurosas investigaciones en internet, que incluyen la Wikipedia. Por favor, por favor, por favor, no me hagáis mucho caso. :D


◤Arena en los bolsillos◢

«Algunas ideas son como la arena en los bolsillos. No sabes de dónde vienen, ni por qué están ahí. Solo puedes hacerte una idea de su origen y resignarte a que te acompañen una temporada, porque deshacerte de ellas es más difícil de lo que pensabas.

O dicho de otra forma: recopilación de plot bunnies que se niegan a abandonarme.»


◉○ En otro universo ○◉

«¿Y si Nodoka no hubiera estado de acuerdo con el viaje de entrenamiento?»


DOS


Al día siguiente, tras comprobar que Genma no ha regresado, la señora Tanaka la acompaña a la comisaría y presentan una denuncia. Al parecer, al llevarse a Ranma sin avisar y sin hacer el papeleo necesario para sacarlo del país de forma legal, Genma ha incurrido en un delito de sustracción de menores.

A decir verdad, la cháchara legal apenas tiene sentido para ella: lo único que sabe es que ahora darán aviso a todas las estaciones de buses, de tren, puertos y aeropuertos del país. Las fronteras también recibirán una alerta y, le aseguran con vehemencia al final de la perorata, solo es cuestión de días antes de que tengan noticias suyas.

Nodoka incluso les proporciona su información de contacto y la fotografía más reciente que posee de Ranma y Genma. Salen los tres, con Ranma sonriendo ampliamente en su regazo y Genma detrás de ellos, posando orgulloso.

—Es un caso de manual —le explica la señora Tanaka un rato más tarde.

Se encuentran en una cafetería; la señora Tanaka se ha pedido un americano, mientras Nodoka encuentra algo de paz en la familiaridad del té verde. La cabeza todavía le da vueltas de la visita a comisaría, pero sabe que debe hacer un esfuerzo. Por su hijo.

—¿Qué quiere decir? —inquiere. Las manos le tiemblan tanto como la voz.

Antes de contestar, la señora Tanaka le da un sorbito a su café.

—Por lo que me ha contado, su marido no tenía trabajo estable y vivió unos años en el extranjero. Es posible que tenga contactos que puedan ayudarlo a establecerse en una nueva ciudad con mayor felicidad. Además, siempre ha manifestado su interés en volver allí con el pequeño Ranma.

—Por favor, tutéeme —responde Nodoka. A continuación, no puede evitar fruncir el ceño con confusión—. ¿De verdad esas cosas son importantes?

La señora Tanaka adopta una expresión de cautela.

—Son hechos parcialmente inofensivos si los sacamos de contexto —admite—. Pero Ranma ha desaparecido y, para tu caso, son especialmente relevantes. En el juzgado, ese comportamiento jugará a tu favor.

—¡¿Juzgado?!

—Por supuesto. Si se declara a Genma culpable de secuestro parental, se inhabilitará su derecho de patria potestad durante varios años. Entonces, tendrán que reasignar la custodia del niño. El objetivo es que te la asignen a ti —le aclara.

De repente, Nodoka recuerda que la señora Tanaka es abogada y siente que un vacío se abre bajo sus pies. Las matemáticas nunca se le han dado bien, pero si algo ha aprendido durante sus años como la señora Saotome es que en la cuenta familiar no hay dinero suficiente para pagar sus honorarios. De hecho, apenas tiene lo justo y necesario para pagar un mes más de alquiler.

—Oh dios mío —la exclamación se escapa de sus labios sin su permiso. Nodoka se lleva las manos a la cabeza—. Y qué requisitos... —se humedece los labios—. ¿Qué requisitos debo cumplir para que me den la custodia, como tú dices?

La explicación de la señora Tanaka le deja un regusto amargo en la boca.


Mientras la señora Tanaka se encargaba de la cuenta, Nodoka ha llegado a dos grandes conclusiones. La primera es que necesita un trabajo; en concreto, un trabajo a tiempo parcial que le permita cuidar de Ranma cuando no esté en el colegio (porque, contrariamente a lo que Genma ha defendido siempre, un niño necesita relacionarse con otros niños de su edad).

La segunda, y quizás la más importante de todas, es que necesita hablar con su padre.

La primera parte de su revelación es la más fácil de conseguir, por lo que abandona la idea hasta el día siguiente. La segunda, en cambio, podría complicarse un poco si se tiene en cuenta que, desde que nació Ranma, apenas ha sabido nada de su padre.

Nada más volver a casa Nodoka se lanza sobre el teléfono y marca las cifras casi sin pensar. Escucha uno, dos tonos, y entonces el formidable hombre que apenas fue capaz de criarla responde con su voz áspera:

—Residencia Akiyama.

La austeridad de sus palabras casi la hace sonreír. Casi, porque el aliento se le atasca en la garganta y el discurso que se había preparado de antemano cae en el abismo del olvido.

—¿Con quién hablo? —demanda su padre, que nunca ha tenido demasiada paciencia para empezar, unos segundos después.

Al borde de las lágrimas, Nodoka solo es capaz de decir:

—¿Papá?

Quizás sea su tono de voz, o tal vez es ese término que no ha usado desde que empezó la secundaria, pero Nodoka siente el momento exacto en el que su padre se da cuenta de que algo va terriblemente mal:

—Quédate en casa —dice en un gruñido. Nodoka se lo puede imaginar mesándose los cabellos con frustración—. Nos vemos en treinta minutos.

Y, por primera vez en más de 24 horas, Nodoka se permite exhalar un suspiro cargado de alivio.


Su primer pensamiento al verlo es:

Menos mal se ha dejado la katana en casa.

El segundo, que sigue al primero antes que inmediatamente, es:

¿De verdad tan solo han pasado 3 años?

Lo cierto es que su padre ha envejecido. Y bastante. La línea del pelo ha retrocedido tanto que la piel le brilla bajo la tenue iluminación de su sala de estar. Lo que queda de sus cabellos ya no es del profundo negro que ella recuerda, sino de un blanco grisáceo extraño que le provoca una mueca.

—Cuéntame —la acucia su padre cuando termina de servir el té.

Sus ojos están cargados de preocupación. Nodoka no puede evitar pensar en el día de su boda y en el orgullo que había visto en ellos cuando la vio vestida con el kimono y el wataboshi blancos. Había dejado claro con anterioridad que no aprobaba al novio, pero eso no quería decir que en un día tan importante para ella no hubiese hecho a un lado sus opiniones para disfrutar de lo que pudiera.

Con un nudo en la garganta, Nodoka le hace un resumen de todo lo que ha ocurrido estos años: los problemas financieros, la obsesión de Genma con los entrenamientos, Ranma y su desarrollo y, finalmente, su secuestro.

Su padre arquea las cejas con sorpresa ante la palabra. Nodoka le da la misma explicación simplificada que le ha dado la señora Tanaka esa misma mañana: para trasladar a un niño a otra vivienda, por no hablar de otro país, el progenitor que se lo lleve debe contar con el permiso explícito (y por escrito) del otro padre. De lo contrario, se comete lo que la ley conoce como secuestro parental.

—Nunca creí que Genma sería capaz... —Nodoka toma una profunda respiración para alejar las lágrimas. Por primera vez en los minutos que le ha tomado poner al tanto a su padre se atreve a levantar la mirada—. La señora Tanaka me ha explicado lo que necesito hacer y demostrar para obtener la custodia de Ranma —le dice.

Traga grueso, y se obliga a entrelazar las manos sobre su regazo para ocultar su agitación. Se humedece los labios.

—No puedo hacer esto sola —suplica.

El rostro de su padre conserva su usual expresión adusta. No obstante, Nodoka es capaz de distinguir un brillo en su mirada (una mezcla de compasión, ternura y determinación) que la hace sentir como si volviera a tener diez años y no conociera nada más allá de su protección.

—Dime qué tengo que hacer para ayudar—la alenta.

Sin más dilación, Nodoka le cuenta el plan que la señora Tanaka ha esbozado para ella. Cuando termina y su padre asiente con firmeza, apenas nota que ha dejado de temblar.


Al estar casados y, por lo tanto, no tener una resolución judicial que determine la custodia de Ranma, tienen que dirigirse a la Jurisdicción civil para obtener una respuesta provisional. A Nodoka le sorprende la velocidad con la que se resuelve todo el papeleo, aunque, si se tiene en cuenta que la seguridad de un niño (su hijo) es lo que está en juego, quizás han trabajado a un ritmo de lo más razonable.

Las autoridades que investigan el caso le piden que permanezca en casa, cerca del teléfono, por si su marido decide ponerse en contacto con ella. Esa noche, su padre le informa que va a quedarse a cenar, y no se sorprende cuando, al terminar, lo ve deslizar una caja en su dirección.

—Es uno de esos teléfonos portátiles (1) que se han puesto tan de moda —le explica con las mejillas brillando con un peculiar sonrojo.

Nodoka acepta el regalo con una sonrisa tensa. Su padre se aclara la garganta con fuerza y comenta:

—¿Todavía te gusta ese té verde que…?

—Claro —sin esperar a que su padre termine la frase, Nodoka se dirige a la cocina.

Mientras realiza los familiares movimientos que tienen como resultado una infusión cuyo aroma le trae recuerdos de su infancia, Nodoka se entretiene con la certeza de que su padre ha envejecido durante los últimos años, pero eso no quiere decir que haya cambiado en absoluto.

Horas más tarde, cuando ya ha pasado un buen rato desde que su padre se marchara a casa, Nodoka se obliga a admitir que esa noche Morfeo no podrá alcanzarla. Cansada y con los párpados pesados por el sueño, pone la tetera sobre el fuego. La observa en silencio durante unos instantes y no es hasta que empieza a silbar que recuerda una conversación largo tiempo olvidada.

—Tendo es capaz de quemar hasta el agua —había comentado mientras se reía—. Solo espero que, sea cual sea la hija de Tendo que se convertirá en nuestra nuera, haya salido a Kyomi.

Tendo. Tendo, el padre de la supuesta prometida. Tendo, el mejor amigo de su marido. Nunca mencionado por su nombre, siempre por su apellido.

—Tendo —repite Nodoka en el silencio de la madrugada.

El amanecer la sorprende revisando todas y cada una de las pertenencias de su marido. Para ser un nómada, como muchas veces él mismo se ha identificado, Nodoka observa que a lo largo de los años ha reunido todo tipo de cachivaches absurdos, desde herramientas de entrenamiento hasta elementos ornamentales que nada tienen que ver con la cultura japonesa. Antes, cuando lo conoció, Genma siempre le había parecido exótico e interesante con sus posesiones estrafalarias. Pero ahora, mientras rebusca entre años y años de pertenencias acumuladas, no puede evitar pensar que tal vez Genma se refugia en objetos lujosos y misteriosos porque no tiene nada más a su nombre.

—Aquí estás —murmura cuando la encuentra.

Es una agenda vieja y maltratada que le ha visto a su marido en muchas ocasiones. Genma no tiene muchos amigos, pero sí una gran cantidad de conocidos a los que, a lo largo de los años, ha cobrado muchos factores. Nodoka apenas se fija en los nombres que no le interesan y repite entre dientes «tendo, tendo, tendo» como si de un hechizo se tratara hasta que llega a la página donde debería estar escrita su información de contacto.

Contiene las lágrimas, porque está arrancada. Nodoka pasa las páginas, pero no tarda en darse cuenta de que Tendo debía ser el último contacto de su marido, porque el resto permanecen en blanco. Con el pulso acelerado, acaricia los bordes irregulares que ha dejado la hoja que Genma se ha llevado y, más tarde, los surcos que la presión del bolígrafo ha dejado sobre el papel vacío. Nodoka puede distinguir los primeros trazos del kanji que compone el nombre del señor Tendo, y más abajo...

Números.

Nodoka se obliga a seguir respirando, porque bajo las yemas de sus dedos es capaz de discernir números.


A/N: Bueno, no podía dejar a Nodoka así, ¿no?

Je.

(1) El otro día viendo Pulp Fiction en español (de España) me fijé que dicen "teléfono portátil" para referirse a un móvil. No sé si es el doblaje, o si simplemente todavía no se había acuñado la expresión "teléfono móvil", pero me hizo gracia.

Recordad que mi cuenta de IG es ma_gonaz97.