Descargo de responsabilidad: ni los personajes ni el argumento original me pertenecen. Esta recopilación es fruto del insomnio y el aburrimiento.

Advertencia: Estudié Publicidad, no derecho. Por lo tanto, todo el asunto legal que se trata en esta parte es absolutamente inventado y basado en rigurosas investigaciones en internet, que incluyen la Wikipedia. Por favor, por favor, por favor, no me hagáis mucho caso. :D


◤Arena en los bolsillos◢

«Algunas ideas son como la arena en los bolsillos. No sabes de dónde vienen, ni por qué están ahí. Solo puedes hacerte una idea de su origen y resignarte a que te acompañen una temporada, porque deshacerte de ellas es más difícil de lo que pensabas.

O dicho de otra forma: recopilación de plot bunnies que se niegan a abandonarme.»


◉○ En otro universo ○◉

«¿Y si Nodoka no hubiera estado de acuerdo con el viaje de entrenamiento?»


TRES


Los primeros dos intentos ni siquiera dan tono. Nodoka frunce el ceño en dirección al pequeño trozo de papel que sostiene entre sus dedos. Ha apuntado todos los números que ha podido identificar al cien por cien, pero hay una cifra en medio que le está causando problemas.

Con un suspiro, tacha de su lista mental la posibilidad número dos y empieza a marcar la siguiente. Esta vez sí se establece una conexión, pero la antipática señora que le responde le asegura de una forma muy desagradable que allí no vive ningún Soun Tendo, y que las señoras decentes no llaman buscando a hombres casados, por lo que puede irse a freír espárragos.

(en realidad, dice algo bastante más escatológico, pero Nodoka ni siquiera es capaz de repetir esas palabras en su mente)

Perpleja, Nodoka marca el siguiente número… y le responde el contestador de una chica que, a juzgar por el acento, vive en algún lugar de la región de Kansai. Los intentos cinco y seis tampoco tienen éxito. Nodoka, al sentir que su lista de posibilidades se hace imposiblemente corta, se siente a caballo entre la esperanza y la desolación. Con los dedos temblorosos, hace la siguiente llamada…

Y emite un gemido de alivio cuando una mujer de voz serena responde:

—Residencia de los Tendo. ¿En qué le puedo…? ¿Se encuentra bien? —dice la mujer al escuchar su quejido.

Nodoka se sorbe la nariz de una forma muy poco femenina y barbota las palabras que ha repetido durante los últimos minutos sin parar:

—¿Puedo hablar con Soun Tendo? Soy Nodoka Saotome, la esposa de Genma Saotome y necesito…

—¡Saotome! ¡Claro! —exclama la señora al otro lado de la línea con lo que a Nodoka le parece entusiasmo—. Akane, cielo —dice la señora (¿Tendo?), alejándose del aparato unos segundos—. ¿Podrías decirle a tu padre que venga? Hay una persona que quiere hablar con él. ¡Y recuerda que en casa no se corre!

Una vocecita diminuta y aguda responde con la vehemencia que solo un niño pequeño es capaz de transmitir. Nodoka, casi sin darse cuenta, sonríe al escuchar la carcajada frenética y el inconfundible sonido de unos piececitos chocando contra el suelo. Akane Tendo ha salido corriendo, a pesar de la advertencia de su madre.

Quien, por cierto, también está sonriendo.

—Niños —comenta, pero Nodoka percibe en su tono de voz no solo risa contenida, sino una ternura tal que hace que se le encoja el corazón.

Nodoka carraspea. Le gustaría responder. Decir algo agradable sobre la niña que no conoce, pero que le ha sacado una sonrisa pese al dolor que siente en el pecho. Pero siente un nudo en la garganta que amenaza con estallar en lágrimas en cualquier momento.

—¿Cómo está su familia? —pregunta la mujer (¿de Tendo?) al cabo de unos segundos. Cuando Nodoka ni siquiera hace ademán de contestar, la mujer se aclara la garganta y añade—: Mi marido no debe tardar.

Pero sí tarda. La pequeña Akane ha debido de dar un rodeo, o por el camino ha sucedido algo que los ha entretenido, pero pasan casi cinco minutos en absoluto silencio antes de que una voz masculina pregunte:

—¿Kyomi? ¿Quién es?

Kyomi (¿Tendo?) exhala con alivio y le resume brevemente la situación.

—¿Señora Saotome? —dice Soun Tendo.

De fondo, Nodoka escucha a Kyomi decirle a Akane que es hora de jugar en el jardín. Pese a que es una llamada telefónica y, por lo tanto, nadie más que Soun Tendo va a escuchar lo que tiene que decir, Nodoka agradece la privacidad ofrecida y se promete enviarle una tarjeta de agradecimiento a Kyomi en un futuro cercano.

—¿Señora Saotome? —repite el señor Tendo, esta vez con preocupación.

Nodoka se obliga a tomar una profunda respiración para calmar sus nervios. Con una mano sujetando el teléfono y con la otra agarrando el cable con fuerza mortal, Nodoka se arma de valor.

—¿Ha hablado con mi marido recientemente? —inquiere—. ¿Le ha dicho a dónde iría?

—¿Qué?

—¿Ha mencionado alguna ciudad? —aprieta el cable todavía más, si es posible—. ¿Algún país?

—Discúlpeme, señora Saotome, pero no sé de qué me está hablando…

—¡Mi marido se ha ido! —a Nodoka ni siquiera le importa que sus modales se hayan visto comprometidos. A estas alturas, solo quiere respuestas, y algo en su interior le dice que Soun Tendo puede proporcionárselas—. Se ha ido. Mi marido se ha ido y estoy segura de que usted podría saber a dónde.

—Saotome… ¿se ha ido? —dice el señor Tendo, como si todavía no entendiera absolutamente nada.

—Y se ha llevado a mi hijo —se lamenta Nodoka en un sollozo—. Necesito saber si ha hablado usted con mi marido. Si Genma le ha dicho alguna vez a dónde iría en caso de que… de que… —Nodoka hace una pausa para recuperar el aliento—. Cualquier cosa, cualquier detalle… por favor…

Se le rompe la voz al mismo tiempo que Soun Tendo profiere una maldición. A Nodoka le parece oír cajones que se abren y se cierran, el revuelo de papeles cayendo al suelo… y, finalmente, otro improperio que en cualquier otra situación la habría hecho fruncir el ceño.

—¿Qué pasa? —Nodoka ase el teléfono con tanta fuerza que el plástico emite un quejido—. ¿Señor Tendo? ¿Qué ocurre?

Soun Tendo duda unos segundos. Nodoka sabe, en cuanto oye el titubeo, que algo va mal. Muy mal.

—Saotome me escribió hace algunas semanas —le explica con una voz engañosamente serena—. Me invitaba a hacer un viaje de entrenamiento, como en los viejos tiempos...

—A dónde —demanda Nodoka entre dientes.

El señor Tendo chasquea la lengua. Nodoka fantasea con arrancársela.

—… yo le dije que no, por supuesto. Que agradecía la invitación, pero tengo una familia numerosa y así no puedo permitirme irme a…

—¿¡A dónde!?

El señor Tendo suspira. Por alguna razón, Nodoka se lo puede imaginar pellizcándose el puente de la nariz.

—...a Corea. Saotome mencionó que empezaría por Corea.

Una vez, cuando era pequeña, Nodoka estaba jugando en un columpio cuando perdió el equilibrio y cayó de espaldas. La caída fue lo de menos; el aire salió despedido de sus pulmones y Nodoka experimentó una de las peores sensaciones de su vida: sintió que el mundo se oscurecía a su alrededor, una terrible presión en el pecho y, aunque apenas podía respirar, la extraña necesidad de gritar.

El dolor que siente ahora, la angustia que la invade al darse cuenta de que todo este tiempo ha estado pensando en el país equivocado, no tiene ni punto de comparación.


«Se intensifica la búsqueda de Ranma Saotome, de tres años, desaparecido junto a su padre, Genma Saotome (28 años), desde el pasado miércoles en Nerima, Tokio. El Juzgado ha emitido una orden internacional de búsqueda para encontrar al menor y a su padre, según han confirmado fuentes policiales».

Nodoka observa la televisión. En la pantalla, una atractiva y jovencísima mujer, ataviada con un severo traje azul marino, habla sin gesticular demasiado. Nodoka apenas le presta atención, aunque una parte de su mente se siente ligeramente perturbada por la frialdad con la que la mujer pronuncia las palabras.

«El Juzgado, además, se ha puesto en contacto con las autoridades coreanas, ya que se baraja la posibilidad de que este haya sido el país de destino…»

Una semana.

Ha pasado una semana. Pese a la promesa que le hicieran los agentes el día que presentó la denuncia, ha pasado ya una semana desde que Genma se llevó a Ranma y siguen sin tener noticias suyas.

Pero tienen un rastro, se obliga a recordar.

Una de las prioridades de la policía durante los últimos días ha sido reconstruir las últimas horas que Genma pasó en Nerima. A ella la han entrevistado tres veces y en todas las ocasiones ha dicho lo mismo: el día anterior a la desaparición todo transcurrió con la más absoluta normalidad. Ranma cenó a las seis, tomó un baño antes de irse a la cama y a las ocho y media ya estaba dormido. Genma y ella cenaron un poco más tarde y no se acostaron hasta las once. Nodoka, porque tenía que limpiar la cocina y doblar la colada y Genma, porque todavía no había realizado sus katas diarias.

En retrospectiva, es evidente que Genma utilizó esas últimas horas del día para ultimar los detalles de su viaje, pero Nodoka se niega en rotundo a pensar en los «y si…» y perder el tiempo.

En cambio, piensa en el señor Kimura y en la sorpresa que había visto reflejada en su cuando la policía llamó a su puerta para pedirle educadamente su colaboración. Por primera vez desde que se mudaron al barrio, Nodoka agradeció que el señor Kimura tuviera la manía de observarlo todo desde su ventana, porque la mañana del rapto había visto a Genma marcharse con Ranma («creía que se llevaba al niño de excursión, señor oficial. No tenía ni idea…») y coger el autobús en la calle principal. La línea no pudo decírsela, pero la policía no tardó en descubrir, mediante las preguntas adecuadas a las personas adecuadas, que Genma se había dirigido al centro, a una de las principales estaciones de buses de la ciudad.

Allí, habían cogido el primer bus en dirección a Nagoya.

En Nagoya cambiaron de transporte: cogieron el tren hasta Osaka y allí hicieron transbordo con otro tren para acabar en Hiroshima, donde se perdía el rastro de billetes que habían comprado. Nodoka sospecha que se quedaron sin dinero, y la policía está bastante segura de que siguieron el camino por otros medios.

Su marido será un padre y un marido terrible, pero tiene que reconocer que es de lo más recursivo.

Lo siguiente que se sabe de ellos es que llegaron a la estación Hakata a finales de la semana pasada y que no cogieron el ferri. El encargado de la estación les había explicado que, al enterarse del precio de un solo pasaje, Genma había reculado y se había marchado dando trompicones.

No cogieron el ferri, pero la policía no los ha encontrado en Fukuoka, tampoco. El rastro que han seguido durante días desaparece como por arte de magia en el puerto, en la zona donde atracan los barcos pesqueros. Eso, junto a la información proporcionada por el señor Tendo, los ha llevado a pensar que lo más prudente es hacer pública cierta información y empezar a buscar en las ciudades costeras de Corea.

—Hemos recibido avisos de varios avistamientos —le ha dicho uno de los agentes de policía justo esa misma mañana. No obstante, con el ceño fruncido y una mueca, el joven oficial ha tenido que añadir—: Algunos son completamente falsos. De gente que o se confunde, o solo quiere que los medios le presten atención. Tiene que tener paciencia, señora Saotome.

Paciencia. Paciencia.

«... son las imágenes más recientes de los desaparecidos…»

Nodoka aprieta las manos en puños hasta que los nudillos se les ponen blancos. Por el rabillo del ojo, le parece distinguir la silueta de su familia en la televisión.

—Sin embargo, según las fuentes que hemos podido verificar, hay algo de lo que podemos estar seguros, señora Saotome —dijo el policía pocos segundos después. Sonreía, como si estuviera a punto de darle una buena noticia—. Su marido ha estado cuidando de su hijo, señora. Las dos personas que lo han visto han confirmado que, aunque parecía cansado, estaba bien. Vivo —ha añadido, para su gran horror.

Ni siquiera se le ha pasado por la cabeza el caso contrario. Aunque, tal y como le ha trasladado la señora Tanaka esa misma tarde cuando preguntó al respecto, al parecer es uno de los desenlaces más comunes, desafortunadamente.

«han pasado ocho días desde la última vez que fueron vistos. La policía...»

Nodoka apaga la televisión.

Y espera.


A/N: AVISO IMPORTANTE

Al final esta historia NO será una recopilación de ideas, ya que el plot bunny del secuestro parental ha crecido tanto que se ha convertido en una historia corta por derecho propio. El siguiente (y esperemos último) capítulo aparecerá en una historia bajo otro nombre, todavía por determinar (acepto sugerencias, porque "en otro universo" me parece lamentable). Gracias.

Recordad que mi cuenta de IG es ma_gonaz97.