Hola a todos. Tengo que disculparme primero por tardarme tanto en volver, han pasado un montón de cosas en estos días que me han distraído mucho, sin embargo es bueno darme tiempo entre las publicaciones. Por favor, por favor háganme saber sus opiniones acerca de la historia, les aseguro que los leeré y responderé.
¿Ya vieron Sailor Moon Eternal en Netflix? ¿Qué les pareció? A mí me ha encantado. ¡Comenten!
…
"Yo sé que mentí, yo sé que fallé,
te traicioné y que me alejé de ti,
vagando en el denso mar de la soledad,
de espalda al infinito".
Paula, Zoé .
…
XIV
Viajero
…
Llegó a las puertas del tiempo tan rápido como un suspiro. Había contestado a la llamada de Bardock, ahora la pantalla del reloj mostraba un montón de iconos que antes no estaban allí y no tenía idea de qué eran. Debía de haberse tomado el tiempo de verificarlo, pero lo olvidó apenas dejó de usarlo. Si le hubiera puesto atención no habría sido problema, la tecnología no era algo que se le resistiera. El que se resistía era él.
Giró en sus talones, el ki de Bardock destelló como en la noche anterior y, un par de minutos después, salió del hogar de sailor Plut para encontrarse con él.
—¿Listo? —preguntó el viejo Sayajin.
—Sí.
Sailor Plut salió por la blanca puerta después. Ella y Trunks se saludaron y luego los acompañó hasta la nave.
—Les deseo éxito en su viaje —expresó Plut.
—Gracias —respondió Bardock abriendo las puertas de la nave y dejando su mochila al interior —. Hasta pronto —respondió y ambos se dedicaron una corta mirada.
Trunks dejó caer su mochila en el asiento de atrás y se coló en el asiento del copiloto, Bardock entró un segundo después.
—¿A dónde iremos? —preguntó Trunks.
—Al primero de todos.
Trunks lo miró aún sin comprender.
—Al universo uno.
…
Makoto se brincó el desayuno, le era imposible comer. ¿Por qué se sentía como si estuviera devastada? Se había decidido a que aceptaría su partida con toda la calma y madurez de la que era capaz de tomar mano, pero su ausencia la estaba volviendo loca.
No era la primera vez que tenía un romance, mucho menos una ruptura simple. Había tenido una que otra corta relación después de que Motoki saliera para siempre de su vida. Nada serio, nunca, nada que pudiera llegar a lastimarla, nunca más.
Después de recorrer la casa como león enjaulado se transportó directo a palacio. En el salón del trono Serena y Endimión estaban ocupados, más Endimión que ella. La Neo Reina le saludó con un gesto de reconocimiento a la distancia. Makoto le sonrió de regreso y se encaminó a la cocina. Una media hora después la comida estaba servida y Serena entró guiada por el aroma.
—¿Qué sucede Mako-chan? —preguntó Serena.
Makoto enterró el rostro entre sus manos, se restregó la cara y sus hombros se hundieron.
—Se ha ido… —y su voz sonó más rota de lo que habría querido.
—Lo sé —un retazo de su tristeza se proyectó en las gemas azules —. Te debo una enorme disculpa, no debí presionar para que lo recibieras en tu casa...
Makoto negó rotundamente con la cabeza.
—No, está bien. Yo quería hacer algo para ayudarlo y pensé que era buena idea intentar aprender algo nuevo... es sólo que no sabía en lo difícil que sería… y que es posible que no haya tenido ningún éxito.
—Estoy segura de que no es así, estoy segura de que lo ayudaste, de que hiciste algo bueno por él.
—La verdad es que no sé si en verdad lo hice Serena —respondió Makoto con sinceridad y aprensión en su voz —. ¿Qué si en realidad él se siente peor o más confundido que cuando llegó?
Makoto dejó escapar un suspiro entrecortado y sus ojos se humedecieron.
¿Qué si él se siente más herido? Agregó en su mente.
Serena se hizo para atrás en su silla y ladeó ligeramente su cabeza.
—¿Es que terminaron mal?
No, creía que no habían terminado mal, pero... ¿se podía decir incluso que habían terminado cuando apenas comenzaban? Y si era así ¿qué era lo que había terminado? ¿Un corto amorío, una aventura rápida? ¿Era eso lo que había terminado? No sentía que fuera como en otras ocasiones. Eso la estaba aterrando.
—No lo sé...
—Pero él se fue con el otro soldado, por asuntos de la Guardia, no por algo que pasó entre ustedes.
Makoto se preguntó por primera vez si Trunks sólo quería huir de ella, no lo creía, creía que él había estado tan a gusto con ella como ella con él, pero podía entender que era lo mejor cuando él aún amaba a otra mujer y mucho a su pesar admiraba su sinceridad. No soportaría falsas promesas nunca más.
—Soy una tonta Serena —Su rostro se contorsionó en una mueca de dolor.
—¿Por qué dices eso Mako? —La mirada atormentada de su amiga dijo mucho de sí—. Pasó algo entre ustedes, ¿no es así?
Makoto suspiró entrecortadamente y después asintió.
—Ohh... Rei tenía razón.
—¿Rei? —preguntó confusa Makoto.
—Rei dijo que ustedes dos tenían algo que ver por cómo Trunks te miraba el día que fueron a Urano... ya sabes —y juntó la punta de sus dedos índices— y luego Ami dijo lo mismo cuando fue el ensayo. Mina estuvo segura de que algo sucedía el día de la despedida. Yo por otro lado…
El rostro de Makoto se fue tornando azul con cada palabra de Serena. La rubia le tomó de las manos y acercó su rostro al de ella.
—¿Entonces él y tú... ?
Makoto dejó caer la cabeza, en ese punto ya no tenía caso negarlo.
—Me siento asustada... realmente me gusta mucho... quizás sea más que eso. La verdad es que fueron días maravillosos Serena. Hacía mucho que no me sentía tan… tan feliz y te juro que no pensaba en nada serio, no podría.
—¿Estás enamorada de él? —preguntó Serena.
Makoto se cruzó de brazos y se mordió el interior de la mejilla.
—No lo sé, supongo que por cómo me siento hay algo así.
—¿Y él?
Makoto soltó aire, derrotada.
—Él aún está enamorado de ella... Fue terrible Serena, las circunstancias en las que ella murió, es demasiado pronto para que siquiera pueda... sanar su corazón. Nunca pretendí que él… simplemente la olvidara, los sentimientos son algo que no se maneja con la cabeza.
—Pero eso no le impidió involucrarse contigo.
Makoto no pudo evitar sonreír.
—Bueno, la verdad es que yo he tratado de verlo como una situación ganar-ganar. He estado mucho tiempo sola y... resultó ser una muy buena compañía.
Serena no pudo evitar reír junto con ella al entender su segundo sentido.
—En ese caso volverá con mayor razón.
—No quiero hacerme ilusiones —confesó Makoto secando sus ojos con el dorso de la mano—. No quiero volver a perderme por un hombre y soy consciente de que su amor está en otra parte.
—Entonces sólo es cuestión de tiempo.
Makoto asintió aún con un semblante triste, eso podría significar que quizás terminaría esperando algo que nunca sucedería. Serena sabía lo que era anhelar la presencia de una persona muy amada y no saber si algún día realmente regresaría a su vida y Makoto temía extrañarlo por mucho tiempo.
…
No fue un salto agradable, Trunks sintió que iba a morir de asfixia y aún estaba jalando aire a sus pulmones mientras Bardock conducía la nave por el espacio.
El viejo sayajin revisó las coordenadas en el tablero y condujo hacía el planeta destino.
—¿Qué hay allí? ¿A qué vamos? —preguntó de nueva cuenta Trunks.
—Necesito información.
—¿Información sobre qué?
—Sobre un asunto del que no puedo preguntarle a cualquiera.
Sin embargo Trunks quedó en las mismas.
—Escucha Trunks. Puedes esperarme en la nave si lo prefieres, pero si decides acompañarme me gustaría saber si puedo contar contigo.
—Puedes contar conmigo.
—¿Eso incluye obedecer una orden de mi parte? ¿Obedecer sin rechistar? Te recuerdo que estás de baja temporal.
Trunks juntó el ceño con preocupación, ¿Bardock le estaba hablando en serio?
—He venido contigo y tienes mi palabra —aceptó por que no podía decirle que no.
Bardock no pudo evitar sonreír de lado, no había esperado menos del muchacho, su respuesta en el acto era prueba de su valía.
—Planeta Vizion —anunció la computadora en cuanto el planeta fue visible para ellos. Era una gran esfera purpura con manchas rojas y con varios anillos de polvo estelar a su alrededor— prepárese para el aterrizaje —anunció la computadora en cuanto entraron a la atmósfera del planeta—, favor de asegurar sus cinturones...
El descenso al planeta fue suave y lento. Cuando Bardock alcanzó a ver tierra buscó una dirección y la nave salió disparada.
Aquel planeta parecía hecho de luces y hologramas. Parecía poseer una tecnología que no comprendía Trunks. ¿Qué información podía buscar Bardock en aquel lugar?
Llegaron a una oscura y escarpada montaña. Aquel lugar no parecía tener la brillantez del resto del planeta. Los hologramas y luces no le rodeaban. Cuando se bajaron Trunks constató que parecía un lugar abandonado, pero no lo era.
Había una minúscula fila al pie de la montaña. Bardock y él se encaminaron hacia allí, se formaron y un hombrecillo vestido de rojo los abordó de inmediato.
—Bienvenidos ¿Tienen cita?
Bardock sólo asintió.
—¿Quiere darme su número de referencia?
Bardock sacó dos papeletas de su bolsillo y se las entregó. El hombrecillo las pasó por una tabla holográfica.
—Correcto. Pasaran cuando se les indique, que tengan buen día —anunció y acto seguido fue a atender a otros recién llegados.
—Oye Bardock —llamó Trunks— ¿Si tenías las citas concretadas por qué me dijiste que podíamos tener dificultades?
Bardock se encogió de hombros.
—Pensé que podría ser más difícil.
—¿Y para qué es la cita?
Bardock se giró a verlo luciendo contrariado.
—Dado que no has atendido a tus citas psicológicas creí que te serviría venir.
—¿Mis qué? —preguntó Trunks perdido totalmente.
—¡Deberías de llevar tu reloj de una buena vez!
—Lo siento, lo siento —se disculpó rápidamente.
Bardock le dio la espalda y se cruzó de brazos. El tema estaba zanjado.
Trunks volvió a ver su reloj con curiosidad y decidió poner manos a la obra mientras esperaban que la fila avanzara, lentamente.
Como había pensado desde un principio no le costó mucho en encontrar cómo funcionaba. Bueno ahora que lo veía tenía un montón de llamadas perdidas de Aer, Dorian y Bardock. También los llamados a sus citas psicológicas. Había un mensaje de Cadmus disculpándose por ponerlas tan tarde, que le esperaban, la primera cita había sido fechada para una semana atrás y la segunda para hacía dos días, preguntando la razón de su inasistencia.
¿Terapia? Terapia para sus problemas mentales y emocionales. Terapia porque estaba enfermo ¿Y en qué iba a ayudarle la maldita terapia? Nada podía regresar el tiempo ya, nada le regresaría su mundo, la vida de todos, a Mai. ¿Para qué necesitaría la maldita terapia? Él estaba perdido en un punto sin retorno.
Bueno… en definitiva él había estado recibiendo otro tipo de terapia, una que siempre se había negado…. Pero era mejor no pensar en eso. Contestaría en cuanto salieran de allí y vería que sucedía. No podía ser más grave que explotar una nave ¿no? Además se encontraba mejor que en mucho tiempo.
Se sentía triste y confundido, pero podía ser peor. Estaba triste por su partida, ante la posibilidad de no volver a ver a Mako nunca, ¿debería de sentirse sorprendido de ese sentimiento? ¿De lo que le provocaba pensar en no volver a verla? Claro que no, la verdadera pregunta era ¿qué sentía? Lo que viniera después de eso era el verdadero dilema ¿tendría algún sentido? ¿Importaría acaso? ¿Le importaría a ella? No quería pensar en ello, se engañaría a sí mismo, después de todo él no era nadie para ella, no valía nada a su lado. Darse cuenta de eso le provocó dolor y tristeza. Él nunca sería merecedor de nada, de nadie. Sólo tenía que encontrar la manera de lidiar con esa realidad. Su única esperanza era rendirse a una vida sin fortuna.
La fila avanzó después de una hora y por fin Bardock se encontró al frente.
—Sólo uno a la vez —dijo el hombrecillo de rojo.
Bardock entró dejando a Trunks atrás. Mientras esperaba a que el viejo sayajin regresara Trunks se preguntó para qué tendría que entrar él allí. Bardock le había dicho que acudía buscando información, cosas que no podía preguntar a cualquiera. ¿Qué clase de información podía ser esa? Se imaginó un mundo de posibilidades. Información sobre su pasado, futuro, salud, quizás sobre alguna persona o algún enemigo. Hasta que él no se lo confiara no lo sabría, si es que lo hacía.
¿Y él? ¿Para qué necesitaba aquella cita? ¿Qué información podría buscar allí? ¿De qué podía servirle a él?
…
Lo que más estaba disfrutando de estos momentos era dormir en aquella hamaca bajo las palmeras y el sol. Escuchar la brisa del mar ¿o era el corazón de Nicolás? El calor de sus brazos la embriagaba, quedarse adormecida sin pensar en el tiempo era tan fácil. Era tan fácil caer en el sueño.
Un resquicio de luz atravesó de arriba abajo, en una línea vertical, la oscuridad en que se encontraba sumida. El silencio se rompió y sus pisadas crearon ecos. Tenía miedo, no a morir, pero sí a lo que pudieran hacerle. Pero era él, su largo cabello se meció acariciando sus hombros, la empuñadura de su espada brilló tras su espalda, y él no se andaba con rodeos. Él era conciso y rápido.
Su corazón se encogió. No quería recordar.
Se irguió todo lo que las cadenas le permitieron, uno de sus tacones rotos resbaló.
Llegó hasta ella y buscó sus ojos. Rei le miró, y debía haber fuego y odio en los suyos, pero la respuesta de sus ojos era un azul impío, era acero, estaban vacíos y perdidos. Quiso preguntarle por qué. ¿Por qué si ahora lo tenía todo? ¿Por qué si había ganado?
La tierra seca y marchita, la luna un centro de concentración, el sistema solar diezmado bajo su mano. Polvo galáctico sin posibilidad de recuperación, no cuando ellos tenían el poder. No cuando para él era tan fácil destruir todo cuanto eran.
Ahora sólo quedaba ella, incapaz de proteger a quien había jurado proteger. Setsuna había sido arrastrada fuera no sabía con exactitud hacía cuanto, no quería pensar que era probable que no volviera a verla.
Él entrecerró los ojos y habló.
—… que no… eres útil.
¿Qué decía? No había comprendido sus primeras palabras. ¿Por qué no podía entenderle con claridad? Sólo había entendido que no le era útil.
Rei le sostuvo la mirada, porque así debieron hacerlo las demás, si es que tuvieron el tiempo de verlo como ella lo veía ahora. Fuego y odio. Era lo que había en los dos, eso era lo que eran. Fuego y odio.
El calor la carcomió por dentro, el dolor y el ardor le hicieron despertar gritando y sacudiéndose. El ardor en el pecho, el dolor en su corazón. Rei se resbaló fuera de la hamaca y golpeó con las manos y las rodillas la arena. Su corazón estaba desbocado y no podía respirar bien.
—¿Rei, estás bien? —preguntó Nicolás —¿Te has caído de la hamaca?
Rei estaba consciente de que había tenido un mal sueño, pero la voz de Nicolás tras ella le hizo darse cuenta de que no era así. Quería que lo fuera, con toda su alma.
Se impulsó con un pie y clavó el otro en la arena iniciando una carrera desesperada.
…
Adentro Bardock ofreció una gran reverencia y luego se puso de pie y pensó en su pregunta.
—Entiendo —contestó ella antes de que él siquiera despegara los labios—, pero debes ofrecerme algo a cambio, algo de sumo valor para ti, no valioso en lo cuantioso, si no incalculable en lo valioso de verdad. Deberás desprenderte de ello para alimentar nuestra fuente.
Bardock frunció el ceño pensativo. Barajeó sus opciones, pues no contaba con mucho. Alzó la vista hacia ella.
—Yo no la necesito —musitó ella— y no es una maldición, él sólo extendió su don hacía ti.
Bardock pensó sobre eso seriamente y también en qué podía ofrecer a cambio, no contaba realmente con nada valioso, ni en lo material ni en lo valioso de… sólo.
—Eso sí —contestó ella más alegre.
Bardock supo en ese segundo a qué se refería con lo valioso. El raído y descolorido trapo carmesí flotó hasta ella en cuanto Bardock lo desanudó de su cabeza. El pedazo de tela brilló rojo de sangre, como si la sangre de Tooma, de él o de Trunks acabara de mancharlo. Luego flotó y se enterró dentro de la pared de la raíz de la cueva.
—Ahora que has pagado el precio, ¿qué es lo que quieres saber?
Ella escuchó sus pensamientos, conforme su comunicación avanzaba su bello rostro se ponía más serio.
—Estás en lo correcto —dijo al fin—. Acércate y mira.
Ella extendió uno de sus ochos brazos hacia Bardock y le ofreció la mano. El viejo sayajin se acercó despacio y con cautela la tocó.
—Debes liberar tu mente y podrás ver un número infinito de posibilidades. Quieres cambiar su destino y necesitas ver más allá.
El intercambio entre los dos duró una fracción de segundos pero Bardock entendió todo lo que tenía que entender. Incluso tomó una difícil decisión en ese momento.
—¿Lo logrará?
—Es eso o perderse.
—¿Y… lo dominará?
—Con el tiempo y sólo si sobrevive.
—Entiendo —tenía que intentarlo, había dicho que no permitiría que terminara así, no sin luchar primero —. Gracias.
—Que los dioses favorezcan tu causa —le despidió ella.
…
Serena y Makoto caminaban rumbo a la sala del trono, Makoto mucho más animada y Serena rebosante de optimismo cuando Ami las llamó desde la mesa.
—¿Dónde estaban? He estado esperando desde hace rato.
—En la cocina —respondió Makoto.
—¿Así que ya terminó mi querido esposo los deberes reales?
—¿Qué no deberías de ayudarle tú Serena? —preguntó Ami.
—A veces es muy complicado —se excusó Serena.
—¿Quieren sentarse? —preguntó Ami después de reír por la excusa de Serena —. Quiero contarles algo.
Antes de que Makoto y Serena tomaran asiento unas pisadas llamaron su atención. Rei entró corriendo descalza y roja al salón.
—Rei, ¿Pero qué haces a…?
Antes de que Makoto terminara su pregunta la pelinegra se lanzó hacia ella y tomó sus hombros. Sus pies descalzos se estiraron para intentar alcanzarla.
—¡¿Dónde está?! ¡¿A dónde ha ido?! —gritó en su cara.
—Rei ¿qué sucede? —preguntó Serena.
Tenía el cabello revuelto y las mejillas encendidas.
—¿¡A dónde ha ido?! —volvió a preguntarle.
Makoto tomó sus manos e intentó desprenderse de ella.
—¿De quién estás hablando?
—¡De él! ¡TRUNKS!
Makoto juntó su ceño con extrañeza.
—Se ha ido…
—¿A dónde?
—No lo sé, Rei —esta vez sus intentos por separarse de ella surtieron efecto y dejó sus manos reposar en las suyas.
—¿Por qué estás así Rei? —preguntó Ami.
Rei las miró, con los ojos vidriosos.
—Es una pesadilla…
—¿Tuviste una pesadilla? —preguntó Serena.
Rei musitó un no.
—Lo he visto… Él es un monstruo…
Rei soltó las manos de Makoto y la miró fijamente.
—¿Estás hablando de Trunks? —preguntó confundida Makoto.
—Sí de él, debemos detenerlo, debemos… acabar con él antes de que disemine toda su maldad.
—¿Pero qué estás diciendo? —preguntó Serena.
—¡Les estoy diciendo lo que he visto! ¡¿Es que no recuerdan cuando llegó aquí?!
Makoto desvió su mirada, apesadumbrada, le dolía pensar en él de esa forma. ¿Por qué Rei ahora le acusaba de esa manera?
—¿Cuándo intentó inmolarse junto con el planeta? —preguntó Ami.
—Sí…
—Pero él estaba muy mal —dijo Ami —. En ese momento no estaba pensando en sus acciones, sólo en su dolor.
—Entiendo que lo defiendas ahora, pero recuerda todas las veces que la hirió.
Makoto giró su rostro con violencia. Las palabras de Rei hicieron que sus ojos se aguaran.
—¡Él no lo hizo apropósito!
—¡Él es un monstruo! ¡Un asesino! ¡Y debemos detenerlo! ¿Dime a dónde ha ido?
—¡No es verdad! —le contestó Makoto —¡Él no es así! Has tenido una pesadilla Rei, entiéndelo… Él se ha ido, no sé a dónde y ni siquiera sé si alguna vez regresará.
Makoto no pudo impedir que las lágrimas escaparan de sus ojos.
—Cálmate Rei —le pidió Serena —¿Estás segura de lo que has visto? ¿Estás segura de que no fue sólo un mal sueño? ¿Has tenido otros así?
Rei miró a Serena. No, no había tenido otros así. Sus visiones siempre eran a través del fuego, malos presagios en su pecho. Las cartas. Phobos y Deimos.
—Pero… era una pesadilla.
Serena y Ami la abrazaron. Ahora se sentía confundida. Había tenido un terrible sueño, eso era todo, era comprensible con la desconfianza que él había levantado en ellas.
—Si regresa te avisaré, ¿de acuerdo? —dijo Makoto en son de paz.
—Sólo si eso no sucede durante tu luna de miel —zanjó Serena —. A donde deberías volver ahora.
Serena miró hacia su espalda, Nicolás entraba justo por la amplia puerta. Rei respiró con fuerza, le dolía la cabeza.
Que espantoso sueño.
…
Bardock salió a los quince minutos, muy rápido a diferencia de los anteriores visitantes.
—¿Y cómo te fue? —preguntó Trunks.
Bardock sólo gruñó, no necesitó de mucho para darse cuenta de que no quería hablar. Trunks se hundió de hombros, al parecer no había servido de mucho.
—Avance por favor —le pidió el hombrecillo de rojo—, tenemos un horario muy apretado.
—Pe-pero…
—Ve chico —dijo Bardock cuando los de atrás comenzaron a murmurar.
Trunks avanzó no muy convencido hacia la entrada de la cueva. Las paredes estaban revestidas de una piedra verde refulgente y se abrían hacia una gran habitación redonda y alta, muy alta. El lugar estaba lleno de objetos de toda variedad. Joyas, muebles, pinturas, objetos sin ningún valor aparente. Algunos estaban incrustados en la pared.
Trunks caminó atravesando ese tesoro de cosas inanimadas. Al centro de esa habitación había un ser resplandeciente. Su piel dorada y brillante esplendía cual oro líquido.
—Acércate —llamó con una profunda voz.
Trunks se embelesó con su voz, al acercarse pudo contemplar mejor a aquella bella mujer. Tenía un largo cabello blanco como la nieve, ondulado y peinado con una delgada diadema, sus ojos eran un diamante gris, tenía una figura delgada y bien constituida. Le dio la bienvenida moviendo lentamente sus ocho brazos, cargados de símbolos, hacia arriba y extendiéndolos hacia él. Era grande, mucho más grande que él, casi como un gigante.
Trunks le ofreció una reverencia y ella pareció complacida.
—Otro viajero del tiempo que también ha perdido todo su mundo. Pocos mortales sufren tan terrible destino. ¿Qué es lo que has venido buscando saber?
Trunks realmente se sintió confuso, él sólo había viajado hasta allí para acompañar a Bardock.
—Hay algo que inquieta profundamente tu corazón —dijo ella. Trunks se sintió mareado al mirar directamente a sus ojos —, has perdido tanto que no sabes cómo continuar. Acércate, el Fondo Visionario puede ayudarte a encontrar esas respuestas.
Trunks se acercó como un niño tembloroso, sus palabras prometían consuelo de forma primitiva, le creía, no sabía por qué, pero creía en sus palabras.
—Pero antes tendrás que ofrecerme algo a cambio.
—Yo… ¿Qué es lo que quiere? Tengo dinero, pero no poseo nada que valga mucho.
—Lo tienes —dijo acercándose más a él.
Trunks juntó las cejas sin comprender.
—¿Mi espada?
—Así es —dijo ella—… Veo que no quieres desprenderte de ella— suspiró—. Bien, puedes pagar el precio con tu propia vida… El Fondo Visionario decidirá cuánto tiempo, el tiempo que tú mismo necesites para contestar a tus preguntas interiores, un año, una década, la mitad de tu vida. Pasa, si gustas pagar el precio podrás liberar tu alma y mente. ¿Aceptas la oferta? La única manera de continuar por el camino del bien es enfrentarte a ti mismo.
Trunks no pudo ni pensarlo, creía en ella. Le creía.
—Bien —respondió ella respondiendo a su pregunta interior—. Ahora entra.
La vidente abrió sus ocho brazos hacia afuera y abrió un portal en la oscura raíz tras ella. Un círculo de luz azul bordeó el interior de una negrura absoluta. Podía perder la mitad de su vida o toda ella, ¿Podía hacerlo? ¿Pagar ese precio?, había perdido casi todo, ¿qué más podía perder?
Trunks se colgó la espada y con una mirada decidida cruzó el portal.
…
Sobrevoló el área pintada de blanco. El aire frío le caló y abrochó su chaqueta antes de bajar hacia las ramas descarnadas de los altos árboles que poblaban ese suelo. El aire le golpeó duro mientras permanecía de pie sobre una rama y agitó su cabello. Era la tercera vez que se acercaba a ese lugar. Su ki no había vuelto a aparecer y de eso hacía meses, pero no podía dejar de buscarlo, no podía dejar de seguir inquieto.
No habitaba mucha gente allí, una decena de kis le rodeaban y un grupo mayor cinco kilómetros al sur.
Sin meditarlo mucho llevó sus pies a la espesa nieve. Había recorrido esa área dos veces antes y no encontraba nada llamativo, nada que despertara su interés, pero era la primera vez que baja de los árboles.
Quizás si recorriera el lugar a pie podría encontrar alguna pista.
Sus botas se hundieron en la nieve y ésta crujió. Había un grupo de cabañas destartaladas al frente y pensó que podía dar un vistazo o quizás hacer algunas preguntas.
«Claro Trunks —pensó con ironía—. ¿Qué vas a preguntar? ¿Han visto a un hombre igual o parecido a mí?»
Pero había tan poca gente allí que si no tuviera que preguntar por él mismo sería una pregunta factible. Poca gente, un lugar tranquilo y quizás no habría muchos foráneos, incluso alguien podría reconocerlo.
El silencio se rompió con el ruido de una gran detonación. Trunks se detuvo encontrando su origen en una de las cabañas que estaban en su camino. Un momento después un hombre enfundado en un gran abrigo salió tropezando en la nieve.
Él se echó a correr hacía la cabaña llegando justo cuando otra detonación hizo explotar la madera de una de las ventanas. Otro hombre salió pitando por el gran boquete. Un tercero se le unió en la carrera hacia el grisáceo bosque.
Trunks pegó la espalda a la pared y se movió lentamente hacia la puerta del garaje que estaba abierta y dejaba ver un pequeño y sucio taller. Aquellos hombres habían salido huyendo con los disparos y la persona que seguramente había disparado seguía adentro. Su ki era pequeño, pero él podía sentirlo con total claridad.
Giró dentro del garaje y escuchó el clic en su rostro.
—¡Da un paso más y te volaré los sesos!
El largo cañón apuntaba a su cara. Al igual que él, quien estaba allí dentro había sabido siempre donde se encontraba y tenía preparada el arma para dispararle limpiamente ahora que le había atrapado.
Pero no era la negrura del cañón o el hecho de que le hubiera medio sorprendido, si no su cara, lo que le tenía atornillado al suelo.
—¿No me has escuchado o eres idiota?
Empujó el cañón hacia su pecho y él elevó las palmas abiertas a los costados de su cabeza. Retrocedió por instinto un paso, un paso que ella avanzó.
—¿Qué me ves? —Preguntó y luego sonrió de lado—. Parece que has visto un fantasma.
Su burla no estaba nada fuera de lugar, porque eso es lo que estaba mirando Trunks: un fantasma de largo cabello negro.
—Escuché disparos y pensé que alguien podría necesitar ayuda.
—¿Y esperas que te crea? —ella elevó una ceja.
—Es la verdad —se defendió Trunks agitando los brazos. Aquella mujer era un poco más pequeña que él, pero estaba claro que eso no la intimidaba— ¡Lo juro!
Ella lo miró duro con sus ojos oscuros, sopesando sus palabras y finalmente bajó el cañón.
—Yo no necesito ayuda de nadie —soltó mientras le daba la espalda— ¡Ahora largo!
Sin embargo Trunks no se movió de su lugar. Estaba seguro de que ella era la mujer que yacía junto a la lápida de Gohan. Su corazón se había acelerado y ahora se encontraba confundido. Quizás sólo lo estaba imaginando, pero su raciocinio le decía que no, que la proyección de la reconstrucción facial era correcta, tan correcta que no podía haber equivocación.
Por Kami, ¿qué estaba sucediendo?
Ella se erizó, sus hombros se elevaron y apretó el cuerpo del rifle entre sus manos.
—¿No has escuchado? ¡Dije largo!
—Perdón, sólo quería asegurarme de que estabas bien.
Y no mentía, porque ella estaba viva, viva, no muerta.
Ella se sonrojó y su mirada ardió de coraje.
—¡¿Es que intentas seducirme para robar mi moto?!
—¿Qué…? —se sonrojó Trunks.
Ella volvió a elevar el rifle.
—¡Wow, wow, wow no! —se adelantó Trunks—. Ni siquiera sabía que tenías una moto. ¿Cómo iba a saberlo?
Ella chasqueó la lengua y reprimió un tic en su mejilla. Se giró con rapidez y con soltura arrancó una manta sucia que flotó por el aire y dejó al descubierto una vieja y modificada moto.
Se echó el rifle a la espalda y se montó.
—Si me sigues te dispararé, te lo aseguro.
Y arrancó, la moto zumbó muy fuerte y despegó acompañada de un estruendo. Salió del garaje arrojando nieve al rostro de Trunks y luego patinó por la nieve. Su conductora salió disparada fuera del asiento y lanzó un grito histérico.
Trunks se movió rápido y la atrapó antes de que diera contra la nieve. Ella parecía tan confundida cuando se dio cuenta de que él la tenía atrapada en sus brazos. Seguía anonadada cuando él la dejó de pie y sus botas negras se hundieron en la nieve.
—¿Te encuentras bien?
—¿Eh…? —ella se sonrojó al notar sus manos aún sobre ella —¡¿Pero qué te pasa?! ¡Suéltame pervertido!
Trunks brincó hacia atrás en cuanto ella ladró de nuevo.
—¡Perdón! ¡Perdón! Yo sólo quería ayudar —dijo Trunks sudando frío, esa mujer no dejaba de gritarle y por alguna razón que no lograba entender su carácter le ponía nervioso ¿o era el hecho de haberla encontrado… con vida? —. Mira —dijo ladeando su mirada a la moto que yacía volcada sobre la nieve —, es la cadena, está floja.
Ella giró a ver su moto.
—¡Claro que sé que es la maldita cadena!
Trunks enderezó la moto y ella se hincó para acomodar la cadena mientras maldecía su suerte.
—Eso no servirá de nada —dijo Trunks inclinándose con cuidado de mantener su distancia—, es muy vieja.
Ella resopló, medio molesta, medio derrotada.
—¿Así que ahora además de rescatista eres mecánico?
Trunks no pudo reprimir una sonrisa.
—Lo soy.
Ella lo miró de arriba abajo, deteniéndose en el logotipo de su chaqueta.
—¿Y cómo te llamas… niño?
La manera en que le llamó niño le hizo sentir como si en realidad ella se sintiera con suficiente edad para llamarlo así. Él no era un niño, ¿qué se creía con llamarlo así?
—Me llamo Trunks y no soy un niño —esta vez fue él quien sonó ofendido— ¿Y tú?
El segundo que ella tardó en contestar le pareció eterno.
—Me llamo Mai, niño.
…
Sailor Moon by Naoko Takeuchi
Dragon Ball by Akira Toriyama
