"Este fic participa en el minirreto de junio para La Copa de la Casa 20/21 del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black".

Beteado por Nea Poulain

Reto: Vida después de Hogwarts

Personaje: Penélope Clearwater

Palabras: 490


Magia involuntaria

Penélope corrió en cuanto escuchó los gritos y el llanto. Con el corazón acelerado porque, aunque estaba acostumbrada a guardar la calma en esas situaciones, la manera en la que el niño lloraba era poco normal y tenía el presentimiento de que algo horrible había pasado.

Llegó al salón y lo entendió todo. En el piso estaba uno de sus niños, Kevin, llorando a todo pulmón, a su alrededor un remolino de juguetes, muebles, crayones y hojas de papel. Los demás niños lo veían entre espantados y sorprendidos; algunos lloraban también y uno gritaba asustado en la otra esquina del salón. La maestra en turno trataba de esquivar los objetos voladores para llegar al niño y tranquilizarlo, pero no lo lograba, la pobre ya estaba toda golpeada. Cuando vio a Penélope entrar se hizo para atrás.

—No sé qué está pasando —le dijo con cara de angustia—. Jason le quitó su crayón y empezó a llorar y las cosas se pusieron así.

Penélope suspiró, se acercó y sacando su varita detuvo el encantamiento. Los juguetes cayeron con suavidad al piso cuando lanzó un segundo hechizo para evitar que cayeran haciéndoles daño a alguno de los niños que la miraban boquiabiertos. En ese momento escuchó el característico tronido de las apariciones, pero lo ignoró en favor de acercarse al pequeño Kevin que se había quedado callado al ver que dejaban de flotar las cosas y lo tomó en brazos.

Habían llegado tres personas: dos brujas y un mago. No reconoció a alguno y una mezcla de decepción y alivio la recorrió.

—¿Qué ocurrió? —preguntó una de las brujas, al parecer la líder del equipo.

—El pequeño Kevin tuvo un estallido de magia involuntaria. Tuve que hacerlo para evitar que se lastimara y lastimara a sus amigos.

La bruja asintió comprensiva y se acercó a la maestra que parecía haberse quedado paralizada por la impresión y le lanzó el hechizo que necesitaba.

A los niños no podían desmemoriarlos, podía dañar sus facultades cognitivas hacerlo tan pequeños. Penélope aseguró que cuidaría decir que fue un cuento que les había contado, en caso de que los padres preguntaran.

Cuando se fueron, por fin, pudo respirar aliviada. No le gustaban los magos del Ministerio; en realidad, ya no le gustaba la magia. No después de que atacaran su casa, mataran a sus padres y se la llevaran a Azkaban. Esos meses tras las rejas y sin tener idea de si sobreviviría le habían arrancado las ganas de ser bruja. Por eso había dejado todo atrás y se dedicaba a dar clases en un preescolar muggle. Sólo había algunas ocasiones en las que se veía obligada a usar su magia: cuando alguno de sus pequeños resultaba ser como ella y hacía magia accidental.

Arrulló a Kevin que mordía su manita regordeta y estaba tranquilo. Y les guiñó un ojo a los demás niños, llevándose el dedo a la boca para pedirles que guardaran el secreto.